Thursday, January 24, 2008

PiƩrola

Historia, madre y maestra

Piérola
por Manuel González Prada; Figuras y figurones,
Obras, Tomo I, volumen 2, pp. 337-373, Lima 1986

Por más que los europeos nos miren retratados en libros y diarios o
nos vean desfilar en caricaturas y sainetes, nunca se formarán una
idea precisa del ambiente que respiramos ni se imaginarán con
exactitud a los hombres que nos gobiernan.

Si Enrique Heine envidiaba la suerte de los Magyares porque morían en
garras de leones mientras los alemanes sucumbían en los dientes de
perros y lobos ¿qué diremos nosotros? Aunque poseamos muchas
constituciones, muchos códigos y muchas leyes y decretos, los peruanos
gemimos bajo tiranías inconcebibles ya en el Viejo Mundo, vivimos en
la época terciaria de la política sufriendo las embestidas de reptiles
y mamíferos desaparecidos de la fauna europea.

En Piérola diseñamos a uno de los bárbaros prehistóricos en medio de
la civilización moderna, a uno de esos presidentes sudamericanos que
justifican las palabras de Child, Gustavo Le Bon y Cecilio Rhodes.

I

Durante algunos años, Chile atisbaba la ocasión de lanzarse sobre el
guano y el salitre: la riqueza del Perú le quitaba el sueño. En 1879,
cuando su presupuesto acusaba un enorme déficit y sus finanzas sufrían
una crisis no muy lejana de la quiebra fiscal, sus hombres públicos se
resolvieron a tentar la empresa bélico-mercantil o asalto a la bolsa
de los vecinos: a más de la oportunidad de caer sobre nosotros,
hallaron entonces la causa justificativa de la agresión —nuestra
inofensiva y candorosa alianza con Bolivia.

Inflamada la guerra, sucedió lo que debía de esperarse dada la
condición del Perú: nuestros buques sucumbieron ante la escuadra
enemiga, nuestros improvisados batallones quedaron vencidos y
deshechos por fuerzas mejor armadas y mejor dirigidas. Si con la
captura del Huáscar aseguraba Chile su dominio en el mar, con la
victoria de San Francisco ganaba el litoral de Bolivia, Iquique,
Pisagua, Tarapacá. Mas su codicia no estaba satisfecha y volvía los
ojos hacia Tacna y Arica. Entonces el pueblo de Lima, como enfermo que
se imagina sanar repentinamente con sólo variar de medicinas y de
médico, pasó de la legalidad a la dictadura, derrocó a La Puerta y
levantó a Piérola.

Y conviene decir el pueblo de Lima, al considerar que un hombre solo,
entregado a sí mismo, sin colaboradores ni cómplices, sin el auxilio
del ejército ni la anuencia de las masas populares, no habría logrado
consumar el golpe ni entronizarse en el mando. Aunque la Ciudad de los
Reyes no se distinga por los sentimientos viriles ni los arranques
heroicos, sabe con la sola abstención o fuerza de inercia cortar el
vuelo a los ambiciosos e impedir el arraigo de las tiranías.2 En la
Dictadura del 79, tanta responsabilidad cabe, pues, al hombre que tuvo
la audacia de imponerla como al pueblo que aceptó la degradación de
sufrirla.

Sin la guerra con Chile, el Régimen Dictatorio no habría pasado de un
auto sacramental con intermedio de ópera bufa y evoluciones
funambulescas; pero entre la sangre, la muerte y el incendio se
convirtió en una tragicomedia, en una especie de Orestiada refundida
en El Dómine Lucas.

Dado el hombre ¿se concebiría diferente representación? Piérola nació
en los amores del Genio Atolondramiento con el Hada Imprevisión: de
ahí que en sus revoluciones no se descubra el plan de un político sino
la empresa de un aventurero. Con fe ciega en la fatalidad, como un
creyente de Mahoma, o confiado en el auxilio de la Providencia, como
un fanático de la Edad Media, él no calcula las probabilidades del
buen éxito, no mide la magnitud de los estorbos, no estudia a los
hombres para descubrir sus vicios o virtudes ni entrevé la sucesión
lógica de los acontecimientos: cierra los ojos y dispara, como jinete
con delírium tremens en un caballo desbocado.

Chile mismo no habría elegido mejor aliado. Cuando convenía ceñirse a
disciplinar soldados, reunir material de guerra y aumentar los
recursos fiscales, Piérola remueve las más pasivas instituciones: era
el caso de ordenar, y desordena; de hacer, y deshace; de conservar, y
destruye; de operar, y sueña. En el estado de guerra, cuando las
funciones del cuerpo social son de más intensidad y de mayor
extensión, suprime órganos o les sustituye con mecanismos artificiales
y muertos. Peor aún: asume el Poder Legislativo, el Ejecutivo, el
Judicial, el Generalato en Jefe del Ejército, el Almirantazgo de la
Marina, en fin, presume realizar una obra que no imaginaron Alejandro,
César, Carlomagno ni Bonaparte. Un dedo pretende monopolizar todas las
funciones del organismo.

Como Poder Judicial, expide, o mejor dicho, firma un laudo
reconociendo a la Casa Dreyfus un "saldo de veinte millones de soles",
precisamente cuando ese mismo Dreyfus se declaraba deudor al Perú y
estaba en vísperas de celebrar una "transacción equitativa y amigable"
con nuestro Agente Financiero en París. De ese laudo provienen
nuestras más graves complicaciones financieras: dígalo el forzado
arbitraje de Berna.

Como Poder Legislativo, promulga un Estatuto inquisitorial y vejatorio
que él mismo viola el primero cuando la desmoralización cunde en todas
las capas sociales, cuando tiene en sus manos al desertor, al espía y
al concusionario. Así corta (como sucedió con García Maldonado los
juicios por desfalcos y gatuperios en) que resultan complicados sus
acólitos, sus caudatarios, sus amigos y sus deudos. Sólo muestra mano
de hierro para fusilar a un pobre soldado de marina y a Faustino
Vásquez, "no obstante las irregularidades legales cometidas en el
proceso" (sic).

Como Poder Ejecutivo... Pero ¿quién sigue a Piérola en su actividad de
polea loca, en su vertiginosa carrera de locomotora lanzada a todo
vapor y sin maquinista? Al recorrer hoy las series de leyes y decretos
que por conducto de sus pasivos Secretarios manaban incesantemente de
su cerebro, como por los boquetes de una pared vieja y cuarteada sale
un enredado sistema de correas sin fin; al leer sus resoluciones sobre
delitos de prensa, fundación del Instituto de Bellas Artes, Gran Libro
de la República y uniforme del Vicario General de los Ejércitos; al
verle celebrar 3 como un segundo Lepanto el aniversario de la
escaramuza entre el Huáscar y dos fragatas inglesas; al considerar el
embrollo financiero que producía rechazando los billetes fiscales y
estableciendo la libra esterlina como moneda legal, para en seguida
regresar al papel moneda con la emisión de los incas; al recordar la
barahúnda que introducía en la Reserva y ejército de línea con su
renovación de jefes y cambio de táctica, la misma víspera de San Juan
y Miraflores, duda uno si está bajo la acción de una pesadilla o se
encuentra cogido en una balumba de locos arrebatados por el delirio
incoherente. Eso fue un chorro continuo de aberraciones y absurdos,
una avalancha de quimeras y desvaríos, un diluvio disparatorio, no de
cuarenta días y cuarenta noches sino de cerca de cuatrocientos días
con sus cuatrocientas noches.

Y ¡los hombres que aplauden y rodean al Dictador! En vísperas de las
batallas de enero, cuando los ejércitos chileno y peruano se hallan a
la vista, sus generales huyen furtivamente del campamento para venir a
refocilarse con las prostitutas de Lima, sus ministros bailan desnudos
en las saturnales de los barrios bajos o repletos de alcohol se
desploman en las plazas y calles de la ciudad. Basta ser primo de una
madre abadesa para conseguir una Prefectura, basta descender de un
canónigo para desempeñar una Comandancia General. Cuando se cruzan
barchilón y sacristán, el uno pregunta: "¿Cómo va, mi coronel?" y el
otro responde: "Para servir a usted, mi comandante". Mayores hay que
eructan a cañazo revuelto con chanfaina mal digerida, mientras dejan
asomar por los bordes del kepí unas inmemoriales aglutinaciones de
viruta, cola y aserrín. Porque el Dictador, desdeñando la ciencia y la
espada de los hombres encanecidos en la guerra, concede grados
militares a los leguleyos, a los mercaderes, a los pilluelos y a los
sinvergüenzas, con la misma facilidad que Don Quijote de la Mancha
otorgaba el don a la Tolosa y a la Molinera.

En esta vegetación viciosa y malsana, reinan de preferencia los hongos
nacidos en el estercolero del echeniquismo. Con los supervivientes y
herederos de la antigua mazorca, el robo asciende al rango de
institución social. Se roba en la dieta de los enfermos y en el rancho
de los soldados, hasta el extremo que las guarniciones de los fuertes
permanecen días enteros sin víveres ni leña.4 Cañones hay que no
funcionan por falta de saquetes: la franela, en lugar de contener
pólvora, ha servido para envolver la ciática o reumatismo de alguna
recomendable matrona. Los ambulantes despojan a los heridos o les
sustraen las prendas valiosas, porque al sagrado de la Cruz Roja se
acogen no sólo muchos prudentes que desean ponerse a salvo de las
balas chilenas, sino algunos desalmados que en el dolor y la muerte
quieren beneficiar un rico filón.

Supongamos que una tribu de beduinos acampara en el Palacio de
Gobierno y sus alrededores; mejor aún, imaginemos que en un museo de
Antropología se escaparan los monstruos recogidos en las cinco partes
del Globo, y adquiriríamos una idea remota de los personajes que desde
fines de 1879 hasta principios de 1881 componían el círculo del
Dictador.5

Si por lo dicho en los anteriores párrafos se vislumbra el lado serio
de la Dictadura, por lo siguiente se divisa su lado jocoso.

Piérola no sólo se caracteriza por el atolondramiento y la
imprevisión: estrambótica mezcolanza de lo cómico siniestro con lo
trágico ridículo, resume la caricatura de personajes diametralmente
opuestos. Así, cuando funda la Legión del Mérito 6 y establece en las
sucursales de Palacio un Versailles con viejas almidonadas y
reteñidas, se le diría un Luis XIV rebajado a la talla de Nene Pulgar,
y cuando lanza contra los veteranos de Chile a los infelices reclutas
de la puna, habiendo observado la precaución de hacerles confesar y
comulgar antes de enseñarles el manejo del rifle, parece un Gambetta
clerical y tonsurado. Con esa personalidad ambigua, se desdobla y
completa metamorfosis inesperadas: organiza con el nombre de Partido
Demócrata una facción maleante y agresiva, inflama el odio justo del
oprimido contra el opresor y anuncia una formidable liquidación
social; pero una vez encaramado en el Poder, cuando debería lanzar
rayos y truenos, enciende un fosforillo de cera y produce el retintín
de unos cascabeles: de Espartaco surge Polichinela, como de una vaina
con incrustaciones de oro sale un chafarote de cartón.

Por eso, mientras algunos rugen de cólera y hasta lloran al columbrar
el despeñamiento seguro de la Nación en un abismo sin luz ni salida,
otros se ríen a caquinos al presenciar el desenvolvimiento de un drama
donde figura un héroe trapalón y cursi, una especie de trinidad
carnavalesca formada por la integración de Arlequino, Roberto Macaire
y un rata de La Gran Vía.

Imposible no reírse de Piérola al verle recorrer las calles de Lima
con estrechísimos pantalones de gamuza, enormes botas de carabinero
español, casco a la prusiana y dolman sin nacionalidad. Se empinaba
sobre descomunales tacones para disimular la deficiencia de la
estatura, echaba atrás la cabeza, abombaba el pecho y avanzaba con
pasos diminutos y acompasados, moviendo las piernas, no con la
suavidad de un miembro que articula sino con la rigidez de un compás o
la tiesura de una barra que sube y cae de golpe. Separado de su
cortejo, aislado para ofrecer mejor blanco a los ojos de la
concurrencia, miraba sin pestañear, a manera de las Divinidades
Indostánicas, embebecido y transfigurado como si en lontananza
divisara los deslumbrantes resplandores de su apoteosis futura. Era
Robespierre en la fiesta del Ser Supremo, era un vencedor romano en
los honores del triunfo, era más aún, porque nadie -emperador o
monarca- atravesó jamás las calles de una ciudad como Piérola cruzó
Lima el 24 de setiembre de 1880 al seguir el anda de Nuestra Señora de
las Mercedes. Los chuscos y las granujas lanzaban una carcajada
homérica, los más ciegos partidarios del Dictador se mordían los
labios para no reventar de risa al presenciar algo así como el desfile
de Tom Pouce con el yelmo de Mambrino: todo el mundo palpaba lo
ridículo del acto, del disfraz del hombre; menos Piérola, que avanzaba
triunfante, sereno, inmutable en su papel de Magnus Imperator.7

Y durante los doce o trece meses de la Dictadura, ni un solo momento
dejó de hacer el Magnus Imperator, si no con la magnificencia de un
Julio César, al menos con la fatuidad de un Pompeyo. Antes que nada,
se tituló Jefe Supremo de la Nación y Protector de la Raza Indígena;
en seguida se formó una especie de corte donde predominaban abogados
que le tenían por buen general y militares que le creían eximio doctor
en leyes. Hacía observar la más rigurosa etiqueta, se arrellanaba en
un sillón dorado y no recibía tarjeta o papel sin venir en una bandeja
de plata conducida por un lacayo de rigurosa librea. Hasta con sus más
íntimos familiares usaba un tono imperioso y enfático. Si alguno por
descuido no le prodigaba el Excelentísimo Señor, él se lo recordaba
con frialdad y aspereza. " — Caballero, habla usted con el Jefe
Supremo", dijo a un condiscípulo que llanamente le endilgó el
acostumbrado tú. Dibujaba en sus labios una eterna sonrisa de
suficiencia o menosprecio, y de cuando en cuando tomaba un aire
lánguido y fatigado, como si le abrumara el peso irresistible de su
propio genio. Seguramente, al cruzar por delante de un espejo, se
inclinaba con religioso respeto.

En los negocios de Estado fallaba ex cáthedra, marcando el timbre de
su vocecilla nasal y desapacible. Las más veces se expresaba con
monosílabos o frases cortadas y sibilinas para no descubrir la
integridad de sus concepciones: aparentaba guardar en el cerebro un
rico tesoro que habría depreciado enseñándole a ignorantes y profanos.
El legendario "tengo mi plan" lo justificaba y lo explicaba todo. Para
muchos, tan exagerado disimulo nacía de un profundo saber, de una
consumada política. El silencio del oráculo producía el asombro en
algunos infelices que se apiñaban en los rincones de Palacio y se
decían a media voz, puesto el índice sobre los labios:

"-Don Nicolás no habla, pero ya veremos cuando opere". Sin embargo,
algunos de esos malintencionados y burlones que no faltan en ninguna
parte, se demandaban si el silencio de Piérola sería el prudente
silencio de Conrado, y si los famosos planes se parecerían a la
gestación de una mujer joven y fuerte o a la hidropesía de las viejas
verdes, de esas pobres señoras que llegadas a la edad climatérica
toman por embarazo la hinchazón, cosen los pañales, almidonan las
gorritas, adornan la cuna, eligen el padrino y aguardan todos los días
a un muchacho que nunca llega.

Guiados por semejante cabeza, parece inútil preguntar a dónde fuimos.
Sin auxilios ni refuerzos, reducido a luchar contra fuerzas superiores
en número, disciplina y armamento, el ejército peruano del Sur
sucumbió en el Campo de la Alianza.8 Después de Tacna cayó Arica, y
después de Arica le llegaba su vez a Lima. La pérdida de la capital no
tardó mucho en realizarse: al empuje de los veteranos chilenos se
desbarataron en San Juan y Chorrillos las improvisadas y colecticias
legiones del Dictador, y en vano parte de la Reserva opuso en los
reductos de Miraflores una resistencia heroica y desesperada. Lima
cayó en poder de los chilenos, y Piérola, aturdido pero no curado,
huyó a guarecerse en las encrucijadas de la sierra.

Al poco tiempo se hizo nombrar General por la Asamblea de Ayacucho.

II

Aunque la fisonomía del hombre quede ya esbozada en sus rasgos
característicos, debemos acentuarla más: no importa recargar las
líneas o incurrir en algunas repeticiones.

En Piérola resalta una cosa admirable: la olímpica serenidad para
sobrellevar las responsabilidades que gravitan sobre sus hombros.
Desde hace unos treinta años, las mayores calamidades vienen de su
mano, mereciendo llamarse el hombre nefasto por excelencia: como
Ministro de Hacienda, celebra el Contrato Dreyfus y arruina las
finanzas nacionales; como Dictador, consuma la derrota y agrava la
desventurada condición del país. ¿Quién dirá los caudales dilapidados
ni las vidas sacrificadas a su ambición y codicia? No habiendo
ejercido ninguna profesión ni producido nada útil o bello, gastó su
vida en practicar la industria sudamericana de las revoluciones. En el
largo curso de su existencia no ha sido más que una máquina empleada
en destruir o paralizar las fuerzas vivas de la Nación. Sin embargo,
en medio de la sangre y del llanto, del incendio y de las ruinas, de
la desesperación y de la muerte, en medio de su obra, se queda tan
impávido y sereno como el niño que rompe un jarrón de Sévres o deshoja
un ramo de flores.

Más que impávido y sereno, vive tan ufano y satisfecho como si nos
hubiera redimido de la esclavitud y fuera el Moisés o Judas Macabeo de
nuestra raza. Creyendo insuficientes las nubes de incienso que le
arrojan los turiferarios de la prensa oficial, no mueve nunca el labio
sin hacer su panegírico y alabar las excelencias de su gobierno.
Escuchémosle: Pardo, Prado, La Puerta, Iglesias, Cáceres, Morales
Bermúdez, Borgoño, todos erraron y delinquieron: sólo él resplandece
incólume, libre de error y pecado. Según lo deja traslucir, la
historia del Perú se divide ya en tres grandes épocas: desde Manco
Cápac hasta Francisco Pizarro, desde Francisco Pizarro hasta Nicolás
de Piérola y desde Nicolás de Piérola hasta la consumación de los
siglos.

Con el orgullo, la vanidad y la soberbia se explica todo, desde la
satisfacción y ufanía hasta las alabanzas propias y la olímpica
serenidad. Profesando la convicción de que unos nacen para mandar y
otros para obedecer, incluyéndose naturalmente en el número de los
favorecidos, Piérola se figura que los peruanos le debemos obediencia
y pleito homenaje. En el Palacio de Gobierno todos los Presidentes son
inquilinos, él es el propietario. Como proclama la existencia de
hombres providenciales, vive plenamente seguro de "haber sido creado
por un decreto especial y nominativo del Eterno".9 Se comprende, pues,
que desde las alturas donde se imagina colocado "nos divise como
átomos sin la menor semejanza con él"10 y se haya formado tan sublime
concepto de sí mismo que "respetuosamente lleve la cabeza sobre sus
hombros como si transportara el Santísimo Sacramento".11 Cuando en
1895 abre o instala su Asamblea Demócrata "en el nombre de Dios
Creador y Conservador del Universo", no hace más que solicitar la
presencia de un amigo para demandarle unos cuantos consejos. Admira
que al titularse Protector de la Raza Indígena no se hubiera llamado
también Defensor de Jesús en el Tahuantisuyu. Pero no cabe duda que al
sufrir los descalabros de Los Angeles, Yacango, San Juan y Miraflores
acusaba a Dios de ingrato y olvidadizo.

¡Ser providencial, grande hombre! Se desvive y se desvela por
manifestarse magnífico en sus dichos y hechos, por imitar y seguir a
las celebridades antiguas y modernas. No alcanzando a producir nada
original, retiene frases históricas y con el mayor aplomo las endosa,
más o menos alteradas, como si fueran chispas de su ingenio. Ya
sabemos de qué manera parodió la gasconada de Jules Favre: "Ni una
piedra de nuestras fortalezas, ni una pulgada de nuestro territorio".
Ministro de Hacienda, tuvo la osadía de apropiarse un arranque de
Guizot contra Mole y querer abrumar a los diputados de la oposición
diciéndoles: "Por más que algunos se empinen, no llegarán a la altura
de mi desprecio". Insolencia disculpable en Guizot que por su talla
parecía un eucalipto arraigado en el suelo del Parlamento,
imperdonable y ridícula en Piérola que por su estatura semejaba en la
tribuna un uistiti asomándose por la bota del ogro. Luis XIV ¿no se
llamaba o se dejaba llamar Le Roi-Soleil — el Rey-Sol? Piérola exclama
hoy cuando le hablan de su moribundo reinado: "Ya soy le soleil
conchante" (sic).

De Dictador quiso imitar a Bolívar y Prado, sin acordarse que Bolívar
se llamaba el Libertador Bolívar, ni que Prado, dictador in nomine, no
ejerció ninguna tiranía, declinó la autoridad en su ministerio y, más
que nada, supo justificar la Dictadura con el 2 de Mayo. Vivanco,
soñando ser el Napoleón III de los Andes, tuvo amago de pera y
consumación de mostachos; no obstante, se quedó sin el Imperio,
gracias al oportuno sable de Castilla. Queriendo ser ambos Napoleones
a la vez, Piérola realiza el bigote y la pera de Badinguet; mas como
la naturaleza del cabello le impide lucir el famoso mechón lacio de
Bonaparte, lleva en la frente un rizo que tiñe de blanco, engoma y
retuerce hasta comunicarle la forma de un aplanado tirabuzón de
hojalata. Probablemente habrá sabido que Mahoma ostentaba en la
comisura de las cejas una especie de lucero y se dice: "Vaya, el
tirabuzón por el lucero".

Se rodeó siempre de favoritos porque así lo acostumbraron los reyes; y
felizmente no se acordó de Enrique III, pues nos habría organizado una
escolta de miñones o maricas. En lo más encendido de la guerra con
Chile, pensando que Napoleón dictaba desde Moscú reglamentos para los
teatros de París, funda en Lima un Instituto de Bellas Artes, Letras y
Monumentos Públicos. Al recordar que Julio César, en medio de sus
conquistas, se daba margen para escribir libros de Gramática, o que
todo un Carlomagno bajaba del trono para vigilar su gallinero, nos
habría confeccionado leyes ortográficas sobre la sustitución de la y
por la i o decretos sobre la empolladura artificial de los huevos de
ganso. Desde hace algún tiempo se modela según el actual Emperador de
Alemania, sin fijarse que el menos agudo puede llamar a Bonaparte el
hombre, a Guillermo II el actor, a Nicolás de Piérola el fantoche.

Llevado por la manía de singularizarse; de monopolizar las miradas, de
acaparar la admiración, escribe su nombre en todos los edificios
públicos, erige su busto donde puede y graba su efigie donde cabe,
desde los sellos postales hasta la moneda. Las frases que el Padre
Coloma aplica a la Currita Albornoz, le vienen como de molde: "Si
asiste a una boda, quiere ser la novia; si a un bautizo, el recién
nacido; si a un entierro, el muerto". Si alguna vez le ahorcaran, se
alegraría con tal de bambolearse en el palo más alto.12 Habría deseado
estirarse como un álamo para sobresalir entre la muchedumbre y dar
ocasión a que todo el mundo se preguntara: "¿Cómo se llama ese
gigante?". Habría dado la honra de su madre y la vida de su padre,
habría gemido cien años en la parrilla de San Lorenzo, habría vendido
su alma al Diablo, por unas cuantas pulgadas de estatura. Ya se
comprende la rabia y el despecho del hombre que soñando medirse con
Goliat, despierta igualándose a Tirabeque y Sancho; del individuo que
pensando rozar las estrellas con la frente, sólo consigue rascar el
suelo con el fundillo.

La vanidad y la soberbia, el no creerse nunca en el desacierto ni en
condición inferior a los demás, hacen que Piérola ignore el
sentimiento de lo ridículo y ofrezca el más curioso espécimen del bobo
serio. Ofuscado por la veneración de sí mismo y juzgándose incapaz de
merecer la burla, carece de la malicia necesaria para distinguir
cuándo la sonrisa del interlocutor expresa la inocente verdad y cuándo
encierra el agridulce de la ironía. Por eso, al atacarle, no sirven de
nada rasguños de pluma ni cosquilleos de sátira benigna: se necesita
banderillas de fuego y rociadas de ácidos corrosivos. Naturaleza burda
y mal descortezada, vive a mil leguas de aquellos finos y delicados
espíritus que miden escrupulosamente sus acciones y palabras, se
conservan en la línea correcta y prefieren verse empalados cien veces,
antes de quedar una sola vez expuestos a la burla y el escarnio. De
otra manera ¿cómo darse títulos que se reclaman de La Vida Parisiense
y piden la música de Offenbach? ¿Cómo emperejilarse con adefesios que
merecen una orquesta de pitos y una lluvia de tomates? Mas exigirle a
Piérola seriedad en las acciones y gravedad en el vestido equivale a
querer un imposible. Si algunos hombres no ríen ni provocan la risa,
otros nacen para servir de irrisión y mofa: en lo más trágico de la
vida, en el dolor y las enfermedades, en el suplicio y la agonía,
ofrecen algo que nos induce a compadecerles riendo. Convertidos en
cadáver, los ridículos a nativitate presentan alguna mueca o gesto que
produce risa. Tal es Piérola: él y lo ridículo andan invariablemente
unidos. Cuando quiere echarla de hombre serio y grave se iguala con
esos caballeros que salen a paseo muy afeitados, muy prendidos, muy
flamantes y que sin embargo pasan causando una bulliciosa hilaridad
porque en la espalda llevan una calavera de albayalde o dejan asomar
la punta de la camisa por bajo los faldones de la leva. ¡Ridículo,
eternamente ridículo!

Pero hay actos de Piérola, no sólo ridículos sino de una desesperante
frivolidad, de una frivolidad femenina, pueril, incalificable. Se
ocupa de formar anagramas con su nombre (León Dapier) y viaja de
incógnito -por donde nadie le conoce- haciéndose llamar Castillo en el
Talismán, Teodoro de Alba en el Ecuador, Fernández Garreaud en París y
no recordamos si Mister White en Londres, Herr von Tiefenbacher en
Berlín o el Signar Vermicelli en Roma. Al evadirse de la prisión a que
en 1890 le redujo Cáceres, deja en la celda sus patillas, un corsé, un
detente, una variada serie de sus propias fotografías y no sabemos si
una colección de pantorrillas y nalgas postizas. En marzo de 1895,
antes de recoger cadáveres y curar heridos, se manda coser el uniforme
de General de División. Algunas almas caritativas le disuadieron de
llevarle. Últimamente le hemos visto hacer cuestión de gobierno el
color y calidad de las medias que envolverían las pantorrillas de su
valet de pied y de su valet de chambre. ¡Qué mucho! si en plena
Dictadura, con los chilenos a las goteras de Lima, consume horas
delante del espejo para ensayar alguna casaquilla o entorchado, y en
las conversaciones de sobremesa con sus Ministros y Comandantes
Generales discute larga y acaloradamente sobre si en la cima de su
casco pondrá un cóndor o un pararrayos. El uniforme estrenado en la
procesión de las Mercedes le costó más desvelos que la defensa de
Lima.

Con todo, Piérola tiene la malignidad bellaca, la inclinación a la
intriga vulgar o de escaleras abajo, en una palabra, la astucia. Y con
ella patentiza más su naturaleza burda y mal descortezada, su pequeñez
intelectual y moral, porque la astucia no pertenece a los hombres que
llevan el cerebro atestado de grandes ideas y el corazón rebosando de
nobles sentimientos: como el musgo en las piedras, la astucia nace en
las almas estériles y pobres. Los pensadores y los buenos se muestran
leales, crédulos, fáciles de sufrir el engaño; por el contrario ¿quién
se la juega al rústico y al patán? Astuto el posadero que da gato por
liebre, astuto el mercachifle que hace pagar la tela de algodón por
género de lana; astuto el boticario que endilga el aquafontis por un
maravilloso específico; astuto el gitano que vende un asno viejo y
mañoso por un pollino amable y de buen corazón. Gil Blas se burla de
Newton, un piel roja de Darwin. Si la astucia no recomienda mucho al
hombre, tampoco arguye en favor del animal: astutos el zorro, la
serpiente y la chinche; mas no el toro, el caballo ni el perro. Y lo
curioso está en que a Piérola se le mira venir desde lejos y se le
dice: "Ya te conozco, besugo": todos sus planes maquiavélicos resaltan
como parche blanco en tela negra. Queriendo hacer el fino, parece un
oso bailando la cachucha española y el minué francés. Se figura
eclipsar a Metternich o Talleyrand cuando se porta como el camello que
sepulta la cabeza en el arenal y deja al aire libre las dos jorobas.
Se congratula muchas veces de haber asestado un golpe maestro y digno
de la inmortalidad, como Tartarín de Tarascón se vanagloriaba de cazar
leones cuando había cometido el alevoso asesinato de un burro.

Pero, descúbrase o no se descubra la trama, le importa un comino,
siendo lo que llaman los franceses un je-m'en-fou-tiste, un hombre que
sigue las divisas de el que venga atrás que arree y después de mí el
diluvio. Su entrada en la vida pública lo dice muy bien. Salido apenas
del Seminario, cuando no posee más bienes que su título de abogado
(adquirido por arte de birlibirloque) cuando siente por primera y
última vez en su vida el deseo de trabajar honradamente, abre una
puerta-cajón o tenducho en la calle de Melchormalo, con el fin de
vender, no sembradoras para las haciendas ni picos para las minas,
sino santitos de yeso, fruslerías, Tónico Oriental y muchísimos
menjurjes para remozar viejos verdes y revocar jamonas averiadas. No
perseveró mucho en el comercio, más bien dicho, no le dejaron
perseverar, pues como se busca un bravo para que dé una puñalada, le
sacaron de su mostrador para que firmara el Contrato Dreyfus. Para
coger el cetro de Roma, Cincinato abandonó la esteva del arado; para
recibir el portafolio de Hacienda, Piérola deja la leche antefélica y
el ungüento del soldado.

Según Ph. de Rougemont, "el general Echenique, uno de los personajes
más comprometidos en esta intriga financiera, fue el que se encargó de
encontrar al hombre. "-Tengo, le dijo al Presidente, lo que usted
desea. No busque más. Un deudo mío, muy joven, muy pobre, muy oscuro y
muy ambicioso; tan vanidoso como falto de escrúpulo; lego en las
finanzas, pero bastante inteligente y bastante atrevido para hacer
creer que posee a fondo la Ciencia Económica, es el único hombre que
llena las condiciones del programa.13

Sin saber jota de finanzas, ignorando si la voz penique servía para
designar un asteroide o un molusco, firma un contrato leonino y nos
entrega maniatados a la mala fe y rapacidad de unos cuantos
especuladores cosmopolitas. Si el contrato hubiera favorecido a los
Consignatarios con perjuicio de Dreyfus y Compañía, le habría firmado
con el mismo tupé, con la misma ligereza. También, si en lugar de
hacerle Ministro de Hacienda, le hubieran nombrado Arzobispo de Lima,
ingeniero del Estado, profesor de lengua china, Contralmirante de la
Escuadra o comadrón de la Maternidad, habría aceptado el cargo, sin
titubear, creyéndose con aptitudes necesarias para ejercerle. El no
quería sino el trampolín donde pegar el salto y caer en la Caja
Fiscal.

Una vez ingerido en la política, habiendo saboreado las dulzuras de
signar contratos y manejar fondos públicos, no se satisface con
segundos papeles y dirige sus miradas a la Presidencia de la
República, al mismo tiempo que Manuel Pardo se afana por constituir el
Partido Civil. Entonces organiza una facción o bandería con ínfulas
liberales y democráticas. Veamos el liberalismo y la democracia de
Piérola.

Educado en Santo Toribio, al calor non soneto del clérigo Huertas,
ordenado de órdenes menores, Piérola no se desnudó del espíritu
clerical y jesuítico al borrarse la corona y desvestirse de la sotana:
conservó el indeleble sello del défroque. Desde los primeros ensayos
que bajo el seudónimo de Lucas Fernández publicó en no sabemos qué
periodiquillo fundado, redactado y fomentado por clérigos 14 hasta los
editoriales que dio a luz con su nombre en El Tiempo y anónimos en El
País, no defendió más causas que las retrógradas, no predicó más ideas
que las ultramontanas. A las pocas horas de organizada la Dictadura,
antes de dirigirse al Cuerpo Diplomático residente en Lima, se
arrodilla ante el Delegado de León XIII para besarle humildemente la
sandalia, "reiterarle la fe inquebrantable y el amor filial, y pedirle
su bendición apostólica". En el artículo 3o del Estatuto Provisorio
establece que "no se altera el artículo 4o de la Constitución,
relativo a la Religión del Estado". En su Declaración de Principios y
bases para la organización del Partido Demócrata, en ese piramidal y
famoso, documento donde trozos de Agronomía se mezclan a fragmentos de
Lugares Teológicos, donde preceptos de Higiene se confunden con leyes
de Economía Política y donde la Mineralogía anda en contubernio con
las "elecciones populares por medio del voto acumulativo", Piérola nos
habla de todo, sin olvidar "el drenaje, el halaje, el warrant
comercial" ni "el paludismo de los terrenos pantanosos", menos de la
cuestión religiosa: la juzga intangible.15

Hoy mismo acude fielmente a las asistencias religiosas, invierte sumas
enormes en refaccionar las iglesias, harta de oro a los obispos
nacionales que asisten al Concilio Latino Americano, favorece todas
las pretensiones absorbentes del clero y, con un simple decreto,
desvirtúa los pocos buenos efectos de la ley sobre matrimonio entre
los no católicos.

Al tacharle de hipócrita porque en sus días negros o de mandatario
indefinido asiste a misa con devocionario en mano, se pone en cruz,
besa el suelo y lanza fervientes jaculatorias, se le calumniará: cree
de buena fe, aunque su religión no pase de fango revuelto con agua
bendita. El no ha dejado las regiones inferiores de la religiosidad o
superstición, y practica acciones que pugnan con el Catolicismo, con
la Moral y hasta con la Higiene pública, porque su proceso mental se
parece al estado sicológico del negro que antes de violar y matar,
reza la oración del justo juez o pone los labios en el escapulario de
Nuestra Señora del Carmen. Sembrando el fanatismo y protegiendo las
órdenes religiosas, Piérola se imagina redimir sus culpas y hacer
mérito para ganar el cielo. Como por la noche "peca bueno" aunque no
"de balde" y al mediodía paga caro el remiendo de alguna torre
churrigueresca, resulta que sus buenos conciudadanos le costeamos el
pecado y la penitencia.

No cabe negar su hipocresía política. Billinghurst, el correligionario
y amigo de treinta años, el hombre que debe conocerle más a fondo, le
dice con muchísima razón: "La hipocresía política es mil veces más
funesta que la hipocresía religiosa, y usted don Nicolás, posee la
primera en grado que nadie que no lo conozca íntimamente podría
imaginarse".16 Y ¿no hay su mérito en eso? ¿Parece nada fundar toda
una vida pública y privada en el engaño y la mentira? Se cuenta de
hombres que mienten por conveniencia o costumbre; pero ¿se cita muchos
que tengan derecho a llamarse la hipocresía personificada?

La mentira gorda, la que llamamos madre porque de ella nacen todas las
demás, es su democracia. El hombre que en el Ministerio de Hacienda
nos engañó con su pericia financiera y en la Dictadura volvió a
engañarnos con su genio militar, sigue y seguirá engañándonos con sus
ideas democráticas. Mas, por mucho que intente alucinarnos con
pepitorias fraternizantes y divagaciones igualitarias, Piérola deja
traslucir en los menores actos de la vida su espíritu conservador y
autoritario. Aunque venga del echeniquismo, pertenece a la escuela de
Vivanco, el General que no ganó batallas, el académico que no escribió
ningún folleto, el marido que no engendró un solo hijo a su mujer. La
teoría de la escuela vivanquista se condensaba en sostener que para
gobernar al Perú no se requiere de leyes ni de constituciones, sino de
mucha energía, personificada en unos mostachos a la Napoleón III.

El Jefe del Partido Demócrata no sólo es monárquico por temperamento y
clerical por educación, sino aristócrata, no sabemos por qué. Habría
representado con gusto el papel aristocrático de Manuel Pardo si
hubiera nacido en más elevada esfera social, y sobre todo, si no se
hubiese malquistado con las personas decentes o consignatarios del
guano, al celebrar el Contrato Dreyfus. No pudiendo encabezar el
Civilismo, fundó el Partido Demócrata; careciendo de mucho para
nivelarse con Pardo, se declaró su enemigo mortal. El mismo lo ha
confesado con el mayor cinismo: "Tomé lo que me dejaron".

El odio de Piérola a Pardo se agravaba con la envidia, cosa muy
natural, dadas las condiciones sociales y hasta la contextura física
de ambos: era el odio del mulato al descendiente de sus antiguos amos,
del homúnculo enclenque y simiesco al hombre alto y bien constituido.
Porque Manuel Pardo, a pesar de su mirada siniestra, tenía una figura
arrogante, simpática y varonil; mientras Nicolás de Piérola,
deficiente de cuerpo y desfavorecido de cara, no poseía ninguna
perfección que hiciera olvidar el prognatismo de las mandíbulas, el
pigmento de la piel ni las vedijas del cabello. La distancia entre los
dos enemigos se marca bien diciendo que al entrar en una casa, a Pardo
se le hubiera creído el amo, a Piérola el sirviente. En lo moral
presentaban mayores divergencias que en lo físico y lo social: cuando
se habla de Pardo, se menciona sus defectos y en seguida se rememora
sus virtudes públicas y privadas; cuando se trata de Piérola, se
recuerda vicios y nada más. Si no, vengan los más empecinados
Demócratas y respondan: ¿cuál es la virtud de su jefe?

Se concibe, pues, que el día más feliz en la vida de Piérola, fue el
16 de noviembre de 1878, cuando un sargento (hipnotizado por no
sabemos quiénes) hirió de muerte a Manuel Pardo: le quedaba el campo
libre, se helaba la única mano capaz de tenerle a raya. Pero no
bastaba eliminar al enemigo y sustituirle en el Poder, faltaba
eclipsarle en mérito. Examinando los dichos y hechos de Piérola, se
nota que vivió tentando esfuerzos inauditos para levantarse sobre
Pardo. Con todos sus defectos, mejor dicho, con todos sus errores
(algunos gravísimos) Pardo se diseña como el único mandatario que,
después de Santa Cruz, haya concebido un plan político y abierto uno
que otro surco luminoso; Piérola no sabe dónde va ni da a entender lo
que desea, porque todo lo embrolla y lo descompone: genio
esencialmente maléfico, donde pone una mano deja una huella roja,
donde imprime la otra deja una mancha negra. En verse pequeño ante
Pardo encontró por muchos años su desesperación y su martirio; y hoy
mismo, sobreponiéndose al miedo y al remordimiento, evocará la
ensangrentada figura de su víctima para medirse con ella.

III

¿Se dirá que el hombre antiguo, el Piérola de 1880, no debe igualarse
al Piérola de hoy, instruido ya con su larga residencia en Europa y
amaestrado con las lecciones de la experiencia? Así lo piensan muchos,
resignándose a que el Perú haya sido un ánima vili o mandíbula de
muerto donde un aprendiz de sacamuelas ensaya sus tenazas y adiestra
sus manos. De modo que gastamos el oro, vertimos la sangre y perdimos
la honra para que un buen señor se perfeccionara en el arte de
gobernarnos. ¿Lo hemos logrado?

En la Naturaleza se verifican transformaciones con visos de milagros,
y los individuos experimentan cambios que simulan una reversión del
ser; pero nunca sucede que un manzano produzca rosas ni que un
moscardón labre capullos de seda. En el hombre mismo se presentan
cualidades irreductibles: se nace y se muere con ellas. Hace dos o
tres mil años que se afirmó: "Aunque majes al necio en un mortero
entre granos de trigo a pisón majados, no se quitará de él su
necedad".

Cierto, Piérola residió muchos años en París; mas ¿qué hizo? rondar la
casa de Dreyfus, espiar las salidas y entradas de Dreyfus, hablar con
el portero de Dreyfus, solicitar audiencias de Dreyfus, subir las
escaleras de Dreyfus, hacer antesala en las habitaciones de Dreyfus,
encorvarse humildemente en presencia de Dreyfus. El puede informarnos
sobre el número de catarros sufridos por Dreyfus en 1891 y sobre las
propiedades terapéuticas de las enemas administradas a Dreyfus en
1892. Hasta nos fijaría la exacta proporción entre la aguja de Nuestra
Señora de París y cualquiera de los supositorios aplicados a Dreyfus
en 1893.

Respiró en el mundo europeo el ambiente cargado de emanaciones
científicas y gérmenes libertarios, sin asimilarse un átomo de ciencia
moderna ni de espíritu libre. ¿Qué sabe él de bibliotecas y museos, de
invenciones y descubrimientos, de sabios y filósofos? Para medir su
calibre intelectual y pesar su bagaje científico, basta decir que se
gloría de no haber leído sino un solo libro en más de veinte años. No
le mencionen, pues, a Darwin ni Spencer, a Haeckel ni Hartmann, a
Córate ni Claude Bernard, porque les creería fondistas, peluqueros,
fabricantes de conservas o vendedores de afrodisíacos y fotografías
pornográficas. Tampoco le hablen de Bellas Artes ni de monumentos:
sería muy capaz de preferir un cromo chillón a una tela de Millet, de
confundir los machones de la Torre Eiffel con un friso del Partenón o
de tomar la chimenea de una fábrica por el obelisco de Luxor.

París no ha sido la escuela sino el cubil para devorar la presa: ahí
disfrutó las gordas economías del Contrato Dreyfus, ahí saboreó los
pingües ahorros de la Dictadura. Cuando la presa concluía y era
necesario pegar un nuevo zarpazo a las finanzas nacionales, entonces
dirigió el rumbo hacia el Perú trayendo planes de revolución,
proyectos de leyes y decretos, sales inglesas, inyecciones orquíticas
de Brown Sécquard y botellas con infusiones de zarzaparrilla en agua
de Lourdes.

Piérola en Francia se quedó tan Piérola, como la pelotilla de migajón
continúa de migajón por mucho que se mezcle algunos años con perlas y
diamantes. De otro modo ¿pensaría como piensa y hablaría como habla?
Sus actos y palabras nos corroboran en que lejos de haberse curado con
la edad y los viajes, presenta hoy más agravados los síntomas de
vacilación mental e incoherencia. No se agita en las regiones de la
locura; pero debe de estar muy próximo a los límites oscuros donde
empieza el reblandecimiento cerebral o la parálisis. Si penetráramos
en su cráneo, veríamos una especie de limbo donde pasan entre medias
luces y como figuras de un cinematógrafo, el Palacio de Gobierno y la
Catedral de Lima, el pouf de una cocotte y la bolsa de un banquero.

¡El cráneo de Piérola! Todo lo que entra en su mollera, se refracta
ofreciendo una imagen desviada, como bastón clavado en el agua, porque
su cerebro no consta de dos hemisferios donde se marcan
circunvoluciones más o menos complicadas, sino de un intestino, largo
y angosto, que da vueltas y revueltas, que se tuerce y se retuerce
sobre sí mismo para formar una diabólica y enmarañada aglomeración de
trenzas chinas y nudos gordianos. Si el intestino almacena fósforo, lo
dirá la autopsia. Y ¡el dueño de semejante órgano presume de orador y
escritor! Al inaugurar una fábrica de sombreros, dijo, después de
constatar la presencia de Dios en la ceremonia: "Fatigados estamos de
hombres que hablan: necesitamos hombres que hagan". Frases que
significan: Admírenme a mí que me porto como Cincinato, hablo como
Cicerón y escribo como Tácito.

Si lo moral de Piérola se obtiene vaciando en un molde la ferocidad de
un cafre y la lujuria de un gorila, lo intelectual se consigue
amalgamando la ergotería frailuna de un teólogo con la artimaña
leguleyesca de un picapleitos: es un casuístico doctor de Salamanca
involucrado en un fulleresco tinterillo de Camaná. Inventaría la línea
curva, la quinta rueda del coche y el laberinto de Creta. Sus
proclamas, sus manifiestos, sus mensajes, sus discursos, sus decretos,
cuanto mana de su pluma o de sus labios, se reduce a una pululación de
antiguallas y lugares comunes, en una prosa enrevesada, bombástica,
gerundiana: nunca una idea concreta y original, nunca una frase
cristalizada y luminosa.

Si sus pensamientos semejan el volar y revolotear de murciélagos en la
penumbra de una cripta, su lenguaje recuerda el traquetear de
carromato vacío, corriendo por un cascajal. ¡Qué términos, o mejor
dicho qué terminotes y qué terminajos! Careciendo así de la gracia que
seduce y hace olvidar los defectos, como de la fuerza que arrastra y
obliga a caminar por las regiones más áridas y abruptas, se vuelve
insufrible: para leer tres líneas de su pluma se requiere seis kilos
de paciencia, para oír dos oraciones de su boca se necesita blindarse
las orejas con triple coraza de algodón. No es el escritor sino el
grafómano y el cacógrafo, no el orador sino el logómano y el cacólogo.
Por eso, al hablar o escribir, no tiene facundia o afluencia sino
manía razonadora o imbecilidad verbosa; no inspiración sino logorrea
de enigmas, acertijos y logogrifos, salpimentados de Cabala, Talmud y
Apocalipsis.

Con los trozos escogidos de Piérola se formaría un florilegio muy
semejante a un rosario de pepinos, hojas de col y tomates, engarzados
en la tripa de una cabra. Sus obras completas causarían el efecto de
una ensalada turca batida en una sopa rusa. En la vida de San
Francisco figura el hermano Junípero que se distinguía por la
incongruencia de sus confecciones culinarias, pues introducía en la
olla las frutas sin pelar, los huevos con cáscara y los pollos
vírgenes de sus crestas, de sus plumas y de sus estacas. Para concluir
con la literatura de Piérola, basta decir que todas sus producciones
merecen llamarse guisos del hermano Junípero.

Si los viajes no convirtieron a Piérola en orador oíble, en literato
legible ni en causeur tolerable, le infundieron o perfeccionaron la
ciencia práctica de la vida, el arte de adquirir dinero. Sin heredar
bienes de fortuna, casarse con mujer rica, descubrir mina, encontrarse
entierro ni ganar el premio gordo de ninguna lotería, él ha vivido a
lo grande, fomentando más de un hogar, haciendo continuas excursiones
por América y Europa. En lo tocante al dinero figura como inventor de
genio, como un prodigio, hasta como dueño de un órgano especial. La
nariz del sabueso para rastrear al ciervo la tiene Piérola para oler
la mosca: abandonado en el Sahara, náufrago en la isla de Robinson,
perdido en los ventisqueros del Polo, encontraría un tesoro y un
amigo. ¡De cuánto no serviría a los catadores de minas y buscadores de
entierros, si quisiera usar ese don o sexto sentido que le concedió la
Naturaleza! Con instalarse en una eminencia y husmear unos cuantos
segundos, Piérola nos revelaría si en un kilómetro a la redonda hay o
no hay bolsones y tapados. Se habla de telegrafía inalámbrica ¡bicoca!
Piérola, sin efracción ni escalada, sin lima ni ganzúa, sin contacto
de los dedos con la bolsa, deja in albis o como patena al Caballero de
la Tenaza en persona. Algo saben los Barrenechea, los Olivan, los
Gambetta, los Ehrmann, los Piantanida, los Flórez, los Billinghurst,
etc., porque abundan tanto las víctimas que de sus fondos podría
sacarse una buena dote para las once mil vírgenes.

Y con tanta suavidad y maña verifica la limpieza que el limpiado se
queda tan satisfecho como si fuera el limpiador. Le han servido de
sésamo ábrete, las dos palabras tradicionales -la Causa. El bueno del
General Castilla, no sabiendo repetir con Luis XIV "el Estado soy yo",
se llamaba a sí mismo "el Gobierno" y solía decir con la mayor
gravedad: "el Gobierno se halla constipado; el Gobierno guarda cama;
el Gobierno sufre de irritación a los callos"... Ignoramos si Piérola
se titula el señor la Causa; pero seguramente se rige por el siguiente
raciocinio: "La Causa no prospera sin que su caudillo prospere; yo soy
el caudillo de la Causa: ergo mis amigos y correligionarios se
encuentran en la obligación ineludible de enviarme dinero para un
equipaje a la Daumont, un departamento lujoso y confortable en el
Faubourg Saint-Honoré, una estación de baños en Royan o Biarritz y
para echar una cana al aire en Le Moulin Rouge o Les Folies-Bergére".

Si la inteligencia de Piérola no se mejoró con los años y los viajes,
si el carácter agravó los defectos en lugar de corregirles ¿cómo nos
propinaría hoy un buen Gobierno? La verdadera política se reduce a una
moral en acción. La Presidencia inaugurada en 1895 vale tanto como la
Dictadura de 1879: en la Dictadura se arroga facultades omnímodas y
nos conduce como un señor feudal a sus siervos; en la Presidencia nos
manda con el mismo poder discrecional, interpretando a su antojo las
leyes, dándolas efecto retroactivo, anulándolas con un simple decreto,
tergiversándolas hipócritamente o violándolas con la mayor
desfachatez, seguro de no hallar en las Cámaras un freno moderador ni
en la prensa un juez incorruptible y severo.

Insistamos sobre algunos de sus actos, empezando por el más
culminante: su alianza con los Civilistas. En la carta dirigida en
setiembre de 1898 al Comité Central del Partido Demócrata, afirma
Piérola que "sería difícil señalar diferencia de principios entre el
Partido Civil y el Partido Demócrata". Así, los veinticinco años de
conspiraciones y guerras civiles, los tesoros derrochados y las vidas
sacrificadas, la ruina del país y el asesinato de Manuel Pardo, sólo
han servido para descubrir un día que entre el Demócrata y el
Civilista no cabe diferencia, que ambos marchaban por distinta senda
para llegar al mismo término. Debemos preguntar a Civilistas y
Demócratas ¿ustedes son agentes de policía que se juntan en el
domicilio de una persona honrada o simples malhechores que en
avanzadas horas de la noche se reconocen ante una caja de hierro?
¡Inocentes y candorosos Demócratas! Sin saberlo profesaban el
Civilismo como el doctor Paganel hablaba portugués creyendo expresarse
en castellano.

Al celebrar la alianza, Piérola no reniega de sus convicciones (desde
que toda su vida no abrigó más propósito que satisfacer su ambición de
mando); traiciona, sí, descaradamente a sus correligionarios, les pone
en ridículo, les deja relegados en segundo término, como incapaces de
gobernar sin la dirección de los Civilistas. Esos famosos Demócratas,
esa falange de Catones y Licurgos, esa reserva intelectual y moral que
el país aguardaba como única tabla de salvación, no fue más que una
falsificación de personajes, que una desfilada grotesca de gigantones
con mucho volumen de trapo y caña, pero con muy reducida consistencia
de hombre.

Quizá en la alianza con los Civilistas se oculta una acción expiatoria
y laudable, una obra de arrepentimiento y reparación. A Nicolás de
Piérola le ahoga la sangre de Manuel Pardo. Oír el nombre de Pardo le
equivale a recibir una bofetada. Pardo le amarga el bocado, le
avinagra la bebida, le envenena el placer, le quita el sueño. Tal vez,
en sus noches de agitación y desvelo, cuando el remordimiento le causa
fiebre y la fiebre le produce alucinaciones, Piérola siente en su
cuello la irresistible mano de Pardo que le arranca del sillón
presidencial, le arrastra por los salones de Palacio y le conduce a la
plaza mayor para colgarle en una torre de la catedral o en el farol de
Tomás Gutiérrez. Con una de esas noches dantescas o shakespereanas se
explica la alianza: no pudiendo resucitar al muerto, se quiere seguir
su idea. Como los antiguos creyentes presentaban a los Dioses
irritados el holocausto de una ternera, de una oveja o de un cisne,
Piérola ofrece a la ensangrentada sombra de Pardo el sacrificio de
todo el rebaño demócrata.

No olvidemos las finanzas, caballo de batalla de Piérola y sus
conmilitones. La célebre gallina que un Rey de Francia quería ver
todos los domingos en la olla de sus más desvalidos súbditos, parece
que los habitantes del Perú la saboreamos todos los días, si hemos de
creer al Jefe Supremo y a los accionistas de las Sociedades
Recaudadoras. "A nadie se debe, se administra con economía, se da
ejemplo de honradez, reina el bienestar general...". Así grita el amo,
lo repiten sus comensales y lo pregonan los escatófilos de la prensa
subvencionada.

"¡A nadie se debe!" y los inscriptos en las listas pasivas no reciben
sino la tercera parte de sus haberes, y los tenedores de bonos de la
deuda interna imploran inútilmente porque no se les siga defraudando,
y la Peruvian reclama unos cien mil soles, y el Presupuesto arroja un
déficit de tres millones. "¡Se administra con economía!" y se crea
nuevas oficinas y nuevos cargos para los amigos o los deudos, y se
concede a los favoritos sumas ingentes por comisiones que no
desempeñan, y se derrocha miles de miles en fomentar una prensa
aduladora y servil, y se emprende obras innecesarias o ridículas con
el fin de conservar a sueldo una masa de electores, y sin plan ni
control se arroja millones en el insaciable estómago del Pichis. "¡Se
da ejemplo de honradez!" y se encarpeta la denuncia de fraudes
fiscales por la suma de doce millones de soles, y se engloba en la
deuda nacional las deudas particulares, y clandestinamente se negocia
los bonos de la Coalición, y por segunda o tercera mano se compra los
devengados de las viudas, y de la noche a la mañana se hace
desaparecer el millón de la sal, y se contribuye a que el descamisado
de ayer se transforme hoy en rico señor con sólo ingerirse en el
manejo de los negocios públicos, y, en resumen, se establece
verdaderas finanzas dictatoriales, pues se dispone de las rentas del
Fisco, sin ceñirse al presupuesto, sin rendir cuenta de ninguna
especie, sin que nadie sepa cómo ni en qué se ha invertido más de
cincuenta millones en menos de cuatro años. "¡Reina el bienestar
general!" y los derechos aduaneros se duplican y triplican, y las
gabelas nacen y se aumentan, y los artículos de primera necesidad
encarecen extraordinariamente, y salvo algunos valles donde se produce
la caña, la agricultura decae, mientras la industria desfallece y el
comercio arrastra una vida triste y miserable, hasta el grado que el
primer puerto de la Nación va muriendo de asfixia y anemia.

Sólo en Lima florece un bienestar simulado y restringido: el hartazgo
de algunos privilegiados y parásitos. Con las Sociedades Recaudadoras
se ha constituido una plutocracia u oligarquía de financieros para
esquilmar a la Nación: funciona hoy en la capital un maravilloso
trapiche donde van los contribuyentes para dejar el jugo y salir
convertidos en residuo seco, estoposo y combustible. Y a los
cañaveleros de esta nueva especie ¿qué les importa el crujir y gemir
de la carne de trapiche? En todo el mundo, los negociantes y los ricos
simplifican de tal modo sus órganos y funciones que al fin se reducen
a la mera condición de estómagos provistos de innumerables tentáculos
para coger la presa. Apresar y digerir, palabras sacramentales que lo
explican y lo justifican todo. Esos hombres simplificados o ventrales
rodean y aclaman a Piérola, como rodearon y aclamaron a Iglesias,
Cáceres y Morales Bermúdez, como habrían rodeado y aclamado al mismo
Patricio Lynch, si los chilenos, en vez de arrasar bárbaramente los
fundos, destruir las casas e imponer odiosos cupos, hubieran tenido la
malignidad o maquiavelismo de respetar las haciendas, las habitaciones
y las bolsas de los ricos. Nada significa, pues, si los ventrales
dicen que todo anda bien, que reina el bienestar general: hablan
iluminados por la filosofía optimista de las panzas llenas.

La situación económica de hoy se debe figurar así: unos cuantos
hombres, a puerta cerrada y sentados en derredor de una mesa, comen y
beben, mientras una muchedumbre harapienta y escuálida husmea por las
rendijas y reprime los bostezos del hambre, sin atreverse a romper las
puertas y exigir lo estrictamente necesario. Y el porvenir se diseña
más sombrío que el presente, dado que Piérola sacrifica el gran bien
de mañana por el escaso bien de hoy y pospone la dicha de todos a la
dicha de unos cuantos, siguiendo el sistema del salvaje que para coger
el fruto derriba el árbol, imitando al egoísta que para cocinar un
huevo prendiera fuego a una ciudad.

Si el hombre que en las finanzas produce tan aciagos resultados diera
algo provechoso en los demás ramos de la Administración, asistiríamos
al fenómeno de una planta que en unas ramas se vistiera de cardos y
tomates, a la vez que en otras se adornara con botones de rosa y
racimos de uva. Piérola se imagina sacar mucho bueno de su cabeza y
erigir monumentos inmortales, sin pensar que vive imitando al loco de
Cervantes, que se da un trabajo ímprobo y consume todas sus fuerzas en
hinchar perros con un canuto. ¿Qué obra de sus manos significa un
adelanto y promete vivir un día más de lo que dure su período?

El tiene dos signos propios y geniales: la fecundidad de sustituir una
cosa por otra igual con diferente nombre, y el don de enredar,
descomponer y malear lo que presume corregir o mejorar. Su Tribunal
Disciplinario remeda al Tribunal de los Siete Jueces; su Escuela
Militar de Aplicación no se distingue de la Escuela de Clases; su
Consejo Gubernativo (concilio laico) reúne en un solo cuerpo las
diversas Comisiones Consultivas organizadas por Manuel Pardo, según el
modelo francés. En su proyectada Ley de Imprenta ahoga la
manifestación libre del pensamiento, haciendo de autores y editores
unos parias de las autoridades subalternas; en su Ley Electoral da
campo a tantas argucias y complicaciones que él mismo resulta cogido
en sus propias redes y no logra escapar sino cometiendo un cúmulo de
arbitrariedades; en su Código de Justicia Militar, o parodia del
antiguo y bárbaro Código Español, restablece los anacrónicos fueros,
viola nuestra Constitución y pone a toda la República bajo la ley
marcial como si perennemente viviéramos en estado de sitio.
Felizmente, se encariña hoy con una institución o una ley, y mañana
las olvida como si nunca hubieran existido. ¿Se acuerda ya del Consejo
Gubernativo, del Tribunal Disciplinario ni del Código de Instrucción?
¿Dónde esas magnas obras anunciadas en la Declaración de Principios?
¿Dónde los caminos abiertos? ¿Dónde las pampas irrigadas? ¿Dónde los
pantanos desecados? ¿Dónde los inmigrantes? ¿Dónde el drenaje y el
halaje?

Piérola no persigue más fin que dar golpes teatrales, valiéndose del
engaño y la superchería. Impide dictatorialmente una conferencia
pacífica, y a las pocas horas declara ante el Congreso que "el
Gobierno exagera las libertades públicas";17 ordena bajo cuerda la
confiscación o robo de un taller tipográfico, y hace aparecer el acto
como "procedimientos judiciales en una imprenta";18 no consiente que
el Poder Legislativo restaure las garantías individuales, y luego
promulga un decreto renunciando a las facultades extraordinarias, con
una magnanimidad a lo Carlos V en Hernani, magnanimidad que no le
estorba para llenar las cárceles de Lima y los aljibes del Callao; de
mañana pega un buen drenaje a la Caja Fiscal, y por la noche, en la
tertulia de Palacio, se suena las narices con un pañuelo deshilachado
y viejo para manifestar que todo el Jefe Supremo de la Nación vive en
una pobreza franciscana. Pero la broma fin de siécle, el clown de la
farsa, el hecho magno y que basta para dibujarle de cuerpo entero, es
el siguiente: suprime la Junta Electoral, organiza cuadrillas de
garroteros que magullen a los sufragantes libres, establece
públicamente el más sórdido cohecho, funda en el mismo Palacio una
fábrica de candidaturas oficiales, comete cuanto abuso puede cometerse
para falsear una elección, y en seguida se inscribe en el registro,
saca su boleta de ciudadano y va majestuosamente a depositar su voto
en el ánfora, para "dar a sus conciudadanos un ejemplo de virtudes
cívicas".

Si el Jefe Demócrata vale hoy tanto como ayer ¿quién halla la menor
diferencia entre los hombres que le rodearon en la Dictadura y los
hombres que actualmente le siguen y le aclaman? Hablen esos viejos,
impotentes para el bien y fecundos para el mal, esos viejos que
prostituyen la Justicia y deshonran la Magistratura, esos viejos que
empezaron su vida con un bautismo en el lodo y la van concluyendo por
una inmersión en el albañal, esos viejos que no acaban de morir porque
la muerte les rechaza y la sepultura siente asco de recibirles. Pero
existe algo más odioso que los viejos (disculpables por el
reblandecimiento cerebral y la atrofia cardíaca) ese algo es la
juventud enrolada en las filas del nuevo régimen. ¿Dónde viven esos
jóvenes Demócratas? no en las universidades asimilando la ciencia, no
en las minas extrayendo y beneficiando el metal, no en las haciendas
labrando la tierra; pululan en las calles haciendo política de bajo
vuelo, en las oficinas públicas merodeando destinos, en los
alrededores de la Caja Fiscal extendiendo la mano para recoger la
limosna del Estado. ¿Qué son? lechigadas de abortos morales
engendrados con úrea en lugar de sustancia viril, racimos de frutas
podridas antes de madurar, organismos anémicos y endebles, carcomidos
por una enfermedad epidémica hoy en Lima — la gangrena juvenil. Esos
jóvenes y esos viejos, esos seres inferiores o degenerados, no
adaptándose a la atmósfera del hombre superior o libre, buscan el
ambiente del harem, y se enorgullecen de ganar puestos más o menos
lucrativos según la mayor o menor flexibilidad para ejercer oficios
bajos en las alcobas de las favoritas presidenciales.

Y ¡esas autoridades! Con muchos de los prefectos, subprefectos,
gobernadores y comisarios se formaría un exquisito ramillete de
ganapanes, crapulosos, quitabolsas, proxenetas, torsionarios y
violadores. De la servidumbre galonada y de la ínfima ralea judicial
salen hoy los actores principales, los cómplices y los encubridores de
los más vergonzosos y repugnantes crímenes y delitos. Mujeres y niños,
jóvenes y viejos, nadie vive seguro en su libertad, en sus bienes ni
en su honra.

En el sistema Demócrata, no sólo se infiere el mal directamente y al
adversario, sino indirectamente y al limpio de toda responsabilidad:
conviene que no falte una víctima. ¿Se quiere operar directamente
sobre un enemigo del Gobierno? pues se le fragua un juicio criminal o
civil por medio de testigos falsos escogidos en el viscoso gremio de
alguaciles, agentes de pleitos y jueces de paz. ¿Se quiere dañar
indirectamente al adversario ausente? pues se calumnia, se infama y se
persigue a su mujer, a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos y a sus
amigos. A falta de personas, la pagan los bienes.

Si se extorsiona y roba, díganlo las partidas de ganado arrebatadas a
los indios y públicamente vendidas en las poblaciones del Centro; si
se encarcela, díganlo Cano, Rivera Santander, Zapatel, los supuestos
revolucionarios de Arequipa y cien más que se consumen y desesperan en
los cuatro muros de una prisión; si se tortura, díganlo Antenor
Vargas, Fidel Cáceres y Rodríguez Castaños; si se viola, dígalo Pasión
Muchaypiña; si se mata violentamente, no lo diga Cáceda (salvado no
sabemos cómo) pero díganlo los Villares en el Guayabo y los indios de
llave y Huanta; si se da muerte dulce, quitando a la víctima los
medios de subsistir, haciéndola saborear día por día y hora por hora
las amarguras del hambre, díganlo Mariano Torres y su familia.

Para que lo infame y lo trágico se unan a lo grotesco y lo ridículo,
reviven hoy las mascaradas y mojigangas de la Dictadura. El Código de
Justicia Militar corresponde al Estatuto Provisorio, la Gran Avenida
Central hace pendant a la Ciudadela San Cristóbal, la celebración de
San Nicolás se iguala con el aniversario de la escaramuza entre el
Huáscar y los buques ingleses, la apertura de la Escuela Militar de
Aplicación vale tanto como la fiesta de las Mercedes, la casaca
inédita de general se da la mano con el uniforme de Dictador, la gorra
coalicionista o a la Miss Helyett nada puede envidiar al casco alemán
o yelmo de Mambrino, la esclavina y el sombrero del Vicario General se
las tienen de bueno a bueno con el calzón corto, las medias azules y
las pantorrillas postizas de los cocheros palatinos.

Pero ¿cómo seguir a Piérola en esa fecundidad macabra, en esa vida de
cadáver a quien le crecen los pelos y las uñas mientras se le pudre el
cerebro y se le agusana el corazón? Todo se dice al afirmar que,
siempre el mismo, nos ha dado y sigue dándonos un gobierno de
iniquidad y mentira, de favoritismo y malversación, de lupanar y
sacristía: si en 1880 era un payaso ecuestre evolucionando en un circo
de sangre, desde 1895 es un clown pedestre haciendo cabriolas en un
tapiz de miriñaques y sotanas.

Así, pues, el hombre actual no se diferencia del hombre antiguo, el
Presidente sigue las huellas del Dictador; y no podía suceder de otra
manera desde que la patología del individuo no ha experimentado la más
leve modificación. Hoy como ayer, el estado mórbido de Piérola se
diagnostica de este modo, no contando por supuesto con achaques leves
o pequeñas dolencias intercurrentes: megalomanía, hipertrofia del yo y
tendencias al delirio incoherente, agravadas con eretismo crónico y
decretorrea en el período agudo.

IV

Y semejante hombre, empinándose más alto que Bolívar, se congratula de
"haber construido el nuevo hogar del Perú".

Imaginar que se pega un tajo decisivo entre el pasado y el porvenir de
una sociedad, que merced a unas cuantas leyes mal trasegadas se muda
la condición mental de un pueblo, y que se amasa y se amolda a los
hombres como si poseyeran la maleabilidad de la cera, es abrigar una
concepción infantil de las cosas. Las aglomeraciones humanas no se
parecen a bolas de billar que lanzamos con el golpe del taco ni a
fluidos gruesos que adaptamos a la forma del recipiente: como los
individuos, las colectividades poseen su yo más o menos reductible.
Para modificar a un pueblo se necesita modificar a los individuos, no
sólo intelectual y moralmente, sino de un modo físico. ¿Qué higiene o
qué medio de obtener una alimentación sana y barata nos ha dado
Piérola? ¿Qué escuelas ha fundado? ¿Qué lecciones de moralidad nos ha
ofrecido? El constructor de hogares nuevos no puede ni siquiera
ofrecérsenos como ejemplo de buen esposo, desde que ha vivido y vive
en el seno de la lubricidad, considerando las puertas falsas como
resortes de gobierno, el proxenetismo como institución social y la
cantárida como indispensable colaborador político.

Lo nuevo se construye con lo nuevo; y el gobernante que para modificar
a un pueblo se vale de instituciones añejas y leyes retrógradas se
parece al arquitecto que se vanagloria de levantar una casa nueva
cuando toma un viejo caserón y le remienda con adobes desmochados,
maderas apolilladas y hierros enmohecidos. Los individuos y las
naciones no edifican algo bueno y estable sin fundarlo en la verdad y
la justicia; ahora bien, toda la existencia de Piérola se reduce a un
bloque de iniquidades y mentiras, a una barbarie en acción. ¿Acaso el
hombre civilizado se caracteriza por sólo cubrirse de paño y
alumbrarse con luz eléctrica? La civilización se mide por el
encumbramiento moral, más que por la cultura científica: quien al
mínimum de egoísmo reúne el máximum de conmiseración y
desprendimiento, se llama civilizado; quien todo lo pospone al interés
individual haciendo de su yo el centro del Universo, debe llamarse
bárbaro; más que bárbaro, ave de rapiña.

El triunfo del Partido Demócrata no ha significado la aparición de
elementos saludables y reconstituyentes sino la fermentación de
gérmenes morbosos y disociadores. Esos Coalicionistas, que blasonaban
de "arrasar con la tiranía de Cáceres y restablecer el augusto imperio
de la Ley", han procedido con tanta ilegalidad y tanta perfidia que
nos obligan a clamar por los gobiernos militares. Siquiera los
soldadotes herían de frente y a la luz del Sol: eran enemigos
desenmascarados o fieras diurnas, no alimañas oblicuas, nocturnas y
cavernosas. Lo venido del cuartel no hace tanto mal como lo salido de
la sacristía, ni el microbio de la sangre posee tanta virulencia como
el microbio del agua bendita.

En el actual reinado de Loyola y Priapo, en la fusión de cosas tan
opuestas como la hipocresía y el cinismo, los Civilistas no merecen
perdón ni excusa. Ellos, en vez de actuar como freno moderador o
camisola de fuerza, sirven de claque y bombo cuando no de agentes
provocadores y aguijón. Todo lo aplauden o lo disculpan y lo aceptan,
siendo algo así como los padres putativos y comadrones de los
monstruos concebidos en el desorganizado cerebro de Piérola. Con aire
de sacrificarse en aras de la Nación, besan la mano que siempre les
abofeteó, lamen la bota que siempre les magulló las posaderas. Y
sufrirían mayores ultrajes, si la remuneración creciera
proporcionalmente a la bajeza: a los Civilistas no les duele caer al
cieno, cuando ruedan por una escalera de oro; no les importa
revolcarse en la ignominia, con tal de sentir llena la bolsa y
atiborrado el estómago.

Ya el país sale de su engaño, se quita la venda. La facción
demócrata-civilista, embotada a fuerza de locupletarse en las
Sociedades Recaudadoras y los negocios a la sordina, no escucha los
estallidos de la opinión ni divisa en el semblante de las gentes
honradas el gesto de repugnancia y asco, ese gesto precursor de
tempestades y desastres. Desastres y tempestades van a renacer, por
más que muchos no lo crean o finjan no creerlo. Gracias a la acción
opresiva de los gobiernos, en el Perú no conocemos la protesta
enérgica y vibrante del meeting: saltamos de la muda pasividad a la
cólera ciega: sufrimos a modo de ovejas, y en el momento menos pensado
embestimos a manera de tigres. Y no cabe medio, porque así lo quieren
las autoridades. Si en las naciones civilizadas los hombres del Poder
viven atentos a la voz de la opinión, aquí sucede lo contrario: en
gobernar contra la nación se resume todo el ideal de nuestros
mandatarios. Ellos incuban las revoluciones, no los pueblos, como se
figuran los sociólogos que nos juzgan de oída, o nos observan desde
las nubes. Si vivimos en perenne dictadura ¿qué extraño el combatir
para derribarla? Clausurando imprentas, desbaratando reuniones
pacíficas, lanzando turbas contra los diputados de la minoría, no
respetando vidas, propiedades ni honras, Piérola agota el sufrimiento
de las ovejas y excita la cólera de los tigres. El revolucionario de
veinticinco años hace un presente griego a su inmediato sucesor, le
deja el legado de una revolución.

Los hartos y felices encarecen las excelencias de la paz y
anatematizan los horrores de la guerra civil. ¡Paz! grita el
especulador de los bancos; ¡paz! el burócrata o servidor del Estado;
¡paz! el accionista de las Recaudadoras; ¡paz! el contratista de obras
fiscales; ¡paz! el escritorzuelo de periódicos oficiales u oficiosos.
¡Paz! grita el mismo Piérola mientras alguien le responde ¡guerra!
porque desde el instante que nacimos a la vida republicana, toda la
política nacional se reduce a un juego de balancín donde evolucionan
dos payasos: el ascendido a lo más alto proclama el statu quo, el
descendido a lo más bajo predica el movimiento.

Los criminales impunes afirman que "en el Perú no existe sanción
moral", fundándose naturalmente en haber escapado ellos mismos a la
cárcel del Código Penal y a los faroles de las justicias populares.
Conviene distinguir la sanción moral de la sanción jurídica, pues
muchos criminales, burladores de la acción de las leyes, no han podido
librarse del veredicto público y yacen ajusticiados en la conciencia
de las gentes honradas. Y ¿quién nos asegura que tras la inofensiva
sanción moral no venga mañana el castigo? Las grandes justicias
populares marchan con pies de plomo, mas al fin llegan.

Pero, aunque no existieran gentes honradas, aunque todo el Perú
sufriera una perturbación visual para llamar negro a lo blanco y
blanco a lo negro, aunque un irremediable eclipse moral envolviera la
conciencia de todos los individuos hasta el punto de reconocer en
Piérola una personalidad justiciera y honorable, aunque todos, sin
excepción de uno solo, se arrodillaran a sus pies y le embriagaran con
nubes de incienso y cánticos de alabanza, nosotros no cejaríamos un
solo palmo ni borraríamos una sola de las palabras consignadas en
estas hojas. Frente a frente de Piérola, le diríamos con ese tú
necesario y expresivo que sirve tanto para significar el respeto y el
amor como para acentuar el desprecio y el odio:

Tú eres la causa principal de nuestra desgracia y de nuestra deshonra,
tú vendiste a vil precio la riqueza nacional, tú allanaste el camino a
la planta conquistadora de Chile, tú inoculaste en las venas del
pueblo el virus de todas las malas pasiones, tú hiciste de la ambición
una Divinidad y de la mentira un culto, tú prostituiste la verdad y la
justicia, tú manchaste o violaste cuanto se puede manchar o violar, y
como única y suficiente prueba de las acusaciones, recogemos del suelo
y te arrojamos a la cara una mínima parte de la sangre y del lodo que
has desparramado en treinta años de conspiraciones y pronunciamientos,
de iniquidades y miserias, de ruinas y devastaciones.
.......................................................................................
1 Nicolás de Piérola, nacido en Camaná (Arequipa) en 1839. Ministro de
Hacienda en 1869; Jefe Supremo de la Nación durante la Dictadura, de
diciembre de 1879 a enero de 1881; Presidente de la República de 1895
a 1899. Fundador del Partido Demócrata. Fallecido en Lima en 1913.

El presente artículo —escrito a fines de 1898 o principios de 1899— es
inédito: su publicación fue impedida, en dos oportunidades sucesivas,
por el gobierno de Piérola. En la primera, agentes de policía
penetraron en el taller tipográfico donde se preparaba la publicación
en folleto, destruyeron la maquinaría y confiscaron el manuscrito.
Pero un cajista leal logró conservar una prueba de las Partes I y II,
que entregó más tarde a González Prada: es así cómo, en los originales
que han llegado a nuestro poder, las Partes I y II están en prueba de
galera, y las Partes III y IV, manuscritas, pues el autor debió
rehacer estas secciones del original perdido.

Una segunda tentativa de publicación, en agosto de 1899 (en El
Independíente, cuyas prensas fueron también destrozadas por esbirros)
resultó tan «fructuosa como la primera. Concluido en setiembre de 1899
el período presidencial de Piérola, González Prada consideró, sin
duda, pasada la oportunidad política de estas páginas, y han
permanecido inéditas hasta la fecha.

Un detalle: el manuscrito que confiscó la policía fue entregado al
Presidente: Piérola ha sido, pues, la única persona en conocer este
artículo, fue-n del círculo familiar del autor. (Nota del editor).

2 El autor ha borrado aquí, dejándolo en forma ilegible, un párrafo
alusivo a la revolución de los Gutiérrez. Parece probable que lo
suprimido repitiera pensamiento semejante al expresado en Manuel Pardo
(página 133) sobre los sucesos de Lima en julio de 1872. (Nota del
editor).


3 Sólo faltaba fijar la suma que Dreyfus entregaría, suma destinada
para comprar al Gobierno de Turquía un blindado. Al recibirse en París
noticias de la revolución efectuada por Piérola el 21 de diciembre del
79, Dreyfus cambió de tono: sabía muy bien a qué atenerse.

4 Nota marginal del autor: A persona decente, miembro de familia
respetable, hay que despedirla de un hospital porque se roba la carne
y la leche de los heridos.

5 Nota marginal del autor: Una legión de proveedores y rematistas se
lanza sobre la Nación para explotarla y esquilmarla, cuando más
apremiada se ve por las circunstancias y cuando más necesidad tiene de
recursos.

6 Nota marginal del autor: Por decreto de 28 de mayo de 1880, Piérola
hizo otorgar a Grau, a título póstumo, la condecoración de segunda
clase en la Legión del Mérito...

7 Nota marginal del autor: Uniforme de Piérola, al desembarcar en
Pacocha el 19 de noviembre de 1874, según Zubiría:
"Kepí sui géneris, porque sus bordados no correspondían a ninguna de
las altas clases conocidas en el ejército.
"Levita de aspirante, porque no tenía presillas ni insignia alguna de
clase militar.
"Pantalón del fuero común.
"Botas a lo Federico II.
"Faja bicolor con borlas de oro, de gran mariscal o de ministro de estado.
"Espada de subteniente de gendarmes".
(Justiniano de Zumbía, La Expedición de El Talismán, Valparaíso, Imp.
del Mercurio, 1875; pág. 140).

8 Al margen del, texto original aparece escrita con lápiz esta frase
trunca: "El epitafio de Piérola fue.. ." El autor tuvo,
indudablemente, el propósito de aludir a la conocida satisfacción que
produjeron en el Dictador y su círculo las derrotas del ejército del
Sur. A fin de completar el pensamiento inconcluso, juzgamos oportuno
reproducir los siguientes comentarios de don José María Químper:

"El Dictador sacrificó a su ambición a aquel puñado de héroes (el
ejército de Montero) hostilizándolo cuanto le fue posible y negándole
todo refuerzo o ayuda de cualquiera clase. La noticia del desastre se
recibió con dolor profundo por todos; pero Piérola y los suyos no
supieron siquiera disimular su alegría. No existía ya ni sombra de
oposición al régimen dictatorial, que dominaba sin rival en un vasto
cementerio. La Patria, órgano de Piérola, con un cinismo que rayaba en
demencia, calificó placenteramente la derrota de Tacna como "la
destrucción del único elemento que restaba del anterior carcomido
régimen"; se refería al constitucional".

Manifiesto del ex-Ministro de Hacienda J.M. Químper a la Nación.—
Citado por Tomás Caivano en su Historia de la Guerra de América entre
Chile, Perú y Bolivia; Lima, 1901, Vol. 1, pág. 287. (Nota del
editor).

9 Renán lo dijo por Víctor Hugo.

10 Saint-Simon refiriéndose al Duque de Bourgogne: "De la hauteur des
cieux il ne regardait les hommes que comme des atomes avec qui il
n'avait aucune ressemblance, quels qu'ils fussent".

11 Desmoulins hablando de Saint-Just.


12 En nota marginal, el autor ha escrito la siguiente variante: "Si
alguna vez le ahorcaran, rabiaría, como el envidioso de la Antología
Griega, contra el ajusticiado que bamboleara en una cuerda más alta".
(Nota del editor).

13 Ph. de Rougemont : Une page de l'histoire de la díctature de
Nicolás de Piérola en 1880, Melun, Imp. A. Dubois, 1883; pág.10.


14 El Arzobispo de Lima lo subvencionaba con cuarenta soles.

15 Apurados debieron de verse los Quispes y los Mamanis para entender
"el warrant, el halaje, el drenaje y el paludismo", porque la
Declaración de Principios está redactada, según su autor, "en forma
ligeramente razonada y sucinta como lo consiente el propósito de
llevarlos (los principios) con claridad hasta las últimas filas de
nuestros adherentes".

16 Carta del 18 de abril de 1899.

17 Alude el autor a su conferencia Librepensamiento de acción, inserta
en el libro Horas de Lucha con la siguiente nota: "Discurso que debió
leerse el 28 de agosto de 1898 en la tercera Conferencia organizada
por la Liga de Librepensadores del Perú. La lectura no pudo
efectuarse porque el Gobierno la impidió". (Nota del editor).

18 Referencia al atentado de 24 de febrero de 1899 contra el
periódico Germinal (órgano de La Unión Nacional) dirigido por González
Prada. (Nota del editor).

Wednesday, January 23, 2008

La Haya, el periodismo y su papel clave

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
23-1-2008

La Haya, el periodismo y su papel clave

Leo, en la muy conceptuosa y estratégica entrevista que publica hoy La
Razón, al embajador Félix C. Calderón, palabras sensatas, muy
reflexivas. Preguntado: "Si todos somos la patria, ¿qué debiera o cómo
debiera entenderse el papel del periodismo en la forja de una dinámica
informativa de gran formato y con espíritu ganador para los próximos
años y qué necesitaría hacerse?". Y responde:

"El periodismo nacional juega un papel clave en la promoción de la
razón de Estado, pero esto implica, antes que nada, un conocimiento
profesional del tema y un sentido iluminado de la oportunidad. Debe
descartarse el sensacionalismo efímero en tanto pueda traducirse en
hacer una primera plana a expensas del interés nacional. Yo siempre he
creído que la condición de ciudadano está por encima de la condición
de periodista y es esta primacía patriótica la que debería guiar a
todo periodista con un sentido agudo de la responsabilidad. Más que
"espíritu ganador", yo diría espíritu patriota que coadyuve a
contaminar benignamente a todos los peruanos de una voluntad acerada
para hacer del Perú un país mejor y el mejor. Pensar en grande es la
receta infalible, como alguien dijo, para que nuestros hechos crezcan.

Y antes de parafrasear el rico conjunto de sentencias que emite el
embajador Calderón, debemos felicitarnos que por vez primera, de modo
coherente, sabio y sólido, un funcionario enterado, muy dentro del
tema, ponga, como hemos hecho en esta humilde trinchera, de relieve al
periodismo que necesita ¡urgentemente! despertar del marasmo habitual
en que vive, para trocar en parte de las huestes victoriosas, firmes y
patrióticas que se necesitan para construir un Perú libre, justo y
culto.

El periodismo es también pedagogía ágil al servicio del pueblo y de su
instrucción política, cultural, ideológica e histórica. ¡Qué mejor que
repetir, a modo de catecismo, las oraciones pronunciadas por el
diplomático!

-El periodismo nacional juega un papel clave en la promoción de la
razón de Estado, pero esto implica, antes que nada, un conocimiento
profesional del tema y un sentido iluminado de la oportunidad.

-Debe descartarse el sensacionalismo efímero en tanto pueda traducirse
en hacer una primera plana a expensas del interés nacional.

-Yo siempre he creído que la condición de ciudadano está por encima de
la condición de periodista y es esta primacía patriótica la que
debería guiar a todo periodista con un sentido agudo de la
responsabilidad.

-Más que "espíritu ganador", yo diría espíritu patriota que coadyuve a
contaminar benignamente a todos los peruanos de una voluntad acerada
para hacer del Perú un país mejor y el mejor.

-Pensar en grande es la receta infalible, como alguien dijo, para que
nuestros hechos crezcan.

La dinámica envolvente de patriotismo empieza a juntar segmentos,
voluntades, talentos e inteligencias. Dedúcese, con inequívoca
claridad, que la solidez nacional estriba en una disciplinada actitud
cuanto que aguerrida por justa y acorde vocación con el tradicional
apego peruano a los tratados internacionales.

El clarín anunciador de esta forja indisoluble, acaba de dar su señal
de alerta. Tócanos oír, interpretar su convocatoria y lograr los
triunfos que la patria demanda.

Amén.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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CÔceres declara nulos actos de la administración Iglesias

Historia, madre y maestra

Documento No. 145*

Cáceres declara nulos actos de la administración Iglesias

Andrés Avelino Cáceres, presidente provisorio de la república

Considerando:

Que desconocida por todos los pueblos, desde su origen, la autoridad
del supuesto gobierno de Lima, no ha tenido ni tiene éste título
alguno para ejercer actos que puedan obligar a comprometer a la
nación;

Decreto:

Artículo único.- Declárase nulos todos los actos relativos a la
administración interna de la república, practicados por la referida
facción.

(firmado) Andrés A. Cáceres

Epifanio Serpa, ministro de hacienda y comercio y presidente del consejo

Andrés Menéndez, ministro de guerra y marina

Luis Carranza, ministro de gobierno, policía y obras públicas

José María García, ministro de justicia, culto, instrucción y beneficencia

ED, Lima, sábado 9 de agosto de 1884

*Campaña de La Breña. Colección de Documentos Inéditos: 1881-1884;
Luis Guzmán Palomino, Lima 1990

Tuesday, January 22, 2008

Feracidad creadora de Félix Calderón

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
22-1-2008

Feracidad creadora de Félix Calderón

Raros son los casos en que un embajador, a la par de sus múltiples
actividades institucionales, prodigue excepcionales esfuerzos a la
creación intelectual. El diplomático Félix C. Calderón, nuestro
representante en Sudáfrica, presenta mañana miércoles el tercer tomo
de su meticulosa, feraz y feroz por detallista, investigación sobre
Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar. En la Universidad
Ricardo Palma y a cargo del maestro Vicente Ugarte del Pino, nacerá el
capítulo Descodificando la creación de Bolivia, que sucede a La
fanfarronada del Congreso de Panamá (tomo II, 2007) y a La usurpación
de Guayaquil (tomo I, 2005).

Simón Bolívar, en el ADN espiritual peruano, y por el martilleo
repetidor de fábulas y mitos, es casi un dios intachable. Pero en el
prólogo que hiciera el desaparecido ilustre Alonso Benavides Correa al
libro príncipe de la serie de Calderón, escribió con pluma afilada lo
siguiente: "Bolívar –el guerrero, el hombre de salón, el orador, el
escritor, el político, el estadista, el legislador- no amó al Perú." Y
la lectura, monumental, puntillosa, polémica, formidable, de lo
escrito por el embajador Calderón, así lo confirma.

Importante es, para evitar dislates tan usuales en lectores
apresurados y poco serios, recordar que Bolívar alentó y celebró la
yugulación de Guayaquil del Perú. Además, se constituyó en dictador
mañoso y caminó por enjuagues de los que decía estar lejano, pero
contó siempre con un enjambre de áulicos funcionales encargados del
juego subalterno. Declaró la guerra al Perú, dijo cosas que
dudosamente podrían pasar como demostraciones de afecto o amor a
nuestra nación. Por último, dejó las piedras fundamentales de lo que a
posteriori ha constituido el detonante, en el sur, de los problemas
limítrofes, guerreros y fatídicos con Chile, que hasta 1879, carecía
de frontera con Perú.

Y en palabras del propio Bolívar, haciendo recensión literal de sus
cartas que con manía grafológica hacía transcribir a sus numerosos
ujieres-secretarios, el venezolano, da cuenta, a veces en forma
contradictoria, de múltiples sucesos que historiadores de alquiler han
acomodado para engrandecer el mito impoluto –según ellos- de una
persona con megalomanía aguda. Bolívar fue tan solo un hombre, con
rasgos de inteligencia superior y entendimiento profundo del alma
humana y por eso su imperio enérgico sobre seres y temas. No pocas
veces, anota Félix C. Calderón, hasta parecía prever el futuro y
armaba con lógica perversa las excusas que podían favorecerle en no
pocos sucesos.

Perú no es un país muy grato con sus escritores. Las más de las veces
los ignora por pura pereza y falta de creatividad. Aquí los genios se
fabrican a punta de propaganda en los diarios y vale más que la
ciencia estudiada, un buen pariente, un lazo por matrimonio o
adulterio, con dueños de medios de comunicación. Obvio que de por
medio hay también pingues convenios económicos que necesitan vender
adefesios a los que llaman libros y de los que hay propaganda intensa.

Este es un caso distinto.

Merced a sus propios fondos, cuidadosamente destinados al propósito
inequívoco de la investigación, el embajador Calderón ha sacado,
contra viento y marea, una portentosa producción que se acerca ya a
los diez libros en los últimos 7 años. El promedio le evidencia en su
rapidez y buida pluma. Ha hecho análisis que merecerían reediciones
para ilustración de escolares, universitarios, empresarios, políticos
y público en general sobre álgidos capítulos como son los contenciosos
limítrofes con Ecuador y con Chile. El Tratado de 1929. La otra
historia, sobre la difícil vecindad con el país del sur, es
probablemente, el mejor tratado que en torno a ese urticante acápite
se haya escrito en la historia del Perú. Bien haría el ministerio de
Educación en aprehender la urgente necesidad de tener un manual como
aquél, en estos días.

Este modesto artículo pretende significar un homenaje al esfuerzo
solitario de un peruano con pruebas de amor por la patria y de cuyos
testimonios hay hitos en forma de artículos poderosos y motivadores de
polémica y la real politik. Cuando la orfandad intelectual, parecía
apoderarse de Torre Tagle, el ejemplo de Félix C. Calderón, otorga la
posibilidad de creer que está invicta la savia creadora, el elan
luminoso, la tea incandescente en esa institución.

Perú puede enorgullecerse, en la figura de uno de sus hijos, muy
mucho, porque así debe premiarse lo que es un esfuerzo individual para
el colectivo de la nación.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Monday, January 21, 2008

Exhortación de CÔceres

Historia, madre y maestra

Documento No. 144*

Exhortación de Cáceres

Andrés Avelino Cáceres, presidente provisorio de la república

Considerando:

I. Que es un deber del gobierno hacer todos los esfuerzos posibles
para evitar la guerra civil.
II. Que es asimismo deber de todos los ciudadanos acatar la voluntad
de la nación y reconocer al gobierno que ha proclamado.

Decreto:

Art. 1º.- Se señala el término perentorio de quince días, para que
todos los que se hallan en armas bajo la obediencia del titulado
gobierno de Lima, las depongan y reconozcan al gobierno nacional.

Art. 2do.- Los que vencido dicho término no hayan cumplido con lo
ordenado en el artículo anterior, serán borrados definitivamente del
escalafón militar sin perjuicio de las demás penas a que se hagan
acreedores por su resistencia a la voluntad de la nación.

Dado en el cuartel general de Huancayo, a 20 de julio de 1884

Andrés A. Cáceres

Epifanio Serpa, ministro de hacienda y comercio y presidente del consejo

Francisco Flores Chinarro, ministro de relaciones exteriores

Luis Carranza, ministro de gobierno, policía y obras públicas

José María García, ministro de justicia, culto, instrucción y beneficencia

ED. Lima, sábado 9 de agosto de 1884

*Campaña de La Breña. Colección de Documentos Inéditos: 1881-1884,
Luis Guzmán Palomino, Lima 1990

¿Pisco en aguardiente, por unos cuĆ”ntos dólares?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
21-1-2008

Dijo pocos días atrás, la ministra de Comercio Exterior, Mercedes
Aráoz que exportar el pisco a Chile para que allí le cambiaran el
nombre y le nominaran aguardiente, constituía y fletaba como válida la
posibilidad de buscarse otros sitios donde exportar el licor nacional
por excelencia. ¡Muy bien dicho!

En julio del año pasado, tuvo expresiones más o menos similares,
aunque entonces no se conoció de la respuesta de los productores a
quienes parece importar –hasta ahora- un ardite que en Chile se le
cambie de nombre a su producto, con tal –y sólo eso- que los billetes
fluyan sobre sus cuentas corrientes. Total –dicen- money is money.
Cuando el mercenarismo suplanta el orgullo y la raza, esta clase de
aberraciones se cometen porque una prensa ciega o comprada se hace de
la vista gorda.

¿Seguirá la ministra tan impermeable a concursos externos y que sólo
bregan por el país? ¿creerá que sólo los lobbies millonarios tienen
razón? Ella sabe que no es así, de lo contrario no habría pronunciado
cuanto expresó.

Bien vale recordar lo que se dijo entonces. Leamos.

¿Pisco en aguardiente, por unos cuántos dólares?
23-7-2007

Ante la neumática de silencio zombie de políticos, politólogos,
periodistas, intelectuales y demás yerbas del campo, han pasado con
bajo perfil las explosivas revelaciones de la ministra de Comercio
Exterior, Mercedes Aráoz. Ella informó que el grueso de las
exportaciones nacionales de pisco son a Chile habiendo sido desplazado
el mercado norteamericano. Más aún, subrayó que por "regulaciones"
chilenas, el pisco, sinónimo de Perú, que pone de relieve con enorme
autoridad patriótica el diplomático Félix C. Calderón, en reciente
artículo, tiene que ingresar como "aguardiente" al país del sur. En
buena cuenta ¿pisco en aguardiente por unos cuántos dólares?

Si eso es cierto, quiere decir que quienes exportan a Chile el pisco,
aceptan el trueque infame del nombre de ingreso del producto por
aguardiente para concretar o cumplir operaciones. Algo así como que
usted se llama Jorge pero en Chile le nominan Alberto ¡punto y
sanseacabó! En el caso vergonzoso de marras es peor: el pisco,
sinónimo de Perú, sufre la prostitución de su nombre, para convertirse
en vulgar aguardiente para no "inquietar" a quienes sí usurpan la
denominación pisco. Y todo porque a unos exportadores interesan más
los dólares que la decencia y dignidad de las transacciones y el
perfil inviolable de la patria.

Aunque esto ocurre, todo así lo indica, desde un tiempo atrás, antes
que llegara la ministra Aráoz al puesto que tiene, ella no ha cumplido
con el país porque no ha dicho qué está haciendo su despacho para
revertir esta anómala y abyecta situación y ¡tampoco! dio cuenta de
las tratativas u orientaciones que está proporcionando a los
exportadores para que tengan decoro y se pongan a tono con los grandes
intereses del país. Además, sería de lo más interesante conocer qué
dice el acuerdo bilateral de comercio con Chile, sustituido con el
acuerdo de complementación, escenario ideal para la defensa del pisco.
Si es que eso se hizo. ¿Cómo, no fue la cuestión del pisco un tema
capital que debió resolverse con ese acuerdo? ¿O es que solo funcionó
la lógica de favorecer a Chile? Si es así el Congreso peruano tiene la
palabra, pues ese acuerdo debe ser aprobado por este Poder
Legislativo, puesto que ahora se comprueba que lesiona el interés
nacional. ¿Qué dicen las bancadas prestas a negociar puestos en la
mesa directiva?

Ha escrito Félix C. Calderón: "Tampoco debemos contentarnos con decir
"nuestro Pisco", porque no hay otro fuera del Perú, ni mucho menos
celebrar que ahora Chile importe más "Pisco" que Estados Unidos. Todo
lo contrario, esto último debería preocuparnos porque se corre el
riesgo que se reexporte como chileno un producto genuinamente peruano
y que debe ser reconocido por el mundo entero como tal. Ergo, con el
objeto de poner término al entredicho es necesario que se den los
pasos adecuados para presentar una demanda ante un órgano
jurisdiccional internacional, que puede ser la Corte Internacional de
Justicia, de suerte tal que el Perú logre de una vez por todas que se
reconozca el origen peruano de la palabra "Pisco" y, además, el origen
netamente peruano (AOC) del tipo de brandy denominado, igualmente,
"Pisco." La ley Nº 26426 faculta en su artículo 1º "por todas las vías
que brinde el Derecho internacional" para que se obtenga la
prevalencia y definitivo reconocimiento como peruano del "Pisco." Si
quieren los chilenos pueden seguir produciendo su aguardiente, pero
tendrán que denominarlo "Elqui" que tampoco es una mala denominación.
Pero, de ninguna manera "Pisco." Haciendo un paralelo con el brandy
francés "Armagnac" que se produce en la antigua Gascogne, a nadie se
le ha ocurrido copiar esa denominación fuera de Francia para designar
a otro producto. Igual ocurre con el "Calvados", entre decenas de
decenas de casos.

Obviamente, en tanto lo ideal es encontrar por la vía bilateral una
fórmula de transacción que satisfaga, en lo esencial, a la legítima
posición del Perú, se podría seguir el ejemplo aceptado por Portugal
respecto al "Oporto" de dejar al Estado que incurre en plagio, un
período prudencial de tiempo para acondicionar la comercialización de
su producto al cambio de circunstancias (phasing out). Más, este
acuerdo bilateral con Chile sólo podría hacerse, entre otras
condiciones, si dentro del período límite convenido, por ejemplo hasta
el año 2010, los productores chilenos utilizan la denominación "Pisco"
para su aguardiente de uva solamente dentro de su mercado interno,
quedando en claro que a nivel internacional la denominación "Pisco"
hará referencia, única y exclusivamente, al licor eminentemente
peruano."

¿Quién podría oponerse a la maciza solidez imbatible de los argumentos
precedentes?

O los exportadores dan lección de limpieza y evitan coludirse con esa
abusiva condición de ingresar a Chile su producto como aguardiente, o
simplemente son cómplices de una impostura contra el Perú. ¿Acaso no
hay otros sitios que deseen comprar el exquisito y aromático,
indiscutible pisco peruano?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.redvoltaire.net
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Skype: hmujica

Saturday, January 19, 2008

Caso Espinoza-SIS: cronología de una prisión tapa-culpas ajenas

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
19-1-2008

Caso Espinoza-SIS: cronología de una prisión tapa-culpas ajenas

1.- El terremoto del sur ocurrió el día 15 de agosto del 2007. En la
mañana del 16 se reunió el comité de gestión: acordó conformar equipos
que se trasladarían a Ica, Pisco y Chincha para evaluar la magnitud
del daño y definir la ayuda a brindar.

2.- Los días 16 y 17 de agosto el SIS solicitó S/. 19 millones al MEF
para atender la emergencia del terremoto. La solicitud no fue firmada
por el médico Julio Espinoza, único funcionario autorizado para
realizar este tipo de solicitud. A pesar de este hecho irregular los
funcionarios del MEF –Doris Villanueva Masgo (Sectorista), Rosario
Zavaleta Meza (Sub Directora Nacional de Presupuesto) y Juan Alberto
Muñoz Romero (Director Nacional de Presupuesto Público) no cumplieron
con el procedimiento habitual de revisar la documentación para
verificar los requisitos de carácter obligatorios y evitar que los
documentos sean suscritos por personas ajenas al titular.

3.- Las cotizaciones son dispuestas por la oficina de Administración
(Lic. José Vega Díaz) el día 16. Las compras y los pagos los días 17 y
18 de agosto. Vega Díaz afirma que la orden de compra le fue dada por
Julio Espinoza. En el auto apertorio se precisa que: "no existe
resolución del titular ni documento que disponga se adquieran dichos
bienes…el jefe de la oficina de administración ha excedido sus
funciones…no se evidencia que la OGA haya contado con algún informe
que sustente lo que está ocurriendo….".

4.- En el auto apertorio quedó demostrado que los delitos de colusión,
malversación y falsedad ideológica ocurren los días 16, 17 y 18 de
agosto, fecha en la que se solicita dinero (de manera irregular), se
recibe el dinero del MEF (de manera irregular y dolosa) se hace el
listado de bienes a adquirir, se trata con proveedores, se compra, se
paga, todo esto sin participación de Julio Espinoza.

5.- Cuando Julio Espinoza regresa a Lima, el 18 de agosto, en horas de
la noche, los delitos ya habían ocurrido, sin su participación directa
o indirecta. Lo que ocurre a partir de entonces corresponde a
cualquier otra cosa, pero no a los delitos imputados, éstos ya se
habían realizado (decisión de denuncia que es falta administrativa).

6.- Los días 21 y 23, se solicita informe de lo actuado en la OGA. El
27, la OGA remite a la jefatura del SIS el informe final con el
proyecto de resolución jefatural que no se firmó porque era necesario
revisar cuidadosamente todo el expediente antes de darle conformidad.

7.- En su defensa, Corcuera (ex jefe de planificación) y Vega (ex jefe
de administración), sostienen que Espinoza les autorizó
telefónicamente a firmar por él, la solicitud del MEF y a realizar las
compras. La ley 27444 de procedimientos administrativos norma la
delegación de funciones y precisa que ésta se da a través de oficio o
resolución especifica, y que las órdenes se dan en documentos de
gestión como oficio, circular, resolución. Es decir, en la
administración pública no se dan órdenes ni se delegan funciones por
teléfono.

8.- El MEF gira en forma irregular (dolosa), y hace posible las
compras. Sin dinero no hay compras. Las compras fueron realizadas sin
autorización de Espinoza.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Friday, January 18, 2008

CƔceres denuncia protectorado chileno

Historia, madre y maestra

Documento No. 137*

Cáceres denuncia protectorado chileno

Exige renuncia de Iglesias y retirada del invasor

Cuartel general de Huancayo

Junio 19, 1884

Sr. Dn. Ignacio de Osma

Estimado amigo:

He leído con marcada atención, su carta fecha 10 de los corrientes,
que paso a contestar.

Desde luego acepto que sólo obedeciendo a generosos propósitos y
sentimientos sinceros, se halla Ud. determinado a tomar parte en la
política de un gobierno que no cuenta con las simpatías generales de
la república.

Con el interés que la actual situación inspira, me manifiesta Ud. los
deseos que animan al señor general Iglesias para entrar en un acuerdo
cuyos resultados prácticos, alcancen a evitar la efusión de sangre
hermana.

Aplaudo tan nobles propósitos; y por mi parte, no son menos los que
abrigo en pro de la tranquilidad y el bienestar de mi patria.

Por lo tanto, ya que Ud. apela a mi patriotismo, y solicita de mí le
exponga un medio que salve las dificultades del presente, cumple a mi
deber de ciudadano honrado y leal, proponerle el siguiente proyecto
que, a no dudarlo, merecerá la aceptación de Ud. y de la república
toda.

1) Que el general Iglesias fiel a la palabra que tiene empeñada con el
país y en cumplimiento del tratado que él mismo celebró, consiga la
inmediata liberación del territorio peruano por las fuerzas chilenas.
2) Nombrar un nuevo ministerio cuyo personal inspire plena confianza
al país, pudiendo ser Ud. y el coronel García León miembros del
gabinete.
3) Dimitir el general Iglesias el mando ante dicho consejo de ministros.
4) Que el gabinete proceda a convocar a elecciones de presidente,
vicepresidente y una asamblea constituyente.
5) Aceptar y reconocer, por mi parte, la autoridad de ese ministerio.

Voy ahora a manifestar a Ud. las razones fundamentales que me asisten
para exponerle el anterior proyecto.

Desde que se celebró y ratificó el tratado de octubre los pueblos
todos que ansiaban libertarse de la odiosa presencia del enemigo
extranjero, esperaron y con razón, que el retiro de éste, del suelo
nacional, sería el primer paso que el general Iglesias realizaría en
cumplimiento de una estipulación sagrada, cuya observancia prescribe
el derecho internacional y cuya ejecución era exigida por la soberanía
de un pueblo libre, amante de su dignidad y de su buen nombre.

Sin embargo, contra toda previsión y contra toda esperanza, las
fuerzas chilenas han seguido ocupando el territorio de la patria; las
bayonetas enemigas continúan ejerciendo presión en los pueblos de la
república y permanecen en actitud bien poco tranquilizadora ante
fuerzas regulares de la nación, y en una palabra, las tropas de Chile
no significan por hoy, en el Perú, sino un manifiesto protectorado a
cuya sombra se ejercita un grupo político que hace alarde de esa
protección, con mengua del decoro nacional, cuyos sagrados fueros
merecen la más alta consideración y el más profundo respeto.

Tal conducta, estimado amigo, después de las odiosas concesiones que
este tratado consigna, es algo que no tiene nombre. Ella importa falta
de circunspección, deslealtad evidente en el gobierno que la observa y
un ataque inmerecido e injusto a la soberanía de un pueblo, que harto
hace en aceptar ese tratado como un hecho consumado, en cambio de
conseguir el legítimo deseo de ver su territorio completamente libre
de la planta extranjera.

Esta defraudación de tan funestas esperanzas, no ha podido menos que
crear para los ciudadanos todos, una situación difícil y por demás
humillante a su dignidad y sus derechos.

El primer punto propuesto es, pues, una necesidad imperiosa, cuya
satisfacción reclama el país y que conviene al general Iglesias, en
reparación de sus procedimientos, hasta hoy desfavorables y
amargamente calificados por sus conciudadanos. Por lo demás, tal
exigencia está en completa armonía con los nobles propósitos que
animan a Ud., según lo manifiesta en su carta.

La conducta del general Iglesias, ha inspirado justificadas
desconfianzas en el país, que hasta hoy no ha conseguido el objeto
primordial que lo ha preocupado. Un círculo reducido se ha adueñado
del poder, ocupando los ministerios y los asientos de la
representación nacional, sin que la protesta de los pueblos haya
encontrado eco en los directores y agentes de tan reprobados manejos.
El sufragio popular, institución sagrada, que descansa en la libertad
y la independencia, ha sido atropellado por una consigna, y la nación,
una vez más, ha sido víctima de un flagrante desconocimiento de sus
fundamentales derechos. He allí por qué es menester, que una
agrupación de ciudadanos independientes y extraños a todo partido
político, dirija transitoriamente los destinos de la república,
ofreciendo las garantías que son indispensables para que los
ciudadanos manifiesten su voluntad y lleven a la práctica sus
determinaciones.

La dimisión del señor general Iglesias no es un problema cuya solución
exige poderosos esfuerzos. Ud. me habla de los sinceros propósitos que
animan a ese jefe, en beneficio de la tranquilidad y bienestar del
país. Por lo tanto, hoy se presenta la envidiable oportunidad de hacer
efectivos esos generosos impulsos del patriotismo, removiendo los
obstáculos que su presencia opone a esa misma tranquilidad por la que
manifiesta tan señalado interés. De esa manera, probará el general
Iglesias al país, con hechos, no con palabras, que no es una ambición
personal, no es un censurable egoísmo, los que norman sus actos y que
sus generosas aspiraciones obedecen a un móvil más elevado, conducente
a extinguir las profundas inquietudes que origina su presencia en el
poder.

Tal procedimiento, lejos de amenguar la dignidad del señor general
Iglesias, estoy cierto enaltecería su nombre y le ofrecería motivos de
reconocimiento, por parte de sus conciudadanos.

Separado el general Iglesias del poder, es lo más natural que el nuevo
ministerio, con la independencia que debe acompañarlo, convoque a
elecciones para que la voluntad libre de los pueblos designe sus
mandatarios y una asamblea que fije las bases de su porvenir.

Sólo así, la situación del país será completamente definida por los
únicos que tienen derecho, en uso de su propia soberanía, de decidir
su suerte, eligiendo a los ciudadanos que puedan levantar al Perú de
sus escombros, encaminándolo por la senda de su bien entendida
prosperidad.

Toca, ahora, manifestar a Ud. algo que a mí se refiere. Alejado del
poder el general Iglesias, en obsequio de la unión y tranquilidad que
los pueblos necesitan en el ejercicio de sus derechos sagrados, lógico
es, que por mi parte, dé también a la nación una prueba más de
patriotismo y desprendimiento, cediendo a influencias benéficas toda
autoridad que pueda ejercer presión en los procedimientos de mis
conciudadanos.

Lo he repetido antes, y lo digo hoy mismo, que no he sostenido la
bandera de la resistencia guiado por el mezquino propósito de personal
aspiración. No. Desde Tarapacá hasta Huamachuco, he dedicado a mi
patria, sin reserva, mis esfuerzos, mis sacrificios y mi vida. Bien
sabe el país, que en esas luchas de honor y de la gloria, nada omití
por ofrecer al Perú un día de triunfo que atenuara sus inmerecidos
infortunios.

Mi actitud de hoy sólo obedece al móvil sincero de levantar a la
república de la humillación que todavía soporta con la presencia de
los que la condujeron a su ruina.

Pero se trata del bien nacional, se trata de remover todo obstáculo
para facilitar el tranquilo ejercicio de la voluntad del pueblo, y
ante esa perspectiva, ante ese ideal, que siempre ha inspirado mi
conducta, el gabinete será reconocido y respetado por mí con la
lealtad que acostumbro en mis actos.

Aborrezco la guerra civil, porque conozco sus consecuencias. Jamás me
resignaría a que pesaran sobre mi conciencia los remordimientos que
originan siempre esas luchas fratricidas, con todo su cortejo de
horrores y de sangre.

Salvar a la república de esa guerra, conseguir la unión y la concordia
de la familia peruana, he allí, estimado amigo, algo que dejaría
satisfecha mi conciencia y que sería para mí un motivo de legítimo
orgullo.

También propongo a Ud., como un medio igualmente conciliador y
práctico, y dando una muestra concluyente de mi ninguna aspiración al
poder, se llame al primer puesto de estado al señor vicepresidente
constitucional general don Luis La Puerta, por ser él quien inviste un
título de mayor legalidad. Este mandatario en el ejercicio de sus
funciones convocaría, a la brevedad posible, a elecciones de
presidente, vice presidente y personal nuevo y completo de
representantes bajo los principios y práctica de la constitución de
1860.

He manifestado a Ud. los verdaderos propósitos que me han guiado al
exponerle los proyectos a que me refiero.

Toca, ahora, contestar un punto más que contiene su atenta carta.

En ella me dice Ud. que me ofrece garantías extensivas a los
verdaderos patriotas que me acompañan, las cuales me serán acordadas
hasta cuando puedan aunarse con la seguridad y decoro de su gobierno.

A este respecto, diré a Ud. que hasta hoy tanto yo como los que
sostienen en el centro el principio de la honra nacional, hemos
cumplido nuestro deber con la abnegación que la patria nos impone.
Quienes así han permanecido y permanecen fieles a las inspiraciones de
un patriotismo noble y sin mancha, no necesitan garantías. Ellos están
firmemente asegurados por sus propios procedimientos.

Los delincuentes, los desertores de una buena causa, los malos hijos
que han abandonado a su patria en las horas del conflicto y que la han
visto en su desgracia con indiferencia, ésos son los que han menester
garantías para excusarse con ellas de la sanción penal que merecen,
del castigo ejemplarizador de sus conciudadanos y del fallo justiciero
de la historia.

Antes de concluir y para cerrar esta carta en la cual me he extendido
demasiado, repetiré a Ud. sus propias palabras: "Salvemos al Perú del
escándalo de una guerra civil, de la verguenza de una lucha entre
hermanos, de la ruptura de los últimos vínculos sociales que unen a
los miembros de esta desgraciada familia peruana".

Persevere Ud. en tan nobles y levantadas ideas, y con la mano en el
corazón y escuchando los dictados de la conciencia, procure
contribuir, por su parte a la práctica de los pensamientos que acabo
de manifestarle, de completa conformidad con las aspiraciones y los
intereses permanentes de la república.

De Ud., S.S.

Andrés A. Cáceres

EBP, Lima, martes 8 de julio de 1884

Petain PƩrez de CuƩllar

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
18-1-1008

Petain Pérez de Cuéllar

Se lee en las informaciones que vienen del país del sur:

"Los tratados que sostienen la postura chilena

Junto con reiterar que entre ambos países "no existen temas
pendientes" en materia de límites, Foxley se refirió al proyecto de
ley que la noche del viernes presentó el presidente García al Congreso
de su país para "precisar" el límite fronterizo de la provincia de
Tacna.

En entrevista con Canal 13, esta mañana el canciller chileno recordó
que en 1929 se firmó el tratado que estableció ese límite y que ese
año y el siguiente "una comisión mixta salió a terreno y puso ochenta
estacas de madera.

"Una vez puestas (las estacas) se juntaron los representantes de los
dos países y firmaron un acta diciendo, este es el límite. Nadie lo
cuestionó, vivimos en paz con Perú, nadie en ese país durante muchos
años dijo que ese no era el límite", añadió.

La autoridad sostuvo también que en 1968, debido a un aumento en el
número de buques en las costas, se consideró oportuno instalar faros
de enfilamiento que indican por dónde va la frontera marítima, que es
la prolongación de la paralela en la tierra, y que Perú puso un faro y
Chile otro.

Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de la Cancillería peruana
en esa época, mandó una nota diciendo estoy conforme, estamos de
acuerdo, estos son los faros y este es el límite. Por eso llama la
atención que se pretenda revisar algo ocurrido de una determinada
manera, aceptado por los dos países durante muchas décadas",
puntualizó.

Respecto de la tramitación de la demanda peruana en La Haya, Foxley
dijo que en un período de entre 30 y 60 días el tribunal llamará a los
agentes diplomáticos de ambos países para ponerse de acuerdo en el
calendario en el que se hará la presentación peruana (memoria) y la
presentación chilena (contramemoria).

El plazo para preparar la memoria puede llegar hasta un año y la
contramemoria puede ser otro año (...) este proceso recién está
comenzando", indicó y reiteró su confianza en que se imponga la
posición chilena."

Escribimos años atrás, sin que alguien refutara ¡una línea! o
"aclarara" nada de lo denunciado respecto de estos personajes y hay
que rescatar que fue el hoy presidente Alan García quien tuvo la clara
postura de enunciar públicamente el desmán:

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
24-10-2006

Los achilenados Pérez, Wagner y Novak

Durante la campaña electoral reciente fue el hoy presidente Alan
García, quien señaló a Javier Pérez de Cuéllar como el suscriptor de
posiciones a favor de Chile en contra del Perú, en documentos
diplomáticos de años atrás, 1968-69 (cuando era Secretario General de
Torre Tagle) y que jamás han sido mostrados a la opinión pública. El
aludido, el embajador Pérez, dijo por toda respuesta que no se
acordaba del asunto. ¡Cómo si reconocer una delimitación marítima
inexistente, con el vecino del sur, fuese un tema de fácil olvido o
irresponsable como traidor ocultamiento! ¿Qué espera el jefe de Estado
García para solicitar a su canciller que haga públicos aquellos
papeles? ¿Permanecerá el Congreso tan inexistente como hasta hoy?

En el Acta del 29 de noviembre de 1985, suscrita por los ministros de
Relaciones Exteriores de Perú, Allan Wagner Tizón y de Chile, Jaime
del Valle Alliende, se acordó: "1) Las Partes convendrán, a través de
un Acuerdo de Ejecución del Tratado de 1929, un régimen jurídico para
regular el ejercicio pleno y eficaz de los derechos que acuerdan al
Perú los Artículos Quinto del Tratado y Segundo de su Protocolo
Complementario, en los establecimientos y zonas a los que ambas
disposiciones se refieren, sin perjuicio de la soberanía chilena, en
especial en lo concerniente a la aplicación de su ordenamiento
jurídico, la jurisdicción y competencia de sus tribunales y el
mantenimiento del orden público."

En el artículo 3º. se dice: "Las Partes entienden asimismo, que el
Malecón de Atraque para el servicio del Perú integra jurídicamente y
funcionalmente el complejo portuario de Arica y, por ende, está sujeto
a la autoridad chilena en todo lo que guarda relación con las
competencias de la Dirección General del Territorio Marítimo y Marina
Mercante de Chile (Gobernación Marítima y Capitanía del Puerto de
Arica y a la propia autoridad portuaria de Arica".

Réplicas atronadoras

¿Qué sostuvo el maestro y patriota Alfonso Benavides Correa en Los
triunfos que se dejó arrebatar la diplomacia peruana?, p. 213, Una
difícil vecindad: "No fue todo. El comunicado conjunto ocultó que ese
mismo día 29 de noviembre de 1985 los señores ministros de Relaciones
Exteriores de Chile, don Jaime del Valle Alliende y del Perú, don
Allan Wagner Tizón habían suscrito un Acta mediante la cual, en
pretendida ejecución de las Cláusulas contenidas en los artículos
Quinto y Undécimo del Tratado de Lima de 3 de junio de 1929 y Segundo
de su Protocolo Complementario, habían desempolvado y repuesto,
maquillado, el repudiado Protocolo de Liquidación de Obligaciones de
17 de marzo de 1934 que, como ya lo tengo expresado, mereció el
rechazo tanto de la Comisión Consultiva de RREE, como del Congreso
Constituyente de la República, entonces reunido".

Más adelante en el mismo, jamás refutado artículo, sostiene Benavides
Correa: "Sobre la base de la precedente capitulación –que trae a la
memoria el parágrafo segundo del Artículo Once del Protocolo del 17 de
marzo de 1934 Polo-Rivas Vicuña en que se decía que "con la ejecución
de este compromiso se declaran totalmente cumplidas, por parte de
Chile, las obligaciones referentes a obras en el puerto de Arica,
contraídas en el Artículo Quinto del Tratado de Lima, del 3 de junio
de 1929, y en el Artículo Segundo del Protocolo Complementario de la
misma fecha".

Padre de una criatura deleznable

En buena cuenta y como es fácilmente demostrable, acudiendo a las
fuentes y a los escritos de entonces, todos publicados y nunca
enmendados o rectificados, de esa fecha al hoy presente, cabe concluir
que el padre creador de la criatura, es decir, de la recepción por
parte de Chile del inútil y ridículo atracadero en Arica que se
encuentra fuera del perímetro original de la bahía de Arica,
estipulado en el Tratado y Protocolo Complementario del 3 de junio de
1929, es el señor Allan Wagner Tizón.

La historia buena acusadora

¿Qué pretendieron hacer en 1999, noviembre, los traidores que bajo la
capitanía de Jorge Valdez y el patrocinio del canciller Fernando de
Trazegnies, con Chile? ¡Pues dar carta de ciudadanía al obsequio
pro-chileno y en clara contravención del Tratado de 1929, que negoció
el presidente Augusto B. Leguía!

Escribí en mayo del 2005 en el artículo Valdez: ¿un perdedor dando
lecciones de diplomacia?: "Tres eran las cuestiones pendientes con
Chile en agosto de 1998 que debieron ser temas resueltos de manera
indesligable y sincrónica. Es decir, todas juntas en el mismo tiempo.
A saber, en primer lugar: lograr la ejecución a satisfacción del Perú
del Artículo 5to del Tratado de 1929, lo que implicaba modificar el
desfavorable curso de acción seguido desde 1985, cuando Allan Wagner
era canciller, porque la diplomacia chilena venía haciendo trampa.

En segundo lugar: debía plantearse la cuestión de la delimitación de
la frontera marítima para corregir la asimétrica práctica de los
paralelos geográficos que por el sur favorecía, también, a Chile. Y en
tercer lugar: atender la petición chilena de llegar a un acuerdo sobre
protección de las inversiones, interesados como estaban los de La
Moneda por proteger a sus connacionales en el Perú.

El Artículo 5to del Tratado entre Perú y Chile del 3 de junio de 1929,
dice a la letra: "Para el servicio del Perú el gobierno de Chile
construirá a su costo, dentro de los mil quinientos setenticinco
metros de la bahía de Arica, un malecón de atraque para vapores de
calado, un edificio para la agencia aduanera y una estación terminal
para el Ferrocarril a Tacna, establecimiento y zonas donde el comercio
de tránsito del Perú gozará de la independencia propia del más amplio
puerto libre".

El novísimo "periodista" Jorge Valdez, era viceministro y secretario
general de la Cancillería del Perú. Además, su identificación con la
dictadura fujimorista no era un asunto extraño, por el contrario lucía
orgulloso semejante y cuestionable "blasón" cívico.

Es importante subrayar que estas tres cuestiones estaban vinculadas
entre sí y una era rehén de la otra, al punto que se tenía conciencia
en Torre Tagle que no habría acuerdo sobre ninguna de ellas si no se
lograba un trato sobre las tres.

Pero, la "estrategia de negociación" fue un dechado vergonzoso de
perdedores, capitaneados por Jorge Valdez porque se siguió la línea
que mejor sirvió al interés de Chile. Se concluyó el Acta de Ejecución
del Artículo 5to del Tratado de 1929, donde se consagró la tesis
chilena. Después se concluyó el acuerdo sobre protección de
inversiones que, igualmente, favorecía a Chile. Y, por último, la
cuestión de delimitación marítima quedó fuera de la agenda bilateral;
también para satisfacción de Chile.

Con los años y sobre el específico punto de la delimitación marítima,
los capituleros y vendepatrias han insistido hasta la saciedad en
promover la adhesión del Perú a la Convención del Mar de las Naciones
Unidas con el pretexto que ésta servía para acordar con Chile la
delimitación en el mar. Y Chile, firmante de la Convemar, ha dicho
expresamente que NO usará nunca este instrumento internacional para
resolver ninguna clase de problemas limítrofes con países con mar
adyacente. ¿Qué país tiene mar adyacente con Chile?: ¡Perú!

En 1985 la Cancillería peruana, capitaneada por Allan Wagner Tizón,
notable por haber pasado los 2 mts. de altura, "logró", en las
"negociaciones" con Chile un mini-atracadero en Arica, diferente a lo
preconizado y establecido en el Artículo 5to del Tratado de 1929. Por
entonces ocurrió una anécdota infame que es bueno hacer de
conocimiento del público.

Las ocurrencias del encuentro entre las delegaciones peruano y
chilenas se llevaron a cabo en Arica.

Una noche de francachela irresponsable y espíritus liberados por el
alcohol generó un desaguisado que fue la comidilla por años de la
diplomacia chilena y una vergüenza oprobiosa para la nacional. El
embajador Eduardo Ponce de Vivanco (otro de los novísimos
"periodistas") perdió una carpeta con todos los documentos de la
posición peruana, oficios confidenciales, cartas y comunicaciones.

Esto no fue todo. La Cancillería de La Moneda llamó al embajador
peruano a Santiago y éste concurrió ignorante del motivo de la
convocatoria. Entonces, se habían dado los encuentros entre las
delegaciones peruano-chilenas en Arica y no existían más motivos
ríspidos o de cualquier otra naturaleza. Como se sabe, que una
cancillería llame a un embajador presume de un motivo sumamente
importante. ¡Y que lo era! La Moneda entregó la valija perdida por
Eduardo Ponce de Vivanco en Arica con todos los documentos al
embajador peruano. ¡Qué tal papelón!

¿Supo el canciller Allan Wagner de este desafortunado como infame
caso? Si lo supo, se calló en todos los idiomas porque nunca hubo
registro escrito sobre el particular y se estableció una especie de
espíritu de cuerpo que no fue otra cosa que motivo de mofa entre
nuestros vecinos del sur. En el equipo de aquella época figuraban al
lado de Wagner, Eduardo Ponce, Hernán Couturier y Alfonso Rivero
Monsalve, este último con los años, llegaría a ser el jefe de la mafia
en Torre Tagle.

El plano del desarrollo portuario propuesto por los chilenos al
presidente Augusto B. Leguía, llegó a Lima en el avión Jesús del Gran
Poder a fines de abril de abril de 1929. Con el golpe de agosto de
1930 y la pasividad de quien era entonces el canciller Montagne, este
plano se perdió en la bóveda de Torre Tagle por ¡nada menos que 70
años!

En 1998 se logró ubicar y reivindicar para la información de la
Cancillería lo que era, nada más y nada menos, que un instrumento
valiosísimo que habría evitado los constantes y aviesos requiebros
mañosos de la diplomacia chilena. Es más: es de suponer que fue
mostrado al entonces secretario general de Torre Tagle: Jorge Valdez.

Con este documento, era prácticamente imposible que las
"negociaciones" siguieran el curso desfavorable que estaban siguiendo
porque era la posición chilena la que prevalecía sin respuesta ni
contundencia de la actitud peruana.

¿Cómo así se concluyó en 1999 el Acta de Ejecución irrespetando –o
mejor dicho ignorando a sabiendas- un plano de inexcusable consulta y
referencia, con Chile? ¿Puede explicar el embajador –ahora
"periodista"- Jorge Valdez qué motivos le indujeron a traicionar los
intereses peruanos y preferir los de otro país? ¿Cuál es la versión de
los otros "negociadores": Carlos Pareja, Fabián Novak, Fernando Pardo?
¿Por causa de qué concedieron entre gallos y medianoche una posición
desfavorable al Perú?

Hoy la prensa y los medios en general, presos de una pereza criminal,
se olvidan del pasado vergonzante y sucio de muchos individuos, como
el caso de Jorge Valdez, y los convierten en "referentes" que
pretenden dar clases de diplomacia, buena conducta, limpieza cívica y
los ponen a "escribir". ¿Qué clase de lecciones –de cualquier cosa-
osarían dar Jorge Valdez, Eduardo Ponce o Alfonso Rivero Monsalve?

¿Qué categoría de prensa es aquella que cobija a malandrines que sólo
han exaccionado al Fisco y mal representado al país que les pagó sus
múltiples viajes y eternas torpezas contranatura?

¿Se atreverá Jorge Valdez a negar que conocía un plano que debió haber
dado otro curso a los entendimientos entonces con Chile?".

Convalidando obsequios contra Perú

Allan Wagner en 1986 convalida en términos de construcción, lo que
Fernando Schwalb en 1964 aprobara en planos desde la Cancillería
durante el primer gobierno de Fernando Belaunde. Aparentemente,
durante los 50s, la diplomacia chilena tomó conocimiento firme que los
planos del remozamiento portuario de Arica enviados a Leguía en el
avión ibérico Cristo del Gran Poder estaban perdidos en Torre Tagle.
Tema que Valdez y la pandilla comandada entre otros por Fabián Novak
Talavera, ignoraron adrede con conocimiento de causa de su existencia.
¡Es decir obliteraron un documento fundamental en la negociación!

Entonces Wagner, en 1986 aprueba la construcción de acuerdo a los nuevos
planos inventados por los chilenos en 1964.

En 1993 los australes quisieron ganar mucho más con las Convenciones
de Lima, pero la resistencia en Perú fue férrea. Y las dichas
Convenciones fueron tiradas a la basura.

Los del sur, en 1999, se contentaron con ceder algo en cuanto a la
"administración" portuaria, pero ratificando la aceptación de ese
atracadero ridículo e inútil. Pero con una gran diferencia, UNA GRAN
DIFERENCIA, los "negociadores peruanos" de 1999 ya sabían, por vez
primera, que lo acordado en 1986 era algo distinto, y a pesar de eso
cerraron los ojos. Y encima concedieron servilmente que el atracadero
estuviera fuera de los 1575 metros dentro de la bahía de Arica y que
fue lo estipulado en 1929.

¿Hay posibilidad de excusar los achilenamientos de Pérez de Cuéllar,
Allan Wagner Tizón y del traidorzuelo bribón Fabián Novak Talavera,
que para colmo de sinverguencerías fue condecorado en 1999 por
"negociar" en nombre de Perú con Chile por esta última nación que
premió sus esfuerzos –nadie sabe si pagados o gratuitos- proditores y
desvergonzados?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Thursday, January 17, 2008

Proclamación de CÔceres en Ayacucho como Director Supremo del Perú

Historia, madre y maestra

Documento No. 135*

Proclamación de Cáceres en Ayacucho como Director Supremo del Perú

Acta

En la ciudad de Ayacucho, a los doce días del mes de junio de mil
novecientos ochenta y cuatro, los ciudadanos que suscriben,
congregados en la casa consistorial bajo la presidencia del alcalde
del honorable concejo, don Pedro José Ruiz, con el objeto de deliberar
sobre los medios que deben adoptarse para salvar a la república de la
crisis por la que atraviesa, después de las violentas convulsiones
sociales y políticas que ha sufrido durante un largo espacio de
tiempo.

Considerando:

1) Que la dictadura entronizada en diciembre de 1879, ha perturbado
profundamente el régimen constitucional, cuyo restablecimiento es la
más vehemente aspiración de los pueblos.
2) Que para satisfacer tan imperiosa necesidad es indispensable ante
todo crear un gobierno provisorio, que ejerciendo la suma del poder
público, opere las reformas radicales que demanda la situación del
país y prepare el advenimiento del imperio constitucional.
3) Que la gran obra de la reconstitución, para no ser un ideal
quimérico que burle en lo futuro las esperanzas del país, debe
descansar sobre las virtudes cívicas comprobadas del ciudadano a cuyo
celo y pericia habrán de encomendar los pueblos en ejercicio de su
soberana voluntad, el timón del estado.
4) Que el ilustre general don Andrés Avelino Cáceres, aparte de sus
honrosos antecedentes, que le señalan un lugar distinguido en la
escala de los leales servidores de la república, merece bien de la
patria y ha contraído títulos sobrados a la gratitud y confianza
nacional, no sólo por sus heroicos sacrificios en los campos de
batalla, donde derramó su sangre y sostuvo con inquebrantable valor y
firmeza, a pesar de los desastres de la guerra, la honra del pabellón
y el lustre de las armas peruanas; no sólo por su patriótica
perseverancia a través de una lucha de cinco años, en la cual supo
mantener siempre en pie el estandarte de la resistencia, sino también
por sus dotes administrativas, puestas a dura prueba en el desempeño
de los negocios públicos que corren a su cargo.
5) Que el gobierno del traidor de Iglesias, impuesto por la brutal
tiranía de las bayonetas chilenas, no tiene apoyo ni consistencia en
la opinión pública, que lo rechaza y lo maldice por su ignominiosa
complicidad con el enemigo encarnizado de la patria.

Acordaron:

Primero.- Proclamar, como en efecto proclaman, al benemérito general
don Andrés Avelino Cáceres, director supremo del Perú, confiriéndole
facultades amplias para regir los destinos de la nación durante el
período que sea indispensable al restablecimiento del imperio de las
instituciones y la era constitucional, con cargo de dar cuenta de sus
actos a un congreso constituyente, que convocará luego que se
consoliden el orden y la tranquilidad pública.

Segundo.- Elevar original la presente acta a su conocimiento por
conducto de la alcaldía del honorable concejo provincial, en cuyo
archivo quedará el duplicado.

Pedro José Ruiz, alcalde municipal.- Octavio Cabrera, síndico.- Cosme
Damián Núñez, síndico.- Carlos A. Cárdenas, vocal de la corte
superior.- Blas Huguert, id,.- Pedro Castilla, id.- Marcelino Cleto
Sáenz, fiscal.- siguen las firmas.

E.C. Lima, jueves 19 de junio de 1884.

*Campaña de La Breña. Colección de Documentos Inéditos: 1881-1884.
Luis Guzmán Palomino, Lima 1990

Adquisiciones chilenas en el Ɣmbito de la defensa

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
17-1-2008

En las siguientes líneas, encontrará el lector agudos juicios sobre el
armamento en que ha invertido sumas multimillonarias el Estado
chileno. Las interpretaciones sobre el propósito de estas dinámicas
son, en palabras del analista Gustavo Ywanaga, múltiples, ninguna de
las cuales pasa por avenidas amistosas o de generosa "cooperación".
Por el contrario, la ridícula inconsistencia de este término aplicado
a la seguridad, desnuda su estupidez y revela cómo es que en Perú se
juega con la defensa cuando se pone a débiles mentales a elucubrar
onanismos y fantasías. De ese modo ¡no se construyen los Estados! Pero
sí se fabrican naciones víctimas y se abre la puerta de par en par.
Leamos cuanto dice el escritor y no dejemos de subrayar su admonición
sobre agua y energía que requiere, para la continuación lógica de su
actual esquema de desarrollo, el vecino del sur. Y el dicho dice:
guerra avisada, no mata gente. (Herbert Mujica Rojas)

Adquisiciones chilenas en el ámbito de la defensa
por M.Sc. Gustavo Ywanaga Reh
Revista Pro-intellectum
gywanaga@pro-intellectum.org
17-1-2008

En la última década, Chile ha adquirido equipos militares por varios
miles de millones de dólares. Pero no solo se trata de compras sino
también de la adquisición de diversas licencias para manufacturar
diversos suministros militares entre ellos componentes de granadas de
mortero, blindados, armas ligeras, etc. Por otro lado, el evidente
incremento en calidad y número de los equipos adquiridos es
sorprendente, para un país en desarrollo y sin "amenazas
significativas" a su soberanía: submarinos, fragatas, tanques,
cargueros, vehículos ligeros, cazabombarderos, satélites, etc. Este
salto tecnológico, de características cualitativas y cuantitativas,
hecha por tierra cualquier esfuerzo de equilibrio entre sus tres
vecinos, puesto que no solo se trata de medios físicos sino de todo el
entrenamiento y estudio que implica la "modernización".

La máxima expresión de un conflicto potencial en el siglo XX entre
Chile con cualquiera de sus vecinos se produjo en la turbulenta década
de los ´70. Momento, en los que tanto Perú como Argentina, tenían
todos los medios necesarios para un ataque, coordinado o no, contra su
vecino, en el que de haberse producido, la situación no hubiese sido
favorable al país austral. Han trascurrido tres décadas de aquellos
tensos tiempos y hoy en día ni Perú ni Argentina tienen sus fuerzas
armadas en condiciones de soportar una agresión de este Estado.

Para cualquiera de las partes las razones para un conflicto armado van
desde las demandas territoriales hasta el romanticismo revanchista o
reivindicativo, pero por sobre todo las necesidades geoestratégicas de
recursos, desde yacimientos mineros, gasíferos o petroleros hasta los
"mercados" económicos.

La supervivencia de los Estados nunca fue ni será cooperativa, siempre
es un Estado el que sale "ganancioso" a costas del otro. Los intereses
nacionales difícilmente se dan si uno no saca ventaja de otro, a tal
efecto es que no existe un solo Estado grande que proteja a uno chico
sin nada a cambio. Más que principios de cooperativismo lo que se dan
son relaciones comerciales que tienen un espectro que va desde la
depredación y parasitismo hasta los negocios de mutuo beneficio. Esto
último se podría confundir con cooperativismo pero no olvidemos que
hablamos de relaciones comerciales entre Estados y no de amistades
milagrosas. Sin embargo solo se puede llegar a una situación de
"ganar-ganar" cuando los poderes nacionales de ambos Estados son
equivalentes, en situaciones de asimetría la cosa se da entre
depredación, parasitismo y comensalismo, biológicamente hablando.

Volviendo al tema chileno, este Estado ha ido creciendo
"ininterrumpidamente" por aquellas cosas del destino, que evitaron un
desgraciado aunque quizás necesario conflicto con el país del norte.
El apoyo dado por los EE.UU a Pinochet permitió establecer un gobierno
represivo, que eliminó toda forma de oposición o descontento en la
población. El PBI de Chile creció sin embargo las desigualdades
también y la represión e injusticias para las clases excluidas se ve
como una consecuencia de aquello.

Han desarrollado una economía basada en la prestación de servicios y
la exportación de materias primas más que en una de transformación
industrial. Sin embargo, esto se justifica pues para llegar a
transformar recursos y darles un valor agregado se necesita dos
insumos importantes: agua y energía. Hoy en día a pesar de que las
condiciones de la economía siguen iguales a lo expuesto, una cosa ha
cambiado y es la de haber copado la economía de su vecino norteño.
Desde las supermercados hasta la minas, puertos, agroindustria,
transportes y sobre todo agua y energía.

Es impensable que esta condición se hubiese dado hace 30 años atrás,
puesto que por ese entonces el poder nacional era muy bajo, no solo en
armas sino en la capacidad de comprar las autoridades del gobierno
vecino a diferentes niveles. La globalización al parecer nos
"acorraló" a esta situación, donde hemos intercambiado migrantes que
van como empleadas domésticas, vendedores ambulantes o lustrabotas y
en contraparte hemos recibido asesores de gobierno para la defensa y
el desarrollo nacional. Hemos invertido en cevicherías y ellos en el
sistema financiero, energético, agroindustrial y de distribución. ¡Qué
tiempos aquellos de los ´70, donde el Perú era un país con soberanía,
subdesarrollado como muchos pero integro como pocos! ¿Qué cambió?,
solamente la pérdida de integridad pues seguimos subdesarrollados, la
situación de pobreza no parece haber disminuido a grandes rasgos. Solo
la maravillosa tarjeta de crédito, que maquilla la verdadera faceta de
la pobreza. Sueldos estancados y precios en aumento, pero con una gran
bonanza económica que no sirve para invertirla en lo que el Perú
realmente necesita.

Chile comprendió que para mantener su situación económica en azul,
solo podría mantener inversiones fuera de sus fronteras, por eso
primero compró al país y luego se armó, emitiendo un franco mensaje
subliminal: "si mantienes las cosas como están perfecto, si afectas a
mis empresas, ya sabes lo que te espera". (Nunca sería al revés pues
no son tan tontos).

Cada anuncio de compra de un nuevo material bélico chileno, es como un
balde de agua fría para los defensores del país, que en silencio o no,
visualizan lo que tarde o temprano podrá ocurrir, y ello es la prueba
de que con cada anuncio de adquisición, se refuerza la disuasión
chilena para la reacción peruana a diferencia de la disuasión para la
defensa, que en este caso es lo que hace cualquier país pacífico. Los
gobernantes han logrado mantener una política del "sí señor" y
difícilmente encontrarían cuestionamientos en el personal
especializado en estos menesteres.

En conclusión, el significado de sus adquisiciones no puede ser más
claro: mantener el "status quo" chileno en territorio peruano, de lo
contrario los Leopards, los F16, las fragatas y submarinos se
encargarán de solucionarlos.

Wednesday, January 16, 2008

UltimƔtum de CƔceres

Historia, madre y maestra

Documento No. 134*

Ultimátum de Cáceres

Huancayo, a 6 de junio de 1884

Señor coronel jefe de las fuerzas chilenas existentes en la ciudad de Jauja

La celebración y ratificación del tratado de octubre, hacían esperar
el término de las hostilidades entre los beligerantes y la inmediata
desocupación del territorio peruano por las tropas de Chile, de
conformidad con lo prescrito en ese mismo tratado y con los principios
y prácticas internacionales.

Por lo tanto, el avance de las fuerzas comandadas por V.S. hasta la
ciudad de Jauja, apenas tiene explicación, y el que suscribe ignora si
ese movimiento implica la continuación de las hostilidades, lo que a
ser verdad, significará el rompimiento del referido tratado, por parte
de los mismos que lo celebraron.

Por lo que a mí respecta, abrigo la profunda convicción de haber
hecho, en la esfera de lo posible, todos los esfuerzos y sacrificios
que me ha impuesto el Perú en defensa de su honor y de su gloria;
esfuerzos y sacrificios que han sido estériles en sus resultados por
la acción constante de los malos elementos que han conseguido reducir
la república a un estado completo de impotencia para la prosecución de
la guerra con Chile.

En tales circunstancias de aniquilamiento y ruina, el deber y los
intereses me han obligado a reconocer el referido tratado de paz, como
un hecho consumado; quedándome por la voluntad manifiesta de los
pueblos, la sagrada tarea de reconstruir el Perú sobre las más sólidas
bases que afiancen su engrandecimiento y garanticen su porvenir.

Después de lo expuesto, espero que V.S. se servirá manifestarme los
propósitos a que obedecen sus operaciones actuales para normalizar,
según ellos, mi conducta, haciendo a V.S. responsable de las
consecuencias que una nueva lucha futura originaría.

Dios guarde a V.S. muchos años.

Andrés A. Cáceres

EC. Lima, miércoles 18 de junio de 1884

La Haya: ¿periodismo convidado de piedra?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
16-1-2008

La Haya: ¿periodismo convidado de piedra?

De esperarse, con agilidad política patriótica, es que el presidente
García Pérez anuncie ante la Comisión Permanente del Congreso qué
demanda el país y qué misiones tiene el periodismo de toda índole en
caso de llegar a un contencioso por delimitación marítima con Chile en
el futuro más que próximo. No hay, cuando se trata de temas de Estado,
tareas tácitas o implícitas. Perú es un país donde las cosas se
olvidan, de puro sabidas. Y no está demás notificar, a quienes
transmiten noticias, que éste es un momento de aporte, cuota,
sacrificio y disciplina ¡absoluta! no por un partido, una simpatía,
sino por la patria en su integridad más completa y plural.

Es decir, si la demanda reúne en su presentación integral ante la
Corte Internacional de Justicia de La Haya, los méritos que la hagan
admisible, y eso es un asunto de enorme reflexión, en cualquier caso,
entonces la clarinada del zafarrancho de combate habrá sonado a lo
largo y ancho del país. En tiempos como los actuales, el periodismo
deviene en un pilar de la defensa del país. Sobran los quintacolumnas
y los claroscuros de dudosa o controvertida posición sospechosa.

¿Y qué puede defender un periodismo que ha demostrado enormes baches
de ignorancia en el tema específico limítrofe con Chile, tanto en lo
terrestre cuanto que en lo marítimo, razón por la que Perú expone su
caso ante la CIJ? No tiene que ser especializado el periodismo, para
eso están los diplomáticos de quienes se espera un comportamiento a la
altura de las circunstancias, pero sí hay que exigir ciencia, tino,
prudencia y garra, virtudes todas que robustecen cualquier posición de
defensa y ataque.

Si el periodismo carece de entrenamiento, hay que simplemente agarrar
el rábano por las hojas y Defensa, Cancillería y el gobierno, tienen
que contribuir a eliminar esta deficiencia, lo antes posible.
Regimentar a punta de úkases la información sólo degeneraría en
dictadura repugnante y eso es impensable. Sí es necesario tener
representantes en los medios que sepan de qué se trata el asunto y
contribuyan a la difusión de los temas esenciales del decurso del
contencioso, una vez admitido en la Corte.

Se ha dicho, no por mí, modesto difusor, por especialistas, que un
juicio de esta naturaleza puede durar entre 5 y 10 años. En buen
romance, hay mucha tela aún por cortar. Ni los devaneos de
internacionalistas hambrientos de titulares, ni las predicciones de
agoreros dolarizados, aquí o acullá, deben presidir las informaciones.
Los extremos, en esta naturaleza específica de controversias,
envilecen las perspectivas.

Esta partida de ajedrez tiene requisitos fundamentales. La primera –y
esencialísima- que la Corte admita el contencioso y que la ciudadanía
nacional esté enterada de sus alcances y de sus objetivos, a lo largo
y ancho del país. Aquí comienza la vorágine y el designio multánime
debe ser uno solo: ¡triunfar!

El vecino del sur, Chile, tiene larga trayectoria en que su lema Por
la razón o la fuerza, ha prevalecido por encima de cualquier otra
clase de consideraciones. Su poder militar en que gastan miles de
millones de dólares, no distingue a gobiernos socialistas o de derecha
o de centro. A la hora de expresar sus ambiciones, no hay distinción
posible. Comprender que su designio geopolítico fue, es y será el
norte, es un tema que tiene precedentes guerreros de conquista y abuso
como fueron 1836 y 1879. Entender que la complementariedad no nos será
regalada, otro deber imprescindible con estricto e irrevocable apego a
los tratados internacionales y por eso Perú acude a la Corte
Internacional.

Si el periodismo no es convocado, en su entusiasta participación,
supuesto negado, se habrá perdido otra oportunidad en un mundo en que
las lides tienen mucho que ver con la información. Y hay aquí
magníficos periodistas, hombres y mujeres, dispuestos a contribuir con
la patria.

Una tarea inmediata, por ejemplo, sería la de ¡pulverizar a los que
escriben en libros contra la posición oficial del Perú y ejercen
cargos pagados por el pueblo en los ministerios! Conseguir su
retractación y condena ¡inmediata! y su repudio para cualquier clase
de efectos. Los insumos que sí aprovechará el adversario aminorarán y
desaparecerán. Y el periodismo tiene una responsabilidad fulminante
con los apóstatas y sinverguenzas.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Tuesday, January 15, 2008

Llamamiento de CÔceres a guerrilleros para derrocar al gobierno chilenófilo

Historia, madre y maestra

Documento No. 133

Llamamiento de Cáceres a guerrilleros para derrocar al gobierno chilenófilo

Jefatura superior política y militar de los departamentos del centro.

Huancayo, junio 5 de 1884

Al comandante de las guerrillas de Chupaca, don Tomás Bastidas

Ha llegado el momento solemne en que los pueblos todos de la
república, deben levantarse como un solo hombre en defensa de su
honra, de sus propiedades y de su vida.

Una falange de conocidos salteadores públicos han tomado el pretexto
de la política para constituir gobierno, a la sombra y con la
protección de los chilenos, no persiguiendo más objetivo que aniquilar
a los ciudadanos honrados, saquear los pueblos y consolidar su odiosa
dominación, sobre las ruinas y los escombros del Perú, después de
haber entregado a Chile, la parte más rica y floreciente de nuestro
territorio.

Esos malvados, que han vendido su patria por un puñado de oro, merecen
el más sangriento y ejemplar castigo.

Para que esta tarea patriótica y gloriosa, convoco a todos los
distritos, ya que durante cinco años de guerra he luchado sin tregua
ni descanso contra nuestros conquistadores y contra los malos peruanos
que han escarnecido el deber y han volteado las espaldas a la causa de
la república.

Lo que he buscado ayer, lo que busco hoy y lo que buscaré siempre, es
sólo el engrandecimiento del Perú, levantando bien en alto la enseña
del orden y de las garantías... que los enemigos pisotean con inaudito
atrevimiento.

Es necesario, pues, que para iniciar la era de castigo de los infames
chilenos, de los Judas de la patria, se organicen en el día, con toda
clase de armas (ilegible), de su distrito y se presente en el
campamento de Chupaca (documento roto), de marchar en unión de los
pueblos sobre el foco de traidores para reconquistar con la firmeza
inquebrantable y el heroico valor desplegado en Marcavalle y Pucará,
la libertad y el orden, base inconmovible del bienestar y el
engrandecimiento de los pueblos.

Si contra todas las esperanzas del patriotismo, no correspondiese a mi
llamamiento, entonces no sería yo responsable de las desgraciada
suerte que le toque mañana, pues el triunfo de los achilenados
iglesistas ha de ser la muerte y destrucción de los ciudadanos
honrados, quienes sucumbirán en las cárceles, bajo el peso de los
grillos y del látigo infamante, quedando sus mujeres y sus hijos
sumidos en la eterna esclavitud del despotismo.

Espero pues, que Uds. comprendiendo su deber y deseando su libertad,
concurrirán presurosos al lugar que se les designa.

Constancia y valor.

Dios guarde a Ud.

Cáceres

CJCV.

*Campaña de La Breña. Colección de Documentos Inéditos: 1881-1884.
Luis Guzmán Palomino. Lima 1990

Burros de Troya

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
15-1-2008

Burros de Troya

Aquí y acullá, en el sur, hay escandalosos, agoreros, magos y
especialistas en levantar sucesos que aún no acontecen y "médicos
sociales" capaces de recetar cualquier pócima que les lleve a figurar
en los miedos de comunicación. Eso es cuasi natural en países como los
nuestros. Por ejemplo, un apologista buen escritor chileno no ahorró
zalemas al portapliegos de dos metros, como si aquí no supiéramos lo
que realmente ocurrió y que es todo lo contrario a lo que este
bobalicón quiere "transmitir".

Sólo burros de Troya, infiltrados para castrar las posibilidades
peruanas de moverse en uno, dos o tres escenarios, en paralelo,
combativa y jurídicamente, pueden limitar las opciones nacionales y,
como dice el dicho criollo, poner todos los huevos en una canasta. Hay
más de un zorro o zorras, bien pagados. El mercenarismo no es
privilegio dudoso de la rabanería caviar chilenófila y pro-yanqui.

La patria, su Estado y gobierno, son respetuosos del Tratado y
Protocolo Complementario del 3 de junio de 1929. Firmado por el
presidente Augusto B. Leguía y La Moneda de Chile. El país del sur se
apoderó de Arica y Tacna retornó, luego de casi cinco décadas a la
heredad nacional. Nada hay que pueda movernos de esa posición
principista. Mucho menos cuando vamos a un contencioso por la
delimitación marítima.

En el Tratado de 1929 se establece como límite la Concordia.
Mañosamente Chile ha pretendido variar la frontera. Y el Perú ha
rechazado sistemáticamente esa violación. El Tratado prevé el
arbitraje del presidente de Estados Unidos en caso de diferencias
entre Perú y Chile. De manera que, en esa línea de adhesión sin
condiciones a los tratados, hay que impulsar, de forma autónoma, digna
e inconfundible con cualquier otro contencioso, el arbitraje del
mandatario norteamericano sobre la frontera sibilinamente modificada
por el país del sur.

Por tanto, al aprovechar lo que el mismo Tratado de 1929, dispone, el
arbitraje del presidente norteamericano, Perú está en opción de
demostrar qué país es el violador de un convenio internacional que
tuvo larguísima y sufrida forja y que sólo Leguía consiguió, a costa
del sacrificio de Arica, culminar rescatando Tacna. Recuérdese que el
traidor Miguel Iglesias, en octubre de 1883, en Ancón, había cedido
definitivamente Tarapacá para Chile. Este ámbito singular requerirá de
hábiles diplomáticos y juristas, también, de versada y comprobada
lealtad al Perú.

Fundamental práctica es que para evitar histerismos ignaros y
triunfalismos ociosos, los burros de aquí clausuren la boca y
entiendan que las contiendas jurídicas no son una pichanga de fulbito
o una fiesta chicha, sino un ejercicio al más alto nivel y con la
participación de especialistas en límites. Importante señalar que el
contencioso por delimitación marítima de La Haya puede durar
fácilmente de 8 a 10 años. Es decir, será un asunto de éste y el
próximo gobierno.

Los antiguos griegos apelaron a la jugarreta del caballo gigante que
introdujeron en Troya y he allí la clave de su gran victoria. Aquí en
Perú, es tradicional, hay burros de Troya en medios de comunicación,
hablados, escritos y televisados que juegan con el país del sur y so
pretexto de la globalización no permiten la más mínima crítica a los
australes. ¡El oro paga bien a los paniaguados!

Es hora que el ministerio de Defensa uniforme su accionar con Torre
Tagle, el gobierno y los medios de información. Y también realice una
profilaxia radical de resabios infecciosos y vendepatrias que escriben
contra Perú. La clave de un frente único en el tema de La Haya,
garantizará un ejercicio democrático, discreto, macizo, firme, sin
fisuras ni fracturas, hacia un triunfo en los años que vienen. Son
absolutamente innecesarias las predicciones baratas que hacen
hechiceros (a sí mismos llamados internacionalistas o analistas)
porque éste es un asunto de larga maduración.

Conviene entender que la participación informada in extenso y
documentada de los periodistas (los mejores y más inteligentes), en
este terreno tiene importancia capital. En 1995, el periodismo
ecuatoriano hizo ganar la guerra mediática, apenas iniciado el
conflicto con Perú. Y el resto ¡que se cosa y clausure la boca! En
temas de la defensa de la patria, no pueden existir aventureros. Sólo
hay traidores y eso hay que decirlo en buen castellano firme y
enérgico y hay que denunciarlos con nombre y apellido. Así se llamen
historiadores "complejizadores" o progresistas venales.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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