Informe
Señal de Alerta-Herbert
Mujica Rojas
16-1-2026
¡Hacer y organizar, NO robar la fe pública!
https://senaldealerta.pe/hacer-y-organizar-no-robar-la-fe-publica/
Se tiende con simplismo aventurero, a asegurar que el ladrón
solo es aquél que extrae el dinero del bolsillo, roba algún artefacto o engaña
para provecho propio o el de su banda.
Robar el dinero público o estafar la fe del elector, no es
hacer política, es DELINQUIR a secas.
La supuesta criollada o viveza con testaferros es un crimen
abominable. En cada ministerio o dependencia oficial debiera haber un letrero
gigante que proclame: ¡AQUÍ NO SE ROBA!
¿Qué es lo único que el adalid, líder, guía, conductor debe
poseer como distintivo fundamental de su influencia en los demás? ¡Su
optimismo, fe invencible y determinación de triunfar!
A más dificultades o escollos, más entusiasmo contagioso a
su alrededor.
¿Qué diferencia al líder, del seguidor común y corriente?
Tengo la viva impresión que el adalid siempre sonríe, piensa y mira al
horizonte.
Hacer y organizar son columnas de su pensamiento y, sobre
todo, es un ser ético que NO roba dinero
o bienes ajenos y que tampoco estafa la fe del pueblo.
En tiempos electorales los candidatos ofrecen de todo. Raras
veces enseñan cómo harían tal o cual reforma para las mayorías. Es más ¡casi
nunca van más allá del puro bla bla bla! Intonsos hay que prestan oídos necios
y se dejan seducir con garrulería simplista.
Los grandes capitanes del pueblo, en el ámbito en que se
desempeñen como dirigentes o gerentes, carecen del "derecho" al
derrotismo.
El problema del Perú es que las pandillas, taifas, colleras
o bandas de elementos delincuenciales, fueron audaces, atrevidas y se hicieron
de la administración pública, de no pocos ministerios y en grupo y de manera
masiva, desde Palacio de Gobierno exprimieron al pueblo.
Los clubes electorales, alias partidos políticos, también
sufren el imperio de entornillados dirigentes, viejos, anacrónicos, deshonestos
hasta la médula, pero pretenden seguir como diputados o senadores, esquilmando
al Estado.
Y han inventado el rótulo que poseen experiencia. Rara forma
de ver las cosas porque si el pueblo apreciara tal cualidad, no se entiende por
qué ya no votó por ellos, ni les dio confianza y les repudia por donde van. Eso
del engaño, es arma predilecta de los que tienen lengua larga.
Los discursos bellos, muy eufónicos, con voz engolada y
juegos de diafragma muy bien entrenados ¡ya no convencen a nadie!
El último ejemplar que envileció la oratoria hasta niveles
nauseabundos, prefirió por cobardía y mala conciencia, meterse un tiro, antes
que afrontar sus picardías ante los tribunales de justicia.
Pero como siempre hay un roto para un descosido, genuinos
idiotas pretenden convertir la cobardía de la fuga, en inmolación fervorosa.
Solo merecen el desprecio.
Delincuentes en la cosa pública, por generaciones, han
forjado un Estado servil para con el mandato de los poderosos y obsecuente con
quienes pagan sus impuestos para mantenerlo.
La gran contradicción es mostrada como "normal"
por los miedos de comunicación que embrutecen al lector, televidente u oyente
vía los ríos de sangre que propagan durante las 24 horas del día y así en el
decurso de meses y años.
Para hacer política no es necesario robar, transitar por los
derroteros culposos de la coima ni el conchabo que edifica asociaciones
ilícitas para desplumar al Estado.
La coimisión (peruanismo que junta los términos coima y
comisión), no es una palabra que nos enorgullezca pero su práctica es un
ejercicio harto común y desembozado.
Debe recordarse que el Estado es una convención ciudadana,
una herramienta para cualquier gobierno y que su definición torna fundamental
para saber qué clase de Estado o Estado de qué clase queremos.
¿Es posible ser honrado en la cosa pública en Perú? Una
simple revisión de las principales entidades estatales nos daría un dictamen
abominable.
Encontrar funcionarios honestos es casi una aventura porque
o roban o dejan robar o se hacen de la vista gorda ante saqueos que malgastan
el dinero del pueblo.
¿Cuántos pillos o pillas dejaron a su “gente” en los puestos
claves para tapar sus trapacerías y ponerse a la expectativa de un retorno
cuando se tiene amistades en los altos puestos?
Perú tiene que fulminar de sus instituciones, a ladrones que
llevan años en los puestos más altos. Y que han perfeccionado los métodos para
robarle al Estado.
Paradójicamente ¿no es el dinero que elude pagar impuestos,
a cargo de las empresas poderosas y sus gángsteres serviciales, tan o más
grande que el que se recauda mensualmente?
Con esos dineros dejados de cobrar por el Estado, se podrían
construir hospitales, escuelas, carreteras. Pero los cacos arrasan con el
billete.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera;
atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el
pacto infame y tácito de hablar a media voz!
