Friday, November 28, 2008

Los silencios de Jaime Daly y LAP

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
28-11-2008

Los silencios de Jaime Daly y LAP

Ha pasado la enorme cantidad de horas suficiente como para preguntar,
otra vez en voz alta y desde esta columna al señor gerente general de
Lima Airport Partners, LAP, Jaime Daly Arbulú y a su empresa ¿por
causa de qué no explican al país entero cómo es que el Aeropuerto
Internacional Jorge Chávez es una coladera para el narcotráfico? El
domingo anterior en El Perro de Hortelano programa con el inequívoco
marbete de César Hildebrandt, dije claramente cómo Daly y su firma
eran muy capaces de enjuiciar a un periodista por quítame estas pajas
pero, hasta hoy, todos son testigos, son ineptos absolutos para
señalar circunstancias que son delicadamente graves para con la salud
moral del Perú y en un tema como el tráfico ilícito de drogas.

¿Qué dicen las investigaciones sobre la participación de ex empleados
de LAP, Lima Airport Partners, detenidos meses atrás por un sonado
incidente en el primer terminal aéreo del Perú? Se da la curiosa
situación que por boberías de que habremos de dar cuenta in extenso en
los próximos días, el señor Daly en el 57avo. Juzgado y su empresa,
LAP, en el 9no, sí son capaces de plantear juicios por difamación
agravada contra el suscrito, mantener una presión impresionante en los
despachos sobre jueces, secretarios, auxiliares y todo ser viviente
con tal de obtener la tan ansiada captura del periodista, pero
ABSOLUTAMENTE no pueden explicar al país cómo es que el Jorge Chávez
ha sido escogido como lugar neurálgico para el narcotráfico.

Ayer mismo, el presidente García ha solicitado al gobierno de México,
ayuda sobre la materia. Por algo será. No deja de ser interesante la
coincidencia de sucesos. Quince días atrás un reportaje lacerante
llamó coladera al Jorge Chávez y hasta hoy Jaime Daly Arbulú, el
valetudinario denunciador de periodistas ni su empresa LAP, aclaran
nada de modo convincente y efectivo a la opinión pública. Pregunté en
El Perro de modo directo por tales cuestionamientos a estas mismas
instituciones sin que hasta la fecha exista alguna clase de respuesta.
¿Creerán Daly Arbulú y LAP que el silencio es parte institucional
eterno de una inconducta amén de muchas otras que están consignadas
como faltas en el libro que les quita el sueño y que va por su segunda
edición ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos yvivir sin
problemas! http://www.voltairenet.org/article148321.html y con el
prólogo explosivo de un periodista gonzalezpradiano que tampoco les
tiene miedo? Hemos advertido, además, que cualquier dilación sobre
este propósito podrá ser atribuida a manos negras. Y sucias.

Mientras que el silencio de los poderosos, amén de sus interminables
recursos dinerarios suficientes para pagar a los esbirros abogángsters
que custodian la "coherencia" de sus diktats es enorme, la resistencia
ha logrado, hasta hoy marrar, todas las agresiones. Dos diarios por
iniciativa propia y generosidad que agradezco, El Comercio y Perú 21,
informaron sobre el intríngulis provocando en la paz cotidiana de los
abusivos chucaques, migrañas y cagantinas verdes a lo Gabo, y el
programa televisivo de César Hildebrandt acogió mi denuncia
explicación. No obstante de todo aquello, Jaime Daly Arbulú, gerente
general perseguidor y su empresa Lima Airport Partners, callan en
todos los idiomas.

Más peruanos se suman al trabajo diario de pelear contra los matones y
gárrulos. Llegan mensajes de adhesión moral y optimismo a raudales. Si
todo esto pudiera traducirse en recursos de múltiple índole, la lid
sería más equilibrada, pero es lo que hay y aquilato de todo corazón.
Y la firmeza jurídica y valentía cívica del abogado Alcides Vidal
Morillo, constituyen un margesí brillante y honesto para la justa.

¿Qué razones, si se pueden llamar así a esos inexplicables silencios,
tienen Jaime Daly Arbulú y LAP para callar? Bien vale la pena
enviarles un mensaje a los verdugos: ¡los muertos que vos matasteis,
gozan de buena salud! ¿No se dan cuenta?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Thursday, November 27, 2008

¡Gloria a los héroes que murieron por la Patria!

La batalla de Tarapacá
27 de noviembre de 1879

¡Gloria a los héroes que murieron por la Patria!

Luego de la muerte del almirante Grau y la captura del extraordinario
blindado Huáscar, es decir, destruido el poderío naval del Perú, la
escuadra chilena se hizo dueña absoluta del mar, hecho que permitió a
los estrategas militares de ese país ejecutar finalmente la primera
fase de la campaña terrestre de la guerra de invasión de Chile en
1879, cuyo objetivo inmediato consistía en capturar la provincia
peruana de Tarapacá, rica en minerales y depósitos de salitre.

Cuando estalló la guerra, el Perú tenía un ejército de tierra
compuesto por 4,800 hombres poco más o menos, desperdigados en
guarniciones ubicadas en diferentes regiones del territorio nacional.
La infantería contaba con unos 2,700 soldados y 290 oficiales,
divididos en ocho batallones integrados cada uno por 400 hombres,
aproximadamente. El comando general del ejército peruano se ejercía a
través de tres generales de división, veinte generales de brigada y 74
coroneles. Los batallones eran el Pichincha, Zepita, Ayacucho, Callao,
Cusco, Puno, Cazadores y Lima. La caballería era más modesta aún: 780
hombres divididos en tres regimientos: El legendario Húsares de Junín,
los Guías y los Lanceros de Torata. La artillería estaba compuesta por
los regimientos Dos de Mayo y Artillería de Campaña, con un total de
1,000 hombres. Sin embargo, la mayor parte de la artillería peruana
era estática y se concentraba en el puerto del Callao. Estaba dividida
en las baterías Independencia, Pichincha, Zepita, Maipú, Provisional y
Abtao, provistas de 31 cañones; las torres giratorias blindadas La
Merced y Junín, armadas cada cual con dos cañones Armstrong de 300
pulgadas; los fuertes Ayacucho y Santa Rosa, provistos con dos cañones
giratorios Blakely de 500 libras; y, los torreones Manco Cápac (4
cañones Vavasseur de 300 libras) e Independencia (2 cañones Blakely de
500 libras). En total, 12 fuertes con un total de 45 cañones. La
artillería móvil, para uso de campaña apenas constaba de treinta
cañones.

En ese entonces la unidad táctica del ejército peruano era el
batallón, integrado por doce compañías de cincuenta hombres cada una.
En la práctica sin embargo, la mayoría de los batallones no superaban
los quinientos hombres. Estos eran comandados por un coronel, apoyado
por un teniente coronel (comandante) y un mayor. Cada compañía era
dirigida por un capitán y cuatro subalternos, generalmente
sub-tenientes. El uniforme de la infantería constaba de una chaqueta y
pantalón de algodón blanco. Cada hombre cargaba un rifle (por lo
general, pero no excluyentemente, Martini-Peabody), cien cartuchos de
munición, una cantimplora de lata de un cuarto de galón y una frazada
doblada alrededor de la cintura. Los oficiales utilizaban uniforme de
estilo francés, con algunas variaciones; levita o chaqueta azul,
pantalón de paño rojo, kepí, botas de cuero hasta las rodillas,
pistola y sable.

Recurriendo a las reservas, para julio de 1879 el Perú logró conformar
una pequeña fuerza militar de 7,500 soldados y guardias nacionales,
número que resultaría muy inferior al de las tropas chilenas. Esta
fuerza quedó al mando del general Juan Buendía y compuesta por seis
divisiones. La primera de ellas, fuerte de 1,455 efectivos, estuvo
integrada por los batallones Ayacucho, Provisional de Lima y la
Columna de Voluntarios de Pasco; la II División, a órdenes del coronel
Andrés Avelino Cáceres, con 1,230 soldados, se integró con los
batallones Puno, Lima, Guías y el escuadrón Castilla; la III División,
dirigida por el coronel Francisco Bolognesi (1,315 soldados), estaba
compuesta por los batallones Cazadores del Cusco, Cazadores de la
Guardia y el escuadrón Húsares de Junín; la IV División, bajo el
coronel Justo Pastor Dávila, se componía del Regimiento 2 de Mayo y el
batallón Zepita (1,123 soldados); la V División, comandada por el
coronel Ríos, estaba conformada por los batallones Segundo de Ayacucho
y Guardias de Arequipa; mientras que la VI División, al mando del
general Bustamante, con 1,085 soldados, estaba integrada por los
batallones Iquique, Cazadores de Tarapacá y las columnas Loa y
Tarapacá.

Esta fuerza, que se unió a los 4,534 hombres del ejército boliviano
aliado, fue diseminada entre las vastas costas de Iquique, Tacna,
Tarapacá y Moquegua, como parte del "I Ejército del Sur", bajo órdenes
del general Juan Buendía. Mientras se prolongó la campaña naval, el
referido ejército ejecutó maniobras tácticas y de desplazamiento,
siempre desde una perspectiva defensiva y no entró en acción.

El ejército chileno, por su parte, en los seis meses que duró la
campaña naval, tuvo tiempo para convertirse en una maquina de guerra
eficiente y numerosa. Para el inicio de esta etapa, noviembre de 1879,
el ejército de Chile, que antes de la declaración de guerra constaba
de 3,000 hombres, se había multiplicado geométricamente.

Varios batallones como el Buin, el 2do de Línea, el 3ro, el 4to y el
Santiago, fueron elevados a regimientos. Estos eran comandados por un
coronel o teniente coronel, y cada uno estaba integrado por unos 900
hombres. Cada regimiento chileno constaba de dos batallones de cuatro
compañías cada uno. A su vez, las compañías se componían de un
capitán, un teniente, tres subtenientes, un sargento primero, seis
segundos, seis cabos primeros, seis cabos segundos, cuatro cornetas y
unos 200 soldados.

El alto mando militar chileno quedó compuesto por el general Justo
Arteaga en capacidad de Comandante en Jefe: el general de brigada
Erasmo Escala, comandante general de la infantería; el general de
brigada Manuel Baquedano, comandante general de caballería y el
coronel Emilio Sotomayor, comandante de las reservas. El Jefe de
Estado Mayor era el general de brigada José Antonio Villagrán. En esta
etapa pudo observarse, aunque incipientemente, un fenómeno
interesante: La influencia francesa en Chile, que había sido
perceptible desde mediados de siglo, estaba siendo lentamente
reemplazada por la de Prusia. En efecto, luego de la derrota de
Francia en la Guerra franco-prusiano de 1870-71, la admiración hacia
las instituciones del ejército prusiano fue creciendo, lo que en un
futuro cercano llevaría a una reorganización de las fuerzas armadas
chilenas bajo la eficiente influencia germana.

Pronto se inició la invasión de territorio peruano. Apenas tres
semanas después de Angamos, el dos de noviembre de 1879, pese a una
férrea resistencia, 10,000 soldados pertenecientes a la fuerza
expedicionaria chilena, más conocida como "Ejército de Campaña",
apoyados por casi todos los barcos de guerra de su escuadra y diez
vapores (la Magallanes, el Amazonas, la O´Higgins, el Loa, el Itata,
el Copiapó, el Limari, el Matías Cousiño, el flamante crucero Angamos,
la Abtao, el Paquete de Maule, el Huanay, el Lamar, la Covadonga, el
Santa Lucía, el Tolten, el blindado Cochrane, el Elvira Alvarez y el
escampavías Toro), a órdenes del general Erasmo Escala, lograron
desembarcar, en tres fases de ataque, en el puerto de Pisagua
estableciendo así su primera cabecera de playa en territorio peruano.
Entre las fuerzas de desembarco se encontraban los nuevos regimientos
Buin, Tercero y Cuarto de Línea y batallones del Atacama y Zapadores.
En este proceso los chilenos tuvieron 330 bajas entre muertos y
heridos.

En términos estratégicos y recursos materiales el ejército
expedicionario chileno, a órdenes del general Erasmo Escala, se
mostraría superior a las fuerzas aliadas peruano-bolivianas. Acto
seguido, las fuerzas chilenas se apoderaron del ferrocarril
Pisagua-Agua Santa y de ahí procedieron hacia el norte, asegurando una
línea de provisiones con el valioso apoyo de su escuadra.

En este proceso capturaron los chilenos la localidad de Dolores. El 19
de noviembre las fuerzas aliadas se enfrentaron al ejército
expedicionario en las alturas del cerro de San Francisco, en un frente
de tres kilómetros de extensión. Fue un combate cruento e intenso en
que ambos ejércitos mostraron un gran valor y arrojo. Si bien la
infantería aliada era superior en número (7,400 peruanos y bolivianos
contra 6,000 chilenos), los primeros contaban sólo con 18 cañones
contra 34 modernas piezas de artillería del adversario. Los chilenos
además ocupaban la cima del cerro San Francisco, que por su
inclinación se constituyó en una plaza prácticamente inexpugnable,
mientras que los aliados dominaban las faldas del cerro.

En este combate destacó la acción del batallón Zepita, fuerte de 35
oficiales y 601 soldados al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres.
Cuatro compañías del Zepita, al mando del comandante Ladislao Espinar,
ejecutaron una carga espectacular que les permitió alcanzar la cumbre
del cerro, donde se batieron con un heroísmo singular y se apoderaron
de dos cañones adversarios. Pero aquel triunfo parcial fue a costa de
mucha sangre, y los hombres victoriosos del Zepita, con su temerario
comandante a la cabeza, casi fueron exterminados por los batallones
Atacama y Coquimbo, que habían acudido como refuerzos para contener el
asalto. Los últimos sobrevivientes de aquellas compañías del Zepita se
batieron cuerpo a cuerpo. Durante la cruenta batalla pereció un alto
número de tropa y oficiales de los batallones Zepita y Dos de Mayo. Un
jefe chileno del Atacama atestiguó así el valor desplegado por los
contrincantes:
"He tenido ocasión de ver a dos soldados muertos, José Espinoza
(chileno, de la primera compañía), y un peruano del Zepita; ambos
estaban cruzados por sus bayonetas y como si aun no fuera bastante,
esos valientes se hicieron fuego, quedando enseguida baleados en el
pecho".

Los cañones chilenos Krupp, que en vez de proyectiles utilizaban el
mortal "grapeshot" o metralla, barrían a veces compañías enteras. Los
peruanos del Zepita, del Ayacucho, Olañeta e Illimani, continuaron
avanzando resueltamente por el oeste, mientras la división de ataque
formada por los batallones Puno número 6 y Lima número 8, avanzaron
por el centro chileno apoyando los fuegos de la división ligera y
dirigiendo sus tiros contra los batallones Coquimbo y Atacama. Al
mismo tiempo el batallón 3 de Ayacucho, al mando del coronel Leoncio
Prado se desplegó en guerrilla al pie del cerro, disparando contra los
batallones del Valparaíso, del 2do, 3ro y 4to de Línea.

A las 17:00 horas y en parte por el desbande de las tropas bolivianas
al mando del General Villamil y por el arribo de la división chilena
de reserva bajo el general Escala, la fuerte avanzada aliada colapsó y
en horas de la noche se debió emprender la retirada. Los chilenos,
agotados, no se decidieron a emprender la persecución y se parapetaron
en las calicheras.

Cuatro días después, el 23 de noviembre el ejército chileno ocupó el
puerto peruano de Iquique. Las diezmadas fuerzas del I ejercito del
Sur, se vieron forzados a ejecutar una nueva progresión y marcharon
entonces hacia Tarapacá. El comandante del ejército chileno, general
Escala, enterado de la difícil situación del adversario e informado de
su posición exacta, envió a su encuentro una expedición de 3,900
hombres, al mando del coronel Luis Arteaga, compuesta por el batallón
Chacabuco, cinco batallones de infantería pertenecientes a los
regimientos 2do de Línea y Zapadores, un escuadrón de caballería, (el
Granaderos a Caballo) y cuatro cañones de bronce y seis potentes
cañones Krupp bajo el Regimiento de Artillería, con objeto de
liquidarlos.

De acuerdo al parte oficial del general Escala, se presumía que en
Tarapacá había entre 1,500 y 2,000 soldados peruanos "en pésimas
condiciones, agobiados por el cansancio y la escasez de recursos y en
un estado de completa desmoralización…".

En horas de la madrugada del 27 de noviembre 1879, la fuerza chilena
alcanzó su objetivo y tomó posición ofensiva en las colinas
localizadas al oeste de la ciudad de Tarapacá, en un área de una legua
de extensión, que iba entre el alto de la cuesta de Arica y el de
Visagras. La división chilena entonces fue dividida en tres
fracciones: La primera, al mando del teniente coronel Eleuterio
Ramírez, compuesta en su mayoría por los batallones del regimiento 2do
de Línea y dos cañones de bronce, tenía como objetivo apoderarse de la
Huaracina, donde se encuentran las provisiones de agua del poblado y
de ahí avanzar hacia Tarapacá; la segunda, a las órdenes del propio
coronel Arteaga, formada por el regimiento Artillería de Marina, el
batallón Chacabuco, cuatro cañones de Bronce y dos cañones Krupp,
debía atacar de frente a los peruanos por las alturas que dominan la
población; y, la tercera, dirigida por el comandante Ricardo Santa
Cruz e integrada por un batallón del 2do de Línea, 260 hombres del
Zapadores, 116 Granaderos a Caballo y dos secciones de artillería
Krupp de montaña, tenía que situarse cerca del paso de Quillaguasa
para recortar la retirada de los peruanos por el camino de Arica "y
batir la quebrada desde las alturas".

Los peruanos, que carecían de un sistema de alerta o vigilancia,
fueron informados de la presencia del adversario por dos arrieros que
se toparon con las columnas chilenas a distancia. Tan pronto se
produjo este hecho, el Coronel Andrés Cáceres, jefe de la segunda
división peruana, ordenó que se tocara diana y organizó un consejo de
guerra. En virtud que los peruanos carecían de un plan de contingencia
para responder a una emergencia como aquella, Cáceres dispuso que la
tropa ocupara las alturas que circundaban Tarapacá. Sin embargo, en
las primeras horas del amanecer, los chilenos ya se habían posesionado
de las mismas y al parecer esperaban que sus enemigos rindieran las
armas, por efecto de la sorpresiva maniobra y ante la supuesta
imposibilidad que pudieran atacar sus estratégicas posiciones.

Pero Cáceres no era hombre que se rindiera fácilmente. Por el
contrario, recuperado del factor sorpresa, dispuso que los 3,000
hombres bajo su mando se dividieran en tres columnas. La primera y
segunda compañía de su legendario regimiento, el Zepita, bajo órdenes
del teniente coronel Juan Francisco Subiaga, colocó a la derecha. La
quinta y sexta compañía, bajo el capitán Francisco Pardo de Figueroa
se ubicó en el centro y la tercera y cuarta compañía, bajo el mayor
Argüidas, tomó posición del sector izquierdo. Simultáneamente, Cáceres
envió un mensaje al coronel Manuel Suárez, comandante del regimiento
Dos de Mayo, ordenándole atacar desde la izquierda. Dos batallones de
la División Vanguardia, con un total de 1,400 hombres, que acampaban a
45 kilómetros de distancia, también fueron avisados y se pusieron en
marcha. Aquellas tropas tardarían seis horas en llegar al campo de
batalla.

La lucha se inició con ímpetu alrededor de las 9:15 de la mañana. El
Zepita empezó furiosamente el ataque contra las posiciones chilenas, y
el resto de los regimientos peruanos, bajo órdenes de los coroneles
Bolognesi, Ríos y Castañón se movieron también contra el adversario.
El Zepita subió el lado oriental de las colinas bajo los nutridos
disparos de la artillería y la infantería chilena. El fuego era muy
intenso, pero los peruanos, en desplazamientos de guerrilla,
continuaron avanzando. La primera y la segunda compañía del Zepita
fueron las primeras en alcanzar su objetivo a las 9:30 de la mañana.
Fueron recibidos con un fuego nutrido de la artillería chilena, pero
que no fue suficiente para contener el valeroso ataque de la
infantería peruana. Luego de una espectacular carga con bayoneta y
contra viento y marea, lograron capturar cuatro cañones y todas las
municiones de los adversarios. Acto seguido, concentró sus fuegos
contra los Zapadores y las compañías del 2do de Línea. En 45 minutos
una de las brigadas chilenas fue totalmente aniquilada.

A la 9:45 de la mañana el regimiento chileno Artillería de Marina
entró en acción, siendo anulado por el Zepita y el Dos de Mayo. Las
columnas bajo los jefes Pardo Figueroa y Arguedas causaron un daño
severo en la infantería chilena. Tal fue la intensidad de su ofensiva
que los chilenos, luego de resistir a pie firme, perdieron finalmente
el control y se vieron obligados a retirarse en completo desorden
hacia una posición localizada tres millas detrás de las colinas. Los
peruanos habían logrado una victoria parcial, pero habían perdido
varios hombres en la arremetida, incluidos el teniente coronel Juan
Zubiaga, el capitán Pardo Figueroa, el coronel Manuel Suárez, jefe del
batallón Dos de Mayo y Juan Cáceres, hermano del espartano Andrés
Avelino.
En efecto, Andrés Cáceres también estaba herido pero decidió continuar
la lucha contra las nuevas posiciones chilenas bajo el coronel
Arteaga. Su división se reforzó con la llegada del batallón Iquique y
los Loa y Columnas Navales, así como una compañía del batallón
Ayacucho y uno del batallón Gendarmes. Esas fuerzas eran parte de las
dos Divisiones peruanas, fuerte de 1,400 hombres que se encontraban a
45 kilómetros de Tarapacá cuando la batalla hizo erupción. Entre los
refuerzos se encontraba el batallón Iquique número uno, cuyo
comandante, el legendario Alfonso Ugarte, fue herido de un balazo en
la cabeza, no obstante continuó la lucha al frente de sus tropas.

Con estos refuerzos Cáceres ejecutó un nuevo ataque por el sudeste de
Tarapacá, alcanzando y disolviendo al enemigo en cinco ocasiones. Los
chilenos, que obviamente eran soldados muy aguerridos y valientes, se
reagruparon igual número de veces. Es más, una columna chilena se
dirigió hacia el pueblo de Tarapacá, que estaba, defendido por el
batallón Guardias de Arequipa y la columna boliviana Loa, los cuales,
tras una encarnizada lucha los rechazó. La batalla en la ciudad, fue
casa por casa.

La tercera división al mando del coronel Bolognesi, jugó parte
importante en la acción. El viejo coronel, que antes de la batalla
encontrábase enfermo y padeciendo alta fiebre, olvidó sus
padecimientos y se puso al frente de su tropa, cuyo comportamiento fue
admirable. El batallón Arequipa, de la referida división, capturó como
trofeo el estandarte del regimiento 2do de Línea. Cáceres, desde su
posición flanqueó a los chilenos por el sector izquierdo. Aquellos,
ejecutaron entonces un contraataque con su caballería a efecto de
romper parte de las posiciones peruanas, pero la carga logró ser
contenida por los galantes hombres de las columnas Loa y Navales.
Cáceres entonces dispuso ejecutar un último ataque contra el centro
del ejército chileno, al cual logró destruir completamente. Los
sobrevivientes dejaron sus últimas piezas de artillería, municiones y
rifles y se desbandaron.

Los peruanos habían logrado, después de nueve horas de intenso
combate, una victoria total. La orgullosa columna chilena había
acusado un aproximado de 800 bajas, incluyendo 56 prisioneros de
guerra. Entre los muertos chilenos merece destacarse la del valiente
comandante del Segundo de Línea, Eleuterio Ramírez. Perdieron además
toda su artillería (cuatro Krupp, cuatro obuses de bronce) y gran
cantidad de pertrechos. Los peruanos por su parte, tuvieron cerca de
500 bajas, entre muertos y heridos, lo que demuestra el fragor e
intensidad de la lucha.

Ante la falta de caballería los peruanos se vieron imposibilitados de
consolidar la victoria y no pudieron seguir a sus adversarios más allá
de la colina de Minta, ubicada a dos leguas de distancia de sus
posiciones iniciales. Fue sin duda un resultado que significó un
aliciente moral para las tropas y dejó muy en alto el valor, arrojo y
heroísmo de la infantería peruana.

Tarapacá, desafortunadamente, no cambió los resultados estratégicos
del conflicto y el ejercito peruano se dirigió hacia el puerto de
Arica. Coincidentemente uno de los próximos objetivos chilenos era
capturar dicha posición.

Pocas semanas después de Tarapacá, el alto mando chileno concentró
veinte transportes en Pisagua y el 24 de febrero de 1880, frente a la
bahía de Pacocha, en Moquegua, al norte de Arica, desembarcó un
ejército de 12,000 hombres. A la cabeza de las fuerzas chilenas se
encontraba su nuevo comandante en jefe, el hábil y competente general
Manuel Baquedano. Dicha fuerza enfrentó a los peruanos en la batalla
de Los Angeles.

Wednesday, November 26, 2008

¡Vulgar soplonaje cotidiano!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
26-11-2008

¡Vulgar soplonaje cotidiano!

Que el gobierno, vía su canciller García Belaunde y que el presidente
García Pérez, por alameda telefónica, hayan protestado su enojo a la
mandataria chilena Michelle Bachelet por las declaraciones de hace dos
años en convite particular del general Edwin Donayre marca el
inevitable precedente de qué ocurrirá el 2009 cuando se produzca la
conflagración jurídica en La Haya. Aquí pareciera eso no importar, sin
embargo la lógica es abrumadora: Troya va a arder a pesar de las
expresiones diplomáticas, siempre premunidas de mentiras y con la
presencia tradicional de soplones nativos que no dudan en construir de
un ridículo un ¡impase de Estado!

Hay vergonzosa coherencia indudable en este comportamiento cipayo. En
soledad impresionante (que acompañé por la vía radial) César
Hildebrandt señaló su protesta ante las claudicantes frases de Alan
García cuando sostuvo con desparpajo frívolo que no se debía hacer
críticas a los chilenos porque podían montar en cólera. Semejante
estupidez mereció, como era evidente, la ira iracunda –y justísima-
que prodigó Hildebrant. Preguntado, enhebré frases de condena a la
impostura. Algún soplón cuelga un vídeo de hace dos años y extrae de
una celebración social frases del general Donayre y por eso el
canciller García Belaunde, un cadáver perfecto, y el mandatario Alan
García compiten en ver quién da más sentidas y aleladas "disculpas" a
Chile. ¿A qué imbécil puede ocurrírsele que aquí se piensa así sobre
los chilenos? ¡Hay que ser un retrasado mental para "elucubrar" así!

No ha mucho que los candidatos a alcaldes en Santiago se expidieron en
términos más bien palurdos, racistas e inaceptables sobre las decenas
de miles de peruanos que viven en Chile. ¿Qué dijo el canciller García
Belaunde? ¿qué otro tanto hizo el embajador Hugo Otero? ¿nos persuadió
de lo que afirmó el presidente García? ¡Nadie dijo nada! Personalmente
y por email envié mi alarma a un ex canciller sobre la gravedad del
asunto. Prometió aquél que iba a editorializar en su próximo artículo.
Debo suponer que, como no puso año, éste podía tener lugar para dentro
de 4 ó 5 lustros. ¿Creerá que su vigencia es tanta, si es que alguna
vez disfrutó de semejante aura mediática? ¡Qué despelote!

Si lo que ha ocurrido causa el pase al retiro del general Donayre y
excusas al por mayor, tributarias y humillantes con el país del sur
¿puede alguien prever qué pasará el 2009 cuando se lea la memoria de
Perú en la Corte de La Haya por el dirimendo límitrofe planteado por
Perú a Chile? ¡Qué irresponsabilidad la ambiente en los medios
periodísticos nacionales! Y aunque venimos escribiendo y alertando
sobre estos acápites, casi todo el mundo prefiere hacer oídos sordos
como si eso pudiera acallar la ventisca tormentosa que se nos viene
encima.

Según la presidenta Bachelet ya su gobierno recibió las
"explicaciones" de García Pérez. ¿Qué había que explicar sobre una
cita privada, coloquial y de ninguna implicancia estratégica o
militar? Ocurre que aquí los soplones, no se sabe si son gratuitos o
pagados con dineros foráneos o fletados por las organizaciones de
nuevos gángsteres, tienen patente de corso y mientras que no se
afronte ese peligro de manera radical y directa, seguirán produciendo
su labor de zapa que en términos de sociedades son signos cancerosos
de descomposición ineluctable. ¿Hay algún ministrejo metido en la
fiesta de cantantes y quinta columnas?

¡Abajo el soplonaje!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Skype: hmujica

Tuesday, November 25, 2008

Nerviosismo de abogángsteres

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
25-11-2008

Nerviosismo de abogángsteres

La presentación televisada que generosamente acogiera César
Hildebrandt el domingo en El perro del hortelano ha producido uno que
otro soponcio, sucesivas series de cagantinas verdes (esas de que
hablaba Gabriel García Márquez) y el nerviosismo militante de los
abogángsteres que también tienen derecho a velar por los intereses de
quienes contratan sus servicios mercenarios. En efecto y según
testimonios in situ los sicarios de la concesionaria de un aeropuerto
de capital latinoamericana estuvieron como locos presionando a la
jueza e impulsando capturas y prisiones a granel, como si el solo
imperio del dinero ilícito fuera razón suficiente para "convencer" a
magistrados que saben –o deben saber hacerlo- cumplir con el debido
proceso. Lo cierto es que han afirmado que el suscrito "sigue
despotricando".

¿Qué se dijo en el espacio que dirige Hildebrandt? Pocas y puntuales
precisiones que detallo para mejor conocimiento.

Se puso a disposición de la Fiscal de la Nación, Gladys Echaíz y de la
ministra de Justicia, Rosario Fernández, el contenido del libro
¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
http://www.voltairenet.org/article148321.html
para que las correctas funcionarias, de oficio, por las denuncias que
en este manual se detallan, ordenen un informe sobre un tema que
corresponde al patrimonio de 28 millones de peruanos. Los aeropuertos
sólo han sido dados –casi siempre muy mal- en concesión, no son, en
modo alguno, obsequio o pitanza cedida a empresas anémicas de
prestigio, experiencia o trayectoria. ¿Qué mejor forma de enterarse de
la seriedad del estudio, de la validez de la documentación probatoria
y pública que el escrutinio que estas entidades debieron hacer desde
que apareció entre mayo-junio del 2007, el manual ¡Estafa!?

Afirmé, además, que el genuino periodismo de investigación tiene que
ser escrudiñado al milímetro. Dije también que en lugar de empujar
patrañas de juicios ridículos, por vanidades y ¡quítame estas pajas!
el asalariado –y también, según nos cuentan, hecho un saco de nervios-
mayor de la concesionaria debiera estar porque este afán se cumpliera.
De tal manera que cualquier juicio tenga el basamento de una
investigación seria y con las herramientas autónomas y eficientes de
que puede premunir la Fiscalía Anticorrupción. Si hay mentiras, hay
que castigarlas y si hay estafas y robos, también y los fautores ¡a la
cárcel!

Informé al público televidente de cómo es que estamos en plena
confección de la segunda edición popular, corregida, aumentada y
actualizada de ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin
problemas! y que este anuncio se hacía para noticiar por si las
casualidades, nuevos juicios o más querellas generan demoras,
censuras, prohibiciones y bajo el prisma vergonzoso del terror a que
el pueblo siga conociendo la verdad de una de las grandes estafas
cometidas en su perjuicio en el último decenio. Encarcelar o
–eventualmente- desaparecer al mensajero o periodista investigador, no
enerva ni golpea el conjunto de contenidos de sólida presentación
documentaria sino que apuntan, con nombre y apellido, hacia individuos
que por razones que no son nuestras, están muy inquietos y
apesadumbrados.

Por último e inquirido por Hildebrandt emplacé al capitoste vanidoso
de la concesionaria a que explique al país cómo es que el Aeropuerto
Jorge Chávez es una coladera para el narcotráfico y cómo es que
empleados de su empresa siguen presos ¡preciso es decirlo! por una
acción de esta naturaleza e ilícita comisión. Si la Policía Nacional
del Perú afirma –y lo ha hecho públicamente- que apenas captura el 10%
del narcotráfico que asciende a 4 toneladas, quiere decir que hay ¡36!
que producen réditos, ganancias y configuran un paraíso en que
comerciantes criminales hacen de las suyas. La pregunta es: ¿tan fácil
y tan simple y la concesionaria no puede hasta hoy dar una explicación
convincente al país? ¡Qué desverguenza!

Las grandes causas no perecen por el miedo o porque los negros Atilas
de saco y corbata, mostacho ridículo y honradez nula, estén seis horas
al día presionando en los tribunales a secretarios y jueces que saben
muy bien quiénes son estos y a qué intereses represores responden. En
ese canto libertario y de protesta nos mantenemos y de allí no nos
movemos. Felizmente el programa de Hildebrandt ha logrado calar en
inmensas capas ciudadanas que ahora conocen mucho más un tema que como
el Aeropuerto Jorge Chávez merece un muy crítico y severo análisis por
parte de la Fiscalía Anticorrupción, de la Contraloría General de la
República, del Congreso, de la sociedad en su conjunto. Y, felizmente
El Comercio y Perú 21 también lo han entendido así y por eso han
publicado información importante. Amén.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.voltairenet.org/es
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Skype: hmujica

Monday, November 24, 2008

¡Estafa al Perú! Presentación con César Hildebrandt 23-11-2008

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
24-11-2008

¡Estafa al Perú! Presentación con César Hildebrandt 23-11-2008
http://www.tribunavirtual.com/herbertmujica231108.htm

Saturday, November 22, 2008

Mujica en programa de Hildebrandt

Mujica en programa de Hildebrandt

El periodista Herbert Mujica Rojas, autor de ¡Estafa al Perú! ¡Cómo
robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
http://www.voltairenet.org/article148321.html estará mañana domingo
23-11 en el programa El perro del hortelano que dirige César
Hildebrandt a las 9 pm. en Canal 11.

Friday, November 21, 2008

Tarifas por las nubes en aeropuerto

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
21-11-2008

Tarifas por las nubes en aeropuerto
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/noticia.php?IDnoticia=26877

Herbert Mujica denuncia acoso judicial

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
21-11-2008

Herbert Mujica denuncia acoso judicial
http://peru21.pe/impresa/noticia/herbert-mujica-denuncia-acoso-judicial/2008-11-21/230768

Wednesday, November 19, 2008

¡Abogangsterismo a todo vapor!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
23-8-2005

¡Abogangsterismo a todo vapor!

Revelación valiente la que publica Correo, en la pluma de Paola
Miranda y por la cual se toma conocimiento que el estudio abogadil de
José Ugaz y Luis Vargas Valdivia, patrocina hoy a quienes acusaban,
desde las procuradorías, no mucho tiempo atrás. ¡Poderoso señor es don
Dinero! ¿Cabe alguna duda? ¡Es decir, no es dura lex, sed lex, sino
cuánto hay en la bolsa para sufragar cualquier causa! ¡Qué
inmoralidad!

Hay que señalar un asunto que es parte de la corruptela sucia que
inunda al Perú. Los que antes, en nombre del Estado, acusaban y
zaherían, con adecuado –y muy bien pagado- festival mediático –prensa,
radios y televisión-, en no pocos casos, se pasaron, en movimiento
pendular de 180 grados reales y sinverguenzas, a la otra orilla, pero
con conocimientos confidenciales e informaciones que no podían ser
posesión de cualquiera porque atentarían ¡precisamente contra el
Estado!

El caso señalado por Miranda en Correo y refiriéndose específicamente
a César Azabache, no es el único. Recuérdese que Jorge Santisteban de
Noriega, ex Defensor del Pueblo, pasó a muy bien rentado abogado de la
estafadora Telefónica del Perú. Y antes, Mello Vega, que había sido
representante del Estado, también estuvo en la planilla de Telefónica.
¿Por qué se producen estas aberraciones que privilegian sólo el
circulante del vil dólar y no la compostura mínima para no ser
considerados tránsfugas que saltan del Estado a empresas privadas?
Hasta donde se sabe no hay una ley que prohíba semejante aberración.

Los funcionarios de alto nivel del Estado no deberían, por un lapso
mínimo de 5 años, migrar a las empresas privadas. ¿Quién garantiza
que, a su vez, no revelen datos confidenciales de que antes fueron
depositarios públicos y supuestamente reservados? ¿No es de mal gusto,
como ocurre con Azabache y el estudio de José Ugaz, que hoy troquen de
patrocinados, evidentemente lubricados por el sufragio dolarizado que
cotizan esas empresas, así porque sí?

En los últimos años José Ugaz, el procurador del delincuente Kenya
Fujimori, gozó de una virtual inmunidad mediática. Todos sus actos
eran santificados y puestos de relieve por una prensa cómplice,
dispuesta a cubrirle las espaldas. Sus actos, eran morales. Sus
presentaciones, dechados de jurisprudencia. Y cuando se les abría
juicio o criticaba, quienes lo hacían eran motejados de cualquier
cosa.

Cuando los abogángsteres se adueñan de la cosa pública y privada, no
hay justicia posible sino aquella que fabrican los dólares que compran
a jueces adecuados, periodistas venales, políticos sucios y
autoridades metidas hasta el tuétano en el reino de la corrupción que
es el Perú, de sur a norte, de este a oeste. Es imposible refutar a
González Prada: "El Perú es un organismo enfermo, donde se aplica el
dedo, brota el pus".

Si a lo revelado por Correo se aúna el silencio proditor y simpático
de políticos conchabados y una burocracia podrida, entonces, se
retrata a nuestro país con las verguenzas que ostenta y niveles
aterradores de pobreza, no sólo material, sino –y fundamentalmente-
moral.

Frente a la circunstancia, por todos conocida, pero rara vez –como en
esta feliz ocasión- revelada, se comprueba la inacción condescendiente
y la estupidez cándida de que "así es el Perú", no hay sino que
preparar los paredones de fusilamiento moral y de escupitajo para los
malos elementos. Así tengan defensores de oficio y pagados en los
medios de comunicación.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Tuesday, November 18, 2008

¡Los muertos que vos matasteis, gozan de buena salud!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
18-11-2008

¡Los muertos que vos matasteis, gozan de buena salud!

En momentos en que el país llora la caída de sus pedestales de
flamígeros hombres de prensa a quienes ahora persigue el fantasma del
desempleo aunque gran parte de lo que hayan dicho sea inane,
insignificante y sólo menú cotidiano de un sistema que mira a sí mismo
para dar la medida de su mediocridad, se produce una situación
incómoda, real no inventada en que dos juzgados penales al alimón que
tienen a un mismo estudio de abogados, Ugaz, y una empresa sufragante,
Lima Airport Partners, LAP, pretenden cazar a un periodista y,
suponemos, que meterlo, en castigo, a la cárcel. El pretexto no puede
ser más escandaloso: los textos, denuncias, documentos, contenidos en
el libro que presentara César Hildebrandt en su programa en Radio San
Borja en el 2007: ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir
sin problemas! http://www.voltairenet.org/article148321.html

En efecto, un juzgado amenaza con leer la sentencia de un primer
juicio y el otro declararme reo contumaz y eso significa fletar el
pasaporte para la captura. No obstante que hay la solicitud de
acumulación de juicios por la simple razón que en ambos escenarios los
demandantes son Jaime Daly Arbulú y Lima Aiport Partners, el primero,
gerente general de la segunda y las monsergas esgrimidas como ofensas
muy parecidas, la jueza responsable no resuelve, no contesta y tendrá
que asumir la elusión de sus deberes en perjuicio del debido proceso.
¿Será demasiado pedirle actuar con honor a los jueces nacionales?
¿Sayones, sicarios o alabarderos de la justicia y la dignidad? Según
la Constitución nadie puede ser acusado dos veces por el mismo crimen
y menos juzgado por tales premisas. Pero aquí hay jueces que se burlan
de las leyes y que optan por el camino más simpático de dar en la yema
del gusto a sus patrocinadores o simpatizantes, reales o fortuitos.

¿Y qué hacen las organizaciones de derechos humanos? ¡Nada! Es decir
actúan como si la paz total fuera el paraíso peruano porque aquí a
nadie por razón de sus escritos o libros se les persigue. Y aquí hay
un caso flagrante que es publicado en el 2007, que compila textos
desde el 2000 pero del que recién se dan cuenta el Estudio Ugaz –de
cuya intelectualidad nadie puede tener duda- y la firmita Lima Airport
Partners. Entonces no se les ocurre mejor idea que plantear juicios y
más juicios. Y por esas cosas del destino se cruza la prisión de
Magaly Medina que crea el precedente nefasto para el encarcelamiento
de sus protagonistas. Los jueces sin luces, carentes de idoneidad
hasta la más mínima, se dejan llevar de las narices.

El 25 se fija la fecha de la lectura de sentencia del primer juicio.
El 24 la última llamada a declarar en el segundo juicio con la amenaza
insolente de ordenar la captura como si se tratara de criminales. Me
atrevería a decir que los ladrones de la fe pública, los abanderados
del hedor nacional, los bárbaros Atilas, no están en el lado del
periodismo y que aún habiéndolos no compiten en número ni repugnancia
con los que visten toga para impartir injusticia y suciedad en lugar
de equilibrio y sensatez. ¿Quién lanza la primera piedra? ¿No está
hecho este país por curas y abogados?

¿Y qué hay de la solidaridad? Conmovedores son los testimonios de
hombres sencillos y de mujeres que demuestran con la venta de vacas y
gallinas el envío de muchos soles que sirven para avituallar a los
amigos abogados que pelean palmo a palmo y en desventaja evidente una
liza que deberá ganarse aunque sea a largo plazo. Emocionantes han
sido los aportes de personas a las que apenas conozco pero que
buscaron con la única condición pétrea del anonimato, cómo sumarse al
esfuerzo que se lleva desde las playas de la incomprensión de una Lima
gris que es capaz de gritar por sus cadenas y celebrar sus
esclavitudes. ¡Qué asco dan todos los que a la hora suprema de mostrar
la solidaridad de los hombres libres, prefieren el grillete
intelectual que los libra del compromiso pero los hunde en la cobardía
sempiterna y manchada del que jamás podrá limpiar su conciencia!

En esta pelea nos ha tocado la parte más modesta: la de simples
protagonistas porque el odio de otros así lo ha querido. Ni hemos
torcido una sola línea de cuanto hemos escrito y nos reafirmamos en
sus comas y puntos y tampoco vamos a escenificar el ridículo de peleas
inventadas. Aquí todo es real. El peligro de la cárcel está a
milímetros. El hedor que rodea la miopía del accionar societal no
acierta a comprender que así comienzan las cerrazones y las caídas
hondas del alma.

Dijo muy bien don Alfonso Benavides Correa en el prólogo del libro
brillante del embajador Félix C. Calderón, Las veleidades autocráticas
de Simón Bolívar:

"Será una trágica constante, al cabo de años de apostolado, de no
evadir los temas esenciales del drama, luciendo el coraje moral de
estar contra los mandarines, tener, sin prensa adicta, un atardecer
escéptico por el silenciamiento?"

Y contesto desde el hondón de mi conciencia que por nadie más doy respuesta:

¡Los muertos que vos matasteis, gozan de buena salud!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Monday, November 17, 2008

Solicitud de información

---------- Forwarded message ----------
From: vsegoviat@cal.org.pe <vsegoviat@cal.org.pe>
Date: Nov 15, 2008 3:12 PM
Subject: Solicitud de información
To: mleon@pcm.gob.pe, rsaldivar@pcm.gob.pe, webmaster@pcm.gob.pe,
prensa@pcm.gob.pe
Cc: cdcp@cip.org.pe, vsegoviat@cal.org.pe

Señores
PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS
Presente.-

De mi consideración:

He tomado conocimiento que mediante Resolución Suprema Nº 311-2008-PCM de
fecha 04.Nov.2008, publicada en el diario oficial El Peruano del día
05.Nov.2008, se resuelve conformar una "Comisión de Evaluación" encargada
de evaluar y proponer al Presidente de la República los mejores candidatos
para ejercer el cargo de Contralor General de la República, disponiéndose
que integren dicha Comisión en su condición de "profesionales" cuatro
personas que, entre otros, deberán cautelar que los candidatos ostenten
"título profesional universitario y habilitación por el colegio
profesional correspondiente" de acuerdo a los requisitos señalados en el
Artículo 28º de la Ley Nº 27785, Ley Orgánica del Sistema Nacional de
Control y de la Contraloría General de la República.

Por lo expuesto, de conformidad con lo establecido en el Artículos 3º, 4º,
11º y pertinentes del Texto Único Ordenado de la Ley Nº 27806, Ley de
Transparencia y Acceso a al Información Pública, aprobada por Decreto
Supremo Nº 043-2003-PCM, SOLICITO que por este medio se me informe lo
siguiente:

1) El Título Profesional Universitario y habilitación por el colegio
correspondiente que ostentaban al momento de su designación como
integrantes de la citada "Comisión de Evaluación", las personas
siguientes:

- RICHARD CHARLES WEBB DUARTE
- CECILIA BLONDET MONTERO
- JORGE GASTÓN GARATEA YORI
- ANA BEATRIZ BOZA DIBÓS

2) El Título Profesional Universitario y habilitación por el colegio
correspondiente que ostentaba el señor Presidente del Consejo de Ministros
Yehude Simón Munaro, a la fecha de la refrenda de la citada Resolución
Suprema Nº 311-2008-PCM.

Sin otro particular, me suscribo de ustedes.

Atentamente,

VÍCTOR HUGO SEGOVIA TORRES
Ciudadano Peruano DNI Nº 09138517
Abogado, Reg. CAL Nº 15185
Dirección: Casilla 7138 del Colegio de Abogados de Lima
Av. Santa Cruz 255 Miraflores, Lima 18.
Correo electrónico: vsegoviat@cal.org.pe

Friday, November 14, 2008

¿También habas en Salud?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
14-11-2008

¿También habas en Salud?

En el ministerio de Salud se convocó para el Nuevo Instituto Nacional
de Niño, el 6-10-2008, la licitación pública internacional
OSP/PER/206/970

Participaron 33 empresas que compraron las bases pero sólo cinco se presentaron.

A pesar de las semanas transcurridas la UNOPS no ha comunicado ninguna
decisión y el silencio ha sido sepulcral. Cuando las empresas
participantes en uso de su legítimo derecho a estar bien informadas,
recaban la misma, las autoridades sólo atinan a decir que "ya
avisarán". Lo terrible es que las firmas tienen que sostener los
intereses de la carta fianza por US$ 200 mil y presentadas para esta
exclusiva licitación.

Firmas que se presentaron:

1.- INYPSA de España

2.- Consorcio Hospitales Lima-BM3-Argeo-Sucomex (Grupo Canaán )

3.- Consorcio San José Perú - I Cuatro - Fortluck (cuestionada ) este
es un consorcio que RA aparentemente la presenta en caso de fracasar
la (2) San Jose de España está ligada a OHL Obregón Huarte Layn firma
que está en jucio con el ministerio público de España, mientras que a
Fortluck le han sido anuladas las concesiones en Brasil

4.- Consorcio HLC. Hemocol ltda. -Lincoln-Colsanitas, todas empresas
colombianas, no hay informes de estar involucrada en algo.

5.- Consorcio OHL y Global Dominion (Obrascon Huarte Layn ) juicios
del Ministerio Público de España, otra demanda de la ciudad de
Barcelona, demanda del Gobierno de Costa Rica, anulacion de
consesiones por parte del Brasil.

- El actual director de Unops es el Dr. Giuseppe Mancinelli uruguayo,
quien nunca atiende, salvo a sus amigos

- El Minsa no ha podido calificar el aspecto técnico porque no se le
ha entregado los expedientes enteros, solo un resumen.

- La intención es declarar desierta la licitacion, significa la
perdida de identidad nacional y gubernamental debido a la necesidad
latente de contar con el mencionado nosocomio para la atencion de los
niños que hasta hoy en día no pueden atenderse, el presidente de su
propia boca declaró que de todas maneras sacaba adelante el Instituto
del Niño y lo tomó como bandera politica. El perjuicio económico está
en que los precios siguen subiendo por lo que el costo del hospital en
vez de ser de S/. 180-190 millones, la próxima vez sobrepasará con
holgura los 200 millones de soles, socialmente la desatención de los
niños se incrementará con todas las consecuencias del caso, dado que
el paciente que no es atendido oportunamente incrementará su riesgo de
vida en forma algebraica, por lo tanto el costo social será mayor,
etc.

Es obvio que declarar desierta la licitacion le conviene a las
empresas cuestionadas, ya que pueden presentarse con otro nombre. Buen
juego.

¿O sea que, según el informe cuyos datos fundamentales he extraído,
estamos frente a otro negociado? ¡Qué verguenza y debían meter en la
cárcel a estos traficantes de influencias!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Wednesday, November 12, 2008

¡Qué sociedad tan estúpida!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
12-11-2008

¡Qué sociedad tan estúpida!

¿Desconoce alguien o puede negar en Perú que el montesinismo, esa
pseudo-cultura de soplones, extorsionadores y hampones que se
presentan como periodistas, investigadores o moralizadores, ha
triunfado imponiendo con Vladi preso, en todos los aspectos de la vida
del país su fetidez "doctrinaria"? Que el titular del Interior, hombre
que debe tener un IQ (cociente de inteligencia ultra-deficitario), le
diga a la gente que no hable por teléfono es un sainete o una broma de
mal gusto, en modo alguno un gesto razonable o de un ministro de
cartera tan importante. Se explica así que el muelle prófugo Rómulo
León no sea encontrado y protagonice una truculenta historia que no es
más que la vulgar crónica de la pelea de monreros exponiendo sus
miserias de modo público.

¿O sea que la sociedad debe someterse a lo que capituleros "imponen"
como tema de la agenda esencial del país cuando a no pocos asalta la
sospecha que las peleas entre rufianes son menú cotidiano de estos
delincuentes? Sólo sugerir que no se use el teléfono para lo único que
sirve, constituye la demostración más palmaria que los retrasados
mentales han vuelto por los fueros. Y que los miedos de comunicación
armen polémicas o discusiones para "opinar" sobre lo que es un delito
de chantaje usado según los apetitos, no es más que una impostura y
mayúscula.

Es que la mentira institucional que vive Perú tiene los ingredientes
indigestos de tan lamentable cocción: políticos animales y cuasi
iletrados; periodistas mermeleros al servicio de grupos económicos y
grandes regaladores del patrimonio nacional. Un sólo ejemplo: lo
transmitido por Cuarto Poder el domingo sobre la coladera que es el
Aeropuerto Jorge Chávez en el tema de drogas, debiera ya haber
generado, de oficio si cabe el término, un severísimo caso en que la
empresa concesionaria, al margen de las payasadas del
asalariado-vocero Luis Vargas Valdivia, que habla porque le pagan para
eso, debiera estar investigada ¡al milímetro! LAP, Lima Airport
Partners, maneja el Aeropuerto como coto de casa privado e impide la
labor policial como ésta ha dicho muchas veces. Entonces ¿cómo es que
no tiene responsabilidad en el tiovivo del narcotráfico que se estaría
produciendo en cantidades asombrosas en el primer terminal aéreo de la
nación? ¿cuántos periodistas han señalado el asunto y lo han hecho
materia, leit motiv, jalón fundamental de sus quehaceres? Para ellos
sólo hay la pestilente, antes y después, secuela que sigue a los
petro-audios novela en absoluta devaluación.

Tantos años de estupidización masiva han convertido a la "opinión
pública" en repetidora de verdades a medias o fantasías absolutas. Se
reputa como morales a sinverguenzas que ayer nomás trabajaban como
palurdos procuradores del delincuente Kenya Fujimori. Entre esos hay
ex ministros, políticos chilenófilos de la rabanería caviar pro-yanqui
y hasta aprovechadoras de la cosa publica como ocurre con una ex
ministra tapadora de las violaciones de su hijo. Y nadie, salvo
excepciones puntuales, empuja lo que debiera ser corrección y limpieza
contra los fautores de estafas y delitos. Que tengan prensa adicta y
turiferaria sólo da cuenta de los entuertos comerciales y extorsiones
con ese propósito. Y nada más.

¿Cómo puede una sociedad tan boba admitir la estulticia de un
individuo que no acierta una como es el caso de Ernani en Interior?
Decir lo que expresó es una barbaridad contra-natura porque atenta
contra los principios fundamentales de la dignidad irrenunciable que
tienen los derechos. Sólo los esclavos pueden someterse al imperio de
los ladrones o de jueces delincuentes que quieren meter a la cárcel a
los incómodos. Y habemos algunos de esa raza indomeñable.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Tuesday, November 11, 2008

¿Existen los partidos políticos?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
11-11-2008

¿Existen los partidos políticos?

Ni fiscalizan, ni asumen la defensa política en las calles, oficinas,
proyectos o tienen alguna importancia en cualquier decisión, los
partidos son etiquetas, algunos muy añejos, que caminan paquidermos
rumbo al suicidio y con vocaciones auto-destructivas incomprensibles.
Ni siquiera llegan a fraternidades vinculadas a la querencia común de
cánticos o historias porque se da el caso curioso que no conocen sino
referencias maquilladas y las voces más importantes se refieren a
hechos que lindan con actos delictivos. Si estuvieron en Palacio, la
falta o desaparición de fondos, la profusión de favoritismos y el
cohecho signan su paso; si son parte de las organizaciones de nuevos
gángsteres, su colaboracionismo con las transnacionales y la potencia
norteamericana indisimulable, les señala como engranaje del sistema
aunque muy bien rentados y con caparazones que hablan de derechos
humanos y temas similares. No obstante el asunto delicado es que no
construyen patria o tejen urdimbre social que reconozca elan desde la
base y ajena a los dólares compra-conciencia o a los dineros públicos.
Los partidos políticos no existen y son más bien clubes electorales o
usinas de tecnócratas.

Por razones de largo exponer superiores al propósito didáctico del
presente texto, el peruano tiene una tara congénita: le encanta ser
parte de la mentira colectiva que se llama Perú. Evolucionamos sobre
los discursos de orden que fabrican, a veces con huachafería
autosuficiente y con llamadas irreales al patriotismo, optimismos,
alegrías e irresponsabilidades, sin embargo sabemos que 85% de cuanto
se dice es falso. Los referentes morales no lo son, las autoridades
intelectuales se venden al mejor postor, los informadores obedecen a
la mediocridad y su fuente de sabiduría es la mermelada y entonces los
soplones como Montesinos triunfan y la sociedad vive enfangada en
escandaletes, audios y vídeos. Y hay hasta "polémicas" que no quieren
llamar a los farsantes y delincuentes como hampones que son y
mercenarios al servicio de grupos económicos. Desde siempre el peruano
ha oído la mentira, la asimila, introduce en la vida cotidiana y la
reputa parte de su realidad (aunque sea falsedad que todos huelen).
Por tanto ¿qué clase de "infamia" es decir que no existen los partidos
políticos?

Bien ha anotado el politólogo compatricio, avecindado desde hace
varios lustros en México, Eduardo Bueno, que los partidos se
enajenaron su propia razón de ser al destruir la democracia interna,
la comunicación y en lugar de proponer salidas de altísima calidad e
imaginación política, trocaron en manantiales de adefesios
oligárquicos premunidos de un sentido elitista, blanco y anti-cholo.
¿De qué se trata la sublime imbecilidad de eliminar el voto
preferencial, única manera en que la gente puede escoger con quién
simpatiza y a quien vota y declina al impuesto por el partido porque
tiene dinero, amigotes o es cómplice de los altos jerarcas de cada
agrupación? Los pretextos pueden ser múltiples, pero el sentido de
jugar al caballazo y de buscar ventajismos para los que están, de un
modo u otro, en la cosa pública, es inolcultable. Cuanto que
vergonzoso. ¿Cómo salvaguardar la democracia si ésta presume de la
participación masiva y no exclusiva?

Carentes de cualquier amalgama fidelizadora de contenidos
doctrinarios, propuestas económicas, conceptos del cambio social,
historia legítima y no edulcorada, análisis geopolítico y en múltiples
dimensiones; huérfanos hasta el escándalo de conocimientos sobre el
mundo contemporáneo, pobres en cualquier exégesis, las castas
políticas de todos los grupos que se llaman partidos no podrían estar
en una situación más calamitosa. Cierto, poseen y manejan cuanto que
exhiben el marchamo, pero la entelequia no resiste ningún análisis
exhaustivo. Los clubes electorales sólo suministran cuadros o
burócratas, pero no tienen ningún peso en la marcha del Estado. La
maquinaria del gobierno tiene un designio episódico que dura el lustro
en Palacio. Luego viene cualquier otro a seguir el modelo y los que
llegan se dan la mano en la complicidad silenciosa con los que se van.
Se genera así un equivocado y aberrante espíritu de cuerpo que tapa
delitos y monras. Se suelda el "cuerpo" burocrático con babas no con
sólida mezcla garantizadora de edificios futuros. ¿Sabe de gerentes en
la cárcel o de ex funcionarios a los que todos reputan como vulgares
rateros, tras las rejas?

La convocatoria a superar a González Prada caminando más allá de lo
admonizado por el maestro cuando bombardeó el país con sus flamígeros
escritos, parte de un enunciado simple: si el agente revolucionario,
denuncia la estagnación, también debe –es inevitable- ser parte del
cambio. Por tanto, evolucionemos dando los enormes pasos que
constituyan, aterricen o formalicen nuevas propuestas o conjuntos
políticos que eviten los yerros y taras actuales y eleven la política
nacional del actual fango hacia hacia las trompetas de Jericó que
derrumben muros de inmoralidad y obsecuencia. ¿Es mucho pedir? No lo
creo.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Monday, November 10, 2008

Jorge Chávez: secretos y coladeras

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-11-2008

Jorge Chávez: secretos y coladeras

Son insuficientes, anodinas, resienten la pátina de excusa, las
expresiones del abogado perseguidor de periodistas Luis Vargas
Valdivia, súbitamente convertido en vocero de la empresita
concesionaria del Jorge Chávez, Lima Airport Partners, LAP. Diga lo
que diga, eche la culpa a quien quiera, el primer terminal aéreo del
Perú es una coladera en que entran y salen decenas de toneladas de
drogas y en que hay secretos que nadie quiere preguntar aunque todos
saben cómo funciona, como un Estado dentro de otro Estado, la
concesión que ganó en carrera de un sólo caballo, LAP. Y lo que ayer
fue prédica de algunos pocos, casi contados con los dedos de la mano,
hoy es credo, convicción, absoluta verdad que nadie puede negar: algo
pasa y muy oscuro en este ámbito cuasi regalado a una empresa que sólo
atina a procurar que suba la tarifa aeroportuaria pero que NO invierte
de la suya. ¿O sí?

El sábado en La Primera una sólida crónica de Raúl Wiener pasa revista
a cómo es que la concesión del Aeropuerto Jorge Chávez tiene vicios
desde la génesis y cómo en aquel tiempo desde Dignidad, el 2002,
lográramos una Comisión Investigadora del Congreso que, como buen
Parlamento, terminó dando patente de corso a la concesionaria con
deterioro de la condición jurídica del pueblo y su patrimonio. Afirma
Wiener cómo es que antiguos servidores amables, obsequiosos y rentados
de la dictadura delincuencial de Kenya Fujimori, de repente, cambiaron
de bando y empezaron a llamar a sus antiguos patronos como parte de
una dictadura (a la que ellos servían cordialmente) y de cómo se
manejó el intríngulis del entuerto. Para no cansar al lector hay que
señalar que Wiener no olvida al autor de estas líneas y consigna
nuestra participación, entonces y hoy, en estos emocionantes capítulos
en defensa del país. ¿Contestará LAP o guardará silencio como ha hecho
durante largos años por falta de argumentos? ¿O enjuiciará penalmente
por difamación agravada también a Wiener como lo ha hecho en dos
oportunidades con quien esto escribe?

El domingo Cuarto Poder en Canal 4, lanza al aire y vía imágenes,
duros cuestionamientos a la concesionaria. De pronto el perseguidor de
periodistas Luis Vargas Valdivia aparece como vocero de LAP cuando hay
sospechas que nadie quería asumir en público el papelón que al señor
de marras le es muy sencillo porque su vida discurre en esta clase de
histrionismos. Los largos minutos en que se camina por las
imperfecciones que han hecho del Aeropuerto Jorge Chávez un tiovivo en
que los reyezuelos del narcotráfico pasan, importan y exportan su
mercadería a vista y paciencia de las autoridades de LAP es innegable.
La PNP, no una sino múltiples veces, ha dicho con claridad meridiana
que la empresa no permite el buen desempeño profesional de los
uniformados y que, ayer lo repitieron, cuando se franquea el acceso,
los altavoces anuncian a voz en cuello quiénes son y para qué vienen.
¿No parece una estupidez mayúscula avisar a los narcos para que tomen
sus previsiones en sus cuitas de "negocios"? ¿quién responde por esto?
Vargas puede decir lo que se le ocurra, para eso le pagan. No obstante
hay un daño terrible y envilecimiento gigantesco a un terminal aéreo.

Una sola es la pregunta que no hace nadie y por razones, si es que
alcanzan a serlo el conjunto de pusilanimidades elusivas, y que trata
sobre ¿qué ha ocurrido con los empleados de Lima Airport Partners y
Swissport, capturados en temas de narcotráfico en el Jorge Chávez,
meses atrás? Se da cuenta de otras firmas, se abunda en detalles
puntuales de otros acapites pero todos se cuidan muy mucho de
cuestionar a las dos empresitas que tienen la responsabilidad de ¡nada
menos que 13 aeropuertos! ¿por qué sucede esto?

Según el estudio técnico elaborado por el abogado y ex presidente de
Corpac, Julián Palacín, desde el 2001, la tarifa aeroportuaria no
debía superar nunca los US$ 25, sin embargo LAP insiste hasta la
majadería porque se suba el cobro, montos con los que se financian–o
debería hacerse- algunos servicios como los de protocolo y prensa. Ya
hemos visto cómo el dominicano Canaán se paseaba como Pedro por su
casa, hecho que nadie pregunta a LAP y que la oficina de prensa ¡no
existe! Estos cuestionamientos tampoco debían ser pasados por alto.

Una coladera con más huecos que un queso es el Aeropuerto Jorge
Chávez. LAP o sus voceros no pueden tapar tamañas irregularidades. Las
cortinas de humo para la expropiación de otros terrenos tampoco
disimulan las prisas actuales. El silencio impresionante desde Ositran
y el MTC, señaladamente Lan ministra Verónica Zavala, son parte de
este desaguisado sobre el cual el pueblo peruano empieza a comprender
sus más oscuros rincones. Y la garrulería de abogángsteres no sirve de
nada frente a hechos contundentes y nocivos.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.voltairenet.org/es
hcmujica.blogspot. com
Skype: hmujica

Friday, November 07, 2008

¡Superemos a González Prada!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
7-11-2008

¡Superemos a González Prada!

Desde el saque el titular reta, golpea, solivianta. ¿Cómo así que
superar al maestro inmortal y al espíritu levantisco cuasi conciencia
rebelde, ayer y hoy, del país? Seamos justos y puntuales. Más allá de
la feroz crítica, no pudo ir más hacia adelante don Manuel. No le
alcanzó el tiempo, tampoco eran las comunicaciones como hoy. Y el Perú
–en eso sí seguimos estancados- persiste en un mosaico impresionante,
desunido, fragmentado y sin líderes. Las castas políticas hieden, los
capituleros abundan, los logreros presiden el menú cotidiano del
asalto a la faltriquera que aquí se llama presupuesto nacional.

Cuando propongo la reflexión en camino a ser prédica diaria, es decir
en catecismo no religioso –aunque eso desafíe la propia definición- lo
hago porque en Perú la desidia popular permite la actuación de
patibularios en la cosa pública. Si no fuera de ese modo, muchos
prontuariados ya habrían dado con sus huesos en las cárceles y no
estarían como están hoy detrás de escritorios, cobrando sueldos a la
nación y "personificando" al país. Doy un ejemplo incontestable: desde
hace más de 72 horas se vienen dando informaciones internacionales de
cómo personal de Lan –aerolínea que opera aquí- ha sido capturado en
Barajas, España en posesión de drogas. ¿Qué ha hecho Lan ministra
Verónica Zavala? Recuérdese que a Aerocóndor la empujaron a la quiebra
y no fueron pocas las multas y cierres que debió afrontar esa empresa
con 600 trabajadores peruanos. ¡Por supuesto que Lan ministra no ha
hecho nada! ¿Y por causa de qué todo el mundo calla? Es que no nos
hemos impuesto el reto de romper el pacto infame y tácito de hablar a
media voz. Y esa funcionaria tiene tras de sí el ominoso pasado
vergonzante de haber sido encontrada por la Contraloría General de la
República como pasible de acusación penal por haber usado el dinero
del Estado en depósitos a un banco que luego quebró. ¡Y el presidente
García, en otra de sus abundantes inexactitudes, tiene el desparpajo
de ratificarla en el cargo cuando su lugar es ante un tribunal y
eventualmente en la cárcel!

¿Existen los partidos políticos? Son clubes electorales. Usinas que
proporcionan técnicos o panzones funcionales al Estado, pero en modo
alguno, alfiles de la revolución constructiva de que hablaba hace más
de 50 años Manuel Seoane y que empezó tempranamente una prédica hoy
olvidada por quienes se reclaman sus alumnos. Hay una diferencia
enorme entre las tribus caníbales que abundan en la cosa pública,
esperpentos fagocitadores y cancerosos de cualquier esfuerzo y las
fraternidades calurosas que construyen naciones al amparo de los
fueros de la decencia, dignidad y solemne virtud para forjar un país.
No son lo mismo tropas de capituleros angurrientos que combatientes de
insobornable decisión y ansias de victoria. ¿Hay que refundarlos? Pero
¡si no existen! Verbi gracia: hay que crearlos superando a González
Prada que admonizaba que no era bueno "tomar a lo serio cosas del
Perú".

Fundamental resulta advertir que la opinión libre no puede hallar
ataduras ni cortapisas. El que dogmatice camina hacia la entelequia.
El que crea que sus verdades son apodícticas, transita hacia la
estupidez. Y las naturalezas muertas no crean ni edifican, sólo
apestan y envilecen. Por desgracia en Perú sólo hay la lectura de
infortunios y desgracias. Pero es hora de trocar la sentencia atroz en
que discurría don Manuel para convertirla en acicate, espoleo, látigo
y furia hecha creación genuina, heroica y revolucionaria que
constituya el baluarte de la reconstrucción nacional. No es pigmeo el
reto. Sin embargo, tampoco debemos desdeñar la posibilidad de
volvernos gigantes como lo fueron los incas y los preíncas. ¿No es
aquello posible?

Por tanto vuelvo a la génesis y al introito: ¡Superemos a González Prada!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Thursday, November 06, 2008

Bolívar Ulloa y la oportunidad perdida

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
6-11-2008

Bolívar Ulloa y la oportunidad perdida
por embajador Félix C. Calderón
febrero 2008

I n d i c e

1.- Introducción

2.- La presencia paterna

3.- El trueque de Leticia

4.- Tras las huellas del padre

5.- La oportunidad perdida

1.- Introducción

El Embajador Bolívar Ulloa fue parte de esa generación de peruanos que
advino al mundo en circunstancias que el Perú estaba, por fin, en
trance de definir sus fronteras. Fue, pues, una generación con el
patriotismo a flor de piel no solo por el influjo de la familia; sino
por el imperio de las circunstancias.

Fue la generación que vivió el drama del plebiscito, sin resignarse
del todo a la pérdida de Tarapacá y Arica, al mismo tiempo que
martillaba en su memoria las secuelas de la infausta guerra, grabada
en algunos de ellos con trágicos recuerdos. Fue la generación que al
llegar a la adultez cayó en la cuenta de que el Perú había dejado los
precarios statu quos con cuatro de sus cinco vecinos, gracias a la
obstinación de ese estadista, injustamente postergado, como fue don
Augusto B. Leguía Pero, esa generación fue también desafiada por lo
que muchos en el Perú consideraron chauvinistamente como un despojo,
cuando se supo que en virtud del Tratado Salomón-Lozano, Leticia era
reconocida como colombiana, creándose de esa forma una solución de
continuidad territorial para el Perú en su tránsito amazónico. En fin,
fue la misma generación que ya en puestos de responsabilidad, luchó
con bravura o siguió con orgullo los avances de su ejército victorioso
en el conflicto de 1941. En pocas palabras, fue una generación llamada
a llenar el siglo XX con su accionar nacionalista y testimonio de fe
en el Perú y, tal vez, la última con un patriotismo republicano
militante que bregaba con el siglo XX, que es cuando volvieron a
renacer las esperanzas.

A continuación, veremos cómo Bolívar Ulloa encarnó su época e hizo
honor a esa generación galante. Sin embargo, el carácter esencialmente
biográfico de este opúsculo servirá de marco para explicar dos hechos
inéditos que ameritan ser puestos al descubierto. Uno que se refiere
al "Chinchorro" peruano en Leticia, que es una historia cuasi oculta;
y el otro que se guarece en el olvido y tiene que ver con la génesis
del incidente que entre julio y octubre de 1943 se tradujo en la
suspensión de los trabajos demarcatorios en la frontera
peruano-ecuatoriana, con todas las serias consecuencias que esto
acarreó a la relación bilateral por más de cincuenta años.
2.- La presencia paterna

Un hijo es producto de sus padres en tanto que, como genoma, recibe
material genético de ambos que lo vincula directamente con sus
ancestros. Pero un hijo es, además, hechura cultural de sus padres en
el sentido que, por regla general, su primer círculo concéntrico de
referencia social son ellos. De sus padres asimila el idioma, sus
costumbres, valores, preceptos y hasta sus gestos o ademanes. Es
decir, también adquiere a través de ellos el complemento cultural de
ese basamento hereditario que comparte con ellos. Pues bien, Bolívar
Ulloa no fue la excepción a esta regla. Su fisonomía tradujo
magistralmente la de sus padres, al igual que su manera de ser y la de
comportarse, constituyendo la feliz simbiosis del patriotismo
trepidante del padre con el retraimiento y la frugalidad pertinaz de
la madre.

Luis Ulloa Cisneros, un hombre a caballo entre dos siglos, fue hijo de
don Casimiro Ulloa de impronta huanuqueña. De este ilustre precursor
de la Psiquiatría en el Perú, Luis Ulloa heredó su apego a la
investigación y un profundo amor por la patria. En 1897 fue enviado a
España como Encargado de Misión del Gobierno del Perú en los Archivos
de España y Bibliotecas de Europa. Poco tiempo después de llegar a
Europa, conoció a doña Blanche Pasquette Saints, una mujer decente y
tranquila de Borgoña, con quien contrajo pronto matrimonio, cuando
frisaba los treinta años. Fruto de esa unión fue Luis Bolívar,
agraciada y frágil criatura de fácil sonrisa que solo endulzó por
escaso tiempo el hogar Ulloa-Pasquette, por cuanto la muerte lo
arrancó de los brazos de sus padres antes de cumplir los dos años.
Luis Ulloa sintió profundamente esta pérdida inesperada. De ese
infortunado hijo primogénito llegó a decir, días después de su
desaparición, en enero de 1902: "Desbordose tu forma en la Idea, no
cupo tu idea en la Forma." (Archivo Bolívar Ulloa-Ministerio de
Relaciones Exteriores).

En 1905, Luis Ulloa regresó a Lima con su esposa. Su misión había
terminado y se aprestaba a incursionar en el ambiente académico de
esta capital. Se afincó en Barranco donde vivió hasta 1919, año en que
emprende otra excursión investigadora al viejo mundo. Bolívar Ulloa
nace el 5 de junio de 1909. Marcados por el triste recuerdo de su
primer hijo, era natural que ambos padres volcaran todo su afecto en
este inquieto niño de grandes ojos y mirada profunda que comenzó a
descubrir el mundo abriéndose paso entre los libros de su padre y,
cuando no, subyugado por su locuaz verbo y sus maneras de gentleman.

Luis Ulloa fue Director de la Biblioteca Nacional en la época en que
Jorge Basadre hacía notorio su interés por la historia republicana. Y
tuvo en Porras Barrenechea y Víctor Andrés Belaúnde a dos leales
admiradores, llegando este último a reconocer públicamente que en la
cuestión de límites con Bolivia la mayor parte de los documentos y
mapas que respaldaron, en su oportunidad, la posición peruana fueron
encontrados y copiados en Europa por "el insigne investigador e
historiador Luis Ulloa."

Bolívar Ulloa hizo sus estudios primarios en Barranco, en el Colegio
Alemán de la calle Rospigliosi. No tenía apenas diez años cuando
sintió el llamado del deber, aquella vez en que paseando de la mano de
su padre, éste se paró de súbito en una esquina y mirando hacia una
ventana le dijo en un tono ceremonioso que allá en ese segundo piso
tenía a un hermanito por quien debía velar en el futuro, como en
efecto lo hizo el obediente hijo. Y es que Luis Ulloa no era un hombre
de medias tintas. Fue ese año, 1919, en que llevado, al parecer, por
su furibundo anti-civilismo, decidió fundar el Partido Socialista en
defensa del proletariado, el cual rápidamente recibió pedidos de
adhesión, tal como lo atestigua la carta que desde Arequipa le
remitiera José Ma. Ugarteche, el 24 de marzo de ese año.

El segundo periplo de Luis Ulloa a España y Francia se inicia en 1919,
como ha quedado dicho, y lo hace en compañía de su esposa, a quien
llamaba cariñosamente ma chére petite mignone o ma petite Blanche
idolatrée, y del mozalbete Bolívar, presto a comenzar los estudios
secundarios en el Lycée Roland. En un primer momento, hasta 1922,
estuvo otra vez en calidad de Encargado de Misión del Gobierno del
Perú en los Archivos de España y Bibliotecas de Europa. Pero, desde
1923 y muy en particular desde el año siguiente, Luis Ulloa permaneció
en España y Francia en calidad de exiliado, hasta su muerte de un
ataque cardiaco, en febrero de 1936, en Barcelona. Llegaba así a su
término una febril actividad tanto intelectual como política, de la
cual su hijo guardó con recogimiento hasta sus últimos días numerosos
recuerdos. Entre sus trabajos, causó sensación en España y en este
continente su tesis que hacía de Cristóbal Colón un catalán. Asimismo,
se embarcó en una serie de investigaciones históricas que debían ser
publicadas en España.

Sin embargo, lo que mayormente absorbió su tiempo y gran parte de sus
fuerzas a partir de 1923, fue su frontal oposición desde París al
Gobierno de Augusto B. Leguía. Mantuvo por esa época un intercambio
epistolar con el entonces General Oscar R. Benavides que se encontraba
deportado en Guayaquil y no cesaba en su intento de conspirar contra
Leguía. Es muy posible que el Manifiesto que Benavides hiciera
circular en Lima en 1924, oponiéndose a la reelección de Leguía fuera
sugerido por Luis Ulloa. Al año siguiente, Ulloa publicó en Barcelona
La verdad sobre el arbitraje de Washington-Cartas al Dr. Solón Polo, y
desde París: De cuerpo entero-Algunas pruebas de la traición de D. A.
Bernardino Leguía, en un estilo que, hoy en día, sería calificado de
panfletario, por su dureza y una mordacidad de antología contra el
régimen de Leguía.

Cuando muere Luis Ulloa, su hijo ya había culminado sus estudios de
Historia, Geografía y Filosofía en la Sorbona de París. Conocía el
griego y el latín, además del español y el francés, y se aprestaba a
trabajar en Francia. Empero, en esa hora aciaga, tuvo más presente que
nunca la arenga de su padre de que su sitio era el Perú. Por eso,
formado como estaba Bolívar Ulloa en un hogar donde el patriotismo se
mezclaba con la ternura y la exaltación, decidió regresar a Lima con
su madre, una sencilla y discreta mujer que carecía de la pasión por
los viajes, como buena francesa de provincia. Sentía compulsivamente
el joven Ulloa la necesidad de ocupar un puesto en la trinchera de los
defensores de la heredad nacional. Y a ello se abocó con pasión, con
esa misma febrilidad de su padre, aunque con la modestia de su madre,
haciéndose en cierta forma prisionero de las fronteras del Perú. Es de
imaginar el impacto que produjo en el adolescente Bolívar el ardor y
la vehemencia con que su padre denunció el supuesto entreguismo
plebiscitario de Leguía (que visto retrospectivamente no fue tal) y la
llamada claudicación de Solón Polo, que hoy tampoco se puede decir que
lo fue. A fortiori, suponemos que ya adulto, más de una vez Bolívar
tuvo que calmar a su exaltado padre, indignado como suponemos se
encontraba, por lo que apasionada y apuradamente se había motejado
como la entrega de Leticia.


3.- El trueque de Leticia

El modus vivendi que siguió en 1911 al incidente de La Pedrera en el
que fue protagonista el entonces Coronel Oscar R. Benavides, puso en
evidencia la precariedad de las posesiones peruanas al este del río
Putumayo. Adicionalmente, el tratado de límites colombo-ecuatoriano de
1916, mediante el cual ambos países se repartieron virtualmente la
margen izquierda del Marañon-Amazonas, no hizo más que complicarle las
cosas al Perú, por cuanto Ecuador le reconoció a Colombia en virtud de
ese tratado una porción territorial en la margen septentrional del
Amazonas que en la actualidad iría desde Pebas o Pijuayal en el Perú
hasta la frontera con el Brasil. Por lo demás, los mapas editados en
Francia, Alemania y Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX,
y aún antes, tradujeron sesgadamente ese posicionamiento geográfico de
Ecuador y Colombia sobre la margen izquierda del Marañón-Amazonas,
arbitrariamente basado en el Tratado Larrea-Gual, firmado por el Perú
en Guayaquil, el 22 de setiembre de 1829, en pleno derrumbe de la Gran
Colombia.

Dicho en otras palabras, si bien el Perú tenía en 1922 la posesión del
denominado Trapecio de Leticia y ejercía autoridad en su territorio,
no es menos verdad que desde 1822 seguía pendiente la definición de la
línea de frontera con Colombia, juntamente con la de Ecuador, desde el
momento que Simón Bolívar tomó la decisión unilateral de usurpar
Guayaquil y pretender, luego, arrebatarle al Perú, Ayabaca, Jaén y
Maynas, mediante un aprovechamiento desleal de su condición de
dictador supremo. (Véase del mismo autor: Las veleidades autocráticas
de Simón Bolívar:- Tomo I: La usurpación de Guayaquil.- Lima, 2005.-
Tomo II: La fanfarronada del Congreso de Panamá.- Lima, 2007.- Tomo
III: Descodificando la creación de Bolivia.- Lima, 2008). Por lo
tanto, no era casual ni reciente que Colombia y Ecuador, que
aprendieron a actuar concertadamente, persistieran bien entrado el
siglo XX en su pretensión de contar con un acceso directo al río
Amazonas.

Por eso, la obra trascendente del Presidente Leguía consistió en
dividir a los aliados ocasionales para negociar por separado con
ambos, dentro de una coyuntura muy difícil como fue la negociación
preliminar con Chile sobre el arbitraje. Primero con Colombia,
aceptando, en 1922, la cesión de Leticia a cambio de recibir como
contrapartida el triángulo de Sucumbios, valiosa franja territorial de
importancia estratégica para el Perú porque lo colocaba, por el este,
muy cerca de Quito, y de canje, pues años más tarde, fue vital ese
pequeño pedazo de territorio en la negociación del Protocolo de Río de
Janeiro de 1942. (Véase del mismo autor: La Negociación del Protocolo
de 1942: Mitos y Realidades.- Sociedad Peruana de Derecho
Internacional y Academia Diplomática del Perú.- Lima, 1997). Y, a los
dos años, con el Ecuador, porque se concluyó el 21 de junio de 1924,
el Protocolo Castro Oyanguren-Ponce, en virtud del cual los dos
Estados se comprometieron bonna fide a establecer el procedimiento
para llegar más adelante a una solución definitiva de su controversia
limítrofe.

Por cierto, ninguno de los iracundos opositores de Leguía, incluyendo
a Luis Ulloa, estuvieron al tanto de los esfuerzos secretos del
mandatario para sacrificar de ser el caso el Tratado Salomón-Lozano,
tan pronto el mecanismo del laudo arbitral del presidente
estadounidense Calvin Coolidge se pusiera en marcha. Conviene recordar
a este respecto que meses después de suscribirse en Lima el Tratado
Salomón-Lozano y el Protocolo de Arbitraje y Acta Complementaria con
Chile, el 24 de marzo y el 20 de julio de 1922, respectivamente, el
Gobierno peruano informó reservadamente a su representante en Bogotá,
el 19 de setiembre de ese año, de su intención de gestionar la
modificación de la línea de frontera aceptada en el Tratado
Salomón-Lozano. (Véase del mismo autor: El Tratado de1929. La otra
historia.- Fondo Editorial del Congreso del Perú.- Lima, 2000).

Con posterioridad, el 11 de noviembre de 1924, el Gobierno brasileño
alcanzó a Torre Tagle un memorando en el que señalaba que con el
acceso colombiano al Amazonas, de conformidad con el Tratado
Salomón-Lozano, se había modificado el status territorial del río
Amazonas sin haber oído al Brasil. El Perú que no veía con malos ojos
esa objeción, propuso una negociación tripartita en Washington. Y no
es ninguna coincidencia que la solución a este último impasse se
diera a través de un procès verbal suscrito por los representantes de
los tres países el mismo día que el Presidente Coolidge firmara el
laudo arbitral, el 4 de marzo de 1925.

Si bien el 30 de octubre de 1925 el Congreso colombiano aprobó el
Tratado de 1922; un mes más tarde, sin embargo, el Presidente Leguía,
le confesó sin ningún empacho al Embajador estadounidense en Lima,
Poindexter, que el tratado de límites con Colombia no sería examinado
por el Congreso peruano hasta que no se hubiera resuelto primero el
asunto del plebiscito de Tacna y Arica, con lo cual el fantasma del
linkage se hizo evidente para los Estados Unidos. (Ibid.).

Más aún, de manera previsora, ese mismo mes de noviembre de 1925,
concretamente el 20 de noviembre, el Gobierno peruano autorizó la
definición de los linderos y luego la colocación de mojones de la
denominada hacienda "Victoria" en Leticia, prima facie de propiedad
de Enrique A. Vigil Chopitea y con una extensión de 550 hectáreas. El
título de propiedad fue expedido por el Ministerio de Fomento peruano
el 15 de abril de 1926. Es decir, no obstante que el Tratado
Salomón-Lozano había sido ya ratificado por Colombia, en un hecho
histórico que ha permanecido en la sombra por mucho tiempo, el
Gobierno de Leguía decidió regularizar, en 1926, en el corazón de
Leticia, la propiedad de un ciudadano peruano que no le era
desconocido.

Esta especie de "Chinchorro" peruano en Leticia, que pudo haber sido
un valioso enclave estratégico del Perú en dicho triángulo, fue
desgraciadamente vendido por Enrique Vigil al Capitán de Fragata Oscar
Mavila, el 6 de agosto de 1936. Pero, mediante un documento de
carácter privado que se guarda celosamente en el Archivo Central del
Ministerio de Relaciones Exteriores, Mavila dejó constancia que había
actuado en nombre del Gobierno peruano, utilizando con ese fin un
dinero que salió del pliego presupuestal de la Cancillería. Gobernaba
el Perú Oscar R. Benavides, era canciller Alberto Ulloa y Secretario
General de Relaciones Exteriores Enrique Goytizolo Bolognesi. Lo
paradójico del caso reside en que al año siguiente, la hacienda
"Victoria", el "Chinchorro" peruano en Leticia, fue vendida por el
Perú a Colombia, a través del representante colombiano en Lima.
(Archivo Augusto B. Leguía-Ministerio de Relaciones Exteriores).

El Congreso peruano ratificó el Tratado Salomón-Lozano recién el 20 de
diciembre de 1927, en circunstancias que ya era evidente el afán de la
diplomacia chilena de procurar un arreglo directo sobre la suerte de
las "Cautivas", en vez del proceso plebiscitario que lo estaba
llevando a una derrota moral y jurídica. Para el efecto, buscó la
cooperación del Secretario de Estado Kellog (Véase el libro antes
citado: El Tratado de 1929. La otra historia).

Durante el injusto y arbitrario proceso que se le siguió a Leguía (el
único Presidente del Perú que murió envilecido luego de estar preso en
el Panóptico) en el Tribunal de Sanción Nacional, fue llamado a dar su
testimonio Julio Arana, feroz opositor del defenestrado Presidente por
tener intereses caucheros en el Caquetá, quien no escatimó en
reconocer que el Dr. Salomón le había manifestado años atrás el
interés prioritario del Gobierno de Leguía de terminar con la cuestión
de límites con Chile, para lo cual resultaba indispensable poner fin
al diferendo territorial con Colombia y de ser posible con Ecuador, a
fin de neutralizar a estos países y tener más fuerzas en las difíciles
negociaciones con el vecino del sur. También recordó Arana que, en
opinión del Dr. Salomón, hubo cierta presión de parte de los Estados
Unidos para que fueran terminados los arreglos con Colombia antes de
que el Presidente Coolidge emitiera su fallo arbitral.

En pocas palabras, no hubo entreguismo ni traición en la supuesta
cesión de Leticia. Primero por que este triángulo territorial no había
sido previamente reconocido como peruano por Colombia; por lo tanto no
se puede "ceder" lo que otros consideran que no le pertenece a uno.
Segundo, porque más que una supuesta cesión fue, en realidad, un
trueque, en tanto le permitió al Perú adquirir Sucumbios, cuya cesión
al Ecuador en 1942 hizo posible la conclusión del Protocolo de 1942.

Ergo, la corajuda decisión de Leguía, recién materializada en 1927,
fue a no dudarlo una decisión oportuna, inevitable y pragmática,
propia de un estadista; enfrentado como estaba el Perú a las amenazas
combinadas de tres de sus vecinos, y ante la presión interesada y
dosificada que ejercían los Estados Unidos. Por el contrario, lo que
sí parece discutible, históricamente hablando, es la apresurada
decisión del Gobierno de Benavides de haberse desprendido en 1936 del
"Chinchorro" peruano en Leticia (la denominada hacienda "Victoria");
por cuanto no estaba obligado a ello ni el contexto bilateral lo
exigía imperiosamente.

4.- Tras las huellas del padre

Volviendo a Bolívar Ulloa, su decisión de regresar a Lima la comunicó
a Raúl Porras que se encontraba en Madrid y con quien había entablado
una enriquecedora amistad. En una carta fechada en febrero de 1936,
Bolívar Ulloa le decía a Porras que regresaba al Perú para "desvanecer
el olvido que rodea(ba) sus mejores esfuerzos históricos peruanos (de
su padre) y también para continuar su obra con las orientaciones por
él recibidas." Porras le respondió el 10 de marzo calificando su
decisión de regresar al Perú de "la más cuerda y acertada",
sugiriéndole, adicionalmente, que enseñara latín en la Facultad de
Letras de la Universidad de San Marcos. Por último, en otra carta
escrita el 24 de marzo, aparte de desearle buena acogida en la capital
peruana, Porras le recomendó que se dedique "exclusivamente a la
cultura y no se meta en política." Consejo que Bolívar Ulloa siguió al
pie de la letra, en abierto contraste con la trayectoria de su padre,
siempre polémico y de extremos. (Archivo Bolívar Ulloa-Ministerio de
Relaciones Exteriores).

Como no podía ser de otra manera, la viuda y su hijo decidieron
instalarse en Barranco, solariego rincón en la vecindad de Lima, de
gran tradición republicana. Ese mismo año, el 7 de octubre de 1936,
cuando era canciller Carlos Concha, ingresó el joven Bolívar Ulloa
como meritorio al Ministerio de Relaciones Exteriores, siendo asignado
a la Oficina de Límites. En abril de 1938 pasó a ser auxiliar técnico,
en 1941 jefe interino, y en 1945 jefe titular, un año después de haber
ingresado al Escalafón del Servicio Diplomático de la República. Más
adelante fue Director del Departamento Político, Diplomático y de
Fronteras, asumiendo inclusive por un breve periodo y con carácter
accidental la Secretaría General de Relaciones Exteriores.

Cuando se negocia en Río de Janeiro el diferendo fronterizo
peruano-ecuatoriano, Bolívar Ulloa, a sus 32 años de edad, se
encontraba de jefe interino de la Oficina de Límites, asumiendo esa
responsabilidad de talla con la misma fibra patriótica de su padre y
la serena perseverancia de su madre. Asesoró directamente al
Presidente Prado en la negociación a distancia del Protocolo
Peruano-Ecuatoriano de Paz, Amistad y Límites, que se suscribiera
finalmente en la madrugada del 29 de enero de 1942 y, casi de
inmediato, se abocó en cuerpo y alma a la complicada tarea de la
demarcación definitiva de la frontera peruano-ecuatoriana, ofrendando
en este descomunal esfuerzo sus más largos desvelos y decenas de
páginas de sucesivos alegatos, sin estar exento de la incomprensión de
ciertos profesionales de la crítica, cómodamente apostados en sus
torres marfilescas.

Paralizada la conclusión de los trabajos demarcatorios en 1951,
Bolívar Ulloa se abocó a partir de entonces, con el mismo celo, a
lograr la reanudación de sus trabajos. Era la época en que mantuvo una
regular correspondencia con Manuel Prado que otra vez acariciaba en
París el proyecto de regresar al poder. Prado siempre apreció el
"fervor patriótico" de Bolívar Ulloa; así como su tan "valiosa, como
irrestricta y leal" colaboración que le ayudó a realizar, como él
mismo lo reconociera en una carta que le remitiera desde la Ciudad
Luz, el 24 de enero de 1949, "la más grande obra por el Perú" durante
su paso por el poder. (Ibid.).

Por eso, cuando Prado regresó a la presidencia de la República en
1956, una de sus primeras preocupaciones fue la de reactivar el
proceso demarcatorio, para lo cual preparó una fórmula con la activa
colaboración de Bolívar Ulloa, concibiendo un plan para involucrar
nuevamente a ese gran estadista brasileño que fue don Oswaldo Aranha.
Fue el Embajador Víctor Andrés Belaúnde quien se encargó de contactar
con ese fin al ex canciller Aranha en Nueva York, en setiembre de
1957, durante el XIII periodo ordinario de sesiones de la Asamblea
General de las Naciones Unidas.

En la carta que le enviara al Presidente Prado dando cuenta de su
misión, el 21 de setiembre de 1957, el Embajador Belaúnde le manifestó
que Aranha le había revelado que consideraba el arreglo de fronteras
peruano-ecuatoriana como "la página más brillante de su carrera."
Asimismo, a primera impresión, dijo que le parecía excelente la
fórmula alcanzada por el Presidente Prado; pero era menester trabajar
con mucha eficacia para solucionar las pequeñas dificultades. Eso sí
decía el remitente, Bolívar Ulloa debía "proporcionar los elementos
técnicos." (Ibid.).

Por esa época, el Embajador Ulloa gozaba de una bien merecida
reputación como historiador erudito en las cuestiones de límites. Si
bien trajinaba por los mismos predios que recorrió su padre, aprendió
a moverse, sin embargo, con discreción y cautela, sin llegar nunca a
ser polémico. Condecorado en varias oportunidades, apreció mucho al
final de sus días la presea de la Orden del Sol que le fuera concedida
en el grado de Gran Cruz, y su condición de miembro de la Legión de
Honor. El 18 de julio de 1963 fue incorporado como miembro de número
de la Academia Nacional de Historia. Fue miembro de la Comisión
Consultiva de Relaciones Exteriores y, por muchos años, profesor de la
Academia Diplomática del Perú, transmitiendo su vasta experiencia
profesional a sucesivas generaciones de diplomáticos, sin contar las
innumerables conferencias que dio en múltiples centros superiores de
estudios. Entre sus trabajos podemos mencionar: "Descripción de las
fronteras del Perú", "Las exploraciones inglesas en el Perú";
"Historia del Congreso de Huancayo"; "El Ejército y la geografía
nacional", "Semblanza de Alberto Ulloa Sotomayor", "Historia de la
Geografía y de los límites del Perú", "Apuntes sobre la historia de
las relaciones entre el Perú y México" y "Las relaciones del Perú con
Colombia", inter alia. También publicó numerosos artículos en el
diario "Expreso".

La muerte de su madre en 1967 fue un duro golpe para este austero
diplomático. Sin embargo, un amor de dimensión distinta germinaba en
su corazón hacía poco tiempo atrás, cuando conoció a doña Tula
Seminario, que pasados los años llegó a ser su esposa. Como ella misma
le ha contado a quien esto escribe, el destino hizo su jugarreta
tomando como pretexto al idioma francés un día que ella fue a visitar
a una de sus amigas a la Cancillería. Un intercambio de frases entre
dos aplicadas estudiantes de la Alianza Francesa fue suficiente para
cautivar a este trabajador empedernido que a partir de ese momento
buscó estimular su existencia con el bálsamo tonificante de la mujer
solícita que descubrió el secreto de comprenderlo a plenitud.

Su esposa siempre vio en él al maestro erudito, al hombre intachable,
dueño de una vida modesta dedicada en exclusividad al servicio de su
patria. No fue un hombre fatuo ni mucho menos engolado ni proclive a
los ditirambos. Vivió apretadamente, quizás con mayor sobriedad que un
fanático franciscano, sin llegar nunca a perder el decoro ni la
dignidad. En su vida privada fue intachable, como también lo fue en su
vida pública. Hijo agradecido y esposo cariñoso y comprensivo, así era
este hombre tranquilo que vivió lo mejor de sus días entre mapas y
coordenadas geográficas.

5.- La oportunidad perdida

Existe la creencia en algunos de que la paralización en 1943 del
proceso demarcatorio de la frontera peruano-ecuatoriana pudo haberse
debido a que la Cancillería peruana manejó el procedimiento de la
demarcación del Protocolo de 1942 con una minuciosidad excesiva o con
un criterio burocrático, cuando de lo que se trataba era de actuar con
un criterio político, acelerando el proceso y cerrándolo pronto.
También ha sido frecuente escuchar a otros, movidos tal vez por un
sentimentalismo estrábico, que el Perú "después de haberse servido de
un gran banquete, le disputaba al Ecuador las migajas." En fin, se ha
dicho que el Perú habría estado en 1943 retrechero y mezquino en
algunos extremos del proceso demarcatorio, todo lo cual habría tenido
a la larga un alto costo político. El Embajador Antonio Belaúnde hizo
infortunadamente eco de esos comentarios en su monografía publicada en
1995 Nuestro problema con Ecuador, aunque admitió que nunca se
atrevió a discutir con Bolívar Ulloa esta cuestión (Op.cit.; pp. 56 y
102).

Quiérase o no, esos comentarios por más deleznables que sean, no
dejaron de plantear, directa o indirectamente, ciertas interrogantes
sobre el desempeño profesional y político de quien tuvo un papel
descollante en el fallido proceso demarcatorio peruano-ecuatoriano,
como es el caso del Embajador Bolívar Ulloa. Es más, no ha faltado
gente poco advertida en la Cancillería y, con mayor razón fuera de
ella, que casi inercialmente se ha limitado a repetir lo antes
señalado. Por eso, nada resulta más propicio ahora que determinar, al
amparo de documentos inéditos, el origen de ese problema demarcatorio
residual que confrontó al Perú con Ecuador hasta octubre de 1998, y
por qué ha sido totalmente injusto querer involucrar en su génesis a
ese apasionado defensor de nuestra heredad nacional.

Uno de los aspectos que salió a la luz en 1995, a raíz de la cuestión
demarcatoria pendiente, fue la enorme complejidad que revistió el
proceso demarcatorio en sí entre 1942 y 1943. Si las cosas no se
hubiesen trabado entre julio y octubre de 1943 y la demarcación
definitiva hubiera concluido satisfactoriamente ese año, como era el
deseo de la Cancillería peruana, lo probable es que mucha gente en
ambos países jamás se habría llegado a enterar, con el detalle que hoy
en día se conoce, del esfuerzo ciclópeo que la Comisión Mixta
Demarcatoria tuvo que realizar, a marchas forzadas, entre junio de
1942 y julio de 1943, para cumplir con el encargo de los dos
gobiernos.

En efecto, fue menester luchar cotidianamente contra el mal tiempo, la
falta de caminos, la violencia traicionera de agrestes ríos, la falta
de Instrumentos y, para colmo de males, fueron variopintas las
sorpresas que una caprichosa geografía interpuso a cada paso sobre el
terreno a dicha Comisión Mixta en el trazado de la línea de frontera.
Es importante, también, tener presente que, por lo menos en el caso
del Perú, el proceso demarcatorio fue seguido muy de cerca por el
propio Presidente de la República, quien solía convocar de tiempo en
tiempo a reuniones en Palacio de Gobierno, a las que concurría el
canciller Solf y Muro, el Ministro de Fomento y los presidentes de la
Sección Occidente y de la Sección Oriente de la Comisión Peruana
Demarcadora de Límites, además de Bolívar Ulloa en su condición de
jefe interino de la Oficina de Límites. No fue, por consiguiente, un
esfuerzo exclusivo de funcionarios de segundo o tercer nivel, con el
añadido que el Presidente Prado sabía de qué se trataba por haber
participado directamente en la negociación del Protocolo de Río de
Janeiro, tal como se ha demostrado en el libro de quien esto escribe,
antes citado.

En fin es bueno recordar que, originalmente, el 24 de enero de 1942,
durante la negociación del Protocolo, el Presidente Prado instruyó
cablegráficamente al canciller Solf y Muro de llevar el divortium
aquarium entre el río Santiago y el Zamora hasta el punto "28 de
julio", entre la boca del Zamora y la del Yaupi en el Santiago (La
Negociación del Protocolo de 1942: Mitos y Realidades, p. 77). Pero
es, asimismo, cierto que el mandatario peruano, dos días más tarde,
aceptó que se omitiera toda referencia específica al punto "28 de
julio", al mismo tiempo que reclamaba para el Perú, entre otras cosas,
ambas márgenes del río Lagartococha "y el sistema de lagunas que lo
integran." (Ibid. P. 81).

En otras palabras, el germen de la controversia que se suscitó
después, en 1943, entre ambas Comisiones Nacionales Demarcadoras de la
Sección Oriental, comenzó a pulular desde el instante mismo en que se
daban los toques finales al Protocolo de Río de Janeiro. Aun así,
cuando el diario "El Comercio" de Lima publicó el 7 de febrero de 1942
el mapa con la nueva frontera, suministrado por la Cancillería
peruana, nada hacía presagiar que lo que pareció suficiente al momento
de la firma del Protocolo de Río de Janeiro, iba a ser motivo de
discordia al año siguiente al extremo de involucrar más tarde a los
países garantes.

Aun a riesgo de simplificar las cosas, tres son, en opinión de quien
esto escribe, los momentos por los que atravesó la historia
contenciosa, afortunadamente concluida, del proceso demarcatorio
peruano-ecuatoriano iniciado en 1942. El primero, que se podría
denominar de la oportunidad perdida, comienza auspiciosamente con la
entrada en vigor del Protocolo de Río de Janeiro el 31 de marzo de
1942, se desarrolla eficientemente por más de trece meses dentro de un
clima de excepcional de amistad y camaradería entre los miembros de
las respectivas Comisiones Nacionales Demarcadoras, y se interrumpe en
forma inesperada con la comunicación que remitiera el canciller F.
Guarderas al Secretario de Estado Cordell Hull, el 15 de noviembre de
1943, en la que le puso al tanto de las serias desavenencias
suscitadas entre el Perú y el Ecuador en la demarcación del divortium
aquarum entre el río Zamora y el río Santiago hasta la confluencia del
río Santiago con el Yaupi, y en la demarcación de la cuenca del río
Lagartococha.

Este fue el momento crucial, decisivo, que de no haber mediado los
lamentables errores de apreciación de los responsables in situ de
ambos países, como se verá enseguida, que trocaron un clima de paz y
amistad en otro hostil, cargado de desconfianza y de acritud, distinto
habría sido el destino del proceso demarcatorio y de las relaciones
peruano-ecuatorianas en los últimos sesenta años.

Fueron esos errores de apreciación que ambas partes cometieron in
situ, entre julio y octubre de 1943, los que signaron de manera
inexorable la suerte del segundo momento que, grosso modo, abarcó
desde noviembre de 1943 hasta el último conflicto que tuvo lugar en el
verano meridional de 1995. Ni el fallo del canciller brasileño O.
Aranha referido a la Sección Occidental de la frontera, ni el fallo de
Braz Dias de Aguiar relativo a la Sección Oriental, ni la famosa
declaración a posteriori de los cuatro garantes en 1960 que
desautorizó la posición rebelde del Ecuador, pudieron contrarrestar la
actitud polémica que se posicionó en los responsables del Ecuador y,
como lógica consecuencia del Perú, al punto de haberse llegado a la
paralización definitiva de los trabajos demarcatorios en 1951.

El tercer y último momento vendría a ser el que se vivió desde la
Declaración de Itamaraty en febrero de 1995 hasta octubre de 1998, y
que estuvo otra vez caracterizado por un clima de excepcional
comprensión entre ambos países, semejante al que prevaleció hasta
julio de 1943, de suerte tal que permitió la culminación de la
demarcación definitiva de la frontera peruano-ecuatoriana en 1999.

Identificado, por tanto, en el año crucial de 1943 el momento en que
se suscitó la seria desavenencia demarcatoria condenada a prolongarse
por más de cincuenta años, se trataría ahora de determinar por medio
de evidencias e indicios en qué medida es verdad que fue aquello
responsabilidad de la Cancillería peruana "por haber manejado el
procedimiento de la demarcación con una minuciosidad excesiva, es
decir con un criterio burocrático" y no con un criterio político; y en
qué medida "la actitud mezquina y excesivamente meticulosa de quienes
dirigieron la demarcación por parte del Perú…tuvo a la larga un alto
costo político"; como igualmente lo sostiene sin mayores pruebas
Antonio Belaúnde.

Tal como se ha señalado líneas arriba, si hay cabida para un mea culpa
por lo sucedido en 1943, éste tendría que ser, desde nuestro punto de
vista, recíproco; es decir, peruano-ecuatoriano, por cuanto está
probado que ambas partes cayeron en la trampa de creer que la razón
estaba de su lado. Naturalmente no fueron excesos burocráticos ni un
afán torpe de meticulosidad ni mucho menos mezquindad lo que
prevaleció; sino excesos de patriotismo, fresca como estaba la memoria
de los actores respecto a lo ocurrido en el conflicto de julio 1941. Y
si empujamos la razón para admitir que hubo cierta mezquindad, ésta
vino igualmente de ambos lados, como no podía ser de otra manera.
Pues, en toda disputa siempre hay dos. Por eso, existe razón para
discrepar con aquella insinuación acerca de una supuesta
responsabilidad que, por inferencia contrario sensu, pudo recaer en la
Cancillería peruana o, indirectamente, en Bolívar Ulloa, en la
gestación y desarrollo de esos aciagos desentendimientos.

Hace más de veinte años muchos escucharon en la Cancillería peruana
esa extravagante monserga según la cual el Perú "después de haberse
servido un gran banquete, le disputaba al Ecuador las migajas." Sin
embargo, quienes esto dijeron fueron sin duda aquéllos que tomaron sin
beneficio de inventario el triunfalismo exagerado del Presidente
Prado, puesto de manifiesto en la publicación del folletín intitulado
El Protocolo de Río de Janeiro ante la historia (Lima, 1942), en el
cual se sostuvo temerariamente que nuestro país había ganado con ese
tratado de límites 200,000 kms2. Ahora se sabe que con ello Prado
buscó no solo satisfacer su ego; sino desconcertar a la opinión
pública que se hacía eco de las severas críticas de una oposición que
no entendía por qué siendo el Perú el país victorioso de una guerra
que no provocó, había terminado cediendo territorio en Río de Janeiro.

Empero, esa actitud de Prado fue doblemente lamentable. Por cuanto,
aparte de dar argumentos a los sectores más recalcitrantes del Ecuador
que hicieron del Protocolo de 1942 sinónimo de despojo y de imposición
por la fuerza, ocultó el hecho incontrovertible del renunciamiento
territorial en circunstancias que se tenía un ejército victorioso que
ocupaba parcialmente la provincia ecuatoriana de El Oro. Habida cuenta
del desconcierto mundial a causa de la guerra total desencadenada por
las potencias del Eje, el Perú pudo aprovecharse de la situación para
ratificar las fronteras que le conferían sus derechos derivados de sus
posesiones territoriales al tiempo de la colonia hasta 1810. En un
gesto de magnanimidad, pudo dejar de lado esa aspiración e imponer a
su derrotado adversario la línea de frontera que propuso en su
memorando del 13 de setiembre de 1941, o limitarse a convalidar las
posiciones que ocupaba en el Ecuador al momento de la suscripción del
Acta de Talara, el 2 de octubre de ese mismo año. Mas, no fue así.

Además de renunciar a esas posiciones y desocupar territorio, el Perú
tuvo que aceptar en Río de Janeiro, bajo la presión de los álgidos
eventos mundiales, la cesión de territorios al Ecuador, algunos de
ellos de naturaleza estratégica. Nos referimos, en particular, a los
triángulos de Sucumbios, Guepí, y Napo-Aguarico y Zancudo.

Desvirtuada, pues, la historieta del banquete y las migajas; ¿es dable
aceptar que fueron peruanos los que pecaron de excesiva minuciosidad,
burocratismo y hasta de mezquindad? Una investigación detenida de los
acontecimientos en ese año crucial de 1943, nos pinta una situación
más compleja, precisamente por ser humana, que hace recaer la
responsabilidad en peruanos y ecuatorianos; pero de ninguna manera en
la Cancillería peruana o en Bolívar Ulloa. Veamos los hechos.

Como ha quedado dicho, el punto "28 de julio" fue propuesto por el
Perú en la fase final de la negociación; pero tuvo que aceptar a la
hora undécima su exclusión. Meses más tarde, cuando se impartieron las
instrucciones a la Comisión Peruana Demarcadora de Límites-Sección
Oriental, se hizo referencia "al punto más septentrional y occidental"
de dicho divorcio de aguas, para luego dirigirse en línea recta a la
intersección de los thalwegs de los ríos Yaupi y Santiago. Empero, no
se había hecho todavía un levantamiento topográfico y estudio in situ
de la zona septentrional de ese divortium aquarum, única forma cómo se
podía decidir definitivamente respeto al trazo final en dicho tramo.

Aún así, el espíritu prevaleciente en el lado peruano fue de acabar
cuanto antes con la demarcación. Por eso, el 29 de abril de 1943, el
Secretario General de la Cancillería peruana Javier Correa, remitió
una comunicación al Capitán de Navío J. Barandiarán, presidente de la
Comisión Peruana Demarcatoria de Límites-Sector Oriental, en la cual
le instruía de ponerse de acuerdo con el presidente de la Comisión
ecuatoriana, L. Tufiño, a fin de "tomar conjuntamente todas las
disposiciones que estimen necesarias para acelerar las labores de
demarcación de tal manera que éstas terminen antes del fin del año en
curso (sic)." (Archivo de Límites del Ministerio de Relaciones
Exteriores).

Mas, como siempre se ha dicho, el diablo suele obrar en los detalles.
Fue el Comandante Barandiarán quien, por vez primera, el 15 de julio
de 1943, descifró motu proprio esa vaga referencia al punto
septentrional del divortium aquarum, cuando puso en conocimiento de la
Cancillería peruana, por oficio, que días antes había creído oportuno
"presentar verbalmente a la consideración del Señor Presidente de la
Comisión Ecuatoriana de Límites, su punto de vista (sic) técnico,
sobre hasta donde debe continuarse hacia el norte, la línea del
divorcio de aguas entre el Santiago y el Zamora…" (Ibid.).

El 9 de agosto, el mismo Barandiarán pidió, telegráficamente, a la
Cancillería peruana la aprobación de sus puntos de vista "fin proceder
en consecuencia." (Ibid.) Ante lo cual, el Secretario General J.
Correa le respondió a las pocas horas y por la misma vía, de manera
razonada y coherente, obviamente siguiendo los consejos de Bolívar
Ulloa. En ese mensaje cablegráfico de alcance histórico por lo que
ocurrirá después, se le reiteró al Comandante Barandiarán las
instrucciones de junio de 1942, precisándose que en caso de
disconformidad, debía procederse al estudio de la zona septentrional
de ese divorcio de aguas "fin ilustrar Cancilleres, los que con
oportuno conocimiento de geografía acordarán trazo final de dicho
tramo de frontera." (Ibid.)

Vale decir, no obstante que la diplomacia de Torre Tagle tuvo en
cuenta al momento de la firma del Protocolo hasta adonde podía
empujarse la frontera en ese tramo; justamente ese 9 de agosto
consideró prudente confiar mejor en una cartografía más actualizada,
sin entrar a prejuzgar las coordenadas geográficas de ese punto
septentrional y oriental. Tan cierto es esto, que Correa añadió como
un último punto de ese mensaje lo siguiente: "No insinúe Ud. ningún
punto de vista ni arreglo", lo cual implicaba una desautorización a la
démarche en solitario que ya había emprendido Barandiarán y de la que
dio cuenta ex post facto en su oficio de 15 de julio, como hemos
visto. Simultáneamente, la Cancillería le remitió una comunicación
escrita en la que se confirmaba lo instruido en "el telegrama de la
fecha", reiterándole que no convenía que formulara ninguna idea sobre
un posible arreglo.

Infortunadamente el inquieto marino había ido demasiado rápido. El
mismo día que envió el telegrama a Lima, esto es el 9 de agosto, y muy
posiblemente antes de recibir la respuesta telegráfica de Lima,
remitió una comunicación al ingeniero L. Tufiño en la cual se refirió
oficialmente, por primera vez, al divorcio de aguas entre el Zamora y
el Santiago ("o sus afluentes") hasta el último punto de dicho
divorcio de aguas. Y al día siguiente con una febrilidad propia de
quien había entrado en trance, le cursó otro oficio al mismo
destinatario en el que se refirió a la conveniencia de efectuar
observaciones necesarias y a colocar "el hito correspondiente al
último punto – hacia el norte – del divorcio de aguas entre los
afluentes del Santiago y del Zamora, lugar éste que ha de ser de más
fácil acceso a causa de la menor elevación de la Cordillera." (Ibid).

Como era de esperarse, la respuesta de Tufiño a Barandiarán, el 13 de
agosto de 1943, fue fulgurante, convencido como aquél probablemente
estaba que éste había actuado bajo instrucciones. En ese oficio de
respuesta, Tufiño puntualizó con claridad meridiana que lo señalado
por el representante peruano no se ajustaba a lo estipulado en el
Protocolo, "no hay ninguna razón, ni siquiera aparente, para
enredarnos en cuestiones extrañas al asunto con aquello de 'o sus
afluentes'." Y así se desencadenó entre ambos un extraño intercambio
epistolar, pese a que en el caso del Comandante Barandiarán sus
argumentos no estaban basados en nuevas instrucciones de la
Cancillería peruana. Por lo menos, estamos en condiciones de afirmar
que en este punto la comunicación telegráfica entre Lima e Iquitos por
esos días permaneció muda.

Al parecer, el audaz marino estaba tan persuadido de sus puntos de
vista que en la comunicación que dirigiera al Ing. Tufiño el 18 de
octubre, acompañó un mapa que tenía como punto final de la línea de
frontera en esa zona la confluencia del río Paute con el Zamora, con
la consiguiente y discutible implicación que podía revestir la línea
recta desde ese punto hasta la confluencia del Santiago con el Yaupi,
si se llegaba a involucrar la margen izquierda del río Santiago.

Pero como el Comandante Barandiarán, suponemos, tenía muy presente lo
que le había instruido la Cancillería el 9 de agosto, no tuvo mejor
idea que recordarle al Ing. Tufiño, en su comunicación de 30 de
octubre, en vista del desacuerdo ostensible que existía entre ambos,
"que había llegado el caso de recurrir a lo previsto en el Protocolo
de Río de Janeiro y a lo acordado en las conferencias preliminares de
Puerto Bolívar, en el sentido de informar a nuestros Gobiernos para
que ellos, de común acuerdo, nos impartan las instrucciones necesarias
para llevar de común acuerdo la demarcación en este sector." Pedido
tardío, por cuanto el curso del proceso demarcatorio había por
desgracia cambiado de dirección.

El canciller ecuatoriano F. Guarderas, en forma totalmente inopinada,
optó por presentar la disputa, el 15 de noviembre, a consideración de
los países garantes a través del Secretario de Estado Cordell Hull, en
lugar de dar tiempo al trabajo de esclarecimiento y acuerdo entre los
Gobiernos de Lima y Quito, tal como lo disponía el Artículo VII del
Acta de Reglamentación de los Trabajos de la Comisión Mixta
Peruano-Ecuatoriana Demarcadora de Límites. Y así es como surge la
responsabilidad complementaria del Ecuador, que alimenta un incendio
allí donde nunca debió pasar de una fogata si el representante peruano
se inhibía de actuar unilateralmente en julio de 1943, y si pese a
haberlo hecho, se circunscribía a partir del 9 de agosto a cumplir
estrictamente lo instruido por la Cancillería de Lima.

Para colmo de males, meses más tarde la ecuación política en el
Ecuador cambió radicalmente con la llegada al poder de Velasco Ibarra
y, con ello, de asesores menos deseosos de continuar con la lógica de
paz y amistad que derivaba del Protocolo de Río de Janeiro de 1942.

Todo lo que vino después, con la inevitable secuela de muerte y
amargura por ambos lados, encontraría su raíz en esos fatídicos meses
de julio, agosto, setiembre y octubre de 1943 en que se verificó un
escalamiento fantasmagórico de las expectativas. Y si, hoy en día,
alguna lección pueden extraer los jóvenes diplomáticos de ambos
países, ésta debería ser cómo evitar a futuro que una situación
inesperada se descomponga tan rápidamente sin dar siquiera tiempo a
los principales actores a procurar un esclarecimiento directo de la
divergencia.

¿Dónde estuvo Bolívar Ulloa en todo esto? Asesor del Presidente Prado
durante la negociación del Protocolo de 1942, Ulloa sabía muy bien y
así lo reconoció por escrito, qué es lo que se tenía en mente al
momento de suscribir el tratado de límites en lo se refiere al trazo
final de dicho tramo. Por otro lado, esa discrepancia era vista en la
Cancillería peruana, en ese preciso instante, no en forma aislada;
sino como parte de un rompecabezas en donde varias piezas no ajustaban
a lo que el Perú esperaba.

Por ejemplo, la guarnición Vargas Guerra resultó que se encontraba a
seis kilómetros al norte de la línea de frontera. Había que decidir la
suerte del curso final del río Zarumilla, el trayecto de la Quebrada
de Cazaderos, del punto Bellavista y del trazado en Lagartococha, solo
para hablar de los tramos que se mencionaban con más frecuencia. El
jefe de la oficina de límites de la Cancillería peruana sabía mejor
que nadie lo enredado de este intríngulis y sentía la presión del
plazo perentorio fijado por el Presidente Prado para concluir con la
demarcación.

Cuando el Comandante Barandiarán pidió el 9 de agosto la conformidad
de Torre Tagle a sus puntos de vista, aun cuando ya los había
adelantado a su par Tufiño antes del 15 de julio, tal como él mismo lo
reconoció en el oficio de esa fecha que remitió a Lima, fue Bolívar
Ulloa quien redactó el telegrama mediante el cual se le reiteró la
instrucción impartida el 8 de junio de 1942, y sobre todo, se le
instruyó de no insinuar "ningún punto de vista ni arreglo." Es decir,
consciente como era el estudioso diplomático de lo que estaba en
juego, prefirió mantener la ambigüedad a modo de pieza de recambio
ante las no pocas dificultades que se venían confrontando, en
particular en lo relativo a la guarnición Vargas Guerra que era objeto
de repetidas muestras de preocupación por parte del Ministerio de
Guerra.

A fortiori, días después que el canciller Guarderas enviara su nota a
Washington, se produjo otra abierta desinteligencia entre la
Cancillería peruana y su representante en Iquitos, lo que dio motivo
para que Torre Tagle imparta contraórdenes urgentes ante ese otro
grave desacierto. Lo cual, sumado a los contratiempos de salud que
aquejaban al Comandante Barandiarán, se decidió su relevo del cargo,
en marzo de 1944, siendo reemplazado por el Dr. Carlos Echecopar.

Cuando la Cancillería en Lima tomó conocimiento de los avances no
autorizados de Barandiarán; esto fue visto como un fait accompli el
cual había que justificar ante el nuevo curso que estaban tomando los
acontecimientos, habida cuenta de la amplia argumentación que,
complementariamente, hizo llegar el Gobierno de Quito a Itamaraty, una
semana después de la protesta a Washington. En la medida que todo
apuntaba a lograr pronto del canciller brasileño O. Aranha, fórmulas
conciliatorias que permitieran la solución de las divergencias, esa
posición de justificación de lo actuado resultaba procedente, si se
tiene en cuenta que eran numerosos los desacuerdos
peruano-ecuatorianos y ninguno de ellos debería verse ya fuera de
contexto.

Adicionalmente, no existía ninguna razón para que nadie en Lima, y con
mayor autoridad Bolívar Ulloa, pusiera en tela de juicio la buena fe
del Ecuador, aceptada por escrito, de dar cabal cumplimiento a lo que
dispusiera el canciller Aranha y, luego, el Comandante Dias de Aguiar.
Que después la rebeldía del Ecuador asumiera extremos abiertamente
reñidos con el Derecho Internacional es algo que nadie por ese
entonces podía prever ni mucho menos imaginar, a no ser que se diera a
priori cabida a la sinrazón.

Conocida la démarche en solitario del Comandante Barandiarán en dos
tiempos (el 15 de julio y el 9 de agosto), Bolívar Ulloa no fue el
Zola del "yo acuso", ni el torpe burócrata que se negó a ver la
realidad. Asumió conscientemente esta inesperada complicación porque
estaba convencido que, en el peor de los casos, los dos Gobiernos
tendrían que llegar a ponerse de acuerdo, de conformidad con el
Artículo Noveno del Protocolo de Río de Janeiro. Además, no tenía por
qué dudar que los fallos de Aranha y Dias de Aguiar, serían plenamente
aceptados por las partes, por lo que es de suponer que no dejó de
acariciar la idea de que la solución podía estar a la vuelta de la
esquina.

Podemos, igualmente, imaginar la sorpresa que le produjo la
trayectoria conflictiva que siguió a partir de allí el proceso
demarcatorio, sobre todo cuando el Presidente Galo Plaza, con otra
historia de las cosas y otros asesores, le asestó el golpe de gracia
en 1951. Después, Bolívar Ulloa languideció con el alma en vigilia en
la frontera, falleciendo irónicamente meses antes de poner ambos
países punto final a ese contencioso demarcatorio residual.


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B I B L I O G R A F I A

Belaúnde Antonio : Nuestro problema con Ecuador.- Lima, 1995.

Calderón U. Félix : El Protocolo de 1942: Mitos y Realidades. Sociedad
Peruana de
Derecho Internacional y Academia Diplomática del Perú.- Lima, 1997.

Calderón U. Félix : El Tratado de 1929. La otra historia.- Fondo
Editorial del Congreso del Perú.- Lima, 2000.

Calderón U. Félix : Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar.-
Tomo I: La usurpación de Guayaquil.- Aleph.- Lima, 2005. La
fanfarronada del Congreso de Panamá.- Aleph.- Lima, 2007.
Descodificando la creación de Bolivia.- Trujillo, 2008.

D o c u m e n t o s

Archivo Central del Ministerio de Relaciones Exteriores
- Archivo diplomático peruano.
- Archivo de Límites.
- Archivo Augusto B. Leguía.
- Archivo Bolívar Ulloa (cartas personales).
- El Protocolo de Río de Janeiro ante la historia.- Lima, 1942.