Monday, September 21, 2020

¡Nada de olvidos!

 

Señal de Alerta

por Herbert Mujica Rojas

21-9-2020

 


¡Nada de olvidos!

http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/%C2%A1nada-de-olvidos

https://bit.ly/35SrYHG

 

“Pueblo que olvida sus yerros y se permite el desprecio de la historia, transita, inevitablemente, por los caminos de sus más desgraciados errores. ¿Están concientes los líderes que por alguna casualidad, ocupan hoy puestos de mando, de lo que acontece cuando le borran de la memoria lo ocurrido en el ayer porque se impulsa, fabrica, cocina y adereza la amnesia colectiva, una vez más?”

¡Así se fabrica la amnesia colectiva!

http://www.voltairenet.org/article153273.html 27-11-2007

 

Han pasado diez días de oprobio -¡cuándo no!- y la ciudadanía pudo comprobar una vez más, el aserrín de que están hechos nuestros legiferantes, burócratas, gobernantes y supuestos adalides atrincherados en sus clubes electorales. La aplastante negativa a la vacancia no equivale a perdón para nadie. Antes bien desnuda la profunda inmoralidad de quienes tienen responsabilidades. Decía en su tradición Ricardo Palma: ¡A la cárcel todo Cristo!

 

El olvido, la necedad de sentencias como “así es la política”, son parte de ese menú añejo que los propietarios del Perú han elevado al nivel de cartabones “indispensables” desde que se nace hasta que se muere.

 

Los peruanos nacen con deuda y mueren con la misma pero varias veces aumentada por la habilidad con que sus gobernantes las contraen con sus respectivas “coimisiones” (peruanismo que alude a pagos indebidos). Transita por la vida casi sin ton ni son pues su horizonte está nublado y sólo los escogidos llegan a los puestos de administración de un poder que se ejerce desde fuera y con sede en países potentes y de ultramar.

 

Decía González Prada: “No hemos venido a la tierra a comer el pasto, beber el agua y legar la única herencia de un esqueleto.” Y probablemente la realidad de estos 200 años de llamada república, dicten todo lo contrario. Los vagidos libertarios, las masas en las calles clamando y votando por justicia han sido momentos estelares –a lo Zweig- hoy enterrados bajo toneladas de muy discreto olvido.

 

¿Cuál la posición de los miedos de comunicación? Con excepciones mínimas, el plan de atontamiento embrutecedor vía televisión, radio y medios impresos y en redes sociales, ha sido letal. A menos que el crimen, monra, exacción, asalto, violencia a granel, constituya un menú indigesto con el cual deba comulgar –de hecho así es- el pueblo desde que abre los ojos y cada vez que accesa a uno de estos grifos perversos.

 

¡Nada de olvido! ¡Qué más quisieran los idiotas químicamente puros que en los diez días que pasaron nos obsequiaron con la miserable radiografía de sus incompetencias, ignorancias, carencias intelectuales y afectivas de bajo nivel humano y cívico!

 

Hay que recordar a los protagonistas tanto en Plaza Bolívar como en Palacio y en los clubes electorales. Hablan de modernidad pero se sacan los ojos protegiendo el voto preferencial que les garantiza el retorno de sus inversiones una vez instalados en el Congreso o en cualquier dependencia pública. Y los peruanos aportan a esa cuenta común para que unos ineptos gocen por cinco años y también vivan felices con todas las impunidades que las leyes dan.

 

En Perú llueve para arriba, axioma político que debiera ser inscrito en la Constitución.

 

Ad portas el bicentenario –nadie entiende bien qué se celebra- la historiografía oficial instaló el conveniente olvido al pueblo de sus traidores y alabarderos indecentes que siempre hicieron de las suyas.

 

¿Alguien puede explicar cómo en todos los distritos del Perú existan calles con el nombre del enano perinola –así designó don Manuel a Nicolás de Piérola- que regaló en 1881 Lima al invasor y se las picó a la Sierra para volver, ese mismo año y salir del país luego de haber conferenciado con el jefe de la ocupación chilena Patricio Lynch? Basadre consigna el hecho pero NO dice nada más ni arriesga juicio. Vargas Ugarte hace algo parecido. Alberto Ulloa Sotomayor dice lo propio con bella prosa que no le exime de explicación. ¿Y el resto?

 

Olvido es perdón culposo y grosero. Por eso ¡nada de olvidos!