Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
20-1-2026
¡El nocivo embrujo de la presidencia!
https://senaldealerta.pe/el-nocivo-embrujo-de-la-presidencia/
Casi
sin excepción, quien llega a la presidencia arriba a una plataforma gratuita en
que no gasta nada de su peculio, aunque sí tiene cómo afectar cuentas públicas.
El nocivo embrujo que la primera magistratura despliega, parece no tener
excepciones.
Todo
el país ha visto cómo el presidente provisorio Jerí se reunió, no una, sino dos
veces, con un empresario chino que se dice es proveedor del Estado y que tenía
sobre sí cuestionamientos varios. Sólo el hecho simple revela inconducta, falta
de ética y torpeza elefantiásica.
Un
candidato lanzó la especie que el tema era una afrenta. ¡Es mucho más que eso,
es -aunque no lo entendiera el titular del Ejecutivo- tráfico de influencias de
ida o de vuelta. Eso lo señalará una investigación exhaustiva.
De
cualquier modo ¿qué espera el señor de marras para renunciar? ¿Que se lo
reclamen marchas y abucheos por doquier? Por alguna extraña razón, quien llega
-aunque sea por casualidad- a las alturas, desarrolla un autoblindaje futil.
A todas luces, dados los
acontecimientos recientes y también otros de muy vieja data, la presidencia, no
sólo del Perú sino también en casi todas las naciones latinoamericanas,
constituye no un mérito, sino más bien
una presea, una pieza codiciada, la llave mágica para supuestas soluciones que
no llegan nunca, que demoran lo indecible y que simbolizan los fracasos más
estentóreos de nuestra política.
Y
no solo nos referimos a las carambolas del billar político, también a aquellos
que lograron la presidencia por voto popular, en Perú hay como 5 presos
sospechosos de ladrones y uno, incapaz de afrontar sus jugarretas, optó por el
suicidio cobarde que algunos tarados pretenden trocar en “martirologio”.
Entonces ¿qué debiera ser
la presidencia en lugar de lo que es hoy?: apenas un puesto directriz, con
responsabilidad administrativa y penal en caso de mala dirección y derroche de
fondos públicos. Nada más que el estandarte de que hay un timón pero cuyos
contralores tienen que ser como la mujer del César, no sólo serlo, sino también
demostrarlo al escrutinio de la sociedad, del periodismo, de los organismos de
control.
Por
tanto: ¡despresidencialicemos el Perú!
Hasta
hoy lo único que hemos tenido de los personajes que han arribado a la
presidencia, es una colección de desencantos, pasajeros y perennes, depresiones
de la ética, violaciones flagrantes de la sindéresis ciudadana y una absoluta
patanería según los estilos y las procedencias. Del régimen militar al 2026, son varias las estaciones y
los lustros, como muchos los vicios jamás superados.
La
democracia siempre ha sido un recurso manido de políticos cazurros. Jamás fue
la expresión de los más, sino de los menos, castas blancas y radicaloides
aunque a la hora de tomar decisiones siempre lo hicieran cuidando el bolsillo,
las sinecuras y a los parientes. ¿Qué ha cambiado hoy? Todo sigue en lo mismo y
eso es lamentable.
Despresidencializar el
Perú significaría sólo encargar la primera magistratura a un capitán de equipo.
Los hombres y mujeres providenciales ya han muerto, todos sin excepción, y los
que quedan han demostrado su estupidez a raudales. Entender que al Perú no lo sacan del hoyo unos cuantos charlatanes es la
primera tesis que habría de fundamentar un futuro sostenido, científico, firme
y realmente revolucionario.
El
Perú de nuestros días, en plena batalla electoral, observa cómo casi 40
candidaturas ofrecen como buhoneros bien surtidos, literalmente ¡cualquier
cosa! con tal de asegurar el voto ciudadano.
El
diseño electoral -y todos caen redonditos- está diseñado para que la primera
mayoría no llegue al 15% y el segundo algo menos, de mala suerte que la
definición será entre dos minorías más bien escandalosas, sin fuerza en las
calles, huérfana de calor popular unitario y fácil de embestir con ofensivas
mediáticas y escándalos que en Perú no escasean.
Con
candidatos analfabetos, ignorantes en cualquier barrunto de consideración
geopopolítica, casi imposible pedir opinión a los clowns en torno al tema
Venezuela, Groenlandia o próximas aventuras en que incurra Trump porque
simplemente son ajenos a esos álgidos temas.
¿Qué
tal si con ambición y aporte, vinculamos la Refinería Talara que los
vendepatria pretenden rematar como el pampillazo regalado a Repsol por el
gobierno delincuencial de Fujimori, con la arremetida Trump con respecto a las
reservas petroleras de Venezuela?
¿De
dónde compra crudos Chile? ¿No les sería más cercano y barato adquirirlo del
norte y vía Puerto Chancay, tratado, surtir la luenga costa portuaria del
vecino del sur? Pero la tutuma es escasa aunque la vanidad sea inmensa. La
presidencia como botín no como cargo de mando y liderazgo genuino y desde el
pueblo.
Necesitamos hacer una
severa reflexión. Navegar por aguas procelosas de océanos de miasma y
pestilencia equivale a almirantes de pantanos y ciénagas. Si las generaciones
actuales claudicaron por fracasadas, hay juventudes nuevas que advienen a la
lid y al terreno. Seamos más limpios y más puros y dejemos a otros la posta si
no nos sentimos capaces de dirigir un buen
proyecto nacional.
Muchos
preguntan desde el dintel pesimista y terminal que ¿si se puede hacer algo o
no? Es hora de una juventud ambiciosa de conocimientos, plena en competitividad
pero es urgente un Estado y un Ejecutivo capaces de alentar la generación de
empleo y de dar trabajo a decenas de miles de profesionales que optan por irse
del Perú.
Los
diplomas, grados académicos, medallitas y premios no garantizan honestidad,
limpieza y mente sana en un cuerpo sano. ¿No han sido doctores, politólogos,
comunicadores los grandes estafadores de la fe pública?
¡El
nocivo embrujo de la presidencia!
