Informe
Señal de
Alerta-Herbert Mujica Rojas
19-2-2026
Presidencia: ¿diferencias, matices o los mismos?
https://senaldealerta.pe/presidencia-diferencias-matices-o-los-mismos/
Quien asuma la
jefatura del Estado, la primera magistratura ¿representará alguna diferencia en
cómo se conduce el gobierno episódico y Perú desde hace 205 años? Ninguno de
los aspirantes representa distinción, todos defienden los mismos intereses
minoritarios y pertenecen a los cogollos minúsculos que deciden por el resto
mayoritario de la Nación.
Por tanto, el
refrán popular, lo mismo Chana que Juana, encuentra una confirmación difícil de
refutar. Que una es racista y tiene intereses en temas agrícolas, que el otro a
duras penas puede leer un párrafo y con traductor, todos ostentan anti-virtudes
flagrantes.
La democracia
representativa y electoral, con su diseño perverso y divisionista, consagra la
inapelable sentencia de dos primeras mayorías con menos del 15% cada una de
ellas. Por tanto, el gobierno siguiente seguirá huérfano de solidez, carencia
de dinámica popular y gobernando según los dictados de embajadores metiches o
potencias asiáticas que imponen sus jueces y autoridades comprando militares a
la carta y sumisión.
En el
referéndum del 2018, algo así como 16 millones de peruanos votaron contra la
reelección y vuelta del Senado. Menos de 130 legiferantes del pésimo actual
Congreso, hicieron todo lo contrario: habilitaron el Senado y la reelección y
son tristes personajes en busca de un sueldo fijo cada fin de mes.
Perú asemeja a
una tarima o ring de box: los pugilistas, con uñas y dientes, jueces y redes
sociales, son -¡qué duda cabe!- China y Estados Unidos. Metiches hay de todas
las nacionalidades y unos dicen y otros responden. ¡Los únicos que no hablan,
no dicen ni pío por quién sabe qué intereses o pactos, son los dirigentes de
los clubes electorales alias partidos políticos.
Las oligarquías
no son solo aquellas que cayeron por mediocres y anacrónicas luego del gobierno
militar, sino que gobiernan en organizaciones de nuevos gángsteres, esas mismas
entidades que recibieron millones de dólares de USAID para elaborar una realidad
político-social con el visto bueno de sus financiadores.
Fundamental
recoger opiniones desde las bases.
Una dirigente
de Bocanegra-Callao, Luzmila Ayay, escribió reflexiones que bien merecen
salir del ámbito electrónico para contribuir, con su carga cuestionadora, al
debate. No a la polémica acartonada, blanca y discriminadora, a la bronca
constructiva desde abajo y desde dentro de las cuitas populares.
Se pregunta
Ayay: “¿Quién se merece la banda?, ella se responde: Voy a decirlo sin
rodeos, quienes hoy se autodenominan “servidores de la Patria”, han sido
ejecutores obedientes de atropellos sistemáticos. No han actuado por convicción
ética ni por compromiso con el país, sino por disciplina ciega frente a quienes
les colocaron en el cargo. Han confundido obediencia con virtud y silencio con
lealtad”.
Plaza Bolívar
“La decadencia
del Congreso no es mi percepción exagerada, es un espectáculo cotidiano. El
descrédito no es una campaña; es una consecuencia. No desconfiamos por
capricho, sino porque hemos visto cómo el poder se lo reparten como botín”.
Todo es billete
Continúa Ayay:
“Lo que ocurre ahí dentro no es política. Son negocios. Son pactos de
impunidad. Es la administración del privilegio. La política -la verdadera- es
otra cosa: es el espacio donde los seres humanos se encuentran como iguales,
donde la palabra tiene peso y la libertad se ejerce en común. Política es
acción con responsabilidad, no cálculo con beneficio propio”.
De rodillas
“Pero hoy el
sentido de la política ha sido reducido a “la banda”: un trofeo que una élite
entrega a su próximo heredero o heredera, siempre que haya demostrado
obediencia o esté dispuesto a arrodillarse. No importa su ética. No importa su
compromiso con la justicia. Puede ser un corrupto, una racista, alguien que
legitime el abuso o la violencia. Lo único imprescindible es la sumisión al
grupo”. afirma rotunda Ayay.
Obvio
cuestionamiento
“En medio de
esta brutalidad normalizada, la pregunta se cae de madura: ¿Quién merece la
banda presidencial?, ¿el operador de intereses oscuros?, ¿el que firma sin
leer?, ¿el que calla ante la injusticia porque así se lo ordenan?”, ratifica
vigorosa Ayay.
Simple
sometimiento
Continúa Ayay:
“O, por el contrario, ¿merece la banda quien esté dispuesto a romper con la
complicidad, a asumir el costo de la dignidad y a devolverle a la política su
sentido humano?
Si la banda es
solo el símbolo de una cadena de obediencias, entonces no representa autoridad,
sino sometimiento. El pueblo espera responsabilidad y sabe bien que en estos
tiempos de degradación NO se necesita herederos, se necesita carácter”.
¿Entenderán los
precarios de Plaza Bolívar que no deben dejar suelto/a a quien ocupe la
presidencia y en plena facultad para pronunciar expresiones sobre las que no
entiende absolutamente nada. La tara del racismo, del desprecio, del dogma
aberrante de medir a la gente por el color de su piel o colegio o universidad
de procedencia, es una tara hasta hoy imposible de aniquilar. Por el contrario,
el fetiche ha torpedeado el desarrollo social de un Perú que requiere una
Nación justa, culta y libre.
