Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
1-2-2026
¡De mentiras y medias verdades!
https://senaldealerta.pe/de-mentiras-y-medias-verdades/
Falsedades, imposturas,
indefiniciones, signan, trágicamente, sin excepción, los controvertidos tramos
de que se compone la historia republicana.
A los peruanos encanta
mentirse a sí mismos.
Se miente con tanta
frecuencia desde decenios ha y casi dos centurias atrás que mentiras
monumentales y perversas han estacionado sus taras en el ADN social vernáculo y
hoy pasan como verdades incólumes, por todos aceptadas y sí –ciertamente-
¡jamás puestas en tela de juicio!
Pasemos revista a
algunas de aquellas.
Nuestra “democracia” es
fértil y efervescente porque la participación de más de 35 listas, así lo
comprueba. Pero carecemos de partidos políticos, tenemos clubes electorales,
logias angurrientas de curules en Diputados y Senadores, ¿para hacer algo por el
pueblo? Diría que para continuar el criminal tráfico de influencias de que se
nutre la delincuencia de cuello y corbata.
Somos un país soberano
dicen las crónicas oficiales. Pero el nuevo sol baila según como van las
componendas internacionales que compran las exportaciones primarias de un país
bananero que no hace nada más allá que escarbar la tierra en procura de
minerales o frutos para el deleite foráneo.
Algo más de un mes
atrás, el redivivo big stick (gran garrote) de Mr. Trump invadió a sangre y
fuego Venezuela, extrajo como pieza removible a Nicolás Maduro, y mangonea al
país del norte como si de un protectorado se tratara. La Cancillería del Perú,
aparte de sus tibiezas tradicionales, mediocres y concesivas ¡no hace nada en
pro de una respuesta continental de defensa!
Libre e independiente.
Pero no son pocas las veces en que el pueblo peruano ha visto cómo sus
funcionarios, de capitán a paje, han debido viajar largas horas, hacer antesala
y ofrecer el oro y el moro ante los reales depositarios del poder de las
transnacionales. ¿Hay que recordar cómo garantizaron los TLCs algunos
presidentes, en tiempos no muy lejanos, con su prosternación atenta en
Gringolandia, por citar un ejemplo de otros muchos?
Con el respaldo de sus
agencias de riesgos foráneas y la ayuda traidora de los vendepatria,
funcionales en el gobierno, congreso y ministerios, pretenden rematar Petroperú
y volver a incurrir en el pampillazo (obsequio de Fujimori -La Pampilla- a
Repsol por US$ 186 millones de dólares), a intereses privados y no tienen mejor
idea que descuartizar la empresa.
Los negociados sin
vergüenza en que incurren altos funcionarios del Estado que visitan chifas y
hoteles de dudosa categoría a horas insólitas, pasarán por el tamiz de
magistrados cuellos blancos y muy solícitos para la componenda. ¡Ah, y como
faltan menos de 8 meses para las elecciones, no se puede echar al presidente de
su sitio!
Todo aquél que en Perú
pase de los 70 o más años es llamado por una prensa atrabiliaria de ínfima
calidad como “histórico”. Importa poco que esa “historicidad” esté basada en su
silencio cuando debió hablar o protestar o en la complicidad mediocre de ser
parte de gobiernos exaccionadores, profundamente inmorales y vendepatrias.
La modernidad ha
convertido a la historia y a Clío su embajadora, en harapo inservible y en
jirones su reminiscencia para hacerlo con yerros, imprecisiones y deformaciones
inmensas. Una de las más notorias: la guerra de rapiña que ocurrió entre
1879-1883, se la llama con desverguenza “guerra del Pacífico” invento sureño
que pretendió –y casi logró- darle aureola romántica, de cruzada, a lo que fue
una expoliación y matanza en territorio peruano. Si los historiadores claudican
y son simples loros repetidores de moldes impostados, ¿qué puede esperarse del
pueblo llano que ¡ni siquiera! sabe qué ocurrió en el decurso de su proceso
nacional!
A mí no me convencen ni
los comerciales, ni el bombardeo mediático de unos hábiles comerciantes que
pretenden demostrar que la cocina es una herramienta social. ¿Reemplazan los
cocineros a los ingenieros, médicos, arquitectos, comunicadores, trabajadores
sociales, psicólogos, astrónomos, físicos, geólogos, etc. que por miles de
miles requiere un país como el nuestro? Hay millares de personas que comprenden
que la respetable carrera de cocineros demanda convicción muy circunscrita a
los elementos que la componen.
En caso de emergencia o
sismo, ¿podrá un cocinero orientar las coordenadas de salvación? En casus
belli, ¿guiará un cocinero el desplazamiento guerrero de los pueblos en
resistencia al invasor foráneo? Y apenas cito circunstancias indesdeñables como
lo enseña la historia.
¿Y nuestros críticos y analistas? Gozan mostrando sus múltiples
diplomas, certificados de asistencia a fórums, simposios, talleres, aunque
repitan de canal en canal, radioemisora en radioemisora, diario tras diario,
las mismas y vulgares cantatas que no cambian desde hace 40 años. ¡Estos son
los conservadores que Perú NO necesita!
El coctel es explosivo e indigesto. Hemos tenido asaltantes
profesionales como titulares de portafolios; monreros y extorsionadores a cargo
de bancos públicos y privados; presidentes rateros y hasta uno de esos se
suicidó para no ir con sus huesos a la cárcel y otro renunció por fax a miles
de kilómetros del país.
Díscolos, inecuánimes, los peruanos pasan de la tristeza al éxtasis, del
rubor al descaro más desvergonzado. Del júbilo al fondo abisal y la forma
pendular nos signa desde la iniciación de la república y es una manera
inevitable de historiar nuestros pasos.
Por alguna razón misteriosa los peruanos vivimos el presente, el pasado
es para cuitas y recuerdos, el futuro no preocupa. Atolondrados y majaderos
transitamos en la falsa expectativa que las cosas caigan del cielo.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la
historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y
tácito de hablar a media voz!
