Thursday, March 12, 2026

Gasoducto sur peruano y ausencia de liderazgos

 

Informe

Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas

11-3-2026

 


Gasoducto sur peruano y ausencia de liderazgos

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Transcurridos largos y pesados días luego del incidente en Camisea que generó escasez de combustibles y gas, provocando colas inmensas de clientes y extrema preocupación en millones de hogares, una genuina hornada de políticos con horizonte e inteligencia, ya debería haber planteado, como primera prioridad del nuevo gobierno, a partir del 12 de abril o la segunda vuelta, la finalización del gasoducto del sur.

 

Hay momentos estelares que permiten que los líderes asuman el timón que la historia les dispensa para marcar diferencias geopolíticas y de respuesta a los reclamos de los peruanos que requieren orientación, guía, dirección. ¡Y este es la ocasión!

 

¡No importa la agrupación política, la continuación del gasoduto del sur es una gran empresa nacional que aspira a unir su destino energético incorporando toda la región sur para el consumo de combustible limpio, más barato, para democratizar e igualar a la sociedad peruana tan absurdamente fragmentada por la miopía de aventureros que mal usaron las sillas presidenciales o las curules en diversos congresos.

 

Aspirar a que nuestros “líderes políticos” de cualquier tendencia o simpatía, nos gratifiquen con un plan geopolítico, coherente, claro, realista, es un sueño de opio. La simple razón que la magra altura intelectual o inteligente de estos especímenes, es razón suficiente para aniquilar ese anhelo. ¡Difícil pero no imposible!

 

Que la inmensa mayoría de políticos sean borricos no equivale a que no estemos urgidos de voces de liderazgo y guía frente a los sucesos que plantea la situación actual. ¡Es un reto a vencer y pulverizar!

 

Los adalides no solo se desempeñan en el campo laboral-empresarial sino también y, sobre todo en los tiempos actuales, en las bases de la sociedad civil. Clubes de madres, asociaciones de diversa índole, organizaciones de provincias, padres de familia, todos tienen rol importante. Y estamos viendo cómo la falla en Camisea gatilló una hecatombe real de consecuencias aún no medidas.

 

Recordaba ese capitán de multitudes que se llamó Haya de la Torre, que: “no hay buenas o malas masas, sólo hay buenos y malos dirigentes”.

 

Y, precisamente, he allí la gran dificultad contemporánea del Perú: no hay adalides. A lo más, veletas acomodaticias según como sople el viento y, a veces, resbalan por terrenos fangosos, inseguros y no pocas veces tropiezan y se rompen las muelas.

 

De tanto improvisar, el perfil príncipe de tal o cual partido, es hoy una aplanadora lista para servir a los apetitos electoreros de quienes tienen el timón. Y como era de esperarse, las taifas birlaron el resultado millonario del referéndum de años atrás que abrumadoramente prohibía la reelección y abominaba del Senado.

 

Granjerías disfrazadas, sinecuras y el silencio de compromiso, dispendio en frente de millones que a veces ni almuerzan, son parte del menú corruptor que incluye a tirios y troyanos. ¡No nos vengan a decir esos empleados que merecían semejantes gratificaciones!

 

¿Y las ideas, la doctrina o la ética? ¡Bah! dicen los palurdos, “seamos pragmáticos, a nadie le importa nada de eso”.

 

Y la historia es dura: en Perú desaparecieron los partidos, sólo tenemos patotas electorales que cobran en miles de dólares, los puestos en las listas de candidatos.

 

Perú requiere, con oportunidad a la vista e inmejorable, aprovechar la coyuntura, completar el gasoducto del sur, responder con solvencia patriótica a una ciudadanía que desprecia a los políticos y acoger el reto del siglo, y dar la respuesta revolucionaria de la energía para ¡de una vez! todo el resto del Perú.

 

Ciertamente que los tiempos de las grandes figuras singulares que al sólo conjuro de su voz moral y fuerte, convocaban a las multitudes, ha pasado a un recuerdo lejanísimo.

 

Si se lee con atención la biografía de políticos peruanos de los últimos 30 ó 40 años, todos o una mayoría aplastante exhibe un impresionante ramillete de claudicaciones. Ni honra a la palabra y, mucho menos, lealtad a las ideas.

 

Las excepciones siempre son pocas.

 

En cambio, sin vergüenza, sí abunda la vigorosa y lamentable predilección hacia los puestos y al mutismo que cubre cualquier maroma o conciliábulo. ¡Eso sí, sólo entran los del cogollo, los amigotes y los que hacen los negocios!

 

Por tanto, ¿qué se puede esperar de un país guiado por taifas o pandillas? ¡Poco, muy poco! No obstante esta realidad, en acrobacia de vencedores, hay que unir al Perú en los hechos e infraestructura. ¿Quién se opondría? ¡Sólo los traidores!

 

El cenáculo, reunión oligárquica de amiguísimos, piensa por el resto y sólo provee soluciones llave en mano, donde manda el dólar y la mano negra es la de quienes siempre se embolsican los dineros que vienen de los monstruos imperialistas Estados Unidos, China o cualquier otra potencia.

 

Una revolución punitiva que castigue severamente a todos los que han hecho de la política vil negociado culpable; un encuentro con el genuino Perú que reivindique a sus provincias y a su gente líder al mando inobjetable de sus pueblos, son giros de una sinfonía social que aguarda a sus portaestandartes con indiscutible vocación libertaria.

 

¿Qué nación puede edificar nada si tiene en sí misma los virus de su mal incurable? ¡Ninguna! ¡Por eso es hora de terminar el gasoducto del sur!

 

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!