Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
8-4-2026
¿Podrá próximo gobierno expulsar ratas del Estado?
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Todos los nuevos gobiernos anuncian la fumigación de sus
maquinarias burocráticas lo que en lenguaje político se traduce como el
exterminio de las ratas de todos los pelajes, colores políticos, apellidos
sonoros y eficiencias que se comprueban más en el latrocinio que en el arte del
buen gobierno.
Para la eliminación de los roedores, muchos con canas y
asiento añejo, de abuelos a nietos, en los sillones públicos, será
imprescindible que la nueva administración tenga poder ciudadano de
convocatoria y no sea retazo de voluntades de precaria estabilidad y repartija
de puestos antes de llegar.
Tradición es que gobierno que se va, prepare el éxodo sin
descuidar la arquitectura consensuada de sus trapacerías. De mala suerte que el
que viene, oirá una exposición milimétrica de qué hay como mar de fondo y cómo
se elaboran y mueven las llaves de las coimisiones, los robos periódicos y el
pacto va que para conocer esas maravillas deshonestas, hay que comprometerse a
no perseguir a nadie, más allá de lo cosmético.
En palabras más bien puntuales, las llamadas transferencias
de gobierno administrativo, reconocen tratativas entre los viejos y los nuevos,
de por medio, componendas no escritas y pactos orales que en el mundo del hampa
tienen valor sagrado porque también la omertá (silencio, mudez) está presente.
Importante no olvidar que las puertas giratorias funcionan
en el mundo burocrático. Un funcionario peruano que debía estar cautelando los
intereses del Estado referidos a una exportación, moraba en una ciudad
canadiense y no en Rotterdam y en breve se va como inspector en Centroamérica.
¡Caimanes de un mismo pozo!
El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe afirmó
Rousseau. ¿Será factible, sin vergüenza propia o ajena, decir lo mismo en Perú?
Ex presidentes sospechosos, un suicida, rateros a quienes se reputan
coimisiones gigantescas y exacciones contra la Patria; gobernadores, alcaldes,
ex diputados, ex legisladores, la historia nacional está llena de prontuarios
y, por supuesto, todos cobraron de la cansada ubre del Estado.
Recordemos con Manuel González Prada en El núcleo purulento
(Bajo el oprobio):
“Mas nada debe sorprendernos en un país donde la corrupción corre a chorro
continuo, donde se vive en verdadera bancarrota moral, donde los hombres se han
convertido no sólo en mercenarios sino en mercaderías sujetas a las
fluctuaciones de la oferta y la demanda. Una conciencia se vende y se revende
hoy en el Perú, como se vende y se revende un caballo, un automóvil o un
mueble. Admira que en las cotizaciones de
Y nos referimos particularmente a Lima que en el organismo nacional ejerce
la función de núcleo purulento. Aquí nacen para cundir en toda
La desinfección nacional no puede venir del foco purulento; la acción
necesaria y salvadora debe iniciarse fuera de Lima para redimir a los demás
pueblos de la odiosa tutela ejercida por grupillos de la capital”.
Apenas se
muestren las primeras tendencias del voto este próximo domingo 12, termitas
expertas estarán moviéndose para ver cómo ofrecen sus servicios non sanctos y a
cómo los honorarios de éxito (fórmula abogadil que maquilla los robos
vulgares), entre las colectividades ratoniles.
Reiteremos la
pregunta: ¿Podrá próximo gobierno expulsar ratas del Estado? Reconocer
que en 205 años Perú fracasó en el intento, no es malo. Por el contrario, una
buena oportunidad para conocer a las ratas que están siempre alertas y
dispuestas a tratar con el primo, el amigote, el cuñado, la querida o el
amante.
No poca es la perversa influencia de los miedos de
comunicación.
En un país de plástico como el Perú en que abundan los gestos, muecas,
disfuerzos e ignorancias a granel y el idiota es analista y el plagiador,
sabio, lo anterior puede parecer resentimiento o amargura. No obstante la
premisa es atroz: que somos una sociedad
en que los rateros y todos sus parientes, gobiernan al margen de quien esté en
Palacio.
¿Somos una suma de ladrones?
Dos centurias de estafas a la fe del pueblo, signan nuestra conformación
incompleta, débil, enrarecida como país. Mientras que en el mundo y en
comunidades vecinas, el proyecto nacional levanta a multitudes, aquí nos
confunde, nos sumerge en el fango y los amigos de lo ajeno resultan siempre los
beneficiarios.
¿Y el pueblo? Básica y fundamentalmente un buen recurso político, poético,
literario, excusa ineludible a la hora de las promesas. No obstante, esas masas
pagan todos los impuestos, mantienen a delincuentes en los sucesivos gobiernos
y jamás ¡siquiera! atisban la realidad de las ofertas.
Los chicos malos, esos que vienen justificando sus mentiras de justicia
con libracos mal escritos y bien financiados, con viajes por todo el mundo y no
pocas veces a Washington D.C., donde queda el Departamento de Estado, hacen lo
propio pero arropados en la envoltura social y de futuro. ¡Pamplinas!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la
historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y
tácito de hablar a media voz!
