Informe
Señal de
Alerta-Herbert Mujica Rojas
13-3-2026
Ladrones ¿nacen o se hacen?
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En la historia
republicana que comienza oficialmente en 1821, evento que San Martín perenniza
con la sentencia: “El Perú es libre e independiente por la voluntad general de
los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”, el número de
estafadores, ladrones, asaltantes y demás pícaros que han pasado por los
gobiernos, congresos, municipalidades o cualquier entidad de mando, es inmenso,
fue sombreado, disimulado o borrado.
La pregunta
obligatoria en nuestros confines es: ¿los ladrones, nacen o se hacen? Detrás de
no pocas fortunas, “abolengo”, “heroísmo” y “honorabilidad” hay movidas sucias,
asaltos descarados con leyes y reglamentos, en suma, por borbotones.
¿Cuántas calles,
avenidas, parques, bustos de bronce, a lo largo y ancho de la república, han
sido dedicados a prohombres de papel crepé, falsos valores que en vida fueron
todo lo contrario y que aprovecharon la altura de sus contactos, para mejor
perfilar las mentiras de sus proezas?
Es en la
burocracia que por decenios, se escabulleron los asaltantes de la cosa pública.
De pronto, modestos funcionarios, trocaron en potentes dueños de bienes muebles
e inmuebles, viajes al exterior, distinciones con medalla y diploma y
aseguraron opacas trayectorias por la cercanía y funcionalidad hacia todos los
gobiernos.
En tiempos
electorales, hay unos ladrones de la fe pública sobre las que Manuel González
Prada escribió líneas de fuego imborrables:
“Entonces ¿de qué nos sirven los Congresos? ¿Por qué, en lugar de discutir
la disminución o el aumento de las dietas, no ponen en tela de juicio la
necesidad y conveniencia de suprimirse?
¡Qué han de hacerlo! Senadurías y diputaciones dejan de ser cargos
temporales y van concluyendo por constituir prebendas inamovibles, feudos
hereditarios, bienes propios de ciertas familias, en determinadas
circunscripciones. Hay hombres que, habiendo ejercido por treinta o cuarenta
años las funciones de representante, legan a sus hijos o nietos la senaduría o
la diputación.
Comadrejas de bolsas insondables, llevan consigo a toda su larga parentela
de hambrones y desarrapados. En cada miembro del Poder Legislativo hay un
enorme parásito con su innumerable colonia de subparásitos, una especie de
animal colectivo y omnívoro que succiona los jugos vitales de la Nación”.
(Nuestros legisladores, Horas de lucha, 1906)
¿Qué papel indecoroso cumplen los clubes electorales? Nutren de postulantes
a robar al próximo gobierno desde los ministerios, municipalidades, gobiernos
regionales y sin duda Palacio. ¿No son sospechosos varios ex presidentes y uno
de ellos, por mano pusilánime, se ahorró el juicio público por falta de
honradez?
Nuevamente la pregunta: ¿ladrones nacen o se hacen?
En el tango Cambalache hay expresiones alusivas de la más alta calidad:
Que
el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos
mil también; que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafáos, contentos y
amargaos, valores y dublé. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad
insolente ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue y en un
mismo lodo todos manoseaos.
Hoy
resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un
gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao...
Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es
cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.
¡Pero
qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera
es un señor, cualquiera es un ladrón! Mezclaos con Stavisky van don Bosco y la
Mignon, don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín. Igual que en la vidriera
irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable
sin remache ves llorar la Biblia contra un calefón.
Siglo
veinte, cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no
afana es un gil.¡Dale nomás, dale que va, que allá en el horno nos vamo a
encontrar! ¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste
honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de
los otros, que el que mata o el que curra o está fuera de la ley. (Enrique Santos Discépolo, 1934)
El
pueblo soberano, en uso de esa libertad natural a escoger a los mejores y
liquidar a los despreciables ¿no puede corregir el rumbo y meter a la cárcel a
los ladrones y exigir a los honestos forjar un Perú libre, justo, culto y
digno?
Para
algunos, gobernar es sinónimo de robar. Muchos nacidos en cunas de oro sucio y
malas costumbres, practican el racismo, califican según el color de la piel y
desprecian a quienes no entienden pero que son los que hicieron de estas
tierras y su gente, capitanes geopolíticos de buena parte de la América del
Sur.
Que
en Perú toda la zona sur carezca de su gasoducto ¡es un robo! ¿Dónde está el
recurso y cuántos millones pertenecen a la zona austral del país? ¿son menos
atendibles en una revolución energética pro soberanía y dignidad, los
compatriotas de medio país?
Los
ladrones, y sus parientes estafadores, rateros, delincuentes de todo pelaje,
altura, color y número de calzado, son parte sucia que la sociedad debe
señalar, encarcelar y eventualmente liquidar de cualquier expresión colectiva
de la Nación.
¡Ataquemos
al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas
aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media
voz!
