Informe
Señal de
Alerta-Herbert Mujica Rojas
8-5-2026
Igualdad/desigualdad: legislar desde una falsa simetría
https://senaldealerta.pe/igualdad-desigualdad-legislar-desde-una-falsa-simetria/
El psicólogo social
José Manuel Delgado Taboada, accedió amablemente con las siguientes respuestas
sobre el tema.
Dos proyectos de ley
impulsados por la congresista y senadora electa Milagros Jáuregui, han
reactivado un debate sensible: ¿qué ocurre cuando se pretende legislar en
nombre de la igualdad ignorando las desigualdades reales?
El primero propone
eliminar la figura de feminicidio del Código Penal y reemplazarla por una
categoría neutral: “asesinato de la pareja”. El segundo plantea que, ante una
denuncia por violencia que no prospere, la persona denunciada pueda accionar
inmediatamente contra quien denunció.
A simple vista,
ambas iniciativas podrían parecer razonables bajo una lógica de equidad. Sin
embargo, comparten un mismo problema de fondo: parten de una falsa simetría.
Pero hay un elemento
adicional que no puede pasarse por alto: estas y otras propuestas anteriores
provienen de la presidencia de la Comisión de la Mujer y Familia del Congreso,
actualmente liderada por la propia Jáuregui. Es decir, desde el órgano que debería
fortalecer la protección de las mujeres, no debilitarla.
Igualdad mal
entendida
Es cierto que los
hombres también pueden ser víctimas de violencia de pareja. Nadie lo discute.
Pero el derecho no se construye sobre casos aislados, sino sobre patrones
consistentes.
Los datos
internacionales son contundentes: alrededor del 60% de las mujeres asesinadas
en el mundo mueren a manos de sus parejas o familiares, mientras que solo cerca
del 11% de los homicidios de hombres ocurre en ese mismo contexto.
Esto revela una
diferencia estructural: mientras los hombres son asesinados mayoritariamente en
espacios públicos y en dinámicas delictivas, las mujeres enfrentan su mayor
riesgo en el ámbito privado, en relaciones íntimas atravesadas por control,
violencia previa y desigualdad de poder.
Por eso el
feminicidio no es un privilegio penal, sino una categoría que permite nombrar
una forma específica de violencia. Eliminarla en nombre de la igualdad formal
no corrige una injusticia. La invisibiliza.
Violencia es un
proceso
El feminicidio rara
vez es un hecho aislado. Es, en la mayoría de casos, la culminación de un
proceso de violencia: control, celos, agresiones previas, aislamiento,
dependencia emocional o económica. No se trata de “conflictos entre iguales”,
sino de dinámicas sostenidas de poder.
Además, en muchos
casos, las mujeres asesinadas habían denunciado previamente a sus agresores,
sin que sus denuncias fueran atendidas de manera oportuna o efectiva.
Reducir estos casos
a un “asesinato de pareja” elimina el contexto que permite comprenderlos, pero
también invisibiliza la responsabilidad institucional en su prevención.
Problema es el
rechazo
Limitar el
feminicidio al ámbito de la pareja también deja fuera un conjunto importante de
casos: aquellos en los que la violencia ocurre precisamente porque la mujer no
quiso tener una relación.
Existen numerosos
episodios de agresión y asesinato vinculados a:
-rechazos afectivos
o sexuales
-acoso persistente
-pretendientes o ex
parejas que no aceptan la negativa
-celos o control sin
vínculo formal
En estos casos, la
violencia no surge de una relación, sino de una lógica de posesión y castigo
frente a la autonomía. La idea de que la mujer no tiene derecho a decir “no”.
Esto refuerza que el
feminicidio no describe solo un tipo de vínculo, sino una forma de violencia
que sanciona la decisión femenina. Denunciar bajo amenaza
El segundo proyecto
introduce un riesgo aún mayor: que una mujer que denuncia violencia pueda ser
contrademandada si no logra probar su caso.
En el Perú, el
problema no es el exceso de denuncias, sino su ausencia. La violencia de pareja
es uno de los delitos más subreportados, no solo por miedo o dependencia, sino
también por la revictimización institucional que muchas mujeres enfrentan.
Denunciantes que no
son creídas, que son cuestionadas, que deben repetir su testimonio múltiples
veces o que no encuentran respuesta efectiva. En muchos casos, el sistema de
justicia se convierte en una nueva forma de violencia. Desde un enfoque de
psicología social, denunciar implica un cálculo: ¿vale la pena el riesgo?
Cuando los costos
—exposición, desgaste, represalias— superan a los beneficios —protección,
justicia—, lo que ocurre es predecible: las personas no denuncian. Si a ese
escenario se le añade la posibilidad de una contrademanda, el mensaje es claro:
denunciar puede salirte más caro que callar. El resultado no es más justicia.
Es más silencio.
Mal planteamiento
El problema real no
es el exceso de denuncias, sino su ausencia. Entonces, la pregunta es
inevitable: ¿por qué diseñar leyes para un problema marginal, a costa de
agravar uno estructural?
