Señal de
Alerta-Herbert Mujica Rojas
2-6-2026
Contubernio con fujimorismo, pulverizó al Apra
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Hay
sumas que restan y en política, los resultados suelen ser desastrosos,
infelices, profundamente nocivos. El contubernio que se echó a andar, como
relata el recientemente desaparecido Héctor Vargas Haya, entre el Apra y el
fujimorismo, ha tenido tormentas cataclísmicas.
No
solo el Apra quedó divorciado de las masas populares y sindicales, sino que, en
el colmo de la estupidez, hoy sus grises voceros, impulsan el voto por Keiko
Fujimori, hija de Alberto Kenya, quien tiene serios encontrones contra las
leyes, es radicalmente antidemocrática y su orientación política reaccionaria, es
a las derechas.
El
12 de abril, como nunca antes, el Apra, obtuvo en las urnas, apenas 150 mil
votos, su candidato presidencial Imitador 0%, no pidió disculpas por su
aventurerismo, lió sus cosas y se fue a descansar a su casa por largos y
anónimos años. ¡No! Está pendiente de los fondos de la franja electoral.
Vencidos,
claudicantes, anacrónicos, los más veteranos persisten en una terquedad cómplice
y permiten toda clase de desmanes al interior de la otrora gran colectividad
política que hoy protagoniza el tristísimo proemio de sus funerales, sin pena
ni gloria.
Leamos
párrafos de La alianza García-Fujimori, https://tinyurl.com/389hsvkk, 1-5-2025, en su Memoria
Política, Héctor Vargas Haya, consigna en las páginas 111-112, el
siguiente análisis del pacto entre Alan García y Alberto Fujimori.
“hace veinte años se inició, en los últimos días del gobierno de 1985-1990,
después de convocadas las elecciones de 1990 y en medio de un enlodado proceso,
en el que el presidente García puso el aparato del Estado al servicio de la
candidatura de Fujimori, un desconocido ciudadano, de quien García esperaba que
le guardara las espaldas frente a las serias acusaciones que pesaban sobre él.
El
candidato del FREDEMO, Mario Vargas Llosa, aparentemente favorito, lo había
amenazado con investigarlo, una vez que tomara posesión del gobierno, por las ilicitudes
cometidas durante su gobierno, el que, como lo sostenía públicamente, “estuvo
integrado de bribones y cacasenos”.
Lo
calificó de “charlatán e indecente” y de haberse llenado de casas y cuentas
bancarias, a tiempo de recordarle, con palabras duras, las dolosas operaciones
con los aviones Mirage, el ilícito traslado de los fondos del Banco Central de
Reserva al desprestigiado Banco BCCI, las dudosas financiaciones en el tren
eléctrico, entre otras imputaciones.
Le
recordó el haber presidido el peor gobierno que ha tenido el Perú, autor de la
más terrible hecatombe, mucho mayor que la ocasionada por la Guerra con Chile.
Lo acusó de ser el mayor responsables de los asesinatos del Frontón y otros
penales, donde fueron aniquilados unos trescientos internos, así como de haber
sido el mayor causante de la violencia terrorista en el Perú, al recordarle sus
expresiones en Ayacucho, en 1999, cuando dirigiéndose a los jóvenes les decía
“debemos reconocer cómo Sendero Luminoso cuenta con militantes entregados al
sacrificio, equivocados o no, y tiene lo que nosotros no tenemos”.
Fue la
amenaza de Vargas Llosa por la serie de cargos e ilicitudes la que indujo a
García a propiciar el triunfo de Fujimori y su alianza política, derivada de su
inocultable pánico a las amenazas de ser investigado, y pensando en su futuro
lideró una astronómica campaña de demolición contra el candidato del FREDEMO,
valiéndose de todos los medios de comunicación a los que alimentó con dinero
del Estado.
Así
triunfó Fujimori, un outsider que contó con los votos de los militantes
apristas, por consigna de García, que logró, como jamás había ocurrido, que los
apristas apoyaran libremente al candidato de sus simpatías, que no era otro que
Fujimori, e inesperadamente minimizó al candidato oficial del APRA. Cuesta
creer que Alva Castro, sacrificado como un bonzo, haya formado parte de la
componenda y el apoyo a Fujimori.
Fujimori
trató de desvirtuar la alianza, poniendo en ejecución ciertos calculados actos,
prefabricados, como aquel supuesto acoso policial contra García, tan pronto
como fuera denunciado por corrupción, entonces se teatralizó una simulada
persecución contra García, -- todo un sainete—en su propio domicilio de
Chacarilla del Estanque, donde con gran facilidad se “escapó”.
Una
sospechosa y sorprendente facilidad, en tanto la policía le facilitaba su
salida. Si hubiese existido el propósito de detenerlo, no habría sido tan
sencillo que “estando cercado” haya podido salirse tan fácilmente, luego
ocultarse, nada menos, que en el domicilio del presidente del Consejo de
Ministros de Fujimori, Juan Carlos Hurtado Miller.
La más
clara demostración de apoyo a su aliado fue la protección que Fujimori le
prodigó al ex presidente García, durante más de diez años, a partir de 1990,
hasta el 2000, periodo en el que el ex presidente gozó de absoluta libertad, no
obstante que pesaban sobre él instrucción incoada por delito de corrupción.
García
Pérez, simulando ser un perseguido político, sorprendió a la Embajada de
Colombia, la que le confirió asilo, no obstante que sobre el refugiado pesaba
instrucción por delitos comunes. Luego, y a fin de que pudiese abandonar la
Embajada y viajar a Colombia, Fujimori le otorgó irregularmente el
salvoconducto. Si hubiera querido colaborar con la justicia, sólo le bastaba
negarle dicho beneficio.
Así
transcurrieron diez años. Fujimori no hizo nada por extraditarlo, y el acusado
logró la prescripción de la acción penal. Ni siquiera fue decretada la
interrupción de la prescripción, por tratarse de un proceso en trámite,
festinado por jueces prevaricadores, que le debían favores al inculpado.
Fue
pues, un concertado plan para evitar el juzgamiento de quien tenía serias
pruebas de delitos de corrupción y enriquecimiento ilícito. Ni los jueces ni el
Poder Ejecutivo tuvieron interés de acelerar el trámite de extradición, y en
concierto esperaron el paso del tiempo para archivar el proceso”.
¡Ataquemos
al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas
aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media
voz!
