Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
15-6-2026
López Aliaga achicharró a Reggiardo
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Nadie puede discutir la feracidad peruana en la producción
de dislates, generación de absurdos y cotidianeidad de los más insólitos
sucesos, no solo los de la política envilecida sino también en el resto de
cosas.
Afloran, además, malos sentimientos, egoísmos indisimulables
y taras congénitas. El político, en alto porcentaje, no es tal, apenas un busto
parlante e insospechable de ideas porque su cacófono cerebro no va más allá de
la satisfacción propia, miope, egoísta.
Dentro de los cálculos y mediciones de su desempeño público,
el señor Rafael López Aliaga, ya había ponderado qué significaba dejar la
alcaldía de Lima, luego de haber metido a la Municipalidad en compromiso de
deudas por los próximos veinte años y múltiples tareas ofrecidas pero
inconclusas.
Todo parece indicar que a sabiendas que no ganaría el
primer, segundo o tercer puesto, para la presidencia, el señor López Aliaga
echó mano a toda clase de motivos para afirmar que le hicieron fraude, que
perdió tramposamente y que iba a arder Troya en la mazamorrera capital peruana.
No pudo impedir la segunda vuelta pero la actividad desde la
municipalidad a la candidatura del señor López Aliaga, produjo bajas y el
achicharramiento total del segundo a bordo: Renzo Reggiardo.
En una seguidilla de sucesos sin fin, Reggiardo declinó o le
hicieron abortar la aspiración municipal electiva; asumió la postura jurídica y
denuncia de López Aliaga; fue eco eficiente y político de Rafael y en ningún
momento discrepó o sostuvo otra posición disímil a la de su mentor.
El achicharramiento de Renzo Reggiardo no puede haber sido
más público, total y revelador.
¿Es tarea de los escuderos convertirse en bonzos a vista y
paciencia de la ciudadanía limeña?
En breves horas, tal como ha dicho públicamente, López
Aliaga anunciará si postula a la alcaldía. Ya no requiere, en absoluto, de
Reggiardo que empieza a perder aceleradamente protagonismo. La inercia de la
sombra de Rafael, le oculta de manera total.
Otras consideraciones.
La demagogia también se evidencia en los gestos y en los
impulsos que tan solo satisfacen intereses minoritarios, minúsculos, para goce
privado. Y el concepto de un gobierno municipal es por y para todos los
ciudadanos.
La demagogia es una estrategia política que busca ganar el
apoyo popular apelando a emociones, prejuicios, miedos y esperanzas, en lugar
de utilizar argumentos racionales. Se caracteriza por promesas irreales,
discursos simplistas y halagos al pueblo, considerándose una degeneración de la
democracia.
El egoísmo es una actitud caracterizada por el amor excesivo
e inmoderado hacia uno mismo, que lleva a las personas a priorizar sus propios
intereses, necesidades y deseos por encima de los de los demás, a menudo
ignorando o perjudicando el bienestar ajeno. Se considera la falta de empatía y
la búsqueda de beneficio propio sin consideración externa.
Merced a las antedichas simples definiciones, el señor López
Aliaga pensó tan solo en sí mismo y cuanto aconteciera en el municipio o la
acción pública, con respecto a Renzo Reggiardo, parece no haberle suscitado, la
más mínima preocupación.
Pero las expresiones públicas de López Aliaga y sus
postulaciones han sido diversas, incontenibles y persuadieron a sectores
ciudadanos que él es -o era-, una buena carta al mando de la Nación.
Sectores fanáticos, conservadores hasta la náusea, acérrimos
racistas y despreciadores de cualquier raíz andina, se agruparon bajo el toldo
de su fallida candidatura presidencial con predominancia en Lima.
Absurdos estos distintivos discriminadores en una metrópoli
que tiene en 85% raíces en los andinos y selváticos departamentos del resto del
país. Bien decía Ricardo Palma: quien no tiene de inga, tiene de mandinga.
Los sectores racistas y discriminadores persisten con vituperable
constancia en su sentimiento de privilegio, escalafón en el color de la piel,
el deletreado del apellido y los billetes que lleva en la alforja. La palabra
“emergentes” úsase con reiteración insolente.
El achicharramiento de Reggiardo muestra impúdicamente que
los intereses exclusivos de Rafael López Aliaga, priman en sus ambiciones. No son
el bien común mayoritario, ni la sanidad citadina o la seguridad, guiones
fundamentales de su quehacer político. Primero, segundo y tercero, para don
Rafael, es él, luego él, y más adelante, también él.
La segunda vuelta presidencial dio por resultado un país
fraccionado pero también el agudo ayuno de instituciones y colectividades.
Antes, hasta hace 30 años, se llamaban partidos políticos. Hoy no pasan de
clubes angurrientos de los fondos de la franja para sus almuerzos, viajes de
turismo, tenidas nuevas y demás chucherías.
¿Seguirá el electorado, para las municipales y regionales,
aguantando a mentirosos que prometen el oro y el moro y nada de los grandes
proyectos ediles y locales, urgentes y como demostración que los gobiernos más
chicos sí pueden gestionar éxito, con honestidad y valiente gana de construir
un Perú libre, justo y culto?
La megalomanía que tiende a creerse la solución o parte
mayoritaria de aquella, para los grandes temas nacionales, es una tara que debe
superar el elector. Los hombres y mujeres providenciales, de oratoria
maravillosa y plazoleta fácil, esos demagogos son agentes de la destrucción y
de los pésimos gobiernos.
La víctima mayor, Renzo Reggiardo, fue achicharrado por
López Aliaga.
