Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
11-5-2026
Mitos, ficciones, deseos y realidades mineras II
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Para el ingeniero Reinhard Seifert: “En ciencias del agua, el resultado de
la investigación del agua es exacto y ésta debe ser permanente y no ocasional.
Lo que no sucede a nivel nacional. Es decir, se puede medir exactamente la
cantidad y calidad del agua. Los resultados son contundentes. Son pruebas
irrefutables.
Se tiene que afirmar que si existe o no, la contaminación sobre los
límites máximos permisibles (LMP) por ley. En esta afirmación científica no
puede haber la más mínima duda, porque todo es comprobable con las fuentes
citadas y respaldadas por ley”.
Estado ausente
Afirma Seifert: “por ejemplo, Newmont/Yanacocha, sobre los “impactos
ambientales”, más bien son destrucciones del medio ambiente, afirma y se
constata que opera sobre los LMP. Lo dicen sus propias publicaciones. ¡Quiere
decir que contaminan el medio ambiente, sin que haya una intervención del
Estado para pararlo! Por tanto, no respetan a la ley y no tienen el más mínimo
control de nadie.
Los tóxicos metales pesados que ingerimos a diario con el agua, no nos
engordan, nos matan lentamente. Es una muerte lenta y segura. Por ello, su
aparición en los alimentos es tan peligroso. Los metales pesados, por
su naturaleza reaccionan indoloros, incoloros e inodoros. Y nos envuelven con
el misterio de la enfermedad insoluble.
Algo que no ocurre, en este caso de las aguas, con el análisis
“concienzudo” o superficial de los funcionarios, anclados en el Ministerio de
Energía y Minas, acerca de lo que informan las minas. Siempre buscan la
sin razón para no investigar a fondo la -luego- negada contaminación”.
Turbiedades
Señala Seifert: “Aquí entran a tallar los famosos estudios de abogados de
Lima y del extranjero. Entonces, los legos maliciosamente no aplican las
justas indemnizaciones a los pobladores contaminados, así casi siempre la
aplican en circunstancias bastante turbias. El objetivo primordial de estos
pésimos abogados es engordar más a las arcas de sus estudios y su accionar es
recontra perjudicial para las víctimas”.
Distorsiones
“A lo largo de los años durante mi ejercicio profesional como ingeniero,
me he vuelto un "hincha" acérrimo de los abogados, que saben tanto
del agua, como yo de una cirugía plástica. En este aspecto del agua no
saben nada de nada. Han estudiado tanto, han ingerido ingentes cantidades de
leyes humanistas para terminar en el sucio suelo, riéndose y distorsionando las
leyes a favor de los verdugos mineros”, subraya Seifert.
Más largo, mejor
Anota Seifert: “Reina la sorpresa. Esto es su negocio y cuanto más alargan
un juicio, más ganan. El oro brilla en sus ojos, con los cascos dorados bien
puestos. Es su razón de vivir. Interpretan la ley y los resultados de la
ciencia del agua a su antojo con el aval del juez. En esta tarea, el poder
judicial es su gran aliado y cómplice”.
Poderes fácticos
“Metafóricamente hablando, muchos abogados todavía estrangulan -como
premio adicional- a las víctimas de la contaminación, con su
"sabiduría" en defensa de los asesinos. Las leyes peruanas
distorsionadas son aplicadas y favorecidas en el sector minero, en su totalidad
y casi únicamente para los poderes fácticos del Perú, los que mandan siempre y
que son las empresas trasnacionales, mineros, banqueros, periodistas
mermeleros, parte de la iglesia católica, lobistas; y en general son solo
válidas para el capital”, señala Seifert.
Ingenuidad y archivo
“A todas luces, el concepto básico jurídico, dentro de una democracia
formal y existente, en el Perú es de garantizar las inversiones privadas, la
seguridad jurídica y por ende la salud pública, son llevados al extremo, al ad
absurdum y solo válido para los poderes fácticos.
Alguna vez e ingenuamente, en Cajamarca, presentamos tres denuncias
penales, en diferentes ocasiones, (desde 1994, con abundantes pruebas
irrebatibles) debido a la contaminación de las aguas, contra
Newmont. Todas fueron archivadas”, recuerda Seifert.
Contubernios
“Muchas veces, los permisos para seguir usufructuando el consumo del agua dulce
son otorgados por el ANA (Autoridad Nacional del Agua), sin haber procesado
previamente un análisis serio, meticuloso y a profundidad. Obviamente, los
nuevos permisos para seguir consumiendo el agua para las minas son documentos
sin valor científico. Se otorga así nomás, es un papelito simple, mal escrito,
con muchas fallas ortográficas, como parte de un contubernio existente entre
las minas y el Estado peruano”, indica Seifert.
Ojos inexpertos
Agrega Seifert: “Otro grave problema es el cierre de minas. Parafraseando a un
sabio campesino peruano: las cochinadas y los desagües mineros son tapadas y
escondidas para el ojo inexperto.
Actualmente, en la praxis, las geomembranas de plástico que -en hipótesis-
deben impedir la contaminación, en una mina al tajo abierto, apenas tienen una
vida útil de menos de 30 años. Ya se comprueba en Cajamarca hoy, la aparición
de tóxicos metales pesados, en las venas de las aguas subterráneas. Han dejado
abiertos centenares de tajos con las aguas envenenadas y con sus
filtraciones a perpetuación”.
