Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
20-6-2026
Unidad nacional y León XIV
https://senaldealerta.pe/unidad-nacional-y-leon-xiv/
Con optimismo excesivo, el editorial de ayer viernes de El
Comercio, opinó porque la unidad nacional (hecho complejo, político, soberano),
tiene un ingrediente sobresaliente en ocasión de la visita del papa León XIV al
Perú en noviembre. La expresión es inexacta.
Como génesis aunque no satisfactoria, es importante subrayar
que esa acariciada unidad nacional, no se ha conseguido en 205 años de vida
republicana. El editorial mencionado parece creer que una visita efímera,
protocolar y muy de fe, como la del Papa León XIV, puede solucionar en un
santiamén y revertir el fenómeno a favor del Perú.
La unidad nacional, esa argamasa potente de la ciudadanía de
todos los rincones, alturas, pisos ecológicos del último rincón del Perú, sin
divisiones o antagonismos creados por sistemas económicos discriminadores,
injustos per se, es un hecho esencialmente de contextura política, savia
cultural y ejercicio de voluntades aunadas a un proyecto en común.
Las premisas inconsistentes conducen a conclusiones
frágiles, irreales, hasta demagógicas. ¿Es la unidad nacional un truco de
voluntad y nos declaramos unidos y ya lo estamos?
Precedente
En 23 de mayo:
alianza obrero-estudiantil https://tinyurl.com/mv64ar6j apuntamos los siguientes párrafos:
“Uno de los momentos estelares de la historia peruana lo
constituyó la insurgencia que juntó a los obreros y a los estudiantes en
rebeldía contra la maniobra política del presidente Leguía de consagrar la
república al Sagrado Corazón de Jesús en 1923.
Los sucesivos gobiernos han, aprovechando de la mayoritaria
confesión católica del pueblo peruano, sacado ventaja para contrabandear
circunstancias.
Desde 1919 la vinculación estudiantil con los obreros había
alcanzado con victoria el régimen de las 8 horas de trabajo. Los
anarcosindicalistas y lo más esclarecido del segmento universitario maceraban
una alianza cuya presencia protagonizaría brillantes batallas contra la
injusticia y tiranías, desde entonces.
El congreso de Estudiantes realizado en Cusco en 1920,
consagró entre sus acuerdos la creación de las universidades populares. La
educación dejó de ser coto privilegiado de minorías sin mayor representación
para dar paso a estas instituciones genuinamente desde las bases.
El concepto integérrimo de la educación liberadora en las
masas representó un avance del movimiento popular en todo el país.
En 1923 las Universidades Populares González Prada (UPGP),
se enfrentaron al régimen crecientemente dictatorial de Augusto B. Leguía. Con
el pretexto de una ceremonia religiosa, se pretendió asegurar la reelección del
presidente.
Las UPGP, se pusieron a la cabeza de la protesta y una
asamblea estudiantil que desfiló por las calles centrales el 23 de mayo, fue
atacada con armas de fuego por la Guardia Republicana al mando del coronel
Rufino Martínez. Dos víctimas, que resultaron simbólicas, cayeron esa tarde: el
estudiante de letras, Manuel Alarcón Vidalón y el obrero tranviario, Salomón
Ponce.
El sacrificio de un obrero y un estudiante, forjó
definitivamente, el 23 de mayo de 1923, una nueva conciencia popular. El país a
partir de entonces, no volvió a ser lo que fuera. Amanecía un nuevo Perú.
Desde la pila del patio de Derecho, de la antigua casona de
San Marcos, Haya de la Torre arenga a la juventud universitaria durante las
jornadas vibrantes del 23 de mayo. La oratoria fogosa, convincente y directa
del líder de los estudiantes y rector de las Universidades Populares fue la
nota característica de aquellas jornadas. Por primera vez desde la iniciación
de su gobierno en 1919, el presidente Leguía vio en peligro su estabilidad
política frente a la protesta de los obreros y los estudiantes, ajenos a todo
enjuague de la política criolla”.
Pretender con superficialidad de análisis y carencia de
estudio histórico concluir en la posibilidad de la imprescindible unidad
nacional por una visita, es una acción no recomendable.
La unidad nacional es una plataforma social que debiera
concitar la atención devota de todos los grupos políticos como herramienta insustituible
en la lucha y extirpación de la pobreza, de las carencias en salud, de la falta
de un espíritu común decidido a edificar los parapetos de un Perú libre, justo,
culto y digno.
Unidad nacional contra los grupos minúsculos, racistas y
discriminadores que anidan en bolsones elitistas y que “estudian” al ciudadano
según el color de piel, lugar de vivienda, universidad de estudios y vía la
afiliación a exclusivos clubes de campo o de playa.
Lejos de ser un enunciado, la unidad nacional representa una
constante no lírica ni poética, sino acción perenne y con planes de vigencia
renovable cada 70 u 80 años. Es decir, la posta generacional no debe agotar su
dinámica, sino rubricar su continuación en la historia, en el espacio y el
tiempo.
Los miedos de comunicación debieran eludir las frases y
lugares comunes para caminar por las alamedas creativas de un espíritu nacional
orgulloso de su pasado rector geopolítico y escenario de la acción cívica de
culturas incas y preíncas, cuyos portentos de ingenierían aun no pueden ser
replicados en los días actuales.
El papa León XIV, peruano por adopción y corazón, sabe bien
que no serán la magia o la buena voluntad, las forjadoras de la unidad
nacional. Ciertamente que un ciudadano nacido en otra parte del mundo y que nos
visite como jefe de una importante iglesia, es una ocasión importante.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera;
atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el
pacto infame y tácito de hablar a media voz!
