Friday, January 19, 2007

Los Peruanoides y la verdad sobre el Trapecio de Leticia

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
19-1-2007

Revelaciones sumamente interesantes las que enuncia en el siguiente
artículo el embajador e historiador Félix C. Calderón. Pone de relieve
la importancia, nunca negada y sí muy mal enjuiciada, del ex
presidente Augusto B. Leguía y, además, a propósito del libro Los
Peruanoides de Pedro Villanueva Urquijo, de muy reciente aparición,
gracias al editor Armando Villanueva del Campo, subraya
acontecimientos que debieran llamar a reflexión serena, a la
ecuanimidad y al borrón integral del atolondramiento que tanto
señalaba Jorge Basadre como una de las taras más denigrantes del
peruano de todos los tiempos. No deja de ser polémica como atrevida la
propuesta de Calderón para rebautizar a la actual Avenida Arequipa con
su nombre príncipe: Av. Leguía. (Herbert Mujica Rojas)
…………………………………………………………..

Los Peruanoides y la verdad sobre el Trapecio de Leticia
por Félix C. Calderón

Siempre es reconfortante leer testimonios de peruanos honorables que
ayudan a escudriñar mejor nuestro pasado con base en la experiencia
vivida y una mejor descripción de las circunstancias que rodearon los
momentos cruciales de nuestra historia. En vez de seguir el infeliz
consejo de un cándido periodista que propone como lecturas de fin de
año lo contingente o la ficción, ya es tiempo que los peruanos presten
la atención debida a publicaciones que, de una manera u otra, apuntan
al rescate de la verdad histórica. Pues, es harto sabido que un pasado
convenientemente deformado, no permitirá nunca transitar de manera
correcta el futuro.

Pues bien, el libro de Pedro Villanueva Urquijo, "Los Peruanoides" es,
desde este punto de vista, una contribución valiosa y oportuna, porque
estamos todavía a tiempo los peruanos de reivindicar la patriótica
obra de ese gran estadista que fue don Augusto B. Leguía. Quien esto
escribe sospecha algunas de las razones que pudieron haber llevado a
su hijo a publicar tardíamente el recuento testimonial de su padre.
Empero, lo fundamental es que ha salido a la luz y los hechos que allí
se revelan permiten confirmar algunas de las hipótesis sobre las
cuales se trabajó el libro "El Tratado de 1929. La otra historia."

Para comenzar, el término acuñado "peruanoides" es apropiado en tanto
trata de identificar a quienes habiendo nacido en el Perú, no eran por
sus actos, peruanos, y más de uno no escapa, hoy en día, a este
calificativo. Cuando al fuerte taconeo de las pisadas se acompañaba
una voz engolada, privilegios inmerecidos y una falsa grandeza, se
puede decir que se estaba frente a un "peruanoide." No el más capaz
para ejecutar un programa de gobierno, sino el más favorecido por los
prejuicios de casta, lo que explicaría en gran parte las desdichas
nacionales.

Luego de hacer un apretado recuento de los contratiempos e infortunios
del Perú republicano y de parte de las causas de ese estado de cosas,
Villanueva Urquijo dedica un buen número de páginas a desbaratar las
infamantes acusaciones que los golpistas de 22 de agosto de 1930
tuvieron que inventar para justificar las vejaciones a las que
sometieron al defenestrado mandatario, incluyendo su oprobioso
encierro en el Panóptico, no obstante la gravedad del cáncer
prostático que padecía y a pesar de haber asumido sin ambages su
responsabilidad ante la historia por la política internacional que
condujo su gobierno.

Interés especial reviste, en este acápite, la revelación que hace el
autor acerca de las intenciones bélicas de tres países vecinos a fin
de resolver por la fuerza los problemas fronterizos que confrontaban
con el Perú y que la incuria, incompetencia o pusilanimidad de los
gobernantes peruanos que precedieron a Leguía hizo que se tradujera en
una clamorosa precariedad vía status quo, modus vivendi o
sencillamente negociaciones infructuosas. No se trata ahora, por
cierto, de perturbar la fructífera relación vecinal trayendo a
colación episodios del pasado de ingrata recordación para los
peruanos. Sin embargo, resulta de gran utilidad este recordaris si se
quiere apreciar en su real dimensión el legado de Leguía y, por
oposición, la bajeza e infamia de Sánchez Cerro y sus cómplices, y el
por qué deben arrastrar ese baldón.

Nos dice Villanueva Urquijo que cuando "el Sr. Lozano tocó la puerta
de nuestra Cancillería no venía en actitud amistosa. Solapadamente nos
traía un conflicto. El no traía exclusivamente la representación de su
país (sic)." Da a entender qué gobierno estaba detrás de esta
confabulación para "poner término violento a viejos pleitos
internacionales derivados del incumplimiento de un pacto desgraciado",
y agrega a renglón seguido lo siguiente: "Fue la República de Colombia
la que aceptó el papel de provocador. La misión del Sr. Fabio Lozano y
Lozano, no era pues, una misión sencilla. Sí lo era de trascendencia
(en cursivas en el original). O el Perú se entendía amistosamente
(Idem), o se le agredía en conjunto (sic), a fin de someterlo por la
fuerza e imponerle con las bayonetas la obligación de aceptar
mutilaciones territoriales caprichosas."

Por cierto, más de un historiador peruano ha especulado respecto al
"cuadrillazo" o "polonización" que se cernía sobre el Perú. Mas, el
testimonio de quien fuera por esa época diputado del Departamento de
San Martín, precisa mejor la verosimilitud de la amenaza y lo
magistral de la respuesta de Leguía, atacando casi en simultáneo los
tres frentes mediante propuestas negociadoras que a la postre dieron
sus frutos.

El trueque de Leticia

No es del caso detenerse aquí en la negociación propiamente dicha del
Tratado Salomón-Lozano, por lo demás explicada ampliamente en "El
Tratado de 1929. La otra historia." Pero sí es importante marcar las
coincidencias con la obra que se comenta. En primer lugar, Leguía
aceptó con renuencia la propuesta de Lozano, mientras involucraba a
Estados Unidos en la ejecución del artículo III del Tratado de Ancón.
En segundo lugar, concluida la negociación y firmado el tratado el 24
de marzo de 1922, Leguía procuró retardar sine die su aprobación por
el Congreso peruano, interesado como estaba en desactivar la amenaza
tripartita sin dejar de recuperar Tacna y Arica. En tercer lugar, se
falta a la verdad cuando se dice que Leguía cedió Leticia. El modus
vivendi que siguió en 1911 al incidente de La Pedrera en el que fue
protagonista el entonces Coronel Oscar R. Benavides, puso en evidencia
la precariedad de las posesiones peruanas al este del río Putumayo.
Adicionalmente, el tratado de límites colombo-ecuatoriano de 1916,
mediante el cual ambos países se repartieron virtualmente la margen
izquierda del Marañón-Amazonas, no hizo más que complicarle las cosas
al Perú, por cuanto Ecuador le reconoció a Colombia en virtud de ese
tratado una porción territorial en la margen septentrional del
Amazonas que en la actualidad iría desde Pebas o Pijuayal en el Perú
hasta la frontera con el Brasil. En fin, es bueno recordar que los
mapas editados en Francia, Alemania y Estados Unidos en la segunda
mitad del siglo XIX, y aún antes, tradujeron sesgadamente ese
posicionamiento geográfico de Ecuador y Colombia sobre la margen
izquierda del Marañón-Amazonas, arbitrariamente basado en el Tratado
Larrea-Gual, firmado por el Perú en Guayaquil, el 22 de setiembre de
1829, en pleno derrumbe de la Gran Colombia.

Dicho en otras palabras, si bien el Perú tenía en 1922 la posesión del
denominado trapecio de Leticia y ejercía autoridad en su territorio,
no es menos verdad que desde 1821 seguía pendiente la definición de la
línea de frontera con Colombia, juntamente con la de Ecuador, desde el
momento que Simón Bolívar tomó la decisión unilateral de usurpar
Guayaquil y pretender, luego, arrebatarle al Perú, Ayabaca, Jaén y
Maynas, mediante un aprovechamiento desleal de su condición de
dictador supremo. (Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar:- Tomo
I : La usurpación de Guayaquil.- Lima, 2005). Por lo tanto, no fue
casual ni reciente que Colombia y Ecuador, que aprendieron a actuar
concertadamente, persistieran bien entrado el siglo XX en su
pretensión de contar con un acceso directo al río Amazonas.

La obra trascendente del presidente Leguía consistió en dividir a los
aliados ocasionales para negociar por separado con ambos, dentro de
una coyuntura muy difícil como fue la negociación preliminar con Chile
sobre el arbitraje. Primero con Colombia, aceptando, en 1922, la
cesión de Leticia a cambio de recibir como contrapartida el triángulo
de Sucumbios, valiosa franja territorial de importancia estratégica
para el Perú porque lo colocaba, por el este, muy cerca de Quito, y de
trueque, pues años más tarde, fue vital ese pequeño pedazo de
territorio en la negociación del Protocolo de Río de Janeiro de 1942.
(La Negociación del Protocolo de 1942: Mitos y Realidades.- Sociedad
Peruana de Derecho Internacional y Academia Diplomática del Perú.-
Lima, 1997). Y, a los dos años, con el Ecuador, porque se concluyó el
21 de junio de 1924, el Protocolo Castro Oyanguren-Ponce, en virtud
del cual los dos Estados se comprometieron bonna fide a establecer el
procedimiento para llegar más adelante a una solución definitiva de su
controversia limítrofe.

No es de extrañar que ninguno de los iracundos opositores de Leguía,
estuviera al tanto de los esfuerzos secretos del mandatario para
sacrificar de ser el caso el Tratado Salomón-Lozano, tan pronto el
mecanismo del laudo arbitral del presidente estadounidense Calvin
Coolidge se pusiera en marcha. Conviene recordar a este respecto que
meses después de suscribirse en Lima el Tratado Salomón-Lozano y el
Protocolo de Arbitraje y Acta Complementaria con Chile, el 24 de marzo
y el 20 de julio de 1922, respectivamente, el Gobierno peruano informó
reservadamente a su enviado en Bogotá, el 19 de setiembre de ese año,
de su intención de gestionar la modificación de la línea de frontera
aceptada en el Tratado Salomón-Lozano.

Con posterioridad, el 11 de noviembre de 1924, el Gobierno brasileño
alcanzó a Torre Tagle un memorando en el que señalaba que con el
acceso colombiano al Amazonas, de conformidad con el Tratado
Salomón-Lozano, se había modificado el status territorial del río
Amazonas sin haber oído al Brasil. El Perú que no veía con malos ojos
esa objeción y que pudo haber estado en su génesis, propuso una
negociación tripartita en Washington. Y no es pura coincidencia que la
solución a este último impasse se diera a través de un procès verbal
suscrito por los representantes de los tres países el mismo día que el
Presidente Coolidge firmara el laudo arbitral, el 4 de marzo de 1925.

Si bien el 30 de octubre de 1925 el Congreso colombiano aprobó el
Tratado de 1922; un mes más tarde, sin embargo, el Presidente Leguía,
le confesó sin ningún empacho al Embajador estadounidense en Lima,
Poindexter, que el tratado de límites con Colombia no sería examinado
por el Congreso peruano hasta que no se hubiera resuelto primero el
asunto del plebiscito de Tacna y Arica, con lo cual el fantasma del
linkage se hizo evidente para los Estados Unidos.

Asimismo, por esos días el Gobierno del presidente Leguía tomó una
decisión que sus detractores la callaron en todos los tonos, por
razones obvias, y que hoy en día ya no es posible seguir ocultándola.
En concreto, el 20 de noviembre de 1925, el Gobierno peruano autorizó
de manera previsora la definición de los linderos y luego la
colocación de mojones de la denominada hacienda "Victoria" en Leticia,
prima facie de propiedad de Enrique A. Vigil Chopitea, y con una
extensión de 550 hectáreas. El título de propiedad fue expedido por el
Ministerio de Fomento peruano el 15 de abril de 1926. Es decir, no
obstante que el Tratado Salomón-Lozano había sido ya ratificado por
Colombia, en un hecho histórico que ha permanecido inédito por mucho
tiempo, el Gobierno peruano decidió regularizar, en 1926, en el
corazón de Leticia, la propiedad de un ciudadano peruano que no le era
desconocido. En una palabra, Leguía adquirió otro "Chinchorro" en
Leticia y solo al año siguiente, el 20 de diciembre de 1927, el
Congreso peruano ratificó el Tratado Salomón-Lozano, en circunstancias
que ya era evidente el afán de la diplomacia chilena de procurar un
arreglo directo sobre la suerte de las "Cautivas", en vez del proceso
plebiscitario que lo estaba llevando a una derrota moral y jurídica. Y
para el efecto, buscó la cooperación del Secretario de Estado Kellog.

Este "Chinchorro" peruano, que pudo haber sido un valioso enclave
estratégico del Perú en Leticia, fue desgraciadamente vendido por
Enrique Vigil al Capitán de Fragata Oscar Mavila, el 6 de agosto de
1936. Pero, mediante un documento de carácter privado que se guarda en
el Archivo Central del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mavila
dejó constancia en aquella oportunidad que había actuado en nombre del
Gobierno peruano, utilizando con ese fin un dinero que salió del
pliego presupuestal de la Cancillería. Gobernaba el Perú Oscar R.
Benavides, era canciller Alberto Ulloa Sotomayor y Secretario General
de Relaciones Exteriores Enrique Goytizolo Bolognesi. Lo discutible
del caso reside en que al año siguiente, en una torpe decision del
Gobierno de Benavides la hacienda "Victoria" ( el "Chinchorro"
peruano en Leticia), fue vendida por el Perú a Colombia, a través del
representante colombiano en Lima.

Durante el injusto y arbitrario proceso que se le siguió a Leguía (el
único presidente del Perú que murió envilecido luego de estar preso en
el Panóptico) en el Tribunal de Sanción Nacional, fue llamado a dar su
testimonio Julio Arana, feroz opositor del defenestrado presidente por
tener intereses caucheros en el Caquetá, quien no escatimó en
reconocer que el Dr. Salomón le había manifestado años atrás el
interés prioritario del Gobierno de Leguía de terminar con la
cuestión de límites con Chile, para lo cual resultaba indispensable
poner fin al diferendo territorial con Colombia y de ser posible con
Ecuador, para así neutralizarlos y tener más fuerzas en las difíciles
negociaciones con el vecino del sur. También recordó Arana que, en
opinión del Dr. Salomón, hubo cierta presión de parte de los Estados
Unidos para que fueran terminados los arreglos con Colombia antes de
que el Presidente Coolidge emitiera su fallo arbitral.

En pocas palabras, no hubo entreguismo ni mucho menos traición en la
supuesta cesión de Leticia. Lo que sí hubo fue un inteligente trueque,
y hace muy bien Villanueva Urquijo en recordárnoslo; pues eso le
permitió a Leguía, a continuación, recuperar Tacna, y con ello darle
al Perú cuatro fronteras, tras la magistral faena que libró como
presidente, entre agosto y septiembre de 1909, para delimitar las
fronteras con Bolivia y Brasil. Por todo ello, nadie merece más
respeto ni agradecimiento de los peruanos que Augusto B. Leguía. Fue
él quien, a despecho del civilismo parasitario, dio "piel" al Perú y
lo introdujo en la modernidad. Mantenerlo en el purgatorio político es
indigno de la peruanidad y contrario a la verdad histórica.
Enhorabuena que "Los Peruanoides" nos haga ver a los peruanos nuestro
craso error. Ya es tiempo que la avenida que llevaba su nombre vuelva
a lucirlo con orgullo, y que se le erija el monumento que con justicia
se merece este patricio de excepción.

Thursday, January 18, 2007

Lima debería implorar perdón al Perú

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
18-1-2007

Lima debería implorar perdón al Perú

¿Qué hacen los electos de provincias cuando llegan a Lima?: urgen ser
llamados congresistas de la república; ¿qué aprenden aquí los hombres
y mujeres de la cosa pública?: a mentir, a hablar en estúpido, a
abundar en millones de indefiniciones y a prometer lo que no pueden
cumplir; ¿qué embrujo maléfico, sortilegio contumaz o hechizo
malhadado, pervierte, tuberculiza, convierte en monstruos a los
ciudadanos de esta capital que se cree divina rectora de los destinos
del país? Lima cumple 472 años de fundada por el porquerizo natural de
Trujillo de Extremadura, España, Francisco Pizarro, y desde entonces,
cual foete castigador, ha impuesto su peso centralista, nucleador
fragilísimo, racista y discriminador, al resto del país. Lima debería
implorar perdón al Perú.

Los miedos de comunicación limeños se creen nacionales, pontifican
desde la capital a la vasta e inmensa geografía patria. Hay
"especialistas, politólogos, analistas, internacionalistas" –debajo de
cada piedra- que jamás visitaron la puna, la selva o siquiera la
serranía, pero desde el muelle sillón citadino creen "aportar" con
soluciones modernas, de avanzada o inclusivas para los pobladores de
la nación. Todo esto apoyado en dólares que vienen del exterior y que
han formado una nomenclatura o aristocracia pseudo-intelectual –igual
de racista, criolla y discriminadora- que se alaba a sí misma, eleva o
desgracia a quienes son sus integrantes o enemigos, respectivamente.
Un muerto, una tragedia, un sismo, un apresamiento, no es igual si se
trata de Lima que de provincias. En el primer caso, el asunto es
grave; en el segundo, de menor y más deleznable prioridad. Si alguna.

La encuesta difundida ayer por un canal de cable preguntaba si la
población capitalina trata bien a los que no lo son y la respuesta
mayoritaria, abrumadora y aberrante es que no era así. ¿Puede causar
sorpresa semejante "descubrimiento sociológico"? La limeñización (aquí
vale ese gentilicio) de vastísimos sectores es un fenómeno que ocurre
con frecuencia en todas las grandes capitales. Sin embargo, y a la
par, coetánea y con fuerza innegable, persisten en toda su virtud
musical, artística y telúrica, bolsones de amor provinciano que
practican sus rutinas de variada índole. Cierto que los hijos y nietos
ya son capitalinos e integran, vía las universidades, ese ejército de
Simpáticos Saltimbanquis Urbanos (SSU) al servicio de quien les dé
trabajo, enseñe otro idioma y enajene su identificación con cualquier
rasgo que implique no sólo lo capitalino sino también lo peruano.

Lima actúa con paternalismo pseudo-protector. Mira de arriba a bajo al
resto del país. Por algunas extrañas e inexplicables razones, la
megalópolis sigue concitando atracción a los del interior que, en
muchos casos, no tienen más remedio que abandonar sus tierras para
llegar a una ciudad hostil, pestilente, plena en ladrones de saco y
corbata, multilingues y expertos en dar declaraciones justificando sus
robos y estafas al país.

El adocenamiento limeño invade cerebros, estupidiza ecuménicamente y
anquilosa a partidos, instituciones de todo orden y convierte en
ociosos y haraganes sempiternos a quienes se guarecen en la cosa
pública y en la privada. Los primeros viven felices esperando el
seguro salario; los segundos, están en puestos que no pocas veces,
reposan edificados sobre licitaciones con nombre propio; contratos
amañados; exacciones violentas y legales contra el país vía
concesiones o privatizaciones, etc.

Castradora, frívola, mediocre y gris, escenario de las más grandes
tragedias cívicas de la nación, fábrica aviesa de figuras y figurones,
falsos valores, impostores y cacos, en blanco y negro y en la
televisión o radio, en el Congreso o gobierno, Lima es una olla
infinita de fétidas sensaciones. Si el Perú es lo que es, en gran
parte se lo debe a esta ciudad yuguladora y angurrienta de vivir
rimbombante y en la impostación de "buenas costumbres", voz atildada y
una evidente y vergonzosa falta de pantalones y firmeza para destruir
a sus sagrados íconos con apellidos "decentes".

Lima debería implorar perdón al Perú.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.redvoltaire.net
hcmujica.blogspot.com
Skype: hmujica

Wednesday, January 17, 2007

¿Conciencia o concha?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
17-1-2007

¿Conciencia o concha?

Ha dicho el peruanoide ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, que
por conciencia él se opone a la pena de muerte. ¿Por causa de qué no
se opuso u objetó la prisión-pretexto de ocho campesinos ayacuchanos a
mediados de diciembre del 2005? ¿Entonces, no funcionaba lo que él
llama conciencia? ¿O es concha monda y lironda?

Según el Larousse, mataburro preferido de años vastos, concha se
define así: carey, materia córnea, traslúcida, envoltura dura, de
naturaleza calcárea segregada por el tegumento que cubre el cuerpo de
numerosos moluscos. A cierto obelisco con patas con fajín de
funcionario ¡no le entran balas!

Los ocho campesinos apresados en Ayacucho fueron la salida limeña,
pícara, cruel, racista, opresiva, de dos ministros ineptos,
profundamente mediocres como Allan Wagner Tizón en Defensa y Pilar
Mazzetti (otra peruanoide) en Interior. Para tapar su inutilidad en
cuanto a los trágicos sucesos que resultaron en la muerte desgraciada
de cinco policías y tres civiles, se capturó a estos connacionales, se
les engrilletó, trasladó cual animales por varias ciudades, para ser
liberados recién luego de más de 25 días.

¿Cómo así que las ONGs, infestadas de rábanos caviares, no acusan
constitucionalmente por agresión a los derechos humanos a estos dos
ministros Wagner y Mazzetti? ¿Por causa de qué el Congreso tan
veleidoso en el tema cortina de humo pena de muerte, no se pone los
pantalones y censura a estos infelices? Es que el silencio, muy bien
pagado por dólares cómplices que sufraga el imperialismo en miedos de
comunicación y en bolsillos de "formadores de opinión, analistas,
internacionalistas, politólogos" recubre la faena y neumática
proditora de seleccionar a las víctimas y enmudecer frente a los
atropellos. Nótese que ambos esquiroles pertenecen a múltiples ONGs.

Lima sigue creyéndose rectora de la vida nacional. A pesar que su
composición verifica, cada día más, la procedencia más bien
provinciana y múltiple, esta capital horrenda, estupidizadora masiva,
castradora y corrupta, persiste –con el avieso aconchabamiento de sus
vectores- en actuar como rectora del país. Los miedos de comunicación
otorgan mínimos espacios a lo que llega del interior y sólo destaca
accidentes, crímenes, tragedias. Jamás relieva o pone en su justo
valor cuanto ocurre porque "no conviene distraer" al respetable que
sólo lee titulares, las más de las veces, fantochadas grotescas.

El yerro monstruoso contra los campesinos fue acometido por dos
integrantes de un gabinete defendido a capa y espada por los
cotidianos ridículos que protagoniza el primer ministro Jorge del
Castillo con normal e incontestable frecuencia. No ha mucho que le dio
en justificar la prisión de los compatriotas y ¡ese mismo día, eran
liberados! Pero ¡a nadie se le ocurrió poner en evidencia tragicómica
el desaguisado de este individuo! ¿Será el toma y daca criollo de una
república que es más membrete que colectivo social en que hay silencio
si eso significa cargos como en APCI y en la Comisión de Reparaciones?
¡Desverguenzas indigestas!

Idiotas hay que han hecho creer que la impunidad se refiere sólo a
crímenes armados. ¿Y qué se puede decir de la falta de libertad
injustificable que padecieron los campesinos ayacuchanos? ¡También es
un asesinato de los derechos humanos! Sin embargo nadie del mundo
oficial u oficialoide acusa a los tristes protagonistas Wagner y
Mazzetti para llevarlos ante los tribunales por delitos contra estos
mismos derechos humanos que en otros casos dicen "defender"?
Impresionante el cúmulo de complicidades abyectas en que incurre una
casta política sucia y anacrónica.

Bien vale la pena reiterar el título referido al señor Wagner Tizón:
¿conciencia o concha? ¿Con esa misma conciencia ubicó a un deleznable
traidor como Fabián Novak Talavera, como su viceministro? Si tiene
conciencia ¿porqué no renuncia y pide disculpas a los campesinos
ayacuchanos? Ante el tribunal moral, éste no tiene conciencia. Solo
una concha de peruanoide formal. Nada más.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Tuesday, January 16, 2007

¡Pescaperú en el ruedo!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
16-1-2007

¡Pescaperú en el ruedo!

Con inmejorable presentación gráfica, contenidos polémicos e
informativos, la revista Pescaperú, dirigida por Antonio Ramírez
Castillo*, arrancó el 2007 con títulos como los siguientes: mar
peruano, potencial de oportunidades; ministro Rafael Rey, en camisa de
11 varas; incremento de flota: ¿permisividad o corrupción?;
inoperancia hunde a la pesquería; anchoveta: ¿plato de todos?; código
de conducta para la pesca responsable; respeto al Mar de Grau y una
pesquería responsable; anchoveta: tragedia de la abundancia;
entrevista central a un hombre –dato poco conocido- relacionado con la
pesca desde hace muchos lustros, Agustín Mantilla: trabajaré para que
en Perú haya pan, justicia y libertad; el cocodrilo de Tumbes;
Navidad, Escudo Nacional y pescadores; ¿qué es el calentamiento
global?; experiencia chilena y límites máximos de captura por armador;
turismo por la paz y desarrollo sostenible; cuotas de pesca en Europa;
la pesca es un buen negocio; anchoveta y omega 3, alimento del futuro;
defendamos la vida, defendamos el mar. Como es de notarse, ipso facto,
la variedad es muy rica.

No son muchas las publicaciones que discurren por tantos meandros
plenos en información y sugestivos misiles políticos. Por ejemplo se
dice que "presionado –Rafael Rey, ministro- por algún poderoso "lobby
pesquero", desconocía tal vez por su publicitada "ignorancia" sobre el
sector, que este tema ya había sido tratado a lo largo de varias
gestiones gubernamentales, por tanto y en vista que el plazo ha
concluido para que dicha comisión evacúe su informe, el ministro a
estas alturas ya debe tener las conclusiones en las manos y esperamos
lo haga de público conocimiento?". ¿Está realmente el titular de
Producción metido en camisa de once varas?

Las emocionantes palabras de Alejandro Bermejo, algo así como el viejo
líder, acreditado y respetado por muchos sectores, especialmente el de
pesquería: "Invertí mis ahorros (135 mil soles de la época) y he
dedicado mi vida como observador, cronista, historiador y promotor
intelectual de la industria pesquera, en las buenas y en las malas,
soporté los momentos duros de las dictaduras y entregaré hasta el
final de mi existencia, algo que para mí es un credo: Creo en Dios y
en la empresa privada con todos sus problemas y no en el estatismo".

La entrevista central permite lucir al director, Antonio Ramírez
Castillo, agudeza en la pregunta y perspicacia con Agustín Mantilla
quien dice ante el crudo cuestionamiento: "¿Cargó usted solo, la
pesada cruz del Apra? No –responde-. El Apra es un credo y yo sólo un
soldado más del aprismo, dispuesto a alcanzar un lugar, pero no en el
honor de quienes sufrieron el martirologio de la clandestinidad, la
persecución y el destierro. Creo haber cumplido con mi deber de
aprista, así me forjaron y así moriré." Concepto partidario sin duda.

Pero donde revela Mantilla o insinúa participación activa –y por
tanto, temida- es en la siguientes expresiones: "El Partido tiene que
ser reconstruido, en su mística y en la formación de cuadros, estoy
seguro que se reencontrará con su destino y con su pueblo……Ya vienen
tiempos nuevos, nos hemos apartado un poco del corazón de las gentes,
es momento de que las promociones jóvenes del aprismo trujillano,
dirijan el Partido en esa región". ¿Vuelve a ocupar posiciones
dirigentes Agustín Mantilla en el crujiente y debilitado edificio
partidario? A nadie escapa el evidente anquilosamiento, inexplicable
renuncia ideológica, incapacidad teórica, orfandad de liderazgo
político, que corroe al octogenario movimiento fundado por Haya de la
Torre. Del resto ni se hable, casi no existen. ¿Estamos en el pórtico
de lances novísimos? Y, tal como se insinúa en la entrevista, ¿será
Mantilla el portaestandarte?

Pareciera que Pescaperú ha escogido con acierto una diversidad muy
rica en temas. Como dato más humilde debo agradecer a sus editores que
colocaran el artículo Navidad, Escudo Nacional y pescadores, en que
planteo que, reivindicando la figura de José Olaya Balandra,
reemplacemos aquella extraña cornucopia grecorromana en el símbolo
patrio por el Mar de Grau y desde allí la plataforma para exigir a la
cancillería claudicante que se ponga los pantalones y empiece a pelear
por la delimitación marítima con Chile. Con algo de suerte seguiré
como colaborador entusiasta de Pescaperú. Muchas gracias.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Lea www.redvoltaire.net
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Skype: hmujica

*antonioramirezcastillo@yahoo.es

Monday, January 15, 2007

¡Gloria a los que murieron por la patria!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
15-1-2007

¡Gloria a los que murieron por la patria!

En ocasión de conmemorarse el aniversario de la Batalla de Miraflores,
15-1-1881, ¡qué mejor oportunidad! que recordar con unción emocionada
a los que murieron por la patria, en las críticas palabras del soldado
Manuel González Prada cuyo texto fue incluido en El tonel de Diógenes.
Leamos.

"Impresiones de un reservista

En 1880, cuando se organizó la Reserva, fui nombrado capitán de una
compañía en el batallón número 50, perteneciente a la novena división
mandada por don Bartolomé Figari. Mi coronel era don Federico Bresani,
hombre de negocios como el señor Figari. Bajo la Dictadura de 1879,
los paisanos ejercían las funciones reservadas a los militares.

Dos o tres veces por semana, los oficiales del 50 recibíamos
instrucción militar. Un profesional nos enseñaba la Táctica del
Marqués del Duero, o, mejor dicho, la aprendía con nosotros.
Diariamente, nuestra división practicaba ejercicio en la Alameda de
los Descalzos y en el camino a la huerta del Altillo. A las tres de la
tarde sonaban algunos campanazos en la Catedral, y toda la Reserva se
ponía en movimiento. En ventanas y balcones se instalaban las mujeres
para ver desfilar a los reservistas, y los reservistas desfilaban con
aire marcial y conquistador. Los uniformes azules con visos blancos y
las espadas con puño de metal amarillo pasaban en triunfo, bajo la
mirada y la sonrisa de las mujeres. Yo, que nunca pude tomar a lo
serio los entorchados y que nunca supe medir la distancia del uniforme
a la librea, iba cubierto de un sobretodo gris.

A los pocos meses de ejercicio, nuestros cachimbos practicaban
satisfactoriamente las evoluciones del batallón: hombres despiertos,
dóciles y de buena voluntad, no cometieron ninguna insubordinación ni
el más leve acto reprensible. Cundía en la Reserva el deseo de
rivalizar con la tropa de línea, desacreditada por las derrotas de San
Francisco y Tacna.

Como una sola vez hicimos ejercicio de fuego, la mayor parte de los
soldados ignoraba o no conocía muy bien el manejo del rifle. El fogueo
se verificó en la Pampa de Amancaes, donde se consumió más sándwiches
y licores que pólvora y plomo.

Oficiales y soldados fuimos muy exactos en asistir al ejercicio
mientras parecía dudoso el ataque a la ciudad; pero desde el día que
los invasores desembarcaron en Pisco, el animoso entusiasmo de los
reservistas empezó a decaer y siguió decayendo hasta degenerar en un
amilanamiento indecoroso. Abundaban los rostros pálidos y las voces
temblorosas. Las primeras en amilanarse fueron las personas decentes:
ellas, con sus figuras patibularias y sus comentarios fúnebres,
sembraron el desaliento en el ánimo de las clases populares. Difundido
el miedo y perdida la vergüenza, los hombres se guarecían en las
legaciones, en los conventos y en sus propias casas. Hubo necesidad de
traerlos por la fuerza. Un día, arrogándome facultades supremas,
ordené a un sargento que, al mando de una comisión del 50 y sin
respetar domicilios ni guardar consideraciones de ninguna especie,
"recogiese a la gente", fuera o no fuera de nuestro batallón. El
sargento –don Manuel José Ramos y Larrea- logró traer a muchos; pero
no a todos. Regresó narrando cosas inauditas: algunos, al saber de la
llegada de los comisionados, se fingían enfermos y apresuradamente,
sin haber tenido tiempo de quitarse la ropa, se metían en cama; hubo
quien, vestido de mujer, se dolía de las muelas y un barboquejo
tratada de esconder mostacho y barbas.

Las esposas, las madres y las hijas se mostraban heroicas en la
defensa de sus esposos, de sus hijos y de sus padres. Insultaban a los
comisionados, les amenazaban y aun les acometían: en una de las
rafles, el sargento recibió un tremendo escobazo. Algunos años
después, Ramos y yo nos reíamos al recordar el chichón levantado en su
cabeza por el palo de escoba. Mas no todas las hembras carecieron de
virilidad espartana: una mujer del pueblo extrajo del escondite a su
hombre o su marido y le entregó diciendo:

-¡Llévense a este maricón!

Con la deserción, no sólo de los soldados sino de los oficiales, los
tres batallones de la novena división quedaron reducidos a uno, y yo
di el salto de capitán a teniente coronel y segundo jefe del 50. Si la
batalla de San Juan se hubiera librado en junio, yo habría concluido
por ascender a general de brigada o jefe de estado mayor. A fines de
diciembre, los restos de la novena división recibieron orden de
acuartelarse en el convento de San Francisco; mas no lo efectué yo
porque al intentarlo me dijeron que otra persona había sido nombrada
en mi lugar.

Algunos días anduve indeciso, no sabiendo qué resolución tomar, cuando
recibí orden verbal de constituirme en la batería del Pino, como jefe
de la guarnición. Mi coronel había creído prestar mejores servicios
alistándose en la Cruz Roja. Muchos pensaron lo mismo.

II

El cerro del Pino está situado a unos dos kilómetros al sur de Lima.
Mandaba la batería el capitán de navío don Hipólito Cáceres. La
guarnición sumaba unos ciento cincuenta o doscientos hombres
pertenecientes a la Reserva; quiere decir, a los batallones
enrarecidos y quedados en cuadro: formaba un curioso abigarramiento,
donde capitanes y mayores habían descendido al rango de soldados. A la
guarnición de reservistas se agregaban unos cuantos oficiales de
marina y algunos marineros destinados al servicio de los cañones. No
faltaban militares de toda graduación: hasta dos o tres coroneles. De
éstos, unos dormían en el Pino, otros se iban al cerrar la noche.
Ignoro para qué vinieron ni quién los mandó.

El Pino contaba con cuatro piezas: dos buenos cañones Vavasseur que
habían pertenecido a la corbeta Unión y dos cañones de montaña.

III

Al amanecer del 13 de enero un cañoneo lejano me anunció la batalla.
Veía fogonazos, oía descargas de rifle, sin darme cuenta precisa del
combate. Los chilenos atacaban por la izquierda: nada más podía
percibirse.

Aclarado el día, disminuyó el cañoneo, mas las descargas de fusil me
parecieron aumentar y extenderse en la dirección a Chorrillos. Noté
por nuestra derecha, en el morro Solar, se combatía.

¿Qué había pasado? A las nueve o diez de la mañana me convencí de
nuestra derrota. Por las inmediaciones del Pino huían soldados
dispersos en dirección a Lima. Decidimos detenerlos y engrosar la
guarnición de nuestra batería. Varias comisiones salieron a cumplir la
orden; mas hubo necesidad de suspenderla para evitar una serie de
luchas armadas: los dispersos acabaron por defenderse a tiros. Habría
convenido ametrallarles desde los fuertes. Los persas tenían razón de
poner a retaguardia de sus ejércitos grandes masas de caballería para
detener, chicotear y empujar a los fugitivos.

Los pocos dispersos recogidos y llevados al Pino ofrecían un aspecto
lamentable. Algunos pobres indios de la sierra (morochucos, según
dijeron) llevaban rifles nuevos, sin estrenar; pero de tal modo
ignoraban su manejo que pretendían meter la cápsula por la boca del
arma. Un coronel de ejército se lanzó a prodigarles mojicones,
tratándoles de indios imbéciles y cobardes. Le manifesté que esos
infelices merecían compasión en lugar de golpes. No me escuchó y quiso
seguir castigándoles.

-Si pone usted las manos en otro soldado, le dije, tendrá usted que
habérselas conmigo.

-Soy, me contestó, un coronel de ejército y usted es un cachimbo.

-Si fuera usted un militar de honor, le repliqué, no se hallaría en la
Reserva, sino batiéndose con la tropa de línea.

Refunfuñando me volteó la espalda. Como momentos después nos viéramos
cara a cara, me dijo, poniéndome una mano en el hombro:

-Amigo, no hay que sulfurarse…. .

Nuestros cañones hicieron seis u ocho disparos: uno cayó en un
batallón de caballería chilena, otro en una batería instalada en un
montículo. Poseía yo un buen anteojo, y habiéndome colocado tras de
una de las piezas, podía seguir la trayectoria del proyectil. Si no
recuerdo mal, dirigía los disparos el marino don Manuel Elías
Bonnemaison. Cuando sentimos más deseos de seguir bombardeando al
enemigo, recibimos orden de suspender los fuegos.

Pasé la mayor parte de la noche sin dormir. Ni del campo ni de la
ciudad venían el menor ruido: sobre la carnicería se desplegaba la
serenidad imperturbable del firmamento. En medio de un silencio
trágico, observaba yo con mi anteojo el lejano incendio de Chorrillos;
la belleza de las enormes llamaradas sanguinolentas me hacía olvidar
el origen del fuego. De vez en cuando unos como polvorazos y
explosiones subían más arriba de las llamas, iluminando el horizonte.
Fatigado de rondar, me había sentado en una gran piedra y empezaba a
dormir, cuando sentí en la mano el roce de algo húmedo y frío: era el
hocico de un perro. ¿De dónde venía ese animal?

El 15, nos hallábamos reunidos los oficiales cuando una descarga de
fusilería nos anunció el ataque de los chilenos a los reductos de
Miraflores. Algunos oficiales, cogidos de pánico, huyeron a todo
escape, bajando el cerro con una agilidad de galgo. Quise ordenar que
se les hiciese fuego, mas el jefe del fuerte me lo impidió:

-Deje usted que los cobardes se vayan, me dijo.

Era día de sol magnífico. A pesar de los años transcurridos, veo las
masa de tropas chilenas embistiendo los reductos, retrocediendo y
volviendo a embestir, por tres o cuatro veces. Diviso aún los reflejos
de espadas blandidas por oficiales para detener y empujar a los
soldados. Más de un momento me figuré que los enemigos huían en
completa derrota; pero desgraciadamente observé que el último reducto
de nuestra derecha había sido flanqueado y que algunos batallones de
la Reserva eran palomeados en la fuga.

Al llegar la noche, todos habían abandonado el Pino, así la tropa como
los oficiales. El jefe, antes de seguir el éxodo general, nos encargó
a don Eduardo Lavergne y a mí inutilizáramos los cañones.

Sólo quedamos en el fuerte, Lavergne, don José María Cebrián, un hijo
de Bolognesi (Federico) y yo. De cuando en cuando sentíamos ruidos que
se acercaban a nosotros y se hacían más sensibles en la falda del
cerro.

-¿Quién va?, preguntábamos.
-Batallón número tal de la Reserva, nos respondían.
-¿Completo?
-Completo.

A las dos de la mañana destruimos los cañones, valiéndonos de la
dinamita. Nos encaminamos a Lima: nada había que hacer en el fuerte.
Entramos cinco, pues se nos había juntado don Manuel Patiño Zamudio
después de batirse en un reducto. Al atravesar la población corrimos
algún peligro: dos o tres veces nos hicieron fuego. Ignoro si la
guardia urbana, por creernos malhechores, o algunos dispersos, por
simple mala fe o la pesada broma de asustarnos. No respondimos. Yo iba
perfectamente armado: con mi espada, mi revólver y mi Winchester de
quince tiros. Para igualarme a Tartarín de Tarascón no me faltaba…. .

No vi los saqueos de los chilenos, y pienso que los autores no fueron
los reservistas de Miraflores a quienes pocas horas antes había yo
visto desfilar disciplinados y con sus efectivos completos. Saquearon
los emboscados, los que no salieron a combatir.

Concluiré con un incidente personal. Me encerré y no salí de mi casa
ni me asomé a la calle mientras los chilenos ocupaban Lima. Cuando
supe que la habían abandonado, quise dar una vuelta por la ciudad.
Pues bien, a unos cincuenta metros de mi casa me encontré con un
oficial chileno: había sido mi condiscípulo, mi mejor amigo en un
colegio de Valparaíso. Al verme, iluminó su cara de regocijo, abrió
los brazos y se dirigió a mí con intención de estrecharme. Yo seguí mi
camino como si no lo hubiera reconocido."

Friday, January 12, 2007

¿Bajándole, (otra vez), llanta al Congreso?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
12-1-2007

¿Bajándole, (otra vez), llanta al Congreso?

Lamentó el presidente García que el proyecto de pena de muerte hubiera
sido echado a la basura en el Congreso. El titular del gabinete, Jorge
del Castillo, revelando su profunda, congénita e indiscutible
mediocridad, insistió, enmendándole la plana con descaro, al jefe de
Estado, que su gobierno no iba a plantear ninguna otra medida. ¿En qué
quedamos: García habla de referéndum, el otro lo descarta? Y el
ministro, además, sostiene que el Congreso (al que él pertenece) está
de espaldas del pueblo.

Meses atrás, un legiferante advertido por artículo mío acerca de la
aviesa intención subliminal de disolver el Congreso, preguntó "¿qué
pruebas había sobre eso?". No es difícil aludir a los textos
palaciegos que afirman que si hubiera consulta una inmensa mayoría
daría su asentimiento a la pena de muerte. Puede ser, las multitudes
envilecidas votan a veces por el morbo y la bestialidad. ¿No
recordamos acaso cómo se aplaudió el cierre y expulsión ominosa del
Congreso y legisladores el 5 de abril de 1992?

Muy bien. Al margen de las frecuentes –y cada vez más gruesas-
contradicciones entre García y del Castillo (parecieran funcionarios
de empresas totalmente distintas), ¿sería muy difícil prever qué diría
el pueblo consultado acerca de cerrar hoy el Parlamento y licenciar a
sus precarísimos inquilinos episódicos? ¡De ninguna manera! Me atrevo
a pensar que no menos del 85% daría su muy feliz y jubiloso
asentimiento.

¿Y cómo se hace esto? ¡Muy fácil! Basta decir, con cinismo de quien
masca vidrios y no sangra, que se están cumpliendo las promesas
electorales, pero la culpa del fracaso "la tiene el Congreso". No hay
más que evidenciar que los que habitan en Plaza Bolívar son un hato de
incapaces muy bien pagados y no representan al pueblo. De repente
sería suficiente hacer parangón de este legislativo con los dos o tres
anteriores que fueron, a no dudarlo, de lo más abisal y mediocre de
que se tenga memoria en el Perú contemporáneo.

¿Alguien duda que acaba de reactivarse el socavón para enterrar al
anacrónico Congreso incapaz de protestar por los ocho campesinos
detenidos en Ayacucho; embrutecido hasta la médula e inepto de
reivindicar la memoria de los cinco policías y tres funcionarios
civiles asesinados a mediados de diciembre/2006; pusilánime de acusar
a todos los grandes y descarados traficantes políticos que metieron la
pata y que hoy se lavan las manos? ¿No es acaso, este Parlamento, el
que no fue tomado en cuenta, en absoluto por el tema del TLC con
Gringolandia? ¿Sería indebido acusar al actual cuerpo legislativo
unicameral de claudicante en el tema de la delimitación marítima con
Chile, la defensa de las 200 millas y de una posición internacional
digna y honrosa? ¡Y no digan que no tienen que ver con aquellos temas
de Estado! En fin, el rosario de taras e inconductas llenaría tomos
enteros.

Como hay que cohonestar la incapacidad mayestática como oprobiosa de
esos dos peruanoides Pilar Mazzetti y Allan Wagner, del Castillo
defiende la prisión de inocentes campesinos, aún cuando García Pérez
discurre por la letanía formal de mil palabras, para reconocer que si
no hay pruebas, debe liberarse a estos connacionales. ¿Quién devuelve
estos días horrendos en prisión y humillados a aquellos? ¿Cómo hacemos
para que la muerte injusta de cinco policias y tres funcionarios, no
sea constante sangrienta en el 2007, ni nunca? De allí a echar la
culpa al gran elefante blanco corporativo que funciona en Plaza
Bolívar, no hay más que un milímetro. Negarse a verlo es como atisbar
una tormenta, diciendo que son brisas encabritadas. ¡Qué desparpajo!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Thursday, January 11, 2007

A confesión de parte, relevo de pruebas

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
11-1-2007

A confesión de parte, relevo de pruebas

Transcribimos, sólo como aldabonazo a la conciencia de cada quién,
párrafos literales de la sentencia sobre el caso del Penal Castro
Castro, emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), leamos:

"17. El 5 de marzo de 2001 la Comisión aprobó el Informe No. 43/01,
mediante el cual declaró admisible el caso. El 21 de marzo de 2001 la
Comisión se puso a disposición de las partes con el objeto de alcanzar
una solución amistosa.

18. El 16 de marzo de 2001 el Estado presentó un informe, mediante el
cual señaló el nombre de las presuntas víctimas "fallecidas en los
sucesos (…) del 6 al 10 de mayo de 1992.

19. El 2 de abril de 2001 la señora Mónica Feria Tinta presentó
observaciones al informe de admisibilidad del caso (supra párr. 17).
Entre sus observaciones expresó, inter alia, que creía importante
resaltar que "fue un ataque originalmente dirigido contra las
prisioneras (….) entre las que había mujeres embarazadas", y que "en
la denuncia presentada (…) se especific(ó) que a la cabeza de los
responsables directos por los hechos figura (….) Alberto Fujimori
Fujimori (,) quien ordenó el ataque y las ejecuciones extrajudiciales
de prisioneros del 6 (al) 9 de mayo (,) así como el régimen que se les
aplicó a los sobrevivientes posterior a la masacre".

20. El 18 de abril de 2001 la señora Mónica Feria Tinta informó a la
Comisión que no tenía interés en que se llevara a cabo el proceso de
solución amistosa (supra párr. 17). El 23 de abril de 2001 el Estado
presentó un informe, mediante el cual expresó que "no desea(ba)
someterse (…) al procedimiento de solución amistosa" (supra párr. 17).

21. El 24 de abril de 2001 la Comisión solicitó a las peticionarias y
al Estado que presentaran "sus argumentos y pruebas respecto al fondo
del caso" debido a la "controversia entre las partes respecto de los
hechos denunciados". También requirió al Estado que presentara: "(e)l
nombre y la explicación de las circunstancias específicas en que
muri(eron..) las personas (….) en mayo de 1992 en el Centro Penal
Castro Castro, incluyendo las pericias forenses efectuadas (…y) los
respectivos certificados de defunción"; "(e)l nombre (y) tipo de
lesiones, (…) las circunstancias (…) en que dichas lesiones fueron
causadas, (…) y las pericias forenses que se hayan efectuado (al
respecto); e "(i)nformación sobre las investigaciones administrativas
y judiciales que se hayan efectuado respecto a los hechos ocurridos en
mayo de 1992 en el Centro Penal Castro Castro". Esta información
también fue solicitada a las peticionarias, sin necesidad de que
presentaran los documentos oficiales.

22. El 1 de noviembre de 2001 el Estado presentó sus alegatos y
pruebas respecto al fondo del asunto (supra párr. 21), tras dos
prórrogas que le fueron otorgadas. Asimismo, manifestó que
complementaría su argumentación respecto al fondo del asunto durante
la audiencia convocada para el 14 de noviembre de 2001 (infra párr.
23).

23. El 14 de noviembre de 2001 se celebró una audiencia sobre el fondo
del caso ante la Comisión."

¿Por causa de qué no se piden los informes de 16 de marzo y 23 de
abril del 2001 en los cuales el Estado peruano ante la CIDH, señala el
nombre de las presuntas víctimas y a posteriori afirma que no desea
someterse al procedimiento de solución amistosa? La gente tiene
derecho a conocer qué hizo o qué hicieron los personeros del Estado en
resguardo del Estado que les pagaba para que lo defendieran. ¿Quiénes
fueron los personajes en este intríngulis y qué instrucciones
recibieron, cumplieron o incumplieron?

En medio de tantas imprecisiones dictadas por la ignorancia sospechosa
y confusionismo atizado por los verdaderos culpables de tanta
estupidez institucional, combinada con apetitos mediocres de Adonis de
juguete, el pueblo peruano tiene ante sí que pagar por daños que otros
sinverguenzas hicieron so pretexto de un combate al terrorismo
criminal. ¿No haría, bien, entonces, conocer qué dicen aquellos
informes aludidos en la sentencia sobre los sucesos de 1992?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Wednesday, January 10, 2007

El Estado rufián

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-1-2007

El Estado rufián

Ha informado el eternamente muerto canciller, José García Belaunde,
que el señor Hernando de Soto será reemplazado por el embajador en
Estados Unidos, Felipe Ortiz de Zevallos, en todo lo referido al TLC.
Agregó e.m., que, sin embargo, de este no tan sorpresivo abandono del
barco, aquél seguiría procurando convencer a los congresistas gringos.
¿No sabía de Soto que este asunto para el cual fue comisionado, tenía
un pronóstico bastante malo desde el principio? ¿Quieren hacernos
creer los entendidos que ya tomaron debida nota que la "situación
política" en Yanquilandia, es otra en nuestros días?

Conviene preguntar de modo directo: ¿para qué han empleado decenas de
miles de dólares en viajes reiterados –léase excursiones placenteras-
para algo que ya veía asomar en el horizonte las orejas demócratas en
lugar de las torpes, cretinas y autosuficientes de las republicanas?
Sólo que la presea fue por doble envión: en representantes y en
senadores. Es decir, el reinado demócrata en Capitol Hill no es un
asunto a ser desdeñado.

Cuando alguien engaña o estafa, a la postre es lo mismo, se convierte
en un rufián. Si un Estado, que está conformado por hombres y mujeres
de carne y hueso, durante decenios, a sus ciudadanos, hace lo mismo,
deviene en Estado rufián porque expolia el dinero público y exacciona,
lastra y envilece la fe ciudadana. Gobierno y Estado en el Perú son
sinónimo de esas acciones que los retratan como ladrones sempiternos
de las esperanzas populares.

¿Alguien, en su sano y puntual juicio, puede creer que Hernando de
Soto desconociera la imposibilidad de lo que se le encomendó? ¿Qué
sagrados designios le hicieron aceptar a sabiendas? Por eso, ahora sí
muy claro, a mitad del río, el señor de marras, mostraba un
descontento más que manifiesto. Imposible olvidarse que de Soto ha
construido su imperio de soluciones financiadas, sebo de culebra, en
Estados Unidos donde se expide como un genuino American citizen y por
eso su ciencia amplia e inequívoca sobre ese país.

La congénitamente inepta ministra del Interior, la peruanoide Pilar
Mazzetti, reconoce que en las pruebas de absorción atómica, realizada
para comprobar si los ocho campesinos ayacuchanos tuvieron manejo de
armas o algo por el estilo, es ¡absolutamente negativa! Entonces ¿por
causa de qué el Estado rufián no suelta a esos connacionales, será
porque hay que tapar la bestialidad de Mazzetti y de ese obelisco con
patas, monumento a la nulidad que es Allan Wagner y su ridícula
"seguridad cooperativa", otro peruanoide, en Defensa?

Mal ejemplo recientísimo. El no-carismático y e.m. canciller García
Belaunde, anunció que Perú acometería el tema de la delimitación
marítima con Chile. No dijo cuándo ni de qué manera. Sabidas son sus
anteriores expresiones acerca de que es un intríngulis "por cuerda
separada" y que no se debe "mezclar" con los tratos dirigidos a
consolidar un TLC para Chile y un acuerdo de complementación económica
para Perú. Discurrir por un acápite, en el que la cobardía y
pusilanimidad han vuelto a ser el arma predilecta y sublime de Torre
Tagle, debía ser motivo de vergüenza y no de frívola como malhadada
alusión. Pero ¿desde cuándo un Estado que engaña y estafa, como todos
sus predecesores, tiene mayor interés en definir, con pantalones y voz
cantante, un asunto de esa envergadura?

La pregunta es ¿qué hace la sociedad para combatir a un Estado rufián?

¿Puede oponerse a lo que el Estado rufián –y todopoderoso- conviene en
aceptar como limosna de las empresas mineras que hacen cuanto les
viene en gana, sólo si tienen buenos precios para sus metales en el
mercado internacional?

¿Está la sociedad premunida de mecanismos para lidiar con arreglos
extraños que impone la ladrona Telefónica que se mueve en Perú como
Pedro por su casa? ¡Y no vengan con el cuento del Congreso o las
veedurías o pamplinas por el estilo!

Bien afirmaba Manuel González Prada: "Para verme con los muertos, yo
no voy al camposanto, busco plazas no desiertos, para verme con los
muertos ¡corazones hay tan yertos, almas hay que hieden tanto! ¡Para
verme con los muertos, yo no voy al camposanto!

Y puedo parafrasear, habida cuenta de mi modesta estatura frente a la
del prócer civil: ¡para verme con los muertos, yo no voy al
camposanto, prendo la televisión, leo diarios limeños que se creen
nacionales, escucho radios y lo que allí dicen son "noticias", para
verme con los muertos, yo no voy al camposanto! ¡Lo que logra un
Estado rufián!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Tuesday, January 09, 2007

=?ISO-8859-1?Q?Ni=F1o_Diego, _Corte_de_San_Jos=E9_y_maniobras_de_siempre?=

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
9-1-2007

Niño Diego, Corte de San José y maniobras de siempre

Se ha pretendido, con discutible ignorancia y aviesa intención,
desviar la responsabilidad del retorno al fuero contencioso de Perú a
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y reducirla a la gestión
de un ex ministro de Justicia del régimen toledista y con fecha apenas
del 2006. ¡No es así! ¡Esa es una mentira criminal de queta-factura y
salvavidas para Niño Diego!

Remitámonos a testimonios directos y hasta hoy incontestables.

¿Qué sostuvo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su cita
de febrero de 2001 en Washington? Leamos:

"Comunicado de Prensa Conjunto; Comisión Interamericana de Derechos Humanos

El día 22 de febrero de 2001, en la sede de la Comisión Interamericana
de Derechos
Humanos (CIDH), que celebra actualmente su 110º período ordinario de
sesiones, se celebró una reunión en la que participaron, en
representación del Estado peruano, el señor Ministro de Justicia del
Perú, doctor Diego García-Sayán, y el señor Embajador Manuel Rodríguez
Cuadros, Representante Permanente de Perú ante la Organización de los
Estados Americanos (OEA). La CIDH estuvo representada por su
Presidente Decano Claudio Grossman; su Primer Vicepresidente, doctor
Juan Méndez; su Segunda Vicepresidenta doctora Marta Altolaguirre, los
comisionados Robert Goldman y Peter Laurie, y el Secretario Ejecutivo
de la CIDH, Embajador Jorge E. Taiana.

El Ministro Diego García-Sayán, en nombre del Gobierno peruano, señaló
que en el marco de la nueva política gubernamental de Perú en materia
de protección de los derechos humanos, y como parte de un conjunto de
medidas que ha venido adoptando el actual Gobierno a nivel nacional e
internacional relacionadas con la recuperación de la institucionalidad
democrática, la reconstrucción del Estado de derecho y el respeto a
los derechos humanos en Perú, el Gobierno del Perú presenta una
propuesta amplia para dar solución a un número importante de casos
(165) que supera el 50o/o de todos los que en relación al Perú se
encuentran bajo la competencia de la CIDH.

La Comisión Interamericana reiteró su reconocimiento por las
auspiciosas acciones que
viene realizando el Gobierno de transición liderado por el respetado
Presidente de Perú, doctor Valentín Paniagua; por los reconocidos
integrantes de su gabinete; y por el Honorable Congreso de la
República del Perú, relacionadas con la redefinición y fortalecimiento
de las instituciones fundamentales del Estado. La CIDH agregó que el
presente acto se enmarca dentro del conjunto de acciones altamente
positivas que ha tomado el actual Gobierno peruano, y complementa
otras medidas igualmente importantes que han sido adoptadas, tales
como la normalización de la situación de Perú respecto a la
competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, la reciente suscripción por Perú de la Convención
Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas y, el
cumplimiento de recomendaciones y medidas cautelares formuladas por la
Comisión Interamericana."

Subráyese: "normalización de la situación de Perú respecto de la
competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos".

¿No estaba haciendo "méritos" Niño Diego para ver qué pescaba, algún
día, verbi gracia un puestecito de juez en la Corte, de repente? Algo
debe haber ocurrido porque así fue. En fecha tan temprana, como abril
del 2001, en artículo publicado por Liberación, entonces con la batuta
de César Hildebrandt y bajo el título de Torre Tagle: pólvora en
gallinazos, escribí:

"¿Cuánto le cuestan al Estado peruano las misiones diplomáticas que
han viajado urbi et orbi a promover la candidatura del actual ministro
de Justicia, Diego García Sayán, a la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH)? ¿En qué diseño estratégico se inscribe esta excursión
turística que se sufraga con el dinero de los peruanos para satisfacer
la vanidad del señor García Sayán? ¿En qué le sirve objetivamente al
Perú, que García pertenezca o no a la CIDH? ¿No estamos volviendo a la
recurrente cantaleta nacional que Torre Tagle está gastando pólvora en
gallinazos?

Si el señor García Sayán quiere ser integrante de la CIDH que su ONG,
la Comisión Andina de Juristas, le sufrague la campaña y pague todos
esos gastos. El pueblo no tiene razón válida para vehiculizar sus
legítimos como ajenos deseos de figuración internacional. Y si quiere
quedarse fuera del Perú, no tenemos tampoco razones muy muchas para
oponernos."

Tal parece que la ONG privada de Niño Diego, la Comisión Andina de
Juristas, no pagó un centavo de estas actividades, sino el pueblo
peruano para satisfacer las ambiciones ya despiertas entonces de un
narciso de juguete.

Pocos días atrás, ha escrito el embajador e historiador Félix C.
Calderón, en artículo llamado La competencia de la Corte de San José y
la soberanía del Estado:

"En el caso del Perú, la Corte de San José ha procedido esta vez con
temeridad; por cuanto, es harto sabido que en febrero de 2001 el Perú
volvió a aceptar la competencia contenciosa de ese órgano
jurisdiccional regional de acuerdo con una decisión del Congreso
peruano bastante discutible, si se recuerda que menos de 40 votos se
pronunciaron a favor del regreso. Una mayoría escuálida de
congresistas que solo se limitó a reiterar la genérica y
contradictoria declaración que presentara el Perú en 1981, y que hoy
hace recaer en los peruanos el peso de obligaciones financieras
inaceptables, por lo que tiene que haber responsables. Pues, a este
paso, el pueblo peruano corre el riesgo, en el colmo de la paradoja,
de indemnizar al mismísimo sanguinario Abimael Guzmán."

Y el mismo autor, no replicado hasta hoy por ninguna respuesta
orgánica y jurídica de iguales quilates, sostiene en La sentencia de
la Corte de San José es inejecutable:

"Y llegamos aquí al problema de la responsabilidad política, civil y
penal de los agentes del Estado cuando con sus actos causan un daño
mayor al Estado que representan y que deben defender. En el caso de
marras, se viene diciendo en los últimos días que la responsabilidad
por esa sentencia infame recae en el agente del Estado que siguiendo
instrucciones se allanó parcialmente, el 20 de febrero de 2006
(párrafo 56 de la sentencia). Pues bien, quienes así hablan dicen una
verdad a medias, y esto es peor que una mentira. Ese acto de
allanamiento y reconocimiento parcial de responsabilidad internacional
a través de un escrito, constituyó la parte final de una sistemática
voluntad de allanamiento puesto de manifiesto sucesivamente, por
acción u omisión, por los agentes del Perú, comenzando por el ministro
de Justicia de la época, desde 22 de febrero de 2001. De otra manera
no se entiende lo que se consigna en el párrafo 25 de dicha sentencia:
"El 23 de octubre de 2003 la Comisión, de conformidad con el artículo
50 de la Convención, aprobó el Informe Nº 94/03, en el cual concluyó
que el Estado "es responsable por la violación de los derechos a la
vida, integridad personal, garantías judiciales y protección judicial,
consagrados en los artículos 4, 5, 8 y 25 de la Convención Americana,
en relación con la obligación general de respeto y garantía de los
derechos humanos establecida en el artículo 1(1) del mismo
instrumento, en perjuicio de las víctimas individualizadas en el
párrafo 43 de [dicho] informe." Es decir, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos concluyó el examen de los casos bajo su
consideración prejuzgando ya la responsabilidad del Perú.
Responsabilidad que lejos de ser objetada por los agentes del Estado
peruano, señalando a los responsables de carne y hueso, la confirmaron
al convertirse en instigadores de que el caso se transfiera a la Corte
de San José. El párrafo 20 de dicha sentencia no deja asomo de duda al
respecto, al consignar que desde 23 de abril de 2001 el Perú "NO
deseaba someterse al procedimiento de solución amistosa," también
previsto por el Pacto de San José a nivel de la Comisión."

Por tanto, ¿qué se quiere hacer o pretenden destilar los capituleros
en todos los medios, los juristas de juguete y de alquiler, cuando
hablan del 2006 y del ex ministro de Justicia y el gobierno de Toledo?
Básicamente, exculpar a Niño Diego quien, obviamente, empujó una
reincorporación a la Corte de San José, por motivos clarísimos y ¡de
ninguna forma! por el interés del Estado peruano y porque, como se ha
demostrado, hay responsabilidad en los funcionarios que NO defendieron
al Estado como era su deber y para lo que les pagaba el pueblo
peruano. ¡A la cárcel todo Cristo!

La sentencia de la Corte de San José es de público y total
conocimiento. A esto nos condujo la vanidad increíble y el
egocentrismo de un mamarracho pseudo defensor de derechos humanos que
tiene una visión torcida, oligárquica, fronteriza de qué es el Perú y
de a quiénes debe servir un Estado expoliado y exaccionado por
pandillas como ha ocurrido desde el 28 de julio de 1821.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Monday, January 08, 2007

La justicia es un supuesto

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
8-1-2007

La justicia es un supuesto

Cada vez, a medida que avanzo Los Peruanoides de Pedro Villanueva
Urquijo*, me convenzo que es un manual valiosísimo de instrucción
cívica, docencia política y profundísimo amor por el Perú. Encuentro
en sus páginas, otros luminosos párrafos:

"¿La Justicia?....

Escucho ya las protestas de todos los que van a sentirse afectados,
cuando se lea en estas páginas que la existencia de una JUSTICIA en el
Perú, es un supuesto.

Problablemente hay jueces honorables en nuestro país, pero, su número
debe ser tan escaso, que no ha bastado para neutralizar la acción de
los malos, que son los que han llevado el desprestigio a nuestros
Tribunales.

Porque ésta es una verdad, que no se puede discutir: NADIE TIENE
CONFIANZA EN LA JUSTICIA QUE SE ADMINISTRA EN EL PERU.

Doloroso es confesarlo, pero cada vez que algún litigante se ve
obligado a concurrir a un Juzgado, va con el alma en un hilo.

No es que tema de su falta de razón; es que él tiene el convencimiento
de que si no cuenta con elementos para que se le haga Justicia, pierde
su causa por grandes que sean las razones que tenga a su favor.

El litigante siempre va en busca del amigo que recomienda su causa;
más se preocupa de encontrarlo que de acumular las pruebas que
bastarían para que cualquier Juez fallara a su favor.

Son tantos los despojos, agravios y penas sufridas por infelices
ciudadanos que no contaron con esos elementos que son indispensables
para hacerse justicia en nuestro país, que muchos prefieren abandonar
sus intereses, dejar al criterio del más fuerte la solución que quiera
imponer, que ir con la Ley en la mano, a pretender que ella sea arma
para vencer a los que pueden violarla.

Nuestras luchas de toda clase; el estado de permanente rebeldía en que
vivimos unas veces, para pasar después a un conformismo humillante;
esas matanzas inicuas que provocan los logreros de la política; la
desconfianza de los capitalistas para invertir su dinero en
explotaciones del suelo y, finalmente, el apartamiento voluntario que
se impone a nuestro indio, para no intervenir en ninguna de las
actividades de la Nación, solo tienen como causa, la falta de respeto
de los que administran Justicia.

En la conciencia de nuestro pueblo está arraigada la convicción de que
el propio bienestar, sólo se puede conservar por el ejercicio de la
fuerza o las influencias. La razón, no es un argumento; y el derecho
de cada uno, se ejerce según la cantidad de monedas de que se puede
disfrutar.

Naturalmente que, los que no podemos disponer de medios para "hacer
justicia", prescindimos de ellas. Le huimos; preferimos renunciar a lo
nuestro, ya que sería inútil defenderlo, en paz y con decencia.

Este doble proceso, el del abuso de parte del que cuenta con la
Justicia y el abandono del que no puede contar con ella, es la causa
del predominio que ejercen desde años en el Perú, los audaces y los
que tienen dinero. ¡Cuidado con que llegue un tiempo en que cada cual
quiera hacer justicia con su propia mano o a puntapiés!

Cuando se habla de "regeneración" del indio, de la necesidad de
sacarlo del aislamiento en que vive, se proponen muchos medios.

Bastaría quizás, uno solo: buenos Jueces y autoridades que no se
alquilen a los poderosos." (pp. 78-80)

*Los Peruanoides, Pedro Villanueva Urquijo, Lima-noviembre 2006.
Editor, Armando Villanueva del Campo. (Este libro fue escrito hace más
de setenta años y su vigencia sigue siendo espectacular).

Saturday, January 06, 2007

La sentencia de la Corte de San José es inejecutable

La sentencia de la Corte de San José es inejecutable
por embajador Félix C. Calderón; La Razón 6-1-2007

Hay por allí un grito destemplado que sostiene que si el Perú no se
allanaba en los casos a los que se refiere la reciente sentencia de la
Corte de San José, ello hubiera implicado asumir la causa del
fujimontesinismo acusado de delitos de lesa humanidad. Y, no falta
otro que hace travestismo, legal se entiende, y prefiere calificar de
"tinterillada" una sugerencia que busca que se cumpla, sin perjudicar
al Perú, esa sentencia descabellada. Pues bien, un rápido examen de
dicha sentencia permite caer en la cuenta, de inmediato, que ésta es
inejecutable por haberse extra-limitado en sus competencias la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, las cuales se encuentran clara y
meridianamente establecidas en el artículo 62º, párrafo 1, de la
Convención Americana de 1969. Para demostrarlo, hagamos primero un
deslinde en cuanto a la responsabilidad del Estado y la
responsabilidad de sus agentes en esta materia, y a continuación,
precisemos las razones por las cuales el Perú no puede ejecutar ese
fallo disparatado y por qué debe rechazarlo en el más breve plazo.

La responsabilidad del Estado y de sus agentes

Para comenzar, un Estado es una persona jurídica de derecho
internacional. Por lo tanto, es, per se, una abstracción cuyo accionar
está en función y depende de sus agentes. De esto se desprende, que
quienes ejercen la autoridad en nombre del Estado tienen el deber
inabdicable e ineludible de cautelar, defender y promover los
intereses del Estado, por comprometer al fin de cuentas a todo un
pueblo que es la parte orgánica de dicho Estado. Si quienes en esa
condición violan normas constitucionales, incluyendo la comisión de
delitos de lesa humanidad (como fue el caso del régimen
fujimontesinista), la tarea de los agentes que los remplazan en el
ejercicio de esa autoridad estatal debe ser de coadyuvar al
esclarecimiento de las responsabilidades de los agentes trasgresores,
a fortiori si éstos campeaban en la cima del Estado, y asegurar por
todos los medios que se obliguen a compensar a las víctimas o deudos,
aun cuando para ello tengan que sacrificar su propio peculio o
propiedades. Empero, lo que no deben ni pueden hacer los nuevos
agentes es exonerarlos de la obligación de indemnizar a sus víctimas,
y menos aún de transferir esa responsabilidad y obligación al Estado
in toto. Porque si esto ocurre, se produciría la absurda paradoja de
que los justos paguen por los pecadores. Dicho de otra manera, jamás
quien representa a un Estado puede ser verdugo de éste, ni endilgarle
una responsabilidad que es solamente atribuible a otro u otros
agentes. De otra forma, no se entiende Nuremberg ni el reciente
ahorcamiento del sátrapa en Iraq. Aparte que para eso no paga el
Estado a sus agentes, se falta al derecho y a un deber patriótico
elemental si alguien se aprovecha del ejercicio de la función pública
para claudicar, causando un perjuicio directo al Estado.

Cuando alguien habla de violaciones de los derechos humanos, es
evidente que está obligado, concomitantemente, a involucrar a los
agentes del Estado que, en vez de respetar el estado de derecho,
cometieron o se hicieron cómplices de esos crímenes de lesa humanidad,
obviamente en la medida de su responsabilidad y en función de la
escala jerárquica. Y la razón es simple: las violaciones de los
derechos humanos solo pudieron ser ejecutadas por seres humanos de
carne y hueso. No por el Estado que es una abstracción y que solo se
manifiesta a través de sus agentes. Por lo tanto, ese nuevo acto
alegre, negligente o sencillamente torpe de otro agente de atribuirle,
a posteriori, responsabilidad al Estado que representa, en lugar de
defenderlo y desmarcarlo del agente trasgresor, no puede, tampoco,
estar exento de responsabilidad, sobre todo si a resultas de esa
claudicación hay un daño moral y económico para el Estado que debía
haber defendido.

Y llegamos aquí al problema de la responsabilidad política, civil y
penal de los agentes del Estado cuando con sus actos causan un daño
mayor al Estado que representan y que deben defender. En el caso de
marras, se viene diciendo en los últimos días que la responsabilidad
por esa sentencia infame recae en el agente del Estado que siguiendo
instrucciones se allanó parcialmente, el 20 de febrero de 2006
(párrafo 56 de la sentencia). Pues bien, quienes así hablan dicen una
verdad a medias, y esto es peor que una mentira. Ese acto de
allanamiento y reconocimiento parcial de responsabilidad internacional
a través de un escrito, constituyó la parte final de una sistemática
voluntad de allanamiento puesto de manifiesto sucesivamente, por
acción u omisión, por los agentes del Perú, comenzando por el ministro
de Justicia de la época, desde 22 de febrero de 2001. De otra manera
no se entiende lo que se consigna en el párrafo 25 de dicha sentencia:
"El 23 de octubre de 2003 la Comisión, de conformidad con el artículo
50 de la Convención, aprobó el Informe Nº 94/03, en el cual concluyó
que el Estado "es responsable por la violación de los derechos a la
vida, integridad personal, garantías judiciales y protección judicial,
consagrados en los artículos 4, 5, 8 y 25 de la Convención Americana,
en relación con la obligación general de respeto y garantía de los
derechos humanos establecida en el artículo 1(1) del mismo
instrumento, en perjuicio de las víctimas individualizadas en el
párrafo 43 de [dicho] informe." Es decir, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos concluyó el examen de los casos bajo su
consideración prejuzgando ya la responsabilidad del Perú.
Responsabilidad que lejos de ser objetada por los agentes del Estado
peruano, señalando a los responsables de carne y hueso, la confirmaron
al convertirse en instigadores de que el caso se transfiera a la Corte
de San José. El párrafo 20 de dicha sentencia no deja asomo de duda al
respecto, al consignar que desde 23 de abril de 2001 el Perú "NO
deseaba someterse al procedimiento de solución amistosa," también
previsto por el Pacto de San José a nivel de la Comisión.

Y lo anterior es prueba irrefutable de la responsabilidad de los
agentes peruanos a partir del 12 de enero de 2001; por cuanto, además
de forzar una decisión interna, mediante una resolución legislativa
espuria, para que el Perú vuelva a aceptar la competencia de la Corte
de San José; esos agentes cometieron el imperdonable error de no
solicitar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en febrero
de 2001, la suspensión de lo actuado respecto a las peticiones
presentadas a fin de dar la oportunidad debida al agotamiento de la
vía interna. Dicho de otra manera, en vez de interrumpir la
consideración del caso por la Comisión para dar una oportunidad al
Poder Judicial del Perú, los agentes peruanos, específicamente el 23
de abril de 2001, adoptaron una posición pro fujimorista al
privilegiar arbitrariamente la tesis de la responsabilidad del Estado
peruano, y no la de los agentes trasgresores (Fujimori entre otros),
por las graves violaciones de los derechos humanos ocurridas antes del
año 2000. Y en lugar de adoptar medidas cautelares dentro del Estado
para asegurarse que Fujimori y otros felones respondan con sus bienes
y la privación de su libertad por los daños causados, se optó por lo
sospechosamente más fácil, haciendo recaer en el Estado peruano in
toto esa responsabilidad. Por eso, aquellos agentes que de manera
irregular involucraron al Perú, no solo pueden ser responsables
políticamente, sino también civil y penalmente, según el caso. Pues,
ningún agente del Estado debe ni puede actuar en perjuicio de éste. Y
ya es tiempo de hacer escarnio de la conducta de los improvisados o
aprovechados anti-patriotas.

El vicio de la inejecutabilidad de la sentencia

Tal como lo precisó quien esto escribe en 1999, las sentencias de la
Corte de San José tienen el problema que carecen de enforcement. Ergo,
como muy bien lo recuerda el jurista Javier Valle Riestra, son
declarativas, no ejecutivas. Sin embargo, la sentencia de marras
adolece, además, de un vicio de pleno derecho que, en la hipótesis
negada de que fuera ejecutable, la hace inejecutable. De acuerdo con
lo que estipula claramente el artículo 62º, párrafo 1, de la
Convención Americana antes citada, la competencia de la Corte de San
José se limita a "todos los casos relativos a la interpretación o
aplicación de (la) Convención." En suma, dicha Corte regional no puede
salirse de ese marco taxativo ni sentar jurisprudencia sobre aspectos
colaterales.

Ahora bien, la lectura de la sentencia nos trae una serie de
sorpresas. En el acápite VIII, "Hechos Probados", párrafo 197 y
siguientes, la Corte de San José se extralimita en su competencia y da
como "probados" hechos que de ninguna manera el Perú puede aceptar.
Leamos, primero, el párrafo 197.1 "Durante el período que se extiende
desde comienzos de la década de los ochenta hasta finales del año
2000, se vivió en el Perú un conflicto entre grupos armados (sic) y
agentes de las fuerzas policial y militar. Se agudizó en medio de una
práctica sistemática de violaciones a los derechos humanos, entre
ellas ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas de
personas sospechosas de pertenecer a grupos armados al margen de la
ley, como Sendero Luminoso (en adelante SL) y el Movimiento
Revolucionario Túpac Amaru (en adelante MRTA), prácticas realizadas
por agentes estatales siguiendo órdenes de jefes militares y
policiales." Veamos ahora el párrafo 197.5 "La CVR recibió miles de
denuncias sobre actos de tortura y tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes producidos durante el período comprendido entre 1980 y
2000. En su informe final afirma que de 6.443 actos de tortura y
tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes registrados por dicho
órgano, el 74.90% correspondió a acciones atribuidas a funcionarios
del Estado o personas que actuaron bajo su autorización o aquiescencia
(sic), y el 22.51% correspondió al grupo subversivo PCP- Sendero
Luminoso. Asimismo la CVR en su informe final expresó que ´la
desaparición forzada de personas fu[e …] uno de los principales
mecanismos de lucha contra subversiva (sic) empleados por los agentes
del Estado, adquiriendo las características de una práctica
sistemática o generalizada'. 'Del total de víctimas reportadas a la
CVR como ejecutadas o cuyo paradero continúa desconocido por
responsabilidad de agentes del Estado, el 61% habrían sido víctimas de
desaparición forzada." En fin, sin ser exhaustivos, en el párrafo
197.8 la Corte de San José precisa: "En el informe final emitido por
la CVR se estableció que 'durante los años de violencia política, [las
cárceles] no sólo fueron espacios de detención de procesados o
condenados por delitos de terrorismo, sino escenarios en los que el
Partido Comunista del Perú [PCP-Sendero Luminoso] y, en menor medida,
el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, extendieron el conflicto
armado (sic)."

¿Puede el Estado peruano aceptar que sea parte de la jurisprudencia de
ese tribunal regional una sentencia que da como hechos probados lo
señalado en su informe por la malhadada Comisión de la Verdad y
Reconciliación que, como se sabe, no tuvo ni tiene carácter
vinculante? ¿Puede el Perú y, en general, el pueblo peruano permitir
que lo que varias resoluciones de la Asamblea General de la OEA
calificaban como banda de genocidas, para referirse a los terroristas,
ahora se hable de grupos armados y de conflicto armado? ¿Se puede
permitir que se dé como un hecho PROBADO que las fuerzas policiales y
militares incurrieron en 75 por ciento de violaciones mientras que los
terroristas, convertidos en víctimas solo registraron 22.5 por ciento
de esas violaciones? ¿Puede esa Corte regional dar como probado que
el Perú vivió desde comienzos de los ochentas hasta el año 2000, un
"conflicto" entre "grupos armados" y las fuerzas del orden? ¿Cómo, no
eran terroristas desalmados y cobardes quienes se escondían entre la
población civil para asesinar salvajemente a policías uniformados y
militares en servicio? ¿Puede el Perú permitir que de manera implícita
se acepte la aplicación a esos bárbaros terroristas del status que
otorgan los Convenios de Ginebra o su condición de presos políticos?
¿Son ésos, hechos probados?

Es una verdad inconcusa que en el Perú no hubo entre mayo de 1980 y
noviembre de 2000 una "guerra" o un "conflicto armado interno", ni
tampoco "combatientes", tan solo un grupo de sicópatas asesinos que
causaron un daño enorme al Perú. Y si en parte perdimos el ritmo como
país (por los miles de millones de dólares en pérdidas) y se cayó en
excesos, los únicos responsables fueron esos bárbaros asesinos cuya
condición de terroristas es insustituible. Por lo tanto, esa sentencia
es inejecutable por entrar en contradicción con el Sistema
Interamericano (no tanto con el Perú) al cambiar el status de
genocidas dado a esos terroristas, y por desconocer o deformar la
terrible realidad que le tocó vivir a los peruanos por esos años. Por
último, el Perú no puede por esa vía dar por cierto lo dicho por la
CVR que carece de carácter vinculante.

Friday, January 05, 2007

Culposos “olvidos” internacionales*

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
3-1-2007

Culposos "olvidos" internacionales*

Burócratas premiados por la fautoría de muy discutibles hechos, la
mayoría contra Perú; olvidos garrafales que en su momento sirvieron
para condenar al terrorismo en cualquiera de sus variantes;
sinverguencerías y elusiones convenientes de que hacen gala
periodistas dolarizados, políticos inmorales y patanes que han
convertido su egolatría en tema de Estado, constituye una larga novela
de taras y abyectos capítulos de la recientísima historia patria.

Ayer discurríamos por las hazañas del entonces ministro de Justicia,
Niño Diego García Sayán que apuró, nadie supo bien entonces por causa
de qué, el retorno de Perú a la CIDH y luego el allanamiento y
aceptación de culpa por los sucesos de Canto Grande, involucrando al
país en temas que hoy, luego de la sentencia de la CIDH, paran los
pelos de punta a la opinión nacional. Pero el mecanismo oculto se
reveló cuando, años después, Niño Diego conseguía un puestito o curul
de juez en la instancia con sede en San José de Costa Rica.

Se da el caso que este individuo y su institución, la Comisión Andina
de Juristas, le vienen costando al Estado, decenas de miles de
dólares, desde los puestos que ha ocupado, ministro de Justicia, de
Relaciones Exteriores, fugaz parlamentario en reemplazo de Gustavo
Mohme Llona (jamás alcanzó el sufragio popular suficiente),
funcionario de la Comisión Binacional Perú-Ecuador, asesor del BCR y
con los negocios que hizo desde la CAJ con el corruptísimo Poder
Judicial del gobierno delincuencial de Kenya Fujimori. Y ahora, sus
proezas egolátricas, a cambio de un puestito en la CIDH, van a
costarle al país ¡otra vez! remesas de dinero del pueblo, homenajes
absurdos y monumentos para los ciudadanos alzados ¡contra el Estado!
¡El mundo al revés!

Sin embargo hay otros hechos, también relacionados, que merecen
divulgarse pues no son sucesos aislados y muestran la penetración y
perjudicial acción de ciertos "ilustres" funcionarios públicos que
viven parasitando eternamente al Estado:

1) En julio de 1992, luego del sangriento atentado y asesinato de
Tarata, el Consejo Permanente de la OEA condenó el hecho y calificó,
mediante resolución como "genocidas a los grupos terroristas Sendero
Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru".

2) Aunque ello fue oportuna y debidamente divulgado en Perú, el
continente americano y en el mundo, la Comisión de la Verdad no
recogió esta primera condena internacional. Dicho sea de paso, la
placa que está en el monumento de Tarata también omite mencionar esta
información.

3) La condena de la OEA contra SL y MRTA, fue luego, también en 1992,
utilizada para obtener una acción similar y de mayor alcance en la
Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas,
con sede en Ginebra.

4) Lamentablemente, tiempo después, ello fue interesadamente
"olvidado" y, en forma curiosa, dada su evidente trascendencia, desde
el 2000, dejó de ser mencionado dentro de la política exterior así
como también no fue reiterada ni usada la calificación por los nuevos
gobiernos, contra el terrorismo.

5) Los funcionarios diplomáticos que estuvieron a cargo de ello en la
OEA fueron acusados ilegal e inconstitucionalmente -demostrado en
sentencia firme de la Quinta Sala Civil, de septiembre de 2002- por el
entonces canciller García Sayán y su equipo de gobierno en Torre
Tagle, quienes, acusaron a diestra y siniestra sin respetar legalidad
o institucionalidad alguna, bajo el pretexto de "ser infractores
constitucionales y haber legitimado a Fujimori". Como se recordará fue
nada menos que el Congreso Constituyente Democrático, el que legitimó
al régimen de facto y que en Bahamas la OEA, por el contrario de lo
que adujeron García Sayán y su equipo, obligó a Fujimori a retornar a
la democracia. A tales servidores diplomáticos correspondía, por
función, participar en la Asamblea General de la OEA que se realizó
allí en mayo de 1992. Esto fue 45 días después del autogolpe.

6) García Sayán tuvo entre sus cercanos colaboradores precisamente a
quienes acompañaron al ministro de RREE del autogolpe del 5 de abril
de 1992, Augusto Blacker Miller (muchos de ellos, con los años,
ocuparían roles protagónicos): a saber, al ex canciller Manuel
Rodríguez Cuadros quien tiene hoy su propia, recién en génesis,
tormentosa vía crucis; al embajador Luis Chuquihuara, designado por el
actual gobierno en la sede diplomática en El Salvador. Por otro lado,
quien llevó la resolución condenatoria de la OEA a Naciones Unidas fue
el embajador Oswaldo de Rivero quien, además, junto a Harold Forsyth,
Ronquillo y otros, apoyó al embajador político designado por el
delincuente nipón Kenya Fujimori, Luis Silva Santisteban, en la
defensa que éste hizo del autogolpe frente al Bundestag, es decir,
poco menos que fueron cómplices funcionales y justificadores de lo
afirmado por el jamás auditado ni investigado Silva Santisteban.

De Rivero pidió su pase a la disponibilidad en enero de 1993 porque NO
fue nombrado Viceministro Secretario General y pretextó que lo hacía
"en solidaridad con los 117 cesados". Es más, de Rivero presidió una
Comisión que "investigó" la masacre de diplomáticos que culminó en el
triste blanqueamiento de todo el mundo y con un inane y estúpido
llamado a la reconciliación. Amigotes de Niño Diego estuvieron en la
preparación de los dictámenes que limpiaron a quienes eran sus
allegados. Pero de Rivero fue embajador en NNUU del gobierno de
Toledo.

7) Los funcionarios destacados a la Asamblea General de la OEA en mayo
de 1992 -por el contrario- fueron víctimas de hostigamiento en
Cancillería habiendo sufrido además, los más jóvenes (quienes
participaron en la sesión del Consejo Permanente en julio de 1992),
reiteradas postergaciones y discriminaciones en los ascensos hasta
nuestros días. El primero de ellos ostentaba el rango de Ministro
Consejero (hoy retirado), el segundo era Consejero (ascendido a
Ministro en 1996 y desde allí postergado), y el tercero Segundo
Secretario. Este último ascendió a Consejero antes del gobierno de
Paniagua y recién este año ha sido promovido a Ministro Consejero).

En Perú, tema archiconocido, las cosas de puro sabidas, se olvidan, de
modo, que es pertinente noticiar a los "amnésicos" que hay una memoria
militante y puntillosa que recuerda a los cacos y facinerosos sus
malas acciones contra el Perú y su historia. Y frente a eso nada
pueden los dólares de ONGs o pandillas, a la postre lo mismo,
enfiladas a cohonestar los latrocinios contra la fe pública.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

*Mis votos fervientes por la pronta liberación del colega Jaime
Rázuri, secuestrado en Gaza. Es imperativo que su caso no represente
otro "olvido" censurable de todos los oficialismos.

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VIH: feminización de la epidemia

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
5-1-2007

VIH: feminización de la epidemia

Los últimos días de diciembre pasado, fueron marco emocionante a la
presentación del Reporte de Derechos Humanos 2006: Las mujeres
positivas*, militante trabajo investigativo a cargo de Susel Paredes
Piqué del CMP Flora Tristán. Más aún, la dedicatoria del trabajo dice
así: Para María Esther "Maritere", en recuerdo de su activismo, su
compromiso y sus hermosos ojos verdes.

El capítulo II se denomina La feminización de la epidemia y de allí
extraemos los siguientes párrafos:

"2.3 Las mujeres y el VIH/SIDA

El rostro de la epidemia se ha transformado progresivamente. Aunque en
los primeros años la proporción de hombres viviendo con VIH/SIDA era
mayoritaria, con el tiempo esta situación ha ido cambiando. "Si bien
los hombres fueron los más afectados al comienzo de la epidemia, los
índices de nuevas infecciones entre las mujeres ahora superan a los
hombres, especialmente en países donde las mujeres viven en pobreza y
con una condición social relativamente baja. En el Africa subsahariana
las mujeres representan el 57% de los adultos con VIH". De acuerdo a
la información de ONUSIDA, "en todo el mundo, están viviendo con el
VIH 17.3 millones de mujeres de edad igual o superior a 15 años; o
sea, el 48% del total mundial".

En nuestro continente, el caso de República Dominicana muestra
dramáticamente la progresión de la feminización de la epidemia. Un
reporte de Human Right Watch da cuenta de esta situación: "El VIH/SIDA
es la causa principal de la mortalidad de mujeres en edad
reproductiva, definida como las mujeres entre quince y cuarenta y
nueve años. A finales del 2001, mujeres en ese grupo de edad
constituían el 51 por ciento de la población viviendo con VIH o SIDA
en la República Dominicana. La proporción de mujeres es mayor en los
casos que se infectaron recientemente. ONUSIDA estima que más del 70
por ciento de las nuevas transmisiones de VIH ocurren en relaciones
sexuales heterosexuales, lo que hace pensar que la proporción de
mujeres viviendo con VIH o SIDA tenderá a crecer". En este país se
produjeron serias violaciones a los derechos humanos de las mujeres,
imponiendo pruebas de despistaje de VIH/SIDA en el sector turismo y en
las zonas francas, además de casos de discriminación laboral por vivir
con VIH/SIDA. Otro problema fue la divulgación no autorizada de los
resultados de las pruebas y procedimientos médicos.

En el Perú, desde los inicios de la epidemia, el número de casos
notificados de mujeres con SIDA ha aumentado constantemente. En 1990
se registraron sólo 33 mujeres con SIDA. En el transcurso de los años
éstos aumentan progresivamente. En 1993 se registraron 102 y en 1994,
150 casos de mujeres. Pero, es a partir de 1995, en que se notificaron
222 casos, que el número por año no vuelve a bajar de doscientos; por
el contrario el número tiende a aumentar.

"….el perfil de la epidemia entre los hombres y las mujeres ha
mostrado cambios importantes en la medida que se ha reducido la razón
hombre-mujer, desde 14 a 1 en 1990 hasta un nivel estable de 3 a 1 que
ha mantenido en los últimos 8 años. Así tenemos que el índice fue de
2.5 en el 2001, 3.4 en el 2004 y de 2.8 en el 2005. Esta razón nos
muestra que, aunque ha disminuido, la notificación de casos es
mayoritariamente debido a casos de varones".

Conforme fue avanzando la epidemia su rostro fue cambiando, debemos
tomar en cuenta que la situación de la mujer en la sociedad la pone en
situación de vulnerabilidad respecto de muchos ámbitos de su vida, uno
de ellos es su salud.

La violencia hacia la mujer produce múltiples efectos negativos en su
vida, en lo personal, productivo-laboral, social, y en la salud: baja
autoestima, depresión, dependencia emocional, sentimientos
ambivalentes, embarazos no deseados, abortos espontáneos o provocados,
desarrollo de conductas nocivas para la salud (alcoholismo,
tabaquismo, drogadicción), desórdenes en la alimentación (bulimia y
anorexia) y enfermedades de transmisión sexual: ya que existe el
riesgo de contagio de ITS infecciones de transmisión sexual, cuando la
víctima es forzada a mantener relaciones sexuales sin protección.

Las estadística de la Policía Nacional del Perú para el año 2005,
recopiladas por la Oficina de Planificación de la VII DIRTEPOL,
muestran que, de 44,270 denuncias por violencia familiar, 66%
correspondió a violencia física y 34% a violencia psicológica. Del
total de las mujeres víctimas de violencia familiar, 38% son amas de
casa, 19% son comerciantes y 10% son profesionales, por lo que se
puede concluir que la violencia familiar existe en todos los niveles
socioeconómicos. Otro dato fundamental, es la relación con los
agresores: 30% señaló como agresor a su esposo, 42% a su conviviente,
5% a su ex esposo y 8% a su ex conviviente.

Existe un vínculo importante entre la feminización de la epidemia y la
violencia basada en el género. En un contexto de violencia en la
relación de pareja, la negociación sobre las relaciones sexuales y el
uso de condón se hace muy difícil y, en algunos casos, resulta
imposible. Sin contar con los casos de violación sexual, donde no
existe opción.

Uno de los enfoques necesarios para enfrentar la epidemia y su
progresiva feminización, es el enfoque de género que "plantea
modificar las relaciones de poder que afectan a las mujeres, erradicar
toda forma de violencia basada en género, asegurar su acceso a
recursos, servicios de salud y educación, acciones positivas para
fortalecer su participación política y en la toma de decisiones. La
feminización de la epidemia del VIH/SIDA es uno de los grandes
desafíos y tareas pendientes". (Ob. cit. pp. 19-28.)

*Reporte de Derechos Humanos de las mujeres 2006: Las mujeres
positivas, diciembre 2006, Lima, CMP Flora Tristán.