Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
2-7-2026
¿Bajarán copete y amarrarán el pico congresistas?
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A simple vista, el leit motiv de los “congresistas de la
República” es el lucimiento fatuo de virtudes inexistentes pero impostadas. El
huaico vociferante también es otro signo distintivo de los parlamentarios.
¿Cruzarán por caminos virtuosos y prudentes, senadores y diputados?
Como en la República se instaló la especie que carecemos de
memoria, nos olvidamos de todo y perdonamos a los peores criminales
reeleccionistas, hay que recordar a los senadores que su cámara proviene del
engaño de menos de 130 sujetos contra la voluntad, manifestada en referéndum,
de más de 15 millones de ciudadanos que repudiaron el 2018 al Senado.
De repente por eso, la piara legislativa le dio unos poderes
totalitarios que harían temblar al más pintado. En el caso que se instala en
breves semanas, las componendas y equilibrios estarán a la orden del día.
Recordemos con González Prada, en Los honorables, Bajo el
oprobio, Lima 1914:
“¿Qué es un Congreso peruano? La
cloaca máxima de Tarquino, el gran colector donde vienen a reunirse los
albañales de toda
Raros, rarísimos, permanecen sanos e incólumes; seres anacrónicos o
inadaptables al medio, actúan en el vacío, y lejos de infundir estima y
consideración, sirven de mofa a los histriones de la mayoría palaciega.
Las gentes acabarán por reconocer que la techumbre de un parlamento viene
demasiado baja para la estatura de un hombre honrado. Hasta el caballo de
Calígula rabiaría de ser enrolado en semejante corporación”.
Confío en no parecer redundante, pero don Manuel personifica una cumbre
espiritual del libre pensamiento cívico peruano y de cuyos escritos debiera
nutrirse la totalidad de diputados y senadores.
Imposible no recordar una anécdota cuando la barbarie fujimorista imperaba
con insolencia y falta de cultura a fines de los años 90.
Escribí un humilde texto y cité, hace más de 20 años, a González Prada.
Esto desató las furias de una iletrada y palurda congresista de Fujimori quien
envió a su asistente para preguntarme por la dirección, signos y señas del
denunciable don Manuel y expliqué al asistente que llevaba décadas fallecido
GP. El asesor me decía: “no entiende, no entiende la legisladora”. Sospecho que
el pobre perdió el puesto.
Manadas de legiferantes se han sucedido en las curules desde entonces y
Perú tuvo el triste privilegio de oír, mirar y reírse de no pocos gorilas
politicantes a cual peor y más abusivo con el personal de apoyo y la ingente
torpeza de sus “iniciativas”.
Los miedos de comunicación inventaron personajes capaces de decir cualquier
esperpento vía “entrevistas” o “cuestionarios”. Es obvia la importancia que
tiene la exposición política de los pareceres. Pero en nuestro país aquellos
son capaces de negar la gravedad y son perspicaces para llamar gran acción al
delito y purificación al crimen.
En lugar de crear portátiles de mulas que alaban y encomian lo que no
entienden, los legisladores debían estudiar si anulan los escasos minutos
reglamentados para los oradores. La razón de ser de una asamblea es el diálogo
y la contraposición de ideas y la creación magnífica de la antítesis y
síntesis.
La cantidad de retrasados mentales, torpes, ineptos para crear edificios y
arquitecturas políticas viables y de empeño unánime para las grandes mayorías,
ha sido una calamidad de muy mal gusto. Por pendones ciudadanos exhibían
servilismo a sus mandones y complicidad todo terreno.
Los voceros, acaso como requisito, debieran poder enhebrar uno o dos
párrafos lógicos como mínimo, dicción clara y energía científica en sus
argumentaciones. Si hiciéramos miscelánea de los tartamudos cerebrales que
pasaron por Plaza Bolívar, podría resucitarse la Corte de los Milagros parisina
de los peores y más atrabiliarios momentos.
¿Cómo así que legisladores cuyo patrimonio consistía en un par de ternos,
auto prestado y vivienda alquilada, hoy se les encuentra en departamentos de
250 metros cuadrados, afiliaciones a clubes de campo y playa y 7 u 8 tarjetas
de crédito y cargo automáticos a sus ingentes gastos?
Recordaba Ricardo Palma en una de sus tradiciones: cura que no tiene
cerería, de dónde pecata mía, si no es de la sacristía. O, en este caso, de las
interminables listas financieras del Congreso.
Diputados y senadores llevarán a sus parientes, hermanos, queridos,
queridas, adláteres de campaña, como empleados con sueldo fijo, licencia para
faltar todo el tiempo por “comisiones de servicio”, y brillantemente
ineficientes para respaldo intelectual y político. ¿Hay alguna forma de pasar
por examen riguroso a los miles de trabajadores, muchos profanos?
El porcentaje de aprobación de que goza el Congreso ante la ciudadanía,
está muy cerca de cero. Desmanes, escándalos, crímenes, asociaciones
delictivas, leyes con nombre y apellido de los financiadores y con beneficio a dinerarios
círculos poderosos y el ínfimo nivel moral de sus integrantes, han conseguido
un Parlamento repudiado y despreciado.
El diputado, el senador, el presidente, el alcalde, las autoridades
regionales reciben el sueldo (dinero de los contribuyentes) desde el Estado, se
deben a sus electores y quien cruce la delicada línea de la honradez, deberá
ser apartado vitaliciamente para cualquier responsabilidad, su nombre inscrito
en el renglón público Delincuentes y su foto exhibida en el Tribunal Moral.

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