Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
10-1-2026
¡Muestren cicatrices democráticas!
https://senaldealerta.pe/muestren-cicatrices-democraticas/
Pocos minutos ha que leí un párrafo indignado y con munificente razón del
historiador Daniel Parodi, y que transcribo literalmente:
“¡Cómo cambian los tiempos! En su CV
de aprista (de aquellos revolucionarios de la democracia de antes), un tío
abuelo mío, a la pregunta de si había estado preso, respondía con orgulloso
énfasis: ¡sí dos veces!: una a manos de la dictadura de Sánchez Cerro y otra a
manos de la Dictadura de Odría.
Es que para un auténtico
político y revolucionario de izquierda democrática no había mayor blasón en su
trayectoria que haber enfrentado y sufrido la represión política de regímenes
autocráticos, corruptos y sufrido cárceles, exilios y persecusiones a manos de
las dictaduras más abyectas de la historia del Perú.
Pensar que hoy hay quienen
pretenden funar a Alfonso López Chau Nava por haber sido perseguido y preso
político de la dictadura de Velasco en su juventud. ¿Es que ya hemos perdido
por completo los valores democráticos?, ¿es que queremos convertir en
delincuentes comunes a los presos políticos?, ¿es que vamos a hacer lo mismo
con los presos de Maduro, los Castro en Cuba, Pinochet en Chile y Videla en
Argentina?, ¿es que no nos enorgullece tener como candidato a la presidencia, a
un demócrata cabal al punto de haber sido prisionero de una represora e
implacable dictadura?
¡Bravo Dr. Alfonso López-Chau
Nava! a ver qué otro candidato puede mostrar tus cicatrices democráticas a la
ciudadanía!”
Cuando la estupidez se
propaga a velocidades como las que exhibe en Perú, la Patria peligra y el
derrumbe se acerca a pasos agigantados.
Pretender asustar al elector
con la “revelación” de las carcelerías de que fue objeto Alfonso López o de una
foto circunstancial que no significa, en modo alguno, que jurara al alimón
credos violentistas, es un absurdo que sólo pesca incautos. Aunque, hay que
reconocerlo, ignorantes de esa categoría hay por millones.
Conozco a Alfonso López desde
los años 70 cuando fue profesor de economía política en el Colegio América del
Callao, uno de los planteles en que daba clases polémicas y plenas en citas y
lecturas y en momentos que estaba vigente el gobierno militar.
Que yo recuerde, jamás pidió
adhesión o apego a sus convicciones políticas, sí entusiasmaba a los alumnos y
no pocas veces madrugábamos de viernes para sábado en las instalaciones del
América, luego de horas de debates al rojo vivo que no pocas veces orillaron
las definiciones a puño limpio. ¡Tal la pasión que poníamos en las polémicas!
Con los años charlamos por
teléfono y me pidieron que le invitara a dar charlas, asunto que fue sellado
con aplausos que premiaron su rotunda fe y sólida lógica expositiva. Y nunca
pasó cédulas de inscripción ni nada parecido.
Una de sus conferencias, la
resumí en un artículo el 13-12-2006, Leyes y corazón del pueblo:
Una bizantina discusión pareció amainar su presencia: ¿volvemos a
Los empresarios, más bien empleaditos bien rentados, siempre pobres
diablos, están bramando por el capítulo económico. ¡Cómo si no se supiera que a
ellos interesa en exclusiva ganar aunque el pueblo llano no disfrute ni una
pizca, no goce de un proyecto de vida –dicen los huachafos- predecible y el
horizonte del país no sea sino dependencia, periferia y estupidización masiva
que pagan estos palafreneros de las transnacionales.
Los políticos y los que están en el intríngulis no se preguntan por causa
de qué a pocos interesa que ésta o aquella Constitución concite interés
popular. Vagan en la idiotez que presume que la ley sirve para algo en Perú.
¡Cómo si no fuese verídico que al costado de la ley, siempre está hecha la
trampa por quienes no pueden ni desean cumplir la rectitud de sus preceptos
porque así no obtienen rentabilidad!
La abyecta corrupción no la hacen los que carecen de influencia, sino los
grandes estudios, los tiburones de saco y corbata y los podridos que han
institucionalizado la monra y coima en reemplazo total y nefasto de cualquier
ordenanza civilizada. ¡Tomar a lo serio las cosas del Perú! admonizaba Manuel
González Prada.
Cuando una ley, un derecho, un deseo masivo e intocable de justicia, se
inscribe en el orgulloso corazón digno de un pueblo, entonces, éste los
defiende hasta la misma muerte, frente a los pelotones de fusilamiento o contra
los tribunales que sentencian con “predictibilidad” porque aquí no hay duda
posible que la justicia se compra con dólares. Y en los últimos tiempos,
también con euros.
En ningún país del mundo, incluido Perú, una Constitución logrará por arte
de birlibirloque o declamatoria escrita, eliminar la pobreza, restituir el país
a sus genuinos dueños, reivindicar a los peruanos legítimos, retornar al Perú
lo que siempre fue peruano, hoy concesionado o privatizado, es decir, regalado
en contratos leoninos y pestíferos y que ¡hoy nadie quiere revisar o auscultar!
Porque se malogran negocios y descubren trampas al por mayor.
En cambio, ¡qué dulce tarea pedagógica instruir en el orgullo de ser
peruano y en la posibilidad cierta que nuestras instituciones sirvan para
levantar la autoestima y el conocimiento de la gloriosa historia nacional con
sus bemoles y sostenidos, con sus altas y sus bajas, con sus momentos cenitales
y caídas en nadires que son parte del colectivo llamado Perú!”
López Chau es autor de casi una veintena de libros, profesor emérito de la
UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), estudió en la Universidad del
Callao y fue rector de la UNI.
95% de los postulantes a jefe de Estado, diputados o senadores, son ágrafos
y escriben sus nombres con mataburro y traductor al costado.

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