Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica
Rojas
19-3-2026
Estupidez: ¿tema para debate plenario o de salud mental?
https://senaldealerta.pe/estupidez-tema-para-debate-plenario-o-de-salud-mental/
¿Imagina, amigo lector, que decenas de estúpidos
pasen horas de horas, discutiendo sobre su principal virtud pública: la
estulticia? Que lo son tanto, por lo menos en Perú, como para discurrir en
sumas ceros, buscando la cuadratura del círculo o mordiéndose la cola, no me
cabe la menor duda que son muy capaces.
La estupidez es democrática.
Pocas
dinámicas son tan potentes para identificar entre sus integrantes a enormes
franjas de hombres y mujeres de todas las razas, de lenguas múltiples, de
estaturas diversas, de geografías disímiles, de historias distintas, de
trayectorias absolutamente inconexas, como la estupidez. Algo así como que hay
estupidez de todas las sangres.
Hay
entre sus epígonos, allende y aquende, parlamentarios, per se muy conocidos
adalides de la especie; diplomáticos, periodistas, militares, gobernantes,
burócratas, intelectuales, los genuinos –unos pocos- o los a la carta al
servicio de cualquier ONG, organización de nuevos gángsteres, a las que paga y
provee de fondos para que emitan soluciones y paliativos, según lo que instruya
el patrón donante.
En
palabras breves, la estupidez, con su vasto poder impresionante, es un ámbito
en que casi todos compiten entre sí para ver quién empeora la bestialidad de
los movimientos del vecino.
¿Se
considera a la franja de estúpidos como un segmento muy motivador para una
moción de orden del día o un tema en la agenda nacional de Salud Mental?
Ninguna
disciplina se libra de esta clase de neumáticas, todas gozan del discutible
mérito de tener entre sus cultores a estúpidos más o menos brillantes. ¡Ni qué
hablar de gobernantes palurdos y zafios! Afirma Robert Heinlein –y así lo
recuerda Giancarlo Livraghi en The power of stupidity, May 2009, p.
11: “Never underestimate the power of human stupidity”.
Nadie
se libra y no es cuestión de color de piel, cuenta en el banco o puesto en la
administración pública, la estupidez es un rodillo que arrasa y envuelve a las
personas produciendo momentos de enorme y confusa vulgaridad. Y tirios y
troyanos están en el nefasto baile.
¿Cómo
entender a sociedades que ven cómo sus empresas caen, cual borreguitos balando
sus cánticos animales, en las garras del narcotráfico, son investigadas por sus
policías, pero nadie parece darse cuenta ni enterarse porque el silencio prima
como parche y “soluciona” las circunstancias?
La
criminal falla en Camisea (¿sabotaje?) sumió al país en una crisis angustiosa
por falta de gas y combustibles; Perú ha dejado de obtener fondos por la no
venta de los mismos. ¡Y aún hay furiosos traidores que a troche y moche
pretenden la privatización de Petroperú y el pampillazo con Refinería Talara.
En
1996 el nefasto gobierno servil de Kenya Fujimori, cuasi obsequió por US$ 186
millones de dólares Refinería La Pampilla a la empresa española Repsol. ¡En
efecto, sí, la firma ibérica que derramó petróleo en el norte de Lima y la que
nos vende combustible a precio internacional.
Los
quintacolumna pretenden el remate de Petroperú y su más importante patrimonio
Refinería Talara.
Dice Livraghi en su obra citada,
p. 12:
When
stupidity combines with other factors (as happens quite often) the results can
be devastating. In many situations human stupidity is the origin of a series of
events that combine into constantly increasing complication, with effects that
can be quite funny –until we discover that they are tragic. In other cases
stupidity is not the origin of the problem, but all sorts of stupid behaviors
make it worse and prevent effective solutions”.
Cuando
la estupidez se combina con otros factores (como ocurre muy a menudo), los
resultados pueden ser devastadores. En muchas circunstancias la estupidez
humana es el origen de una serie de eventos que se complican constantemente,
con efectos acaso divertidos hasta que descubrimos su trágica índole. En otros
casos la estupidez no es el origen del problema, pero toda clase de
comportamientos estúpidos empeoran y envilecen las soluciones preventivas
eficaces.
Inquirimos
ha poco, sin respuesta hasta hoy, estúpida o razonada, sobre la siguiente
cuestión:
“¿Cómo
se explica la impresionante estupidez que un partido político con más de diez
décadas haya perdido casi toda su influencia nacional y esté constreñido al
respaldo que la frívola y racista Lima le da con la derecha que apuesta por el
mal menor y que graficara sus guarismos trágicos en el comicio del 2006? Esa
dirigencia, hasta hoy no explica los métodos científicos que usó para perder de
una manera tan vergonzosa y convertir al antaño movimiento esperanza de los
pobres del Perú en una cofradía de oportunistas recién llegados y en búsqueda
angurrienta de cualquier puesto con tal de conseguirse un ingreso. No causa
pues asombro que a la vuelta de pocos años, los resultados sean los que se
observan: falta de respuesta política, putrefacción en el pensamiento y una
impresionante carencia de líderes con calidad y educación geopolíticas. La
estupidez se nutre de la ignorancia.” http://www.voltairenet.org/article161140.html
Escribe
con pluma certera Livraghi, p. 13:
When we
try to understand stupidity, we are dealing with a subject that is scarcely
studied, rarely understood, broadly avoided because it’s uncomfortable and
disturbing (as we shall see in chapter 28.) It’s as though we all knew that we
are stupid, but we uneasy about admitting it.
Cuando
tratamos de entender la estupidez, tratamos con un tema que es apenas
estudiado, raramente entendido y ampliamente evitado porque es perturbador y
poco confortable (como comprobaremos en el capítulo 28). Es como si supiéramos
que somos todos estúpidos, pero no es aquello fácil de admitir.

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