Friday, January 26, 2007

LAP: trampas, mañas y addendas

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
26-1-2007

LAP: trampas, mañas y addendas

Se ha anunciado una "renegociación" con LAP, Lima Airport Partners, la
empresita concesionaria del Aeropuerto Jorge Chávez. Por vez primera,
el Estado plantea esa figura, las cuatro veces anteriores, traducidas
en addendas, la una peor que la otra, y en perjuicio del Estado
peruano, fueron impuestas por LAP con la patibularia y cómplice
fraternidad de Ositran. Sin embargo, en tiempos de globalización,
también hay "renegociaciones" que acaban de matar a los muertos y los
pudren más rápidamente. Si el gobierno del "cambio responsable" no
quiere hacerse protagonista ante la historia y el criterio implacable
del pueblo, de una barbaridad, deberá plantear algunos puntos
fundamentales.

En el 2003, Bechtel dejó de ser parte de la empresita de US$ 3 mil
dólares, LAP, y "heredó" sus acciones a Alterra, entidad que está
siendo expulsada por incompetente del Aeropuerto Juan de Santa María
de San José de Costa Rica. Entre Fraport y Alterra absorbieron a
Cosapi que quedó fuera y se extinguió con una jugosísima
indemnización. Entonces ¿por causa de qué el individuo Gustavo Enrique
Morales Valentín, de LAP, dijo en diciembre del 2006, en el antiguo
Senado, frente a 200 personas vinculadas a la aeronáutica, que Bechtel
era una de las firmas que avalaban la "capacidad y experiencia" de
LAP? Este gato encerrado, se convierte en un felino de mayores
dimensiones.

¿Servirá la "renegociación" para revisar in extenso, escrupulosa y
detalladamente la Addenda 4, firmada por los Cucharitas y otros
delincuentes? En ese mamarracho LAP logra la casi imposibilidad de
construir la segunda pista del Aeropuerto Jorge Chávez y también fue
autorizada a contraer, vía préstamos, obligaciones con dos bancos, uno
norteamericano y otro alemán, por la suma de US$ 125 millones de
dólares? ¿Qué ha ocurrido con esa obligación? ¿La están honrando? ¿Por
causa de qué el Estado peruano tuvo que avalar dineros que llegaban
como préstamos si la concesionaria, es decir LAP, era la indicada para
aportar de sus recursos al desarrollo del terminal aeroportuario?

¿Será útil la "renegociación" para investigar cómo es que hay firmas
comerciales tugurizando el Duty Free y otorgadas por facilismos non
sanctos a empresas que no reunían las condiciones comerciales y de
solvencia artesanal y especializada? ¿Y en cambio, porqué se botó a
otras que sí tenían tradición peruanista, sentido estético y de buen
servicio, años de gestión invalorable afincando en Perú cuando
pudieron haberse ido a otros lados? ¿Se va a auditar la gestión del
fenicio Jaime Daly, gerente de LAP, aquél que no dudó en febrero del
2005, en encabezar la turba que expulsó del Duty Free a los artesanos
con su empresa Cexport?

¿Investigará la "renegociación" la evidente incompetencia de Alterra,
una de las socias de LAP –con Fraport- merced al escándalo que
protagoniza en Costa Rica donde han sido denunciados en la Contraloría
y en la Asamblea Legislativa por tramposos e incompetentes? Reza el
dicho: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, por las tuyas a
remojar. Alterra se pudre en San José de Costa Rica y aquí no hay
motivo válido para pensar que no puede ocurrir algo semejante.

¿Contemplará la "renegociación" el trato a las empresas comerciales y
las exigencias en beneficio del Perú? Recuérdese que Café Britt,
empresa costarricense, acostumbra fabricar en China artesanía más
barata a la que pone el marbete de Hecho en Perú. Hacen lo propio en
Costa Rica, lugar donde nuestra amiga y aliada artesana, la valiente
Albania Elizondo, acaba de ser denunciada penalmente por Café Britt
firma que no duda en comprar conciencias con dólares contantes y
sonantes. Pero, así lo constatamos en la Asamblea Legislativa de Costa
Rica, Víctor Ramírez, de la Asociación Nacional de Artesanos y el que
esto escribe, hay investigaciones sobre estos manejos sospechosos de
fortunas que no tienen explicación.

Si the man or the woman is the style, poco hay que esperar de la
peruanoide y obediente funcionaria Verónica Zavala. Aquella, su
hermana y hermano (que era ministro de Toledo) ganaban al alimón,
decenas de miles de soles en aquel régimen. Con desverguenza de
tecnócratas, por definición, vendepatrias, siempre estaban listos para
corroborar la expoliación del país vía concesiones o contratos
lesivos, pero legales. ¡Siempre la legalidad hechiza y tramposa!
¿Alguien tiene certeza qué tipo de "renegociación" será la que se
lleve a cabo con estos antecedentes?

¿Se quedará el Congreso, impresionante establo de mudos bien pagados,
incapaz de salir de sus anonimatos eternos y capilla de líos menores y
deleznables, siempre en silencio? No es de extrañar que la gente
deteste a un Parlamento que no comprende que podría ser una
herramienta de crítico criterio y no la carpa gigante de los chistes
más malos que cualquier república pueda albergar.

A Mr. Jim Fullerton, el dictadorzuelo de LAP, que trata a todo el
mundo como si continuara siendo el militarote gringo que fue, hay que
decirle: wait and see, we're not lambs!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Thursday, January 25, 2007

Perú: ¿guarismos o ciudadanos?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
25-1-2007

Perú: ¿guarismos o ciudadanos?

Corrige la plana, el encargado del TLC del ministerio de Comercio
Exterior, David Lemor, a la titular del portafolio y dice que no hubo
"sobreventa" del TLC y su aprobación en el Congreso norteamericano. El
ministro de Educación, anunció que los aumentos advendrán vía la
consecución de objetivos. La encargada de Transportes, afirmó que sólo
construirán carreteras que las regiones puedan mantener. Mazzetti y
Wagner que debieron ser expulsados del gabinete y enjuiciados
penalmente por atentar contra los derechos humanos de ocho campesinos
en Ayacucho, salen a los miedos que no cesan de hostigar a la opinión
pública con las imágenes de este par de incompetentes. ¡Estamos
noticiados, para ciertos peruanoides, los habitantes de este país, son
tan sólo fríos e impersonales guarismos! ¡De ninguna manera, hombres o
mujeres de carne y hueso! ¡Por tanto, el patrón crematístico, el mundo
del dólar y las divisas, del euro o del yen, son las consideraciones
fundamentales en el cerebro, minusválido y vendepatria, de estos
miembros del gabinete!

¿Es disyuntiva válida equiparar guarismos a ciudadanos? Alguna vez la
Constitución en su Preámbulo subrayaba el fin supremo del quehacer
público y privado, simbolizando en el ser humano tal distinción. A
tenor del bombardeo que miedos de comunicación, hacen expresa y
también subliminalmente, las 24 horas del día, hemos vuelto a ser
guarismos vulgares, números de nómina, patanes sin nombre o apellido.
La insolencia de un lenguaje tecnocrático, aplicada a la cosa pública,
así lo demuestra palmariamente.

Hablando de Constituciones. Si hay algo que ha sido abaleado, violado,
y servido de cualquier cosa, menos de referencia sagrada y cardinal en
Perú, este esperpento ha sido la Carta Magna en sus múltiples
versiones. A mayor belleza conceptual, poemas de honda emoción formal,
los crímenes aumentaron su epidemia y hay traidores que en nombre de
la Constitución la horadan, la retuercen, la insultan y zahieren
diariamente. ¿No hay acaso en el gabinete hasta tres traidores
partidarios de la adhesión del Perú a la Convención del Mar que
colisiona, expresa y directamente, con el Artículo 54 de la
Constitución? ¿Y no es uno de ellos, el titular de Torre Tagle, aunque
su estilo de difunto militante, eternamente muerto, dé signos, de
cuando en vez, de uno que otro resoplido? ¡Cosas veredes Sancho!
decíale el Caballero de la Triste Figura a su robusto escudero.

¿Con qué derecho pueden disponer los ministros o los burócratas de la
honra ciudadana de los peruanos? Cada vez que se habla con berreo de
yuppies graduados con mejor destreza en inglés que en castellano, se
enuncia el enajenamiento de los peruanos como seres pensantes y vivos.
Pero, la verdad es que para los voceros de la mendacidad, los únicos
vivos son ellos mismos, rectores infalibles del destino histórico y de
"cambio responsable" de un país de hinojos mendigando por un TLC que
tiene más problemas que soluciones ante Gringolandia. Es el propio
David Lemor, ex ministro de Toledo, el que anuncia que no hay a la
vista, avances, por los próximos treinta días. ¡Y, cómo no! ¡Deniega
que haya habido sobreventa del TLC por parte del gobierno anterior al
cual él pertenecía! Cambió de camiseta con facilidad deportiva y ahora
juega en otro equipo.

¿Tienen reacción los partidos o el partido? ¡Nada de nada! ¡Es más,
creen que el lenguaje no tiene importancia porque eso "pasa siempre"!
Cuando un pueblo y sus castas políticas declinan la defensa de sí
mismas, vía el torpe renunciamiento hasta de sus más elementales
fórmulas cívicas, se llega al filo de la navaja en que todos se cortan
y los más débiles quedan donde siempre estuvieron: convidados de
piedra eternos, recurso palurdo de discurso episódico, pretexto
significativo para no hacer nada para ellos! El vivo vive del tonto,
el tonto de su trabajo y los mercenarios ocasionales, en todos los
gobiernos, montan sus fortunas, riquezas misteriosas, sobre el
aplastamiento espiritual, periodístico, económico y político de
quienes no saben defender su calidad ciudadana!

¡Tomar a lo serio las cosas del Perú! dijo bien, decenios atrás, don
Manuel González Prada.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Wednesday, January 24, 2007

¡Protesta, propuesta, acción!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
24-1-2007

¡Protesta, propuesta, acción!

Una nota fraterna de brillante y sugestiva inteligencia me sugiere una
trilogía de poder demoledor: ¡protesta, propuesta, acción! En efecto,
los militantes del único partido político que apenas supera, por muy
poco, la calidad de club electoral, tienen el imperativo deber de
acabar con la sumisión de esperar directivas para protestar, proponer
y ponerse en acción rutilante, constructiva y revolucionaria. Esperar,
dijo Haya de la Torre, un lejano 8 de diciembre de 1931, pero no en la
falsa expectativa del que aguarda que las cosas vengan solas, sino en
la actividad forjadora, en el esplendor de creadores de una
nacionalidad firme y orgullosa, ecuménica y fortalecedora no de un
Estado criollo y reaccionario, limeño y estúpido, sino un Perú de
todas las sangres y de todas las razas, crisol y soplo eterno de
eterna ilusión.

Hasta hoy, y estoy cierto que es una convocatoria a toda la sociedad,
ha habido un pensamiento único, totalitario, cretino, hacedor de mitos
y consagrador de imposturas vía los miedos de comunicación,
fabricantes de figuras y figurones. Se ha burocratizado la acción que
es controlada por un aparato lleno de óxido y lento como paquidérmico.
Sin embargo, si hay algo que no existe, tal como vengo comprobando en
compulsa diaria urbi et orbi, es un partido de gobierno que lo apoye o
respalde, sino un aprovechamiento electoral de aquél y ¡punto! Los del
Apra están en todas partes, menos, paradójicamente, en lo que debiera
ser su gobierno, porque así lo ha determinado la voz imperial, mandona
y minoritaria de un obediente séquito que está aherrojado a la derecha
pro-imperialista, antichola e indigna.

Oigo teóricos llamados a la "movilización de masas"; clamor por un
supuesto debate entre "socialismo versus neoliberalismo";
convocatorias a una "sociedad civil" que en las más de las veces,
maquilla la inexistencia de organismos partidarios con voz activa y
protestante en las calles y sólo disfraza, cohonesta pero no
reemplaza, la versión maciza de un trabajo político que debiera
involucrar al pueblo, protagonista eterno de todos los discursos, pero
ausente, también eterno, de la dinámica popular que unos no convocan
porque nadie les hace caso y entonces se la llama "sociedad civil".
¿Hay sociedad militar o sociedad de cualquier otra especie? ¡Se llama
pueblo, a secas! El resto es mendacidad de neologismos edulcorados y
farsantes.

Al lustro 1985-1990, se lo llamó "voluntarismo". Y esta estupidez,
simplemente disfrazó lo que fue hecatombe y ruina moral cuanto que
política atribuida a la juventud del entonces, como hoy, presidente
Alan García Pérez. Sin embargo, ese voluntarismo, que convoca, de
inmediato y sin ambages, al amiguismo, pareciera repetirse hoy, veinte
años después, con la misma carga negativa y reaccionaria, impopular y
sectaria, al régimen contemporáneo. ¿De qué otro modo se explica la
presencia de vendepatrias como Zavala, Wagner, Mazzetti, García
Belaunde, Carranza, Flores y otros en el gabinete de ministros?

Hay algo muy claro: ¡este es un gobierno de la derecha más
recalcitrante! Poco o nada tiene que ver el partido que logró los
votos para catapultar por segunda vez al señor Alan García Pérez. Sin
embargo, la oposición culpa al colectivo electoral de Alfonso Ugarte
de aciertos y desaciertos. Pero, la máquina política, no está ¡para
nada! en el gobierno, están otros ajenos y hasta enemigos
tradicionales operando desde los ministerios, burocracia y entidades
públicas de diverso pelaje. ¿Es válido este contrabando o es un yerro
político de consecuencias imprevisibles como catastróficas?

Vale, la pena, pues, hablar en voz firme como clara porque en Perú
somos campeones en disfrazar y maquillar todo y para todos los gustos.
A un estúpido químicamente puro, llamamos estadista u hombre de
Estado. A un infeliz, pseudo-ideólogo, tildamos de doctrinario o
estratega. A los cernícalos metidos a periodistas o analistas,
reconocemos, a falta de seso, como "politólogos". Si el Perú está como
está es porque los talentos, los genuinos, de todas las tiendas y
sectores, están cómodamente sentados haciendo cualquier otra cosa,
menos pensar por y para el país. Es hora, como bien dice Arturo Ojeda,
de discurrir por la protesta, pasar a la propuesta y entrar en acción.
¡Amén, así de simple!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Tuesday, January 23, 2007

Ramón Castilla: por un “Perú grande”

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
23-1-2007

Ramón Castilla: por un "Perú grande"

En momentos en que la penumbra e ignorancia generalizada sobre nuestra
historia presiden el atolondramiento nacional, conviene recordar, en
palabras de Jorge Basadre, lo que significó un gobierno -que no todos
han sido desastrosos- como el que lideró Ramón Castilla. Leamos.

"Más, con todas las imperfecciones, extravagancias y ocurrencias
pintorescas de Castilla, su primer gobierno arroja un saldo de intensa
y bienhechora actividad. Fue, como se ha visto, un régimen que se
colocó por encima de los partidos, los bandos y los grupos e hizo
administración más que política. Impuso el orden después de la
confusión. Usufructuó así del cansancio contra las turbulencias que,
en un principio, dio popularidad al ensayo de Vivanco; pero, salvo en
etapas muy cortas, no basó el orden en la arbitrariedad sino en el
juego aparentemente libre de las instituciones democráticas. La digna
representación de la autoridad y del Estado, ausente tanto tiempo,
casi desde la caída misma del sistema virreinal, salvo fugaces
momentos de primavera cívica o de noche autoritaria, fue otra de las
características del Perú entre 1845 y 1851, al amparo de la paz
interior e internacional".

"Especial interés reviste su actitud ante los desbordes periodísticos.
Castilla fue víctima predilecta de ellos. No dejó por eso de sentirse
herido y enojado. "Me llaman vicioso y jugador y ladrón del Tesoro
(escribió a Pedro Cisneros el 11 de noviembre de 1848) cuando siempre
perseguí a los jugadores y ladrones". Pero su actitud fue, por lo
general de paciencia. "Necesitamos ver con serenidad el desenfreno de
la prensa porque es mal que no podemos evitar", dijo también al mismo
corresponsal (4 de noviembre de 1848)".

"Para comprender lo que Castilla fue para el Perú de su tiempo, es
preciso recordar que la guerra de la Independencia asoló los campos,
devastó las ciudades y sangró y empobreció a las poblaciones por
cuatro años; y que, casi una década después de ella, en 1835, volvió a
encenderse la lucha, primero civil y luego internacional, con
bolivianos y chilenos y peruanos, en dos y hasta en tres bandos,
concluyendo siete años después en 1842. De 1820 a 1842 prácticamente
pasó el Perú por catorce años de guerra.

Castilla llegó al poder poco después. No encontró sino escombros,
cosas a medio hacer o malogradas. La Carta política estaba en suspenso
desde hacía algún tiempo. Después de sucesivas promulgaciones y
derogaciones de leyes y decretos, seguían vigentes en los aspectos
fundamentales de la vida jurídica, social y económica, las normas
coloniales. Los pleitos civiles y las causas criminales se tramitaban
según el Derecho español. El ejército mantenía las ordenanzas y los
reglamentos de la metrópoli. Subsistían la esclavitud, el tributo, los
mayorazgos y otras taras del pasado. La Hacienda Pública se regía por
un sistema anacrónico, cuando no por odiosos cupos y exacciones; no se
había formulado aún el presupuesto de la República. El progreso
material del siglo había demorado en introducirse con la excepción
aislada de la navegación a vapor; se viajaba entre Callao y Lima con
postas y diligencias, el alumbrado público y privado era con velas y
lámparas, en la correspondencia no se ponía estampillas. La enseñanza
conservaba la separación entre las escuelas de primeras letras, las
aulas de latinidad con sus odiosos dómines y el colegio que
reemplazaba a la languideciente universidad privada de local por
haberlo ocupado el Congreso de la República. El Estado no había
asumido sus deberes en relación con la instrucción pública. En la
capital no había habido tiempo para hacer obras de ornato o de
servicio social. Casi no quedaba marina. El ejército sufría las
consecuencias de las guerras civiles e internacionales y el Colegio
Militar estaba clausurado. Castilla gobernó cinco años y volvió a
gobernar después por siete más. En esos doce años se puso el Perú de
pie. Fue otro Perú, distinto del Perú pobre, inerme, vencido y
mutilado que heredamos.

Cuando los manuales dan la lista de gobernantes de 1843 a 1867, año en
que muere el tarapaqueño, y se leen los nombres de Vivanco, Castilla,
Echenique, Castilla, San Román, Pezet y Prado, no siempre se ha dicho
que en Vivanco hay dos años escasos, en Echenique tres, en San Román
menos de uno, en Pezet dos y en Prado dos, o sea en todos los
presidentes juntos hasta 1867, un total de tiempo menor al de Castilla
solo.

No valen los años que duró y lo que hizo materialmente, sino el aire
de grandeza que creó, el soplo vital que trajo, la intención de su
obra. Alentó esa fe peruana en el porvenir que los mejores incas y los
hombres de la Independencia habían tenido, que pareció marchitarse con
el estruendo de los primeros años de anarquía y que otros después de
él no supieron revivir o trasladaron al pasado, con el alma
empequeñecida por la catástrofe del 79. Es así, como habló del "Perú
grande" en contraste con "el Perú pequeño que algunos quieren que sea"
(carta el general Pedro Cisneros, 19 de junio de 1847)."

¿Sería justo pedirle al actual gobierno que apenas cruza el umbral
precario de siete meses, ese "aire de grandeza, soplo vital" que
otorga con justeza Basadre a Castilla? Imposible olvidar que García
Pérez está en su segunda administración que la primera entre
1985-1990, devino en fracaso estentóreo y bullanguero. Sin embargo es,
a la luz de los acontecimientos cotidianos, pertinente preguntar si el
"cambio responsable" es responsable de las enormes flaquezas y
pusilanimidades ideológicas y doctrinarias de un gobierno que no tiene
nada de partidario y sí, muy mucho, de amiguismo, compadrería y
conveniencia para ciertos sectores reaccionarios, profundamente
vendepatria y anticholos. ¡Como en lustro anterior!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Monday, January 22, 2007

¡Sicarios políticos!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
22-1-2007

¡Sicarios políticos!

¿No se regala, con exquisita simpatía vendepatria, todos los días, vía
televisión, radio y diarios cómplices, el ex ministro toledista del
TLC (fungía estar en Comercio Exterior), Alfredo Ferrero Diez Canseco,
al gobierno de Alan García Pérez? Bien advirtió hace muchos lustros,
Luis Bedoya Reyes, que los técnicos se alquilaban. ¿Y esa merced
conductiva es nueva o de reciente data? ¡No lo parece! Por tanto,
cuando era titular Ferrero, ya estaba con propósitos de obsequiar al
país. En buena cuenta ¿qué hacen los sicarios?: asesinan. ¿Y, no es
matar a un país, canibalizarlo de a pocos, vía concesiones, tratados
inequitativos, asimétricos, dañinos a la producción peruana?

Dos temas ineludibles que pasan por la ética y la responsabilidad
política. El primero que denota, con mayúscula sinverguencería cómo un
ex funcionario público del gobierno que culminó sus días en la
absoluta orfandad, graficada en la pobreza electoral de abril, cual
ramera de libre disposición (el mercado manda), carente de sindéresis
o cualquier lealtad, abdica de lo anterior y se oferta cual mercancía,
a los nuevos inquilinos de Palacio. Segundo, los controles políticos,
Congreso y partidos, ¡NO existen! En el Establo a nadie inquieta la
veleidad de Ferrero Diez Canseco y la agrupación política que dio el
triunfo a García, el Apra, no tiene representación, fuerza o
significación a nivel de gobierno.

La especie mañosa, muy bien edulcorada vía los miedos, plenos en
especímenes de esta ralea, es que hay un divorcio entre tecnócratas y
políticos. Mientras que los primeros tienen la llave mágica de las
soluciones en tiempos de globalización; a los segundos, corresponde la
cháchara en forma de debate y ningún crédito. Sin embargo, el gobierno
es un arte político que va de la mano con lo económico. Lenin, el jefe
bolchevique, que contrató con Armand Hammer para la explotación
petrolera, tuvo el acierto de poner un comisario político al lado de
los tecnócratas. Cuando la naturaleza profundamente traidora de éstos,
afloraba, el paredón de fusilamiento cumplía su labor profiláctica.
Pero, pedir aquí eso, es casi un disparate.

¿Hay precedentes? ¡Cómo no! Hay multitud de ex funcionarios estatales,
poseedores de secretos e información confidencial privilegiada que
luego, vía el mercenarismo dolarizado, se pasaron a empresas privadas
y ¡lo que es peor! litigaron contra el Estado al cual "servían" poco
antes. Recuérdese el caso flagrante y escandaloso del ex Defensor del
Pueblo, Jorge Santistevan de Noriega que del cargo público migró a
Telefónica, la empresita ibérica ladrona per se y expoliadora. En
cualquier caso, los dólares fueron argumento convincente e
irrefragable para persuadir a los vectores a hacer o decir todo lo
contrario. ¡Harían lo propio si otro misil en moneda verde y dura, los
vuelve a encontrar útiles a sus causas sicarias!

Esto ocurre porque en Perú los organismos naturales de control sufren
orfandad de fuerza desde las bases o son parte del diseño perverso y
cómplice que aplana la protesta y el soliviantamiento ante hechos
aberrantes y que debían ser censurados per se. Los miedos se manejan
según el avisaje publicitario. ¡No se toca a nadie que los sufrague en
grado sumo! ¿De qué otro modo, se explica, por ejemplo, la neumática
de silencio ante los atropellos, cotidianos, sempiternos, abusivos
todos, en que incurre San Dionisio Romero Seminario y su banco? ¡Qué
le van a decir, si muchos mercenarios y sicarios, entre periodistas y
políticos, viven de la bondad interesada y mercantil de este
individuo! ¿Acaso no tiene pandillas de abogángsteres y jueces a su
servicio particular? Sólo por citar un caso.

El rechoncho ex ministro, cual hurí obesa, se regala a ver qué pesca
en este gobierno. Esta administración, la del señor García Pérez, es
muy afecta a esta clase de tecnócratas y, por definición, éstos tienen
que tener altas cuotas espirituales de negación del Perú para ostentar
la sinverguencería arrodillada de que hacen gala cuando mal negocian y
descuidan los intereses del pueblo peruano. Son alquilables elementos,
sicarios de ocasión, rufianes de saco y corbata. El problema no son
ellos, sino ¿dónde está el contralor de la vida pública y política
porque no funcionan los canales formales?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Friday, January 19, 2007

Los Peruanoides y la verdad sobre el Trapecio de Leticia

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
19-1-2007

Revelaciones sumamente interesantes las que enuncia en el siguiente
artículo el embajador e historiador Félix C. Calderón. Pone de relieve
la importancia, nunca negada y sí muy mal enjuiciada, del ex
presidente Augusto B. Leguía y, además, a propósito del libro Los
Peruanoides de Pedro Villanueva Urquijo, de muy reciente aparición,
gracias al editor Armando Villanueva del Campo, subraya
acontecimientos que debieran llamar a reflexión serena, a la
ecuanimidad y al borrón integral del atolondramiento que tanto
señalaba Jorge Basadre como una de las taras más denigrantes del
peruano de todos los tiempos. No deja de ser polémica como atrevida la
propuesta de Calderón para rebautizar a la actual Avenida Arequipa con
su nombre príncipe: Av. Leguía. (Herbert Mujica Rojas)
…………………………………………………………..

Los Peruanoides y la verdad sobre el Trapecio de Leticia
por Félix C. Calderón

Siempre es reconfortante leer testimonios de peruanos honorables que
ayudan a escudriñar mejor nuestro pasado con base en la experiencia
vivida y una mejor descripción de las circunstancias que rodearon los
momentos cruciales de nuestra historia. En vez de seguir el infeliz
consejo de un cándido periodista que propone como lecturas de fin de
año lo contingente o la ficción, ya es tiempo que los peruanos presten
la atención debida a publicaciones que, de una manera u otra, apuntan
al rescate de la verdad histórica. Pues, es harto sabido que un pasado
convenientemente deformado, no permitirá nunca transitar de manera
correcta el futuro.

Pues bien, el libro de Pedro Villanueva Urquijo, "Los Peruanoides" es,
desde este punto de vista, una contribución valiosa y oportuna, porque
estamos todavía a tiempo los peruanos de reivindicar la patriótica
obra de ese gran estadista que fue don Augusto B. Leguía. Quien esto
escribe sospecha algunas de las razones que pudieron haber llevado a
su hijo a publicar tardíamente el recuento testimonial de su padre.
Empero, lo fundamental es que ha salido a la luz y los hechos que allí
se revelan permiten confirmar algunas de las hipótesis sobre las
cuales se trabajó el libro "El Tratado de 1929. La otra historia."

Para comenzar, el término acuñado "peruanoides" es apropiado en tanto
trata de identificar a quienes habiendo nacido en el Perú, no eran por
sus actos, peruanos, y más de uno no escapa, hoy en día, a este
calificativo. Cuando al fuerte taconeo de las pisadas se acompañaba
una voz engolada, privilegios inmerecidos y una falsa grandeza, se
puede decir que se estaba frente a un "peruanoide." No el más capaz
para ejecutar un programa de gobierno, sino el más favorecido por los
prejuicios de casta, lo que explicaría en gran parte las desdichas
nacionales.

Luego de hacer un apretado recuento de los contratiempos e infortunios
del Perú republicano y de parte de las causas de ese estado de cosas,
Villanueva Urquijo dedica un buen número de páginas a desbaratar las
infamantes acusaciones que los golpistas de 22 de agosto de 1930
tuvieron que inventar para justificar las vejaciones a las que
sometieron al defenestrado mandatario, incluyendo su oprobioso
encierro en el Panóptico, no obstante la gravedad del cáncer
prostático que padecía y a pesar de haber asumido sin ambages su
responsabilidad ante la historia por la política internacional que
condujo su gobierno.

Interés especial reviste, en este acápite, la revelación que hace el
autor acerca de las intenciones bélicas de tres países vecinos a fin
de resolver por la fuerza los problemas fronterizos que confrontaban
con el Perú y que la incuria, incompetencia o pusilanimidad de los
gobernantes peruanos que precedieron a Leguía hizo que se tradujera en
una clamorosa precariedad vía status quo, modus vivendi o
sencillamente negociaciones infructuosas. No se trata ahora, por
cierto, de perturbar la fructífera relación vecinal trayendo a
colación episodios del pasado de ingrata recordación para los
peruanos. Sin embargo, resulta de gran utilidad este recordaris si se
quiere apreciar en su real dimensión el legado de Leguía y, por
oposición, la bajeza e infamia de Sánchez Cerro y sus cómplices, y el
por qué deben arrastrar ese baldón.

Nos dice Villanueva Urquijo que cuando "el Sr. Lozano tocó la puerta
de nuestra Cancillería no venía en actitud amistosa. Solapadamente nos
traía un conflicto. El no traía exclusivamente la representación de su
país (sic)." Da a entender qué gobierno estaba detrás de esta
confabulación para "poner término violento a viejos pleitos
internacionales derivados del incumplimiento de un pacto desgraciado",
y agrega a renglón seguido lo siguiente: "Fue la República de Colombia
la que aceptó el papel de provocador. La misión del Sr. Fabio Lozano y
Lozano, no era pues, una misión sencilla. Sí lo era de trascendencia
(en cursivas en el original). O el Perú se entendía amistosamente
(Idem), o se le agredía en conjunto (sic), a fin de someterlo por la
fuerza e imponerle con las bayonetas la obligación de aceptar
mutilaciones territoriales caprichosas."

Por cierto, más de un historiador peruano ha especulado respecto al
"cuadrillazo" o "polonización" que se cernía sobre el Perú. Mas, el
testimonio de quien fuera por esa época diputado del Departamento de
San Martín, precisa mejor la verosimilitud de la amenaza y lo
magistral de la respuesta de Leguía, atacando casi en simultáneo los
tres frentes mediante propuestas negociadoras que a la postre dieron
sus frutos.

El trueque de Leticia

No es del caso detenerse aquí en la negociación propiamente dicha del
Tratado Salomón-Lozano, por lo demás explicada ampliamente en "El
Tratado de 1929. La otra historia." Pero sí es importante marcar las
coincidencias con la obra que se comenta. En primer lugar, Leguía
aceptó con renuencia la propuesta de Lozano, mientras involucraba a
Estados Unidos en la ejecución del artículo III del Tratado de Ancón.
En segundo lugar, concluida la negociación y firmado el tratado el 24
de marzo de 1922, Leguía procuró retardar sine die su aprobación por
el Congreso peruano, interesado como estaba en desactivar la amenaza
tripartita sin dejar de recuperar Tacna y Arica. En tercer lugar, se
falta a la verdad cuando se dice que Leguía cedió Leticia. El modus
vivendi que siguió en 1911 al incidente de La Pedrera en el que fue
protagonista el entonces Coronel Oscar R. Benavides, puso en evidencia
la precariedad de las posesiones peruanas al este del río Putumayo.
Adicionalmente, el tratado de límites colombo-ecuatoriano de 1916,
mediante el cual ambos países se repartieron virtualmente la margen
izquierda del Marañón-Amazonas, no hizo más que complicarle las cosas
al Perú, por cuanto Ecuador le reconoció a Colombia en virtud de ese
tratado una porción territorial en la margen septentrional del
Amazonas que en la actualidad iría desde Pebas o Pijuayal en el Perú
hasta la frontera con el Brasil. En fin, es bueno recordar que los
mapas editados en Francia, Alemania y Estados Unidos en la segunda
mitad del siglo XIX, y aún antes, tradujeron sesgadamente ese
posicionamiento geográfico de Ecuador y Colombia sobre la margen
izquierda del Marañón-Amazonas, arbitrariamente basado en el Tratado
Larrea-Gual, firmado por el Perú en Guayaquil, el 22 de setiembre de
1829, en pleno derrumbe de la Gran Colombia.

Dicho en otras palabras, si bien el Perú tenía en 1922 la posesión del
denominado trapecio de Leticia y ejercía autoridad en su territorio,
no es menos verdad que desde 1821 seguía pendiente la definición de la
línea de frontera con Colombia, juntamente con la de Ecuador, desde el
momento que Simón Bolívar tomó la decisión unilateral de usurpar
Guayaquil y pretender, luego, arrebatarle al Perú, Ayabaca, Jaén y
Maynas, mediante un aprovechamiento desleal de su condición de
dictador supremo. (Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar:- Tomo
I : La usurpación de Guayaquil.- Lima, 2005). Por lo tanto, no fue
casual ni reciente que Colombia y Ecuador, que aprendieron a actuar
concertadamente, persistieran bien entrado el siglo XX en su
pretensión de contar con un acceso directo al río Amazonas.

La obra trascendente del presidente Leguía consistió en dividir a los
aliados ocasionales para negociar por separado con ambos, dentro de
una coyuntura muy difícil como fue la negociación preliminar con Chile
sobre el arbitraje. Primero con Colombia, aceptando, en 1922, la
cesión de Leticia a cambio de recibir como contrapartida el triángulo
de Sucumbios, valiosa franja territorial de importancia estratégica
para el Perú porque lo colocaba, por el este, muy cerca de Quito, y de
trueque, pues años más tarde, fue vital ese pequeño pedazo de
territorio en la negociación del Protocolo de Río de Janeiro de 1942.
(La Negociación del Protocolo de 1942: Mitos y Realidades.- Sociedad
Peruana de Derecho Internacional y Academia Diplomática del Perú.-
Lima, 1997). Y, a los dos años, con el Ecuador, porque se concluyó el
21 de junio de 1924, el Protocolo Castro Oyanguren-Ponce, en virtud
del cual los dos Estados se comprometieron bonna fide a establecer el
procedimiento para llegar más adelante a una solución definitiva de su
controversia limítrofe.

No es de extrañar que ninguno de los iracundos opositores de Leguía,
estuviera al tanto de los esfuerzos secretos del mandatario para
sacrificar de ser el caso el Tratado Salomón-Lozano, tan pronto el
mecanismo del laudo arbitral del presidente estadounidense Calvin
Coolidge se pusiera en marcha. Conviene recordar a este respecto que
meses después de suscribirse en Lima el Tratado Salomón-Lozano y el
Protocolo de Arbitraje y Acta Complementaria con Chile, el 24 de marzo
y el 20 de julio de 1922, respectivamente, el Gobierno peruano informó
reservadamente a su enviado en Bogotá, el 19 de setiembre de ese año,
de su intención de gestionar la modificación de la línea de frontera
aceptada en el Tratado Salomón-Lozano.

Con posterioridad, el 11 de noviembre de 1924, el Gobierno brasileño
alcanzó a Torre Tagle un memorando en el que señalaba que con el
acceso colombiano al Amazonas, de conformidad con el Tratado
Salomón-Lozano, se había modificado el status territorial del río
Amazonas sin haber oído al Brasil. El Perú que no veía con malos ojos
esa objeción y que pudo haber estado en su génesis, propuso una
negociación tripartita en Washington. Y no es pura coincidencia que la
solución a este último impasse se diera a través de un procès verbal
suscrito por los representantes de los tres países el mismo día que el
Presidente Coolidge firmara el laudo arbitral, el 4 de marzo de 1925.

Si bien el 30 de octubre de 1925 el Congreso colombiano aprobó el
Tratado de 1922; un mes más tarde, sin embargo, el Presidente Leguía,
le confesó sin ningún empacho al Embajador estadounidense en Lima,
Poindexter, que el tratado de límites con Colombia no sería examinado
por el Congreso peruano hasta que no se hubiera resuelto primero el
asunto del plebiscito de Tacna y Arica, con lo cual el fantasma del
linkage se hizo evidente para los Estados Unidos.

Asimismo, por esos días el Gobierno del presidente Leguía tomó una
decisión que sus detractores la callaron en todos los tonos, por
razones obvias, y que hoy en día ya no es posible seguir ocultándola.
En concreto, el 20 de noviembre de 1925, el Gobierno peruano autorizó
de manera previsora la definición de los linderos y luego la
colocación de mojones de la denominada hacienda "Victoria" en Leticia,
prima facie de propiedad de Enrique A. Vigil Chopitea, y con una
extensión de 550 hectáreas. El título de propiedad fue expedido por el
Ministerio de Fomento peruano el 15 de abril de 1926. Es decir, no
obstante que el Tratado Salomón-Lozano había sido ya ratificado por
Colombia, en un hecho histórico que ha permanecido inédito por mucho
tiempo, el Gobierno peruano decidió regularizar, en 1926, en el
corazón de Leticia, la propiedad de un ciudadano peruano que no le era
desconocido. En una palabra, Leguía adquirió otro "Chinchorro" en
Leticia y solo al año siguiente, el 20 de diciembre de 1927, el
Congreso peruano ratificó el Tratado Salomón-Lozano, en circunstancias
que ya era evidente el afán de la diplomacia chilena de procurar un
arreglo directo sobre la suerte de las "Cautivas", en vez del proceso
plebiscitario que lo estaba llevando a una derrota moral y jurídica. Y
para el efecto, buscó la cooperación del Secretario de Estado Kellog.

Este "Chinchorro" peruano, que pudo haber sido un valioso enclave
estratégico del Perú en Leticia, fue desgraciadamente vendido por
Enrique Vigil al Capitán de Fragata Oscar Mavila, el 6 de agosto de
1936. Pero, mediante un documento de carácter privado que se guarda en
el Archivo Central del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mavila
dejó constancia en aquella oportunidad que había actuado en nombre del
Gobierno peruano, utilizando con ese fin un dinero que salió del
pliego presupuestal de la Cancillería. Gobernaba el Perú Oscar R.
Benavides, era canciller Alberto Ulloa Sotomayor y Secretario General
de Relaciones Exteriores Enrique Goytizolo Bolognesi. Lo discutible
del caso reside en que al año siguiente, en una torpe decision del
Gobierno de Benavides la hacienda "Victoria" ( el "Chinchorro"
peruano en Leticia), fue vendida por el Perú a Colombia, a través del
representante colombiano en Lima.

Durante el injusto y arbitrario proceso que se le siguió a Leguía (el
único presidente del Perú que murió envilecido luego de estar preso en
el Panóptico) en el Tribunal de Sanción Nacional, fue llamado a dar su
testimonio Julio Arana, feroz opositor del defenestrado presidente por
tener intereses caucheros en el Caquetá, quien no escatimó en
reconocer que el Dr. Salomón le había manifestado años atrás el
interés prioritario del Gobierno de Leguía de terminar con la
cuestión de límites con Chile, para lo cual resultaba indispensable
poner fin al diferendo territorial con Colombia y de ser posible con
Ecuador, para así neutralizarlos y tener más fuerzas en las difíciles
negociaciones con el vecino del sur. También recordó Arana que, en
opinión del Dr. Salomón, hubo cierta presión de parte de los Estados
Unidos para que fueran terminados los arreglos con Colombia antes de
que el Presidente Coolidge emitiera su fallo arbitral.

En pocas palabras, no hubo entreguismo ni mucho menos traición en la
supuesta cesión de Leticia. Lo que sí hubo fue un inteligente trueque,
y hace muy bien Villanueva Urquijo en recordárnoslo; pues eso le
permitió a Leguía, a continuación, recuperar Tacna, y con ello darle
al Perú cuatro fronteras, tras la magistral faena que libró como
presidente, entre agosto y septiembre de 1909, para delimitar las
fronteras con Bolivia y Brasil. Por todo ello, nadie merece más
respeto ni agradecimiento de los peruanos que Augusto B. Leguía. Fue
él quien, a despecho del civilismo parasitario, dio "piel" al Perú y
lo introdujo en la modernidad. Mantenerlo en el purgatorio político es
indigno de la peruanidad y contrario a la verdad histórica.
Enhorabuena que "Los Peruanoides" nos haga ver a los peruanos nuestro
craso error. Ya es tiempo que la avenida que llevaba su nombre vuelva
a lucirlo con orgullo, y que se le erija el monumento que con justicia
se merece este patricio de excepción.

Thursday, January 18, 2007

Lima debería implorar perdón al Perú

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
18-1-2007

Lima debería implorar perdón al Perú

¿Qué hacen los electos de provincias cuando llegan a Lima?: urgen ser
llamados congresistas de la república; ¿qué aprenden aquí los hombres
y mujeres de la cosa pública?: a mentir, a hablar en estúpido, a
abundar en millones de indefiniciones y a prometer lo que no pueden
cumplir; ¿qué embrujo maléfico, sortilegio contumaz o hechizo
malhadado, pervierte, tuberculiza, convierte en monstruos a los
ciudadanos de esta capital que se cree divina rectora de los destinos
del país? Lima cumple 472 años de fundada por el porquerizo natural de
Trujillo de Extremadura, España, Francisco Pizarro, y desde entonces,
cual foete castigador, ha impuesto su peso centralista, nucleador
fragilísimo, racista y discriminador, al resto del país. Lima debería
implorar perdón al Perú.

Los miedos de comunicación limeños se creen nacionales, pontifican
desde la capital a la vasta e inmensa geografía patria. Hay
"especialistas, politólogos, analistas, internacionalistas" –debajo de
cada piedra- que jamás visitaron la puna, la selva o siquiera la
serranía, pero desde el muelle sillón citadino creen "aportar" con
soluciones modernas, de avanzada o inclusivas para los pobladores de
la nación. Todo esto apoyado en dólares que vienen del exterior y que
han formado una nomenclatura o aristocracia pseudo-intelectual –igual
de racista, criolla y discriminadora- que se alaba a sí misma, eleva o
desgracia a quienes son sus integrantes o enemigos, respectivamente.
Un muerto, una tragedia, un sismo, un apresamiento, no es igual si se
trata de Lima que de provincias. En el primer caso, el asunto es
grave; en el segundo, de menor y más deleznable prioridad. Si alguna.

La encuesta difundida ayer por un canal de cable preguntaba si la
población capitalina trata bien a los que no lo son y la respuesta
mayoritaria, abrumadora y aberrante es que no era así. ¿Puede causar
sorpresa semejante "descubrimiento sociológico"? La limeñización (aquí
vale ese gentilicio) de vastísimos sectores es un fenómeno que ocurre
con frecuencia en todas las grandes capitales. Sin embargo, y a la
par, coetánea y con fuerza innegable, persisten en toda su virtud
musical, artística y telúrica, bolsones de amor provinciano que
practican sus rutinas de variada índole. Cierto que los hijos y nietos
ya son capitalinos e integran, vía las universidades, ese ejército de
Simpáticos Saltimbanquis Urbanos (SSU) al servicio de quien les dé
trabajo, enseñe otro idioma y enajene su identificación con cualquier
rasgo que implique no sólo lo capitalino sino también lo peruano.

Lima actúa con paternalismo pseudo-protector. Mira de arriba a bajo al
resto del país. Por algunas extrañas e inexplicables razones, la
megalópolis sigue concitando atracción a los del interior que, en
muchos casos, no tienen más remedio que abandonar sus tierras para
llegar a una ciudad hostil, pestilente, plena en ladrones de saco y
corbata, multilingues y expertos en dar declaraciones justificando sus
robos y estafas al país.

El adocenamiento limeño invade cerebros, estupidiza ecuménicamente y
anquilosa a partidos, instituciones de todo orden y convierte en
ociosos y haraganes sempiternos a quienes se guarecen en la cosa
pública y en la privada. Los primeros viven felices esperando el
seguro salario; los segundos, están en puestos que no pocas veces,
reposan edificados sobre licitaciones con nombre propio; contratos
amañados; exacciones violentas y legales contra el país vía
concesiones o privatizaciones, etc.

Castradora, frívola, mediocre y gris, escenario de las más grandes
tragedias cívicas de la nación, fábrica aviesa de figuras y figurones,
falsos valores, impostores y cacos, en blanco y negro y en la
televisión o radio, en el Congreso o gobierno, Lima es una olla
infinita de fétidas sensaciones. Si el Perú es lo que es, en gran
parte se lo debe a esta ciudad yuguladora y angurrienta de vivir
rimbombante y en la impostación de "buenas costumbres", voz atildada y
una evidente y vergonzosa falta de pantalones y firmeza para destruir
a sus sagrados íconos con apellidos "decentes".

Lima debería implorar perdón al Perú.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.redvoltaire.net
hcmujica.blogspot.com
Skype: hmujica

Wednesday, January 17, 2007

¿Conciencia o concha?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
17-1-2007

¿Conciencia o concha?

Ha dicho el peruanoide ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, que
por conciencia él se opone a la pena de muerte. ¿Por causa de qué no
se opuso u objetó la prisión-pretexto de ocho campesinos ayacuchanos a
mediados de diciembre del 2005? ¿Entonces, no funcionaba lo que él
llama conciencia? ¿O es concha monda y lironda?

Según el Larousse, mataburro preferido de años vastos, concha se
define así: carey, materia córnea, traslúcida, envoltura dura, de
naturaleza calcárea segregada por el tegumento que cubre el cuerpo de
numerosos moluscos. A cierto obelisco con patas con fajín de
funcionario ¡no le entran balas!

Los ocho campesinos apresados en Ayacucho fueron la salida limeña,
pícara, cruel, racista, opresiva, de dos ministros ineptos,
profundamente mediocres como Allan Wagner Tizón en Defensa y Pilar
Mazzetti (otra peruanoide) en Interior. Para tapar su inutilidad en
cuanto a los trágicos sucesos que resultaron en la muerte desgraciada
de cinco policías y tres civiles, se capturó a estos connacionales, se
les engrilletó, trasladó cual animales por varias ciudades, para ser
liberados recién luego de más de 25 días.

¿Cómo así que las ONGs, infestadas de rábanos caviares, no acusan
constitucionalmente por agresión a los derechos humanos a estos dos
ministros Wagner y Mazzetti? ¿Por causa de qué el Congreso tan
veleidoso en el tema cortina de humo pena de muerte, no se pone los
pantalones y censura a estos infelices? Es que el silencio, muy bien
pagado por dólares cómplices que sufraga el imperialismo en miedos de
comunicación y en bolsillos de "formadores de opinión, analistas,
internacionalistas, politólogos" recubre la faena y neumática
proditora de seleccionar a las víctimas y enmudecer frente a los
atropellos. Nótese que ambos esquiroles pertenecen a múltiples ONGs.

Lima sigue creyéndose rectora de la vida nacional. A pesar que su
composición verifica, cada día más, la procedencia más bien
provinciana y múltiple, esta capital horrenda, estupidizadora masiva,
castradora y corrupta, persiste –con el avieso aconchabamiento de sus
vectores- en actuar como rectora del país. Los miedos de comunicación
otorgan mínimos espacios a lo que llega del interior y sólo destaca
accidentes, crímenes, tragedias. Jamás relieva o pone en su justo
valor cuanto ocurre porque "no conviene distraer" al respetable que
sólo lee titulares, las más de las veces, fantochadas grotescas.

El yerro monstruoso contra los campesinos fue acometido por dos
integrantes de un gabinete defendido a capa y espada por los
cotidianos ridículos que protagoniza el primer ministro Jorge del
Castillo con normal e incontestable frecuencia. No ha mucho que le dio
en justificar la prisión de los compatriotas y ¡ese mismo día, eran
liberados! Pero ¡a nadie se le ocurrió poner en evidencia tragicómica
el desaguisado de este individuo! ¿Será el toma y daca criollo de una
república que es más membrete que colectivo social en que hay silencio
si eso significa cargos como en APCI y en la Comisión de Reparaciones?
¡Desverguenzas indigestas!

Idiotas hay que han hecho creer que la impunidad se refiere sólo a
crímenes armados. ¿Y qué se puede decir de la falta de libertad
injustificable que padecieron los campesinos ayacuchanos? ¡También es
un asesinato de los derechos humanos! Sin embargo nadie del mundo
oficial u oficialoide acusa a los tristes protagonistas Wagner y
Mazzetti para llevarlos ante los tribunales por delitos contra estos
mismos derechos humanos que en otros casos dicen "defender"?
Impresionante el cúmulo de complicidades abyectas en que incurre una
casta política sucia y anacrónica.

Bien vale la pena reiterar el título referido al señor Wagner Tizón:
¿conciencia o concha? ¿Con esa misma conciencia ubicó a un deleznable
traidor como Fabián Novak Talavera, como su viceministro? Si tiene
conciencia ¿porqué no renuncia y pide disculpas a los campesinos
ayacuchanos? Ante el tribunal moral, éste no tiene conciencia. Solo
una concha de peruanoide formal. Nada más.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Tuesday, January 16, 2007

¡Pescaperú en el ruedo!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
16-1-2007

¡Pescaperú en el ruedo!

Con inmejorable presentación gráfica, contenidos polémicos e
informativos, la revista Pescaperú, dirigida por Antonio Ramírez
Castillo*, arrancó el 2007 con títulos como los siguientes: mar
peruano, potencial de oportunidades; ministro Rafael Rey, en camisa de
11 varas; incremento de flota: ¿permisividad o corrupción?;
inoperancia hunde a la pesquería; anchoveta: ¿plato de todos?; código
de conducta para la pesca responsable; respeto al Mar de Grau y una
pesquería responsable; anchoveta: tragedia de la abundancia;
entrevista central a un hombre –dato poco conocido- relacionado con la
pesca desde hace muchos lustros, Agustín Mantilla: trabajaré para que
en Perú haya pan, justicia y libertad; el cocodrilo de Tumbes;
Navidad, Escudo Nacional y pescadores; ¿qué es el calentamiento
global?; experiencia chilena y límites máximos de captura por armador;
turismo por la paz y desarrollo sostenible; cuotas de pesca en Europa;
la pesca es un buen negocio; anchoveta y omega 3, alimento del futuro;
defendamos la vida, defendamos el mar. Como es de notarse, ipso facto,
la variedad es muy rica.

No son muchas las publicaciones que discurren por tantos meandros
plenos en información y sugestivos misiles políticos. Por ejemplo se
dice que "presionado –Rafael Rey, ministro- por algún poderoso "lobby
pesquero", desconocía tal vez por su publicitada "ignorancia" sobre el
sector, que este tema ya había sido tratado a lo largo de varias
gestiones gubernamentales, por tanto y en vista que el plazo ha
concluido para que dicha comisión evacúe su informe, el ministro a
estas alturas ya debe tener las conclusiones en las manos y esperamos
lo haga de público conocimiento?". ¿Está realmente el titular de
Producción metido en camisa de once varas?

Las emocionantes palabras de Alejandro Bermejo, algo así como el viejo
líder, acreditado y respetado por muchos sectores, especialmente el de
pesquería: "Invertí mis ahorros (135 mil soles de la época) y he
dedicado mi vida como observador, cronista, historiador y promotor
intelectual de la industria pesquera, en las buenas y en las malas,
soporté los momentos duros de las dictaduras y entregaré hasta el
final de mi existencia, algo que para mí es un credo: Creo en Dios y
en la empresa privada con todos sus problemas y no en el estatismo".

La entrevista central permite lucir al director, Antonio Ramírez
Castillo, agudeza en la pregunta y perspicacia con Agustín Mantilla
quien dice ante el crudo cuestionamiento: "¿Cargó usted solo, la
pesada cruz del Apra? No –responde-. El Apra es un credo y yo sólo un
soldado más del aprismo, dispuesto a alcanzar un lugar, pero no en el
honor de quienes sufrieron el martirologio de la clandestinidad, la
persecución y el destierro. Creo haber cumplido con mi deber de
aprista, así me forjaron y así moriré." Concepto partidario sin duda.

Pero donde revela Mantilla o insinúa participación activa –y por
tanto, temida- es en la siguientes expresiones: "El Partido tiene que
ser reconstruido, en su mística y en la formación de cuadros, estoy
seguro que se reencontrará con su destino y con su pueblo……Ya vienen
tiempos nuevos, nos hemos apartado un poco del corazón de las gentes,
es momento de que las promociones jóvenes del aprismo trujillano,
dirijan el Partido en esa región". ¿Vuelve a ocupar posiciones
dirigentes Agustín Mantilla en el crujiente y debilitado edificio
partidario? A nadie escapa el evidente anquilosamiento, inexplicable
renuncia ideológica, incapacidad teórica, orfandad de liderazgo
político, que corroe al octogenario movimiento fundado por Haya de la
Torre. Del resto ni se hable, casi no existen. ¿Estamos en el pórtico
de lances novísimos? Y, tal como se insinúa en la entrevista, ¿será
Mantilla el portaestandarte?

Pareciera que Pescaperú ha escogido con acierto una diversidad muy
rica en temas. Como dato más humilde debo agradecer a sus editores que
colocaran el artículo Navidad, Escudo Nacional y pescadores, en que
planteo que, reivindicando la figura de José Olaya Balandra,
reemplacemos aquella extraña cornucopia grecorromana en el símbolo
patrio por el Mar de Grau y desde allí la plataforma para exigir a la
cancillería claudicante que se ponga los pantalones y empiece a pelear
por la delimitación marítima con Chile. Con algo de suerte seguiré
como colaborador entusiasta de Pescaperú. Muchas gracias.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Lea www.redvoltaire.net
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Skype: hmujica

*antonioramirezcastillo@yahoo.es

Monday, January 15, 2007

¡Gloria a los que murieron por la patria!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
15-1-2007

¡Gloria a los que murieron por la patria!

En ocasión de conmemorarse el aniversario de la Batalla de Miraflores,
15-1-1881, ¡qué mejor oportunidad! que recordar con unción emocionada
a los que murieron por la patria, en las críticas palabras del soldado
Manuel González Prada cuyo texto fue incluido en El tonel de Diógenes.
Leamos.

"Impresiones de un reservista

En 1880, cuando se organizó la Reserva, fui nombrado capitán de una
compañía en el batallón número 50, perteneciente a la novena división
mandada por don Bartolomé Figari. Mi coronel era don Federico Bresani,
hombre de negocios como el señor Figari. Bajo la Dictadura de 1879,
los paisanos ejercían las funciones reservadas a los militares.

Dos o tres veces por semana, los oficiales del 50 recibíamos
instrucción militar. Un profesional nos enseñaba la Táctica del
Marqués del Duero, o, mejor dicho, la aprendía con nosotros.
Diariamente, nuestra división practicaba ejercicio en la Alameda de
los Descalzos y en el camino a la huerta del Altillo. A las tres de la
tarde sonaban algunos campanazos en la Catedral, y toda la Reserva se
ponía en movimiento. En ventanas y balcones se instalaban las mujeres
para ver desfilar a los reservistas, y los reservistas desfilaban con
aire marcial y conquistador. Los uniformes azules con visos blancos y
las espadas con puño de metal amarillo pasaban en triunfo, bajo la
mirada y la sonrisa de las mujeres. Yo, que nunca pude tomar a lo
serio los entorchados y que nunca supe medir la distancia del uniforme
a la librea, iba cubierto de un sobretodo gris.

A los pocos meses de ejercicio, nuestros cachimbos practicaban
satisfactoriamente las evoluciones del batallón: hombres despiertos,
dóciles y de buena voluntad, no cometieron ninguna insubordinación ni
el más leve acto reprensible. Cundía en la Reserva el deseo de
rivalizar con la tropa de línea, desacreditada por las derrotas de San
Francisco y Tacna.

Como una sola vez hicimos ejercicio de fuego, la mayor parte de los
soldados ignoraba o no conocía muy bien el manejo del rifle. El fogueo
se verificó en la Pampa de Amancaes, donde se consumió más sándwiches
y licores que pólvora y plomo.

Oficiales y soldados fuimos muy exactos en asistir al ejercicio
mientras parecía dudoso el ataque a la ciudad; pero desde el día que
los invasores desembarcaron en Pisco, el animoso entusiasmo de los
reservistas empezó a decaer y siguió decayendo hasta degenerar en un
amilanamiento indecoroso. Abundaban los rostros pálidos y las voces
temblorosas. Las primeras en amilanarse fueron las personas decentes:
ellas, con sus figuras patibularias y sus comentarios fúnebres,
sembraron el desaliento en el ánimo de las clases populares. Difundido
el miedo y perdida la vergüenza, los hombres se guarecían en las
legaciones, en los conventos y en sus propias casas. Hubo necesidad de
traerlos por la fuerza. Un día, arrogándome facultades supremas,
ordené a un sargento que, al mando de una comisión del 50 y sin
respetar domicilios ni guardar consideraciones de ninguna especie,
"recogiese a la gente", fuera o no fuera de nuestro batallón. El
sargento –don Manuel José Ramos y Larrea- logró traer a muchos; pero
no a todos. Regresó narrando cosas inauditas: algunos, al saber de la
llegada de los comisionados, se fingían enfermos y apresuradamente,
sin haber tenido tiempo de quitarse la ropa, se metían en cama; hubo
quien, vestido de mujer, se dolía de las muelas y un barboquejo
tratada de esconder mostacho y barbas.

Las esposas, las madres y las hijas se mostraban heroicas en la
defensa de sus esposos, de sus hijos y de sus padres. Insultaban a los
comisionados, les amenazaban y aun les acometían: en una de las
rafles, el sargento recibió un tremendo escobazo. Algunos años
después, Ramos y yo nos reíamos al recordar el chichón levantado en su
cabeza por el palo de escoba. Mas no todas las hembras carecieron de
virilidad espartana: una mujer del pueblo extrajo del escondite a su
hombre o su marido y le entregó diciendo:

-¡Llévense a este maricón!

Con la deserción, no sólo de los soldados sino de los oficiales, los
tres batallones de la novena división quedaron reducidos a uno, y yo
di el salto de capitán a teniente coronel y segundo jefe del 50. Si la
batalla de San Juan se hubiera librado en junio, yo habría concluido
por ascender a general de brigada o jefe de estado mayor. A fines de
diciembre, los restos de la novena división recibieron orden de
acuartelarse en el convento de San Francisco; mas no lo efectué yo
porque al intentarlo me dijeron que otra persona había sido nombrada
en mi lugar.

Algunos días anduve indeciso, no sabiendo qué resolución tomar, cuando
recibí orden verbal de constituirme en la batería del Pino, como jefe
de la guarnición. Mi coronel había creído prestar mejores servicios
alistándose en la Cruz Roja. Muchos pensaron lo mismo.

II

El cerro del Pino está situado a unos dos kilómetros al sur de Lima.
Mandaba la batería el capitán de navío don Hipólito Cáceres. La
guarnición sumaba unos ciento cincuenta o doscientos hombres
pertenecientes a la Reserva; quiere decir, a los batallones
enrarecidos y quedados en cuadro: formaba un curioso abigarramiento,
donde capitanes y mayores habían descendido al rango de soldados. A la
guarnición de reservistas se agregaban unos cuantos oficiales de
marina y algunos marineros destinados al servicio de los cañones. No
faltaban militares de toda graduación: hasta dos o tres coroneles. De
éstos, unos dormían en el Pino, otros se iban al cerrar la noche.
Ignoro para qué vinieron ni quién los mandó.

El Pino contaba con cuatro piezas: dos buenos cañones Vavasseur que
habían pertenecido a la corbeta Unión y dos cañones de montaña.

III

Al amanecer del 13 de enero un cañoneo lejano me anunció la batalla.
Veía fogonazos, oía descargas de rifle, sin darme cuenta precisa del
combate. Los chilenos atacaban por la izquierda: nada más podía
percibirse.

Aclarado el día, disminuyó el cañoneo, mas las descargas de fusil me
parecieron aumentar y extenderse en la dirección a Chorrillos. Noté
por nuestra derecha, en el morro Solar, se combatía.

¿Qué había pasado? A las nueve o diez de la mañana me convencí de
nuestra derrota. Por las inmediaciones del Pino huían soldados
dispersos en dirección a Lima. Decidimos detenerlos y engrosar la
guarnición de nuestra batería. Varias comisiones salieron a cumplir la
orden; mas hubo necesidad de suspenderla para evitar una serie de
luchas armadas: los dispersos acabaron por defenderse a tiros. Habría
convenido ametrallarles desde los fuertes. Los persas tenían razón de
poner a retaguardia de sus ejércitos grandes masas de caballería para
detener, chicotear y empujar a los fugitivos.

Los pocos dispersos recogidos y llevados al Pino ofrecían un aspecto
lamentable. Algunos pobres indios de la sierra (morochucos, según
dijeron) llevaban rifles nuevos, sin estrenar; pero de tal modo
ignoraban su manejo que pretendían meter la cápsula por la boca del
arma. Un coronel de ejército se lanzó a prodigarles mojicones,
tratándoles de indios imbéciles y cobardes. Le manifesté que esos
infelices merecían compasión en lugar de golpes. No me escuchó y quiso
seguir castigándoles.

-Si pone usted las manos en otro soldado, le dije, tendrá usted que
habérselas conmigo.

-Soy, me contestó, un coronel de ejército y usted es un cachimbo.

-Si fuera usted un militar de honor, le repliqué, no se hallaría en la
Reserva, sino batiéndose con la tropa de línea.

Refunfuñando me volteó la espalda. Como momentos después nos viéramos
cara a cara, me dijo, poniéndome una mano en el hombro:

-Amigo, no hay que sulfurarse…. .

Nuestros cañones hicieron seis u ocho disparos: uno cayó en un
batallón de caballería chilena, otro en una batería instalada en un
montículo. Poseía yo un buen anteojo, y habiéndome colocado tras de
una de las piezas, podía seguir la trayectoria del proyectil. Si no
recuerdo mal, dirigía los disparos el marino don Manuel Elías
Bonnemaison. Cuando sentimos más deseos de seguir bombardeando al
enemigo, recibimos orden de suspender los fuegos.

Pasé la mayor parte de la noche sin dormir. Ni del campo ni de la
ciudad venían el menor ruido: sobre la carnicería se desplegaba la
serenidad imperturbable del firmamento. En medio de un silencio
trágico, observaba yo con mi anteojo el lejano incendio de Chorrillos;
la belleza de las enormes llamaradas sanguinolentas me hacía olvidar
el origen del fuego. De vez en cuando unos como polvorazos y
explosiones subían más arriba de las llamas, iluminando el horizonte.
Fatigado de rondar, me había sentado en una gran piedra y empezaba a
dormir, cuando sentí en la mano el roce de algo húmedo y frío: era el
hocico de un perro. ¿De dónde venía ese animal?

El 15, nos hallábamos reunidos los oficiales cuando una descarga de
fusilería nos anunció el ataque de los chilenos a los reductos de
Miraflores. Algunos oficiales, cogidos de pánico, huyeron a todo
escape, bajando el cerro con una agilidad de galgo. Quise ordenar que
se les hiciese fuego, mas el jefe del fuerte me lo impidió:

-Deje usted que los cobardes se vayan, me dijo.

Era día de sol magnífico. A pesar de los años transcurridos, veo las
masa de tropas chilenas embistiendo los reductos, retrocediendo y
volviendo a embestir, por tres o cuatro veces. Diviso aún los reflejos
de espadas blandidas por oficiales para detener y empujar a los
soldados. Más de un momento me figuré que los enemigos huían en
completa derrota; pero desgraciadamente observé que el último reducto
de nuestra derecha había sido flanqueado y que algunos batallones de
la Reserva eran palomeados en la fuga.

Al llegar la noche, todos habían abandonado el Pino, así la tropa como
los oficiales. El jefe, antes de seguir el éxodo general, nos encargó
a don Eduardo Lavergne y a mí inutilizáramos los cañones.

Sólo quedamos en el fuerte, Lavergne, don José María Cebrián, un hijo
de Bolognesi (Federico) y yo. De cuando en cuando sentíamos ruidos que
se acercaban a nosotros y se hacían más sensibles en la falda del
cerro.

-¿Quién va?, preguntábamos.
-Batallón número tal de la Reserva, nos respondían.
-¿Completo?
-Completo.

A las dos de la mañana destruimos los cañones, valiéndonos de la
dinamita. Nos encaminamos a Lima: nada había que hacer en el fuerte.
Entramos cinco, pues se nos había juntado don Manuel Patiño Zamudio
después de batirse en un reducto. Al atravesar la población corrimos
algún peligro: dos o tres veces nos hicieron fuego. Ignoro si la
guardia urbana, por creernos malhechores, o algunos dispersos, por
simple mala fe o la pesada broma de asustarnos. No respondimos. Yo iba
perfectamente armado: con mi espada, mi revólver y mi Winchester de
quince tiros. Para igualarme a Tartarín de Tarascón no me faltaba…. .

No vi los saqueos de los chilenos, y pienso que los autores no fueron
los reservistas de Miraflores a quienes pocas horas antes había yo
visto desfilar disciplinados y con sus efectivos completos. Saquearon
los emboscados, los que no salieron a combatir.

Concluiré con un incidente personal. Me encerré y no salí de mi casa
ni me asomé a la calle mientras los chilenos ocupaban Lima. Cuando
supe que la habían abandonado, quise dar una vuelta por la ciudad.
Pues bien, a unos cincuenta metros de mi casa me encontré con un
oficial chileno: había sido mi condiscípulo, mi mejor amigo en un
colegio de Valparaíso. Al verme, iluminó su cara de regocijo, abrió
los brazos y se dirigió a mí con intención de estrecharme. Yo seguí mi
camino como si no lo hubiera reconocido."

Friday, January 12, 2007

¿Bajándole, (otra vez), llanta al Congreso?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
12-1-2007

¿Bajándole, (otra vez), llanta al Congreso?

Lamentó el presidente García que el proyecto de pena de muerte hubiera
sido echado a la basura en el Congreso. El titular del gabinete, Jorge
del Castillo, revelando su profunda, congénita e indiscutible
mediocridad, insistió, enmendándole la plana con descaro, al jefe de
Estado, que su gobierno no iba a plantear ninguna otra medida. ¿En qué
quedamos: García habla de referéndum, el otro lo descarta? Y el
ministro, además, sostiene que el Congreso (al que él pertenece) está
de espaldas del pueblo.

Meses atrás, un legiferante advertido por artículo mío acerca de la
aviesa intención subliminal de disolver el Congreso, preguntó "¿qué
pruebas había sobre eso?". No es difícil aludir a los textos
palaciegos que afirman que si hubiera consulta una inmensa mayoría
daría su asentimiento a la pena de muerte. Puede ser, las multitudes
envilecidas votan a veces por el morbo y la bestialidad. ¿No
recordamos acaso cómo se aplaudió el cierre y expulsión ominosa del
Congreso y legisladores el 5 de abril de 1992?

Muy bien. Al margen de las frecuentes –y cada vez más gruesas-
contradicciones entre García y del Castillo (parecieran funcionarios
de empresas totalmente distintas), ¿sería muy difícil prever qué diría
el pueblo consultado acerca de cerrar hoy el Parlamento y licenciar a
sus precarísimos inquilinos episódicos? ¡De ninguna manera! Me atrevo
a pensar que no menos del 85% daría su muy feliz y jubiloso
asentimiento.

¿Y cómo se hace esto? ¡Muy fácil! Basta decir, con cinismo de quien
masca vidrios y no sangra, que se están cumpliendo las promesas
electorales, pero la culpa del fracaso "la tiene el Congreso". No hay
más que evidenciar que los que habitan en Plaza Bolívar son un hato de
incapaces muy bien pagados y no representan al pueblo. De repente
sería suficiente hacer parangón de este legislativo con los dos o tres
anteriores que fueron, a no dudarlo, de lo más abisal y mediocre de
que se tenga memoria en el Perú contemporáneo.

¿Alguien duda que acaba de reactivarse el socavón para enterrar al
anacrónico Congreso incapaz de protestar por los ocho campesinos
detenidos en Ayacucho; embrutecido hasta la médula e inepto de
reivindicar la memoria de los cinco policías y tres funcionarios
civiles asesinados a mediados de diciembre/2006; pusilánime de acusar
a todos los grandes y descarados traficantes políticos que metieron la
pata y que hoy se lavan las manos? ¿No es acaso, este Parlamento, el
que no fue tomado en cuenta, en absoluto por el tema del TLC con
Gringolandia? ¿Sería indebido acusar al actual cuerpo legislativo
unicameral de claudicante en el tema de la delimitación marítima con
Chile, la defensa de las 200 millas y de una posición internacional
digna y honrosa? ¡Y no digan que no tienen que ver con aquellos temas
de Estado! En fin, el rosario de taras e inconductas llenaría tomos
enteros.

Como hay que cohonestar la incapacidad mayestática como oprobiosa de
esos dos peruanoides Pilar Mazzetti y Allan Wagner, del Castillo
defiende la prisión de inocentes campesinos, aún cuando García Pérez
discurre por la letanía formal de mil palabras, para reconocer que si
no hay pruebas, debe liberarse a estos connacionales. ¿Quién devuelve
estos días horrendos en prisión y humillados a aquellos? ¿Cómo hacemos
para que la muerte injusta de cinco policias y tres funcionarios, no
sea constante sangrienta en el 2007, ni nunca? De allí a echar la
culpa al gran elefante blanco corporativo que funciona en Plaza
Bolívar, no hay más que un milímetro. Negarse a verlo es como atisbar
una tormenta, diciendo que son brisas encabritadas. ¡Qué desparpajo!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Thursday, January 11, 2007

A confesión de parte, relevo de pruebas

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
11-1-2007

A confesión de parte, relevo de pruebas

Transcribimos, sólo como aldabonazo a la conciencia de cada quién,
párrafos literales de la sentencia sobre el caso del Penal Castro
Castro, emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), leamos:

"17. El 5 de marzo de 2001 la Comisión aprobó el Informe No. 43/01,
mediante el cual declaró admisible el caso. El 21 de marzo de 2001 la
Comisión se puso a disposición de las partes con el objeto de alcanzar
una solución amistosa.

18. El 16 de marzo de 2001 el Estado presentó un informe, mediante el
cual señaló el nombre de las presuntas víctimas "fallecidas en los
sucesos (…) del 6 al 10 de mayo de 1992.

19. El 2 de abril de 2001 la señora Mónica Feria Tinta presentó
observaciones al informe de admisibilidad del caso (supra párr. 17).
Entre sus observaciones expresó, inter alia, que creía importante
resaltar que "fue un ataque originalmente dirigido contra las
prisioneras (….) entre las que había mujeres embarazadas", y que "en
la denuncia presentada (…) se especific(ó) que a la cabeza de los
responsables directos por los hechos figura (….) Alberto Fujimori
Fujimori (,) quien ordenó el ataque y las ejecuciones extrajudiciales
de prisioneros del 6 (al) 9 de mayo (,) así como el régimen que se les
aplicó a los sobrevivientes posterior a la masacre".

20. El 18 de abril de 2001 la señora Mónica Feria Tinta informó a la
Comisión que no tenía interés en que se llevara a cabo el proceso de
solución amistosa (supra párr. 17). El 23 de abril de 2001 el Estado
presentó un informe, mediante el cual expresó que "no desea(ba)
someterse (…) al procedimiento de solución amistosa" (supra párr. 17).

21. El 24 de abril de 2001 la Comisión solicitó a las peticionarias y
al Estado que presentaran "sus argumentos y pruebas respecto al fondo
del caso" debido a la "controversia entre las partes respecto de los
hechos denunciados". También requirió al Estado que presentara: "(e)l
nombre y la explicación de las circunstancias específicas en que
muri(eron..) las personas (….) en mayo de 1992 en el Centro Penal
Castro Castro, incluyendo las pericias forenses efectuadas (…y) los
respectivos certificados de defunción"; "(e)l nombre (y) tipo de
lesiones, (…) las circunstancias (…) en que dichas lesiones fueron
causadas, (…) y las pericias forenses que se hayan efectuado (al
respecto); e "(i)nformación sobre las investigaciones administrativas
y judiciales que se hayan efectuado respecto a los hechos ocurridos en
mayo de 1992 en el Centro Penal Castro Castro". Esta información
también fue solicitada a las peticionarias, sin necesidad de que
presentaran los documentos oficiales.

22. El 1 de noviembre de 2001 el Estado presentó sus alegatos y
pruebas respecto al fondo del asunto (supra párr. 21), tras dos
prórrogas que le fueron otorgadas. Asimismo, manifestó que
complementaría su argumentación respecto al fondo del asunto durante
la audiencia convocada para el 14 de noviembre de 2001 (infra párr.
23).

23. El 14 de noviembre de 2001 se celebró una audiencia sobre el fondo
del caso ante la Comisión."

¿Por causa de qué no se piden los informes de 16 de marzo y 23 de
abril del 2001 en los cuales el Estado peruano ante la CIDH, señala el
nombre de las presuntas víctimas y a posteriori afirma que no desea
someterse al procedimiento de solución amistosa? La gente tiene
derecho a conocer qué hizo o qué hicieron los personeros del Estado en
resguardo del Estado que les pagaba para que lo defendieran. ¿Quiénes
fueron los personajes en este intríngulis y qué instrucciones
recibieron, cumplieron o incumplieron?

En medio de tantas imprecisiones dictadas por la ignorancia sospechosa
y confusionismo atizado por los verdaderos culpables de tanta
estupidez institucional, combinada con apetitos mediocres de Adonis de
juguete, el pueblo peruano tiene ante sí que pagar por daños que otros
sinverguenzas hicieron so pretexto de un combate al terrorismo
criminal. ¿No haría, bien, entonces, conocer qué dicen aquellos
informes aludidos en la sentencia sobre los sucesos de 1992?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Wednesday, January 10, 2007

El Estado rufián

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-1-2007

El Estado rufián

Ha informado el eternamente muerto canciller, José García Belaunde,
que el señor Hernando de Soto será reemplazado por el embajador en
Estados Unidos, Felipe Ortiz de Zevallos, en todo lo referido al TLC.
Agregó e.m., que, sin embargo, de este no tan sorpresivo abandono del
barco, aquél seguiría procurando convencer a los congresistas gringos.
¿No sabía de Soto que este asunto para el cual fue comisionado, tenía
un pronóstico bastante malo desde el principio? ¿Quieren hacernos
creer los entendidos que ya tomaron debida nota que la "situación
política" en Yanquilandia, es otra en nuestros días?

Conviene preguntar de modo directo: ¿para qué han empleado decenas de
miles de dólares en viajes reiterados –léase excursiones placenteras-
para algo que ya veía asomar en el horizonte las orejas demócratas en
lugar de las torpes, cretinas y autosuficientes de las republicanas?
Sólo que la presea fue por doble envión: en representantes y en
senadores. Es decir, el reinado demócrata en Capitol Hill no es un
asunto a ser desdeñado.

Cuando alguien engaña o estafa, a la postre es lo mismo, se convierte
en un rufián. Si un Estado, que está conformado por hombres y mujeres
de carne y hueso, durante decenios, a sus ciudadanos, hace lo mismo,
deviene en Estado rufián porque expolia el dinero público y exacciona,
lastra y envilece la fe ciudadana. Gobierno y Estado en el Perú son
sinónimo de esas acciones que los retratan como ladrones sempiternos
de las esperanzas populares.

¿Alguien, en su sano y puntual juicio, puede creer que Hernando de
Soto desconociera la imposibilidad de lo que se le encomendó? ¿Qué
sagrados designios le hicieron aceptar a sabiendas? Por eso, ahora sí
muy claro, a mitad del río, el señor de marras, mostraba un
descontento más que manifiesto. Imposible olvidarse que de Soto ha
construido su imperio de soluciones financiadas, sebo de culebra, en
Estados Unidos donde se expide como un genuino American citizen y por
eso su ciencia amplia e inequívoca sobre ese país.

La congénitamente inepta ministra del Interior, la peruanoide Pilar
Mazzetti, reconoce que en las pruebas de absorción atómica, realizada
para comprobar si los ocho campesinos ayacuchanos tuvieron manejo de
armas o algo por el estilo, es ¡absolutamente negativa! Entonces ¿por
causa de qué el Estado rufián no suelta a esos connacionales, será
porque hay que tapar la bestialidad de Mazzetti y de ese obelisco con
patas, monumento a la nulidad que es Allan Wagner y su ridícula
"seguridad cooperativa", otro peruanoide, en Defensa?

Mal ejemplo recientísimo. El no-carismático y e.m. canciller García
Belaunde, anunció que Perú acometería el tema de la delimitación
marítima con Chile. No dijo cuándo ni de qué manera. Sabidas son sus
anteriores expresiones acerca de que es un intríngulis "por cuerda
separada" y que no se debe "mezclar" con los tratos dirigidos a
consolidar un TLC para Chile y un acuerdo de complementación económica
para Perú. Discurrir por un acápite, en el que la cobardía y
pusilanimidad han vuelto a ser el arma predilecta y sublime de Torre
Tagle, debía ser motivo de vergüenza y no de frívola como malhadada
alusión. Pero ¿desde cuándo un Estado que engaña y estafa, como todos
sus predecesores, tiene mayor interés en definir, con pantalones y voz
cantante, un asunto de esa envergadura?

La pregunta es ¿qué hace la sociedad para combatir a un Estado rufián?

¿Puede oponerse a lo que el Estado rufián –y todopoderoso- conviene en
aceptar como limosna de las empresas mineras que hacen cuanto les
viene en gana, sólo si tienen buenos precios para sus metales en el
mercado internacional?

¿Está la sociedad premunida de mecanismos para lidiar con arreglos
extraños que impone la ladrona Telefónica que se mueve en Perú como
Pedro por su casa? ¡Y no vengan con el cuento del Congreso o las
veedurías o pamplinas por el estilo!

Bien afirmaba Manuel González Prada: "Para verme con los muertos, yo
no voy al camposanto, busco plazas no desiertos, para verme con los
muertos ¡corazones hay tan yertos, almas hay que hieden tanto! ¡Para
verme con los muertos, yo no voy al camposanto!

Y puedo parafrasear, habida cuenta de mi modesta estatura frente a la
del prócer civil: ¡para verme con los muertos, yo no voy al
camposanto, prendo la televisión, leo diarios limeños que se creen
nacionales, escucho radios y lo que allí dicen son "noticias", para
verme con los muertos, yo no voy al camposanto! ¡Lo que logra un
Estado rufián!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Tuesday, January 09, 2007

=?ISO-8859-1?Q?Ni=F1o_Diego, _Corte_de_San_Jos=E9_y_maniobras_de_siempre?=

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
9-1-2007

Niño Diego, Corte de San José y maniobras de siempre

Se ha pretendido, con discutible ignorancia y aviesa intención,
desviar la responsabilidad del retorno al fuero contencioso de Perú a
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y reducirla a la gestión
de un ex ministro de Justicia del régimen toledista y con fecha apenas
del 2006. ¡No es así! ¡Esa es una mentira criminal de queta-factura y
salvavidas para Niño Diego!

Remitámonos a testimonios directos y hasta hoy incontestables.

¿Qué sostuvo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su cita
de febrero de 2001 en Washington? Leamos:

"Comunicado de Prensa Conjunto; Comisión Interamericana de Derechos Humanos

El día 22 de febrero de 2001, en la sede de la Comisión Interamericana
de Derechos
Humanos (CIDH), que celebra actualmente su 110º período ordinario de
sesiones, se celebró una reunión en la que participaron, en
representación del Estado peruano, el señor Ministro de Justicia del
Perú, doctor Diego García-Sayán, y el señor Embajador Manuel Rodríguez
Cuadros, Representante Permanente de Perú ante la Organización de los
Estados Americanos (OEA). La CIDH estuvo representada por su
Presidente Decano Claudio Grossman; su Primer Vicepresidente, doctor
Juan Méndez; su Segunda Vicepresidenta doctora Marta Altolaguirre, los
comisionados Robert Goldman y Peter Laurie, y el Secretario Ejecutivo
de la CIDH, Embajador Jorge E. Taiana.

El Ministro Diego García-Sayán, en nombre del Gobierno peruano, señaló
que en el marco de la nueva política gubernamental de Perú en materia
de protección de los derechos humanos, y como parte de un conjunto de
medidas que ha venido adoptando el actual Gobierno a nivel nacional e
internacional relacionadas con la recuperación de la institucionalidad
democrática, la reconstrucción del Estado de derecho y el respeto a
los derechos humanos en Perú, el Gobierno del Perú presenta una
propuesta amplia para dar solución a un número importante de casos
(165) que supera el 50o/o de todos los que en relación al Perú se
encuentran bajo la competencia de la CIDH.

La Comisión Interamericana reiteró su reconocimiento por las
auspiciosas acciones que
viene realizando el Gobierno de transición liderado por el respetado
Presidente de Perú, doctor Valentín Paniagua; por los reconocidos
integrantes de su gabinete; y por el Honorable Congreso de la
República del Perú, relacionadas con la redefinición y fortalecimiento
de las instituciones fundamentales del Estado. La CIDH agregó que el
presente acto se enmarca dentro del conjunto de acciones altamente
positivas que ha tomado el actual Gobierno peruano, y complementa
otras medidas igualmente importantes que han sido adoptadas, tales
como la normalización de la situación de Perú respecto a la
competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, la reciente suscripción por Perú de la Convención
Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas y, el
cumplimiento de recomendaciones y medidas cautelares formuladas por la
Comisión Interamericana."

Subráyese: "normalización de la situación de Perú respecto de la
competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos".

¿No estaba haciendo "méritos" Niño Diego para ver qué pescaba, algún
día, verbi gracia un puestecito de juez en la Corte, de repente? Algo
debe haber ocurrido porque así fue. En fecha tan temprana, como abril
del 2001, en artículo publicado por Liberación, entonces con la batuta
de César Hildebrandt y bajo el título de Torre Tagle: pólvora en
gallinazos, escribí:

"¿Cuánto le cuestan al Estado peruano las misiones diplomáticas que
han viajado urbi et orbi a promover la candidatura del actual ministro
de Justicia, Diego García Sayán, a la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH)? ¿En qué diseño estratégico se inscribe esta excursión
turística que se sufraga con el dinero de los peruanos para satisfacer
la vanidad del señor García Sayán? ¿En qué le sirve objetivamente al
Perú, que García pertenezca o no a la CIDH? ¿No estamos volviendo a la
recurrente cantaleta nacional que Torre Tagle está gastando pólvora en
gallinazos?

Si el señor García Sayán quiere ser integrante de la CIDH que su ONG,
la Comisión Andina de Juristas, le sufrague la campaña y pague todos
esos gastos. El pueblo no tiene razón válida para vehiculizar sus
legítimos como ajenos deseos de figuración internacional. Y si quiere
quedarse fuera del Perú, no tenemos tampoco razones muy muchas para
oponernos."

Tal parece que la ONG privada de Niño Diego, la Comisión Andina de
Juristas, no pagó un centavo de estas actividades, sino el pueblo
peruano para satisfacer las ambiciones ya despiertas entonces de un
narciso de juguete.

Pocos días atrás, ha escrito el embajador e historiador Félix C.
Calderón, en artículo llamado La competencia de la Corte de San José y
la soberanía del Estado:

"En el caso del Perú, la Corte de San José ha procedido esta vez con
temeridad; por cuanto, es harto sabido que en febrero de 2001 el Perú
volvió a aceptar la competencia contenciosa de ese órgano
jurisdiccional regional de acuerdo con una decisión del Congreso
peruano bastante discutible, si se recuerda que menos de 40 votos se
pronunciaron a favor del regreso. Una mayoría escuálida de
congresistas que solo se limitó a reiterar la genérica y
contradictoria declaración que presentara el Perú en 1981, y que hoy
hace recaer en los peruanos el peso de obligaciones financieras
inaceptables, por lo que tiene que haber responsables. Pues, a este
paso, el pueblo peruano corre el riesgo, en el colmo de la paradoja,
de indemnizar al mismísimo sanguinario Abimael Guzmán."

Y el mismo autor, no replicado hasta hoy por ninguna respuesta
orgánica y jurídica de iguales quilates, sostiene en La sentencia de
la Corte de San José es inejecutable:

"Y llegamos aquí al problema de la responsabilidad política, civil y
penal de los agentes del Estado cuando con sus actos causan un daño
mayor al Estado que representan y que deben defender. En el caso de
marras, se viene diciendo en los últimos días que la responsabilidad
por esa sentencia infame recae en el agente del Estado que siguiendo
instrucciones se allanó parcialmente, el 20 de febrero de 2006
(párrafo 56 de la sentencia). Pues bien, quienes así hablan dicen una
verdad a medias, y esto es peor que una mentira. Ese acto de
allanamiento y reconocimiento parcial de responsabilidad internacional
a través de un escrito, constituyó la parte final de una sistemática
voluntad de allanamiento puesto de manifiesto sucesivamente, por
acción u omisión, por los agentes del Perú, comenzando por el ministro
de Justicia de la época, desde 22 de febrero de 2001. De otra manera
no se entiende lo que se consigna en el párrafo 25 de dicha sentencia:
"El 23 de octubre de 2003 la Comisión, de conformidad con el artículo
50 de la Convención, aprobó el Informe Nº 94/03, en el cual concluyó
que el Estado "es responsable por la violación de los derechos a la
vida, integridad personal, garantías judiciales y protección judicial,
consagrados en los artículos 4, 5, 8 y 25 de la Convención Americana,
en relación con la obligación general de respeto y garantía de los
derechos humanos establecida en el artículo 1(1) del mismo
instrumento, en perjuicio de las víctimas individualizadas en el
párrafo 43 de [dicho] informe." Es decir, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos concluyó el examen de los casos bajo su
consideración prejuzgando ya la responsabilidad del Perú.
Responsabilidad que lejos de ser objetada por los agentes del Estado
peruano, señalando a los responsables de carne y hueso, la confirmaron
al convertirse en instigadores de que el caso se transfiera a la Corte
de San José. El párrafo 20 de dicha sentencia no deja asomo de duda al
respecto, al consignar que desde 23 de abril de 2001 el Perú "NO
deseaba someterse al procedimiento de solución amistosa," también
previsto por el Pacto de San José a nivel de la Comisión."

Por tanto, ¿qué se quiere hacer o pretenden destilar los capituleros
en todos los medios, los juristas de juguete y de alquiler, cuando
hablan del 2006 y del ex ministro de Justicia y el gobierno de Toledo?
Básicamente, exculpar a Niño Diego quien, obviamente, empujó una
reincorporación a la Corte de San José, por motivos clarísimos y ¡de
ninguna forma! por el interés del Estado peruano y porque, como se ha
demostrado, hay responsabilidad en los funcionarios que NO defendieron
al Estado como era su deber y para lo que les pagaba el pueblo
peruano. ¡A la cárcel todo Cristo!

La sentencia de la Corte de San José es de público y total
conocimiento. A esto nos condujo la vanidad increíble y el
egocentrismo de un mamarracho pseudo defensor de derechos humanos que
tiene una visión torcida, oligárquica, fronteriza de qué es el Perú y
de a quiénes debe servir un Estado expoliado y exaccionado por
pandillas como ha ocurrido desde el 28 de julio de 1821.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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