Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
29-11-2025
https://senaldealerta.pe/un-flautista-urgente-ratas-hay-como-cancha/
El Flautista de Hamelín es
una leyenda alemana de la Edad Media sobre un misterioso músico que, en
1284, liberó a la ciudad de Hamelín de una plaga de ratas a cambio de un pago
que los ciudadanos se negaron a pagar. Enfurecido, utilizó su flauta mágica
para llevarse a 130 niños del pueblo, quienes desaparecieron para siempre en
una montaña. La historia se popularizó gracias a los Hermanos Grimm y se ha
convertido en una metáfora para alguien que atrae seguidores con carisma o
promesas falsas.
Traslademos con gran
imaginación el cuento teutón, hacia nuestros confines criollos y pensemos en
una avenida populosa, de repente la Abancay que tiene muchos edificios
burocráticos, guarida de ratas con saco y corbata.
¿No es acaso cierto que todos
los días los miedos de comunicación reportan nuevas sentencias de castigo a
funcionarios, de presidente para abajo, normalizando el robo, la estafa, la
expoliación de los gobiernos con sus ministerios y dependencias, haciendo TODO
lo contrario de lo que el pueblo les confió con su voto en las urnas?
Si la corrupción y sus
nefastas consecuencias han capturado el aparato del Estado, es poca la
esperanza de limpieza o saneamiento, por tanto, ¿es legítimo pelear contra
ella?
De repente el aserto correcto
es que la corrupción es el aspecto degenerado, inmoral, repugnante del
ejercicio público y que sólo el ocio y la falta de ingenio pueden llevarnos a
la inacción y holgazanería.
Como las burocracias son
profundamente irresponsables y no ponen freno a la corruupción porque en
inmensa mayoría de casos, son agentes ágiles de aquella, un deber indispensable
lo constituye ratificar desde edades tempranas, los conceptos de honradez, integridad,
soberanía y respeto por la cosa pública, comenzando por casa y las reglas
mínimas de convivencia.
Volvamos al cuento y para su
dinámica efectiva, requiérese el concurso de varios flautistas.
Si su música atrae a las
ratas de saco y corbata, varios miles caminarían embelesados desde el Parque
Universitario con dirección al final de Abancay y en la ruta encontrarían
compañeros de ruta hacia el naufragio en el Río Rímac, muy cerquita.
No hablamos de niños
inocentes, sino de criminales cuyos textos legales consagran no pocas
injusticias; o de leyes con nombre y apellido favorecidos; o de zánganos que
aspiran a vivir sin mayor trabajo y malgastando el tributo de los peruanos.
Entonces los flautistas,
encabezando el cortejo en dirección a la nada y del Rímac a las profundidades
del Pacífico, pueden representar una jornada -o varias, cada cierto tiempo- de
sanidad cívica.
Es desastroso que los mismos
réprobos y delincuentes, vía la reelección aprobada por un grupete deleznable
de ignaros, contra la voluntad en referéndum de más de 16 millones de
ciudadanos, persistan contaminando con su presencia Perú.
¡Ratas hay como cancha y casi
todas usan saco y corbata!
¿Cómo un país aguanta más de
dos centurias en que el patrón de comportamiento, lo representa la corrupción?
Si hay corrupción es porque
además que existen quienes la alientan fervorosamente porque de ella viven y
sobreviven sus tataranietos, es obvio que los silentes y conformistas, también
existen dando su amén y monstruosa pasividad.
¿Es posible reconstruir al
Perú con estructuras de honradez y limpieza en la cosa pública? ¿Cómo hacemos
para que los líderes entren con una declaración jurada y se vayan a su casa con
el mismo patrimonio?
¿De dónde salen las
afiliaciones a clubes de playa, campo y sociales? ¿Cómo cambian de automóviles
todos los años? ¿Con qué dinero viajan y por períodos largos en el exterior?
¿De dónde esas propiedades mobiliarias e inmobiliarias, asientos en directorios
de empresas millonarias y famosas por no pagar los tributos que hacen envejecer
vía los abogángsteres?
¡Sí se puede! Pero hay que
quererlo con fervor militante, con denodadas ganas y sed de victoria! ¡La
honradez no puede ser flor de un día o logro episódico: NO! Debe ser norma de
conducta desde el amanecer al anochecer y todos los momentos estelares de
nuestra vida.
Los flautistas comandando con
sus tonadas mágicas la procesión de ratas de cuello y corbata hacia los fondos
abisales del Pacífico, deben ser los grandes capitanes de la limpieza nacional
en cada distrito, provincia o departamento.
¡Aquí hay ratas como cancha y
no debe tenerse piedad para castigar las malas acciones que son crímenes contra
la sociedad y su futuro!
¡Es hora de despertar del letargo imbecilizante a que
nos ha reducido sociólogos, antropólogos, periodistas, psicólogos y politólogos
que en realidad parecemos egregios mariscales de derrotas y fracasos! Somos
ferozmente buenos para analizar porqué se produjo la masacre o cómo el Estado
no atiende a las poblaciones lejanas. Pero también ostentamos el dudoso
privilegio de ser inútiles para emprender reformas genuinas y ser cobardes para
señalar con el dedo acusador a los traidores y ladrones que abundan en la
burocracia, en el Congreso, en los ministerios y en la cosa pública en general.
No hay partidos, sólo clubes de amigos a quienes
seduce no el cambio del país ni de su gente, sino los buenos estipendios y
goces que da el Congreso. No hay ideas, sólo armazones que se usan para la
ocasión y de acuerdo al facilismo que otorga una globalización
desnacionalizante y pulverizadora de cualquier civismo o apego creador a la
tierra, a la historia y a nuestras tradiciones constructoras de país central en
América Latina.
Mientras que seamos el país del después y nunca del
antes, veremos nuestras fronteras, no sólo físicas, invadidas por los países
limítrofes y enajenada nuestra noción de historia y Ande indisoluble del
peruano desde siempre.

No comments:
Post a Comment