Monday, March 28, 2016

Ignorancia, corrupción e individualismo

Ignorancia, corrupción e individualismo
por Jesús Guzmán Gallardo; jeguzga@hotmail.com

26-3-2016

Deseaba escribir sobre lo que nos está aconteciendo en Perú, y recordé lo que Víctor Raúl Haya de la Torre había escrito en una carta, en 1930, al licenciado Víctor Guardia Quirós; que a la sazón era un militante aprista de Costa Rica y que fuera publicada en el libro “Teoría y Táctica del Aprismo”. En aquella misiva expresó: “…En esta lucha, nuestros enemigos más grandes son la ignorancia, la corrupción y el individualismo….. Y contra esas tres fuerzas siniestras tenemos que combatir”.

Han transcurrido 86 años y aquella realidad que Haya confrontó, lamentablemente sigue vigente; y ahora frente a este proceso electoral que sufrimos, digno de una república bananera con perdón de los plátanos, dicha observación nos dice de un presente en el cual no hemos avanzado nada en el destierro de estos males sintomáticos que nos explican claramente que hemos vuelto a las viejas y nefastas prácticas que se creían superadas.

Al amparo de esta trilogía del mal, tenemos un club electoral, porque no es un partido, que lidera la intención del voto y que podría llegar a la segunda vuelta con posibilidades de ganar las elecciones. Esta agrupación que concentra intereses extraños y peligrosos es, como todos saben, el tenebroso fujimontesinismo (Fuerza popular), para utilizar una denominación conocida. Y engloba un espectro variopinto de lo peor del escenario político. Vale decir que lo integran desde ignorantes pasando por oportunistas, arribistas, sinvergüenzas, holgazanes (nunca trabajaron), corrompidos, con problemas con la justicia por su inefable vocación autoritaria y, por si fuera poco, autores de la Constitución del 93 de corte neoliberal y por ende entreguista y contraria a los intereses y derechos de los más necesitados. Son los herederos orgullosos de la privatización de las empresas del Estado y, en consecuencia, del despido masivo y sin compasión de miles de trabajadores  a los cuales engañaron con la promesa que al final del túnel verían la luz del empleo que les proporcionarían los compradores de dichas empresas, pura demagogia. No contentos con esto, se embolsicaron los 10,000 millones de soles que costó y que hasta la fecha nadie sabe del destino de ese dinero.

Si a esto le agregamos su pasado criminal de secuestros asesinatos y desapariciones (Grupo Colina), amén de esterilizaciones forzadas, es fácil colegir lo que le espera al Perú el hecho de quedar en manos de una dinastía lúgubre y huachafa.

Son los perdedores de la guerra con el Ecuador (conflicto del Cenepa) y la entrega del trofeo de Tiwinza con plena soberanía de los vencedores y también en las rutas fluviales amazónicas con sus respectivos puertos.

En el campo económico se sometieron servilmente a la nueva oligarquía nacional y al poder imperial del cual son títeres obsecuentes como lo confirman el fortalecimiento de la derecha y la entrega de nuestras riquezas nacionales sin pudor alguno. Permitieron el auge de las services y los contratos sin beneficio social alguno (CAES), que han llevado a una explotación esclavizante, sin precedentes, con el correlato que las empresas, la mayoría de estas de origen chileno, hacen trabajar a sus empleados 14 ó 16 horas diarias, sin horas extras, sábados y domingos y sin beneficios sociales. Establecieron la práctica común de tomar trabajadores por sólo tres meses para luego despedirlos y evadir los derechos sociales que se suponían irrenunciables, para luego tomar a otros con el mismo estilo.

A esto se suma un panorama donde casi todos los demás candidatos son de la misma estirpe (derecha) a excepción de Verónica Mendoza que se singulariza por su mensaje en contra de los poderosos. Es así, que se puede decir, sin ambages, que la mayoría son lo mismo con distintos ropajes, en donde se puede advertir la traición del alanismo entregado a la plutocracia conservadora y reaccionaria, aliado del fujimorismo en el Congreso y hoy convertido en su más ardiente defensor.

Me han preguntado muchas veces ¿cuál sería la actitud de Haya de la Torre ante la destrucción de su obra si estuviera aún con vida?, algunos con preocupación sincera y otros con indisimulada sorna. Siempre he contestado, sin caer en el terreno de la ucronía, ya que tengo la autoridad de haberlo conocido bien y de haber trabajado junto a él y sin atisbos de arrogancia, que Víctor Raúl dejó una organización monolítica, con mística, con vocación de lucha por los más pobres, con tradición de sólida convicción ética y moral y con un rumbo al cual nunca claudicó que fue su auténtica posición antimperialista y de izquierda democrática. Luego, secuestraron el partido, aprovechando el trauma de su desaparición, una gavilla de ignorantes de su historia, épica y martirologio que sostuvo la ambición desmedida e irreverente de García para apoderarse de su control y más tarde del Estado y desde allí hacerse rico indebidamente repartiendo dádivas y prebendas a sus allegados incondicionales. El costo fue la destrucción del movimiento y el alejamiento de sus verdaderos designios; convirtiendo y reduciendo la organización en una autoritaria cúpula presidida por un caudillo retrógrado.

Los tiempos, pues, no son los mejores en términos generales, destruida la única posibilidad con actualizada doctrina, el Perú ha visto retrasado el reloj de la historia a la época de los inicios del siglo XX, donde la explotación campeaba y la burocracia estatal se parcializaba con el poder económico.

La ignorancia permitirá el arribo al poder de organizaciones que han hecho bandera con la corrupción y el autoritarismo, que fácilmente puede evolucionar a una dictadura de viejo cuño. La corrupción ha desmantelado el sistema de partidos políticos al extremo de su desaparición, y la prueba radica en el aventurerismo de las alianzas electorales por el sólo hecho de tomar el poder por el poder con notoria ausencia de programas o ideología alguna. El individualismo acentuado expresa legiones de cobardes que no entienden de la lucha por principios, valores e ideales.

Se ciernen sobre el país vientos de fronda que retrasarán su desarrollo y progreso en democracia; no hay, en consecuencia, más alternativa que prepararse para cuando llegue ese momento construyendo partidos políticos organizados con doctrinas definidas, capaces de detener cualquier aventurerismo que nos conduzca al oscurantismo político.

Los verdaderos luchadores sociales tomarán su lugar y veremos cómo huirán todos estos candidatos o se someterán servilmente al poder de turno. Y como lo profetizara Víctor Raúl en 1932 diremos parafraseándolo que vendrán etapas de prueba en un crisol de dolorosa realidad quizá y probaremos la fe en nuestra conciencia y la sagrada perennidad de la causa por la cual luchamos y  no habrá lugar, por lo tanto, para los traidores ni para los cobardes que den un paso atrás.

Los jóvenes están observando una feria de ambiciones bastardas, de vanidades y de conductas frívolas. Candidatos que para ganar votos recurren a la vieja fórmula de la butifarra y el ron, en los mítines bailan mal y brindan con cerveza sin un ápice de dignidad y menos de docencia.

La política está degradada y sumida en el subsuelo de la mediocridad, los aspirantes a la presidencia y el Congreso buscan o compran espacios en los programas de televisión basura sin importarles hacer el ridículo; todo vale para obtener preferencias ante un electorado corderil. No es más que una vitrina de gente que oscila entre los que no tienen un pasado de lucha o actividad política y los que tienen un pasado vergonzante. La juventud es nuestra esperanza y deben erguirse ante la desilusión, la frustración o el desengaño y prepararse para reemplazar a toda esta legión de politiqueros y politicastros y enseñarles a estos fracasados lo que significa ser un verdadero combatiente por la gran transformación que nuestra patria necesita ahora más que nunca.

Hay que saludar el coraje de los jóvenes que salen a las calles y se enfrentan, sin temor alguno, contra el fujimorismo rampante, delincuencial y sus cómplices medrosos. Hoy como hace más de 100 años, deben enarbolar y agitar como bandera de lucha la admonición de Manuel González Prada, el insigne maestro de juventudes: “Los viejos a la tumba y los jóvenes a la acción”. El futuro sólo lo forjarán los que estén dispuestos a pelear para limpiar las baldosas de vergüenza y lodo de nuestra nación, sin importarles el sufrimiento por las ideas de redención y las privaciones que purificarán el espíritu de los que entregan sus propias vidas por los derechos inalienables de los desposeídos y olvidados por los gobernantes incapaces y los políticos de establo.

    

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