Friday, February 04, 2011

Doig: chivo expiatorio del Sodalicio

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
4-2-2011

Doig: chivo expiatorio del Sodalicio
http://www.voltairenet.org/article168362.html

Como si haberlo puesto en camino de beatificación fuera poca cosa y tras diez años de su muerte prematura, hoy la secta Sodalicio de Vida Cristiana, "repudia" y "condena" a su ex líder amado e idolatrado Germán Doig Klinge. El detonante ha sido el conocimiento de casos de abuso de menores aparentemente perpetrados por aquél y en forma exclusiva. Y excluyente. De tal manera que una persona que ya no puede hablar ni defenderse por la simple razón que ya no existe, se lleva las palmas a la infamia de ser un corruptor. ¿Y el resto, incluido cierto oscuro personaje, sobre el cual hay sospechas de la misma desviación?

El comunicado de la secta apela a un lenguaje mañoso que no hesita en disimular las muy terrenales atrocidades de Germán Doig Klinge para encubrirlas en apelaciones a la Virgen María, el supuesto amor al Señor y demás monsergas que no son suficientes para barnizar con oléos santos lo que han sido vulgares pecados, repudiables hechos, asqueantes abusos de menores o temas similares. La pregunta adviene, directa y sin ambages: ¿Doig el único pervertido en la secta? ¿o es el chivo expiatorio del Sodalicio?

José Enrique Escardó ha vuelto a publicar las crónicas, descarnadas y puntuales, de su paso por la secta. Ha dicho que él mismo comprobó cómo Doig no se andaba con medias tintas para con los educandos y mostraba el lado oscuro de su otra faz. Es un testimonio valiente y directo que merece el reconocimiento de todos los librepensadores y de la sociedad en general. Las amenazas de que es objeto sólo advierten que los sectarios están aterrados ante lo que puede ser una catarata de denuncias que no sólo incluye abusos sexuales, sino enajenamientos de patrimonio, secuestro de niños, un racimo nutrido de inconductas, envueltas en lenguaje misterioso y sólo para esconder la genuina mala entraña de un grupo de degenerados a los que hay combatir implacablemente.

Pedro Salinas en su libro Mateo Diez hizo con galana pluma y puntilloso detalle un relato de su tránsito por la secta y generó no pocas rabietas, soponcios y condenas cuanto que amenazas. Ignoro, eso sí, cuántas carcajadas le provocaron al colega, dichos cacareos provenientes de individuos a quien él conoció bastante bien.

El Sodalitium en crisis, escrito el 14-2-2002, http://www.voltairenet.org/article120598.html
afirmó:

"Hay sectas cuyo accionar provoca un profundo daño en la sociedad, lo cual aún no ha sido materia del estudio imprescindible de quienes se jactan de "analistas" y "exégetas" de la realidad social. Por el flagrante desconocimiento del problema sectario en el Perú tenemos la obligación de promover el abordaje de esta problemática entre los periodistas, sociólogos, antropólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y demás profesionales involucrados y comprometidos con el desarrollo democrático del país y dispuestos a condenar cualquier acto que viole los derechos humanos de toda persona y, en especial, su derecho a la libertad de consciencia.

El Sodalitium comparte un tenebroso origen fascista con otra secta de ultraderecha: Tradición, Familia y Propiedad (TFP). La sucursal peruana de la TFP, de origen brasileño, fue fundada por Francisco Tudela y Luis Fernando Figari. Los miembros de la TFP se confiesan católicos pero lo cierto es que la Iglesia Católica los ha condenado más de una vez. En Venezuela la cancillería y el ministerio de Justicia ordenaron su disolución y prohibieron a sus líderes abandonar el país porque se comprobaron numerosas denuncias por "atentar contra la vida familiar y lavarles el cerebro a sus miembros"; el presbítero Amador Merino Gómez señaló que TFP "incurre en desviaciones y manipulaciones de la doctrina de la iglesia y el culto". En otros países, además, mantiene contacto con partidos y facciones de extrema derecha neonazi europeas, entre ellas, la peligrosa "Fundación Familia Española". Eso es decir, por lo menos, que TFP es una secta de cuño fascista."

Y sobre el tema Doig, con pionera puntualidad, relaté:

La muerte del delfín: un cataclismo

Ante este sombrío panorama, un hecho totalmente fortuito impactó brutalmente en la estructura de la fortaleza sodálite. Ese hecho no fue un evento programado, estudiado, ni planificado en respuesta a las agresiones sociales de este grupo destructivo. El 13 de febrero de 2001 el súbito fallecimiento de Germán Doig Klinge tuvo el efecto de una catástrofe difícil de comprender y de asimilar para unas mentes que están programadas -los comportamientos de las sectas son eventos totalmente predecibles-.

Doig tenía la misión de suceder a Luis Fernando Figari. Era su mano derecha, era el delfín, era el príncipe de la secta, era el Vicario General del Sodalitium. El era quien ofrecía el pecho, sacaba la cara y le prestaba la careta académica e intelectual a la secta mientras el fundador Luis Fernando Figari escribía solitario y en las sombras sus enrevesados opúsculos y retorcidos discursos (que siempre atacan a la razón y ensalzan la irracionalidad) y se ocultaba indiferente en su fortaleza o búnker de Granja Azul para no escuchar los reclamos sociales.

Con toda seguridad muchas familias peruanas no recibieron con tristeza la noticia de la muerte de Doig. Fue casi como sentir la mano de Dios ante tanta injusticia y tanta impotencia. Más que un "tránsito" al más allá esto pudo llamarse un "despeñadero". De nada valieron las pomposas misas fúnebres cada tres horas durante el velatorio. Ese ceremonial solamente hacía recordar a los miembros de la secta de los israelitas de Ezequiel Ataucusi cuando esperaban absurdamente la resurrección de su líder que yacía muerto en una urna de cristal.

Para el grupo sectario la muerte de Doig fue un evento cataclísmico. Esta muerte parece haber afectado internamente la estructura sodálite casi tanto como el impacto de los aviones suicidas en las torres del World Trade Center de New York City. Los impactos no fueron ni en los cimientos ni en la cúspide de los edificios pero los efectos deletéreos fueron matemáticamente efectivos y demoledores. Lo mismo sucedió en la estructura del Sodalitium. No desapareció el verdadero y venerado líder -Figari- (que hubiese sido santificado) ni tampoco la masa de obnubilados seguidores. Sin embargo, la estampida consecuente a este evento específico era de esperar. Los efectos de una muerte como la de Doig no pudieron haberse calculado, planificado ni dirigido mejor si hubiese intervenido una inteligencia externa."

Con hipocresía nada cristiana, con cinismo a ultranza, descaro a prueba de cañonazos, los sectarios del Sodalicio hoy abjuran y blasfeman de Doig su ex adorado candidato a santo y le echan la culpa de desviaciones de toda índole. ¿Hay que creer en semejante adefesio o hay que dudar de cuanto digan quienes han probado ante la sociedad su capacidad para mentir, engañar, traficar con la fe y abusar de los ciudadanos creyentes? ¡Bah, miserables!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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