Tuesday, March 15, 2016

Los partidos progresistas de América Latina y el nuevo reto del imperialismo*


Los partidos progresistas de América Latina y el nuevo reto del imperialismo*
por Jesús Guzmán Gallardo; jeguzga@hotmail.com

12-3-2016

(Ciudad de México).-Hace más de 85 años Víctor Raúl Haya de la Torre planteó varias tesis de alcance continental que al día de hoy resultan insospechadamente actualizadas, a pesar que el mundo ha sido impactado por la gran revolución de las comunicaciones y ha motivado que los científicos sociales hayan coincidido en la afirmación que vivimos en una sociedad de la información. Sociedad que no ha modificado en su esencia las razones o fundamentos que motivaron el enunciado de dichas tesis.

Estamos refiriéndonos al imperialismo como fenómeno fundamentalmente económico con inevitables proyecciones políticas y sociales, y la forma como hay que enfrentarlo sin caer en un lugar común que linde con la grita o algarada. Más aún, cuando se vuelven a utilizar viejos conceptos que el devenir ha sentenciado como obsoletos, habida cuenta la confrontación con los hechos históricos que hacen necesario ya, un debate esclarecedor libre de sectarismos y sensualidades.

La llamada globalización o mundialización ha impresionado, por no decir en tono generoso: sorprendido, a muchos políticos de Indoamérica, de tal forma que, ingenua o interesadamente, la han suscrito sin pudor alguno; haciéndole el juego a los intereses imperiales. Otros, sin mayor información, la han hecho suya por inercia, convirtiéndose en meros repetidores sin un mínimo de análisis. En esto coincidimos con muchos investigadores que no se han rendido fácilmente ante estos eufemismos denunciando su verdadera denominación: imperialismo.

Ya desde el Congreso Antimperialista de Bruselas en 1927, Haya de la Torre, planteó que si bien para Europa el imperialismo era la última o etapa superior del capitalismo, como reza el título de la célebre obra de Lenin, para Indoamérica es la primera etapa de su capitalismo. Fue una clara alusión al hecho que la presencia del capitalismo en nuestras latitudes no se insinúa, con respecto a su evolución, de la misma forma que en los países industrializados. La afirmación de Marx sobre que Europa (países desarrollados), es el espejo de los países de Indoamérica, Asia y Africa (países subdesarrollados), entraba en revisión.

La tesis enunciada de esta manera, significó el inicio de la configuración de una nueva tesis que podría resumirse en: “Si la realidad de los pueblos subdesarrollados es completamente distinta que la de los países desarrollados, entonces la solución de nuestros problemas debería ser el resultado del estudio e investigación científica que emane de las propias entrañas de nuestra realidad”. Lo cual puede expresarse, también así: “Siendo los problemas de Indoamérica distintos de los de Europa, las soluciones deben ser también diferentes”.

Haya definió inmediatamente la ambivalencia del imperialismo al llegar a nuestro continente, vale decir que hay que saber aprovechar el lado positivo que significa el adelanto tecnológico y desechar y enfrentar el lado negativo que explica la dominación, dependencia y explotación que distorsiona nuestras economías. El se preguntaba en su obra “El Antimperialismo y el APRA”: ¿necesitamos capitales vengan de donde vengan?, la respuesta es afirmativa; ¿vengan como vengan?, la respuesta es negativa. ¿Cómo tratar?, he ahí la gran cuestión.

Surge enseguida la necesidad de plantear la unión política y económica de Indoamérica, dicho en otras palabras la integración continental de todos nuestros pueblos¸ como forma efectiva de luchar contra la agresión imperialista. Es cierto que hay un avance en este terreno, pero es necesario poner mayor énfasis en esta acción por el peligro que representan los hechos como son el terminar con la desactivación de la cuarta flota norteamericana y el establecimiento de bases militares en países como el Perú y otros, el eje del Pacífico que actúa como quinta columna contra el propósito de la unión como mandato inalienable de nuestras repúblicas, amén de los tratados asimétricos como el TPP y los tratados de libre comercio que dividen y no suman. El sueño de Bolívar y los próceres de nuestras independencias es, por lo tanto, impostergable y deben renovarse los esfuerzos para consolidar y fortalecer el Mercosur y la Unasur como formas efectivas de proyectar una cabal y real integración.

Tuvo razón Haya de la Torre cuando, respondiendo a algunos impacientes expresó que: “La lucha por el desarrollo, no es una lucha de clases sino de pueblos”. La integración continental es, entonces un mandato imperativo de los partidos que acusen la búsqueda de la gran transformación en beneficio de los más necesitados.

Luego plantea  la necesidad de formar estados antimperialistas defensores y contralores de nuestra riqueza y de nuestra soberanía. En los años veinte, como un ejemplo, al estudiar Haya la forma cómo se realizaba la agresión imperialista en nuestro continente, propuso la interamericanización del canal de Panamá y la posibilidad de construir, con la ayuda y acción de nuestros pueblos, un canal por Nicaragua. En la actualidad hay en nuestro seno gobiernos progresistas que comienzan a realizar este planteamiento y que saludamos con entusiasmo y expectativa, lo cual demuestra la confirmación de que es posible esta realización en provecho de las clases explotadas de nuestra región.

La base social que debe luchar por la captura del Estado y desde allí decidir el destino de los marginados, consideró el viejo líder peruano, que debían ser los trabajadores manuales e intelectuales, o sea los campesinos, los estudiantes, los obreros, las clases medias, los desocupados, los subempleados y los profesionales; todos reunidos en un gran frente único de clases explotadas por el imperialismo. Muchos de los Estados actuales están capturados por los obsecuentes con los dictados imperiales y por consiguiente títeres autoritarios y corrompidos. Sigue siendo válida, pues, la afirmación de que es necesario e insoslayable que el pueblo y sólo el pueblo llegue al poder con sus cuadros y auténticos líderes; luchadores sociales que tengan la misión sacrosanta de alcanzar la justicia social para los más pobres.

Por lo tanto, ni la caída del muro de Berlín, ni el consenso de Washington, ni la globalización con su doctrina neoliberal, nos pueden hacer perder de vista la presencia imperialista con sus nuevas y sutiles formas de penetración. El fenómeno fundamentalmente económico descrito sigue siendo el mismo en su esencia. Haya no se equivocó cuando afirmó en palabras sencillas “Acción contra todo imperialismo”.

En consecuencia los partidos progresistas no deben afirmar que son antimperialistas porque son de izquierda sino que son de izquierda porque son antimperialistas; tal y como lo afirmó el recordado luchador del siglo XX, Víctor Raúl Haya de la Torre. Todo esto sin perder de vista que toda lucha revolucionaria, ahora más que nunca, debe estar acompañada de un testimonio ético y moral que defina una sincera y transparente vocación y convicción para cambiar el sistema imperante.   
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*Ponencia
XX Seminario Internacional
Los partidos y una nueva sociedad
10-11-12 de marzo, México, D.F.


  
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