Friday, December 12, 2008

Hipocresía: madrastra y tutora

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
7-11-2007

Hipocresía: madrastra y tutora

Una tara congénita acompaña al peruano: su infinita capacidad de
disimular la estafa, premiar al delincuente y llamar blanco a lo
negro, perfumado a lo pestilente. Cuando, pocas horas atrás, se
notició al país de la "devolución" de Chile de una parte de lo robado
en 1881, en libros, que sólo a bárbaros puede parecer botín de guerra,
casi la unanimidad de infelices que funge de periodistas,
diplomáticos, gobernantes y demás etcéteras, se inhibieron de llamar a
las cosas por su nombre: ¡eso fue un asunto de simple, vulgar y
degradante latrocinio, nada más!

Entonces los embajadores y ujieres tan afectos a un lenguaje hipócrita
y perdedor (Cancillería y no la selección de fútbol se lleva las
palmas en cuanto a instituciones deprimentemente ineficaces, torpes y
pusilánimes) han orlado y emperifollado la fiesta que para el país del
sur, perpetúa su agresiva intromisión acostumbrada, siempre de la mano
de nativos pro domo sua, quintacolumnas oficiosos y funcionales. No
faltan intelectuales indecorosos que de historia nada saben y si
entienden lo hacen para ocultar y salvaguardar la propina mensual que
les pagan para amordazar sus complacientes inteligencias. También
hipócritas.

En lugar de analizar con fría objetividad del porqué del cuasi secreto
sobre una devolución al "caballazo" (peruanismo que denota cirugía sin
anestesia) de libros robados y el sigilo misterioso para no dar cuenta
al público de qué se tratan todos estos arcanos, el país se entera del
hecho consumado. Las mentes abogadiles (curas y legos hicieron de este
país lo que es) ya están pensando en recursos, hábeas data y demás
adefesios, pero sin embargo eso puede tomar años, tantos que nadie se
acordará, al día siguiente de su mínima importancia. Decía que,
prescindiendo de la exégesis rigurosa por la cual y en qué contexto
Chile devuelve una ínfima parte de lo que se robó en la guerra de
1879-1883, una gavilla de estúpidos inflama el pecho y otorga loas,
zalemas y felicita el contrabando.

Aquí en este asunto de historia hay quien desea el olvido y el manto
de supuesto perdón que otorgan los años sobre las barbaridades en que
incurrieron en esa época. Hay "historiadores" que "trabajan" para
hacer libros escolares conjuntos que "complejicen" (es decir, que
borren el paso de los hunos) y digan que no ocurrió lo que testimonios
dan como acontecido. Claro que todos aquellos participan de la torta
en nombre de la integración. ¿Desde cuándo esa dinámica social
inevitable, abarca la traición sucia y la adecuación, en favor del más
poderoso, de los hechos a la carta? Estos historiadores por demanda
son parte de la quintacolumna tradicional que ha existido en Perú.

Nótese, con claridad meridiana que el problema nunca fueron Chile o
los chilenos. Ellos hacen lo que en su concepción geopolítica les
parece lo más correcto. Obvio es que las demostraciones de que no
pararon en mientes, está en 1836-39 y 1879-83 y en adelante, porque
simplemente actuaron por la razón o la fuerza. La imbecilidad aquí
ambiente no comprendió esa actitud y se hundió en la mediocridad
contemplativa y en la muelle observancia que a la postre arruinó al
Perú. Dentro de esas taras, qué duda cabe, la hipocresía constituyó
una de las más aberrantes dolencias, pasada y presente.

Pruebas incontestables. Días atrás, el canciller José García Belaunde,
hombre notable por varias cosas: por pasar los 2 mts. de altura;
porque se enteró, ya añejo, sobre los asuntos de límites con Chile,
sin perjuicio que alguna vez comparó lo usurpado por el país del sur
en el Mar de Grau, con su chacra (dicho sea de paso, ello ilustra con
potente convicción la capacidad intelectual del sujeto); sostuvo en
entrevista en La Tercera que había la posibilidad de una consulta de
Chile al Perú si otorgaba este país a Bolivia salida al mar por el
norte de Arica. Nadie, con la modestísima, insuficiente e indignada
protesta de quien esto escribe, ha puesto el grito en el cielo por una
traición que contraviene el Tratado y Protocolo Complementario del 3
de junio de 1929 ¡realmente repugnante! La hipocresía hace meter a
todos el cuello bajo tierra.

Ayer mismo noticié acerca de esas rebajas de aranceles que están
amenazando la estabilidad y vida futura de una empresa limeña que da
trabajo a 600 peruanos porque otra firma extranjera estaría lista a
llegar con precios más baratos y así, con la quiebra de la actual,
comprar a barrer lo que quede y ¡nadie se da por enterado! ¡Cómo si
destruir al Perú constituyera un deporte inacabable! Este país es tan
pero tan rico, que avalanchas de delincuentes le han robado y
maltratado. Pero aún sigue otorgando sus ubérrimas dotes naturales.

La hipocresía, madre y maestra inconveniente y hasta enemiga, recaló
en Perú, se metió en su alma colectiva y no hay organismo que pueda
escaparse a su influjo nocivo, canceroso, auto-destructor. Se es tan
hipócrita en Perú que ni siquiera se admite la peligrosidad involutiva
a que nos está llevando el fenómeno disolvente. Y, por cierto, para
alegría de otros que adquieren barato, muy barato a los indignos que
siempre ruegan porque los compren. ¡Allá ellos!

Recordemos con González Prada:

"Porque en todas las instituciones nacionales y en todos los ramos de
la administración pública sucede lo mismo que en el Parlamento: los
reverendísimos, los excelentísimos, los ilustrísimos y los useseñorías
valen tanto como los honorables. Aquí ninguno vive su vida verdadera,
que todos hacen su papel en la gran farsa. El sabio no es tal sabio;
el rico, tal rico; el héroe, tal héroe; el católico, tal católico; ni
el librepensador, tal librepensador. Quizá los hombres no son tales
hombres ni las mujeres son tales mujeres. Sin embargo, no faltan
personas graves que toman a lo serio las cosas. ¡Tomar a lo serio
cosas del Perú!

Esto no es república sino mojiganga."

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.voltairenet.org/es
hcmujica.blogspot.com
Skype: hmujica

Thursday, December 11, 2008

¡A privatizar se ha dicho!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
11-12-2008

¡A privatizar se ha dicho!

"De regreso de un viaje a Bolivia y Argentina mis cuñados María y
Javier traen el periódico Clarín del 30 de agosto. En él viene la
noticia de que va a ser presentada al Parlamento peruano una nueva Ley
de Turismo que contempla la posibilidad de entregar la explotación de
zonas arqueológicas importantes como Machu Picchu y la ciudadela
preincaica de Chan Chan, a empresas privadas mediante concurso
internacional.

Clarín llama a esto "la loca carrera privatista de Fujimori". El autor
de la propuesta de ley es un tal Ricardo Marcenaro, Presidente de la
Comisión de Turismo, Telecomunicaciones e infraestructura del Congreso
peruano, que alega lo siguiente: "En vista de que el Estado no ha
administrado bien nuestras zonas arqueológicas ¿qué pasaría si las
otorgáramos a empresas especializadas en esta materia que vienen
operando en otros países con gran efectividad?".

A mí me parece bien. Que se privatice Machu Picchu, que se privatice
Chan Chan, que se privatice la Capilla Sixtina, que se privatice el
Partenón, que se privatice Nuno Gonçalves, que se privatice el
Descendimiento de la cruz de Antonio de Crestalcore, que se privatice
el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, que se privatice la
cordillera de los Andes, que se privatice todo, que se privatice el
mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice
la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se
privatice el sueño sobre todo si es diurno y con los ojos abiertos. Y
finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los
Estados, entréguese de una vez por todas la explotación a empresas
privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la
salvación del mundo... Y, metidos en esto, que se privatice también la
puta que los parió a todos". (José Saramago, Premio Nóbel de
Literatura 1998, tomado de "Cuadernos de Lanzarote", setiembre 1,1995)
http://www.lafogata.org/peru/peru2.htm

El principio es el mismo: ¡cómo no se usa, entonces que se privatice y
que las rentas sean bienvenidas! No ha mucho Collique, donación
intocable que ha sido rematada por el presente régimen. Ahora un
sector del Cuartel General del Ejército. Causa alguna gracia fúnebre
que el ministro de Defensa, Antero Florez Aráoz pretenda hacer humor
de las prácticas militares que sirven ¡precisamente! para todos los
conceptos integrales de defensa. No es su fuerte y de eso hay
múltiples evidencias.

Entonces entran en cuestionamiento profundo múltiples sitios en la
capital y el resto del país. Por ejemplo ¿qué hacemos con esos
terrenos –llamados reductos- en la Av. Benavides y en Angamos que son
el monumento a la estupidez más sublime de que hiciera gala el
dictador de opereta Nicolás de Piérola con sus botas a la federica y
que, según él, debieron haber servido para defender a la capital de la
invasión chilena de enero de 1881? En términos francos, aquellas
trincheras son la ridícula expresión de ineficiencia de un alucinado y
un traidor. La historia da cuenta tremebunda de cómo las hordas
invasoras degollaron a su paso a los que encontraron y cómo es que
patotas enteras de oficiales y capitanes de guerra hicieron grupas y
se fueron de los escenarios de combate ¡sin dar una sola orden! salvo
aquella que determinó el desconcertante rompan filas de miles que no
dispararon un solo tiro.

Y lo antedicho sólo para enunciar un par de ejemplos.

Años atrás, ante un asombrado auditorio obrero en Talara, la brillante
ceramista y combativa dama Roxana Cuba recordó las filudas expresiones
de José Saramago; luego del azoramiento inicial que duró poquísimos
segundos, reiteradas salvas de aplausos premiaron la intervención de
la artista. Fue un instante de emoción y también de reflexión y
recuerdo lo que dijo un trabajador de hidrocarburos con franqueza y
humor regional: "habla fuerte la señora y es decente".

¿Cuánta diferencia hay hoy con el palurdísimo utilitarismo que empleó
el fujimorismo delincuencial? Apenas milímetros si es que pueden ser
ellos patrón de cualquier referencia. Basta con recordar cuanto dijo
el portugués para darnos cuenta cómo y por dónde va la involución.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Wednesday, December 10, 2008

La guerra de rapiña de 1879

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-12-2008

La guerra de rapiña de 1879
Lo que nos sucedió y nunca más debe sucedernos
por Jesús Lazo Acosta; pp. 71-83
Lima, agosto 2008, Digital Press EIRL.

V

GUERRA CONTRA LA CONFEDERACIÓN PERÚ-BOLIVIANA
Introducción

«La posición de Chile frente a la Confederación Perú-boliviana, según
Diego Portales a Blanco Encalada en 1836, es insostenible. No puede
ser tolerada ni por el pueblo ni por el Gobierno porque ella
equivaldría a su suicidio».

«La Confederación, expresó más adelante Portales, debe desaparecer
para siempre jamás del escenario de América».

Independientemente de la parte que, de modo legítimo, corresponde a
Portales en la guerra contra la Confederación, según él, por motivos
nacionalistas y por la búsqueda del equilibrio en la balanza del Poder
en el Pacífico Sudamericano, no debe ser omitido el influjo caraqueño
de Andrés Bello, consejero del Gobierno chileno en asuntos
diplomáticos. En sus Principios de Derecho Internacional escribe él
que la guerra era justificable cuando surgía para cualquier Estado un
vecino ambicioso y peligroso.

Por otro lado, mientras se preparaba a las tropas que debían invadir
al Perú, un motín estalló en el acantonamiento de Quillota. Fue
apresado el Ministro Portales, de visita en ese lugar el 3 de junio de
1837, antes de incorporarse a la expedición. Quedó firmada entonces un
Acta adversa a la guerra inminente, obra forzada más bien por la
intriga que por el noble deseo de reparar agravios a Chile, pues (...)
se debería procurar primeramente vincularlos con los medios incruentos
de transacción de paz a que aparece dispuesto el mandatario del Perú.
El motín fracasó aunque los sublevados asesinaron a Portales.

Interesante y de justicia resulta recordar que, el 10 de marzo de
1840, la Cancillería chilena rechazó la oferta del Presidente del
Ecuador, General Juan José Flores, de dividir y de mutilar el Perú.
Claro está que, al mismo tiempo, se opuso vigorosamente al
desmembramiento de Bolivia por acción peruana o unificación del Alto y
del Bajo Perú emanada de éste.

Justificando una no difundida versión de la forma en que ya estaba
manifestada la animadversión de Diego Portales contra el Perú,
Benjamín Vicuña Mackena encuentra, en el copioso archivo de O'Higgins
y Portales, la forma que éste planeaba la guerra al Perú antes de la
Confederación Perú-boliviana. En carta de 2 de setiembre de 1832
fijaba, el inspirador omnipotente de la política chilena, el plazo de
un año y medio «para irse sobre el Perú con un ejército», como es de
verse en Introducción a la Historia de los 10 años de la
Administración Montt.

Aún en 1833, recuerda Basadre en La Iniciación de la República,
Casimiro Olañeta, diplomático boliviano, conversaba con Portales, que
era ya Ministro, sobre la posibilidad de formar una Alianza ofensiva
entre Bolivia y Chile contra el Perú. Esta obsesión de Portales,
señala nuestro ilustre historiador, tiene una importancia decisiva
para conocer los antecedentes de la guerra entre Chile y la
Confederación Perú-boliviana.

No obstante la actitud chilena contra la Confederación y los esfuerzos
de la Diplomacia chilena para dirigir la política internacional
peruana cuando el Perú enfrentó y rechazó la agresión española en 1866
por la ocupación de las islas de Chincha y su mantenimiento
indefinido, venciendo el 2 de mayo en el ataque al Callao, cuyo
resultado determinó la partida de la escuadra española de los mares
del Pacífico Sur; en grave error internacional de nuestra historia, el
Perú mantuvo, sin justificación, la imprudente alianza suscrita con
Bolivia sin que ésta fuera simultáneamente concertada con la Argentina
como estaba prevista.

Aunque el Perú acreditó en la guerra una línea de abnegación y honor,
no puede perdonársele la imprevisión: no haberse preocupado de armar
al país, de mantener la superioridad naval sobre Chile; e, insistimos,
haber pactado la alianza con Bolivia que sirvió de pretexto al
adversario para una guerra de la que nuestro país resultó desmembrado.

Como un medio capaz -de los terrenos diplomático, político y militar-
de detener la presunta y temida acción agresiva y beligerante chilena,
el Perú concibió buscar, como posibilidad disuasiva, la adhesión de la
República Argentina a la Alianza Perú-boliviana.

Para Ulloa, el inolvidable ex-Canciller de la República, tal adhesión,
por su finalidad y su evidente eficacia, resultaba pues una condición
sine qua non para el mantenimiento de la alianza y, desde luego, para
su validez efectiva.

A pesar de la importancia del presente aserto, cuando hoy el Perú
estigmatiza a sus Fuerzas Armadas, y sus gobiernos, neciamente,
propugnan el desarme total con inadvertencia de que un país desarmado
no es una garantía de paz sino una presa apetecible, tanto o más
importante resulta recordar a don José de la Riva Agüero que, en 1913,
expresó: «No nos perdimos por audaces ni por cavilosos; nos perdimos
por confiados e ingenuos; por creer que los convenios diplomáticos, el
aparato de las alianzas o los meros sustitutos de intervenciones y
mediaciones, podían suplir la efectiva e insustituible garantía de las
armas».

Internacionalista Alfonso Benavides Correa


1. Origen de la Confederación Perú-boliviana

Los territorios que forman las actuales repúblicas del Perú y Bolivia,
durante centurias integraron los imperios del Tiahuanaco primero y del
Tahuantinsuyo posteriormente. De igual manera, Bolivia con el nombre
de Charcas o Alto-Perú estuvo durante más de dos siglos dentro del
Virreynato del Perú. Estos antecedentes hacen suponer que su
hermandad, tal vez, data de milenios. Y esto se explica fácilmente,
por la vecindad geográfica que tienen, su entroncamiento con la
Cordillera de los Andes, el gran lago que comparten y los ríos que
bañan sus planicies.

Estos accidentes naturales hicieron inevitable la fusión de razas, los
lazos de sangre, hablar el mismo lenguaje, el intermedio de productos
naturales y artesanales. Por tanto, poderosas razones de orden
económico les hicieron compartir costumbres y cargar con los defectos
y virtudes que caracterizan a sus pobladores. Todo lo cual haría que
se amaran u odiaran, que se separaran cuando sus hombres lo decidieran
o que quisieran reunirse cuando se necesitaran otra vez; es decir,
pueblos hermanos, para pelear o marchar juntos.

En 1835 hacía apenas 10 años que se había realizado la independencia
de Bolivia, por decisión de una minoría de doctores en Chuquisaca y la
protección de un caudillo excepcional, pero extranjero, y en cierto
modo interesado en limitar el poder del Perú. Nada sorprendente fue
que otro caudillo, mitad peruano mitad boliviano, deseara reunir a las
dos naciones para formar una sola, grande como lo fuera en el pasado.

Había razones de peso actualizadas por vecino ambicioso que eran una
amenaza para ellas. Brasil y Argentina despegaban cuan fuertes son en
su desarrollo, y Chile trataba de conseguir la hegemonía en el
Pacífico. Unirse era lo indicado para defenderse de contingencias.

El proyecto de Confederación tenía partidarios y adversarios en el
Perú y en Bolivia. Las figuras principales eran los presidentes de
ambas naciones y algunas figuras políticas importantes; como por
ejemplo el Presidente del Congreso del Perú, Arzobispo Javier
Francisco Luna Pizarra, y muchos de los parlamentarios que lo
acompañaban. En Bolivia, los más entusiastas eran los partidarios de
Santa Cruz, complacidos por la buena administración de su largo
gobierno. Sin embargo, debían realizarse asambleas regionales, una en
el Estado Nor-Peruano, constituido por los departamentos de Amazonas,
Huaylas, Junín, La Libertad y Lima. Otra en el Estado Sur-Peruano, que
comprendía Arequipa, Ayacucho, Cusco y Puno. La tercera en Bolivia
misma. Así en los primeros días de agosto de 1836 quedó,
prácticamente, constituida la Confederación Perú-boliviana, con sus
tres Estados asociados, bajo un Gobierno Central que presidía el
Mariscal Andrés de Santa Cruz y con bandera común a todos ellos.

2. Primera invasión: agosto 1836

Ya en 1832 el furibundo gobernador de Valparaíso, Diego Portales,
había dicho que era necesario «irse sobre el Perú con un ejército»; de
modo que, cuando Santa Cruz delineó una nueva política comercial
declarando puertos libres a Cobija, Arica, Callao y Paita, y puso
derechos adicionales a los productos que hubieran pasado por otros
puertos del Océano Pacífico, no tuvo límites la ira del Ministro
Portales. Fue entonces cuando Portales decidió imponer «por la fuerza»
lo que no podía lograr por derecho, para lo cual tomó como pretexto un
incidente secundario para escudar sus verdaderas intenciones.

Las relaciones entre el Perú y Chile no se habían roto, se mantenían
cordiales. Pese a esto, la escuadra chilena se movilizó
subrepticiamente hacia el Perú. El bergantín «Aquiles» y la goleta
«Colocolo» llegaron al Callao la mañana del 21 de agosto de 1836,
presentándose en plan amistoso, por lo que las autoridades peruanas
los recibieron con inocente cordialidad. Pero en la noche del mismo
día, sigilosa y traicioneramente, se apoderaron de tres buques de la
escuadra peruana. Estos buques eran la «Santa Cruz», la «Arequipeña» y
la goleta «Peruviana», a los que de inmediato pusieron tripulación
chilena. A la mañana siguiente se iniciaron las negociaciones con la
intervención del Cónsul inglés en Lima, llegándose a un acuerdo
mediante el cual los chilenos no harían nuevas presas, llevándose las
tres capturadas a Chile hasta que se hiciera un arreglo definitivo.

El acuerdo mencionado se realizó entre el Jefe de la escuadra chilena,
el marino Victorino Garrido, y Santa Cruz, quien en todo momento
trataba de no entrar en guerra. Este acuerdo no fue aprobado por Diego
Portales, pues su objetivo era otro. Chile envió nuevamente su
escuadra al Callao el 30 de octubre, trayendo como su embajador a
Mariano Egaña. La misión de éste era terminante y no aceptaba
alternativa: exigir la destrucción de la Confederación Perú-boliviana.
Siempre con su posición conciliadora, Santa Cruz intercambió diversos
oficios, pero no hubo arreglo. Presionado por Portales, el Congreso de
Chile le declaró la guerra al Perú el 26 de diciembre de 1836.

Antes de esta declaración oficial, ya la escuadra chilena había
realizado operaciones que en el lenguaje internacional se denominan
claramente de piratería. Había dado sus zarpazos con la ventaja de la
sorpresa, amparándose en una hipócrita amistad.

En estas circunstancias, el resto de la escuadra peruana compuesta por
las fragatas «Congreso», «Yanacocha», y «Libertad», así como las
goletas «Junín» y «Limeña» recibieron orden de reunirse en Paita; pero
la «Libertad» que había arribado a Guayaquil después de un largo
viaje, tuvo que completar su tripulación con franceses y ecuatorianos,
sin saber que a éstos los había sobornado Chile. Ya en alta mar una
sublevación premeditada hizo arriar la bandera del Perú para
reemplazarla por la de Chile, y poner rumbo a Valparaíso donde llegó
el 9 de diciembre de 1836.

El almirante chileno Manuel Blanco Encalada perseguía a la «Congreso»
que se había refugiado en la ría de Guayaquil. Los chilenos sin
respetar la neutralidad ecuatoriana desembarcaron en la isla de Puná
para poder capturarla, pero la nave peruana logró escapar. De regreso
de Guayaquil, Blanco Encalada cometió todo género de abusos en Tumbes
y Paita, comportándose como un verdadero delincuente, y, finalmente,
capturó en Cerro Azul al mercante peruano «Martín» con sus bodegas
repletas de azúcar. Después de haber realizado estos escandalosos
excesos, antes de la declaratoria de guerra de Chile al Perú, el
Almirante chileno Manuel Blanco Encalada retornó a su país dejando el
recuerdo de su prepotencia, abuso y espíritu de rapiña.

Conviene copiar a continuación la narración que hizo el escritor
chileno Benjamín Vicuña Mackenna de este inicuo procedimiento:

«El mismo día 13 de agosto de 1836, en que la 'Monteagudo' ponía su
proa al sur de la rada de Valparaíso, para ir a capturar el bergantín
'Orbegoso' y sus tripulantes en las aguas de Chiloé, el bergantín
"Aquiles" y la goleta "Colocolo" se dirigían con rumbo opuesto hacia
el Callao. ¿A qué iban?

A consumar uno de los actos más odiosos que se registran en los anales
de nuestras repúblicas (...) El jefe de aquel crucero había recibido
la comisión secreta de apoderarse de golpe de mano de todos los buques
pertenecientes al Perú que encontrase en las aguas de aquella
república y los condujera en rehenes a los puertos chilenos. Victorino
Garrido había llegado al Callao el 21 de agosto a las 9 a.m. de 1836 y
mandó pliegos a su Cónsul Lavalle, quien no tardó en ir a bordo de la
"Aquiles".

El comisionado Garrido ofreció saludar su plaza y después de visitar
al comandante de marina, pasó a cerciorarse del estado indefenso de la
escuadra peruana, para dar un ataque nocturno, sobre seguro, que
meditaba. La escuadra peruana se componía de la barca 'Santa Cruz', el
bergantín 'Arequipeña' y la goleta 'Peruviana'. Los otros buques
'Libertad', ' Yanacocha' y 'Limeña', estaban en el mar, de servicio».

Vickuña Mackenna termina su relato: «A las dos de la mañana aquel
deshonroso atentado, que entonces se celebró como una proeza heroica,
estaba cometido, y el emisario de Chile se hallaba en el caso de
volver ufano con su presa a presentarla como prenda de seguridad a las
inquietudes de sus comitentes» (44).

3. Segunda invasión: setiembre 1837

Portales comenzó a preparar una expedición militar contra el Perú,
contando con la colaboración de los peruanos que se encontraban
emigrados en Chile, a quienes engañó. El grupo más importante era el
formado por Gamarra y La Fuente, después de haberse reconciliado; otro
grupo lo conformaban el aristócrata Felipe Pardo y Aliaga y el coronel
Manuel Ignacio de Vivanco. Portales se había hecho «amigo» de todos
ellos, a fin de utilizarlos a favor de Chile, y ellos cayeron en su
juego, ingenua e inconscientemente.

Gamarra tenía en Chile un agente de apellido Bujanda, quien realizó
grandes esfuerzos por acumular material de guerra para la expedición
contra Santa Cruz. Un día hastiado por lo que veía en contra del Perú
exclamó: «Nada con ellos, ni la gloria». Y acto continuo se embarcó al
Perú y reveló a Santa Cruz el plan acordado con Portales sobre la
expedición que se preparaba para la invasión del territorio peruano.

Por otra parte, Chile trataba de envolver a la Argentina y al Ecuador
contra el Perú, de paso también contra Bolivia, aun cuando no se
desarrollarían operaciones bélicas dentro del territorio de ese país.
En Argentina gobernaba el tirano Juan Manuel Rosas, quien tomando como
pretexto un diferendo de límites con Bolivia, declaró la guerra a la
Confederación Perú-boliviana el 7 de mayo de 1837. Chile trató de
seducir al Ecuador, pero allí el presidente Vicente Rocafuerte con una
ponderada actitud evadió el compromiso.

En junio de 1837 estalló un motín en el campamento de Quillota (Chile)
que visitaba el ministro Portales, a consecuencia del cual éste
resultó apresado. En un enfrentamiento con tropas leales al gobierno,
el oficial rebelde que conducía preso a Portales, lo fusiló sin más
trámite.

Santa Cruz creyó oportuno reanudar las gestiones de paz, pero fue
rechazado otra vez, pues ya la «doctrina Portales» había prendido en
la población y sobre todo en las fuerzas armadas de Chile. Por tanto,
los preparativos de la expedición continuaron pese a la muerte de
Portales. Una división de tres mil hombres debidamente equipada, al
mando del almirante Blanco Encalada, desembarcó en Islay, llegando a
ocupar Arequipa el 12 de octubre de 1837 con el irónico nombre de
«expedición restauradora».

Antes de su muerte, el ministro Diego Portales había dado
instrucciones precisas a Blanco Encalada, algunos de cuyos párrafos
son los siguientes: «Va usted, en realidad, a conseguir con el triunfo
de sus armas la segunda independencia de Chile (...) La posición de
Chile frente a la Confederación Perú-boliviana es insostenible. No
puede ser tolerada ni por el pueblo ni por el gobierno porque ella
equivaldría a su suicidio. No podemos mirar sin inquietud y la mayor
alarma la existencia de dos pueblos confederados y que, a la larga,
por la comunidad de origen, lengua, hábitos, religión, ideas,
costumbres, formarán, como es natural, un solo núcleo. Unidos estos
dos Estados aun cuando no sea más que momentáneamente, serán siempre
más que Chile en todo orden de cuestiones y circunstancias. En el
supuesto de que prevaleciera la Confederación a su actual organizador
y ella fuera dirigida por un hombre menos capaz que Santa Cruz, la
existencia de Chile se vería comprometida (...). La Confederación debe
desaparecer para siempre jamás del escenario de América (...). Por su
extensión geográfica; por su mayor población blanca; por las riquezas
conjuntas del Perú y Bolivia apenas explotadas ahora; por el dominio
que la nueva organización trataría de ejercer en el Pacífico,
arrebatándonoslo; por el mayor número también de gente ilustrada de
raza blanca muy vinculada a las familias de España que se encuentran
en Lima; por la mayor inteligencia de sus hombres públicos, si bien de
menos carácter que los chilenos; por todas estas razones, la
Confederación ahogaría a Chile antes de muy poco (...). Debemos
dominar para siempre en el Pacífico; esta debe ser su máxima ahora y
ojalá fuera la de Chile para siempre» (45).

Bajo las bayonetas chilenas del almirante Blanco Encalada se convocó
al pueblo arequipeño, que acudió en pequeño número, para realizar la
comedia de proclamar al general peruano La Fuente como Jefe Supremo
Provisorio de la República, el que había venido desde Chile con el mal
llamado «Ejército Restaurador del Perú».

La situación de los invasores se hacía cada vez más difícil por la
hostilidad de la población arequipeña y el sabotaje en el suministro
de alimentos, mulas, arrieros y todo cuanto necesitaban; agravado por
la presencia en los alrededores de un disciplinado ejército
confederado de más de 5.000 hombres al mando del mismo Santa Cruz.

Como para rematar la crítica situación de los chilenos, Santa Cruz
hizo bajar desde Lima otra división al mando del general Vigil, con el
objeto de cortar la retirada de Blanco y las comunicaciones con su
escuadra que estaba distribuida en Islay, Quilca y otras caletas.
Blanco Encalada había caído, pues, en su propia trampa.

El ejército confederado avanzó hacia Arequipa y se ubicó en el
distrito de Paucarpata, muy cercano a la ciudad misma. En ese momento
ya los invasores estaban vencidos y Santa Cruz en vez de liquidarlos
por el agravio que habían cometido contra el Perú violando su
territorio, les abrió los brazos en un gesto fraterno y, al mismo
tiempo, suicida para firmar el Tratado de Paucarpata el 17 de
noviembre de 1837, bajo la garantía de un representante del gobierno
de Inglaterra.

4. Tercera invasión: agosto 1838

Los chilenos, con su reconocida astucia y acostumbrado engaño, habían
entablado negociaciones con Orbegoso haciéndole creer que su nueva
expedición no era contra el Perú sino contra Santa Cruz. Así, Orbegoso
para impedir el desembarco chileno expidió un decreto segregando el
Estado Nor-Peruano de la Confederación y confió que los invasores no
se hicieran presentes en Lima ¡Cuan poco conocía a los chilenos!.
Entre el 7 y 8 de agosto de 1838 la expedición chilena al mando del
general Manuel Bulnes desembarcó en Ancón para eludir los cañones de
los castillos del Callao. Orbegoso protestó puesto que Lima que
formaba parte del Estado Nor-Peruano ya no pertenecía a la
Confederación, pero Bulnes no hizo caso. El Perú como tantas veces en
su historia -dice Emilio Luna Vegas-, estuvo desarmado tanto naval
como militarmente después del tratado de Paucarpata. Otro grave error
de Santa Cruz, que habría de lamentar mucho.

El gobierno de Chile confirmando su rechazo por el Tratado de
Paucarpata, en los primeros días de enero de 1838, envió cinco barcos
de su escuadra que se presentaron en Islay para apoderarse de los tres
buques de guerra peruanos que se encontraban allí. Felizmente, ya los
peruanos tenían experiencia sobre la felonía de los chilenos, por lo
cual el «Junín», el «Fundador" y la «Socabaya» pudieron defenderse
virilmente rechazando a los atacantes chilenos, quienes desistieron de
su empeño.

Otra proeza marítima chilena. Como se recordará, la «Peruviana» había
sido capturada por los chilenos en la primera invasión de 1836; pero,
de acuerdo con el Tratado de Paucarpata, se la devolvió al Perú en el
puerto de Pisco en diciembre de 1837. Luego se la llevó al Callao,
pero con el generoso estilo peruano, se le dejó su tripulación chilena
hasta que el tratado fuera ratificado. Mas el 3 de enero de 1838,
cuando la goleta se encontraba aprovisionada abundantemente por la
hospitalidad peruana, levó anclas y se fugó en dirección Sur. La
oportuna intervención de la corbeta peruana «Confederación» pudo
reducirla en alta mar y obligarla a renunciar a un nuevo acto de
traidora piratería chilena.

Cuando Orbegoso comprendió, por fin, que era imposible entenderse con
el chileno Bulnes, organizó sus fuerzas militares con los generales
Moran y Nieto para enfrentar a los «segundos restauradores». El choque
de ambas fuerzas se produjo el 21 de agosto de 1838 y se conoce como
la batalla de Guía. Gracias a otra maña chilena, los «restauradores»
entraron en Lima el mismo día.

Como era su costumbre, los chilenos comenzaron a tomar de la ciudad
cuanto les apetecía, no solamente las provisiones. Un movimiento
popular proclamó al mariscal Gamarra como Presidente de la República,
a fin de contener el vandalismo chileno. La intención del pueblo fue
buena, pero en nada cambió las cosas, porque la ambición y la ceguera
de Gamarra lo permitía todo.

A pesar de tantas ventajas, la situación de los «restauradores» era
crítica en Lima, ya que existía un repudio general contra las pésimas
actitudes de los chilenos. Además, los fíeles guerrilleros de la
campaña de la independencia habían vuelto a ponerse en acción.

Santa Cruz venía del Alto-Perú, y una de sus avanzadas intentó
sorprender a los chilenos en Matucana, pero el aviso de un traidor lo
impidió. Bulnes y sus aliados desocuparon Lima el 8 de noviembre ante
la mirada impasible de Santa Cruz quien no quiso perseguir a los que
se retiraban. El tiempo ha probado que éste fue otro de los errores
que condujeron a Santa Cruz al fracaso.

5. Yungay: fin de la Confederación

Bulnes, Gamarra y Castilla permanecían en Caraz, mientras que Santa
Cruz llegó a Yungay y esperó el ataque del ejército «restaurador»
compuesto de peruanos y chilenos, mientras él los enfrentaría con el
ejército confederado formado por peruanos y bolivianos.

Era el 20 de enero de 1839 y se decidiría la suerte de la
Confederación Perú-boliviana fundada dos años antes. Bulnes ordenó un
ataque general contra las posiciones de Santa Cruz, mas se estrellaron
contra la resistencia de éstas, insistieron pero el ataque fracasó. En
tales circunstancias Bulnes ordenó la retirada de sus tropas, pero el
coronel Ramón Castilla se opuso a dicha disposición inculpando a
Bulnes con esta frase: «No hemos venido a correr». Castilla tomó el
mando de las fuerzas «restauradoras» que dio comienzo a la cuarta fase
de la lucha. Ante este nuevo ataque, Santa Cruz llamó a los batallones
bolivianos 1° y 2° que se encontraban en la reserva, pero éstos se
negaron a combatir e iniciaron la retirada. El desbande de los
confederados se hizo total. Las tropas chilenas de Bulnes dieron
muerte en el campo de batalla a 2 generales y 1.400 oficiales y
soldados, la persecución a los vencidos se hizo con ferocidad
increíble, los chilenos mataban a los heridos y prisioneros, sin
piedad. Después se dedicaron al saqueo de Yungay y pueblos vecinos. En
el manifiesto que posteriormente redactó Santa Cruz en Guayaquil,
dijo: «la mitad de los muertos fueron sacrificados lejos del campo de
batalla». Los métodos araucano-chilenos, que años después con
intensidad se repetirían, se pusieron entonces en evidencia en el
Perú.

Los vencedores de Yungay entraron a Lima entre aplausos. Los chilenos
permanecieron en el país, hasta que se les pagó el último centavo de
lo que cobraron, embarcándose de regreso a Chile, una parte en abril y
la otra en octubre de 1839. Dos años después Bulnes fue elegido
Presidente de su país, desde cuyo sitial seguiría su propósito de
conquistar territorio boliviano.

6. La intervención chilena en la Confederación Perú-boliviana

Con razón Emilio Luna Vegas escribe lo siguiente: «Los chilenos no
podían permitir un Perú grande o una Bolivia fuerte, mucho menos un
país tan extenso y potente como el que formaba la Confederación
Perú-Boliviana. De allí su empeño militar en destruirla antes que se
consolidara, lo que explica sus tres campañas entre 1836 y 1839; por
eso su afán posterior en debilitar, separadamente, a los países que la
integraron. Chile ha fundado su porvenir en el desmedro de sus
vecinos. Nunca se conformó con las propias fuerzas que la naturaleza y
la historia le señalaron. También ha tenido conflictos con Argentina,
y si no ha creado otros problemas es por falta de más vecinos. Lo
lamentable de aquel período es que peruanos y bolivianos cayeron en el
juego, dejándose frustrar su porvenir. La única victoria decisiva que
tuvo Chile en su cruzada contra la Confederación fue la batalla de
Yungay, que la ganó debido a la iniciativa oportuna de un coronel
peruano, con el apoyo de soldados y civiles peruanos. De no haber sido
así, le habría sido imposible seguir manipulando como lo hizo después
de aquel triunfo, que le sirvió de base para sus posteriores logros.
La destrucción de la Confederación reportó a Chile varias ventajas. La
primera fue la confirmación de su capacidad para lograr la hegemonía
en el Pacífico Sur. La segunda, el conocimiento profundo de hombres y
territorios peruanos lo que le daría superioridad en su próxima
agresión al Perú. La tercera puede considerarse el ínfimo costo en sus
campañas de invasión, pues Gamarra pagó la expedición de Bulnes y como
reclamaron el pago de 725.000 pesos por la fracasada expedición de
Blanco Encalada, también les fueron cancelados. Además, de su
irrupción pirata contra nuestros buques se recompensó con presas
obtenidas fácilmente. La cuarta ventaja es que consiguió un tratado
comercial con el Perú, que lo colocó en posición de nación más
favorecida, tan fue así que el trigo chileno entró a nuestro mercado
en mejores condiciones que las que tenía anteriormente. Finalmente,
desde aquel infausto momento comenzó a intervenir en forma '
imperativa' cuando la guerra del Perú y Bolivia en 1841, contra los
intentos de Santa Cruz para una reconquista, contra el propósito de
simple anexión del departamento de La Paz al Perú y en los conflictos
limítrofes del Perú con Ecuador y Colombia, colocado siempre entre
bambalinas. La derrota de Yungay marca un punto de partida que sirvió
para subordinarnos a la política expansionista chilena, sin que los
gobernantes peruanos posteriores pudieran ver el peligro (...) a
excepción del Gran Mariscal Ramón Castilla, que los conoció muy de
cerca» (46).

Tuesday, December 09, 2008

Constantes históricas en el comportamiento vecinal de Chile

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
9-5-2005

Columnista invitado: Félix C. Calderón

Constantes históricas en el comportamiento vecinal de Chile
por Félix C. Calderón*

El teorema geopolítico que los peruanos deben tener siempre presente
es que Chile ha visto al Perú, históricamente, como su enemigo
natural. Y hacen muy mal los panegiristas del entendimiento y la
cooperación vecinal en olvidar, soslayar o edulcorar este hecho
irrebatible que es, además, inconmovible, por lo menos mientras siga
vigente la concepción del Estado-nación. No es esto, obviamente, un
reflejo de perdedor, como se ha atrevido a decir un peruano de última
hora, a causa sin duda de una reflexión indigesta provocada por su
conocimiento superficial de nuestra historia. No. Ese teorema fluye
fácilmente del análisis del comportamiento histórico de Chile con
respecto al Perú y nos da la pauta de cómo es menester actuar, porque
nunca es tarde, para que por fin podamos encarrilar las relaciones
vecinales sobre un terreno común de mutuo respeto y ventajas
recíprocas.

Antes y después de su existencia como república, Chile ha visto al
Perú como una amenaza y, por lo mismo, ha sabido encontrar su razón de
ser a sus expensas. Pero no ha sido el único. Simón Bolívar fue el
primero en trazar un designio geopolítico avieso contra el Perú,
epicentro ancestral de la gran nación andina (principalmente Perú,
Bolivia y Ecuador), usurpando Guayaquil y creando luego Bolivia. De
esta forma, fragmentó el espinazo andino y contrapuso por casi dos
siglos a sus pueblos. Años más tarde, el comerciante de Valparaíso,
Diego Portales, hizo el resto con un designio concordante, pero por el
sur, a fin de mantener la dependencia del comercio peruano de los
puertos chilenos. En suma, el Perú desde su nacimiento como república
tuvo que hacer frente al embate de dos pretensiones geopolíticas
adversas, por el norte y por el sur, además de la penetración
amazónica del imperio brasileño. Situación altamente desventajosa de
la que Chile supo aprovecharse con el tiempo para satisfacer sus
propias ambiciones.

La usurpación territorial a resultas de la guerra victoriosa que libró
Chile contra el Perú en 1879, con la interpósita acción de Bolivia y
ayudado por el comportamiento claudicante, como en 1837, de gran parte
de la casta política peruana, se tradujo en una serie de constantes en
su comportamiento bilateral, cuyos resabios aún se notan hoy en día.
Estas constantes en su comportamiento no son, por cierto, exclusivas
de Chile. En puridad, son patrones comunes de comportamiento que sigue
todo Estado agresor y usurpador, como se desprende de una rápida
ojeada a la historia universal, en la medida que se trata de preservar
lo usurpado y de erosionar cualquier intento de revancha. Es decir,
están signadas por la codicia y el miedo, y su lógica subyace siempre
en la fuerza, porque no hay otra forma de mantener lo ajeno. Por lo
mismo, no estamos hablando de un comportamiento malicioso estático,
sino dinámico, aunque en este caso siempre en función del Perú que
representa el peligro a conjurar y mediatizar.

Antes de concluir la paz con Bolivia y obsesionado por su flagrante
incumplimiento del Tratado de Ancón de 1883, Chile puso en marcha un
reprobable proceso de chilenización en las provincias cautivas de
Tacna y Arica con el deliberado propósito de expatriar o exterminar a
la heroica resistencia de los peruanos ligados ancestralmente a esos
territorios. Es decir, el usurpador efectuó el primer caso mundial de
"political cleansing" en el siglo XX. Convergentemente, prejuzgó la
solución al problema que generaban esas provincias cautivas,
disponiendo de manera arbitraria el trazado del ferrocarril Arica-La
Paz, sin parar mientes en usurpar para ese efecto una porción de la
provincia de Tarata que no tenía por qué ser parte de la ocupación
chilena, tal como lo revelo en mi libro "El Tratado de 1929. La otra
historia." En fin, para ser breve, instigó la rivalidad del Ecuador y
Colombia hacia el Perú mediante la venta subrepticia de armas y
acuerdos secretos con esos países, en su afán de debilitar el accionar
diplomático del Perú que tenía, también, que hacer frente por el norte
a pretensiones amazónicas desmedidas por obra de Bolívar, sin contar
la competencia por el Acre.

Una vez que suscribió la paz con Bolivia en 1904, Chile se aprovechó
del entredicho con el Perú que provocó Bolivia al rechazar el laudo
arbitral del presidente argentino Figueroa Alcorta, para azuzar a ese
país a la guerra e inclusive venderle armas. Por cierto, ayudaba
indirectamente a esta manipulación interesada del vecino del sur el
hecho que el Perú accediera al siglo XX con una casta política
visiblemente mediocre e incapaz de poner fin al desgobierno y de
acometer con resolución la solución definitiva de algunos de los
diferendos limítrofes que se mantenía con los cinco países
fronterizos.

Cuando el presidente Augusto B. Leguía, el único estadista que ha
tenido realmente el Perú con prescindencia de sus maneras
dictatoriales, zanjó definitivamente en setiembre de 1909 las
fronteras con Brasil y Bolivia, tras una faena negociadora histórica
de tres semanas, la diplomacia chilena buscó arrinconar al Perú
exacerbando otra vez las pretensiones de Ecuador y Colombia, mientras
se esforzaba inescrupulosamente por consolidar sus posiciones en Tacna
y Arica. Basta traer a colación en abono de este aserto la tensión
bélica que vivió el Perú en la segunda década del siglo XX, en el
frente amazónico, con incidentes como el de "La Pedrera", o la ruptura
de relaciones diplomáticas y consulares con Chile, entre otros. Mas,
fue otra vez Leguía quien logró romper la secular inteligencia
colombo-ecuatoriana con el Tratado Salomón-Lozano, cuyo efecto
inmediato fue malquistar entre sí a esos dos países que en 1916 se
habían repartido a su regalado gusto la margen izquierda del río
Marañón-Amazonas, disponiendo sin ir muy lejos de la precaria posesión
peruana en Leticia. Asimismo, fue Leguía quien zanjó en 1929 de manera
definitiva la dolorosa cuestión de las provincias cautivas, logrando
el regreso de Tacna a la heredad nacional, aunque parcialmente
mutilada por culpa de la propensión usurpadora de los chilenos, como
lo prueban las azufreras de Tacora, ahora en poder de Chile y
arrancadas al Perú en la hora undécima.

A partir de ese momento, 1929, reducidas las aristas de confrontación
del Perú, el interés de la diplomacia chilena se centró, como es
lógico suponer, en soliviantar al Ecuador, único país con el cual el
Perú mantenía un diferendo limítrofe, como mejor manera de complicar
el accionar diplomático de Torre Tagle que debía, además, procurar la
plena y satisfactoria ejecución del Tratado Rada Gamio-Figueroa
Larraín. Tras el conflicto del Zarumilla en 1941 y producido el cese
de fuego, como lo detallo en mi libro "La negociación del Protocolo de
1942: mitos y realidades," la diplomacia chilena buscó afanosamente
con el apoyo del Ecuador, sumarse al trío de Estados (Argentina,
Brasil y Estados Unidos) que por años venían ejerciendo sus buenos
oficios para resolver la controversia limítrofe. No fue, dentro de
este contexto, un gesto altruista ni desinteresado de Chile; sino una
previsible maniobra, íntimamente ligada a sus pretensiones portuarias
en el Pacífico (no obstante mediar condiciones geográficas adversas)
que lo obligaban a poner cortapisas a la ejecución del artículo 5°
relacionado con el muelle de atraque a favor del Perú para así reducir
a la nada la ventaja arrancada por Leguía al final de la negociación
en 1929. Por eso, la venta de municiones y armamentos que hizo Chile
al Ecuador en 1995, en plena guerra del Cenepa, no fue un hecho casual
o accidental. Nada de eso, fue una acción deliberada propia de quienes
actúan con mentalidad usurpadora. Y si un japonés sin raíces peruanas
no le dio en ese entonces la importancia debida, esto no inhibe de
responsabilidad a quienes ejecutaron por esos días la política
exterior del Perú. Porque si en el caso de Argentina se ha llegado a
determinar que hubo una operación delictiva, conducida
clandestinamente, de allí el juicio al que fueron sometidos los
responsables; en el caso de Chile fue una acción consentida por su
propio gobierno, y esto es lo grave, al punto que a nadie en ese país
se le haya juzgado por ese hecho protervo y felón, una vez puesto en
evidencia.

La vinculación de su ambiguo papel de garante con la plena ejecución
del artículo 5° del Tratado de 1929 queda evidenciada cuando al año
siguiente de haberse concluido la paz con el Ecuador, en 1999, Chile
concluyó con el Perú un Acta de Ejecución destinada a cerrar la
controversia portuaria que fue la que mayores dificultades creó
durante la negociación del tratado entre noviembre de 1928 y mayo de
1929. Como era de esperarse, el Perú estuvo lejos de obtener en 1999
lo que Chile propuso originalmente al presidente Leguía, si se compara
el imponente muelle atribuido al Perú que figuraba en el plano del
desarrollo portuario de Arica entregado por el embajador chileno
Figueroa Larraín al mandatario peruano, en mayo de 1929, con el inútil
y dependiente mini-atracadero situado fuera del marco original de la
bahía de Arica que hoy se considera como el "muelle" peruano (véase
los anexos de mi libro sobre el Tratado de 1929).

Sin embargo, en honor a la verdad, no fue éste un logro reciente de la
diplomacia chilena, pues ya en 1964 y más tarde en noviembre de 1985,
Chile había sentado mañosamente las bases de esa nueva usurpación, una
vez que el taimado Ríos Gallardo intuyó en la década de los cincuentas
que el Perú había perdido el plano entregado a Leguía y, por lo tanto,
la diplomacia peruana desconocía ese importante compromiso. Claro que
lo mismo no puede decirse de quienes negociaron el Acta de Ejecución,
por cuanto quien esto escribe exhumó literalmente dicho mapa del
archivo central de Torre Tagle a fines de 1998, tras casi setenta años
de haber sido ignorado. Ergo, hay responsabilidad histórica por parte
de quienes en 1999 transigieron con la arremetida chilena a sabiendas
de que hacía trampa. Es más, hay razón para preguntarse si no era
mejor reabrir las negociaciones en materia de ejecución del artículo
5°, justamente porque existía, además, el problema colateral de la
delimitación de la frontera marítima con Chile, en el cual la
mentalidad usurpadora amenazaba inclusive con apropiarse del pequeño
triángulo de playa situado al norte del arco que sigue la línea
limítrofe y, por ende, peruano.

Para recapitular, ha sido la lógica implacable del teorema geopolítico
enunciado al inicio de este artículo, la que explicaría la
persistencia por parte de Chile en la observancia de esas constantes
de comportamiento en su relación con el Perú. Aparte de ser muy
redituable en términos territoriales, le ha permitido guardar
coherencia en su accionar, al margen del carácter civil o militar de
sus sucesivos gobiernos, dar continuidad a su diplomacia y ha hecho
previsible su proyección geopolítica. Obsesionados como siguen con ese
enemigo natural, algo que no ocurre en el Perú en que a un sector de
la burguesía le gusta ver a Chile como su aliado, el miedo a la
revancha es un fantasma omnipresente en los chilenos, como igualmente
lo es la gran amenaza que supone la reconstitución de la gran nación
andina.

De allí que la diplomacia chilena haga ahora todo lo posible por
profundizar la división entre los pueblos andinos (echarle la culpa al
Perú en la solución de la aspiración marítima de Bolivia, en virtud de
la cláusula cerrojo de su autoría incluida en el Protocolo
Complementario, es un ejemplo de ello), puesto que ha descubierto que
si quiere mantener cierta supremacía en esta parte de mundo, vale
decir asegurar su supervivencia, no tiene más remedio, ante la
imposibilidad de nuevas guerras de conquista, que transformar al Perú
y Bolivia, por lo menos en el corto y mediano plazo, en su hinterland
vital habida cuenta de la clamorosa carencia que adolece su tripa
territorial de recursos energéticos, hídricos y los limites
asfixiantes de su diversidad biológica. Y es aquí cuando el Perú debe
imaginar, concebir e implementar una política de respuesta y
contención igualmente duradera, ambiciosa y agresiva en diferentes
planos, sobre la base del principio rector que en los tratos con el
usurpador es éste quien tiene que hacer las concesiones y no al revés.

Desde este punto de vista, el problema de la delimitación marítima
debe involucrar a los Estados Unidos como árbitro por haber puesto
Chile en tela de juicio el punto final de la frontera terrestre que es
hacia abajo en el sentido del arco, y no del paralelo geográfico.
Asimismo, se debe reglamentar de conformidad con las disposiciones
constitucionales sobre seguridad y defensa la penetración chilena en
el sector terciario, principalmente de los servicios, teniendo en
cuenta los riesgos que entraña esa mentalidad usurpadora del
hinterland. No deja de ser paradójico que Chile figure como un
exportador mundial de maderas tropicales sin tener selva. Tampoco
parece lógico que el Perú venda gas a Chile para atender las
necesidades energéticas de los territorios que fueron usurpados, salvo
que pague el doble o le vendamos, mejor, energía eléctrica. En fin,
antes de poner una serie de etcs., se debe exigir a Chile que, sin
mayor dilación, proceda a la rectificación histórica brindando las
disculpas debidas y otorgando las reparaciones del caso por las
atrocidades cometidas durante la invasión usurpadora de 1879 y con
posterioridad hasta 1929, incluyendo la compensación a los peruanos de
Arica y parte de Tacna por sus propiedades privadas arrebatadas, la
edición de libros de historia que pinten los hechos tal como
ocurrieron para escarnio de sus llamados héroes, la supresión del
homenaje a sus glorias nacionales porque eso es una afrenta para el
Perú (sobre todo en el Morro de Arica), y la devolución de lo robado.
Pues no hay peor injuria que la subliminal, como lo ha demostrado ese
infamante vídeo de Lan, obra de imberbes. En Europa solo se ha podido
hablar de reconciliación una vez que los agresores han hecho propósito
de enmienda y han reivindicado la dignidad de los pueblos ofendidos.

Por último, sin ser menos importante, en cuanto al objetivo de la
reconstitución de la gran nación andina, que es lo que aterra a los
chilenos, éste solo podrá ver la luz si los prolíficos pueblos andinos
en los tres países involucrados ponen el sincretismo histórico al
servicio del mandato telúrico.
……………………………………….
Embajador, autor de los libros "El Protocolo de 1942: mitos y
realidades." (Academia Diplomática del Perú, 1997), "El Tratado de de
1929. La otra historia." (Congreso de la República, 2000), y "Las
veleidades autocráticas de Simón Bolívar.- Tomo I: La usurpación de
Guayaquil" (Aleph, a publicarse este mes de junio), entre otros.
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Friday, December 05, 2008

El Soldado Desconocido y la Rabona Heroica

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
12-8-2008

El Soldado Desconocido y la Rabona Heroica

¿Pudo Chile haber tenido mejor aliado que el megalómano asaltante del
poder en Lima, Nicolás de Piérola? Hizo cuanto le fue posible para
desabastecer, desorganizar, desmoralizar al ejército del sur y
focalizó en Lizardo Montero su miedo, ineptitud, estupidez, privándole
de refuerzos, armas, bestias, dinero y, sobre todo, respaldo en plena
guerra. Los acontecimientos pesarosos de Tacna y Arica así lo prueban
y todo señala con el dedo acusador al diminuto dictador cuya
responsabilidad ha sido difuminada por la historiografía oficial,
blanca y sesgada.

Derrotado el Huáscar el 8 de octubre de 1879, hundida en mayo la
Independencia y detenida por casi seis meses, la invasión terrestre
del Perú era parte de la guerra de invasión de Chile planeada con
detenimiento, apoyo inglés e intereses mayúsculos en el guano y el
salitre. No fue Bolivia ni su territorio aledaño al mar, fue Tarapacá
y a la postre Arica las prendas de guerra, ricas y no negociables, las
que ambicionaba y de las que se apoderó el enemigo.

Los prefectos que nombraba Piérola cumplían fidelidad hacia él, pero
en desmedro de cualquier gloria del ejército del sur. Es decir Montero
y su gente estaban condenados a perder en el campo de batalla,
también, lo que en el campo de la logística había determinado un civil
golpista y que fungió de director general de guerra.

En Tacna, como en Arica, en el Alto de la Alianza como en el Morro,
sobresalió, cuasi desnudo y sin balas, por su valor epónimo,
constancia, heroísmo y empuje, el Soldado Desconocido y cuando cayó
derrumbado por proyectil enemigo, la Rabona Heroica empuñó el fusil y
peleó reemplazando al compañero muerto y en muchos casos sacrificando
la vida por la patria. Constantes, firmes, recurrentes, sus rostros
indefinidos, que podrían ser la de millones de peruanos a lo largo y
ancho del país, corren, disputan, disparan, una y mil veces en los
campos de batalla dándole gloria al hombre y mujer de abajo que debió
vibrar al compás de una sangre indomable que moría pero sin rendirse.

Pocas semanas atrás en el programa televisivo Fuego Cruzado enuncié
que la nación aún debía ese gran homenaje al Soldado Desconocido y a
la Rabona Heroica, verdaderos e inconfundibles peruanos guerreros.

En el Alto de la Alianza sucedió el prolegómeno del derrumbe total del
ejército aliado. Piérola desde Lima instruía para que el flamante
presidente boliviano Narciso Campero liderase las fuerzas conjuntas.
¡No, de ninguna manera, podíase suponer que al frente de los soldados
podía aparecer el dictador de juguete! ¡Ni siquiera quiso premunir al
ejército del sur del mínimo necesario para afrontar el compromiso en
circunstancias honorables! Si en Tacna murieron miles de hombres y
mujeres, no era sino la parte inicial de la tragedia terrestre sobre
la cual, los desaciertos del dictador imponían la firma indeleble que
la historia oficial se ha negado a señalar y denunciar. ¿Qué han hecho
los historiadores?: maquillar dibujando volutas de cuanto aconteció
porque acaso una traición meditada no alcanzaría ribetes de tanta y
tan letal perfección.

Las finanzas nacionales no podían ir peor. Cerrado el crédito
internacional, las arcas exhaustas, con un festival de decretos y
hasta de actos inverosímiles, Piérola se había inventado hasta un
"derecho" a señalar sucesor en cualquier contingencia, no podía haber
sino el destino inevitable a que nos condujeron los sucesivos
gobernantes del Perú desde 1821.

En Arica la superioridad numérica del enemigo se impuso. Para los
fastos de la historia la heroicidad peruana tuvo en el Soldado
Desconocido y en la Rabona Heroica instantes de consagración devota
por los propósitos de la patria. En Bolognesi, Ugarte, Moore, lampos
de gloria y civismo. El deguello por parte del invasor chileno de los
heridos y sobrevivientes, muestra el salvajismo primitivo que
sucesivas promociones de panegiristas han pretendido nombrar como
parte de un comportamiento de guerra. En esas pampas y altiplanicies
está firme como inolvidable, la sangre patriota vertida en defensa del
Perú.

La campaña del Sur demostró la existencia de muchos Perúes y de
severas fracturas entre los dirigentes de Lima, citadinos y díscolos y
el interior más cercano a la tierra y habitante de su chacra,
productor, pescador, labriego humilde o arriero de acémilas con rumbos
conocidos. El mosaico nacional apareció nítido e inconfundible. No
obstante ¿qué hicieron las clases dirigentes, limeñas y provincianas?
¡Nada de nada! Persistieron en la mansedumbre que el abusivo
interpreta como servilismo y que Chile manejó con un concepto guerrero
e invasor.

¿Para qué Perú habíase metido en una alianza con Bolivia que nos
introdujo en una guerra de la cual nuestro país salía muy herido y
merced a la que Bolivia no perdía nada? Sus terrenos aledaños al mar
ya eran mayoritariamente habitados por chilenos y ¿qué ventaja nos
daba ese pacto secreto de 1873 que nos generó la invasión del país y
la pérdida definitiva de Tarapacá y Arica?

Uno de los capítulos más ocultos de la historia nacional pasa por la
explicación razonable del tratado secreto. No lo era tanto, ya había
sido publicado en una revista estadounidense sobre diplomacia entre
los años que van desde su firma entre Perú y Bolivia hasta el
principio de la guerra en 1879. ¿Por causa de qué se ha dicho que la
misión de Lavalle en abril de ese año a Valparaíso y Santiago
constituyó una habilidad diplomática? ¿No fue más bien una torpeza?
¿No fue ese mismo Lavalle el firmante del traidor tratado de Ancón de
1883?

¿Quién le cuenta al Perú por causa de qué el primer presidente civil
Manuel Pardo echó a la basura la solicitud urgente y estratégica de
Miguel Grau para la construcción de los blindados que equilibraran el
poderío chileno absolutamente conocido? ¿cuáles fueron los intereses
que se jugaron entonces? ¿no era el Perú de arriba contra el Perú de
abajo que ayer como hoy, nada decidía, todo lo sufría y todo lo
pagaba?

Luego de largos meses de torpeza y sólo después de derrotado el
Huáscar en octubre de 1879, Chile se atrevió a invadir Perú y en ese
año de 1880, Tacna y Arica surgirían como los emblemas de cómo lucha
la gente de un país desorganizado, hundido en la bancarrota por culpa
exclusiva de las élites corruptas. La maquinaria de guerra chilena
había analizado y espiado con detenimiento las fallas locales y no
hizo sino empujar un castillo de naipes pegado con materiales
vulgares. La argamasa sólida de una nación no se hace con cobardes ni
con falta de inteligencia. Aquí ambas taras sobraron desde siempre.

No obstante los baños de sangre que acontecieron en Tacna y Arica hay
que preguntarse del porqué de muchas cosas que nunca han tenido
respuesta, al menos las que el grueso del pueblo peruano anhelaba como
parte del conocimiento histórico a que tiene derecho. Sin embargo
hasta hoy, en medio de tanta modernidad y rapidez en las
comunicaciones, las respuestas no llegan.

Por las calamidades del olvido, también permanece en el claroscuro el
papel que cupo al constructor de ferrocarriles Henry Meiggs que trajo
al Perú nada menos que durante el gobierno de José Balta la cantidad
de 20 mil ó más trabajadores chilenos. ¿Cuántos espías hicieron sus
delicias sin que nadie les molestara? ¿no fue acaso un hacendado
inglés cómplice de proporcionar planos en las puertas de Lima en enero
de 1881?

¿Cómo pudo una civilidad que apenas si había oído hablar de Chile y
divorciada desde el interior con la Lima de entonces, en cuyo vientre
funcionaba un gobierno producto del asalto del 21 de diciembre de
1879, en plena guerra y con un dictador de opereta, Nicolás de
Piérola, dar tanta cuota de sacrificio, sangre y honor en defensa de
un país oficial que no los consideraba como peruanos? ¿sino como
esclavos o inferiores?

Un Perú desde abajo y desde adentro insurgió bien sea como soldado,
apoyo, rabona, resistencia, cocina, zapatería o costurería y hasta
primeros auxilios, dando la mano, el brazo y el pecho, al esfuerzo de
guerra. Un Perú indio, cholo, mestizo, provinciano, acudió al clarín
guerrero y en defensa de la patria cuando así se le demandó con el
enemigo en la puerta de las ciudades que habían de invadir, saquear y
asesinar. No obstante, el Soldado Desconocido y la Rabona Heroica
dieron todo de sí y hasta hoy Perú no rinde el gran homenaje a que
tienen pleno derecho los pueblos de toda la nación.

Thursday, December 04, 2008

Contraloría: ¡un fiasco lleno de irregularidades!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
4-12-2008

Contraloría: ¡un fiasco lleno de irregularidades!

El cubileteo cuasi secreto y nada transparente para producir la terna
de la cual ha de escogerse al nuevo contralor es rico en
irregularidades. Los integrantes de la famosa comisión, Cecilia
Blondet, Richard Webb, el padre Garatea, Beatriz Boza, han hecho tabla
rasa de las bases del concurso. ¿Cómo hablar de lucha contra la
corrupción si lo que su cometido fue simplemente corromper, ensuciar,
empuercar el proceso? Esto es un escándalo intragable y haría bien el
presidente García en observar el gravísimo hecho. Aquí los detalles
que revelan la fragilidad irresponsable de los hechos.

1) Khoury Zarzar, Fuad.- Se presentó de manera individual cuando las
bases exigían que todos los candidatos fueran patrocinados por alguna
institución. No debió ni siquiera ser inscrito porque no cumplía uno
de los requisitos de la convocatoria. Sin embargo, la comisión burló
sus reglas y lo evaluó. Primera gran irregularidad que, de hecho,
invalida la selección de ese candidato.

2) Ugarte Vásquez Solís, Mayen Lucrecia.- ¡Un fiasco impresionante!
Nunca se inscribió como mandan las bases. Ahora la Comisión dice que
la invitaron. ¡La invitaron a espaldas de todos los candidatos! ¿En
qué parte de la convocatoria al concurso se habla de invitados?
¿cuándo los miembros de la comisión anunciaron que se invitarían otros
candidatos?: pues nunca. Engañaron, aviesamente, a los candidatos que
se inscribieron y a la propia opinión pública.

Pero lo peor de todo es que la señora Ugarte ha sido invitada por la
comisión porque es íntima de Beatriz Boza, miembro de la comisión
evaluadora. En la página web de Ciudadanos al Día presidida por Boza,
su nombre aparece muchas veces ligada a actividades de esa
organización. Eso demuestra que Ugarte le hace trabajos a Boza y que
ambas están laboral o de alguna manera similar, ligadas.

Es más, en marzo, Ciudadanos al Día suscribió un convenio de
cooperación para buenas prácticas ciudadanas con la Defensoría del
Pueblo y Ugarte encabezó el equipo técnico en representación de
Ciudadanos al Día. Puede comprobarse haciendo una búsqueda simple en
Google. Además está el hecho que es Gerente General de Governa, una
empresa que ha tenido múltiples contratos con el Estado peruano.

Más aún, la Contraloría señala para El Comercio que respecto a esta
señorita no fue consultada, como en los otros casos.

¡Envidiables las buenas prácticas ciudadanas de Beatriz Boza y Mayen Ugarte!

3) Suárez Velarde, Ingrid Soraya.- Es la Nº 144 y fue presentada por
el partido político Renovación Nacional agrupación de Rafael Rey. Esto
contradice todo lo dicho por los miembros de la comisión, el primer
ministro y el propio Alan García que anunciaron que el próximo
Contralor debía tener independencia política. ¿Cómo mostrar
independencia si milita en la agrupación que lo presentó? Ver listado
de candidatos en la propia página web de la PCM.

Es decir, se dice una cosa y luego hacen otra. No hay una línea de
conducta ni son honestos con sus ofertas.

La terna entonces tendría esta configuración:

1) Fuad Khoury, candidato de Webb. Recordemos las vinculaciones
empresariales del Interbank con el mencionado.
2) Ingrid Suárez, candidata de Rafael Rey, quien antes se postuló para
Contralor.
3) Mayen Ugarte, candidata de Boza y Blondet, ambas conspicuas oenegistas.

El padre Garatea estuvo pintado. Los demás candidatos solamente
sirvieron de relleno.

¿Hasta dónde dura este circo con tres candidatos ilegítimos y
violadores de las propias bases de independencia planteadas desde el
comienzo? ¿Y se pretende que de una pútrida línea de conducta salga el
que deba ser Contralor General de la República? ¿otro Matute que no
ve, no oye y calla todo? ¡Qué desverguenza impresionante!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Wednesday, December 03, 2008

¿Recordarán los del sur estas verguenzas oficiales?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
3-12-2008

¿Recordarán los del sur estas verguenzas oficiales?

Como en Chile está de moda tomar asuntos baladíes, privados, inanes en
forma de ofensas como si la historia de nuestra difícil vecindad no
fuera sino el acopio de múltiples abusos, violaciones, irrespetos
-siempre bajo su altanería de país vencedor de una guerra de invasión,
la de 1879-1883- bien vale la pena que nos digan ¿qué opinan sobre
estos hechos oficiales, denunciados por su propia prensa y que
configuraron la muy deplorable circunstancia de ser proveedores de
armas siendo garantes del Protocolo de Río de 1942?

En realidad lo de estos últimos días ha tenido, también la virtud de
recordar que a cierto legiferante se le da el trato que merece: a
Gustavo Espinoza no se le saluda, se le escupe como a todos los
traidorzuelos y quintas columnas que parecieran solazarse en la
torpeza verbal y dicharrachera tan común cuando se trata de ambos
países pero sólo hacen escándalo aquí.

¿Qué harán los quintacolumnas en los próximos meses de confrontación
jurídica en La Haya? ¿saldrán en marchitas y con las masas arrastradas
por las organizaciones de nuevos gángsteres que sólo viven a condición
de tener dólares y euros y de trabajar para el imperialismo? ¡Bah, a
los proditores hay que pulverizarlos! Son la imagen rediviva y sucia
de los Iglesias, de los Piérolas, de todos los que empataron sus
cobardías con los invasores que se quedaron en Perú produciendo una
violencia criminal y sólo sostenida por el dudoso argumento de la
conquista. Hechos que los historiadores plásticos han cubierto de
toneladas de castillos verbales, todos mentirosos.

Leamos cómo es que ocurrieron hechos sobre los que Chile se ha negado
a dar explicaciones. O excusas. Las mismas que hoy "reclama" bajo el
misil que Perú debe mandar al retiro al general Donayre. Obviamente no
es posible dejar de decir que quien siembra viento, cosecha
tempestades y que la bestialidad al alimón en que incurrieran el
canciller García Belaunde y el mandatario García Pérez, constituye una
aberración del peor gusto y del más alto servilismo condenable desde
todo punto de vista.

Leamos. (hmr)

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-4-2007

Chile sí vendió armas a Ecuador en 1995

Apareció el 8 de los corrientes en La Tercera de Chile –consignada
aquí el 9, por El Comercio- la siguiente información bajo el título:

"Informe confirma que Chile sí vendió armas a Ecuador en 1995:
por Moisés Ávila Roldán, Corresponsal

SANTIAGO DE CHILE. Durante la madrugada del 31 de enero de 1995,
mientras el Perú y Ecuador se enfrentaban en el conflicto fronterizo
del Alto Cenepa, dos aeronaves Hércules ecuatorianas aterrizaban en el
Grupo 10 de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), ubicado en Santiago. Su
misión: recoger pertrechos militares que este país vendió para seguir
enfrentando al nuestro, a pesar de las prohibiciones que había
impuesto la ONU.

Esta información, contenida en el último informe elaborado por la
Brigada Investigadora de Lavado de Activos (Brilac), contradice la
presentada al Perú, en marzo de 2005, por el entonces ministro de
Defensa de Chile, Jaime Ravinet. Este señaló que solo se registró una
autorización de exportación de material bélico (el 12 de setiembre de
1994) y aseguró "que Chile otorga plena seguridad de que no se
entregaron dichas municiones mientras estaba el conflicto".

La indagación fiscal, publicada ayer por el diario "La Tercera",
señala que dos aviones Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Ecuatoriana
arribaron al Grupo 10 después de la medianoche y despegaron casi dos
horas después.

Llevaban fusiles, municiones, subametralladoras, cargadores, cohetes
LAW, visores nocturnos y raciones de combate. Para ello se dispuso la
suspensión temporal de los vuelos comerciales en el aeropuerto de
Santiago, así como la orden de operar con el mínimo de luces mientras
se efectuaba el aterrizaje y despegue de las aeronaves ecuatorianas.

Según el ex jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército, general
Eugenio Covarrubias, fue el agregado militar de Ecuador en Santiago,
coronel Nairo Fernando Velasco, quien acudió en 1994 a su oficina para
pedirle ayuda con el argumento de que el Perú los iba a invadir.

El documento, con todos los pormenores de la negociación, está en
manos del juez Juan Escobar, quien deberá interrogar a las autoridades
civiles y militares que en 1995 habrían tenido conocimiento de la
operación.

Para recordar

-En un comunicado que emitió la cancillería peruana en junio de 2005,
se dejó en claro que fue el propio subsecretario de Relaciones
Exteriores de Chile quien confirmó al embajador del Perú en Santiago
(el 2 de febrero de ese año) que sí se entregó material militar a
Ecuador durante el conflicto y que su gobierno iba a tomar medidas
para impedir otras operaciones de esta naturaleza.

-A pesar de la "nota de protesta y extrañeza" enviada por el Perú al
Gobierno Chileno, en el 2005, en la que se lamenta que se haya
incurrido en dicha operación a pesar de ser un país garante del
Protocolo de Paz firmado por el Perú y Ecuador en 1942, el país del
sur no alteró su versión oficialmente."

¿Qué dijo Perú en el 2005?

29 de abril de 2005

Perú confirma que Chile entregó armas a Ecuador en pleno conflicto del
Cenepa

Gobierno peruano presentará Nota de Protesta a Chile

COMUNICADO OFICIAL RE 06-05

En relación a las informaciones sobre venta de material bélico por
parte del Gobierno de Chile al Gobierno del Ecuador en los años 1994 y
1995, los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Defensa han
finalizado las indagaciones correspondientes y ponen en conocimiento
de la ciudadanía sus resultados.

1. A partir del día 4 de febrero de 1995 informaciones periodísticas
dieron cuenta de que el Gobierno de Chile habría "vendido armas al
Ecuador durante el conflicto armado, siendo garante del Protocolo de
Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro, suscrito por el Perú y el
Ecuador en 1942". El 5 de febrero de 1995 el Ministerio Secretaría
General de Gobierno de la República de Chile efectuó una declaración
pública en la que señaló que sólo tenía registrada una autorización de
exportación de material bélico al Ecuador fechada el 12 de setiembre
de 1994. La citada declaración pública señaló, asimismo, que "la
entrega de este material se ha realizado conforme a las prácticas
internacionales habituales en este tipo de operaciones comerciales y
sus detalles revisten carácter reservado", así como que "es
completamente inefectivo que este material haya sido retirado de la
base aérea Los Cóndores de Iquique o de cualquier otra base militar
aérea chilena".

2. El Gobierno del Perú de ese entonces no se pronunció sobre estos
hechos de manera oficial. Sólo se ha registrado una declaración
periodística del ex presidente Fujimori reproducida en el diario La
Época, el 12 de febrero de 1995, cuya trascripción literal es la
siguiente: "no conozco si ha habido operaciones de venta de armas por
parte de Chile; no tengo pruebas que evidencien esa venta, tanto del
sector privado como del estatal, pero entiendo que del sector estatal,
al menos en este momento, se han suspendido todas las ventas".

3. Esta percepción pública sobre la venta de municiones celebrada en
septiembre de 1994, conforme a la Declaración del Ministerio
Secretaría General del Gobierno de Chile, persistió hasta el 21 de
marzo de 2005, fecha en la que en una entrevista el General Víctor
Manuel Bayas, ex Comandante General del Ejército de Ecuador en
funciones en esa época, declaró que Chile entregó armas al Ecuador
durante el conflicto.

4. En una entrevista al diario El Comercio de Quito, el General Bayas
manifestó que "se compraron armas a Chile, incluso hubo declaraciones
por parte de las autoridades de ese país indicando que era un
compromiso anteriormente adquirido, por eso entregaron las armas a
nuestro país". Preguntado sobre si las armas se compraron durante el
conflicto de 1995, respondió "sí, fue un contrato con los militares
durante el conflicto".
Posteriormente, el Coronel Ernesto Checa, Agregado Militar del
Ecuador en Chile durante el conflicto, señaló, el 11 de abril de 2005,
que Chile entregó al Ecuador, además de municiones, fusiles y visores
nocturnos. Ambas manifestaciones afirmaron que la entrega de armas
ocurrió durante el conflicto armado con el Ecuador. El General Bayas
en otra declaración pública el lunes 21 de marzo del presente año
expresó que "las autoridades del hermano país (Chile) se han referido
con toda amplitud a los hechos; por cuanto los mismos se sujetan
estrictamente a la verdad, debo manifestar que ese pronunciamiento
oficial del hermano país deja explícitamente agotado el tema".

5. Estas declaraciones introdujeron elementos nuevos en el
conocimiento público de los hechos, pues habría la posibilidad que se
hubiese entregado o contratado material bélico durante el conflicto
armado. Dada la seriedad del fondo de la cuestión, el Gobierno del
Perú solicitó por vía diplomática la investigación correspondiente al
Gobierno de Chile. En ese mismo sentido, entregó a la Embajada de la
República de Chile en Lima la Nota RE(GAB) No. 6-4/36, del 22 de marzo
de 2005.

6. El Gobierno de Chile, a través del Ministerio de Defensa, emitió
una declaración, el 22 de marzo de 2005, en la que reitera la
Declaración de 1995 del Ministerio Secretaría General de Gobierno, en
el sentido que sólo se registró una autorización de exportación de
material bélico, el 12 de septiembre de 1994, y que ésta se refirió
exclusivamente a la venta de municiones a las FF.M. ecuatorianas.

7. El 28 de marzo del 2005 una nota de prensa del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Chile señaló que el Ministro de Defensa,
Jaime Ravinet, informó que "Chile ya entregó una completa información
al Perú tras la investigación correspondiente respecto del
requerimiento del Gobierno peruano, a raíz de las declaraciones del ex
Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, Víctor
Manuel Bayas", añadiendo que "Ravinet destacó categóricamente que
Chile otorga plena seguridad de que no se entregaron dichas municiones
mientras estaba el conflicto".

8. La completa información a que se refirió el Ministro de Defensa del
Gobierno de Chile fue remitida al Ministro de Defensa del Perú el 22
de marzo del presente año y consiste única y exclusivamente en dos
documentos públicos: la Declaración Oficial del Gobierno de Chile de
fecha 05 de febrero de 1995 y la Declaración del Ministerio de Defensa
Nacional de fecha 22 de marzo del 2005. El Gobierno del Perú considera
que estos documentos constituyen una información insuficiente.

9. El resultado de las indagaciones efectuadas por el Gobierno del
Perú, incluido el registro de las comunicaciones que obran en sus
archivos, indican de manera fehaciente que por lo menos se entregó
durante el conflicto armado material militar consistente en municiones
de 9mm, en un número indeterminado. Para lo cual, dos aviones de la
Fuerza Aérea ecuatoriana C-130 aterrizaron en territorio chileno,
cargaron el material y lo transportaron a Ecuador.

10. La Fuerza Armada Peruana tuvo en esa oportunidad también la
información adicional que otros tres aviones de Ecuador tenían
previstos vuelos con similar destino y propósito.

11. La entrega de este material militar durante el conflicto armado
fue confirmada por el Subsecretario de Relaciones Exteriores de Chile
ante el Embajador del Perú en Santiago, el 02 de febrero de 1995. El
Subsecretario de Relaciones Exteriores de Chile expresó, asimismo, su
preocupación y presentó excusas, asegurando al Embajador del Perú que
su Gobierno había tomado inmediatas medidas para impedir otras
posibles operaciones de esta naturaleza.

12. Posteriormente, el 11 de febrero de 1995 las Fuerzas Armadas del
Perú registraron información sobre eventuales adquisiciones el 29 de
enero de 1995: 15,000,000 munición 5.56; 22,000 granadas 4.2 HE;
1,000,000 munición 0.50; 1,000 munición Mort. 81,60; n/d granadas 90mm
para tanque; n/d granadas incendiarias 105 mm; n/d misiles A/T (US$
11,500 c/u); 30,000 granadas 40mm HE; 30,000 minas Claymore.

13. El Gobierno del Perú lamenta profundamente que el Gobierno de
Chile, siendo garante del Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río
de Janeiro suscrito en 1942, haya entregado material militar al
Gobierno de Ecuador durante el conflicto armado. El Gobierno de Chile
debió haber mantenido la más absoluta neutralidad, si se considera
que el Protocolo de Río además de ser un tratado de límites es un
tratado de paz. Este hecho daña irreparablemente el ejercicio de la
garantía por parte del Gobierno de Chile. Constituye, adicionalmente,
un acto que no se condíce con los principios, reglas y normas que
obligan a los Estados, especialmente a los Estados vecinos, en el
marco de una relación de amistad, cooperación y respeto, conforme la
Carta de las Naciones Unidas y la Carta de la Organización de los
Estados Americanos.

14. El gobierno del Perú procederá a entregar una nota de protesta y
extrañeza al Gobierno de la República de Chile, por los hechos
reseñados en el presente comunicado.

Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú
Ministerio de Defensa del Perú

Afirmaron autoridades chilenas a nuestra representación diplomática en
Santiago el 3-2-1995:

"….tercero: En horas de la tarde, el director de inteligencia de la
Fuerza Aérea Chilena le comunicó telefónicamente a nuestro Agregado
Aéreo, que efectivamente los dos aviones de la Fuerza Aérea
Ecuatoriana habían partido del territorio chileno y que el proposito
de su misión me iba a ser informado por la cancillería chilena.

cuarto: A las 21 horas recibí una llamada telefónica del Subsecretario
Fernández, quien posteriormente se apersonó a la residencia de esta
embajada para informarme que el Gobierno y la Cancillería se han
interesado mucho por verificar lo que yo había señalado y que a ese
propósito él había solicitado toda la información disponible. Según
Fernández, el 12 de setiembre pasado, el gobierno del Ecuador, con la
intervención de un abogado local, suscribió un contrato con la Fábrica
de Armamento y Maestranza del Ejército (Famae), para la adquisición de
munición de 9 mm. El gobierno ecuatoriano canceló el monto al que
ascendía el citado contrato de compra-venta y durante algún tiempo no
procedió a recoger la munición adquirida, habiendo desplazado en el
curso de "esta semana sus aviones para trasladarla. A fin de hacer
efectiva la operación, la parte ecuatoriana", según me informa
Fernández, recurrió al abogado que los había asesorado en la
suscripción del contrato, quien exigió el cumplimiento del mismo.

quinto: Según Fernández, una vez en Chile los militares ecuatorianos
que viajaban en el avión solicitaron la adquisición de otro tipo de
armamento lo cual no fue aceptado.

sexto: El Subsecretario Fernández me manifestó su preocupación y
presentó excusas por lo que califico "falta de prolijidad y
coordinación y que lamentaba profundamente" la inoportunidad lo cual
iba a causar evidente incomodidad". Sin embargo me dijo que habían
tomado inmediatas medidas para impedir otra posibles operaciones de
esta naturaleza asegurándome que no hay programadas otras ventas de
las fábricas de armamento chileno al Ecuador, ni previstos vuelos de
aviones ecuatorianos. Igualmente, me dijo Fernández que se ha
dispuesto que todo permiso de sobrevuelo y aterrizaje de un avión
extranjero sea puesto en conocimiento de la cancillería, para su
evaluación.

séptimo: Para evitar sorpresas, me comentó el Subsecretario, en otra
venta de "FAMAE" a un país del medio oriente, consistente en armas
cortas, habían tenido un especial cuidado en verificar debidamente el
certificado de último destino.

octavo: Por último, me señaló que a él y al canciller Insulza les
había preocupado mucho esta incomoda situación y que estaban tomando
las disposiciones del caso para reformar la ley de ventas militares en
el sentido de que éstas no podrían realizarse a países en conflicto y
a países de América del Sur.

noveno: Expresé al embajador Fernández que éste era un hecho muy
lamentable ya que la coincidencia de la concreción de esta venta con
el conflicto en la zona de frontera peruano-ecuatoriana nos afectaba
directamente, y hubiéramos deseado una mayor coordinación y cuidado
atendiendo a los vínculos que tiene Chile con el Perú y con el
Protocolo de Río de Janeiro.

Alfonso Rivero Monsalve"

¿Qué expresó el gobierno de Chile, 5-2-95?

"Declaración pública

En relación a informaciones del cable, que recogen noticias publicadas en un
periódico peruano*, el Ministerio SGG estima necesario declarar lo siguiente:

1. Es falso que Chile con ocasión de las hostilidades bélicas que
comprometen a Ecuador y Perú, haya procedido a vender armas a alguno
de dichos países.

2. Conforme a nuestra legislación, tanto las fábricas estatales como
privadas que producen material bélico, pueden realizar actos de
comercio internacional, para lo cual deben ajustar sus procedimientos
a lo que la ley y el reglamento establecen.

3. En esa virtud se ejecutan operaciones de exportación a diversas
naciones, entre las cuales existen varios países del área.

4. En el caso específico de los países en hostilidades sólo se
registra en los últimos 12 meses, una autorización de exportación de
material bélico, dictada por el Ministerio de Defensa el pasado 12 de
setiembre de 1994. Con posterioridad a esa fecha no se ha autorizado
exportación alguna ni a Ecuador ni a Perú. Cabe consignar que el país
de último destino de la autorización de setiembre pasado fue Ecuador.

5. La entrega de este material se ha realizado conforme a las
prácticas internacionales habituales en este tipo de operaciones
comerciales y sus detalles revisten carácter reservado.

6. Es completamente inefectivo que este material haya sido retirado de
la base aérea Los Cóndores de Iquique o de cualquiera otra base
militar chilena.

7. A mayor abundamiento debemos señalar que el material exportado,
previa la autorización de rigor, forma parte de los efectos de un
contrato suscrito entre FAMAE y el Ejército ecuatoriano cuyos orígenes
se remontan a 1977.

Por último, el Gobierno de Chile declara su compromiso y conducta es
asumir lealmente todos los esfuerzos para poner término a las
hostilidades entre Ecuador y Perú, dando así cabal cumplimiento a
nuestra tradición de paz y a nuestra invariable disposición de pleno
respeto a los tratados internacionales.

Santiago, 5 de febrero de 1995.

*La República, 4-2-95: "Chile vende armas a Ecuador siendo garante del
Protocolo".

Más comunicaciones desde Chile, el 10-2-95:

"Antes de partir en viaje oficial a la Unión Soviética el canciller
interino, Mariano Fernández, me llamó por teléfono para manifestar¬me
que, en torno a las preocupaciones que yo le había manifestado sobre
la presencia en el exterior de misiones ecuatorianas dispues¬tas a
comprar armamento en el mercado negro, el gobierno chileno había
tomado "medidas extremas" para impedir cualquier intento de
adquisición de armamento o de otros elementos que puedan ser
uti¬lizados por las Fuerzas Armadas del Ecuador "se ha establecido un
mecanismo de control que llega hasta los detalles mínimos", me
comentó.

segundo.- Posteriormente, me señaló que a su juicio, en medio de la
preocupante situación que significa el conflicto en curso, es posible
prever que una vez restablecida la paz podría generarse un clima
favorable para concluir la demarcación pendiente en 78 kilómetros de
la frontera peruano-ecuatoriana. Según Fernández, no se debería
desperdiciar la oportunidad para culminar un proceso cuya
posterga¬ción ha sido causa de tantos enfrentamientos.

Alfonso Rivero Monsalve"

¡Escandalosa revelación en España!

En el diario La Vanguardia de Barcelona, apareció el 10 de junio de
1996, la siguiente información: "Chile rompió su neutralidad en la
"guerra del Cóndor" al suministrar armas a Ecuador

El Ejército chileno vendió fusiles chinos y argentinos tomados por
Londres en Malvinas
Alberto Míguez

Madrid.- Ecuador utilizó fusiles de asalto argentinos FAL (fusil de
asalto ligero), de patente belga, en la llamada "guerra del Cóndor"
contra Perú a principios de 1995. Estos fusiles fueron confiscados por
las fuerzas del Reino Unido en las islas Malvinas y Sandwich al
derrotado Ejército argentino y posteriormente "regalados" a la Famae
(Fábricas y Maestranzas del Ejército de Chile), que a su vez los
vendió al Ejército ecuatoriano.

La Famae, un organismo dirigido por el brigadier Luis Irazábal Lobo,
vendió armas ligeras a Ecuador por un montante superior a los dos
millones de dólares, entre las cuales había 5,000 AK47 de fabricación
china (imitación del modelo soviético kalashnikov) y 2000 del modelo
FAL.

Operación triangular

Las armas chinas fueron producto de una operación triangular entre la
Norinco (agrupación de fabricantes chinos de armamento), la Famae y
las Fuerzas Armadas ecuatorianas.

La Norinco es una vieja conocida de los militares chilenos, porque
desde el golpe de Estado del general Pinochet (11 de setiembre de
1973) y ante el embargo que la Administración de Estados Unidos impuso
a la venta de armas al régimen, las operaciones entre Pekín y Santiago
menudearon. La República Popular China fue el único país comunista que
mantuvo (e intensificó) las relaciones diplomáticas y de todo tipo con
el régimen del general Augusto Pinochet.

En la venta de los kalashnikov chinos a Ecuador, el brigadier Irazábal
consiguió un excelente precio para sus "clientes" ecuatorianos: 135
dólares unidad. Los FAL argentinos (un modelo mucho más modernos y
sofisticado si se compara con los subfusiles chinos) se vendieron, en
cambio, a 800 dólares cada pieza. Fuentes del espionaje aseguraron que
la operación se hizo sin conocimiento del Gobierno chileno y que en
ella intervinieron solamente militares ligados a la Famae.
Aparentemente, el presidente Eduardo Frei no fue informado de la
operación, entre otras razones porque la hubiera rechazado, dado que
suponía en peligro la neutralidad chilena en el conflicto.

Estados Unidos, Brasil, Chile y Argentina son los países garantes del
Protocolo de Río del año 1942 (protocolo de paz, amistad y límites
entre Perú y Ecuador) y en marzo de 1995 enviaron observadores
militares para controlar el respeto de los acuerdos de Itamaraty
(Brasil), firmados el 17 de febrero del año 1995 y ratificados en
Montevideo el 1 de marzo del mismo año. Estos acuerdos prevían la
separación de fuerzas y la desmilitarización de la zona (cordillera
del Cóndor) donde se produjeron los enfrentamientos a causa de los 78
kilómetros de frontera común mal delimitados.

Meses después de concluidas las hostilidades, se aseguró que también
Argentina había vendido armas, municiones y pertrechos al "adversario
histórico" de Chile, Perú, durante esta breve y mortífera guerra. Los
gobiernos de Argentina y Chile reiteraron, sin embargo, en todo
momento y públicamente su no alineamiento en el conflicto
ecuato-peruano.

La zona que durante estos años años ha supuesto un núcleo de fricción
entre Perú y Ecuador es una región selvática en la que se sospecha que
hay importantes reservas de oro, uranio o petróleo. Sí se han hallado
yacimientos de oro a uno y otro lado de la frontera, pero ninguno en
la zona en litigio".

Desidia del japonés

Que el nipón Kenya Fujimori, funcional amigote del gobierno de La
Moneda, no dijera gran cosa sobre la circunstancia durísima que
implicaba atropellar como país garante la neutralidad como lo hacía
Chile en 1995 vendiendo armas a Ecuador en pleno conflicto, extraña
menos por obvias razones, que lo acontecido con la diplomacia
profesional cuyo único propósito debía haber sido defender a capa y
espada al Perú. ¿Fue eso lo que hicieron los representantes de Torre
Tagle? En ese acápite, y como resulta casi siempre, hay mucho pan por
rebanar. Y bastantes responsabilidades aún por deslindar y castigar
ejemplarmente. Como en Perú entendemos las cosas al revés, pareciera
que esa regla fatídica nos persigue con saña: Alfonso Rivero Monsalve,
el capo di tutti di cappi de la mafia torretagliana es con este
gobierno, embajador en el Vaticano y otros de su taifa, ídem.

Vueltas de la historia

La Tercera establece según investigaciones que Chile sí suministró
armas al Ecuador mientras este país mantenía conflagración con Perú en
1995. Puede parecer un hecho aislado. No parece que del todo. Sobre
este particular y en mayo del 2005, en sugestivo artículo, el
embajador Félix C. Calderón escribió en Constantes históricas en el
comportamiento vecinal de Chile:

"Por eso, la venta de municiones y armamentos que hizo Chile al
Ecuador en 1995, en plena guerra del Cenepa, no fue un hecho casual o
accidental. Nada de eso, fue una acción deliberada propia de quienes
actúan con mentalidad usurpadora. Y si un japonés sin raíces peruanas
no le dio en ese entonces la importancia debida, esto no inhibe de
responsabilidad a quienes ejecutaron por esos días la política
exterior del Perú. Porque si en el caso de Argentina se ha llegado a
determinar que hubo una operación delictiva, conducida
clandestinamente, de allí el juicio al que fueron sometidos los
responsables; en el caso de Chile fue una acción consentida por su
propio gobierno, y esto es lo grave, al punto que a nadie en ese país
se le haya juzgado por ese hecho protervo y felón, una vez puesto en
evidencia."

Jamás, hasta hoy, Chile ha pronunciado una disculpa franca y sincera,
desde 1879. Del 2005 a la fecha, sólo han reiterado hechos que sus
mismos connacionales ponen en tela de juicio en torno a su veracidad
histórica que va despintándose a medida que pasa el tiempo. Chile sí
violó su papel de garante del Protocolo de Río de Janeiro, mantuvo su
alianza de larguísima vigencia nunca interrumpida con Ecuador, en
detrimento del Perú y, para variar, nuestros sucesivos gobiernos no
han tenido ¡jamás! los pantalones para acorralar a Chile en la
vergüenza inequívoca e innegable de comportamientos tradicionales y de
acuerdo a sus agresivos planes geopolíticos hacia el norte, es decir,
sobre Perú. ¡Más claro ni el agua!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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