Monday, August 14, 2006

Perú: ¿jugando con la Defensa Nacional?


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
14-8-2006

Perú: ¿jugando con la Defensa Nacional?

El ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, declaró a El Mercurio de Chile que este país y Perú “pasen de una etapa de seguridad defensiva a la seguridad cooperativa…..explicó que este concepto se refiere a la necesidad de concebir la seguridad con una visión común…Esto tiene un trabajo muy intenso de fomento de acciones que permitan ir fortaleciendo las relaciones de confianza…..A pesar de esta postura, el titular de Defensa indicó que resulta evidente que Chile ha comprado mucho armamento” El Comercio, p. A-6/14-8-2006. Entonces ¿en su portentosa imaginación Wagner concibe siquiera que el gasto que reconoce en el vecino del sur, va a a ser echado a la basura porque a él se le ocurrió reiterar la gringada de la seguridad cooperativa que le soplaron sus asesores intelectuales de ONGs mantenidas con el dinero norteamericano que llega a través de USAID? ¿Jugando con la Defensa Nacional?

Otra de las más notables paparruchas emitidas por el ministro Wagner se refirió a la gerencia por objetivos aplicada a Defensa, como si a los hombres y mujeres integrantes de la Fuerza Armada a quienes la Constitución asigna sagrados deberes para con la integridad territorial de la nación, se les pudiera tratar como a fríos, vulgares y deleznables guarismos o trebejos de un ajedrez geopolítico que pocos entienden o que algunos quieren hacer pasar como de minúscula importancia.

En diversos corrillos, Wagner ha admitido que asumió el ministerio de Defensa 24 horas antes del anuncio oficial. Hay una macabra coherencia “intelectual” porque sólo así se explica que esté propagando dislates de ínfima categoría estratégica y que hoy ya se esté voceando (¿quiénes agilizan estos rumores?) al propio Wagner para ir a ocupar la embajada peruana en Washington. Entonces, la pregunta maciza, deviene imprescindible, otra vez: ¿jugando a la Defensa Nacional?

Pocos días atrás, el general jefe de la Fuerza Armada chilena, Izurieta, dijo que él prevía roces con Perú. No lo dice cualquiera ni lo hace de forma desavisada. Aquí puede ser común, por eso un ministro habla de seguridad cooperativa y gerencia por objetivos, causando las unánimes carcajadas y burlas en el sur. Izurieta, disciplinado funcionario castrense, no suelta una palabra si no la ha coordinado al más alto nivel. Importa un bledo que esa plataforma superior esté bajo el mando de una socialista que es más chilena que socialista y cuya visión geopolítica es la misma desde Portales en el siglo antepasado y luego de dos guerras con Perú: en 1836 contra la confederación y en 1879. Wagner no puede hacerse el bobo con estas declaraciones de impresionante peso disuasivo. ¿Alcanzará su “especialización” en Defensa y “peso político propio” para brindarle luces sobre este intríngulis? ¡Aquí parece que hay alguien que se las quiere picar a la capital de Gringolandia!

El silencio inexplicable de los partidos deviene estentórea confesión de su incapacidad de analizar al país y su relación delicada con Chile. Con el hermano país del sur, debía haber, como política de Estado, única y digna, el establecimiento, ante todo, de la delimitación marítima y el respeto a nuestro dominio en el Pacífico de acuerdo a la proyección de las líneas de base y a las 200 millas del Mar de Grau. Luego, puede venir la gran alianza de todo calibre y en beneficio de los pueblos. Pero hay temas esenciales de irrenunciable vigencia y a cuyo respeto tienen los periodistas, políticos, intelectuales patriotas que consagrar recios e indoblegables esfuerzos porque está allí la memoria de los mártires y un destino que el presidente García se encargó de recordar en el mismo Chile: ser la gran puerta latinoamericana con Brasil hacia el Asia.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Sunday, August 13, 2006

Perú: ¡gastando pólvora en gallinazos!


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
13-8-2006

Perú: ¡gastando pólvora en gallinazos!

El sapientísimo ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, anunció, muy serio, que los uniformados con militancia política debían apartarse o ser extirpados del servicio activo. Una pregunta: ¿ha pedido el diplomático, su pase a la disponibilidad en Torre Tagle o está haciendo públicamente todo lo contrario que él pide a otros profesionales? La política debiera ser ejemplo y, que se sepa, el interés de Defensa no pasa por la persecución majadera de hombres que a él se le antojan como elementos conspirativos contra la seguridad de su sector.

Por alguna razón misteriosa, el ministro de Defensa ha olvidado reiterar el concepto que tan entusiásticamente había dicho días antes sobre la “seguridad cooperativa”. ¿Será que al haberse enterado que es una gringada del Departamento de Estado, a posteriori el 9/11 en Nueva York y que se elaboró contra las nuevas formas del terrorismo internacional, ya no es tan efectiva la copia servil en el sector Defensa? Haría bien, el precarísimo titular de esa cartera, en informarse in extenso antes de ceder a las frivolidades que le dan como insumos sus asesores e intelectuales pro-Estados Unidos y de ONGs financiadas por USAID.

Para felicidad reflexiva del país, también el ministro Wagner no ha vuelto a reiterar aquella poco feliz idea de gerencia por objetivos que usó para retratar a los heroicos hombres y mujeres de la Fuerza Armada a los que pretende (¿o pretendió?) reducir a guarismos vulgares de cualquier estadística, olvidando que son humanos de carne y hueso a quienes la nación les encarga constitucionalmente responsabilidades de muy alta y delicada misión. Sin embargo, no hay que olvidar el viejo dicho: ¡terco como la mula!

¿Puede jugarse al intelectualismo de salón o de ONG cuando se trata de la defensa nacional? Dudosa veleidad que puede costar muy caro.

En la revista de análisis Quehacer No. 160 encuentro en la página 33, un párrafo emitido por el señor Carlos Amat y León: “En pleno siglo XXI tenemos un sistema de defensa nacional con paradigmas de defensa del territorio con capacidad disuasiva, cuando la defensa se realiza mediante las relaciones institucionales con el sistema internacional, es decir, sobre la base de relaciones de Estados en los ámbitos comercial, financiero, tecnológico, construyendo una red de asociatividad internacional de mutuas ventajas; ese es el instrumento más poderoso para disuadir cualquier ruptura del orden internacional. La infantería, la artillería, la Fuerza Aérea y la Marina convencionales representan un costo muy alto de mantenimiento y renovación de equipos para una guerra de preservación territorial; no son pertinentes en el siglo XXI. Hoy, la potencia de un país es su capacidad productiva de renovación tecnológica y su vinculación estratégica con los intereses de los imperios dominantes. Esto lo comprendió Chile muy bien desde el siglo XIX, y nosotros no”.

Recuerda siempre con pedagógica cuanto patriótica capacidad de análisis el maestro Alfonso Benavides Correa: “Un país desarmado no es garantía de paz, un país desarmado es una presa apetecible”.

En plena II Guerra Mundial en célebre entrevista de los líderes aliados entonces contra Alemania y Japón, Stalin, visiblemente harto de la elocuencia verborrágica del Papa Pío XII (Eugenio Pacelli) le preguntó: “¿de cuántas divisiones dispone el Vaticano?”. El cura católico, cómplice silencioso de los nazis, tuvo que internarse en las profundas aguas del mutismo más indecoroso. Al señor Amat, habría que preguntarle: ¿a nuestros hermanos del sur que estuvieron en 1836 (primera guerra) y 1879 (segunda guerra) y hoy con sus 5 mil millones de dólares invertidos en Perú y que van a defender disuasivamente, vamos a oponerles organigramas, banderolas, tallercitos, fórums, manifiestos con firmas de “formadores de opinión” y demás adefesios teóricos? Hay una distancia notable entre el realismo objetivo de nuestra vinculación con Chile y el socavamiento que en nombre del progreso hacen ciertos elementos, ayer como hoy, para debilitar aún más nuestra muy enclenque capacidad militar.

Peor aún. Un pueblo que no logra aprehender lo que significan, en el mundo moderno, miles de millones de dólares a cuya defensa incorpora Chile como política de Estado su inclusión en la Comunidad Andina de Naciones, ayer Pacto Andino, y por su necesidad vital de gas y agua y no como bondad integracionista de Latinoamérica, tiene el destino esclavo cantado por la ineptitud cobarde de sus dirigentes políticos como intelectuales que pavimentan con culturas de cerviz agachada y barnizadas de modernas, un simpatiquísimo vía libre para quienes tienen política nacional, horizontes geopolíticos clarísimos y, ayer como hoy, determinadísimos propósitos hacia el norte y en un país como el nuestro, pleno en riquezas que en el sur no tienen. ¿Para quién juegan los quintacolumnas modernos en la intelectualidad de ONGs y en los ministerios?

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Friday, August 11, 2006

Perú: pandilleros a la política


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
11-8-2006

Perú: pandilleros a la política

Sostuvo ayer la parlamentaria Luciana León que debíase incorporar a los pandilleros a la política y también denunció que los partidos tradicionales no habían dado espacios a los jóvenes. ¿Estará sugiriendo o insinuando, la señorita de marras, que no hay pandilleros en la política actual? Cuando habla de los grupos políticos (a los que llamó tradicionales) y el impedimento de estos a los jóvenes ¿se habrá referido a su propio partido, el Aprista? El noviciado de Luciana es absolutamente patético. Ella es insospechable de tino en sus juveniles 29 años.

Sería de lo más interesante preguntar a Luciana si sabe que gran parte de los constituyentes apristas de 1931 apenas si tenían 29 ó 30 años cuando se peleaba a puño y discurso limpio. La suerte de ser nieta e hija de parlamentarios, de olvidable por mediocre trayectoria, no era entonces un pasaporte en el Apra. ¿De qué juventud están hablando? ¡Precisamente, en esa agrupación fundada por Haya de la Torre, los muchachos adolescentes, practicaban la ceremonia incásica del huarachico para adherirse, después de los 21 años, a las filas mayores! No le haría daño a Luciana rebuscar e indagar, en la presumible biblioteca familiar, algo de aprismo e historia nacional.

No deja de ser interesante, por dinámico y volitivo, que por ley se establezca una porción de gente, más o menos joven, en los concejos municipales. ¡Muy bien! Ello resulta de la lectura lógica de un país en que 75% de la población es menor de 25 años. Pero ¡no hagamos tampoco de un hecho imperativo, una fiesta de ribetes ociosos! El derecho a estar en la política limpia la peleaban las promociones diversas desde que en 1919 las masas universitarias y obreras ingresaron a la política como apostolado con ideas, pantalones y principios rectores de sus vidas por décadas emocionantes.

Gran parte de nuestra esclerosada casta política no da más. Están envilecidos en sus recurrentes taras de respuestas de cajón, recursos oprobiosos, irrespeto consuetudinario a la moral y a los valores y casi todos gozan de un “lugar” en los medios de comunicación que asienten, cómplicemente, con la mediocracia abisal que impone su pezuña en el Perú actual. ¡Es hora, ciertamente, que los viejos se vayan a la tumba y los jóvenes a la obra! Nunca más vivo, más fuerte, más vibrante que hoy el prócer Manuel González Prada.

Y recordemos: “No son muertos los que en la dulce calma la paz disfrutan de la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía”. Haría bien Luciana, para no pronunciar estridencias impropias a los 29 años, en leer, adiestrarse, compenetrarse con los jóvenes de abajo, con aquellos pata al suelo que no tienen parientes que fleten puestos ni curules, con el patriótico propósito de no sólo parecer joven, sino ejercer ese honor, desde el Congreso, en la lucha diaria, en la protesta cotidiana y en la forja, dura pero hermosa, de una nación madre y no madrastra de sus hijos.

Una pregunta para Luciana: ¿qué más proyectos tiene en cartera o se acabó la despensa? Tiene un compromiso muy serio. No sólo es que ella no cruce los treinta aún, sino que está compelida a contribuir a que el Establo no siga siendo esa usina de desprestigio tan fértil en que se ha convertido el Congreso. ¡También depende de ella! Y pareciera que, si hace lo que debe, esto es, estudiar, en forma y a fondo, la historia social del Perú, la de su partido, de sus prohombres, aplique sus capacidades, si las tiene. Debe entender la legiferante, que no es cuestión de edad sino de clase, voluntad y disciplinada rectitud en la ejecutoria. Amén.

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Thursday, August 10, 2006

Alan García: ¿presidente o implorador del TLC?


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-8-2006

Alan García: ¿presidente o implorador del TLC?

Sin vergüenza alguna, con el mismo estilo vendepatria de su predecesor, Alfredo Ferrero, la actual titular de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, que hereda con honores el marchamo de ministra del TLC, anuncia que el jefe de Estado, Alan García Pérez, viajará en setiembre a Estados Unidos.

Ni corto y tampoco perezozo, Mr. TLC, James Curtis Strubble, embajador de Gringolandia, dice que García Pérez no sólo tocará el tema del TLC en su próximo periplo al norte.

¿Es el presidente Alan García, el primer funcionario del Estado o es un vulgar implorador del TLC con Estados Unidos? ¿Se pretende repetir el abyecto espectáculo de un “mandatario”, desesperado por tomarse de las manos con las autoridades norteamericanas que le concedían la limosna de unos minutos de su tiempo, para aparentar un ejercicio que antes que la presidencia parecía la de un servil y despreciable vasallo implorando la buena pro del amo poderoso? ¿Desde cuándo el representante oficial de los 26 millones de peruanos tiene que hacer el ridículo porque así lo anuncia una ministra servil y un embajador lenguaraz e incontinente?

Dice la ministra del TLC, Mercedes Aráoz, que va a mantener al equipo “negociador”. Hay derecho a preguntarse qué ha ocurrido en el país porque el fujimorismo entreguista cuyo segundo piso fue el toledismo, aderezado con lamentables espectáculos, parece que continúa impertérrito, con gran alborozo de las empresas transnacionales que matan impunemente a un campesino en Combayo, Cajamarca y Minera Yanacocha gasta decenas de miles de dólares para comunicar el monto de sus inversiones. ¿Cuánto vale la vida de un peruano humilde abatido a balazos, los balazos que Yanacocha hizo disparar contra el pueblo? El ministro del sector, el aprista Juan Valdivia, parece que ya está de vacaciones.

¿Va a dejar el señor García que zarandeen la majestad de su puesto que ocupa por segunda vez, sólo porque así lo mandan los apetitos y las fauces golosas que los poderosos a través de sus representantes dicen a la prensa? ¿Qué clase de gobierno es el suyo, cuando su ministro de Relaciones Exteriores, afirma que hay que estudiar mejor sus propuestas porque se dañaría la imagen del Perú si se impusiese la pena de muerte para los violadores de niños? Y es una discusión ociosa porque discurre por el ataque a los vectores pero no a los cánceres que infectan a la sociedad violenta.

Más aún. Cuando el general en jefe, máximo dirigente de la Fuerza Armada de Chile, Izurieta, dice, y no lo hace porque sí o ante sí, sino en muy coordinada coordinación, que su país rozará o colisionará con Perú y el ministro de Defensa, Allan Wagner, expresa con majestuosa inocencia que aplicará la seguridad cooperativa y un concepto de gerencia por resultados en Defensa, bien vale la pena inquirir si no hemos pisado el firmamento de la más desagradable estupidez institucional. Queremos, con pañuelazos, perfumes, afeites y cosméticas de vulgares ONGs vendepatrias y traficantes de los derechos humanos, responder a quienes nos ganaron, nos invadieron, humillaron en 1836 y 1879, en una guerra de muy dudosa conclusión hasta los días de hoy.

Nótese que el presidente impulsa el respeto al Mar de Grau, el eje Perú-Brasil con la construcción de megapuertos para convertirnos en la puerta hacia el Asia, pero unos torpes con miope discurso “propio” dicen lo que les viene en gana y proclaman lo que les procura la satisfacción de sus agendas particulares, reñidas ¡totalmente! con el destino patriótico constructor de una gran nación.

Preguntemos nuevamente: ¿Es el presidente Alan García, el primer funcionario del Estado o es un vulgar implorador del TLC con Estados Unidos? El ciudadano García Pérez tiene la respuesta.

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Wednesday, August 09, 2006

¿Beneficia al Perú retorno de Chile a la CAN?


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
9-8-2006

¿Beneficia al Perú retorno de Chile a la CAN?

El regreso de Chile a la Comunidad Andina tiene que ver, realpolitik, con su necesidad vital por asegurar el suministro de gas y beneficiarse con la pachamanca de casi cinco mil millones de dólares invertidos en Perú. No sería raro que ciertos felipillos declararan a la prensa salmodias encomiásticas, alabadoras de un tema del que Perú no es beneficiario.

Cualquier trato con Chile tiene que pasar, necesaria y patrióticamente, por la delimitación marítima con el país del sur y eso significa defender nuestras líneas de base y las 200 millas de su proyección sin menoscabo alguno. Por encima de cualquier coyuntura comercial o episódica, el pueblo peruano tiene que defender el Mar de Grau, abominar de los traidores, donde estén, en el Congreso, en el Ejecutivo, en la diplomacia, en la intelectualidad venal y sentar las bases del gran designio geopolítico peruano.

Ha poco, ya electo el presidente Alan García Pérez, dijo en Chile, que Perú iba a construir megapuertos y estos iban a competir con sus similares chilenos y tuvo la firmeza de anunciar que nuestro país iba a constituirse en la puerta rentable hacia el Asia. El 28 de julio lo ratificó, señalando, además, que el eje Perú-Brasil procuraría infraestructura portuaria de excelentes precios y niveles competitivos al resto del continente y a los países hermanos Chile, en primer lugar, Colombia, Ecuador y a quienes así lo necesitasen.

Si Chile ha vuelto a la Comunidad Andina es porque no quiere quedarse, no sólo sin parte en la fiesta comercial con los otros países, Colombia, Ecuador, sino porque no hay que olvidar que su Fuerza Armada está moderna y fieramente apertrechada porque siente la necesidad nacional de contar con un brazo armado, lo suficientemente disuasivo, para proteger sus inversiones en el hinterland peruano. Como las guerras ahora ya no necesitan de invasiones crueles ni ocupaciones añosas, bastan los miles de millones de dólares, con el insinuante contorno de tanques y aviones de respaldo, que asientan la neocolonización con la ayuda de mamarrachos vendepatrias tan aficionados a los del sur aquí ambientes en múltiples tarimas oficiales, intelectuales y diplomáticas.

El interés ineludible de Perú es ser la puerta al Asia a través de algún megapuerto: Marcona, Paraíso o un Callao repotenciado al máximo, con tarifas competitivas, servicios de primer orden y un modernísimo complejo que no tenga parangón con ningún otro de su naturaleza en ¡todo el Pacífico Sur! Un eje Perú-Brasil, tal como lo ha predicado el mandatario Alan García, nos hace prescindir de cualquier otro país para este magno propósito.

Frente al poder militar chileno del que dice su máximo jefe, el general Izurieta, chocará con Perú o rozará en breve, poco o nada, disuaden la gerencia por resultados o la seguridad cooperativa de que ha hablado Allan Wagner Tizón, el ministro de Defensa. Las gerencias se pueden aplicar a proyectos comerciales con rentabilidades variables y dependiendo de los capitales que en estos intríngulis intervengan. ¡Pero, no se puede, de ninguna manera, tratar como a guarismos vulgares a los heroicos integrantes de la Fuerza Armada peruana que, de sobra sabe, que su armamento es obsoleto, que su moral es atacada por los traidores de dentro y los enemigos de fuera y que ni siquiera está en capacidad de cumplir las mínimas líneas que la Constitución le asigna! Se equivoca muy mucho el ministro de Defensa con su tesis servilmente copiada y mal leída de Estados Unidos sobre “seguridad cooperativa” y también al pretender reducir a un esquema de ONG barata y quintacolumna, a los peruanos que visten uniforme en mar, tierra y aire.

Chile ha vuelto a la Comunidad Andina pero su presidenta Michelle Bachelet está en Ecuador subrayando una tradicional alianza con este país. Tampoco, como es público y notorio, los del sur, han dejado de comprar armamento por miles de millones de dólares. Si el gobierno aprista cree que por ser socialista, la mandataria austral deja de ser chilena, se equivoca ¡trágicamente! La Bachellet es más chilena que socialista y eso se inscribe en un designio nacional y nacionalista que viene desde Portales, siguió en la primera guerra contra Perú en 1836 y continuó en 1879, hasta la fecha en una justa inconclusa y que merece cuidadoso estudio y honra de los mártires que murieron por la patria.

La realpolitik peruana es aquella diseñada y expuesta públicamente por el presidente García y que se refiere a la ambiciosa meta para los próximos 100 años de ser el país puente y moderno por donde pasen los grandes volúmenes comerciales en su camino al Asia, creando riqueza, generando puestos de trabajo, haciendo del eje Perú-Brasil garantía de paz y desarrollo sostenido con respeto a los derechos humanos y a la competitividad y, sobre todo, en resguardo de esas grandes masas de hombres y mujeres que aspiran a un Perú libre, justo y culto.

Como es obvio, el Mar de Grau y su protección sagrada es fundamental. Y los vendepatria y traidores que buscan cercenarlo adhiriéndonos a la Convención del Mar, perjudicando la riqueza inmensa e insobornable de nuestro dominio marítimo, están fuera de lugar, así se infiltren o camuflen con engañosas etiquetas que todos saben bien de qué pie cojea cada quien. Y no hay excepciones que valgan así sean diplomáticos embajadores, militares en ejercicio o intelectuales al servicio de otras potencias y, mucho menos, que sean tan sinverguenzas que se hagan premiar por éstas.

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Tuesday, August 08, 2006

La despersonalización aprista


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
8-8-2006

La despersonalización aprista

Algo sumamente raro ocurre en las filas del veterano partido fundado por Haya de la Torre. Ganan las elecciones bajo la premisa que antigüedad es clase y experiencia, pero a la hora de cubrir las direcciones del gran proyecto político gubernamental son las pandillas enquistadas en medios de comunicación las que dictan, diseñan, insinúan y, en no pocos casos, colocan a los personeros en las carteras ministeriales. Como si fuera un mérito, de lógica inversa, el gobierno aprista tiene el gabinete menos aprista sólo porque “la opinión pública” así se lo ha impuesto.

Los medios, azuzados por gavillas pagantes, clavaron profesionales de diversa procedencia y pasado conflictivo. No pocos químicamente idiotas, intelectuales de ONGs y pro-imperialistas de nuevo cuño, cuyo único mérito estriba en haber tejido una fina y muy bien sufragada urdimbre de favores y complicidades durante los últimos tres o cuatro gobiernos. Cada vez que algún afiliado aprista era mencionado esto constituía su peor carta de presentación. No hablamos de los turroneros de quienes se sabe son inútiles y mamarrachos congénitos, sino de hombres y mujeres de gran trayectoria en sus campos y pasibles de responsabilidades versátiles.

¿Qué es un gobierno?: ¡un proyecto político con una dirección política y un plan de trabajo, por lo menos, así lo decía la ideología aprista, antimperialista, de trabajadores y con un clarísimo tinte social! Pero, si Toledo gustaba de motejar a su administración como integrada por todas las sangres, el gobierno actual es un conjunto de remiendos y rescates de todos los pelajes: desde fujimoristas antiapristas como Pilar Mazzetti, pasando por tecnócratas proimperialistas como Verónica Zavala y nulidades pseudointelectuales como el marcado pro-gringo servil Allan Wagner Tizón. Y como consuelo el señor Jorge del Castillo en el cargo de primer ministro.

En poquísimos días de mandato, empiezan a notarse debilidades frívolas que no obedecen a una concepción seria. ¿Qué objeto tuvo el entorno entusiasta sobre un “megapuerto” en Tacna, cuando la historia dice que el único puerto que tiene la Ciudad Heroica es Arica? En términos de planteamiento geopolítico ni Defensa o Relaciones Exteriores previó el asunto pendiente en Arica que la traición del gobierno delincuencial de Kenya Fujimori pretendió cerrar en noviembre de 1999 merced a la pusilanimidad de sectores castrenses, diplomáticos e intelectuales.

Nada menos que el jefe de las Fuerzas Armadas chilenas, Izurieta, declara que él prevé roces o choques con su vecino del norte, habría que avisarle al estratega de quiosco, Allan Wagner, que Chile está armado hasta los dientes y que su planteamiento copión de seguridad cooperativa (imitación gringa pro domo sua) no sirve con quienes sí practican el lema: Por la razón o la fuerza. Y él debería recordarlo muy mucho por múltiples razones aparte de sus públicas simpatías añejas y sumisas. Y al individuo de marras no se le ocurrió mejor idea que poner a una intelectual de ONG, Beatriz Boza, fujimorista militante que de gerenta.

¿Qué ha ocurrido en el ministerio del Interior? Ya se sabe que la inútil ex ministra de Salud, Pilar Mazzetti, “lleva” la batuta. No sólo eso, para colmo de males, su viceministro, ayer mismo nombrado, es Dardo López Dolz, ex abogado del general fujimorista José Villanueva Ruesta. Entonces el dicho el gato de despensero incluye también al ratón abogángster que también acompañó a Mazzetti en sus 19 meses durante el toledato sin que le fastidiaran y donde siempre encontró la caparazón urdida por su buen aparato de prensa. Si esto no es infiltración ¿qué carajo es?

En Combayo, Cajamarca, cayó un rondero acribillado a balazos y se ha descubierto armamento de guerra en poder de la empresa que custodia a Minera Yanacocha, la empresa acostumbrada a contaminar esa ciudad nor-andina. Es el primer crimen contra un hombre del pueblo, pero el ministro aprista de Energía y Minas, Juan Valdivia no se da por enterado y, por otro lado, muy suelto de huesos, el viceministro, Cayo, de ese sector, plantea una adenda en el tema Camisea para que no se “ahuyente” la inversión. O sea, más de lo mismo. ¿Y dónde están las famosas ONGs traficantes de derechos humanos que no dicen absolutamente nada por este crimen? ¿Necesitan de cinco o más muertos para manifestarse o el asunto no es rentable?

¿Y qué ha ocurrido con el viceministro de Vivienda, Carlos Arana, que duró apenas 48 horas en el cargo? ¿Lo botaron porque era amigo de Agustín Mantilla? Eso no era secreto y tampoco le condena, máxime si versiones apuntan a sostener que Mantilla, para muchos es un héroe y una víctima propiciatoria y muy oportuna para ciertos intereses de silencio.

La despersonalización aprista es un hecho lamentable. ¿Será este el principio del nadir irreversible del otrora gran movimiento popular nacional y nacionalista? ¿Qué dicen los apristas? ¿O ya se resignaron a ver la descomposición, vía –irónicamente en Palacio- de su colectividad, en forma lenta, cruel y de la que Haya de la Torre hubiera renegado con furia dinámica e inconstrastable?

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Monday, August 07, 2006

¿Y Arica, presidente García?


Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
7-8-2006

¿Y Arica, presidente García?

En su recientísima visita a Tacna, el jefe de Estado Alan García, firmó documentos referidos a la posibilidad de un “megapuerto” en la Ciudad Heroica. Más aún, las noticias dan cuenta que inversionistas chinos estarían dispuestos a arriesgar algo así como US$ 2 mil millones en esa infraestructura. Muy interesante, Pero, hasta donde se sabe y porque así lo dice la historia, el único puerto natural de Tacna ha sido –y es- Arica, donde el Perú tiene derechos en virtud del Tratado del 3 de junio de 1929 y su inseparable Protocolo Complementario de la misma fecha.

Escribe en su opus magna El tratado de 1929. La otra historia, el embajador e historiador Félix C. Calderón:

“c) Alcances del derecho del Perú

Si nos atenemos a las características de un puerto libre o zona franca, lo primero que habría que hacer cuando hablamos del derecho portuario concedido al Perú, compatible con el estatus de la independencia propia del más amplio puerto libre, es definir la zona portuaria sujeta a ese régimen. En el caso del Tratado de 1929, es obvio que dicha zona debe estar referida, sin solución de continuidad, a los establecimientos y zonas a los que se refiere taxativamente el Artículo Quinto, esto es el malecón de atraque para vapores de calado, la agencia aduanera y la estación de ferrocarril a Tacna, dentro de un marco geográfico que debería ser conforme con el plano de remozamiento total del puerto de Arica que el embajador Figueroa, en nombre de su gobierno, presentó al presidente Leguía, el 24 de abril de 1929, durante la décimocuarta reunión.

Como hemos visto, la decisión del Perú de aceptar el concepto del más amplio puerto libre en Arica tuvo como marco de referencia el proyecto del nuevo puerto, propuesto por Chile, en el que un molo proyectado oblícuamente desde la isla del Alacrán debía formar entrada con el molo peruano que, básicamente, estaba llamado a ocupar la posición histórica que siempre tuvo el muelle del ferrocarril (véase figura No. 9). Hasta donde se ha podido determinar, desde febrero de 1929 el gobierno chileno trató de venderle al Perú la idea de la restauración del histórico y antiguo puerto de Arica, destruido por el terremoto de 1868. De acuerdo con ese proyecto, Chile debía construir por su cuenta un muelle peruano que comunicaría con la línea del ferrocarril Tacna-Arica. Por ese entonces más de uno tuvo en mente en ambas capitales el símil que ese proyecto portuario podía tener con el puerto de Colón dividido en dos: Cristóbal, estadounidense, y Colón, panameño. Y, en menor medida, el paralelo que podrían ofrecer los puertos de Panamá (panameño) y Balboa (estadounidense), situados en la misma bahía.

….Vistos ahora con la ecuanimidad que da el tiempo, ambos planos lejos de ser incompatibles constituyen un fiel reflejo del compromiso de las partes respecto a la forma cómo debía interpretarse ese derecho portuario, sobre todo en lo relativo al muelle peruano y a la zona del más absoluto tránsito libre. De allí que no sea tirado de los cabellos examinar la cuestión de los cambios habidos en la geografía portuaria de Arica y la forma como esto puede haber desnaturalizado, en estricto derecho, las obligaciones inequívocas de Chile sobre un aspecto fundamental del Tratado de 1929 (véase figura No. 13)”, pp. 297-298-299 ob. cit.

Por lo tanto, muy bien que en Tacna, Ciudad Heroica se busquen o procuren identificar iniciativas respecto de un “megapuerto”. Pero de lo que no hay duda, reafirmados los derechos que competen al Perú sobre Arica en virtud de un Tratado internacional que NO puede ser desnaturalizado, es oportuno preguntar al mandatario Alan García: ¿y Arica, señor presidente? Caer en las estridencias toledistas que a cualquier supuesta inversión le agregaban ceros para hacerlo más espectacular, es repetir la historia. Y ya se sabe a qué conducen los caminos de la demagogia y el engaño a los pueblos.

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Sunday, August 06, 2006

La gringada de la “seguridad cooperativa”

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
6-8-2006

La gringada de la "seguridad cooperativa"

Desde hace unos días, el ministro de Defensa, Allan Wagner Tizón, está
hablando de "seguridad cooperativa". Es el emblema de su "gestión" y
como no es raro, ya merece los elogios incondicionales de los
intelectuales de ONG subvencionados por la cooperación internacional
proveniente en grado sumo de Estados Unidos. ¿De dónde viene esta
monserga de "seguridad cooperativa"? Se origina en Gringolandia y a
raíz de las nuevas formas que según el Departamento de Estado ha
adquirido el terrorismo internacional a posteriori el 11 de setiembre.
Por tanto, es una gringada, monda y lironda, que el ministro de
Defensa está difundiendo con las potentes luces intelectuales cuanto
originales que todos le reconocen.

El general Izurieta, jefe de las Fuerzas Armadas chilenas, acaba de
declarar, menos de 24 horas atrás, que su "instinto" o intuición le
hacen prever "roces", ¿con quién?: ¡Con el Perú! Y es que mientras los
fanales luminosos de Allan Wagner hablan de "seguridad cooperativa" en
abandono evidente del concepto irrenunciable de seguridad nacional (a
menos que se ostente una capacidad de traición a la patria
desvergonzada), la autoridad castrense del sur, nos dice, en la cara
pelada, que hay nubarrones en el horizonte. Todo indica que en este
intríngulis hay una dosis surreal y también de marcada debilidad
mental.

Ante el silencio vergonzoso de los intelectuales, de los medios, hay
que denunciar algunas cosas imprescindibles. A saber:

Primero, la seguridad cooperativa es de origen estadounidense y con respecto al
9-11. Más aún, contra lo que ellos llaman "nuevo terrorismo
internacional" y a cargo de grupos violentos.

Segundo, ¿cómo se concilia eso con el Estado armamentista y feroz
chileno que sí tiene, a la vista, problemas con Perú, tal como lo
confiesa su comandante en jefe?

Tercero, todos los caviares e intelectuales de ONG son parte
institucional mercenaria al servicio de Estados Unidos, vía la
cooperación internacional que financia sus talleres, fórums y
conferencias, destructoras de los paradigmas de nación, Estado,
territorio, Ande e Historia.

Cuarto, la cobardía de los intelectuales peruanos cede ante la pitanza
y al embuste pagado con dólares copiosos.

Quinto, los medios de comunicación, vía el auto-elogio entre los
pandilleros integrantes de estos grupos, disimula cualquier
discrepancia y no critica, en absoluto, ni pone de relieve, otras
opiniones disímiles. El "espíritu de cuerpo" se traslada de la simple
complicidad a un peligroso cáncer contra la misma historia del país.
Jorge Abelardo Ramos, el brillante crítico social argentino,
denunciaba a los intelectuales enfermos de servilismo orgánico.

Sexto, so pretexto de culturas de paz y respeto a los derechos
humanos, se pretende destruir el poder disuasivo de las Fuerzas
Armadas y desmoralizarlas al extremo que no las tengamos operativas ni
con balas mínimas. Lo que no se dice es que ¡serán otras, y esta vez
invasoras, las fuerzas militares que reemplacen a las connacionales en
casus belli! Para eso se procura la confección, a cargo de
historiadores, de historias comunes y el olvido amnésico y oprobioso
de cuanto ocurrió con respecto a la pezuña invasora en 1879.

Sétimo, ni los partidos con alguna solera popular y democrática, ni
sus cuadros y mucho menos está en su proyecto nacional o nacionalista,
se aperciben del contrabando y declinan traidoramente confrontar esta
clase de quintacolumnismos tan tradicionales y vergonzosamente
históricos en el Perú.

El servilismo de seguridad cooperativa no es más que una monserga
gringa y como tal, deleznable y da cuenta del profundo sentido
colaboracionista de Wagner y su corte de validos y tullidos.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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hcmujica.blogspot.com

Thursday, August 03, 2006

Perú: Café Britt multada por engañar a consumidores

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
3-8-2006

Perú: Café Britt multada por engañar a consumidores

Indecopi (Comisión de Protección al Consumidor-Perú) en su resolución
final No. 1271-2006-CPC en su acápite VII dice: "Declarar fundada la
denuncia por infracción a los artículos 5 inciso b), 7 y 15 de la Ley
de Protección al Consumidor. Ello, toda vez que ha quedado acreditado
que Café Britt omitió incluir en el rotulado de los productos que
expende, la información señalada en la Ley No. 28405, Ley de Rotulado
de Productos Industriales Manufacturados y su Reglamento; ix)
Sancionar a Café Britt con 1 Unidad Impositiva Tributaria (aprox. US$
1 mil dólares). Ni las matonerías del abogaducho insolente de esta
empresa, Héctor Alvarez Pedraza, que insultó al autor de la denuncia,
quien esto escribe, ni la parcialidad criminal de la mala funcionaria
del Mincetur, Madeleine Burns, jugada por entero por la empresa
foránea, siendo pagada por el pueblo peruano, han podido impedir ¡esta
clamorosa derrota!

En efecto, Café Britt, la empresa costarricense que vende productos de
artesanía hechos en China pero que hace pasar en Lima y en diferentes
partes del continente, como si fueran locales, acaba de ser sancionada
por el máximo tribunal del consumidor en Perú. Los artesanos peruanos
que sufren el embate traicionero que las políticas de esta empresa
cometen en el país, en Costa Rica, en Antillas Neerlandesas y en
Colombia, han obtenido ¡un triunfo sin atenuantes!

Al no rotular indicando el origen real de las mercaderías y baratijas
que vende Café Britt, suplantando –y virtualmente robando- al artesano
peruano, esta empresa ha venido estafando a los consumidores y en
virtud de esa circunstancia Indecopi ha fallado con el texto citado.
¡El miedo se acabó! La valiente y formidable argumentación legal
esgrimida por el abogado Manuel Burga Solar, presidente de la
Asociación Peruana de Defensa del Consumidor, en las diversas citas de
confrontación, culmina así, con una significativo triunfo su esfuerzo
intelectual y jurídico.

Café Britt es una empresa costarricense acopiadora de café porque no
produce ¡un solo gramo del mismo! Sin embargo, tiene tiendas en San
José de Costa Rica, Antillas Neerlandesas, Colombia y muestra un
intenso giro comercial, sobre todo, clonando mercaderías que manda a
hacer en China a precios irrisorios, pero con el propósito de
reemplazar a los artesanos locales de estos países y llevando a la
ruina a millones de hombres y mujeres cuyo esfuerzo e identidad
cultural se patentizan en estas artesanías tradicionales.

Más aún. Café Britt tiene en las instalaciones del Aeropuerto
Internacional Jorge Chávez un poder impresionante en alianza con Lima
Airport Partners, LAP, la concesionaria hechiza de nuestro primer
terminal aéreo. Ha llegado la hora que un Congreso digno, nuevo,
limpio, revise exhaustivamente, ese malhadado obsequio del delincuente
Alberto Fujimori y continuado por el gobierno de Toledo, para conocer
y castigar a las malas autoridades que han permitido una privatización
tan mala y con patéticos resultados.

No sólo aquí. En El Diario de Hoy (San José de Costa Rica) del jueves
6-7 se dice: Colombia demandó a Café Britt por plagio.- La Federación
Nacional de Cafeteros de Colombia (Fedecafé) demandó a la empresa
costarricense Café Britt por usar sin su autorización la marca Juan
Valdez. "La utilización del logo Juan Valdez y la mula Conchita por
parte del Grupo Café Britt constituye un acto de competencia desleal",
señala la demanda interpuesta el viernes pasado por el bufete González
Uribe que representa a Fedecafé en el país.

¡Se acabaron las voces que claman en el desierto! ¡Los mandones tienen
que empezar a entender que en Perú las cosas cambiaron y que si el
Congreso quiere reconquistar a la ciudadanía ya tiene dos causas
inmediatas que escrutar al detalle para castigar con todo el peso de
la ley a los vendepatrias que han creído que el Perú era su chacra!

Este triunfo se dedica a los artesanos del Perú, Costa Rica y Colombia.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Wednesday, August 02, 2006

Migraciones y un intelectual de ONG

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
2-8-2006

Migraciones y un intelectual de ONG

El diario Correo y su valiente reportera Paola Miranda publican que en
Migraciones hay hasta cinco personas bajo el nombre de Diego García
Sayán con diferentes fechas de salida pero ¡con un mismo pasaporte!

En efecto ¡ya lo adivinó! se trata de Niño Diego uno de los más
ilustres intelectuales de ONG del país. Cuando un ciudadano común y
corriente sale o entra del país, el registro apunta la fecha y hora,
más las generales de ley (número de pasaporte, identificación, etc.).
Pero hay sinverguenzas que han inventado el don de la ubicuidad y
penta-aparecen en momentos estelares diferentes pero ¡con un mismo
pasaporte!

Muy bien si eso dice Migraciones porque desnuda la pobreza infame y
desorganización aguda que padece esa dependencia estatal. ¡Si el
gobierno tuviera reflejos, debería, ya mismo, solicitar la renuncia
del incapaz que está en el desmanejo obvio de esa oficina!

Si Niño Diego, el inefable ex canciller que en mayo-junio del 2002,
cuando pulverizaban en Chile a Aerocontinente, condecoraba en Lima a
la canciller sureña Soledad Alvear y que no una, sino múltiples veces,
ha declarado su adhesión a que el Perú forme parte de la Convención
del Mar que cercena el Mar de Grau, sin rebozo ni vergüenza de ninguna
especie, sostiene que las actas de sesiones del BCR en que dice ha
participado, son secretas, no lo son, en cambio, sus "informes", si
los hizo y por los que se le pagaron la astronómica suma de casi S/ 20
mil soles durante largos y venturosos meses.

Más aún, nadie puede ni debe olvidar que cuando precario titular de
Torre Tagle, Niño Diego, puso a un amigote suyo, Mariano Valderrama a
cargo de la APCI. Y el asunto no pasaría a mayores si no fuera porque
este caballero era su socio de muchos años antes en CEPES. Los
documentos hablan y allí están para ser publicados, si alguien se
atreve. Y jamás ha podido desmentirlos Niño Diego que como buen
intelectual de ONG mueve resortes rapidísimos vía celular o carta
notarial. ¡Pero lo que Dios no da (inteligencia y patriotismo),
Salamanca no lo presta!

En el colmo de su brillante vena de intelectual de ONG, Niño Diego se
hizo confeccionar un libro con algo más de 250 páginas que consignó la
cantidad de más de 300 fotografías de sus actos protocolares.
¿Vanidoso con el dinero del pueblo, no? ¡Eso le costó al pueblo!

Cuando salió del ministerio de Relaciones Exteriores Niño Diego se
hizo nombrar, pagado ciertamente, como integrante de la Autoridad
Binacional Perú-Ecuador. Y después recaló en el BCR como asesor de
importantes intríngulis que dieron talla y personalidad mundial al
comportamiento económico del banco que mantienen todos los peruanos.
Ahora sostiene que las actas son secretas. ¿Discute el BCR temas de la
defensa nacional o sólo asuntos económicos y crematísticos?

Ha poco, para abreviar el prontuario de un rufián auto-fabricado con
dólares imperialistas, hizo que el colega y amigo Ricardo Ramos
Tremolada, diera con sus huesos, recién llegados de Gringolandia, a un
calabozo porque Niño Diego le había denunciado policialmente. Es
decir, el juecesito de San José, de la Corte de Derechos Humanos,
tenía que engrilletar a un hombre que sólo había hablado en voz alta
para señalar las taras que todos le reconocemos democráticamente. Como
premio, en uno de esos vergonzosos movimientos pendulares, una
organización corporativa le ha puesto como vocal en su entidad.

Las vacas sagradas empiezan a perder el poco lustre que fabricaron sus
dólares exaccionados a gringos idiotas y creyentes del cuento aquel de
los derechos humanos industrializados a la medida y llave en mano. Por
cierto ¿no sería interesante conciliar en la Corte de San José, la
asistencia de Niño Diego y sus alegatos que estuvo en Lima para
"cumplir" con su asesoría en el BCR? Y hay muchos más a los que se
debe denunciar. Mientras que Perú viva la farsa de comedias
pseudo-intelectuales armadas con pretextos mil, será presa fácil de
vividores y mamarrachos, uno de los cuales, sabe muy bien que sus
queta-problemas también son parte de su tristísima "hoja de
servicios". Y hay testigos que han pasado por el dolor de rupturas
tristes. ¿O no?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Los triunfos que se dejó arrebatar la diplomacia peruana

Los triunfos que se dejó arrebatar la diplomacia peruana
Una difícil vecindad, II Edición 1997; Cap. VII
por Alfonso Benavides Correa; notbena@infonegocio.net.pe

Anunciando que traía a Lima "muy bien estudiadas las respuestas" que
le dio el presidente, general Augusto Pinochet a todos los puntos que
se discutieron en Arica, puntos entre los que se contempló el traslado
de tropas chilenas del norte al sur (sin riesgo para Chuquicamata) y
de tropas peruanas del sur al norte (con riesgo para Toquepala), el 27
de noviembre de 1985 arribó a Lima el canciller de Chile Jaime del
Valle a fin de continuar su ronda de conversaciones con el ministro
Allan Wagner Tizón.

Dos cosas ocurrieron entonces el 30 de noviembre de 1985: Una, la
publicación de un Comunicado Conjunto, de once puntos, con la firma de
los cancilleres Wagner y del Valle. Otra, con relación a los despachos
cablegráficos aparecidos el día anterior en los diarios de la capital
sobre la posibilidad de que efectivos militares del Perú asentados en
Tacna fueran retirados hacia Arequipa, el Comunicado que emitió el
Ministerio de Relaciones Exteriores haciendo de conocimiento de la
opinión pública no solamente "que tal información debe constituir una
inexactitud periodística por cuanto la propuesta formulada por el
gobierno del Perú consiste en la concertación de un acuerdo regional
para la limitación de gastos en adquisiciones de armamentos" sino
expresando que "el redespliegue de efectivos militares puede
constituir, en los casos donde fuere posible y apropiado, un
procedimiento positivo para la distensión, dentro de un marco amplio
de medidas que signifiquen un redimensionamiento de los sistemas de
defensa en base a nuevas concepciones de seguridad resultantes del
fomento de la confianza mutua". Y que, con tal fin, "se ha convenido
que, por invitación del Perú, los Comandantes Generales de las Fuerzas
Armadas peruanas y los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas
chilenas, se reunirán en Lima durante el mes de mayo próximo,
oportunidad en la que se examinarán las modalidades, mecanismos y
procedimientos para alcanzar ese propósito compartido".

En cuanto al Comunicado Conjunto éste fue aparentemente satisfactorio
en relación, en primer término, a la construcción del Monumento
Simbólico de Paz que se levantará en el Morro de Arica (punto 9) en
reemplazo del Museo que exalta la guerra y en el cual, como lo
denunció en 1979 la Sociedad Peruana de Historia, se hallaba entre
otras muestras que lesionaban la dignidad y sentimientos de los
peruanos, la representación de un soldado con el lema "chileno, mira
siempre al Norte"; al malecón de atraque respecto al cual los
ministros resolvieron que "la operación autónoma de dicho malecón
estará a cargo de las autoridades peruanas competentes" (punto 2); "al
edificio destinado a la Agencia Aduanera que se encuentra construido
sobre el malecón" respecto al cual "el gobierno de Chile efectuará las
ampliaciones que se han convenido para atender al más eficiente
servicio" (punto 3); "la ubicación en que construirá la nueva estación
terminal del ferrocarril de Arica a Tacna" la misma que "estará
alineada con el eje longitudinal del malecón de atraque de manera de
que ambos establecimientos y zonas configuren, para los fines de su
operación y explotación, un sistema integrado de servicios" (punto 4);
y, finalmente, que "dichos establecimientos y zonas forman parte de un
sistema integrado de servicios que las autoridades peruanas
competentes operarán con la independencia que establece el Tratado de
Lima de 1929" (punto 5).

No fue ciertamente satisfactorio el Comunicado en cuanto, por una
parte, abriendo sibilinamente el camino del despojo al Perú de El
Chinchorro, el gobierno de Chile únicamente "garantizará la
intangibilidad de las propiedades peruanas en Arica denominadas Casas
Bolognesi y Yanulaque (punto 9) y, de otro lado, la operación
supuestamente autónoma del malecón de atraque a cargo de las
autoridades peruanas será "sin perjuicio de la Administración General
que sobre el puerto de Arica corresponde a la autoridad chilena"
(punto 2) y en cuanto a que las autoridades peruanas competentes, que
operarán con la independencia que establece el Tratado de Lima de 1929
los establecimientos y zonas que forman parte de un sistema integrado
de servicios, "gozarán de un régimen migratorio y tributario especial"
(punto 7) porque, removiendo los actuales escollos jurídicos que según
el Tratado de 1929 le impiden a Chile cederle a Bolivia un Corredor
junto a la línea de La Concordia, por los grandes peligros ya
señalados que tal Corredor entrañaría al Perú y por los cuales éste
negó siempre su aquiescencia, "sin perjuicio de lo anterior, Chile
mantendrá, de conformidad con el Tratado de 1929, su soberanía y
jurisdicción sobre dichas zonas y establecimientos" (punto 6).

No fue todo. El Comunicado Conjunto ocultó que ese mismo día 29 de
noviembre de 1985 los señores ministros de Relaciones Exteriores de
Chile, don Jaime del Valle Alliende y del Perú, don Allan Wagner Tizón
habían suscrito un Acta mediante el cual, en pretendida ejecución de
las Cláusulas contenidas en los Artículos Quinto y Undécimo del
Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 y Segundo de su Protocolo
Complementario, habían desempolvado y repuesto, maquillado, el
repudiado Protocolo de Liquidación de Obligaciones de 17 de marzo de
1934 que, como ya lo tengo expresado, mereció el rechazo tanto de la
Comisión Consultiva de RREE, como del Congreso Constituyente de la
República, entonces reunido.

Instalándose analógicamente en la posición doctrinal conforme a la
cual, en el Derecho Privado, surgen los llamados "Contratos
Preparatorios", "Contratos de Opción" o "Promesas de Contratos",
cuando por un obstáculo de hecho o de derecho no es posible o
conveniente celebrar de inmediato un contrato que, sin embargo, las
partes que resultarían contratantes desean asegurarse que
efectivamente se va a celebrar, el 29 de noviembre de 1985 los
ministros de Relaciones Exteriores de Chile y Perú, don Jaime del
Valle Alliende y don Allan Wagner Tizón, suscribieron un Acta que, en
el Acápite I de su Parte I, apartándose notoriamente y trasgrediendo
el Artículo Quinto del Tratado de Lima de 3 de junio de 1929 y el
Artículo Segundo de su Protocolo Complementario, en los que
respectivamente se estipuló que el malecón de atraque, el edificio
para la Agencia Aduanera Peruana y la Estación Terminal para el
Ferrocarril a Tacna son "establecimientos y zonas donde el comercio de
tránsito del Perú gozará de la independencia propia del más amplio
puerto libre" y que "las facilidades de puerto que el Tratado en su
Artículo Quinto acuerda al Perú consistirán en el más absoluto libre
tránsito de personas, mercaderías y armamentos al territorio peruano y
desde éste a través del territorio chileno", aparece redactada así:

"Las partes convendrán, a través de un Acuerdo de Ejecución del
Tratado de 1929, un régimen jurídico para regular el ejercicio pleno y
eficaz de los derechos que acuerdan al Perú los Artículos Quinto del
Tratado y Segundo de su Protocolo Complementario, en los
establecimientos y zonas a los que ambas disposiciones se refieren,
sin perjuicio de la soberanía chilena, en especial en lo concerniente
a la aplicación de su ordenamiento jurídico, la jurisdicción y
competencia de sus tribunales y el mantenimiento del orden público".

Transgreden igualmente el Tratado de 1929 y su Protocolo
Complementario los numerales 2, 3 y 4 de la Parte I del Acta del 29 de
noviembre de 1985 cuyos textos son los siguientes:

"Las Partes entienden que corresponden al Perú la operación y
explotación autónoma de los mencionados establecimientos y zonas y que
los mismos –en cuanto conforman un sistema integrado de servicios-
deben ser administrados por un funcionario del Estado peruano,
facultado para coordinar su operación con las autoridades chilenas, en
un marco de cooperación que asegure el beneficio mutuo avizorado en el
Tratado de 1929".

"Las Partes entienden asimismo, que el Malecón de Atraque para el
servicio del Perú integra jurídica y funcionalmente el complejo
portuario de Arica y, por ende, está sujeto a la autoridad chilena en
todo lo que guarda relación con las competencias de la Dirección
General del Territorio Marítimo y Marina Mercante de Chile
(Gobernación Marítima y Capitanía del Puerto de Arica) y a la propia
autoridad portuaria de Arica".

"De igual modo, las Partes entienden que las funciones de
mantenimiento del orden público en los establecimientos y zonas para
el servicio del Perú, que corresponden al Estado de Chile, serán
ejercidos de manera compatible con los fines del Tratado y en un
espíritu de franca cooperación bilateral".

Sobre la base de la precedente capitulación –que trae a la memoria el
parágrafo segundo del Artículo Once del Protocolo de 17 de marzo de
1934 Polo-Rivas Vicuña en que se decía que "con la ejecución de este
compromiso se declaran totalmente cumplidas, por parte de Chile, las
obligaciones referentes a obras en el puerto de Arica, contraídas en
el Artículo Segundo del Protocolo Complementario de la misma fecha-
"el Acta del 29 de noviembre de 1985 infringe asimismo el Artículo
Sétimo del Tratado de 1929 al concertar, en el numeral 5 de su Parte
II, que "el gobierno de Chile reconoce que las propiedades que el Perú
posee en Arica, denominadas Casa de Bolognesi y Casa de Yanulaque
están protegidas por las disposiciones del Artículo Sétimo del Tratado
de Lima y, por lo tanto, son intangibles" al tiempo de negarle tal
intangibilidad y tal protección al predio conocido con el nombre de El
Chinchorro que, al igual que en el Artículo III del Protocolo de
Liquidación de Obligaciones de 17 de marzo de 1934 Polo-Rivas Vicuña,
el gobierno del Perú venderá al de Chile porque "actualmente dificulta
el desarrollo de la ciudad de Arica".

Si por parte de Chile constituye ciertamente un éxito que el gobierno
del Perú se desprenda en el corazón de Arica de un predio estratégico
rectangular de 300 mts. por 450 mts. en los linderos del Ferrocarril
de Arica a La Paz, entre el km. 3,420 y el km. 3,720 con un área de
135,000 mts2, unida al mar por una ruta de acceso de 700 mts. de largo
por 15 mts. de ancho o sea un área adicional de 10,500 mts2;
ciertamente constituye también un desacierto que el ministro de
Relaciones Exteriores del Perú no se percate de que "el Artículo
Sétimo del Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 le brinda amparo
total tanto a El Chinchorro propiamente dicho como a su franja de
salida al mar (El Chinchorro Bajo o Tierras Blancas) desde que el
ministro plenipotenciario del Perú en Francia don Mariano H. Cornejo
lo adquirió de la sociedad inglesa Corocoro United Copper Mines
Limited mediante contrato de compra-venta celebrado por Escritura
Pública de 19 de febrero de 1926 ante Notario de París" y, ese mismo
año, con intervención del Notario de Arica César Jiménez Fuenzalida,
lo inscribió con el número 22 a fojas 10 vuelta en el Registro de la
Propiedad de 1935 en el Rol de Avalúos según dio fe el Notario
Conservador Carlos Soffía Stuardo.

Rechazando por impertinentes las pretensiones del ministerio de
Vivienda de Chile y de la Junta de Adelanto de Arica sobre El
Chinchorro, del que se hallan invadidos algo más de 18,000 mts.2; el
gobierno del Perú no se puede olvidar que, desde El Chinchorro hasta
el pie del Morro, fue que se encontraron, escalonados, los seis
Fuertes Peruanos de la plaza encargados de la defensa de Arica en
junio de 1880: el San José, el Santa Rosa y el Dos de Mayo, a cargo
del Teniente Coronel Juan P. Ayllón; fuertes estos a los que, formando
un ángulo recto, dentro del cual quedaba Arica, seguían el Fuerte del
Morro, mandado por el ex comandante de la Independencia Guillermo
Moore; el Fuerte Ciudadela, mandado por el Coronel Justo Arias
Araguez, Fuerte Ciudadela que, cerrando el triángulo defensivo, se
unía al Fuerte San José en el extremo norte de la plaza por medio de
una línea zigzagueante de fosos y sólidos parapetos, en adición al
sistema de minas por medio de baterías eléctricas con que fue envuelta
la ciudad para salvarla y que lamentablemente falló cuando, al caer
prisionero el ingeniero Teodoro Elmore con los croquis de los campos
minados antes del asalto por los chilenos, les permitieron a éstos
desactivarlas hasta el río Azapa en que termina la Pampa del
Chinchorro que, iniciado el combate, también ardió cuando los fusiles
del Lautaro comenzaron su mortal chisporroteo y se inició la carga
chilena sobre el Morro precedida del grito ¡A deguello!, ¡A deguello!,
que sólo cesó cuando todo quedó destilando sangre, según puede leerse
en las páginas de la Guerra con Chile contra el Perú y Bolivia de
Mariano Felipe Paz Soldán; del Adiós al Séptimo de Línea de Jorge
Inostroza y de La Guerra del Salitre de Guillermo Thorndike.

Tampoco puede olvidar el gobierno del Perú ni que en la zona de El
Chinchorro, próxima al muelle de Arica, los peruanos se reunían en
vísperas del Plebiscito, ni que en Arica –de la que en Chile o una
loca geografía Benjamín Subercasseaux escribió que "si venimos del
Norte nos parece una ciudad desbordante de chilenidad" pero "si
venimos del Sur nos sabe a tierra extranjera". El Chinchorro, donde
moran lo que Gugliemo Ferrero llamó "los genios invisibles de la
ciudad" en su libro El Poder, podría convertirse en la sede del
Consulado del Perú, en foco de irradiación cultural en el que podría
haber un Museo de Arte e Historia en el que deberían ocupar lugar
destacado reproducciones de las Cuevas y Pinturas de Toquepala que
configuran los patrones del Paleolítico Superior, las momias
preincaicas de la llamada Cultura Chinchorro encontradas en la parte
baja del Morro que, mediante pruebas de radio carbono, se ha
establecido que datan del año 5,830 AC y, por tanto, que aventajan en
más de 2,600 años a las momias egipcias poniendo de relieve ante el
mundo el hecho de que, como lo demostraron admirablemente José de la
Riva Agüero y Luis E. Valcárcel, el área geográfica del Perú, que se
identifica con su área cultural antigua, no se limita al cuadro
territorial de la presente república sino que, cuando menos, comprende
todo el Alto Perú o Bolivia, idéntico al Perú Bajo en clima y
orografía, y aún se extiende a regiones aledañas como a la Sierra del
Ecuador, hasta Pasto y las nacientes del Cauca, a la porción andina
del Noroeste argentino y a la mayor parte de Chile, hasta más allá del
Maule.

Una obra así serviría para disipar los temores del diario El Mercurio
de Santiago que, refiriéndose al cumplimiento por Chile de las
obligaciones pendientes que tiene conforme al Tratado de 1929, el 1 de
diciembre de 1986 sostenía que "hay quienes piensan que estas obras no
traerán prosperidad a Arica sino que sólo serán útiles al Perú" y que
"se teme que de la actividad comercial peruana resulte un
cercenamiento de los intereses económicos chilenos y aún de su
soberanía…".

Algo que no se atrevieron a poner los firmantes del Protocolo de
Liquidación de Obligaciones del 17 de marzo de 1934, sí lo pusieron
los firmantes del Acta del 29 de noviembre de 1985 con la Promesa de
Acuerdo de ejecución que, como era de preverse, el 23 de febrero de
1986, en extensa conferencia de prensa ofreció en su Palacio de
Gobierno, provocó la declaración del presidente Víctor Paz Estenssoro
de que con un "enfoque fresco, Bolivia buscará un camino de
entendimiento con Chile para resolver su mediterraneidad mediante la
creación de una salida y creciente relación de intereses económicos en
adición al apoyo de la comunidad hemisférica; y, en el curso de la
misma semana, la designación de Jorge Siles Salinas, casado con una
hermana del canciller de Chile Jaime del Valle y hermano del ex
presidente de Bolivia Luis Adolfo Siles Salinas y Hernán Siles Suazo,
como nuevo Cónsul General de Bolivia en Santiago, después de que
Bolivia rompió relaciones con Chile en 1978 al naufragar las
negociaciones para la obtención por Bolivia de una franja territorial
de acceso al Pacífico, junto a la línea de La Concordia entre Chile y
el Perú, por la exigencia chilena de una recompensa territorial.

Me refiero al Punto III que, sobre Revisión de Textos de Historia,
como si investigar la verdad y decirla tal como se la piensa pudiera
ser criminal, dice así:

"Los ministros estuvieron de acuerdo en poner en práctica, en el más
corto plazo posible, un procedimiento que permita en sus respectivos
países efectuar una revisión de los textos de historia, a nivel de la
enseñanza primaria y secundaria, con miras a darles un sentido de paz
e integración".

Para recusar tan aberrante Acuerdo bastaría meditar sobre la lección
que dio José de la Riva Agüero cuando afirmó con rotundidad que "la
historia, ministerio grave y civil, examen de conciencia de las épocas
y los pueblos, es escuela de seriedad y buen juicio pero también, y
esencialmente, estímulo del deber y el heroísmo, ennoblecedora del
alma, fuente y raíz del amor patrio", atendiendo a que el patriotismo
se alimenta y vive de la Historia, a que la palabra patria viene de
padres y, por ello mismo, que "sobre el altar de la patria y bajo su
gallarda llama hecha de ruegos e inmolaciones, de valor y de
plegarias, deben existir siempre, como en la ritualidad litúrgica
católica, los huesos de los predecesores y las reliquias de los
mártires" (La historia en el Perú, Lima 1910).

Desde otro punto de vista cabría tener presente asimismo que las leyes
del Perú no prohíben que los peruanos y peruanas de todas las edades,
y de todas las condiciones económicas y sociales, lean lo que quieran
y saquen sus propias conclusiones reponiendo en el recuerdo a
Sebastián Castalion cuando, con esplendidez moral y osadía que llegó a
causar asombro, se irguió contra el poder omnímodo del Calvino
implacable que quemó a Miguel Servet, no sólo afirmó la frase
lapidaria que "no hay ningún mandato divino, aunque se involucre el
nombre de Dios, capaz de justificar la muerte de un hombre" sino que,
en su célebre Manifiesto de la Tolerancia, escribió en 1551 que "nadie
debe ser forzado a una convicción" porque "la convicción es libre" y
que "investigar la verdad y decirla tal como se la piensa no puede ser
nunca criminal"; filosofando con Huizinga cuando, haciendo reposar su
concepto en el poder de la tradición que se hace presente como voces
de muertos que asustan a los intrusos y salvan la integridad de los
dominios nacionales, aseveró que "historia es la forma espiritual en
que una cultura se rinde cuenta con su pasado", con Rande formulándose
preguntas sobre el valor moral de la historia como aliada y consejera
de la política o con Spengler cuando vinculaba la política exterior a
un día de éxitos verdaderos y, reclamando "estar en forma para todo
acontecimiento imaginable", pronosticaba en Años Decisivos que "serán
los ejércitos y no los partidos la forma futura del poder" porque
éstos "no saben encontrar el camino que conduce desde el pensamiento
partidista al pensamiento estadista" y aseguraba que "una nación sin
caudillo y sin armas, empobrecida y desgarrada, no tiene siquiera
asegurada la mera existencia"; o con los estudios de Toynbee sobre las
virtudes de la adversidad, la incitación del contorno, la pérdida de
dominio sobre éste, el enmohecimiento de las armas y la eficiencia
progresiva de éstas a las que sobreviene la ruina porque su
agresividad las agota y se hacen intolerables a sus vecinos, el cisma
en el cuerpo social y el cisma en el alma, el ritmo de la
desintegración y la pérdida de la autodeterminación, las
civilizaciones colapsadas por escépticas en su destino y mohosas en
sus instrumentos.

En este filosofar así, meditando la lección de Américo Castro cuando
elocuentemente enseñaba que "hay que esforzarse por ver, en unidad de
estructura, de dónde arranca y hacia dónde va el vivir"; reparando que
en nuestra patria la historia sirve para pintarnos el proceso doloroso
por medio del cual se desvió el paso cívico y los dirigentes
encargados de iluminar caminos le marcaron rumbos oscuros a la
colectividad, me asalta una grave interrogante: ¿Qué razón movió al
canciller Wagner a no reconocer la enseñanza de Gustavo Gutiérrez
cuando en la Fuerza Histórica de los Pobres, al estudiar la historia
de cautividad y liberación de los "cristos azotados de las Indias",
pregona la necesidad de "evitar la amnesia histórica"?

¿Me pregunto si será acaso más provechoso para el Perú sucumbir ante
la amnesia histórica –la amnesia que Andrés Avelino Aramburú, el
periodista de la defensa nacional como lo llama Raúl Porras, combatía
apasionadamente enrostrando a la ciudadanía que hubiera usado las
aguas del Leteo que borran los recuerdos de la memoria- que meditar
con Jorge Basadre cuando en el prólogo a La chilenización de Tacna y
Arica de Raúl Palacios Rodríguez, interrogaba si el Perú podría darse
el lujo de esquematizar o dar las espaldas a su larga historia cuando
a su alrededor no hay nadie que pisotee la propia y si el Perú podía
ignorar que muy cerca era y es muy fácil detectar afanes revanchistas
e indicios de avideces?

¿Me pregunto si tal vez resulte dañino para los peruanos borrar toda
huella de los versos estremecedores de José Santos Chocano después que
sonaron en el empedrado de las calles de Lima las botas del vencedor y
manos chilenas arrearon del Palacio de Gobierno la Bandera del Perú?:

Recuerdo que a su lado
mi madre me tenía
aquel siniestro día
en que escuché espantado
sonar el destemplado
clarín del vencedor.
-¡Escúchalo!- decía
mi madre…Y lo escuchaba, lo escucho todavía
lo escucharé hasta cuando resuene otro mayor.
Por eso hoy me inspira
ese recuerdo henchido de la más santa ira,
los nervios de mi madre son cuerdas de mi lira….

¿Me pregunto si será acaso más provechoso para el Perú sucumbir ante
la amnesia histórica que reflexionar sin censuras de ninguna clase
sobre los siguientes mandatos de Manuel González Prada: "el hombre que
siempre emergió" al decir de Luis Alberto Sánchez, a quien también
corresponde el haber proclamado con razón que "algunas catástrofes nos
han sobrevenido porque no tomamos en cuenta su lucidez"?

"Chile, como el tirano que mataba a sus mujeres y después saciaba en
el cadáver su apetito de fiera con delirio genesíaco, chupó ayer
nuestra sangre, trituró nuestros músculos, y quiere hoy celebrar con
nosotros un contubernio imposible sobre el polvo de un cementerio. No
creamos en la sinceridad de sus palabras ni en la buena fe de sus
actos; hoy se abraza contra nosotros, para con la fuerza del abrazo
hundir más y más el puñal que nos clavó en las entrañas. Dejemos ya de
alucinarnos; en nuestro enemigo el hábito de aborrecernos se ha
convertido en instinto de raza. En el pueblo chileno, la guerra contra
el Perú se parece a la Guerra Santa entre musulmanes; hasta las
piedras de las calles se levantarían para venir a golear, destrozar y
desmenuzar nuestro cráneo. Chile, como el Alejandro crapuloso en el
festín del Dryden, mataría siete veces a nuestros muertos: más aún:
como el Otelo de Shakespeare, se gozaría en matarnos eternamente.
Aquí, alrededor de estos sepulcros, debemos reunirnos fielmente no
para hablar de confraternidad americana y olvido de las injurias sino
para despertar el odio cuando se adormezca en nuestros corazones, para
reabrir y enconar la herida cuando el tiempo quiera cicatrizar lo que
no debe cicatrizarse nunca. Tenderemos la mano al vencedor, después
que una generación más varonil y más aguerrida que la generación
presente haya desencadenado sobre el territorio enemigo la tempestad
de asolación que Chile hizo pasar sobre nosotros, después que la
sangre de sus habitantes haya corrido como nuestra sangre, después que
sus campos hayan sido talados como nuestros campos, después que sus
poblaciones hayan ardido como nuestras poblaciones. Entretanto, nada
de insultos procaces, de provocaciones insensatas ni de empresas
aventuradas o prematuras; pero tampoco nada de adulaciones o bajezas,
nada de convertirse los diplomáticos en lacayos palaciegos, ni los
presidentes de la República en humildes caporales de Chile". (Manuel
González Prada, Páginas Libres, Madrid 1915)

¿Me pregunto, finalmente, si será acaso más provechoso para el Perú
dejarse ganar por la amnesia histórica o releer esta prosa sin
eufemismos, quemando naves, y calar estos pensamientos robustos y
actuales que aparecen en El tonel de Diógenes:

"Con Chile no vale razones. Su conducta pasada nos anuncia su conducta
venidera que nunca se guiará por un espíritu de justicia, que nunca
procederá de buena fe con nosotros: su americanismo no pasa de un
gastado recurso oratorio. Tiende la mano al Perú con tal que el Perú
le conceda cuanto quiera pedirle. Se sorprende o finge sorprenderse de
que algún peruano guarde el recuerdo de las abominaciones cometidas en
la Guerra del 79".

De aquellas imborrables abominaciones da cuenta Rubén Vargas Ugarte,
S.J., en el tomo X de su Historia General del Perú editada por Milla
Batres en 1984 en Barcelona.

Relata el padre Vargas los fusilamientos sin piedad en las gradas del
templo y los excesos de la soldadesca chilena en Arica –fuera de todas
las leyes de la guerra- después de la épica jornada del Morro. Se
apoya el erudito autor en la comunicación del agente consular de
Estados Unidos en Arica quien le expresaba a su gobierno: "Debo decir
que la conducta de los chilenos tanto en Tacna como en Arica es la más
desgraciada. En Tacna la mayor parte de las casas han sido robadas y
muchas de ellas destruidas. Asesinatos se cometen todos los días. En
Arica asesinaron a los indefensos y heridos. La mayor parte de la
ciudad ha sido quemada y saqueada".

Sobre las expediciones que se llevaron a cabo por la Costa peruana
para atemorizar a las poblaciones, escribió el sacerdote jesuita:
"..estas expediciones no tuvieron otro objeto que el saquear
poblaciones indefensas, destruir cuanto había de algún valor sin otro
fin que el hacer daño, imponer cupos a las poblaciones que no ofrecían
resistencia alguna y, en resumen, llevar a cabo una guerra vandálica,
impropia de naciones civilizadas y de la cual no se hallan ejemplos en
la edad moderna. Chile es el país que vino a constituir una excepción
y escribió en sus anales una página de latrocinio y de asolamiento que
la historia no podría olvidar".

En el reverso de la fotografía de Patricio Lynch, recapitulando varias
páginas, anota que "su nombre fue sinónimo de robo. El encabezó una
expedición por la Costa peruana en los transportes Itata y Copiapó. La
expedición se entregó al saqueo, a la barbarie y al pillaje en los
indefensos puertos de Chimbote (10 de setiembre de 1880), Supe (14, 15
y 18 de set.), Paita y Eten (20 y 24 de set.), Trujillo, Chocope y
Lambayeque fueron expoliados con los llamados cupos, lo mismo que
Chilca y Camaná, donde terminó la tal expedición que dejó un cuadro de
verdadera desolación y horror. Los mismos representantes del Congreso
de Santiago de Chile hubieron de elevar enérgicas protestas por tan
tenebrosos actos de vandalismo, que no hicieron sino manchar la
historia de ese pobre país".

No omite el padre Vargas Ugarte referirse al desenfrenado saqueo e
incendio de Chorrillos el 13 de enero de 1881 hasta ser reducido a
escombros como lo certifican las placas fotográficas que tomó Courret
de dicho acto de barbarie y corroboran las patéticas acuarelas del
teniente de la marina inglesa Rudolf E. March Philips de Lisle,
testigo imparcial de sanguinarias y sobrecogedoras matanzas. Recuerda
Rubén Vargas Ugarte que "de la destrucción de Chorrillos, y de los
excesos a que llegó la soldadesca chilena, se hicieron eco los mismos
diarios chilenos de la época. Entre otros documentos –dice- puede
citarse la Carta Política de Manuel J. Vicuña, testigo presencial de
los sucesos". No fue Vicuña el único. El corresponsal en campaña de El
Mercurio de Valparaíso, en carta fechada el 22 de marzo de 1881, se
refirió así al día inolvidable y dantesco, en que, como preámbulo al
atroz en que el coronel Lagos dejó el pueblo de Barranco y avanzó
sobre Miraflores a la que hizo prender fuego por sus cuatro costados
al tiempo que la juventud limeña combatía bravamente y moría con honor
en los reductos, "la noche se iba cerrando en las calles de
Chorrillos, alumbradas por el fulgor de cien incendios, semejaba un
fantástico cuadro de escenas del infierno" en que "el siniestro
resplandor de los incendios alumbraba sólo repugnantes escenas de
orgía y exterminio".

Volviendo a Patricio Lynch recordemos el ¡Señor, acuérdate de los
atenienses! que, según Herodoto se hacía repetir el gran rey persa
para recordar, perennemente, la ofensa de los griegos. Por esta misma
razón los peruanos tampoco olvidamos a Lynch que, al frente de su
desalmada fuerza expedicionaria, recorrió todos los puertos de la
Costa peruana con el objeto de arruinar la propiedad privada,
apoderarse de las mercaderías y, como lo acredita sir Clements R.
Markham en La Guerra entre el Perú y Chile (Ciudad de los Reyes,
MCMXXII) en que denuncia la barbarie desenfrenada de las hordas de la
conquista (p. 190 y siguientes), destruir las obras públicas como
muelles, ferrocarriles y aduanas: "Ordenóse a Lynch que arrasase todo
el litoral peruano, desde el Callao a Paita, y aquél cumplió sus
instrucciones al pie de la letra, arruinando dondequiera tanto la
propiedad pública como la privada. Los daños que causó no sólo en los
puertos marítimos de Huacho, Supe, Salaverry, Trujillo, Pacasmayo,
Chiclayo, Eten, Lambayeque y Paita, sino en todas las villas,
haciendas y plantaciones, fueron incalculables. La obra de destrucción
se llevó a cabo sistemática y bárbaramente. La dinamita fue el agente
que se empleó para destruir los muelles de hierro y todos los
edificios sólidos. Las casas que se incendiaron fueron regadas
previamente con petróleo y otras sustancias igualmente inflamables".
Luego de referirse Markham a las enloquecidas atrocidades de Lynch en
sus salvajes correrías, no omite el autor recordar que, "después de
robar en lo posible a las poblaciones de la Costa peruana, regresó a
Arica recibiendo de su gobierno la aprobación cordial de sus hazañas.
Así terminó esa expedición de pillaje y de criminal saqueo, perpetua
infamia para sus autores y para el gobierno que proyectó y aprobó su
ejecución, tan grande que hasta los mejores escritores chilenos la
condenan".

Cabe recordar que no fue el último homenaje al sanguinario marino
chileno. Relata Francisco A. encina en su Historia de Chile que el
general en jefe del ejército de ocupación, almirante Patricio Lynch,
llegó a Valparaíso a bordo del Abtao el 30 de agosto de 1883, después
que, el día 8, había sido ascendido a vicealmirante: "Desde el
amanecer, escribe Encina, la ciudad de Valparaíso estaba embanderada.
Arcos ornados de emblemas y leyendas se alzaban en el trayecto del
muelle al Hotel Francia. Apenas se divisó en el horizonte la Abtao, la
población entera se arremolinó en la playa. La marina, purgada de
camarillas, se sentía ahora orgullosa de tener por jefe a una de las
más estupendas figuras surgidas de la guerra".

Cabe recordar finalmente que, respaldado por las páginas terribles de
Víctor Miguel Valle Riestra (¿Cómo fue aquello?) y de Perolari
Malmignati (Il Peru e i suoi tremendi giorni), quien no vaciló en
calificar a los soldados chilenos de "bestias feroces" que llegaron a
infundirle pavor a su propio jefe el general Baquedano en la noche de
la toma de Chorrillos, anota el padre Vargas Ugarte en el reverso de
la lámina XL: "Vencida toda resistencia en Miraflores el enemigo se
dispuso a tomar la ciudad de Lima, lo cual se hizo en la tarde del 17
de enero de 1881. Los batallones chilenos ocuparon la Plaza de Armas
en medio de un silencio sepulcral, la ciudad se había rendido y no
quedaba sino la ocupación. Es de advertir que gracias a la mediación
del almirante francés Bergasse du Petit Thouars, Lima se libró de ser
devastada por el enemigo, pues advirtió al general Baquedano que, de
no ser respetada la ciudad y sus pobladores, los cañones de su nave
romperían los fuegos contra los barcos chilenos. Es de agradecer,
también, la mediación del Cuerpo Diplomático residente en Lima".

Agrega a continuación el autor que, "estando los chilenos en posesión
de la ciudad, se dieron al saqueo de las principales instituciones
culturales de Lima: entre la más afectadas estuvieron la Biblioteca
Nacional, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Casa de la
Moneda, el Palacio de Gobierno, la Escuela de Artes y Oficios, el
Palacio de la Exposición, el Congreso Nacional, la Escuela de Medicina
de San Fernando, el Archivo Nacional, etc."

Fue en aquella época de ominosa ocupación de la ciudad que el ya
mencionado Patricio Lynch, como sucesor del jefe del ejército chileno
coronel Pedro Lagos, el que después de las "repugnantes escenas de
orgía y exterminio" que auspició en Chorrillos convirtió a la
Universidad Nacional de San Marcos en cuarte de sus tropas y pesebrera
de su caballada, no sólo llevó adelante la devastación del Perú que
exigían el Congreso y la prensa chilenos sino que, como el "el
príncipe rojo" según lo llamó el historiador de su país Vicuña
Mackenna, estableció en Lima un tribunal militar de "tigres revestidos
o disfrazados con el ropaje de jueces" –al decir de Mariano Felipe Paz
Soldán- que condenaba a muerte y hacía ejecutar, en las tristemente
célebres "esquinas del escarmiento" como la Plazuela de la Salud y la
intersección de la calle de la Salud y del jirón Arica (hoy Rufino
Torrico), "a inocentes peruanos, sin más delito que haber presenciado,
por casualidad, la pelea entre algún chileno que robaba y la víctima
que se defendía, o ponía a salvo la honra de su familia".

No parece suficiente lo anterior. Ante las pretensiones de los
cancilleres Wagner y Del Valle de controlar la mente de nuestro pueblo
libre y patriota, censurando lo que ha de leer y decidiendo qué libros
ha de leer, es preciso reactualizar las siguientes exactas palabras
que Alberto Ulloa Sotomayor escribió hace algunos años sobre una
infortunada iniciativa brasilera renovada después por Chile (Informes
del Asesor Técnico Jurídico, Lima 1941):

"Bajo un noble propósito de cordialidad continental, esa disposición
contenía un peligroso espejismo e importaba la renuncia, por parte de
países injustamente agraviados o víctimas de la acción agresiva de
otros Estados, a constataciones históricas y a la legítima formación
en su juventud de un espíritu de justa calificación de la Historia,
así como de la voluntad de impedir que ésta se repita por debilidad o
por ignorancia. Los términos citados, viniendo a consagrar con el
silencio que prepara el olvido, no sólo la realidad material sino la
confirmación espiritual de grandes injusticias pretéritas,
representarían, en casos determinados, el indulto de delitos
históricos que las generaciones deben conocer para que su conciencia
vigilante impida su repetición o procure su rectificación, según las
situaciones y las oportunidades por venir, dentro de los campos
legítimos de la acción diplomática y jurídica. Este espíritu no
estorba sino facilita una tendencia pacífica y de profunda solidaridad
humana en las nuevas generaciones porque no representa un sentimiento
de revancha sino de adhesión al Derecho, cuyo respeto es condición
necesaria para la armónica convivencia internacional. El silencio y el
olvido que imponen la aceptación de las soluciones de fuerza y de los
procedimientos antijurídicos en la vida de relación de los Estados,
actúan como incitadores para su repetición. Convienen a la política de
Estados Imperialistas, expansivos o conquistadores, pero no a la
política de los Estados que han sido o pueden ser víctimas de los
primeros".

El mismo Ulloa también fue quien, ante remanentes intereses que
aceptan la mutilación y persisten en alistarse contra la Nación
negociando o declinando su soberanía sea porque no nacieron dentro de
los muros del Perú ni fueron criados dentro de esos benditos muros en
salas que resuenan con las bendiciones de heroicos antepasados o sea
porque con estirpe extranjera no pudieron saber realmente lo que es
nacer peruano y no fueron sino peruanos por cortesía, proclama que
"mientras no desaparezcan totalmente las generaciones que hicieron la
guerra o las que recibieron de éstas la tradición oral de sus horrores
y la tradición escrita de cómo se preparó la agresión y de cómo se
quiso prolongarla en Tacna y Arica, hasta cerca de 50 años después de
haber cesado las hostilidades militares, la amistad con Chile tendrá
que desenvolverse en un campo de dignidad y de vecindad sin intimidad
dentro del cual quepan la coordinación de los intereses recíprocos y
el recuerdo de agravios sufridos por el Perú como Nación que las
víctimas del injusto sacrificio han nimbado de heroísmo" e
incorporando al alma nacional en un sentimiento que, por encima de
tímidos y nocivos eufemismos, Víctor Raúl Haya de la Torre definió así
en la entrevista que le concedió el 2 de octubre de 1977 a la Revista
Resumen de Caracas: "Los peruanos creen que el Corredor propuesto
establece ya una separación absoluta entre Perú y Chile al norte de
Arica y hay un remoto anhelo patriótico de recuperar Arica".

En éste, retrocediendo en el tiempo, el mismo problema que vio Tomás
Caivano en su Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y
Bolivia en la que relata que, después de las batallas de San Juan y
Miraflores y de la consiguiente ocupación de Lima, Chile hacía
circular noticias de una próxima invasión a Bolivia que no tenía otro
objeto que ejercer presión sobre ella, por medio del terror, para que
se prestara dócilmente a secundar sus planes.

Al recordar Caivano que, para realizar este propósito, se hacía saber
al general Campero, por conducto de agentes hábiles y discretos, que
estaba dispuesto a firmar la paz en condiciones ventajosísimas para
Bolivia siempre que las negociaciones se hicieran sin el concurso del
Perú, sin ocuparse de nuestro país para nada; destaca también Caivano
que "el general Campero, fiel a la alianza con el Perú y con
conocimiento perfecto de los verdaderos intereses de su patria,
rechazó estas insidiosas proposiciones alegando que Bolivia estaba
pronta a entrar en arreglos para la paz siempre que Chile tuviese
decidida intención de hacerlo de una manera justa y equitativa y con
el concurso de la nación aliada, con cuyo conocimiento debían
iniciarse y seguirse las negociaciones, única manera de poner término
efectivo a la guerra entre las tres repúblicas, beligerantes, pero
nunca escucharía la proposición ni aceptaría gestión alguna al
respecto sin la previa seguridad de que ellas se referían también al
Perú".

No pueden ser más reveladoras estas palabras de Caivano: "Chile no se
desalentó con esta digna contestación y ordenó a sus agentes secretos
que precisaran el pensamiento del gobierno haciendo al general Campero
la siguiente propuesta: "Si Bolivia rompe su alianza con el Perú y
aisladamente trata la paz con Chile, éste se compromete. Primero.- A
no exigir a Bolivia indemnización alguna por los gastos de guerra;
Segundo.- A cederle, en cambio del litoral del Atacama, las
importantes provincias peruanas de Tacna y Arica, y tal vez si la de
Moquegua; Tercero.- A construir, por su cuenta, un ferrocarril de
quinientas millas de largo que, partiendo de Iquique o Antofagasta
–territorios que ya consideraba chilenos-, se internaría hasta los más
importantes centros comerciales de Bolivia; y Cuarto.- A firmar un
tratado de alianza ofensiva y defensiva, o defensiva simplemente, a
elección de Bolivia, en la que probablemente tomaría parte otra fuerte
potencia continental: el Brasil, para que Bolivia no abrigara jamás el
temor de represalias del Perú".

Estas promesas "eran verdaderamente tentadoras" como dijo el general
Campero en nota confidencial al ministro de Relaciones Exteriores de
la República Argentina.

Al respeto anota Tomás Caivano estas elocuentes palabras: "La posesión
de Tacna y del magnífico puerto de Arica importaba para Bolivia la
conquista de la mejor, más fácil y más rápida salida hacia el mar, vía
indispensable para un país que, sin el litoral que Chile le había
arrebatado, quedaba encerrado, ahogándose entre los Andes, careciendo
de medios para exportar sin dependencia de los vecinos sus productos
naturales, era la adquisición de una vía útil, segura y libre de
trabas para su comercio de importación; significaba, en fin –con el
auxilio del ferrocarril proyectado por Chile- el renacimiento a una
vida próspera, social y económicamente.- Bolivia, en realidad hubiera
obtenido, como resultado de una guerra tan desastrosa para las
naciones aliadas y en la que ella había tomado una parte tan
insignificante como desgraciada, mayores y más ventajosos provechos
que los que habría podido alcanzar tras una serie de gloriosos
triunfos: en comparación con estas grandes y positivas ventajas, la
pérdida de Atacama hubiera carecido de importancia para ella. Más para
obtener estas ventajas –que, por otra parte, no dejaban de tener
graves y muy serios inconvenientes- era preciso, ante todo, traicionar
al Perú, a la república aliada que se vio envuelta en una guerra para
la que no había hecho preparativo alguno, sólo por culpa de Bolivia,
por haber acudido con hidalga presteza en auxilio de ésta a Santiago,
cuando Chile le hizo la primera ofensa…! Era necesario volver
cobardemente la espalda al aliado generoso y desgraciado, al que
bastaba declarar su neutralidad en la escandalosa guerra promovida por
Chile, para permanecer extraño al asunto, seguro, tranquilo y
acopiando elementos de defensa, por lo que resultar pudiera; y que
llamado, provocado, obligado a la lucha armada, por no haber querido
abandonar a su aliada a su propia suerte, sostuvo, soportó –sólo casi
siempre- todo el peso de la guerra, y no como quiera, sino hasta el
sacrificio, hasta verse aniquilado, exánime, sin fuerzas, olvidándose
hasta de sí mismo por cumplir su caballeroso deber…! Era
indispensable, en fin, después de haber traicionado al noble defensor,
dejándolo a merced del enemigo, en la última y tremenda hora, unirse,
aliarse y dividir con éste los despojos de aquél…!; ¡Los grandes
beneficios que en nombre de Chile se ofrecían a Bolivia serían, pues,
el precio de una doble e infame traición contra el Perú, contra el
nobilísimo aliado que todo lo sacrificó en defensa de aquella
república! Y el general Campero, sin vacilar un momento, sin tener en
cuenta otras razones que hubieran podido decidirle a aceptar las
tentadoras propuestas, respondió a ellas: ¡No!....

Páginas más adelante, después de narrar la forma en que Chile no se
engañó al poner en práctica esta política insidiosa y, de manera
especial, cuando pensó dividir a Bolivia en dos bandos, uno de los
cuales había de ser su mejor colaborador hasta que se firmó el Pacto
de Tregua de 1884, retoma Caivano el punto de las propuestas chilenas
a Bolivia respondiéndose a estas dos graves preguntas que, no por
planteadas en su libro citado en Torino el año 1882 en que vio en
italiano la primera luz, han dejado de seguir luciendo palpitante
actualidad:

"¿Eran sinceras las grandes promesas que, en nombre de Chile, se
hacían a Bolivia? ¿Podía Chile abrigar la intención sincera de dar
participación tan grande en los frutos de su victoria a uno de los
vencidos, cuya impotencia era tan manifiesta que ya no osaba intentar
la más leve resistencia?"

En verdad que a nadie es dado penetrar o adivinar las intenciones
reales de los demás, reconoce Caivano, pero, juzgando imparcialmente,
con criterio desapasionado, todo lo ocurrido hasta entonces, los
móviles de la guerra, la manera como ésta siguió, los medios que se
emplearon para obtener el triunfo y los frutos de éste, agrega el
autor, hay que declarar, de una manera fatal, que Chile no tuvo jamás
tales intenciones.

Estas son las palabras textuales de Caivano que, en opinión
irrebatible de Raúl Porras Barrenechea en sus Fuentes históricas
peruanas, representa en la historia de la guerra "la primera voz
generosa y leal para el Perú, llena de comprensión para su causa": "La
escandalosa monstruosidad del ensañamiento de Chile contra el Perú,
arrebatando a éste una vasta y rica zona de su territorio, para
obsequiar una parte de él a la infiel aliada –como precio de esta
misma infidelidad, de la ruptura con el noble país que la había
favorecido, de su nueva alianza con el enemigo, faltando a la fe
jurada- no podía tener sino una explicación racional: la de que Chile
se consideraba impotente para concluir ventajosamente –como la había
iniciado- la guerra contra la alianza Perú-boliviana, y que, por lo
mismo, para obtener cuando menos una parte de los frutos de sus
victorias, se veía en la necesidad de comprar, a un precio muy alto,
el favor –deshonroso para ambas- de la república, causa eficiente del
conflicto, y por lo cual, fiel a sus tradiciones, el Perú había ido a
la guerra".

Así lo había visto Mariano D. Muñoz quien, en carga a Zoilo Flores,
Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia en el
Perú, le expresó con fecha 21 de abril de 1879 sobre las tendencias
absorbentes del gobierno chileno con relación al litoral de sus
vecinos del norte: "Por marzo del 66, fue reconocido en La Paz el
señor don Aniceto Vergara Albano en su carácter de enviado
extraordinario y ministro plenipotenciario de Chile en Bolivia, con el
objeto de negociar y concluir la alianza ofrecida, y de reanudar las
conferencias pendientes sobre límites entre ambos países.-Llenado el
primer objeto, el plenipotenciario Vergara Albano y yo, en carácter de
secretario general de Estado y de ministro de Relaciones Exteriores,
procedimos a reabrir dichas conferencias. Agotadas las discusiones,
formulé las bases que, a juicio del gobierno de Bolivia, podrían
conciliar los intereses de ambas repúblicas, adoptando como punto de
partida la división del territorio disputado, en testimonio de
confraternidad, y como una transacción equitativa y amigable. Fue
durante esas conferencias que tuve ocasión de escuchar al
representante de Chile la proposición a que se refiere la carta que
contesto, esto es: "Que Bolivia consintiera en desprenderse de todo
derecho a la zona disputada desde el paralelo 25 hasta el Loa, o
cuando menos hasta Mejillones inclusive, bajo la formal promesa de que
Chile apoyaría a Bolivia del modo más eficaz para la ocupación armada
del litoral peruano hasta el morro de Sama, en compensación del que
cedería a Chile, en razón de que la única salida natural que Bolivia
tenía al Pacífico, era el puerto de Arica".- No bastó el rechazo leal
y franco que Vergara Albano escuchó de parte de Melgarejo y de la mía,
para que el gobierno chileno hubiera podido desistir de sus tendencias
absorbentes y de sus propósitos esencialmente usurpadores; pues
hallándome en misión especial en Santiago en los días anteriores a la
conclusión definitiva del tratado de límites, suscrito allí el 10 de
agosto del 66 por los plenipotenciarios don Alvaro Covarrubias, por
parte de Chile y don Juan Ramón Muñoz Cabrera por la de Bolivia, el
señor Covarrubias insistió con empeño en la demarcación y cambio de
litorales que me propuso Vergara Albano, y no fue sino también otras
muchas personas notables de aquella capital que nos sugerían la misma
idea a Muñoz Cabrera y a mí, bajo razonamientos distintos, pero todos
en el sentido de persuadirnos de que Chile abogaba a favor de Bolivia
y se proponía únicamente el equilibrio de los Estados del Pacífico y
la rectificación más natural en los límites de los tres países".

No sólo Mariano D. Muñoz ofreció este testimonio desaprensivo y
descalificador, en coincidencia con el testimonio del general Quintín
Quevedo quien, al condicionarle su apoyo el presidente de Chile,
Federico Errázuriz a la cesión de una parte del litoral reconocido
como integrante de Bolivia a cambio de ayudarlo con todo el poder de
Chile en la adquisición del litoral de Arica e Iquique, calificó de
torpe la propuesta y "antes de consentir en la infamia que se le
proponía" según documento firmado por Juan L. Muñoz inserto como
apéndice No. 2 en la p. 185 y sig. del Tomo III de la Narración
histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia de Mariano
Felipe Paz Soldán, resolvió suspender la expedición –mientras el
presidente de Chile no retirara su proposición que la dejó sin efecto
por intermedio de Nicomedes Ossa- que organizó en Valparaíso, con el
apoyo más decidido del intendente Francisco Echaurren, para ocupar el
litoral boliviano por agosto de 1872.

Así lo había visto también Zoilo Flores quien, como ministro
plenipotenciario de Bolivia en Lima, le expresó a Manuel Irigoyen,
ministro de Relaciones Exteriores del Perú, por nota fechada el 22 de
abril de 1879: "He tenido el honor de recibir el respetable oficio de
v.e., fecha 11 del corriente, en el que, refiriéndose a las
conferencias que hemos tenido sobre los pasos e insinuaciones del
gobierno de Chile para que Bolivia arrebate al Perú la provincia
litoral de Tarapacá y el departamento de Moquegua, anexándose Chile el
litoral de Bolivia, se sirve v.e. pedirme le transmita todos los datos
que poseyere sobre el particular.- En contestación, v.e., se servirá
encontrar adjuntas dos cartas de los señores doctor don Mariano Donato
Muñoz y coronel Juan L. Muñoz, personas caracterizadas y actores
principales de los sucesos que han dado lugar a una de las
innumerables manifestaciones de aquellos propósitos, y cuyos asertos
revisten todos los caracteres de la evidencia.- Además del testimonio
de dichos señores, que contiene ya la fórmula de ese pensamiento, que
constituye una aspiración y el tema obligado de una perseverante
propaganda para todo chileno de alguna ilustración, no es aventurado
asegurar que serán muy raros los casos en que los bolivianos de alguna
posición social no hayan escuchado, en el cambio de ideas con los
nacionales de Chile, la misma proposición insidiosa, siempre
engalanada con el brillo seductor de la conveniencia para Bolivia y
con la necesidad de rectificar el error en que incurrió Bolívar al
hacer la demarcación asignada a aquel estado".

"Esta, repetimos, prosigue Caivano, hubiera sido la única explicación
racional y lógica de la conducta de Chile, pero sería caer en un
absurdo suponerlo así, el de que Chile, que en 1879 sin vacilar,
retaba al Perú y a Bolivia a la guerra, habiendo obtenido triunfos que
reducían a la impotencia a estas dos repúblicas, tuviese tanto miedo
que se viera obligado a descender a subasta tan triste y vergonzosa.
No debe desconocerse, ni menos olvidarse, que Chile, para ahorrar
nuevas fatigas y evitar los peligros eventuales de una campaña contra
Arequipa, o de una interminable prolongación del estado de cosas
creado por las victorias de San Juan y Miraflores, o digámoslo de una
vez, para disipar el temor de otras guerras en un porvenir más o menos
lejano, trataba de separar a Bolivia del Perú, desde el principio de
la campaña; pero no creemos que quisiera hacerlo a costa de un
sacrificio tan grande, que más tarde podía serle perjudicial, y que de
todas maneras habría ofuscado el brillo de sus victorias, colocándolo,
además, en una situación ridícula respecto de Bolivia, tanto como
aquél que retando a otro a singular combate, se viera repentinamente
sobrecogido de terror, e hiciera por su enemigo lo que éste no se
hubiera atrevido a pensar ni hacer por sí y para sí mismo.- Chile
cumplirá sus promesas; arrebatará al Perú, además de Tarapacá, las
provincias de Tacna y Arica –decían en Bolivia los adversarios del
gobierno- porque necesitaba colocarnos a la vanguardia de su
conquista, para tener la convicción de que nuestro país no volverá a
combatir jamás al lado del Perú y contra él; porque, para asegurar la
conquista de Tarapacá, le es indispensable tener en los confines de
ésta una potencia enemiga del Perú interesada en impedir a éste que
recupere todos sus antiguos territorios. O, en otros términos: a Chile
conviene proceder lealmente con nosotros para crear un abismo
insalvable de odios y de rencores entre el Perú y Bolivia, abismo que
haga imposible todo acercamiento posterior entre ambas naciones, para
captarse, por cuenta propia, la amistad, la gratitud y las simpatías
de los bolivianos y para garantizar la conquista de Tarapacá,
poniéndola bajo la salvaguardia y aún bajo la protección de Bolivia,
país con el que el Perú tendría que luchar primero, el día que desee
recuperar sus territorios conquistados".

Así lo había visto igualmente Aniceto Arce (vicepresidente de Bolivia)
cuando, desde Sucre, le escribió al doctor Pol el 5 de marzo de 1881:
"La única tabla de salvación para Bolivia es la necesidad en que se
encuentra Chile de ponerla a su vanguardia para asegurar su
conquista".

Al llegar a este punto creo haberme aproximado al meollo del problema
creado por el ministro de Relaciones Exteriores al firmar con el
canciller de Chile el Acta del 29 de noviembre de 1985 con
inadvertencia de que en ella desconoce los derechos de la Nación en
Arica y que, por ser éstos "derechos de soberanía constituida", tales
derechos se encuentran en el centro del dominio inviolable del Estado.

Sobre esta base, que reposa tanto en la doctrina que sustenta Víctor
Andrés Belaunde en La Constitución Inicial del Perú ante el Derecho
Internacional cuanto en el ejercicio del "patriotismo funcional" que
Belaunde vincula a quienes estudian la historia y la jurisprudencia
para defender los citados derechos de la Nación, me formulo las
siguientes interrogantes:

1) ¿Es posible que el ministro de Relaciones Exteriores asuma
convencionalmente obligaciones contrarias a las prescripciones del
Tratado Rada y Gamio-Figueroa Larraín de 3 de junio de 1929 y su
Protocolo Complementario que fueron aprobados por los Congresos del
Perú y Chile y ratificados por los gobiernos de ambos países?
2) ¿Pueden prevalecer los Acuerdos que contiene el Acta suscrita en
Lima el 29 de noviembre de 1985 por los cancilleres del Perú y Chile
sobre los artículos que son incompatibles con tales Acuerdos del
Tratado de 3 de junio de 1929 y su Protocolo Complementario o tal
prevalencia la impiden los artículos 87 y 101 de la vigente
Constitución Política del Perú que consagra la preeminencia de los
Tratados internacionales celebrados por el Perú con otros Estados que
no afectan ninguna disposición constitucional y la prevalencia de la
Constitución sobre toda otra norma legal así como la de la ley sobre
toda otra norma de categoría inferior?
3) ¿Pueden reputarse válidos tales Acuerdos sin que el Acta de 29 de
noviembre de 1985 que los contiene sea remitida al Congreso de la
República para los efectos de la atribución que a éste le confieren
los Artículos 102, 103 y 306 del texto jurídico supremo de la Nación,
sin previamente denunciar el Tratado del 3 de junio de 1929 y su
Protocolo Complementario atendiendo a que todo Tratado Internacional
debe ser aprobado por el Congreso antes de su ratificación por el
presidente de la República; que, cuando un Tratado Internacional
contiene una estipulación que afecta una disposición constitucional,
debe ser aprobado por el mismo procedimiento que rige la reforma de la
Constitución, antes de ser ratificado por el presidente de la
República; y, por último, que toda reforma constitucional debe ser
aprobada en una primera legislatura ordinaria y ratificada en otra
primera legislatura ordinaria consecutiva?
4) ¿Sería aceptable para la conciencia jurídica de la Nación que, para
evadir el ejercicio del Congreso Nacional de la atribución de aprobar
o no los Tratados o Convenios Internacionales que le confiere el
inciso tercero del Artículo 186 de la Constitución y para soslayar el
hecho que cualquiera que fuere la denominación que se le diera al
instrumento no afectaría su fuerza vinculatoria entre los Estados
pactantes, se adujera que el Acta Wagner-Del Valle del 29 de noviembre
de 1985 no es ningún Tratado ni Convenio sino un acuerdo, pacto,
protocolo, convención o "acta" según la etiqueta que se le ha puesto?
5) La sustitución de las obligaciones pactadas en el Tratado Rada y
Gamio-Figueroa Larraín, por el Acta suscrita el 29 de noviembre de
1985, más lesiva que el Protocolo Polo-Rivas Vicuña del 17 de marzo de
1934, en que lo reitera y lo amplía, no obstante que dicho Protocolo
fue rechazado por el Congreso Constituyente y mereció pronunciamiento
adverso del Consejo Consultivo de Relaciones Exteriores por lo que fue
retirado del Congreso por el Poder Ejecutivo de acuerdo con el Consejo
de Ministros, podría considerarse comprendida entre las materias de
"exclusiva competencia" del presidente de la República que, según el
Artículo 104 de la Constitución, puede celebrar o ratificar convenios
internacionales o adherir a ellos "sin el requisito previo de la
aprobación del Congreso", ¿o tal numeral está limitado a asuntos de
naturaleza puramente administrativa que no puede comprender decisiones
referidas a fronteras y límites, a cuestiones de soberanía y
jurisdicción sobre el inviolable territorio de la República, a
declaratorias de guerra o concertaciones de paz, etc., para los que la
aprobación o autorización del Congreso es ineludible conforme a la
Constitución?
6) ¿Podría aceptarse que, como una forma indirecta o tangencial de
impedir que recuperen todo su vigor las estipulaciones del Tratado del
3 de junio de 1929 y su Protocolo Complementario de la misma fecha, se
prescindiera de la aprobación o rechazo por el Congreso Nacional del
Acta Wagner-Del Valle del 29 de noviembre de 1985 aduciéndose que, en
la estructura del Estado, es competencia del Poder Ejecutivo
establecer si la materia sobre la que incide un Convenio Internacional
con un Estado extranjero compromete o no los deberes primordiales del
Estado que son, conforme a lo dispuesto por los Artículos 80 y 275 de
la Constitución Política del Perú concordantes con el inciso 2do de su
Art. 186 y con el inciso 1ro de su Art. 211, defender la soberanía
nacional y la integridad territorial de la República?
7) Al tiempo que, en armonía con las Resoluciones Supremas No. 0027,
0028 y 0029-RE. Aparecidas en las Separatas del diario oficial El
Peruano de 22 de enero de 1987, se remiten al Congreso de la República
para los efectos de la atribución que le confieren los Artículos 102 y
186 (inc. 3ro) de la Constitución, un Convenio Cultural entre el Perú
y la República de Corea, una Convención Interamericana sobre Arbitraje
Comercial Internacional con Panamá y una tercera con Egipto sobre
Cooperación Técnica y Científica; ¿sería admisible no seguir el mismo
trámite con el Acta de los Cancilleres del Perú y Chile de 29 de
noviembre de 1985 a pesar de que por ésta el Perú renuncia a los
derechos de soberanía compartida que tiene con Chile en Arica y
únicamente conserve por el momento el derecho de veto que establece el
Artículo Primero del Protocolo Complementario del Tratado de 1929
respecto a la cesión de una tercera potencia de la totalidad o parte
de los territorios sobre los que versa el Tratado?
8) Sería inopinado que, sin apartarse del conocido pre-requisito del
compromiso diplomático de no colocarse nunca en una posición de la que
no se pueda regresar sin pérdida de prestigio ni en aquella de la que
no se pueda avanzar sin grandes riesgos, al ejercer la atribución de
aprobar los Tratados o Convenios Internacionales de conformidad con la
Constitución, vale decir respetando la prerrogativa del presidente de
la República de dirigir la política exterior: ¿el Congreso Nacional le
recomiende al Poder Ejecutivo que, a través del ministerio del ramo,
estudie la conveniencia de que el Perú proclame que constituye interés
esencial de nuestra patria recobrar Arica por medios pacíficos, darle
salida al mar a Bolivia al sur de ésta y, en obsequio de la paz de
América, interponer el Corredor Boliviano entre el territorio peruano
y el chileno no junto a la línea de La Concordia sino al sur de Arica,
como es el justo anhelo de las gallardas juventudes bolivianas que
viajaron al puerto de Antofagasta a expresarle al Papa Juan Pablo II,
el lunes 6 de abril de 1987, la indeclinable decisión de su pueblo de
reivindicar la soberanía boliviana en dicho territorio cautivo?

Para quienes tenemos la convicción, desde antiguo proclamada, de que
afirmar la soberanía del Derecho en el Estado constituye la mejor
política del poder, es verdad axiomática que, desde el momento en que
se reconoce que toda la actividad estatal ha de transcurrir en forma
jurídica y que el Derecho no es el fin pero sí la forma del Estado,
las decisiones de éste no pueden faltar a las condiciones de forma o
de fondo que exige para su validez el complejo normativo en el que,
por estar situado en el escalón más alto, prevalecen sobre el de la
mera legalidad y se llama "superlegalidad" u ordenamiento
constitucional.

Respecto a éste, que no se puede quebrantar sin desgarrar
políticamente a la Nación, como se la desgarraría brutalmente si –por
la propensión a aceptar en el Perú la imposición del criterio
forastero- se evadiera el trámite constitucional para satisfacer
inadvertidamente las ambiciones de Bolivia sobre Arica que Chile supo
alimentar desde que Diego Portales arremetió hace 150 años contra la
Confederación, adquieren singular actualidad las palabras que, en su
elevada calidad de presidente de la Asamblea Constituyente, pronunció
Víctor Raúl Haya de la Torre al declararla solemnemente instalada el
28 de julio de 1978: "Esta Asamblea encarna el poder constituyente y
el poder constituyente es la expresión suprema del poder del pueblo.
Como tal, no admite condicionamientos, limitaciones ni parámetros.
Ningún dictado extraño a su seno puede recortar sus potestades. Cuando
el pueblo se reúne en Asamblea Constituyente, que es el primer Poder
del Estado, vuelve al origen de su ser político y es dueño de
organizarse con la más irrestricta libertad, nadie puede fijarle
temas, ni actitudes como no sean sus propios integrantes por la
expresión democrática del voto. No reconoce poderes por encima de ella
misma porque es fruto, indiscutido y legítimo, de la soberanía
popular".

Me pregunto si, al impugnar el Acta Wagner-Del Valle del 29 de
noviembre de 1985, he defendido la soberanía e integridad territorial
de la República y cumplido el imperativo deber constitucional de
honrar al Perú y de resguardar y proteger los intereses nacionales; o
si, por el contrario, al haber sostenido que el Acta del 29 de
noviembre de 1985 es un instrumento que no sólo desconoce
fundamentales e irrenunciables derechos del Perú en Arica sino que se
halla en abierta colisión con el Tratado de junio de 1929, he
agraviado al señor ministro de Relaciones Exteriores del Perú puesto
que ello importa considerar que no procedió en el cumplimiento de sus
deberes de función, que obró negligentemente sin darse cuenta o sin
tener en cuenta las consecuencias de su acto y que no hizo uso de las
precauciones impuestas por las circunstancias y por su situación
personal?

Sostengo rotundamente que obré en interés de la causa pública y que no
me excedí al afirmar que el Acta del 29 de noviembre de 1985
contradice, rebasa y viola el Tratado del 3 de junio de 1929 que, de
modo indubitable, en cuanto a Chile, consagra una limitación de su
soberanía territorial en Arica en favor del Perú expresada tanto por
el "previo acuerdo entre ambos países", que extinguió toda posibilidad
de traspaso de Arica a Bolivia, cuanto por los derechos más amplios de
servidumbre a perpetuidad reconocidos a nuestro país "sobre los
Canales del Uchusuma y del Mauri"; sobre el territorio por el que
corre la línea del Ferrocarril de Tacna a Arica; sobre el Puerto que
"consistirán en el más absoluto libre tránsito de personas,
mercaderías y armamentos al territorio peruano y desde éste a través
del territorio chileno"; sobre el Malecón de Atraque, el edificio para
la Agencia Aduanera y la Estación Terminal para el Ferrocarril a
Tacna, "establecimientos y zonas donde el comercio en tránsito del
Perú gozará de la independencia propia del más amplio puerto libre".

Ello quedará patentizado por el tenor mismo del Acta del 29 de
noviembre de 1985 que, abandonando los derechos específicos que el
Perú tiene en Arica conforme al Tratado del 3 de junio de 1929 y
alterando lesivamente su "status jurídico", transcribo a continuación
como dolorosa primicia: no puede olvidar ningún ciudadano que las
atribuciones de un ministro de Relaciones Exteriores de una nación
soberana son tan elevadas y tan graves como sus correspondientes
responsabilidades.