Wednesday, January 13, 2021

Batalla de San Juan y Chorrillos*

 


Batalla de San Juan y Chorrillos*

por Ernesto Linares Mascaro; elinaresm@yahoo.com

http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/batalla-de-san-juan-y-chorrillos

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13-1-2011

 

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La batalla de San Juan y Chorrillos es la más grande en la historia del Perú por la cantidad de hombres enfrentándose, se realizó el jueves 13 de enero de 1881 y este jueves se recuerda los 130 años de aquel hecho.

 

Esta acción de armas es conocida en Chile como batalla de Chorrillos por ser el pueblo de ese nombre cercano a la batalla y sus alrededores fue donde se llevó la parte más larga y dura de la lucha. En Perú es conocida como batalla de San Juan o batalla de San Juan y Chorrillos, porque la línea de defensa era conocida como línea de San Juan y porque en el cerro Salto del Fraile en Chorrillos es donde fue el último punto de resistencia peruano.

 

No hay muchas versiones de sobrevivientes peruanos sobre esta batalla. La más conocida es la del general Pedro Silva en sus 2 partes oficiales publicados en los diarios El Comercio y La Tribuna y también está el parte oficial del coronel Arnaldo Panizo sobre la defensa del Morro Solar también publicado en el diario El Comercio. Varios años después de la batalla fueron publicados algunos relatos. Entre estos están los que relatan la lucha en el Morro Solar que son los del capitán Silverio Narvarte y el sargento mayor Pedro Alcócer, ambos del batallón Guardia Peruana N° 1; está el opúsculo “Como Fue Aquello” del coronel Víctor Miguel Valle Riestra, que relata la lucha en Chorrillos (en las campiñas y en Santa Teresa); la carta que el coronel Manuel Pereyra en donde narraba como fue la batalla en San Juan, en el sector de Cáceres, publicada en el libro “Artículos Militares” de Alejandro Montani; el memorándum y las respuesta al cuestionario del comité de damnificados italianos del coronel Belisario Suárez, publicados por su descendiente Rómulo Rubatto; cuestionario del comité de damnificados italianos del coronel Arnaldo Panizo, publicado por su descendiente Juan Carlos Flórez, y el más conocido, el testimonio del Mariscal Andrés A. Cáceres publicado inicialmente por su hija Zoila Aurora Cáceres en su libro “La Campaña de la Breña”.

 

Uno de los testimonios más interesantes y poco conocido es el de José Torres Lara, quien entre 1911 y 1912 publicó una serie de 5 opúsculos sobre sus vivencias durante la guerra con el título de: “Recuerdos de la Guerra con Chile (Memorias de un distinguido)”. El primero de estos tenía por título “La batalla de San Juan”, en donde él narra cómo vivió aquella batalla en el batallón Concepción en donde él estaba enrolado. El siguiente opúsculo trata sobre la batalla de Miraflores y los 3 últimos sobre el primer año de la guerra.

 

Algunos apuntes sobre la batalla de San Juan y Chorrillos y el testimonio de José Torres Lara

 

El testimonio de este peruano es bastante interesante porque narra los acontecimientos desde la lucha en San Juan, la posterior retirada de ahí, la resistencia en las afueras de Chorrillos y la retirada a Miraflores. También lo es porque es de un soldado y no de un oficial o miembro de la plana mayor. El mismo José Torres cuenta porque le llaman distinguido: “… ya soy soldado de veras; soldado distinguido se entiende. Los rasos nos llaman distinguidos de….. porque lo que caracteriza la distinción es estar exceptuado del servicio de baja policía, y lo más característico de esto es el tener que botar diariamente los depósitos de aquello….. de ahí el mote. Otros nos dicen “distinguidos mataperros”, no por la acepción común del calificativo, sino por el motivo especial que ya veremos” (1).

 

En cuanto a la batalla, la línea peruana estaba defendida por los Ejércitos del Norte y del Centro, al mando del general Ramos Vargas Machuca y el coronel Juan Nepomuceno Vargas respectivamente. Cada ejército tenía 5 divisiones; las primeras 3 divisiones del Ejército del Norte formaban el 1° Cuerpo del ejército al mando del coronel Miguel Iglesias, quien también era Secretario de Guerra, las otras dos el 2° Cuerpo del ejército al mando del coronel Belisario Suárez, las divisiones 3ª y 5ª del Ejército del Centro con una división volante formaban el 3° Cuerpo al mando del coronel Justo Pastor Dávila y las divisiones 1ª, 2ª y 4ª formaban el 4° Cuerpo del coronel Andrés A. Cáceres. Los ejércitos estaban al mando del Jefe Supremo Nicolás de Piérola y tenía como Jefe del Estado Mayor General de los Ejércitos al general de brigada Pedro Silva. Los 4 Cuerpos del ejército también tenían bajo su mando la artillería, las fuerzas irregulares, los ingenieros, el personal administrativo o la caballería que estuviera en su zona. José Torres Lara era soldado del batallón Concepción N° 27, formado mayoritariamente por conscriptos de Junín, al mando del coronel temporal Juan E. Valladares y junto con el Ancash N° 25 y Zepita N° 29 formaba la 5ª división del Ejército del Norte. La mayoría de soldados peruanos tenía el uniforme color blanco, es algo que se debe saber para entender ciertas líneas del relato.

 

El ejército peruano en la batalla de San Juan y Chorrillos tenía 18,650 soldados. De esto se le debe descontar mil hombres porque las fuerzas irregulares estaban armadas en parte y el resto, con rifles Minié, así como la administración militar y a que el batallón 23 de diciembre estaba incompleto; se le descuenta otros 2,150 hombres del batallón de Guardia Civil, la columna de Honor que estaba en Monterrico, la columna de Pachacámac, una parte del Cuerpo de Dávila y otra de la de Suárez que no combatieron, de tal manera que el día del combate sólo habían 15,500 soldados disponibles en el ejército peruano (2).

 

El ejército chileno tenía 23,129 hombres disponibles el 12 de enero de 1881 (3).

 

En cuanto a las posiciones peruanas, éstas abarcaban unos 12 Km, iban desde las orillas del mar hasta cerca al cerro San Francisco. Los peruanos llaman derecha a sus posiciones en Chorrillos e izquierda las de San Juan. La línea de defensa era las alturas al sur de Chorrillos y San Juan, empezaban en las alturas de Marcavilca (entre las playas La Chira y Conchán), seguí por las cercanías a la hacienda Villa, Santa Teresa (donde se encuentra actualmente el AA.HH. Tupac), Zigzag occidental, Zigzag oriental (donde está la Escuela Nacional de la Policía), el Gramadal, Viva el Perú y los cerros de Pamplona (en particular, el que se encuentra a la espalda del supermercado Metro del puente Atocongo). El relato comienza en San Juan, pues las fuerzas del 2° Cuerpo constituían la reserva de los ejércitos, y va narrando como ve la lucha desde las cercanías de la hacienda San Juan y como se tuvieron que retirar desde este punto hasta la estación del ferrocarril en Chorrillos.

 

A continuación, la narración de la batalla.

 

Recuerdos de la guerra con Chile (Memorias de un distinguido). La batalla de San Juan (fragmento)

 

“… Eran más o menos las cuatro de la mañana, la luna ya se había puesto y el fulgor de las estrellas que enviaban su postrera luz, no alcanzaba a esclarecer las tinieblas. Un silencio solemne reinaba y era seguro que millares de hombre cubiertos por dos banderas enemigas se acechaba para exterminarse. Sólo de cuando en cuando se sentían los pasos rápidos de los jefes y oficiales del E.M., cuyas sombras cautelosas veíamos aparecer y desaparecer, llevando o trayendo órdenes. Nos mandaremos descansar en nuestro propio terreno y nos sentamos sobre las maleteras…

 

… Un poco á la derecha de las posiciones que habíamos ocupado al principio, se había alzado en un mástil que habíamos notado de día una luz roja, una luz blanca, otra luz azul: los colores simbólicos de Chile que anunciaban la presencia real de su ejército por la derecha, centro e izquierda. 

 

Una o más hora transcurría desde que nos despertaron, cuando unas detonaciones aisladas primero y descargas sucesivas después, se percibieron bastante apagadas por la distancia, en nuestra ala derecha. Como los desgarramientos de las nubes en las tormentas andinas, el bronco ruido de los cañones se dejó oír luego y el relampagueo de la explosión nos indicaba el sitio del ataque. Pero no nos entretuvo más el lejano espectáculo; porque así como un castillo cuyas guías de fuego han sido hábilmente dispuestas por el pirotécnico para un efecto instantáneo, un vivo resplandor como aureola, se extendió por todas las colinas de San Juan, y un fuego graneado de fusilería nos anunció que la batalla estaba empeñada en toda la línea. Si graneado se inició el fuego de la infantería, el de la artillería con sus resplandores más extensos y más intensos, se rompió también con su rabia, y su continua sucesión expresaba la impaciencia, el coraje y la serenidad de los que manejaban los cañones.

 

Un ¡viva el Perú! espontáneo y estentóreo, respondió a nuestras filas a los ruidos del combate: nuestro pabellón fue sacado de su caja, enarbolado en su asta, y el porta, el subteniente Ugarte, tomó la insignia del batallón para no soltarla mientras no lo obligara una bala enemiga…

 

… Ya era de día cuando se dio orden a todo el 2° Cuerpo del Ejército para que fuera a ocupar un lugar más próximo a las posiciones en que se batían los nuestros. Desfilamos sin demora, atravesando por la plazoleta de la hacienda San Juan, y fuimos a desplegar los seis batallones a retaguardia del centro de batalla… De entre el ruido atronador del combate percibíase claramente la música de “San Miguel de Piura”, que tocaba probablemente el pabellón de este nombre para unir en esos instantes supremos el pensamiento de nuestra Patria chica al de Patria grande. Otros cuerpos tocaban diana, y era patente que nuestros soldados, nuestros reclutas, puede decirse, hacían buena cara al enemigo.

 

Pero no era un espectáculo gratuito el que contemplábamos; una batalla no se ve de cerca impunemente. Las grandes parábolas que los proyectiles enemigos describían alejando sus efectos de nuestras filas, fueron acortándose a medida que rectificaban sus punterías; muchas bombas reventaron en un lugar pantanoso o anegado, salpicándonos con el lodo que sublevaban; una reventó entre la cola del batallón Ancash y la cabeza del nuestro, y fue una fortuna que no causara más que un herido, un soldado del Ancash, que recibió sobre la espalda un casco que le ocasionó una herida grande, pero no grave, pues aunque bañado en sangre lo vi alejarse rápidamente sin necesidad de ajeno auxilio. No paso mucho tiempo de esto cuando sentí un ligero chasquido cerca de mí a retaguardia; todas las miradas convergieron hacia ese punto, y si la situación y la causa no fueran tan graves, riéramos de la cara espantada y grotesca que ponía un ranchero de mi compañía, al mismo tiempo que exclamaba: - “Me han herido”. En efecto, un hilo de sangre le corría por la mejía derecha y por la izquierda le salía una masa verde-sanguinolenta. Sin duda la bala le penetró en trayección horizontal en momentos que introducía la coca y le había pasado por el vacío sin tocarle la lengua.

 

Seguido de un numeroso estado mayor, cuyo selecto personal no podía ser disimulado, el Jefe Supremo, tan impasible al silbido de las balas como á las aclamaciones de los soldados, pasó delante de nosotros, dirigiéndose a la derecha en donde la acción se hacía cada momento más severa.

 

El efecto eventual de los proyectiles perdidos del enemigo no había sido con todo hasta este momento de daño tan grave como para inspirar temor; pero la acción entraba ya en su período álgido y nuestra situación se modificaba con gran desastre. De pronto una onda agitó toda nuestra línea, y una voz siniestra cundió de boca en boca: ¡Los chilenos, los chilenos! ¡Miren como avanzan! Sí; envuelta en la bruma del humo y del polvo del combate, avanzaba una numerosa fuerza enemiga a apoderarse del abra por donde viene el camino de Lurín a Chorrillos; y avanzaba y avanzaba incontenible, era de verlo y no creerlo; pues ¿qué hacíamos nosotros…? Transcurrió espacio de tiempo inestimable y perdido para nosotros, cuando vi llegar a toda carrera al general Pedro Silva y hablar, accionando enérgicamente, con el coronel Suárez, partió luego a escape un ayudante, y poco después el batallón de la cabeza, el “Huánuco”, se desprendió de la línea y avanzó a reforzar la posición; peros e encontró con el reflujo de los que venían en derrota, y vaciló. Luego se desprendió el veterano “Paucarpata”, y abriéndose en guerrillas al mismo tiempo que avanzaba, marchó sobre el enemigo; pero fue inútil su resolución y su serenidad, porque interceptada la muchedumbre de nuestros dispersos, antes de poder hacer uso de sus armas fue también dominado por la corriente de la derrota, sufriendo la suerte de ser destrozado, sin poder causar daño al enemigo. Había sido herido el Comandante General Coronel Buenaventura Aguirre de la 4ª división; lo había sido mortalmente el Coronel Chariarse del “Paucarpata” y de gravedad el Coronel Pedro Mas del “Huánuco”.

 

¿Qué hacían entre tanto los otros batallones del cuerpo de Reserva? El “Jauja”, que se encontraba más inmediato al lugar de la catástrofe, se desconcertaba; el “Ancash”, “Concepción” y “Zepita” (“Zuavos”) continuaban inmóviles en su formación, recibiendo, no ya las balas perdidas, sino los tiros directos del enemigo que encontraba un blanco seguro. Todos los Jefes, el Coronel Suárez, el Coronel Pereira de la división y los jefes de los batallones, con una serenidad admirable, puesto que, estando montados, constituían los blancos predilectos de los enemigos, todos se esforzaban por igual en infundir su aliento a los que mandaban. Nuestro Jefe, el Coronel Valladares, decía a sus soldados que empezaban a dar indicios de vacilación: “Que no se diga que los hijos de Concepción han corrido”….

 

… Desde que ocupamos la retaguardia de la línea de batalla, una interminable procesión sangrienta pasaba por delante y por detrás de nuestras filas; unos heridos iban todavía con paso firme y prometían llegar a la ambulancia; otros, con pasos vacilantes no tardarían en caer; los abnegados ambulantes no se daban abasto para recoger su piadosa cosecha, y pasaban y repasaban incesantemente, penetrando hasta las mismas filas del combate. Varios de estos meritorios soldados cayeron cumpliendo con exceso con su deber de peruanos y de cristianos.

 

Nuestra posición, repito, nos permitía observar detalladamente este aspecto triste de la batalla: a nuestro frente, a menos de 200 metros, teníamos los cerros de San Juan, y a cada momento veía aparecer esos heridos que después miraba pasar a nuestro lado; otros eran sacados por los mismos soldados de las filas de combate y puestos en lugar seguro para ser socorridos por la ambulancia.

 

He dicho ya que las balas perdidas del enemigo no nos causaban en un principio gran daño ni temor: dos ó tres muertos y otros tantos heridos, cuyo claros se cerraron inmediatamente en las filas, fueron todos los que vi o de los que me enteré en el espacio de media hora, más o menos, que transcurrió desde que llegamos hasta que se inicio la derrota; pero desde este momento a las raras balas que rebalsando nuestra primera línea, nos causaban perdidas más raras aun, se agregó el fuego de enfilada que empezó a llover de la derecha y que bien pronto se convirtió en verdadero huracán de plomo.

 

Pero no era sólo allá donde los nuestros cedían el terreno al enemigo: de repente empecé a ver aparecer de detrás de las colinas de San Juan, por nuestro frente, individuos cuya ligereza indicaba no estar heridos; luego ya no fueron individuos aislados sino grupos, pelotones; de pronto, se oye un toque inexplicable en esos momentos: el de cesar el fuego, y un momento después era toda la línea de San Juan la que abandonaba sus posiciones.

 

Es este instante el de mayor desfallecimiento que vi en mi vida y fue ese el momento más difícil para conservar el orden y la formación en los tres batallones que aun los guardábamos: sacando la cabeza de las filas podía verse caer sus individuos como los granos de una mazorca de maíz, como las hojas de un árbol. Un sargento y un distinguido de los cuatro que escoltaran el estandarte están ya acostados sobre el suelo; un momento más y vemos que el mismo estandarte se inclina y cayera si otros no corrieran a sostenerlo: es que ha faltado el brazo que lo sostenía, es que esta herido el subteniente Ugarte. Los más atrevidos del enemigo que ha asaltado las posiciones de San Juan aparecen en las alturas y apuntan… no, no apuntan, disparan nomás, que todo es blanco. Fue este, repito, uno de los momentos más infelices de mi vida y el más crítico de la batalla; los soldados nerviosos, frenéticos, agitaban sus fusiles, y los oficiales apenas podían impedir que se les hiciera fuego y aumentaran inútilmente la confusión de la derrota, cuando oí que el mismo General Silva daba la orden para la retirada. Habiendo llegado a hora temprana para tomar parte en la batalla, nos retiraban tarde para evitar sus efectos desastrosos.

 

Sonó la corneta el toque vergonzoso, y desfilamos al trote por la izquierda; pero las balas enemigas nos seguían con su mortal tenacidad, pues aunque el boscaje del camino ocultara el bulto, el polvo les enseñaba el blanco. El teniente Arroyo, que hacía de capitán de mi compañía a falta de propietario del cargo, cayo gravemente herido; alzado y colocado sobre un caballo con un individuo que lo condujera, fue alejado rápidamente del campo. Antes de separarse vivó al Perú con el aliento que le quedaba y nos exhortó una vez más a que cumpliéramos como debíamos. Después de dejar un reguero de muertos y heridos en el camino, nos vimos al cubierto de las balas enemigas…

 

… Al abrigo de la Escuela de Clases, como he dicho, los maltrechos batallones de la 4ª División del Norte, y los diezmados de la 5ª, menos “Zepita”, que sobre la marcha recibió orden de ir a reforzar la derecha, rehicimos completamente nuestras filas. “Huánuco”, “Paucarpata” y “Jauja” estaban reducidos a la mitad o poco menos. Una gran parte de ellos con los primeros jefes de los dos primeros, otros jefes y oficiales, habían caído en los gramadales de San Juan o en retirada; otros estaban prisioneros y algunos se habían dispersado. Los batallones de la 5ª no habían dejado prisioneros ni habían tenido dispersos; sus bajas no se debían sino al plomo, y con todo no eran menos de cien los del “Ancash” y “Concepción” no respondían ya a la lista. Pero a pesar del estrago sufrido y del espectáculo desmoralizador que habíamos contemplado, el ánimo de la tropa estaba entero; y esta actitud resuelta era más digna de elogio en los restos de la 4ª División. Deberíase ello, en parte, a los tímidos y acobardados habrían huido lejos, sordos a las órdenes y súplicas de sus jefes y oficiales, y habían quedado en filas los que sostenían su resolución de disputar palmo a palmo el terreno al enemigo, y, ya que no arrancarle la victoria, vendérsela cara.

 

Mientras estábamos concertando nuevamente nuestras filas, llegó el Jefe Supremo; impartió al Coronel Suárez sus nuevas disposiciones y siguió a Chorrillos, en donde ardía la batalla.

 

Sin demorar, pues, más tiempo que el indispensable para rehacer o rectificar su formación, salieron, de su abrigo los batallones de la 4ª y la 5ª División a ocupar nuevos puestos de combate.

 

La línea se extendía ahora a todo lo largo de Chorrillos y desfilaron sucesivamente a ella el “Huánuco”, en el que marchaba imponiendo a sus soldados su energía y su entusiasmo mis antiguos capitanes en el “Callao” Mendoza y García, al primero de los cuales ya no volvería a ver, y en seguida “Paucarpata” y “Jauja”; luego siguió “Ancash” que se desplegó de la Escuela a la derecha, y “Concepción” a la izquierda.

 

Conforme íbamos abandonando nuestro abrigo, éramos descubiertos por el enemigo, que nos enviaba sus mensajes de muerte. Empezó otra vez la música celestial, oí decir cerca de mí con un metal de voz entero, y en tono de chiste; me volví y vi que era Porfías el que había hablado.

 

… el modelo que yo hubiera querido imitar, el ideal de ese valor verdadero estaba realizado en Porfías. Es signo característico de este valor, la convicción de que es una facultad natural que todos poseemos en el alma, y que su ejercicio solo depende de que haya necesidad de él; por eso esta clase de valientes son mansos en su vida normal, porque el peligro no es frecuente en ella; por eso no hablan de valentía, porque no es objeto de discusión, porque no dudan del valor de nadie; por eso entre las muchas disputas que había tenido con otros o conmigo, jamás habría traído a discusión este tema. Sólo una vez, pero no promovido por él, le oí hablar de esto. El distinguido T. hablaba un día de una manera despreciativa, que siempre usaba sin empacho, de la poca confianza que le merecían “los serranos”; yo me aparté un tanto porque en general me disgustaba atravesar palabra con una persona que si entonces me era desagradable y repulsiva, hoy me es odiosa (si no ha muerto) por el crimen de que me parece ser autor.

 

También Porfías parecía que sentía repulsión por este sujeto, pues, contra la costumbre que me ha hecho darle el nombre con que lo llamo, jamás sostuvo porfía con él; pero estaba tan procaz y tan torpe T, que no pudo menos Porfías que acercarse y tomar la defensa de los serranos.- Sí, le dijo, muchos correrán, porque no les importa nada la capital de los viracochas que los insultan cuando no pueden…. cuando tienen miedo de hacerles algo peor; pero los serranos que sabemos que estamos defendiendo la Patria…. yo quisiera ver si les da U. siquiera a la rodilla. U. que tan valiente es…. con la boca;- y le volvió la espalda sin hacer mas caso que el desprecio merecido de las palabras de T. que lo provocaba diciendo:- Vamos afuera del cuadro… para que veas a donde te doy.

 

He visto, en efecto, confirmadas las palabras de Porfías: muchos de estos indios, sin concepto alguno patriótico, sin necesidad de exponer su vida por lo que no existe para ellos, han huido de la muerte en cuanto les ha sido posible libertarse de la fuerza que los obligaba a arrostrarla; pero muchos, también, consientes de lo que hacían, muchos de esos indios de cara mansa y apacible, los he visto magníficos en el combate, y recibir heroicos un balazo en el pecho o en la frente, o caer atravesado por una bayoneta enemiga…

 

… La acción se había vuelto a empeñar con más escarnecimiento por nuestra derecha; “Ancash” y los restos de los otros batallones que he citado, recibían ahora el empuje decisivo de los chilenos y derramaban con un objeto más útil la sangre que no habían ahorrado en la triste participación que nos había cabido en San Juan. En cuanto a “Concepción”, que ni antes ni después debía dar motivo a las apreciaciones injustas que algunos hicieran, le tocó en este periodo de la lucha una participación, si importante por su objeto, mucho menos sangrienta. Colocados en la extrema izquierda, era nuestro papel impedir que el enemigo la cerrara y nos flanqueara, encerrando a todo el ejército  en Chorrillos, como logró hacerlo con una parte de él; pero los chilenos, que no podían ignorar que teníamos un ejército de reserva en Miraflores, que podía caerles por la espalda, llevaron su ataque a fondo por el centro y la derecha, limitándose a mantener por nuestro frente guerrillas con el objeto de no perder nuestro contacto y observarnos; guerrillas con las cuales nuestra acción se redujo a un tiroteo intermitente y poco mortífero.

 

Sosteniendo esta actitud estuvimos más o menos hasta las diez de la mañana, hora en que abandonamos el abrigo de las tapias tras de las que estábamos y tomamos camino de Chorrillos: se había recibido orden de intentar un postrer esfuerzo para auxiliar o liberar nuestras tropas de la derecha de la derecha que peleaban ardorosamente en el Morro Solar y en la población. Una vez más renacieron los bríos del batallón, y acallando nuestros gritos de entusiasmo el ruido de la batalla, penetramos a la población. Acosados por todas partes, sordos al silbido de las balas que caían como granizo, ciegos a la vista de la muerte que marcaba nuestra marcha con huellas de sangre, llegamos en tan resuelta actitud hasta la iglesia del Buen Pastor… Pero ¿por qué se retiraba nuestra gente que cubría el frente (que en nuestro desfile teníamos a la derecha)?.... También por las calles de la población pasaba el tropel de los nuestros en sentido contrario al del enemigo. A la altura del Buen Pastor flanqueamos a la derecha y penetramos por la boca-calle al corazón del pueblo; imaginé que esto tendría por objeto cubrir nuestra maniobra ofensiva; pero muy pronto supe que era para contramarchar algo a cubierto de los fuegos con que éramos ofendidos.

 

¿Había sido por falta de fuerzas que apoyaran y secundaran el ataque lo que impidió llevarlo a fondo? ¿o había sido una maniobra para atraer la atención y el fuego del enemigo sobre nosotros y pudieran retirarse nuestras tropas de la derecha? Sólo en este caso resultaría útil nuestra acción, porque, en efecto, una parte de las tropas que se batían allí, se abría paso a punta de bayoneta por la calle Lima; al mismo tiempo que soldados del “Concepción”, dando la mano a los del “Ancash”, rescataban un jefe y varios soldados capturados por chilenos del “Esmeralda”, que a su turno quedaban prisioneros. Fue en este momento que cayó con una estrella en la frente el subteniente Goret.

 

Frustrado el último esfuerzo o llenando su único objeto, y dejando en las veredas de Chorrillos nueva y más honda huella de sangre y cadáveres, emprendimos la retirada que se nos ordenaba de Miraflores; quedando por efecto de la maniobra indicada, cubriendo la retirada, con nuestras filas cerradas y listas pare rechazar la persecución del enemigo…

 

… No nos persiguió el enemigo inmediatamente sino con su artillería; pero, emplazados sus cañones de modo que no nos enfilaban, lo que hubiera sido fácil, o torpemente dirigidas sus punterías, no nos causaron daño apreciable; sus disparos cruzaban diagonalmente nuestra línea de retirada, y sus granadas rebotaban o reventaban por nuestros flancos.

 

Un sol de enero nos abrasaba y el polvo de la marcha nos asfixiaba cuando llegamos a la línea de Miraflores: era medio día.

 

Al desfilar por el 2° Reducto me dijo Porfías:

 

-          ¿Has oído?

-          Sí….

 

Había oído entre comentarios que se hacían un grupo de soldados de la Reserva, estas palabras que, en estos momentos más que en ningún otro, tenían un sabor por demás amargo:

 

-          Estos se han venido íntegros en masa….

 

Cuando un momento después se pasaba lista en el potrero inmediato al Reducto, no respondieron a ella cinco oficiales y más de un centenar de soldados….

 

Cierto que esta pérdida era insignificante comparada con la que experimentaron otros cuerpos: el “Piérola”, en la pampa de San Juan, en donde, negándose a rendirse su jefe Reinaldo Vivanco, caía al filo del sable de la caballería enemiga, no quedando ileso casi ninguno de sus oficiales y salvando solo unas cuantas decenas de sus soldados; el “Pichincha” a quien cupo suerte igual heroica a su jefe el Coronel Pastor Sevilla; los valerosos restos que con los coroneles Noriega y Rosa Gil se abrieron paso por la Calle de Lima; pero no había sido por voluntad nuestra el que la acción del batallón se desarrollara en zona en la que el combate no asumió las proporciones sangrientas que en otros; no fue elección nuestra las diversas situaciones en que asistimos a la jornada. No, no creíamos merecer el vituperio de la crítica que encerraba aquella: habíamos soportado imperturbables sin poder hacer un tiro y sin que se ordenara nuestras filas, viendo caer a muchos de nuestros oficiales y compañeros, el fuego de exterminio de San Juan, hasta que nos hicieron retirar; habíamos cumplido nuestra consigna impidiendo el flanqueo por nuestra izquierda en Chorrillos, que hubiera dado al desastre mayor magnitud; y, finalmente, habíamos emprendido nuestra última ofensiva contra el enemigo; acciones todas que habían tenido nuestro espíritu en larga y agudísima tensión; y sin embargo, sólo en obediencia a una orden superior, habíamos abandonado el campo, sin perder por un momento nuestra formación. Y era esta circunstancia, notada y elogiada por los militares entendidos, lo que impresionaba a los reservistas, y los hacía verter la frase que tan hondamente venia a herir nuestra susceptibilidad patriótica. Cierto que no estaban aquellos en aptitud moral de emitir juicio; doblemente moral, porque no sabían lo que hablaban, y porque con el mismo criterio y con la misma razón podíamos haber dicho nosotros: Estos no se han movido de su reducto.

 

Ah! Pero estos argumentos que ahora se me ocurren no se me ocurrían en esos momentos; y ¿cómo se me iban a ocurrir? Me encontraba en ese estado de ánimo confuso y despechado de la infeliz doncella a quien los arrebatos de la pasión arrastraran a la cita misteriosa, y de la que saliera incólume por la frialdad de su amador, pero perdida ante el concepto de las gentes. ¡Y qué argumento poner ante el espectáculo de la batalla del Morro Solar, cuyo fragor llega a nosotros como una condenación inapelable!

 

Solo conociendo la magnitud del desastre podía explicarse la actitud de los que debían acudir en auxilio de los combatientes: de los 18000 hombres formados esa mañana en la línea de San Juan sólo seis mil, una tercera parte, formaron en la de Miraflores; en otra tercera parte se apreciaban los muertos, heridos y prisioneros…. Una cantidad igual se había disipado, se había colado por entre las filas de la Reserva que se desplegó para cerrar el paso a los dispersos.

 

Eran las dos de la tarde cuando se arrió nuestra bandera en el Morro Solar sobre sus defensores muertos o rendidos por falta de municiones y de auxilio, y surgió la de la estrella de Chile; pero, como si sus soldados no la juzgaron dignas de lucir en el cielo puro y sereno de la gloria, bien pronto se ofuscó entre el humo del incendio…” (4)

 

Notas

 

(1)   José Torres Lara, “Recuerdos de la guerra con Chile (Memorias de un distinguido). El héroe del Pacífico”. 1912. Lima, pp. 38-39.

(2)   Periódico “La Tribuna”, 22 de enero de 1884. Parte anotado y documentado del Estado Mayor General al Dictador, sobre las batallas de 13 y 15 de enero de 1881.

(3)   “Relación completa de las batallas de Chorrillos y Miraflores escrita en el teatro de la guerra por el corresponsal de La Patria”. 1881. Valparaíso, p. 8.

(4)   José Torres Lara, “Recuerdos de la guerra con Chile (Memorias de un distinguido). La batalla de San Juan”. 1911. Lima, pp. 48-74.

 

………………………………………………………

 

*Publicado originalmente en la Red Voltaire el 13-1-2011 http://www.voltairenet.org/article168115.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tuesday, January 12, 2021

¿Saldrá (algún día) Perú de cuidados intensivos?

 


¿Saldrá (algún día) Perú de cuidados intensivos?

por Isabel Peña Rodríguez*; isabelpenarodriguez@yahoo.com

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12-1-2021

 

Tras unos pocos días por fiestas, volvemos con denuedo al propósito informativo.

 

La pandemia del Covid 19 afectó a los peruanos en múltiples aspectos:

 

Necesitamos condiciones para un trabajo digno piden los médicos al gobierno; el gobierno impulsa “Aprendo en Casa” y llega al 94% de los estudiantes, lo cierto que en las zonas andinas los hogares no tienen conexión a internet, es mas carecen de una computadora.

 

Hospitales que enfrentan la crisis de la pandemia, hay 20,510 profesionales de la salud que carecen de seguro, que no cobran horas extras, que no tienen vacaciones, gratificaciones ni bonos y que si se enferman, tendrán que solucionar su problema por cuenta propia.

 

No hay impuestos a los muy ricos; el aprendizaje de los estudiantes será por medio de las redes sociales, las mujeres en trance de parto antes acudían a los centros de salud más cercanos a sus casas, hoy por temor al contagio, recurren a la maternidad de Lima, pero también ha colapsado porque el coronavirus ha penetrado en sus instalaciones.

 

Hay minas con foco infeccioso y de contagio; bajas militares porque la pandemia llega a las fuerzas armadas y cobra varias víctimas, los recursos no son suficientes.

 

La economía cayó; las cuadras infectadas en los centros de reclutamiento (cárceles del Perú – los reclusos piden al gobierno pruebas rápidas “ya”); muchos hermanos retornan a sus lugares de origen porque no tienen qué comer.

 

Trabajadores de las grandes empresas afectados y contagiados por el coronavirus; padres de la patria haciendo fiestas con bebidas espirituosas; peruanos y venezolanos arman juergas en plena pandemia; bonos para más de 3.2 millones de hogares.

 

170 mil restaurantes del país operan mediante el servicio de envío a domicilio; la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a adultos mayores realizar ejercicios durante la cuarentena para paliar la ansiedad, el estrés, la depresión, etc..

 

119, 959 infectados con coronavirus y 3456 muertos en el Perú (estadística de marzo a mayo 2020); los servicios de peluquería, gasfitería, electricidad y otros serán a domicilio; las personas podrán salir a caminar y correr durante la cuarentena (cumpliendo protocolos emitidos por MINSA).

 

Dijo el entonces ministro de Salud, Zamora: no podemos controlar los altos costos de las clínicas privadas; en plena pandemia las farmacias acaparan medicamentos; la Universidad de Oxford probará su vacuna contra el Covid-19 en más de 10 mil voluntarios.

 

Protesta popular en las calles de Lima dejó dos jóvenes como víctimas; paro agrario,  enfrentamientos contra de la policía y bloqueo de la Panamericana Sur y Norte; cierre total de las playas; más de un centenar de feminicidios e intentos de feminicidio, más de 500 mujeres desaparecidas, aumento de violaciones sexuales en niños, niñas y adolescentes, maltrato a los adultos mayores.

 

Ataque narcoterrorista en el VRAEM acabó con la vida del oficial Gustavo Valladares; la pareja le muerde la cara porque no quiso casarse; mascotas con estrés y depresión por la pandemia (tenerlos en casa nos dan consuelo, afecto y seguridad y estimulan la hormona de la felicidad); vacancia presidencial; la política delata la existencia de partidos débiles y corruptos; el estado de emergencia por la pandemia ha generado una pérdida de 600 mil empleos; Reactiva Perú con mejoras, pero las Mypes siguen quedando postergadas.

 

MINSA: los 21 medicamentos esenciales para COVID19 azitromicina, cloroquina, ivermectina, midazolan entre otros; solo 40 camas para UCI en Hospital de la Policía Nacional del Perú (marzo-mayo); los científicos del mundo trabajan por la ansiada vacuna, las separaciones de las parejas, divorcios a la orden, inseguridad ciudadana, mas corrupción, mas delincuencia, etc.etc.

 

Todo lo escrito renglones arriba, como consecuencia de esta pandemia que nos ¡desnudó por completo y nos hizo ver nuestra cruda realidad, sacándonos la venda de los ojos!

 

¿Cree usted, amable lector, que saldremos de esta situación social adversa y nefasta para los peruanos o persistiremos en la unidad social de cuidados intensivos?

 

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*Psicoterapeuta

Consultas: 995 006 364, 944 433 166, (01) 7510574

Consultorio: Cerro Verde 125-Dpto. F-2. A una cdra. Puente Benavides-Surco.

 

 

 

Monday, January 11, 2021

Migraciones: contratan ciudadanos de casi 80 años o más como asesores

 

Señal de Alerta

por Herbert Mujica Rojas

11-1-2021

 


Migraciones: contratan ciudadanos de casi 80 años o más como asesores

http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/migraciones-contratan-ciudadanos-de-casi-80-a%C3%B1os-o-m%C3%A1s-como-asesores

https://bit.ly/2XGqYBf

 

El señor Mariano Cucho Espinoza con algo más de 75 años, ha sido contratado como asesor del Despacho de la Superintendencia Nacional de Migraciones. Y con un sueldo más o menos interesante, casi S/ 15 mil soles.

 

El señor Cucho se presentó un par de meses atrás para ver si lograba el puesto de titular de Reniec. No lo logró y se quedó en el intento. Antes ha estado en la ONPE, en el Ministerio Público, Concytec, Academia de la Magistratura, Reniec, etc. Pareciera que tiene vasta experiencia en puestos del Estado.

 

No sólo el señor Cucho, entre otros, fracasó en su intento de lograr la jefatura de Reniec. También la inamovible Superintendenta Nacional de Migraciones, Roxana del Aguila, postuló a Reniec y no logró el puntaje requerido.

 

En alguna de las dependencias antes mencionadas, Mariano Cucho Espinoza fue jefe de Roxana del Aguila.

 

No es el único caso.

 

Meses atrás hemos dado cuenta de cómo el señor Eduardo Ruiz Botto, con más de 80 años, ingresó como asesor de la gerencia general de la Superintendencia Nacional de Migraciones hasta octubre del 2020.

 

Escribimos lo siguiente:

 

“Pertinente hacer notar que Eduardo Ruiz Botto desde su cargo de jefe de Reniec trabajó con Mariano Cucho y con Roxana del Aguila, actual Superintendente Nacional de Migraciones y lugar dónde Ruiz Botto, a sus respetables más de 80 años, otorga servicios de consejería en la gerencia general.

 

Tal parece que las dependencias del Estado tienen el privilegio de contar con funcionarios que rotan por diferentes despachos de seguro siempre con el ánimo de rendir sus capacidades en favor de la sociedad civil que paga con sus impuestos los emolumentos.

 

¿Quién garantiza o regula la capacidad vigente y de sagacidad administrativa de los empleados que rotan de entidad en entidad del Estado? Una pregunta que no debe dejar de hacerse con cualquier funcionario público”. 20-1-2020 Ruiz Botto, ahora en Migraciones, antes en Reniec http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/ruiz-botto-ahora-en-migraciones-antes-en-reniec

https://bit.ly/2TEOqxC

 

El encuentro de viejos conocidos Roxana del Aguila, Eduardo Ruiz Botto y Mariano Cucho se produce en este primer mes del 2021. Del Aguila fue subordinada de ambos.

 

¿Cuánto saben sobre Migraciones o pasaportes el novísimo funcionario Mariano Cucho o Eduardo Ruiz Botto?

 

¿No hay profesionales jóvenes en Perú para esos puestos?

 

¿Es un requisito haber trabajado juntos en alguna dependencia del Estado para recurrentemente estar en puestos múltiples en distintos portafolios, siempre pagados con el dinero del pueblo peruano?

 

Ya es indudable, en Perú llueve para arriba.

 

 

 

Thursday, January 07, 2021

La fiesta y la muerte: cómo la pandemia dio lugar a los covidance y a los covidiotas

 


La fiesta y la muerte: cómo la pandemia dio lugar a los covidance y a los covidiotas

por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@hotmail.com

http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/la-fiesta-y-la-muerte-c%C3%B3mo-la-pandemia-dio-lugar-los-covidance-y-los-covidiotas

https://bit.ly/35gp9it

 

7-1-2021

 

Ya, una fiesta clandestina realizada e interrumpida en uno de los suburbios de Lima, hace algunas semanas, había generado una quincena de fallecidos, a causa de la necesaria e inevitable, pero un poco caótica intervención de la policía, para un evento que estaba definitivamente prohibido. Eso dio lugar a que se hiciera evidente que en una ciudad como Lima, como en la mayor parte de las grandes ciudades, había muchísimas fiestas clandestinas, pequeñas o grandes y que bordeaban varias las centenas por semana.

 

Lo cierto es que la población joven, sobre todo, definitivamente no “aguanta” un confinamiento tan riguroso y permanente, una restricción prácticamente sine die, de la cual no se tiene una fecha clara cuándo acabará. Dichos festejos clandestinos son básicamente juveniles. Cuando implican la presencia de adultos, son generalmente festejos familiares con una cierta cantidad de asistentes, que también están prohibidos. Hay también celebraciones, como los 15 años de alguna hija, o bodas de plata o de oro que son difíciles de posponer y que ya eran difíciles de postergar y a la llegada de cuya fecha se habían puesto demasiadas expectativas realizando. La policía en muchos casos, definitivamente cae y termina la fiesta. Lo que es cierto es que a pesar del riesgo y las prohibiciones la gente tiene un deseo irreprensible de festejar. Psicológicamente, este desesperado deseo de catarsis en un año de interminables frustraciones y permanentes tensiones es fácil de comprender. La policía definitivamente no puede darse abasto para fiscalizar todos estos festejos, pues se distraería de su función principal que es proteger a la población contra el crimen. Es evidente que en las actuales circunstancias dichos festejos alteran el orden público. Cualquier cercanía del fin de semana pone la señal de alerta sobre estos festejos clandestinos, pues algún indicio de su inminencia siempre hay.

 

Con la llegada del fin de año, era inevitable que muchas fiestas estuviesen previstas y en muchísimos casos se ha rebalsado el vaso. Concentraciones de grupos y no sólo grupos juveniles han proliferado por doquier, y en los próximos días veremos la gravedad de la propagación del contagio.

 

En muchos lugares del mundo por una razón u otra, ha habido manifestaciones callejeras en pleno estado de emergencia a todo lo largo del año 2020, ya declarada la pandemia. Los casos más patentes se han dado en muchas ciudades de los Estados Unidos, durante las interminables manifestaciones propiciadas por los problemas raciales a partir de la muerte en manos de la policía de George Floyd. En algunas ciudades como Portland hubieron hasta más de 100 días sucesivos de manifestaciones y se pudo constatar, como era inevitable, que días o semanas después se producían nuevos focos de contagio, a pesar que las manifestaciones se producían al aire libre, en las calles.

 

Aunque se llevase mascarillas, en un mitin callejero es difícil respetar la distanciación social conveniente. La situación es peor en una fiesta clandestina, que suele ser en un lugar cerrado. Dichos encuentros, implican una alta concentración de gente sin distanciación, música estridente que obliga a hablar en voz alta e inevitablemente quitándose las mascarillas para comunicarse con claridad en medio del bullicio, alto consumo de alcohol que inevitablemente genera relajo de cualquier comportamiento prudente y en muchos casos por lo que se consta después, el uso y abuso de sustancias muchas veces prohibidas. El baile no deja de estar presente en estas fiestas, hay sudor y un aire cargado de humedad en diversas formas, lo cual favorece la dispersión de cualquier virus y por lo mismo un altísimo riesgo de contagio. De allí que se haya acuñado el término COVIDANCES, utilizando la palabra COVID que remite a la pandemia y utilizando la palabra DANCE, que viene del inglés baile. Estas celebraciones clandestinas, que en realidad son juergas en un sentido más preciso, implican por lo mismo que puede ser de cualquier tipo. El baile implica acercamiento y allí es donde se infringe cualquier tipo de ley o de prudencia sobre el distanciamiento, lo cual hace que quien esté en dicha situación está expuesto definitivamente a una situación donde se está expuesto al contagio del coronavirus. La puesta en escena para el riesgo del contagio es inevitable. Los COVIDANCES, por la clandestinidad misma que implica su realización, se hacen en espacios cerrados. Bailar implica acercamiento de los cuerpos. El encierro genera sofocación, sudor y por lo mismo tener que quitarse la mascarilla -si se lleva una- para poder beber cualquier líquido. Todo está dado para que se produzca un eventual contagio. La gente evidentemente es consciente que está expuesta. En forma un poco ingenua, muchos jóvenes, se sienten inmunes al contagio. Por último, en lo que concierne a esto, la data científica los apoya, pues aunque se infecten, el virus no suele ser letal para los jóvenes, pero eso no los exime en ningún caso, incluso por muy asintomáticos que sean, de poder llevar el llevar el contagio a cualquier persona para quien el contagio sí pueda ser letal. Todo joven después de una fiesta covid o COVIDANCE, inevitablemente regresará a su casa o a algún lugar en el cual en algún momento estará lidiando con adultos, con alguien de su familia o lugar de trabajo. El problema está allí, en el riesgo que acarreen el virus. En que se vuelvan un peligro para los otros.

 

Freud, de estar vivo todavía, hubiese opinado que dichos comportamientos juveniles eran la mayor prueba de que en muchas formas, lo que metafóricamente él denominaba el instinto de muerte persistía y específicamente en los jóvenes. Detrás de esta búsqueda irreprensible del placer momentáneo que permitía el participar a una COVIDANCE, hay la persistencia de lo que el psicoanalista vienés, denominó el instinto tanático. Freud, de haber vivido en nuestros días, al enterarse de estos encuentros, hubiese hecho múltiples asociaciones y encontrado diversas equivalencia, entre el comportamiento de los jóvenes actuales y el comportamiento de muchos de los jóvenes de las familias vienesas, que una vez declarada la 1ra. Guerra Mundial en 1914, muchas veces sin estar obligados a hacerlo, se enrolaban para ir al frente de batalla, a sabiendas que en muchos caos ir al frente de batalla, era ir a una carnicería segura. Freud al ver eso, ya había intuído varios comportamientos extraños en sus pacientes, al constatar que muchos de ellos tenían algo así como una irreprensible tendencia a buscar, a meterse contra todo pronóstico en situaciones contradictorias, en las cuales el placer podía estar combinado con el dolor, el goce inmediato con una potencial o subsecuente frustración ulterior, o sea una especie de cóctel trágico que combina el placer con el dolor, la fiesta con la muerte.

 

Es evidente que existe una cierta anomía en la sociedad actual, que es notoria sobre todo en los jóvenes. Incluso los más inteligentes, no saben a veces qué significado darle a sus acciones. Sus acciones pueden ser eficientes, pero muchas veces ellos las ven como carentes de sentido o de significado para sus propias existencias. Buscan emociones fuertes como participar en una situación transgresiva, como lo es enfrentarse con la policía con el riesgo de ser herido o como lo es el participar en una fiesta COVID. Ambas permiten experiencias fuertes, como se suele decir, “cargadas de adrenalina”, que por un lapso de tiempo, les dan la impresión de vivir algo que puede tener alguna significación para ellos, algo así como los jóvenes vieneses que para sorpresa y espanto del genial psicoanalista, que buscaban en una posible inmolación en el frente de batalla, un póstumo momento épico, que le diese algún sentido a sus aburridas y anómicas existencias.

 

Es por eso que a los que participan y se exponen a dichas situaciones en una COVIDANCE, se les denomina muchas veces COVIDIOTAS, adjetivo un poco duro pero más que comprensible, dada la situación de riesgo en la cual se implican, por voluntad propia. El término es un poco cruel y de alguna manera acusatorio. Nos parece sin embargo duro e injusto, pues en otros tiempos que no fuesen estos de pandemia, los –sobre todo jóvenes- que asisten a dichas fiestas, simplemente hubiesen sido los asistentes a una fiesta masiva juvenil cualquiera, dentro de todos los parámetros de lo legal y con algunas situaciones inevitables de transgresión, comprensibles en cualquier evento juvenil pero que pocas veces se le escapan de la mano a los organizadores.

 

Los últimos megaeventos con amplia participación juvenil, que desde Woodstock, en los Estados Unidos hace ya más de 50 años se vienen produciendo en todo el mundo, suelen ser eventos muy bien organizados, en los cuales cualquier signo de transgresión atípica o excesiva es inmediatamente neutralizada a veces con un uso racional de la fuerza. 

 

Un largo confinamiento de más de dos meses a comienzos de año en casi todo el mundo, un toque de queda interminable que prácticamente ha hecho trizas cualquier tipo de vida nocturna, de tipo discoteca o bar o de carácter cultural. Esto ha generado una tensión en casi todo el mundo, en personas de toda edad, pero sobre todo en los jóvenes. Era previsible que si bien la mayoría de las personas, siguiendo medidas de prudencia casi al pie de la letra, las navidades la gente la haya pasado en casa en pequeños grupos, incluso evitando las visitas intrafamiliares. Ha obedecido  los consejos insistentes que era la mejor manera de no diseminar el contagio en la familia. Eso fue aceptado, pero era inevitable que muchos jóvenes, a cualquier precio y asumiendo pasar cualquier riesgo, se pasasen la voz a escondidas para participar en alguna COVIDANCE, una semana después, en ocasión del fin de año.

 

Ha habido dos eventos muy precisos en este fin de año 2020, un año que será de triste recuerdo y que muchas personas estaban dispuestas a hacer cualquier cosa para olvidarlo. Los eventos fueron en dos lugares muy alejados como lo son el Perú y Francia. Un evento fue una fiesta clandestina en un distrito de Lima que acogió a unos 1,500 jóvenes y otro fue una muy masiva denominada rave party (por el tipo de música tocada), realizada en un hangar abandonado en la región de Bretaña, al noroeste de Francia. Era un megaevento que acogió a unos 2,500 jóvenes.

 

Lo que es interesante es que si bien estos dos eventos fueron intervenidos por la policía, no hubo que se sepa hasta ahora, en ninguno de los casos una violencia por parte de la policía que haya tenido consecuencias graves para los asistentes. En el evento peruano la policía fue muy prudente en su proceder, para no generar las consecuencias fatales que semanas atrás generaron una quincena de fallecidos al intervenir una COVIDANCE. Esta vez, la fiesta peruana sólo generó un arresto preventivo de unos 200 de los casi 1,500 asistentes. Hay muchísimas infracciones, pues seguimos en toque de queda y con prohibición de celebraciones y el riesgo de diseminar el contagio, de todo lo cual se les puede acusar a los organizadores y a los asistentes, pero las autoridades se han hecho un poco la vista gorda, lo cual lamentablemente es un mal precedente. Lamentablemente las fiestas de carnavales y las del día de los enamorados no están tan lejos y dudamos mucho que tales COVIDANCES, no se vuelvan a producir.

 

En el caso de Francia, la situación es muy especial, aunque sabemos que en Europa, especialmente en Francia y España y también en otros países, ha proliferado la organización de fiestas COVID, con una asistencia algo menor, que la que se realizó en Francia. Allí asistieron jóvenes de varias regiones de Francia e incluso había jóvenes de otros países. Ya se habían desbaratado semanas antes, diversas organizaciones que realizaban fiestas clandestinas, como había ocurrido en Marsella y Estrasburgo. Era inminente que para el fin de año se produjesen también nuevas fiestas, aún cuando la actual situación de emergencia sigue vigente, que hay un recrudecimiento y vuelta del contagio y para colmo la aparición de una nueva variante del coronavirus, ¿podríamos decirnos que la policía francesa, no sabía que dicha fiesta se iba a producir?.

 

Creo que es muy difícil, ser tan ingenuo como para pensarlo, como que tampoco es creíble que la policía en Perú, pueda ignorar del todo, que una fiesta de 1,500 jóvenes, pueda organizarse de un día al otro, sin que nadie se le escape, la infidencia de que un evento de ese tipo va a realizarse.

 

Lo que está ocurriendo, es que existe una solidaridad muy grande entre los jóvenes, una increíble capacidad de organizarse y generar convocatoria y que esta solidaridad es cada vez más eficaz. Dichas convocatorias para estos eventos tienen acogida, es innegable y que si la policía se entera, suele ser el mismo día o cuando el evento ya está en curso. En el caso peruano, alguien denunció que se estaba produciendo un evento masivo y lo denunció por lo ruidoso que era, pero para nadie era un secreto que había una fiesta masiva en dicho lugar y más aún que ya se habían realizado eventos en dicho lugar, algo sobre lo cual los responsables de dichos eventos tendrán que declarar. En el caso de Francia, el día mismo de los hechos, se comenzó a detectar que había un número inusual de vehículos motorizados que se dirigían hacia un mismo lugar desde proveniencias muy diversas. El lugar era un hangar abandonado. En otras ocasiones ha habido fiestas clandestinas en túneles, fábricas abandonadas o lugares por el estilo. No hay vecinos a quienes moleste el ruido, por muy estridente que éste fuese. Por lo mismo no hay quien se queje. Lo curioso en el caso de Francia es que como el toque de queda comenzaba a las 8.00 pm, si bien la policía ya sabía que la gente se dirigía a un determinado lugar, el derecho de circulación estando permitido por la ley, no podían impedir hasta las 8.00 pm que la gente se dirigiese hacia donde le diese la gana.

 

Lo interesante es que en ninguno de los dos casos, el Perú y Francia, cuando ya se sabía que un evento clandestino se estaba realizando, se optase por tomar por asalto el lugar. En Perú simplemente se optó por interrumpir la fiesta, que ya llevaba varias horas y más bien en el caso de Francia la violencia vino por parte no de la policía sino de los fiesteros, que terminaron quemando un vehículo de la policía e hirieron a tres gendarmes. La policía francesa optó por no tomar por asalto en lugar, lo cual hubiese generado más violencia aún y con consecuencias posiblemente fatales, dada la magnitud del evento. ¿No se suponía que los franceses eran más civilizados que los peruanos? Me reservo la respuesta, pero lo cierto es que, al hacer la evaluación de estos hechos, lo que podemos decir es que las situaciones inéditas que está generando la pandemia, están haciendo perder los papeles a mucha gente y que definitivamente, el privarle los jóvenes y en general a los ciudadanos, su derecho de reunión y de relajo no es algo fácil de manejar. La gente está dispuesta a reivindicar hasta en forma violenta que le devuelvan dicho derecho, a cualquier precio.

 

De allí la importancia, y la forma prudente de actuar que debemos felicitar con la que ha actuado la policía en los casos de Perú y Francia. Cuando vemos los aparentes excesos del uso de la fuerza por parte de la policía, en las marchas que generaron la caída de un gobierno hace algunas semanas en el Perú, con un saldo de dos jóvenes fallecidos y también el muchas veces desproporcionado uso de la fuerza, que a veces, se ha hecho en Francia en los últimos meses para reprimir los disturbios ocasionados por los gilets jaunes (chalecos amarillos), un movimiento reivindicativo, con ribetes a veces un poco anárquicos, que la policía francesa, en muchas ocasiones, ha reprimido de una forma exagerada o desproporcionada en relación a la provocación de los manifestantes. Una cosa es sin embargo, la represión de una forma de transgresión por razones políticas, sobre lo cual el Estado en cualquier lugar se irroga el monopolio del uso de la violencia legal, aunque sujeta a diversos parámetros como en los últimos dos casos y otro caso, como en el caso de la interrupción del disfrute de una fiesta de año nuevo, que por otro lado en Perú o en Francia, raramente o quizás ninguna vez han sido prohibidos en los últimos cien años. Los toques de queda, en Perú en los últimos decenios han sido frecuentes, sobre todo en las épocas del terrorismo, pero el derecho de reunión, difícilmente podríamos decir que fue impuesto en forma absoluta.

 

El Covid 19, como una de sus consecuencias preocupantes está trayendo la generalización de comportamientos prohibitivos y/o represivos, por parte de la autoridad de turno, muchas veces sin argumentos claros para explicar su necesidad. Al privárseles el derecho de festejar a los ciudadanos, de alguna manera estos sienten que se les está privando, de uno de los últimos recodos de libertad que le permite la vida moderna, con todos sus códigos y reglamentaciones. De más en más, todo indica que el ejercicio de la libertad, en el futuro sea casi solo virtual. Todo lo que pasa en la realidad, está de alguna manera bajo sospecha. Es por eso que muchas veces la búsqueda del placer o de la fiesta, al ser algo que sale de lo ordinario, es algo que en las circunstancias actuales se está  haciendo a riesgo de la perdida de libertad, pues uno no solo puede estar obligado a pagar una multa sino incluso ser arrestado por ir a una fiesta clandestina, o incluso ambas cosas. En el caso de Francia, a lo más se les podía imponer a los asistentes a la COVIDANCE de Rousillon, una multa de 135 euros, lo cual es algo mínimo para los ingresos de un francés promedio. Aquí en Perú las multas alcanzan montos delirantes. Como alguien me decía, “Algunos viven en Perú con ingresos del cuarto mundo, pero se les multa como si tuviesen los ingresos de ciudadanos suizos”. Algo no camina bien.

 

Frente a la prudencia del comportamiento policial en ambos casos, el peruano y el francés, lo que sí es preocupante es la reacción bastante violenta de la prensa. En el caso peruano la reacción inmediata fue de tomar medidas más represivas que las ya existentes, pero con la cantidad de escándalos, o casos de corrupción que se destapan cada día en Perú, al día siguiente de la denuncia del COVIDANCE, ya los titulares estaban consagrados a otras cosas. Preocupante sin embargo, ha sido el tratamiento del tema de la mega COVIDANCE en Francia por parte de la prensa norteamericana, sobre todo el tratamiento del tema en los comentarios en las redes sociales, en referencia a los artículos periodísticos que informaron sobre el tema en los principales diarios norteamericanos. Los norteamericanos se han burlado con una inusual violencia de que la fiesta francesa que duró unas 36 horas, no haya podido ser interrumpida por la policía, que como lo decimos se comportó prudentemente y que más bien la violencia haya venido por parte de los fiesteros. Algunos en las redes sociales norteamericanas y también francesas, sugerían que la policía debió haber cercado la fiesta, y dejarlos que termine cuando los jóvenes lo deseasen, pero que se quedasen también en el mismo lugar, en el hangar, pasando una cuarentena allí mismo, para que no irradiasen contagio después. Otros pedían que a los que estaban infectados en esa fiesta, la seguridad social no los atendiese en los hospitales públicos y que pagasen por ellos mismos cualquier costo ligado a su atención hospitalaria, si terminaban infectados. Esto ha permitido descubrir en forma clara la increíble violencia e intolerancia que contamina las redes sociales y esta situación poco matizada a la cual son propensas las opiniones que se vierten en las mismas.

 

Un poco de esos criterios condenatorios y carentes de matices es aquel del cual, se le está acusando a Facebook, el vehículo de opinión más popular, al cual son adictos la mayor parte de los jóvenes. Todos los estudios están  indicando que Facebook en vez de unir, divide y confronta a las personas. Les da a las personas, sobre todo a los jóvenes, un sentimiento ficticio de pertenecer a una comunidad virtual, pero más que eso genera una gran intolerancia en los grupos cuyos puntos de vista no se comparten. Es evidente que la inmediatez informativa que permite la comunicación digital, genera también una especie de sensación de omnipotencia, de creer que todo está al alcance de uno, por el hecho de que puedo ser testigo y por lo mismo, aunque sea partícipe pasivo de algo que ocurre en el otro lado del mundo, sentirme concernido por el mismo hecho. El hecho además, de que sin mayor edición se puede subir cualquier opinión a través de las redes, da también una ingenua sensación de que uno es escuchado por alguien y que por una docena de likes que a uno le dan, ya uno crea que sus puntos de vista suscitan interés o son pertinentes. Hay en muchos jóvenes este ingenuo sentimiento de ubicuidad y omnipotencia, y de alguna manera genera que también, gracias al anonimato haya un sentimiento de inmunidad. Uno se dice, por último, que si alguien no está de acuerdo con mi opinión, lo bloqueo o lo corto.

 

Ese poder ficticio que permiten las redes a muchos les da la impresión de sentirse de alguna manera inmunes y todopoderosos. “Soy joven, y el coronavirus no es de gran riesgo para mí y por lo mismo no es sujeto de mi incumbencia. Allá los otros, que se cuiden. Yo quiero de todas maneras juerguearme” parece ser el monólogo interior de muchos. Este narcisismo de pacotilla, con tintes fascistoides, es un poco el tenor de la mentalidad que a través de las redes sociales se irradia en los jóvenes, que en muchas cosas buscan ser transgresores, pero que pasivamente aceptan y muchas veces asumen dichos mensajes, que a veces son inducidos por quienes propician los COVIDANCES.

 

Perú en ese sentido es un país anárquico por excelencia, con una población mayormente juvenil y sujeta a la ambigüedad de los mensajes que son vehiculados por Facebook. La generalizada informalidad y el exceso de regulaciones, muchas veces absurdas, hacen que la gente en muchas cosas viva al margen de la ley sin siquiera darse cuenta. Al ser la impunidad la regla, la tolerancia al vivir al margen de cualquier reglamentación es de alguna manera la regla, dada la laxitud imperante.

 

La gente se entera que la ley existe sólo cuando se encuentra envuelta en algún tipo de juicio. En la vida cotidiana, la gente opta por un criterio empírico, para aceptar o definir qué cosa es legal y qué cosa no lo es. Hacerle comprender a la gente que después de los miles de millones robados por la corrupción de ODEBRECHT al Estado peruano y que hasta ahora no haya ni un solo ministro ni empresario corrupto encarcelado después de estos latrocinios,  con el cuento de que todos tienen “derecho al debido proceso”, cuando con un buen abogado penalista es casi imposible ser hallado culpable. Vivimos en un país donde una risible administración de justicia podría hacer, que si a alguna persona se pone terca y no quiere pagar una infracción vehicular y puede hasta darse el lujo de insultar al policía que se la pone y hasta llevar su caso hasta el tribunal constitucional. Esas cosas pueden ocurrir, las sabemos y las toleramos y sin embargo la gente se ofusca o se ofende, de saber que de repente a un sobrino tuyo lo van a meter tres meses en prisión por haber sido detenido participando a una fiesta clandestina. Es algo bien difícil de hacerles comprender a los ciudadanos de a pie lo importante que es aceptar que muchas leyes son dadas para el bien común, cuando las decisiones judiciales dan cada día señales muy confusas, que hacen que el ciudadano se sienta desprotegido por la ley.

  

Hay sectores ligados al poder en cualquier país, que utilizan situaciones de pánico, como las ligadas al miedo del contagio en relación a la pandemia para, de contrabando, introducir represiones teñidas de un puritanismo estúpido creando códigos infantilizantes y que terminan por lo mismo, al final simplemente generando la reacción contraria.

 

En Francia misma aún durante, los años de la 2da. Guerra mundial o durante la ocupación alemana, no se reprimió en forma total el derecho a que la gente tenga fiestas que solían hacerse los días domingos. El gobierno colaboracionista de Vichy, hizo público un curioso discurso de parte del general Petáin, datado del 17 de junio de 1940, que pedía a los franceses dejar de participar en situaciones de placer, ya que esto erosionaba el espíritu de sacrificio, al cual se debían ya que la patria estaba ocupada. En los años 70 en Francia pude conversar con muchísimas personas que habían sido jóvenes en la época de la ocupación, muchos de los cuales esperaban con mucho entusiasmo esas fiestas dominicales y participar en esos bailes, era manifestar una forma de resistencia frente al ocupante alemán. Curiosamente, esas fiestas dominicales tenían la hostilidad explícita de la iglesia católica. Muchos me decían que se bailaba mucho el valse y sobre todo la java. Eso implicaba evidentemente el acercamiento de los cuerpos y como siempre lo que denunciaban los puritanos era que se evite todo aquello que permitiese el acercamiento de los cuerpos o lo que hoy se denomina el “erotismo difuso”. Lo que se quería castigar, era justamente el espíritu de fiesta, de goce. El espíritu de fiesta, de celebración, no busca necesariamente los excesos. Son procedimientos catárticos y necesarios para el individuo y para el grupo, que permiten desfogues de tensión, en relación a la rutina de la vida cotidiana y más aún cuando se vive una época de tensión como la que vivían los franceses bajo la ocupación alemana y que hoy vivimos, en general todos y particularmente los jóvenes bajo esta pandemia. Son situaciones de alguna manera equivalentes y sin duda van a aparecer algunos estudios al respecto a la tensión que vivieron los peruanos durante la ocupación chilena en la guerra de 1879-1883. Parece mentira que con otros argumentos, quizás más comprensibles que los de hace 80 años se esté volviendo a querer inducir los mismas medidas auto represivas. Lo que buscan generalmente las prohibiciones al goce, es el instaurar una especie de orden moral improvisado. A sabiendas sin embargo que prohibirles el goce en forma absoluta a la gente es imposible, por lo que las restricciones al respecto durante el gobierno de Vichy, o las que se den en Perú o cualquier lugar al respecto caerán en saco roto. Se sabía, durante el gobierno de Vichy, que las fiestas dominicales eran momentos en que por excelencia, se encontraba en dichas fiestas, gente que estaba en la resistencia francesa, y por lo mismo intempestivamente se solían interrumpir las fiestas y se optaba por ponerles una multa a los organizadores y en caso de reincidencia la autoridad podía proceder a la confiscación de los instrumentos de algunos de los músicos.

 

En esta fiesta de año nuevo en el Rousillon, a por lo menos 1,200 personas, o sea la mitad de los calculados 2,500  asistentes, se les obligará a pagar una multa de 135 euros, que es el costo por infringir la ley.

 

Aunque las fiestas clandestinas de gran magnitud en los últimos días se han detectado en muchos lugares en Francia, no es casualidad que la de Año Nuevo, haya sido en el norte de Francia, sobre lo cual hay un excelente estudio de Alain Quillevere (1), sobre los bailes clandestinos en esa zona en la época de la ocupación alemana.

 

La tradición de individualismo existente en Francia, hace que de una manera u otra, estos comportamientos transgresores como el de la COVIDANCE de año nuevo se repetirán, pues la pandemia con sus resacas y segundas olas, están lejos de terminar. El peor comportamiento, de la autoridad pública, sería un comportamiento represivo a ultranza. El comportamiento festivo es inherente a la naturaleza humana. Las fiestas o festividades nos hacen de una manera real y también simbólica sentirnos partes del tejido social. Ni la pandemia, ni el comportamiento represivo o auto represivo, van a detener el dinamismo de estos comportamientos sociales. Los animales pueden jugar pero no celebran. Solo los seres humanos celebran. La fiesta o el comportamiento festivo no tiene que ser necesariamente algo dionisiaco y una fiesta clandestina frente a una prohibición puntual no es algo que necesariamente terminará siendo una bacanal o terminar en un comportamiento orgiástico. 

 

El puritanismo tonto, por no decir absurdo que ha comenzado a proliferar estos últimos tiempos no hace sino exacerbar el comportamiento transgresor. El puritanismo mal entendido hace que mucha gente esté buscando alguien a quien señalar con el dedo acusador y para los cuales cualquiera que va a alguna fiesta es sospechoso de algo. La secuela de problemas para la salud mental, que ha acarreado la pandemia, el diseño de políticas imaginativas para detener los estragos de la depresión endógena y exógena que ha acarreado la pandemia, el casi 25% de jóvenes entre 18 y 30 años que han tenido ideas suicidarias, son los temas que deben preocupar y generar políticas públicas imaginativas como reacción a la pandemia pues está en juego la salud mental. Optar por la represión abierta no conduce a nada.

 

En el caso de Francia, las idas y venidas de las medidas dictadas por el gobierno para la reapertura de los espectáculos públicos, como cines o teatros, sumados a la prohibición de reunirse para cualquier tipo de festejo, salvo en forma muy restringida, es algo que ha terminado por llenar el vaso. Es evidente que estamos frente a una situación inédita, universal y simultánea, frente a lo cual ni las autoridades saben cómo actuar con la prudencia debida, ni los ciudadanos saben cómo soportar, una situación de frustración permanente, sobre la prohibición de sus comportamientos más usuales y lo que es peor sin una perspectiva cronológica precisa de cuando terminarán, estas prudencias a veces excesivas. Lo cierto es que como resultado tenemos a un ciudadano, temeroso y frustrado, culpabilizado y acusado por tirios y troyanos, por simplemente querer encontrarse con algunos amigos para tomar unas cervezas o escuchar un poco de música.

 

La antropóloga francesa Emmanuelle Lallement, ha tenido la paciencia de investigar la evolución del comportamiento festivo, desde la aparición de la pandemia. Las conclusiones provisorias a las que llega en sus  investigaciones son muy luminosas sobre el tema. Ella está estudiando en tiempo real el tema y ve que desde ya sobre el tema del comportamiento festivo y su importancia para sostener el ya frágil tejido social, está dando lugar a diferentes formas de manifestaciones. Ella nos indica de cómo ya instaurada la pandemia, la gente salía a las 8.00 de la noche a aplaudir a los servidores de salud, policías y bomberos que estaban en primera línea de combate frente a la pandemia, de cómo en Italia la gente comenzó a improvisar conciertos dados desde los balcones por alguien que cantaba o tocaba algún instrumento de música. La represión en las actuales circunstancias es evidente que a nada conduce.

 

Terminamos este ensayo, con un fragmento de un reciente y brillante artículo de Emmanuelle Lallement, “Au bal masqué? Comment la distanciation sociale reaffirme la necessité de la fete”(2) en el cual con una rara lucidez, la investigadora hace hincapié de cómo la pandemia nos va a llevar a reevaluar, muchos comportamientos sociales, que permiten darle vigencia al tejido social, lo prudentes que hay que ser al querer reprimirlos, sin reemplazarlos por ningún otro. He aquí sus palabras:

 

“Hay diversas maneras, de cómo se está reconfigurando en la situación actual, lo que denominamos la sociabilidad festiva, el deseo de celebrar. Dichos comportamientos son muy diferentes, que aquellos que son usuales en la vida de todos los días. Estos comportamientos tienen para las personas una significación muy diferente, que aquellos que implican los comportamientos ordinarios, repetitivos de la vida cotidiana. Estos últimos incluso han comenzado a modificarse por las nuevas restricciones. El cese de los encuentros en los espacios públicos, los lugares comerciales y deportivos, con todo tipo de rigurosas medidas de distanciamiento físico han impactado también considerablemente las diferentes formas de sociabilidad festiva, prácticamente la han desterrado del espacio público. Los comportamientos festivos se han limitado a lo doméstico, y cuando han querido ir mas allá, se ha optado por una especie de semiclandestinidad, como si tener un comportamiento festivo implicase cargar desde ya, con algún tipo de culpabilidad”.

 

 (1)Alain Quillevere, “Les bals clandestins dans les Cotes du Nord sous l´ocupation”

(2) Emmanuelle Lallement,“Au bal masqué? Comment la distanciation sociale reaffirme la necessité de la fete” AOC. Paris. June 2020

 

 

Wednesday, January 06, 2021

Historias de plástico*

 

Señal de Alerta

por Herbert Mujica Rojas

25-8-2008

 


Historias de plástico*

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https://bit.ly/3nkqZoy

 

¿Qué hacía el señor Nicolás de Piérola en diciembre de 1881 con el jefe de la ocupación chilena en Lima? Ya había resignado la dictadura porque nadie le hacía caso desde el 28 de noviembre y fue Tarma la ciudad que registró el hecho. No representaba a nadie y tampoco era funcional –ya había sido lo suficiente en enero los días 13 y 15 en San Juan y Miraflores, cuando la trágica derrota de la capital ese mismo año- a los chilenos que le desconocían en absoluto y en cambio apresaban a García Calderón y le enviaban deportado al sur. ¿Quién aclara esta oscuridad proditora tan poco tocada? Y muy ignorada.

 

Dice Jorge Basadre:

 

“A Lima, ocupada por el enemigo, llegó Piérola el 3 de diciembre, con lo cual se sometió de hecho a lo que antes censuró y condenó.

 

El 6 de diciembre se entrevistó en casa de Juan de Aliaga, con Lynch, y en otra casa con el diplomático Novoa. No hay versión de la primera entrevista; pero sí unos apuntes de Novoa acerca de la segunda. Piérola creía posible un alzamiento a favor suyo en el Ejército de Cáceres; pero siempre que condujera a la paz en términos soportables para el Perú. Novoa repuso que ella, después de los sacrificios chilenos, no podía ser sin cesión territorial. A ello contestó Piérola que dicha entrega era “apenas un medio de salvar la dificultad ficticiamente, puesto que obligaría a la paz armada y al acecho constante. .........Ese mismo mes, Piérola se embarcó al extranjero con pasaporte del gobierno de Chile, si bien todas sus gestiones encaminánrose a la paz sin cesión territorial. En Europa buscó la mediación de Francia e Inglaterra en vano. Ya en noviembre del 82 estaba nuevamente en Estados Unidos y realizó esfuerzos inútiles que más adelante se mencionan”. (Historia de la República).

 

El padre Rubén Vargas Ugarte apenas si dedica un par de líneas consignando el hecho de diciembre de 1881.

 

En el bello libro que consagró a su biografía, Piérola, Alberto Ulloa Sotomayor, grueso tomo de más de 400 páginas, no hay mayor referencia a un hecho que hasta para el criterio del más novel historiador alcanzó ribetes de alguna significación extraña, inexplicable, abstrusa, de monstruosa incongruencia.

 

El hecho en sí es demostrativo de cómo se ha manipulado la historia, magnificando etapas, glorificando supuestos héroes o prohombres y, en cambio, ensombreciendo u ocultando, simplemente, las tenebrosas y feas alamedas transitadas por aquellos a quienes las historias oficiales regalan ditirambos múltiples y panegíricos integrales.

 

Si Piérola ya no era dictador porque nadie le reconocía mando alguno o capacidad de negociación, la más mínima. Si, precisamente, había resignado en Tarma el 28 de noviembre y de modo oficial –ese año trágico de 1881- su dictadura, porque los invasores no le reputaban importancia ni mando, retorna la pregunta filuda que no tiene respuesta de los historiadores: ¿qué hacía Piérola “conferenciando” con Patricio Lynch y Jovino Novoa en la Lima ocupada y sobre un suelo ensangrentado por la matanza que los chilenos habían perpetrado en San Juan, Chorrillos, Barranco y Miraflores? ¿cómo así que “se embarcó al extranjero con pasaporte del gobierno de Chile”?, tal como apunta Basadre.

 

El historiador Jorge Basadre afirmó que a Cáceres, el Brujo de los Andes, el firme portero y guardián de la dignidad nacional durante largas y reconocidas luchas y señaladamente entre 1881 y 1883 en la Campaña de La Breña, le faltó morir en el campo de Huamachuco. Es decir avanzó criterio terminal sobre un genuino héroe. Cierto, más allá de las palabras informativas que sobre Piérola consignó y en torno a las reuniones de éste con los capitostes chilenos, no hay más testimonio. La plasticidad del juicio no puede ser más evidente. ¿Y la objetividad? ¡Quimera lejana, sin duda alguna!

 

Débese a Manuel González Prada el fulminante párrafo histórico:

 

“Chile mismo no habría elegido mejor aliado. Cuando convenía ceñirse a disciplinar soldados, reunir material de guerra y aumentar los recursos fiscales, Piérola remueve las más pasivas instituciones: era el caso de ordenar, y desordena; de hacer, y deshace; de conservar, y destruye; de operar, y sueña. En el estado de guerra, cuando las funciones del cuerpo social son de más intensidad y de mayor extensión, suprime órganos o les sustituye con mecanismos artificiales y muertos. Peor aún: asume el Poder Legislativo, el Ejecutivo, el Judicial, el Generalato en Jefe del Ejército, el Almirantazgo de la Marina, en fin, presume realizar una obra que no imaginaron Alejandro, César, Carlomagno ni Bonaparte. Un dedo pretende monopolizar todas las funciones del organismo.”

 

¿Ha sido cierta la historia embutida durante decenios a los peruanos? ¿o más fuerte fue la plasticidad cómplice y corrupta mantenedora del status quo que se verifica en calles y plazas que llevan nombres inapropiados porque blanquean lo sucio y glorifican a no pocos traidores y regaladores de la heredad nacional?

 

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

 

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

 

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

 

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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*Publicado originalmente en la Red Voltaire el 25-8-2008

Tuesday, January 05, 2021

2020: annus horribilis; 2021: annus incertus

 


2020: annus horribilis; 2021: annus incertus

por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@hotmail.com

http://senaldealerta.pe/pol%C3%ADtica/2020-annus-horribilis-2021-annus-incertus

https://bit.ly/3beO35E

 

5-1-2021

 

El 2020 ha sido, desde cualquier punto que se le mire, un año horrible y el que comienza definitivamente, al margen de cualquier engañoso entusiasmo como el que solía plagar las usuales fiestas de cualquier año nuevo, este 2021, será un año incierto.

 

Annus horribilis, era una denominación que en las últimas décadas utilizó las reina Isabel de Inglaterra, cuando algunos tropiezos durante el año, habían aquejado no necesariamente a Inglaterra como país, sino refiriéndose, a veces, a sucesos un poco frívolos ligados a la familia real, algún divorcio, alguna conducta impropia o alguna metida de pata con alguna declaración poco feliz o extravagante, no muy politically correct por parte de su esposo.

 

Esta vez la denominación annus horribilis refiriéndonos al 2020, sí contiene una real y contundente significación, pues la pandemia, que es un evento vivido en forma simultánea y universal por toda la humanidad, era algo inédito. Los eventos de una cierta magnitud, a lo largo de la historia, sólo habían estado ligados a espacios geográficos precisos con impactos diversos y con una cierta lentitud, pues las comunicaciones no tenían la inmediatez de ahora. Un evento traumático para el mundo occidental, fue por ejemplo la caída del imperio romano y otro con un impacto mas global, fue el descubrimiento de América.

 

En realidad sólo los grandes cambios climáticos, en muchos casos antes de que la especie humana apareciese, como lo fue por ejemplo aquél que generó la desaparición de los dinosaurios, o las grandes glaciaciones que tuvieron un impacto total. Esos fueron eventos también simultáneos y universales que involucraron a la totalidad del planeta, en todo lugar y en el mismo momento.

 

Al margen del cambio de fecha cronológica, esta pandemia tendrá todavía una continuidad que hará que el 2021 tenga un carácter incierto en muchos aspectos, pues a pesar de la perspectiva de la aparición de una vacuna eficiente, las mutaciones diversas que puede tener el virus van a crear, lamentablemente, otro tipo de pánicos. A pesar de la secuela de muerte que todavía tendremos por delante, ya se ve en la parte sanitaria, la luz al final del túnel. Este año, como nunca, habrá sido un año de avance para la ciencia, sobre todo para la ciencia médica. Las redes de intercambio de información científica, buscando la vacuna o formas de tratamiento para mitigar los sufrimientos que genera el contagio del coronavirus, van a tener consecuencias positivas para la humanidad, no sólo sobre este mal, sino son avances que servirán para el tratamiento de otros males. Hay una nueva fe en la ciencia, al margen del entusiasmo de los grandes laboratorios que este año han visto quintuplicar sus ganancias.

 

Es evidente que la humanidad saldrá de esta crisis global, pero evidentemente el mundo ya no será el mismo de antes, y la puesta en escena de nuestra vida cotidiana, en lo individual y en lo colectivo, en lo que concierne a temas como salud y educación y nuestra misma percepción del trabajo, van a cambiar en una forma que nunca hubiésemos imaginado, más rápido y con una profundidad que hace menos de un año hubiésemos sido incapaces de predecir.

 

SALUD: Estábamos acostumbrados a que en condiciones normales, en algún momento de nuestras vidas, seríamos propensos a tener tal o cual enfermedad. Las vacunaciones infantiles para las enfermedades de niñez, una alimentación con ciertos cuidados y unos cuidados específicos durante nuestra vejez y ya teníamos una estrategia, para lo que concierne la salud para atravesar la vida sin mayores contratiempos. Esta pandemia, de forma repentina, nos confrontó con una situación de un peligro absoluto, donde la exposición al contagio, era estar expuesto a una situación mortal. Los países pobres y los más adelantados del mundo entraron en pánico y todos fueron golpeados por igual. A la hora actual, el país que se suponía era el más adelantado en todo, Estados Unidos, con solo 4% de la población del planeta, tiene más del 20% de las víctimas del coronavirus del planeta. Al final, la medicina más eficiente para neutralizar la posibilidad de expansión del contagio y por lo mismo también la mortalidad era aquello que aconsejaba y sigue aconsejando el sentido común: uso de mascarilla, lavado permanente de manos y una distanciación social prudente. Por otro lado, los países que desesperada y comprensiblemente han buscado una comprensible recuperación económica sin haber inculcado esas formas de prudencia en sus ciudadanos, seguirán sufriendo las consecuencias sea en Perú, España, México o Estados Unidos.

 

EDUCACIÓN: Aunque en muchos países, se considera que el año escolar, dado el confinamiento casi universal que duró algunos meses al comienzo y con reaperturas y cierres de establecimientos escolares en muchos países, las medidas que se tomaron en relación a la pandemia han generado situaciones que a la larga serán extremamente provechosos para la educación. Me refiero, sobre todo, al casi generalizado uso de los medios digitales para la enseñanza, fundamentalmente la escolar. La enseñanza a distancia era algo muy opcional hasta ahora, algo utilizado más para la enseñanza de idiomas y también como herramienta para formaciones secundarias o complementarias, para maestrías o diplomados no presenciales o cosas por el estilo. Lo cierto es que la enseñanza a distancia no tenía el supuesto 100% de eficacia atribuida a la enseñanza presencial, pues ingenuamente se había pensado que enseñar a distancia era enseñar de la misma manera que cuando uno enseña presencialmente, pero a través de la imagen. Las cosas en realidad son más complicadas y, gracias a la pandemia, se ha visto de afinar la técnica de la enseñanza a distancia para que no tenga nada que envidiar a la enseñanza presencial y alcanzar, si fuera posible, el mismo nivel de eficacia. Ese avance será el gran legado que tendrá esta pandemia en la educación.

 

El avance, la simplificación y la propagación del uso del zoom, tendrá un impacto poderoso en los próximos años y los aportes positivos que tendrá el uso del mismo para la educación serán incalculables. Muchos eventos, como congresos o actividades de ese tipo, se han organizado estos últimos años vía zoom. Antes se hubiese pensado que si el evento no era presencial, no valía la pena organizarlo. Incluso muchos de los eventos ligados a nuestro Bicentenario, nos vamos a tener que resignar a organizarlos vía zoom.

 

LO INDIVIDUAL:  A este nivel todos hemos sido impactados en diversas formas, más aun aquellos que a causa de la pandemia han perdido a un ser cercano, sobre todo con el dolor doble de no poder estar cerca de la persona cercana contagiada por el pánico comprensible que al inicio generó la pandemia, en que se pensó que cualquier contagio era una situación irreversible y cualquier acercamiento al contagiado era casi garantía de también serlo. Como nunca una pandemia de características tan globales, nos ha confrontado a situaciones traumáticas de todo tipo, a miedos irracionales, los cuales a su vez han contaminado nuestros comportamientos individuales a todo nivel. El miedo a la muerte, es una situación límite, nos confronta de un porrazo con nuestro pasado, nuestro presente y la posibilidad que no tengamos futuro. En esta navidad han habido sillas vacías en muchos hogares. El dolor y también la cólera contenida y vivida con frustración en el fuero individual, es por el hecho que la pandemia ha hecho descubrir, la precariedad del sistema de salud en países como el Perú. Incluso meses después de iniciada la pandemia, los mismos errores en su manejo han sido repetidos una y otra vez. No sólo no han sido corregidos, sino lo más penoso ha sido ver que al margen de los decesos debidos a la misma pandemia, gran parte de la responsabilidad de muchos de estos óbitos se debió a la forma caótica como se manejó la misma. La terquedad, por ejemplo, de no hacer lo que el sentido común exigía en lo que concierne a la construcción o compra de plantas de oxígeno, en aplicación de pruebas moleculares, amén de las increíbles corruptelas que ha generado la pandemia en la compra de material médico de primera necesidad. Esa irresponsabilidad mayor, que ha sido denunciada, pero que dudamos sea castigada con el rigor debido, ha causado muerte no sólo en los contagiados, sino una penosa proporción de muertes en los servidores que estaban en la primera fila del tratamiento, como los médicos y enfermeros, el personal de servicio y también el personal policial. La pandemia por lo menos, ha evidenciado hasta el exceso, nuestras carencias en todo lo que concierne a la salud. Felizmente, la pandemia nos sorprendió  con una cierta solvencia económica, pero igual el manejo caótico de las cosas ha tenido consecuencias desastrosas.

 

LO COLECTIVO: Nuestro comportamiento grupal y nuestra vida relacional se han visto radicalmente modificadas a causa de la pandemia. El confinamiento de los primeros meses desde ya en mucho destapó múltiples problemas familiares inevitables y que muchas parejas confrontasen problemas relacionales, de los cuales hablaban muy poco o dejaban pasar en forma distraída. La misma relación con los hijos, estaba sujeta a simplificados rituales, pues gran parte de la educación, las familias la dejaban a cargo del colegio. Al haberse interrumpido esta situación de un momento al otro y durante por lo menos los largos meses que duró el confinamiento inicial, los padres descubrieron qué poco nivel de comunicación tenían con sus hijos y en qué mundos tan paralelos vivían con los mismos. El costo-beneficio que al final habrá tenido la pandemia sobre la relación con los hijos será muy positiva, pues la unión frente a miedos externos, cuando esto se procesa en forma positiva crea un comportamiento solidario durable. Los hijos han podido percibir que entre sus padres también había comportamientos de conflicto de los cuales a veces no tenían ni la menor idea. Han escuchado muchas veces hablar en voz alta sobre algunos temas, que ni siquiera imaginaban que existían. La misma precariedad económica que en muchos casos generó la pandemia, sobre todo en familias que vivían con ingresos provenientes del día, ha hecho que los hijos observen los increíbles sacrificios que sus padres hacían para darles una educación y un mínimo de bienestar. Estas consecuencias de la pandemia a la larga tendrán un efecto positivo, aunque el precio a pagar habrá sido un poco alto. El sentimiento familiar habrá salido fortalecido de esta pandemia. Muchos de los niños de ahora le contarán a sus nietos qué vivieron con sus padres, una época horrenda que fue aquel annus horribilis de la pandemia.

 

LO LABORAL: El impacto en lo laboral, será una de las consecuencias más directas que tendrá la pandemia. Cuando ya haya sido controlada la parte sanitaria, el tema laboral, es algo cuya gravedad todavía es difícil de presagiar. La proliferación del trabajo a distancia sólo concierne a una parte mínima de la masa laboral y en ese campo las dificultades para evaluar el rendimiento, harán que no siempre sea factible. Muchos trabajos, necesariamente se deben hacer en forma presencial.

 

La pandemia, por otro lado, ha generado una precariedad laboral que en países como el Perú ha simplemente agravado una situación que ya era delicada, por el hecho mismo que gran parte del empleo es informal. La lógica del sistema capitalista en lo que concierne al empleo es bastante preocupante: si no hay ingresos, puedo prescindir de algunos empleados. Al haber exceso de mano de obra desempleada, la mano de obra es más barata y el empleador para colmo siente que no está obligado en generar un empleo estable, pese a los incentivos que ha dado el Estado peruano para que no se generalicen los despidos en el sector formal. El trabajador vive en una precariedad permanente, no sólo en los trabajos repetitivos o físicos. La desesperación por tener un mínimo de ingresos ha llevado a la gente a un dilema trágico: el hambre o el riesgo de tener que ir obligatoriamente al trabajo por necesidad, a sabiendas de los inminentes riesgos del contagio. También los trabajadores en el sector de la salud o en el de la educación viven en una increíble precariedad. La pandemia ha ayudado a descubrir esta penosa realidad y no es con bonos familiares o de solidaridad que esto se solucionará. En diversos sectores productivos, la recuperación a pesar de la pandemia ya comenzó y por lo mismo la necesidad de mano de obra. Sin embargo, la precariedad laboral sigue siendo la misma. Nadie duda que la recuperación económica del Perú, vendrá mas rápido que lo esperado a pesar de nuestros escepticismos, pero la mejora de las condiciones laborales tardará, y como se suele decir solo tendremos crecimiento pero no desarrollo. Lo cierto es que la sociedad peruana ya no aguanta seguir viviendo esta absurda contradicción. Un Estado fallido, y una clase política inepta e improvisada, están creando con una irresponsabilidad evidente y una vocación que podríamos llamar masoquista o suicida, un caldo de cultivo, con un efecto retardado que en algún momento hará saltar la olla. Ya ocurrió en Chile y el cuentazo de que dios es peruano, es un cuento que ya no se lo cree nadie.

 

Difícilmente habrá en los próximos cien años un año tan horrible como el 2020, pero si no tomamos en serio las enseñanzas que la pandemia nos ha dejado en los cinco temas nombrados, el 2021 y los otros también seguirán siendo igualmente inciertos.