Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
13-10-2026
La fuerza es el derecho de las bestias
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Algunos de estos bestias visten saco y corbata. Otras traje
y carteras vistosas. Ni unos u otras logran disimular su vocación totalitaria y
amor a la cultura del caballazo, es decir la imposición monda y lironda de los
intereses antiperuanos que representan desde su irrupción en la política
nacional.
Por eso fue notorio el contrabando de no poner trabas a las
abusivas tasas bancarias y con ello exprimir a un pueblo constreñido a optar
por apenas cuatro “opciones” sobre las que no hay control ni supervisión salvo
la que ellos mismos pagan y que jamás -no podía ser de otro modo- rara vez
encuentran irregularidades.
Esclarecer sobre la perversión de estos grupos políticos, no
exculpa, disculpa o blanquea la tremenda responsabilidad criminal de los otros
grupos que debieron polemizar, reavivar sus cartabones doctrinarios y
reivindicar la política, no como ejercicio político vil y miserable, sino como
fuente creadora cuya meta indiscutible debiera ser un Perú libre, justo y culto
como anunció Haya de la Torre en su mensaje a la Asamblea Constituyente de
julio de 1978.
Pandillas políticas acostumbradas a vivir del Estado y de
los contratos con dedicatoria en las licitaciones públicas, se mezclaron en el
delito y obtuvieron no el beneficio de las grandes mayorías sino el propio,
egoísta y ruin.
Tirios y troyanos encontraron su vaca lechera en los
diferentes gobiernos y Estados, nacional y foráneos, de los cuales vivir con
bonanza y recursos asegurados. ¿Y el pueblo? ¿Qué le importa el pueblo a las
sanguijuelas que viven del resto?
¿Fue el número excesivo de facultades legislativas
solicitadas por el gobierno, sincera vocación democrática o pretexto para
provocar las primeras llamas de desacuerdo radical y negativa que parece
cernirse sobre el panorama?
Fácil recordar que una cosa es con guitarra y otra con
cajón. Acostumbrados los hoy gobiernistas al sabotaje, la intriga, la trampa,
la mala fe, hoy dan fe que carecen de mayoría categórica, exhiben con impudicia
ignorancia política y cultural y un matón de quinta categoría, confundió el
plenario con un cuadrilátero de lucha libre.
En su libro, La fuerza es el derecho de las bestias,
1957, el derrocado presidente argentino Juan Domingo Perón, cinceló párrafos de
tremenda vigencia y acusadores de quienes no aprendieron de su denuncia y
persistieron en la comisión de tales vicios y taras. Leamos.
Y, ciertamente en este 2026 que empieza a terminar: ¡a quien
le caiga el guante, que se lo chante!
“El gobernante es elegido para hacer la felicidad de su
pueblo y labrar la grandeza de la Nación. Dos objetivos antagónicos en el
tiempo.
Muchos, obsesionados por la grandeza y apresurados por
alcanzarla, llegan a imponer sacrificios sobrehumanos a su pueblo. Otros, preocupados por la felicidad del pueblo, olvidan
la grandeza. El verdadero arte consiste precisamente en hacer todo a su tiempo
y armoniosamente, estableciendo una perfecta relación de esfuerzo para
engrandecer al país sin imponer a la comunidad sacrificios inútiles.
Es preferible un pequeño país de hombres felices a una gran
nación de individuos desgraciados.
Al hombre es preferible persuadirle que obligarle. Por eso
el verdadero gobernante, además de un conductor, es un maestro. Su tarea no se
reduce a conducir un pueblo, sino también a educarlo.
La violencia en cualquiera de sus formas, no afirma derechos
sino arbitrariedades. Recurrir a la fuerza para solucionar situaciones
políticas es la negación absoluta de la democracia.
El gobierno se ejerce con la razón y el derecho. Doblegar
violentamente a la razón y al derecho es un acto de barbarie cometido contra la
comunidad.
Recurrir al pueblo es el camino justo. Un gobierno es bueno
cuando la mayoría así lo afirma. Las minorías tendrán su influencia, pero no
las decisiones, que corresponden a la mayoría. Una minoría entronizada en el
gobierno mediante el fraude o la violencia constituye una dictadura arbitraria
y la antítesis de todo sentido democrático.
Hombres inexpertos, faltos de capacidad y a menudo de
cultura, caen pronto en las demasías de la fuerza. No atinan a la persuasión
porque la consideran una debilidad. Una legión de ignorantes y venales ejercen
el mando. Otra legión de aduladores les rodea y aplaude para sacar ventajas:
eso es un gobierno oligarca.
A menudo se cree que una tiranía oligárquica es un gobierno
fuerte. El único gobierno fuerte es el del pueblo. El de los oligarcas es solo
un gobierno de fuerza.
En la tarea de hacer feliz al pueblo y labrar la grandeza de
la Patria, el gobierno debe empezar por equilibrar lo político, lo social y lo
económico. Las tiranías oligárquicas comienzan desequilibrando lo político con
la revolución; luego, en el gobierno, como un elefante en un bazar, los
destruyen todo.
Los hombres de las tiranías oligárquicas, están siempre
“enfermos de pequeñas cosas”. Miran unilateralmente y ven solo un pequeño
sector del panorama. Ignoran que el éxito no es parcial ni se elabora solo con
aciertos.”






