Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
19-5-2026
¡NO más tragedias en pistas, política de Estado!
https://senaldealerta.pe/no-mas-tragedias-en-pistas-politica-de-estado/
Los peruanos, de todas las franjas, vertientes o creencias,
somos campeones en el circunloquio, el rodeo, el disfraz de las situaciones más
desopilantes y que nos ubican como un país habitado por bestias salvajes.
Los accidentes y tragedias en las pistas, con choque de
vehículos, atropellos de consecuencias mortales, dolor y sangre, se repiten con
vergonzosa frecuencia a lo largo y ancho del país.
¿Ha oído, siquiera por casualidad, que los candidatos
presidenciales aborden el urgente tema como parte de una política de Estado,
orientada a preservar vidas y pieza de una indispensable educación vial?
Si tan solo se confinara, como es a la fecha, el cúmulo de
accidentes y fallecimientos, a las estadísticas, se estaría incurriendo, de
modo pusilánime, en la continuación del crimen cotidiano.
Probablemente uno de los caminos de solución requiere de la
participación de muchas autoridades de Educación, Transportes, Senado,
Diputados, fabricantes de placas vehiculares, PNP, profesores de colegios y
sociedad en su totalidad. Vale decir, una solución integral demanda el impulso
oficial y el concurso ciudadano.
En un trabajo precedente, ¡Los
muertos nuestros de cada día!, 5-4-2023, http://bit.ly/412E8XF anoté observaciones que tienen vigencia:
“Las noticias traen la
cotidiana información que un ómnibus en cualquier parte del país se cayó al
abismo, chocó o se salió de la ruta ocasionando los muertos nuestros de cada
día.
A
nadie conmueve, de tan común, el suceso, la pérdida de vidas.
Casi
nadie repara que las estadísticas trágicas nos ponen en todo el mundo como una
nación primitiva que no castiga a los conductores borrachos e irresponsables
como tampoco a las autoridades que no vigilan el mantenimiento de los vehículos
ni las pistas.
Tampoco
nadie cuestiona la ineficacia, lentitud o no se sabe qué ocurre, de la Policía
Nacional del Perú. Hasta pareciera que los delincuentes tienen mejor
organización y…… ¡poder de fuego!
Si
se pudiera, literalmente, estrujar como si fueran esponjas, los aparatos
televisivos o radiales, obtendríamos sangre a borbollones.
O
son asesinatos o choques o descarrilamientos, o vendettas, el mortuorio mensaje
siempre es el mismo: víctimas y más víctimas.
Los
autos, camiones o buses se pasan las luces rojas, el peatón es aplastado por
estructuras rodantes que olvidaron que su vía es la pista para subirse, en
carreras locas, por las aceras atropellando a la gente.
Jóvenes
y viejos, hasta ancianos, usan las veredas para conducir sus bicicletas y hasta
se molestan si uno al caminar les “interrumpe el paso”.
¿Qué
puede haber ocurrido para que este nivel de abyección y vileza constituya hoy
por hoy parte de la "cultura" peruana?
Pocos
años atrás se impuso la sana costumbre de usar los cinturones de seguridad,
quien no lo hacía era multado. Lo cierto es que el ejemplo se popularizó dando
cuenta de un signo de disciplina férrea y saludable.
¿Cómo
hacemos para que las empresas no recojan pasajeros en el camino, permitan a
conductores ebrios o cansados, la parada en lugares sospechosos?, ¿están
cumpliendo las autoridades el riguroso examen de las unidades de transporte?
Por
lo menos, según las estadísticas, el 80% de los accidentes trágicos son por
cuota humana, en buen romance, está fallando el disco duro ciudadano. Entonces
¿cómo se logró lo del cinturón de seguridad?
El
Estado, las empresas privadas, los gobiernos, deben librar batalla contra toda
la informalidad y la indisciplina que nos hace parecer tribus de monos
enloquecidos.
¿De
qué otro modo comprender que las carreteras estén ensangrentadas día de por
medio y que eso no llame la atención de ninguna manera?
¿Cómo
“asimilar” que en cualquier calle o avenida, de repente unos hampones se bajan
de la motocicleta, obsequian fuego nutrido y se produce un repugnante ajuste de
cuentas.
La
vida es parte insustituible del proyecto social. Quien no se estima, no se
quiere o no se valora, tampoco estima, quiere o valora al prójimo a quien
siente como enemigo al que hay que pulverizar a como dé lugar”.
Fuente Ovejuna
Todos
a una, como reza la genial literatura de Lope de Vega, el encaramiento de este
problema requiere una política de Estado que disminuya drástica y enérgicamente
el número de hechos de sangre en las pistas del Perú.
Hay
que exigir, no enunciados, formas y métodos que aplicarán de llegar al gobierno
cualquiera de los dos postulantes, Keiko y Sánchez y su compromiso férreo que
el que pierda, apoyará al que gane en esta acción de gobierno y Estado.
Los
medios de comunicación deberán ser portavoces potentes de las campañas
educativas desde la más tierna infancia en los predios escolares y entre los
rudos y a veces salvajes conductores en la ciudad y carreteras.
