Friday, April 10, 2026

Formas y variantes de estupidización de las masas

 

Informe

Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas

10-4-2026

 


Formas y variantes de estupidización de las masas

https://senaldealerta.pe/formas-y-variantes-de-estupidizacion-de-las-masas/

https://tinyurl.com/bd6az4wu

 

Estupidez.- Se define como la torpeza o falta de entendimiento para comprender las cosas. Pero esto, aplicado al conjunto de los ciudadanos, la estupidización.

 

Titulares escandalosos que rara vez reflejan la verdad de la información; debates entre ignorantes que compiten en mostrar y exhibir con impudicia, sus canteras profanas; comerciales que inducen al consumo masivo por puro afán fenicio; candidatos que prometieron hasta la Luna, son todos cuadros de una misma exposición nefasta.

 

Postulantes que insultan malamente a sectores enteros del país y que en lugar de arrepentimiento muestran contumacia, persistencia en el yerro, torpeza mayúscula y ¡arriesgan la delicada acusación de FRAUDE!

 

Ninguno de los candidatos afrontó, perdiendo chances magníficas, estas dinámicas perversas de estupidización de la sociedad. ¡Todo es cosmética prometida y de paporreta! La soberanía energética, el gas para todo el país, la marcha prolija con un plan de 50 años y con inspección milimétrica de Petroperú, no es pensamiento ni actualidad en aquellos ambiciosos aspirantes a ser presidente del Perú.

 

Y si se suma la violencia cotidiana ¡a balazo limpio!, el cuadro es bastante horrible.

 

La crónica diaria da cuenta de múltiples ciudadanos muertos a balazos en enfrentamientos o ajustes de cuentas en cualquier zona del país.

 

¿Caen aquellos en marchas de protesta por el obsequio cotidiano que hacen malos gobiernos de su patrimonio o riquezas naturales? ¡No, de ninguna manera!

 

El asunto pasa por un palurdísimo enfrentamiento de bandas que, como en el Chicago de los 20, sortean sus diferencias ¡con plomo a granel! La estupidización de las masas es todo lo contrario a su rebelión, aquella que Ortega y Gasset, describió en un libro sobresaliente.

 

El terrorismo violentista cerró, desde años atrás, el círculo de mudez y silencio en las masas aterrorizadas por muertes subitáneas, explosiones por doquier, crímenes insólitos, víctimas de todo jaez, hombres, mujeres, niños y hasta mascotas.

 

¿Cómo puede aceptar el país que unos adolescentes usen armas de fuego, anden por las calles esparciendo el terror que sus artefactos dan y ejerciendo el insano propósito de buscar víctimas a quienes incrustar sus proyectiles?

 

Una pregunta sencilla: ¿cuántas instituciones se preocupan de este fenómeno urbano que cobra vidas a cada rato? De repente, como las organizaciones de nuevos gángsteres y sus gerencias, sólo se ocupan de temas rentables y que den dólares o euros, vía tallercitos, fórums y folletería mal hecha, este acápite de que son protagonistas elementos del más bajo nivel, no es interesante y tampoco da recursos, por tanto es deleznable.

 

¡Y que sigan las balaceras! Hasta que uno de estos plomos nos acerque trágicamente a los sucesos. Tan ocupados están de dar explicaciones y análisis a mil otras cosas, que si el hampa se trenza con revólveres o pistolas, no es un capítulo que pueda conmoverles porque NO trae dinero fresco y a la mano.

 

La peligrosa e inaceptable participación de efectivos de la Policía en estas grescas de trágicos saldos, da cuenta de una crisis que debe ser solucionada por los próximos gobiernos. El pueblo paga, invierte, sufraga a la policía para que cuide al ciudadano ¡no para que sea parte de bandas criminales!

 

En los años 30, el país entero remecía en sus calles y plazas el enfrentamiento de grupos sociales que tenían por banderas el antimperialismo, la nacionalización de tierras e industrias, la protección de los recursos patrios, el nacionalismo como bandera de insurrección perenne y no pocas veces las colisiones fueron violentas, parte de esa violencia institucional en que vive Perú desde el mismísimo 1821 con la independencia de los hijos de los españoles que dejó en su sempiterna esclavitud a vastos sectores mayoritarios del Perú genuino.

 

La estupidización de las masas tiene formas y variantes, se usa siempre a través de los miedos de comunicación que obedecen sólo lo que las empresas pagan, normalmente para obtener silencio acrítico, mudez cómplice, aborregamiento masivo e idiotez sempiterna.

 

La demencial aventura senderista costó la muerte de decenas de miles de hombres y mujeres, y la respuesta del Estado, a sangre y fuego, incrementó las bajas y el país aún no consigue reponerse del todo de esas heridas.

 

La violencia sólo produce más violencia; no crea, destruye; imbeciliza y salvajiza y hace aflorar los primitivismos más estólidos que el humano pueda exhibir contra sus semejantes. ¿Quién de los generales o mariscales de escritorio que tira la piedra y esconde la mano, se atreve a desmentir la verdad pétrea de hechos de los que se solazan los que pretenden un Perú inviable y presa apetecible de alguno de sus vecinos?

 

En Perú, debajo de 100 mil piedras encontraremos otros cien mil analistas, expertos, internacionalistas, estrategas, peluqueros sociales para todo tipo de taras y conflictos, duchos y sabihondos solucionadores de cuanto problema exista o se lo invente, a pesar de lo cual, nadie podría quitarnos el muy dudoso título de campeones del análisis, portentos de la exégesis.

 

Pero cretinos y castrados para prevenir peligros y conjurarlos en su hora precisa. ¿Qué clase de nación saluda sus matanzas intestinas como pórticos de los nuevos amaneceres casi siempre ficticios y sobre el papel, como es todo en Perú?

 

¡Todo esto debe cambiar y la voluntad soberana del pueblo tiene que exigir soluciones!

 

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!