Tuesday, April 07, 2026

El fraude de la comisión congresal

 

Informe

Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas

7-4-2026

 


El fraude de la comisión congresal

https://senaldealerta.pe/el-fraude-de-la-comision-congresal/

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El fraude es una acción deliberada de engaño utilizada para obtener un beneficio personal o económico, perjudicando a otra parte. Este acto implica tergiversar la verdad o utilizar métodos tramposos para inducir a error a una víctima.

 

Ha propuesto el señor Piero Corvetto, jefe de la ONPE, refiriéndose al término fraude que “esa es una palabra que hay que borrar del vocabulario electoral en el Perú”. Interesante la iniciativa aunque sea posible un profundo escepticismo.

 

El fraude o trampa, no sólo mostró, muchas veces su nociva presencia en la historia electoral del Perú sino en casi, virtualmente, todos los aspectos de su vida cotidiana. Ex presidentes ladrones, parlamentarios estafadores, consejales embusteros, alcaldes pillos y sin medida; gerentes de alto nivel profesionales de coimas y aprovechamientos sucios. ¿Para qué seguir la enumeración de una lista vergonzosa?

 

Recordemos que en este congreso que felizmente se va en breve, con las máculas deprimentes de haber sido mediocre, abisalmente deleznable e improductivo, no fueron pocos los fraudes o engañifas a que fuera sometida la opinión pública.

 

Hagamos memoria ¿no hubo una comisión que “investigó” a costa de cientos de miles de gasto improductivo, un supuesto “fraude” en la elección de Pedro Castillo? ¿Arribó a conclusiones definitivas y plenas para acusar a los que hubieren actuado dolosamente? ¡No, no probaron nada, engañaron, hicieron fraude y muchos buscan la reelección!

 

En un trabajo, Epidemia de comisiones, del 3-11-2002, ( http://www.voltairenet.org/article161652.html?var_mode=recalcul)

escribí algunos párrafos que guardan vigencia y urtican en su acusadora entidad directa. Leamos.

 

“Si hay una palabra mentadísima en la historia del Perú luego de las consabidas honor, estabilidad, estado de derecho, formalidad, esta es: comisión. Se alude así a un grupo que tiene el propósito de investigar o trabajar determinado tema. La verdad que las comisiones no han sido sino una válvula, un escape proditor, un maquillaje, un homenaje del Perú formal hacia las tribunas que no alcanzan a comprender cómo estas benditas comisiones nunca llegan a resultados efectivos sino a declaraciones o poemas que nada resuelven, poco sirven y mucho cuestan.

 

Una leyenda socarrona aludía a que las comisiones parlamentarias eran precisamente para generar respuestas negativas, de no solución, de inextricable madeja. En buen romance, el Congreso y sus comisiones orillan diagnósticos, sirven de escenario a oradores mediocres y no pocas veces han sido –y son- refugio de imbéciles a quienes los 15 y los 30 convencen que son realmente seres humanos y no zombies elegantemente vestidos.

 

¿Hasta cuándo un Congreso que no se corresponde con la realidad popular tiene mandato? Por eso es que gruesas franjas del parlamento actual se oponen rotundamente a la renovación de este organismo por tercios. Piensan –y lo hacen bien- que pueden estar en la tercera parte impugnable por el veto popular.

 

Pero, ¿con qué derecho el pueblo tiene que soportar a mentirosos y estafadores encaramados en un poder devaluado que sólo se ocupa de naderías? Para los pueblos del interior, el Congreso, sus ocupantes, sus pelotones de secretarias y batallones de asesores, no importan un bledo. La realidad es más dura que los discursos que se escuchan en el hemiciclo de la Plaza Bolívar.

 

Los abogados –en su gran mayoría- viven de la prolongación de los juicios. No importa si las causas están perdidas, el negocio es alargar las tratativas y las consabidas idas y vueltas de dineros que enriquecen o coimean.

 

Los congresistas tienen su propio recurso: las comisiones. ¿Alguien puede demostrar efectividad en éstas? Básicamente están hechas para que la tribuna vibre o se emocione por asuntos episódicos, casi sin importancia, porque el veredicto es el borrón y cuenta nueva. Para eso están los jueces inmorales y los mafiosos que son dueños del Perú.

 

En descargo, los congresistas pueden decir que no hay otra forma de trabajar. Puede ser, pero ello no quita que básicamente las comisiones no sirvan para otra cosa que perder tiempo y justificar los gruesos emolumentos que perciben mensualmente.

 

El sistema en sí es injusto porque privilegia a minorías en nombre de la democracia. Y la epidermis social sigue con sus costras cancerosas sin mayor problema porque nos han hecho creer que ésta es la democracia. ¡Pamplinas!.”

 

Mientras que en Perú se pase “por alto” la comisión de trampas, fraudes, latrocinios múltiples, y el observador mire a otra parte porque “no quiere problemas”, el mal andar presidirá las torcidas fuerzas que gobiernan la vida institucional del Perú.

 

Los clubes electorales no preparan técnicos hábiles cuya primera premisa debiera ser ¡la honradez ante todo!, sino pillos que arremeten con la consigna de “cómo es la mía” y “¿qué robo lo antes posible y mientras dure”. ¿Por qué en lugar de ser partidos-escuela, son antros de perfeccionamiento de la monra y la estafa?

 

El buen deseo del señor Corvetto puede estrellarse con la voluntad pérfida de quien ya ha deslizado sus “sospechas” de “fraude” y que fue el mismo grito tramposo de hace pocos años cuando se cuestionaron supuestas trampas que dieron el triunfo a Castillo. ¿No reparan en este peligro latente en quien sin trabajar se embolsica dinero de los contribuyentes?

 

Soy conciente que exigir nobleza cívica y limpieza a quienes ostentan desde hace repetidos lustros cola de dinosaurio no es una empresa sencilla, sobre todo porque aquellos cuidan sus predios, impiden investigaciones, alientan fraudes de toda índole y pelaje, con tal de seguir robando del dinero de los ciudadanos.

 

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!