Informe
Señal de Alerta-Herbert
Mujica Rojas
29-5-2026
¡NO a la corrupción!
https://senaldealerta.pe/no-a-la-corrupcion/
Con ese sugestivo título,
Pancho Diez Canseco, ex candidato presidencial y colega periodista, subraya en
redes sociales, hechos y promesas que tienen años y buena parte de las mismas
fueron incumplidas.
Hace notar Pancho, la
ausencia del tema corrupción, en el menú de debate del próximo domingo 31 de
mayo, lo cual es, sin duda posible, una omisión gravísima.
Afirmó Pancho:
-Debo, en primer término, recordarle
a Keiko Fujimori que, en el acuerdo político al que llegamos el 2016 -en cuya
elección Fuerza Popular perdió la elección presidencial pero obtuvo 73
congresistas- se comprometió a apoyar la exigencia fundamental de mi partido:
la creación del Consejo Nacional de Moral Publica, institución indispensable
para terminar con la corrupción en el Perú. No cumplió con la palabra empeñada.
-El debate presidencial de la
segunda vuelta debería ser una oportunidad histórica para discutir los grandes
problemas nacionales y confrontar propuestas concretas frente a la dramática
situación que vive el Perú.
-Sin embargo, la agenda
planteada evidencia una grave distorsión de prioridades. Se habla de economía, seguridad,
salud e infraestructura, pero se omite el tema más destructivo y decisivo para
explicar la crisis peruana: la corrupción.
-Esa omisión es profundamente
preocupante. El Perú enfrenta una crisis moral e institucional originada en
décadas de corrupción sistemática que ha penetrado el aparato del Estado, debilitado
la democracia y destruido la confianza ciudadana.
-La corrupción no es un
asunto secundario. Es la madre de gran parte de los males nacionales. Sin
corrupción no existirían mafias enquistadas en las instituciones públicas, obras
paralizadas, hospitales inconclusos ni carreteras convertidas en monumentos al
robo y la impunidad.
-Con corrupción es imposible
eliminar la terrible inseguridad ciudadana.
-Resulta inaceptable que en
un debate presidencial no se obligue a los candidatos a explicar con claridad
cómo enfrentarán este cáncer nacional. El pueblo peruano tiene derecho a saber
qué reformas concretas impulsarán para destruir las redes corruptas que
capturaron el Estado y cómo garantizarán una justicia verdaderamente
independiente.
-En ese contexto, Keiko
Fujimori tiene la obligación política y moral de asumir un compromiso claro y
hoy inexistente en la lucha contra la corrupción, si quiere efectivamente ganar
esta elección pese al evidente antivoto que la acompaña y frente a Sánchez que
encarna a una izquierda corrupta y radical.
-Perú ya está cansado de
promesas electorales que desaparecen apenas terminan las campañas.
-El país necesita voluntad política real para
enfrentar un problema que ha destruido la credibilidad de las instituciones y
profundizado el divorcio entre ciudadanía y clase política.
-Un debate presidencial que
evade este tema fundamental termina siendo un ejercicio incompleto y
artificial.
-Quien aspire a gobernar el
Perú tiene la obligación de enfrentar frontalmente la corrupción.
- Callar sobre ella no es
neutralidad: es complicidad.”
Pertinente anotar, textos
similares y coincidentes de crónicas precedentes.
Si la epidemia de la
corrupción nos acompaña desde siempre, más de 200 años, de la historia
republicana y no la hemos visto amainar sus pérfidos cometidos, bien vale la
pregunta: ¿podemos aspirar a tener algún día un Perú limpio, justo y digno?
Una encuesta, la más
elemental, arrojaría guarismos muy desalentadores y ánimos flacos y raquíticos
para pulverizar esa epidemia de la corrupción.
Lo insólito, y tema obligado
para reflexión-acción, es que en Perú brotan los manantiales de la corrupción,
apenas se agotan los más conocidos. Si se roba en una obra, hay la chance de
hacer lo propio en la próxima licitación pública y etc.
A los gatos los meten de
despenseros en esta nuestra desafortunada nación. Insignes bandidos, hábiles en
la estafa y en toda clase de trampas, son ministros o altos gerentes de las
empresas del Estado. Ganan por S/ 10 mil y gastan por S/ 50 mil. ¿De dónde
pecata mía?
Si la corrupción,
pobredumbre, caos, desorden y alboroto, gobiernan en Perú, desde las altas
magistraturas hasta el último burócrata del Estado, es porque el ADN esencial
de la ciudadanía, a lo largo de la historia, contiene el mal.
Desde la génesis de la vida
llamada independiente, inclusive antes en la colonia, no hay época ni tránsito
ciudadano que no camine por los torcidos senderos de la corrupción.
Presidentes, alcaldes, prefectos, hacendados, capataces, dueños de haciendas o empresas
explotadoras, todos se muestran felices por sabotear el esfuerzo y hacerse más
ricos sin mucho tesón.
La corrupción en Perú es un
monstruo de cabezas incontables, veneno hasta hoy imbatible y demasiado potente
para con los débiles que navegan orondos en aquella.
Mientras que en los hogares
los padres no den el ejemplo y olviden eso de hacer trampas, o criolladas, para
evitar el camino correcto, persistiremos en una siembra, cultivo y crecimiento
de la corrupción.
Si la corrupción funciona es
porque el habitante de a pie, la consiente y la hace suya con esa resignación
boba que exclama: “así son las cosas, ¿qué se va a hacer?”. Semejantes
renuncias y claudicaciones son el atajo fácil y el camino desvergonzado a mirar
cómo se pudre el país cuesta abajo la rodada.
