Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
20-5-2026
¿Debate o chacota de candidatos?
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Chacota.- En el Perú, chacota se refiere
al desorden, la burla constante o a una situación que carece de seriedad y
se toma a la broma. Es un término coloquial muy usado en el lenguaje cotidiano
y suele emplearse en diferentes circunstancias.
El próximo debate entre los finalistas Keiko Fujimori y
Roberto Sánchez, tiene una importancia de lo más interesante. Más allá del
simbolismo del lugar de su realización, aquí o acullá, la ciudadanía aspira a
tener faros potentes y orientadores de los postulantes de qué hará y cómo, de
llegar a la presidencia.
Por tanto, aunque casi el 95% de políticos, sea chacota con
patas, ignaros, desinformados, frágiles cuasi analfabetos, el hombre común de
la calle, quiere saber, como en el Buenos Aires de 1810: ¡de qué se trata!
Doña Keiko, en giro torpe que pretende blanquear su
insufrible terquedad para no reconocer la derrota ante Pedro Pablo Kuczynski,
años atrás, ha pretendido embutir al televidente con un supuesto ademán de
grandeza o volteada de página. Una sola pregunta: ¿no fueron esos años, el
compendio de la oposición más salvaje e irracional desde Plaza Bolívar?
Roberto Sánchez sugirió ciudades del interior para el
debate. No fue mala la idea cuando Pedro Castillo lograra tal ocurrencia con
Keiko y concitara adhesiones provincianas leales a la hora de votar y así lo
revelaron las urnas.
¿Alguien recuerda el detalle de sobre qué polemizaron los
anteriores?
Por tanto, el debate, el cruce de sables, la oposición de
propuestas, no debe ¡ni en broma! consistir en una vulgar oferta de necesidades
a satisfacer, para que la platea aplauda con bronco afán, sino compromiso,
testimonio irreductible a cumplir o a explicar el porqué fallaron.
La mentira al pueblo es vulgar demagogia, así se ofrezca en andamios
verbales de eufonía grata pero sórdido contenido mentiroso.
El pueblo es más sabio que todos los sabios, repetía Bolívar
y los resultados electorales del 12 de abril, comprobaron la putrefacción de
decenas de poco serios y la protesta de otros demagogos que captan a incautos
con la altisonancia de fraude, organización criminal y demás adefesios.
La señora Keiko ya empezó a burlarse de Sánchez cuando alude
a originales y copias. El tema puede salirle caro: su padre, Kenya Fujimori,
remató a precio vil, decenas de empresas del Estado, su régimen estuvo plagado
de escándalos y latrocinio en la cosa pública y los ricos han ganado cifras
multimillonarias cuando la pobreza, miseria y ayuno de horizonte del pueblo, es
cada día más grande.
¿Y qué le preguntarán a Sánchez? No hay que ser adivino y le
interrogarán sobre su cargo de ministro, sus votos en el Congreso y los
salvatajes para el evitamiento de denuncias hoy en la nebulosa.
¿Sería mucho pedir a Fujimori y Sánchez que se preparen
bien, lean con profundidad, escuchen a sus consejeros y sobre materias
multidisciplinarias con el propósito que el debate también sea exposición y
muestra de alto nivel?
Temas como el destino urgente de Petroperú y el pendiente
gasoducto del sur, tienen que ver con la anhelada definición de soberanía
energética y la dinámica popular de involucrar a medio país en esa forja
irrenunciable.
¿Cómo se manejará la política de puertos, hoy clave de ese
porvenir que nos debía una victoria, al decir de Manuel González Prada, que nos
concede la oportunidad, ya en marcha, de ser el eje desde el Atlántico al
Pacífico y con camino hacia el Asia y, a la vez, la arremetida formidable del
Perú en el Pacífico Sur?
Recuérdese, Keiko Fujimori, fue a Chile cuando la asunción
de la presidencia de Kast que no es un simpatizante de Perú. El señor habló de
un corredor humanitario para los venezolanos y foráneos en su país. ¿Qué
definición geopolítica dirá cada quien y en resguardo de los irrenunciables
derechos soberanos del Perú?
Juntando la cautela del hidrocarburo con una producción a
todo meter desde Refinería Talara, una de las más modernas del mundo, con el
suministro popular y científico del gas en todo el sur, se empieza a cerrar la
insólita fractura del Perú.
¿Por qué los intelectuales, esos estudiosos de grandes tesis
financiadas por USAID y supuestamente en favor de las mayorías, no tocan el
ríspido tema?
¿Y el narcotráfico y sus redes millonarias de corrupción a
lo largo y ancho del país y en las dependencias claves y del Estado que se
hacen de la vista gorda y manejan negocios que reparten dólares urbi et orbi?
¿Qué van a hacer y cómo involucrar genuinos esfuerzos de los institutos
armados?
Anticipar la oposición radical de Keiko a cualquier asamblea
constituyente, no es una aventura. ¿Para qué necesitaría aquella, si la llamada
Carta Magna de 1993, ya fue cambiada con la participación cómplice de su
bancada?
Sin la participación informada del pueblo y su energía
militante con trabajo, salud y educación, cualquier proyecto de leyes, llámese
Constitución, exhibe debilidad congénita.
En Perú tenemos leyes por miles, y muchas se contradicen
entre sí. Las precarias ofertas que se emitan en un debate, que no puede ser
chacota, no cambiarán la profunda y raigal desconfianza popular a la tinta
mojada que emiten los organismos públicos.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera;
atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el
pacto infame y tácito de hablar a media voz!
