Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
12-4-2026
Héctor Vargas Haya, político decente
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Concedió don Héctor Vargas Haya varias entrevistas a Diario
Uno, en esas columnas su limpieza y sinceridad daban cuenta de convicción
insobornable y honestidad en la conducta. A modo de homenaje las siguientes
líneas.
Periodista y escritor, ex presidente de la Cámara de
Diputados y del Congreso, fue elegido cinco veces para el parlamento. Miembro
de la Asamblea Constituyente 1978-79, fundador y dos veces presidente del
Parlamento Amazónico.
Ejerció la docencia en las Universidades San Martín de
Porres y Federico Villarreal.
Apartado de la vida política partidaria desde hace muchos
años, se dedicó a escribir y volcar su experiencia en publicaciones. Su
permanente vocación fue combatir a la corrupción.
Entre sus libros están Amazonía, realidad o mito; Democracia
o farsa; El calvario de un libro; Perú, país mutilado; Contrabando;
Defraudadores y contrabandistas; Iquitos: hazaña de la civilización;
Anecdotario del Contrabando; Anecdotario político; Dislates; Disquisiciones;
Perú: frustración democrática; Hacia la reforma del Estado; Antología de
traiciones; Mis memorias.
Su libro Contrabando que denunciaba a mafias uniformadas y
corruptas fue secuestrado a la mala y el editor, Enrique Delgado Valenzuela y
su hijo, José Luis Delgado Núñez del Arco, se trenzaron en pelea a puño limpio
contra la policía encargada de ese abuso, hay fotos que registraron el gallardo
comportamiento de los mencionados.
En su más reciente libro Mitos y realidades
constitucionales, don Héctor, refiriéndose a la Probidad de los candidatos a
integrar los poderes del Estado, escribió:
“Como condición mínima, los candidatos a integrar los
poderes públicos debieran acreditar irreprochable buena conducta, mediante la
presentación obligatoria de certificados públicos, de la misma manera como se
obliga a todos los ciudadanos aspirantes a ocupar cualquier cargo de jerarquía
menor.
A los ciudadanos comunes y corrientes, que aspiran a ocupar
un cargo público se les exige la presentación de documentos demostrativos de
carecer de antecedentes penales, judiciales y policiales, además de
certificados de estudios y hasta constancias de experiencia laboral.
¿Por qué no deben someterse a similares exigencias quienes
aspiran a integrar la más elevada magistratura y consecuentemente están
obligados, como legisladores o como integrantes del Poder Ejecutivo, a ser
intachables ejemplos de probidad?
No se entiende, entonces, por qué tratándose de quienes
aspiran a ocupar las más elevadas responsabilidades en las esferas políticas de
la Nación, haya que exonerarlos de una obligación cívica, si tratándose de los
que han de regir los destinos del país, debieran ser los más preclaros
personajes, ejemplos de ejemplar comportamiento, y desde luego, a fin de evitar
desagradables y penosos descubrimientos posteriores, sobre cuestionados
comportamientos y los consiguientes escándalos públicos al ser detectados ciertos
censurables comportamientos”.
Advertencia
“Haber integrado la Asamblea Constituyente, no me priva de
la libertad de sostener que la Constitución de 1979, si en realidad supera a
todas las anteriores, fue solo la clausura de una etapa conservada del pasado,
pero no la Carta para el próximo siglo y las futuras generaciones, tal como el
propio Víctor Raúl Haya de la Torre, lo presintiera cuando, premonitoriamente,
en su su discurso, expresara pensamientos fundamentales.
Así pues, la referida Constitución no fue la esperada para
el Siglo XXI porque, no sólo no contiene los trascendentales postulados
reclamados, ni los sostenidos por Haya de la Torre, sino que adolece de vacíos
e imperfecciones.
Fueron inesperados obstáculos, que la ciudadanía los ignora,
los que conspiraron y la esterilizaron, y no sería honrado guardar silencio,
solo para no incomodar a quienes honradamente la consideran invariable
instrumento de reivindicación democrática.
Es posible que se califique de herejía a todo cuanto aquí
expreso, porque, como ya es sabido, no siempre se perdona la honradez política.
Y si en verdad, la Carta de 1979, en referencia, no cubre
los vacíos democráticos requeridos, no lo es, ni mucho menos, la Constitución
vigente de 1993, encarnación del retroceso y negación democráticos, con todos
los nocivos ingredientes propios de una autocracia que sin recato, consagró
institutos antidemocráticos y retardatarios”.
Don Héctor escribía emails y llamaba siempre anticipando
opiniones sobre diversas coyunturas, los mismos que luego se convertían en muy
informativas y sólidas entrevistas. No sólo era versión propia sino también
parapeto de insobornables convicciones democráticas.
En Magdalena, sobre el final de la Av. Brasil, era asunto
nada extraordinario encontrar a don Héctor en sus caminatas matinales o verlo
en algún paradero dispuesto a subir a la movilidad pública.
De la decencia, modestia y discreción hizo don Héctor
herramientas usuales en las reuniones que nunca dejó de tener con delegaciones
de su partido o grupos universitarios que deseaban conocerle y tomar contacto.
Político decente, categoría muy rara en Perú, Héctor Vargas
Haya protagonizó el caso de ser llamado a consulta por varios gobiernos que
deseaban sus consejos en la lucha anticorrupción. No hay documento orgánico que
muestre aquellos estudios pero Vargas Haya no hesitaba en narrar sus numerosas
experiencias en la materia.
Hoy, día electoral, en medio de una perniciosa competencia
divisionista y antidemocrática, confusa y caótica, sí es importante señalar a
la ciudadanía que Perú sí ha tenido políticos decentes, limpios en el amplio
sentido de la palabra e integérrimos para con la Patria y el prójimo. ¡Descanse
en paz, don Héctor!
