Informe
Señal de Alerta-Herbert
Mujica Rojas
15-10-2026
¿De qué nos sirven los Congresos?
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Cuando transcurran los tiempos, cuando nuevas generaciones
divisen las cosas desde su verdadero punto de mira, las gentes se admirarán de
ver cómo pudo existir nación tan desdichada para servir de juguete a bufones y
criminales tan pequeños.
En
Nuestros
legisladores, filudo texto de Manuel González Prada, Horas de lucha, 1906, anticipó
con dureza, rasgos de los Congresos de entonces. Gobiernos sin ideas ni
imaginación alguna, pretenden que el Parlamento solo sea caja de resonancia y
eso hay que advertirlo.
Leamos
algunos párrafos.
“Durante la legislatura de
1906, un senador tuvo la sencillez o la malicia de afirmar en plena cámara:
"Hace algunos años, el Poder Parlamentario del Perú es nominal. Es inútil
oponerse a ningún plan o proyecto que venga del Ejecutivo, puesto que es seguro
que todo proyecto del Ejecutivo ha de aprobarse, cualesquiera que sean sus
consecuencias".
Minorías, mayorías,
palabras de significación aleatoria cuando se piensa que nuestros legisladores
suelen amanecer oposicionistas y anochecer ministeriales. Hasta en las minorías
de apariencia más homogénea conviene señalar a los hombres-convicción, a los
que sostienen una idea, para distinguirles de los hombres-polea, de los que
chirrían por no estar lubricados con el aceite de
Los oposicionistas de
buena fe, desengañados por la indiferencia de sus compañeros y aburridos con la
insufrible garrulería de los adversarios, acaban por enmudecer, convenciéndose
de que no se argumenta con masas de ventrales, como no se pega testaradas a un
muro de calicanto ni se da puñetazos a un zurrón de sebo.
Entonces ¿de qué nos sirven los Congresos? ¿Por qué,
en lugar de discutir la disminución o el aumento de las dietas, no ponen en
tela de juicio la necesidad y conveniencia de suprimirse? ¡Qué han de
hacerlo! Senadurías y diputaciones dejan de ser cargos temporales y van
concluyendo por constituir prebendas inamovibles, feudos hereditarios, bienes
propios de ciertas familias, en determinadas circunscripciones.
Hay hombres que, habiendo
ejercido por treinta o cuarenta años las funciones de representante, legan a
sus hijos o nietos la senaduría o la diputación. No han encontrado la manera de
llevarse las curules al otro mundo. Haciendo el solo papel de amenes o
turiferarios del Gobierno, los honorables resultan carísimos, tanto por los
emolumentos de ley y las propinas extras, como por los favores y canonjías que
merodean para sus ahijados, sus electores y sus parientes.
Comadrejas de bolsas
insondables, llevan consigo a toda su larga parentela de hambrones y
desarrapados. En cada miembro del Poder Legislativo hay un enorme parásito con
su innumerable colonia de subparásitos, una especie de animal colectivo y
omnívoro que succiona los jugos vitales de
Volvemos a preguntar ¿de
qué nos sirven los Congresos? sirven de prueba irrefragable para manifestar la
incurable tontería de la muchedumbre, al dejarse dominar por una fracción de
gentes maleables, a medio civilizar y hasta analfabetas, sin la más leve inclinación
a lo bello ni a lo justo, con el solo instinto de husmear por qué lado vienen
los honores y el dinero, o hablando sin mucha delicadeza, la ración de paja y
grano.
Los Congresos sucederán a
los Congresos pareciéndose los unos a los otros, legándose sus dos cámaras y su
elocuencia, como los camellos se trasmiten sus jorobas y los cerdos su gruñido.
Nuestros legisladores seguirán legislando, sin averiguar si causan admiración o
menosprecio ni cuidarse de si el país acepta o rechaza las leyes, no pensando
sino en recibir la consigna oficial y captarse la benévola y aprobatoria
sonrisa del gran elector.
En lo que muestran
honradez relativa o fidelidad al compromiso: no siendo elegidos de
¡Oh manía legiferante de
los políticos peruanos! Quieren improvisar hombres a fuerza de imponer leyes:
no hay organismos, y decretan funciones; no hay ojos, y exigen largavistas; no
hay manos, y ordenan guantes.
Quizá no existe candidato
a
¡Basta de reformas y
proyectos, de logomaquias y galimatías! Más de ochenta años hace que ustedes
viven chachareando en las Cámaras, desbarrando en los ministerios, rastacuereando
en las legislaciones y dragoneando en los puestos de la administración
pública. Vayan unos a carenar buques, otros a barretear minas, otros a mondar
legumbres, otros a bordar casullas, otros a manejar escobas, otros a segar
hierba o quebrantar novillos.
La vergüenza del Perú no
está en haber sido arrollado y mutilado por Chile (¿qué pueblo no ha sufrido
mutilaciones ni derrotas?); el oprobio y la ignominia vienen de seguir
soportando el yugo de tanto orador sin oratoria, de tanto moralizador sin
moral, de tanto sabio sin sabiduría. Sí, ustedes son la carcoma y el deshonor
del Perú, oh barberos y sacamuelas de






