Tuesday, August 28, 2007

Tacna Ciudad Heroica: ¡luchó por la Patria!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
28-8-2007

Tacna Ciudad Heroica: ¡luchó por la Patria!

En el meticuloso libro La chilenización de Tacna y Arica, 1883-1929,
de Raúl Palacios Rodríguez, se encuentran detalles interesantes sobre
aquella álgida etapa. Lo que estudia el historiador da cuenta vibrante
del heroísmo de esas poblaciones cautivas. El 3 de junio de 1929, el
Tratado y su Protocolo Complementario, definieron la dolorosa pérdida
de Arica y el retorno de Tacna al Perú. Un día como hoy, ese mismo
año, la Ciudad Heroica volvió al regazo patrio. Los peruanos, y así se
estipula en el Tratado tienen derechos de soberanía restringida,
servidumbres, irrenunciables en Arica. En homenaje a la valentía de
aquellos, en efemérides de enorme simbolismo, se publican los
testimonios que con denodado detalle compiló el autor mencionando las
fuentes chilenas que emitieron estos duros conceptos.

¡Viva Tacna Ciudad Heroica!
..................................................................

-Rafael Vial: 1889

"La tropa de línea, los empleados de orden político, los de correo,
los de aduana, del resguardo, de la gendarmería y de la administración
de justicia cuestan a Chile más en Arica y Tacna que todo lo que
percibe por contribuciones directas, indirectas y municipales. No baja
de 500,000 pesos por año lo que allí pierde Chile por el desequilibrio
entre los ingresos y los gastos. Para adquirir la propiedad de esos
departamentos, en el caso de que el plebiscito nos fuera favorable, lo
que sin cometer abusos considero imposible, tendríamos que pagar diez
millones.

Todo lo que a la lijera enumero tiene para Chile infinitamente más
importancia que las querellas de Arica y Tacna, y sin embargo, la
acción del Gobierno se aparta de donde debía encontrarse, y se
inmiscúa demasiado en lo que ofrece peligros y dificultades: su
política es aventurera. Seamos lo que siempre fuimos, honrados, y
devolvámosle al Perú lo que de él recibimos en prenda pretoria. Otra
manera de proceder es indigna de Chile. 82 (En: El Independiente,
Santiago, 18 de diciembre de 1889. Fue reproducido íntegramente por El
Comercio de Lima en su edición de 7 de enero de 1880. Hemos tomado los
párrafos más importantes.)

-El Chileno, diario de Santiago: 1902

"....Esa campaña de prensa en Tacna, en que se nos sacrificó
inútilmente a Rodríguez Mendoza, no nos trajo un sólo prosélito, y
sólo ha probado lo que no necesitaba demostración alguna: que los
peruanos no son chilenos y que los chilenos no somos peruanos". 83 (El
tal Rodríguez Mendoza como recordamos (véase nota No. 75 de la Segunda
Parte) fue uno de los más sobresalientes periodistas del diario
chilenizador El Pacífico).

-La Unión, matutino de Valparaíso: 1902

Por chilenización no se puede entender sino el trabajo apropiado y
eficaz para atraer las simpatías de los peruanos que residen en esas
provincias, a fin de que convencidos que la administración chilena es
mejor y más progresista que la peruana, den su voto en favor de la
soberanía chilena, cuando se efectúe el plebiscito que decida el
dominio y propiedad de esas provincias. Enderezados a este fin, ha
hecho muchos esfuerzos el Gobierno chileno en años anteriores y
siempre los resultados han sido negativos. Durante los primeros diez
años de ocupación, hubo allí administraciones discretas, inteligentes,
sagaces, que mejoraron e hicieron progresar notablemente esas
provincias, ya en la administración de justicia, ya en el servicio de
policía, ya en otras ramas administrativas, hasta en la construcción
de edificios; y sin embargo no se obtenía el objeto que se perseguía:
los peruanos aprovechaban de todos estos beneficios y progresos... y
seguían siendo tan peruanos como antes". 84 (El subrayado es nuestro).

-El mismo diario La Unión: 1902

"Una generación se ha sustituido a otra en la Alsacia y Lorena y, a
pesar de esto y a pesar del talento y discreción de los políticos
alemanes todavía el sentimiento francés anima a esas provincias. Y
nosotros creemos que con unas cuantas casas y edificios, con la
presencia de una Corte, con la presencia de algunos periodistas y de
algunas autoridades chilenas podemos chilenizar a Tacna y Arica, donde
el sentimiento peruano se mantiene en tensión continua y es hoy mucho
más vivo y ardoroso que antes.

Hemos visto agotarse los medios pacíficos y empeorar más la situación,
hasta llegar al estado de guerra sin fusiles, que estamos presenciando
y ahora no sólo creemos en la chilenización, sino que se aconsejan los
medios violentos: se cree alcanzar a palos la simpatía que no se ha
doblado a los beneficios. Parece que ya hay tiempo de sobra para
desengañarnos, para conocer que en todas estas tentativas de
chilenización, lo único que se chileniza es el dinero del Fisco, y
hasta se le peruaniza, puesto que los gastos se convierten en mejoras
de ciudades que al fin, pueden pasar al poder del Perú, sin beneficio
alguno para nosotros". 85 (Fue muy común, entre peruanos y chilenos,
comparar a Tacna y Arica con las antiguas provincias francesas de
Alsacia y Lorena, por mucho tiempo en poder de Alemania).

-Reportaje hecho por el mismo diario: 1911

P. Mucho se ha hablado de la situación de Chile en Tacna.

R. Sí, mucho se ha dicho, pero todo está muy lejos de ser la realidad,
pues, todo lo que los diarios de Santiago han dado a conocer al país,
no es más que un espejismo: la realidad de las cosas está,
desgraciadamente, muy lejos.....

P. Pero, ¿cómo puede ser, cuando en una de las entrevistas con el
Intendente de Tacna, señor Lira, esta caballero ha dicho que la
chilenización está casi terminada...?

R. Todo eso que se ha dicho, es sencillamente un bluff y para
probarles mi aseveración voy a hacerles saber lo siguiente: según el
último censo que se ha hecho resulta que hay un chileno para cinco
peruanos.

P. ¿Y qué hacen los chilenizadores?

R. Para que ustedes no se extrañen lo que les estoy diciendo, voy a
darles algunos datos concretos. Hoy en día, la comisión chilenizadora,
visibles para los chilenos de Tacna, la forman dos personas: don
Anselmo Blanlot Holley y el secretario, que es a la vez director del
diario "El Pacífico" de Tacna.

El presidente gana diez mil pesos anuales y el secretario seis mil.
Hasta hoy día, lo único que se ha hecho, ha sido el levantamiento de
un censo útil para el caso de verificarse el plebiscito, censo el
cual, para los que estamos allá y sabemos la realidad de las cosas, no
ha podido menos que causarnos cierto malestar, pues en él se ha
bluffeado a nuestro gobierno, puesto que se ha incluido en los
registros a muchos extranjeros con ideas manifiestamente diversas a
nuestra causa". 86 (Reportaje hecho por el mencionado diario a un
caballero chileno residente en Tacna y de paso por el puerto de
Valparaíso. Fue reproducido por El Morro de Arica en su edición de 28
de marzo de 1911).

-El Mercurio, de Valparaíso: 1911

"La única chilenización posible es llevar chilenos que compren sus
tierras, naturalmente sin forzar a los peruanos.

Pensar convertir a un peruano haciéndolo chileno, me parece absurdo.
El amor a la patria es algo que no cambia en los seres nobles". 87
(Entrevista publicada por dicho periódico el 18 de enero de 1911 con
el título "Impresiones de un joven y competente funcionario del ramo
de instrucción pública". Fue reproducido por El Morro de Arica el 24
de enero de 1911.

-Carlos Vicuña Fuentes: 1921

"¿Hay todavía quién crea de buena fe que tenemos razón para quedarnos
con Tacna y Arica, aún violando miserablemente un tratado
internacional? ¿O es tan simple esta gente que nos gobierna que no se
ha dado cuenta de que la opinión del mundo entero nos es adversa, y
aún hostil, pues este problema es la única sombra negra en la armonía
de América Latina? (p. 242)

Tacna y Arica no son chilenas por capítulo alguno: son peruanas.
Pertenecen al Perú por la historia, la geografía y la tradición; le
pertenecen también por los intereses y le pertenecen jurídicamente por
el pacto de Ancón (p. 320). Los sentimientos que aconsejan hoy día a
Chile la retención de Tacna y Arica son sólo la codicia y el orgullo,
pasiones egoístas y mezquinas. No el honor de la patria, ni el amor a
esas poblaciones, que nos odian, no el respeto a las instituciones o
tradiciones, no la bondad por los débiles, nos inspiran; sólo la
codicia y el orgullo; codicia equivocada y orgullo extraviado y
estéril. En cambio, el Perú aspira a la reintegración de Tacna y Arica
por sentimientos generosos: por honor patrio, ya que siempre se ha
mirado como deshonra que la bandera extranjera flamee en nuestro
suelo; por amor a sus compatriotas que gimen tiranizados en Tacna por
el despotismo chileno; por respeto a sus tradiciones, pues muchos
héroes de su Independencia son oriundos de esa tierra; y por impulso
de bondad que los pone en la necesidad de proteger a los peruanos
asediados y vejados por la administración chilena. (p. 321).

Este es el deber de Chile: convencerse primero de que su conducta con
el Perú es pérfida, injusta y egoísta, reparar noblemente los errores
cometidos y seguir incansablemente la senda del ideal. (p. 323).

Chilenización secreta, corruptora y dispendiosa, espionaje,
propaganda, obras públicas, diplomacia especial, ejército, marina,
movilización admirables, vacían y vacían millones que nadie puede
contar ni calcular (p. 325) 88 Vicuña Fuentes, Carlos, La libertad de
opinar y el problema de Tacna y Arica, Santiago de Chile, Imprenta,
Litografía y Encuadernación. Selecta 1921.

Monday, August 27, 2007

¡La ignorancia es muy atrevida!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
27-8-2007

¡La ignorancia es muy atrevida!

¿Qué consigue un país cuando presta oídos a las atrevidas ignorancias
de supuestos especialistas que hablan con ciencia a medias, sin
diferenciar un celular de un piano de cola o un tratado de límites con
un menú de restaurante, y propagan confusión, "desconcierto" y ofician
de colaboracionistas hacia intereses foráneos de manera gratuita o
pagada? La respuesta es inequívoca: desmoralización y debilitamiento
de la sagrada defensa de los límites del Perú.

Dijo en declaraciones al diario La Primera, el contralmirante Jorge
Brousset que él consideraba "saludable" que Chile "consultara" al Perú
sobre una salida de Bolivia al mar por Arica. ¿Sabrá o estará enterado
este señor lo que dice y preceptúa el Artículo 1 del Protocolo
Complementario del Tratado de Lima del 3 de junio de 1929? Si lo sabe,
se hizo el bobo porque ha dicho barbaridades contra su espíritu y
letra. Y si no lo sabe ¿por causa de qué no se dedica mejor a
calafatear barcos?

Dice el Artículo 1:

"Los Gobiernos del Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre
ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los
territorios que, en conformidad con el Tratado de esta misma fecha
quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán sin ese requisito,
construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales."

Por tanto, no hay consulta posible de ninguna especie, ni "saludable"
como dice el ignaro de marras o autoreputado especialista en asuntos
limítrofes y tampoco concesiones a Bolivia como ha dicho, con
impresionante torpeza, el primer ministro Jorge del Castillo.

Acuerdo significa concordancia, igualdad en el trato y consenso
respecto de una decisión tan importante como la cesión territorial a
cualquier tercera potencia. Desconocer esto constituye simplemente
¡traición a la patria! Y cierto pícaro, que en 1999, cuando se mal
discutían asuntos pendientes de 1929 con Chile, se hizo de la vista
gorda y dejó pasar el paquete de "acuerdos" que tuvieron entre sus
fautores nada menos que al traidorzuelo barato Fabián Novak Talavera.
¿No fue así señor Brousset?

Ha escrito en su extraordinaria obra La otra historia. El tratado de
1929, el embajador Félix C. Calderón:

"(iii) Prohibición de ceder territorio

Esta es la primera de las servidumbres que los tratadistas suelen
denominar como servidumbre negativa, por entrañar un in non faciendo
de parte del Estado territorial. Claro que en el presente caso este in
non faciendo se aplicaría, al mismo tiempo, a Chile y al Perú por
estar Arica y Tacna involucradas en el mismo pie de igualdad.

Esta modalidad de servidumbre se encuentra estipulada en la primera
parte del artículo primero del Protocolo Complementario que a la letra
dice: "Los Gobiernos de Perú y Chile, no podrán, sin previo acuerdo
entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los
territorios que, en conformidad al tratado de esta misma fecha, quedan
bajo sus respectivas soberanías...". Como puede apreciarse, ella
consiste en la autolimitación que ambos países se han impuesto
respecto a la suerte de Tacna y Arica, después de la entrada en vigor
del Tratado de 1929.

De origen chileno e incluida la insistencia de este país, lo que se
persiguió con esa cláusula fue frustrar cualquier eventual arreglo
peruano-boliviano en detrimento de Arica. Stricto sensu, esta
limitación debió haberse aplicado solamente a Chile, como resultado de
la cesión territorial de Arica que hizo el Perú. Lo curioso del caso
es que habría sido la libre disponibilidad del Perú sobre Tacna, sobre
todo en lo que se refiere a la construcción de una nueva vía férrea
hacia La Paz, lo que habría querido restringir Chile. Y para ello no
se le ocurrió nada mejor a la Cancillería de La Moneda que recurrir al
texto del artículo sexto del Tratado Boliviano-chileno de 10 de agosto
de 1866, tal como lo recordara Culbertson". (Calderón, ob. cit, pp.
289-290).

El puerto natural e histórico de Tacna, ayer y hoy, fue siempre Arica.
Luego de los sucesos de 1879 y 1883 y el incumplimiento reiterado,
abusivo de Chile, se arribó a 1929 y en junio a su Tratado y Protocolo
Complementario que en su Artículo 5to dice:

"Para el servicio del Perú el Gobierno de Chile construirá a su costo,
dentro de los mil quinientos setenta y cinco metros de la bahía de
Arica, un malecón de atraque para vapores de calado, un edificio para
la agencia aduanera peruana y una estación terminal para el
Ferrocarril a Tacna, establecimiento y zonas donde el comercio de
tránsito del Perú gozará de la independencia propia del más amplio
puerto libre."

Es decir, escribe Félix C. Calderón, "...Chile debía conceder al Perú
establecimientos y zonas para el cumplimiento de un fin expreso: el
disfrute amplio de puerto libre del comercio de tránsito del o al
Perú". (p. 292)

Revela Calderón en su enjundiosa y esclarecedora obra: "Como se sabe,
sólo fue posible concluir el Tratado de 1929, una vez que el Perú tuvo
que renunciar a su justa aspiración de tener un puerto al sur de la
Concordia a cambio de un acceso portuario con las características de
puerto libre en Arica. Es más, para convencer al presidente Leguía, la
propia Cancillería de La Moneda propuso, originalmente, al final de la
tercera etapa de la negociación, la "absoluta independencia, dentro
del más amplio puerto libre para el Perú". (p. 293).

¡No hay fórmula, hasta para el más desavisado lector, de divorciar dos
ciudades que, como Arica y Tacna, habían nacido bajo el imperio de la
jurisdicción peruana y que sólo por la brutalidad invasora debieron
ser separadas manu militare! ¡Es imposible, por tanto, colocar
corredores, improvisar apuradas e irreflexivas "soluciones" para
terceros, cuando eso significa simple y llanamente asesinar Tacna que
carece de puerto por acción de guerra y lo que obligó al propio país
invasor a plantear una solución de servidumbre, soberanía restringida,
del Perú en Arica, tema aún pendiente en detalles importantes que
fueron traidoramente contemplados en noviembre de 1999 como ya se ha
dicho en otra parte!

Perú debe apoyar la salida al mar de Bolivia por los puertos que
fueron del país hermano altiplánico hasta 1879 y que le fueron
arrebatados por Chile: Tocopilla, Cobija, Mejillones y Antofagasta.
Sobre Arica no tiene Bolivia derechos de ninguna especie o históricos
cuanto que allí sólo se derramó sangre peruana y chilena y Perú se vio
arrastrado a una guerra en virtud de un tratado ocioso que no reportó
sino desgracias y mutilaciones territoriales a la nación.

Sobre el artículo mencionado, Félix C. Calderón, abunda:

"La redacción del artículo quinto, de origen chileno, está hecha de
tal manera que la finalidad, el telos, ha sido puesto al final del
mismo, siendo lo complementario lo que figura en las tres primeras
líneas. Por lo tanto, su lectura correcta debería hacerse, en sentido
estricto, al revés. En efecto, la raison d'etre de ese artículo, es
garantizar una salida portuaria, libremente operacional, de Tacna al
Pacífico. De donde se sigue que los establecimientos y zonas
concedidos y construidos por Chile en beneficio del Perú sólo tienen
sentido en la medida que propendan a la consecución de esa finalidad.

Dicho en otros términos, si se quiere leer el artículo quinto
respetando el espíritu del mismo, debería empezarse por subrayar lo
fundamental, vale decir el otorgamiento al Perú en el puerto de Arica,
con relación a su comercio de tránsito, de la independencia propia del
más amplio puerto libre, y para cuya finalidad Chile está obligado a
conceder al Perú y a su costo los establecimientos y zonas necesarios.
Por consiguiente, si esa finalidad no ha sido todavía alcanzada (una
condición fundamental para la conclusión del tratado), entonces tiene
que concluirse que Chile continuaba hasta diciembre de 1998
incumpliendo las obligaciones que contrajo en virtud del artículo
quinto. No había otra fórmula de interpretar este numeral, salvo que
se quiera marchar a contracorriente de la lógica que lo inspira,
fuertemente enraizada en la historia de la negociación del Tratado de
1929". p. 294.

Pero, y esto es imprescindible denunciarlo como lo hizo su autor, el
ilustre patriota Alfonso Benavides Correa, en: Acta de Ejecución viola
el Tratado con Chile de 1929 y No obliga al Perú:

"El 13 de noviembre de 1999 los ministros de Relaciones Exteriores del
Perú y Chile suscribieron la llamada "Acta de Ejecución" de las
obligaciones establecidas en el Artículo Quinto del Tratado del 3 de
junio de 1929 y Segundo de su Protocolo Complementario.

En el punto 1 de dicha Acta se expresa textualmente lo siguiente: "En
ejecución de lo dispuesto en el Artículo quinto del Tratado de Lima
del 3 de junio de 1929, la República de Chile ha construido a su
costo, y pone al servicio de la República del Perú dentro de los mil
quinientos setenta y cinco metros de la bahía de Arica, un malecón de
atraque para vapores de calado, un edificio para la agencia aduanera
peruana y una estación terminal para el ferrocarril a Tacna, cuyos
linderos están claramente definidos en el plano anexo, habiendo sido
aprobada por el Perú la ubicación y posterior construcción de estas
obras mediante Notas Diplomáticas intercambiadas entre los años 1965 y
1986".

Esto es absolutamente inexacto.

Dentro de los mil quinientos setenta y cinco metros (1,575 m.) de la
Bahía de Arica –a que con indubitable precisión se refiere el Artículo
quinto del Tratado de 1929- no se encuentra ninguna de las obras que,
a su costo, Chile debió construir para el Perú:

-La antigua Estación Terminal del Ferrocarril de Tacna a Arica se
encuentra dentro de la Bahía de Arica pero la nueva Estación se halla
fuera de ella.

-Lo propio ocurre con el nuevo edificio para la Agencia Aduanera
Peruana que también se encuentra fuera de la Bahía de Arica y no
dentro.

-El Muelle que Chile le entrega al Perú es un Borde de Atraque al lado
exterior del Puerto, así llamado para diferenciarlo del lado ulterior
del Puerto; y, por tanto, no es el Malecón de Atraque para vapores de
calado, dentro de los 1,575 m. de la Bahía de Arica, que ordena el
Artículo quinto del Tratado.

Lo precedente significa lo que en derecho se llama "novación", esto es
la sustitución de una obligación por otra en la que la nueva
obligación, con prestación distinta, es incompatible con la anterior o
primitiva.

Por esta "novación" el Perú –mediante írritas Notas Diplomáticas que
no pueden desconocer que la fe debida a los tratados debe ser sagrada
e inviolable- el Perú es expulsado de los 1,575 m. de la Bahía de
Arica dentro de la cual, según el Tratado de 1929, tiene derecho al
libre tránsito de personas, mercaderías y armamentos con la
independencia del más amplio puerto libre.

Esto afecta gravemente los derechos de soberanía del Perú al hacerse
escarnio de las "servidumbres perpetuas" que consagra a su favor el
Tratado.

La doctrina internacional es uniforme al establecer que las
"servidumbres" internacionales son las restricciones excepcionales de
la soberanía territorial del Estado convenidas por tratado y, en
virtud de las cuales, la totalidad o una parte del territorio han de
servir a perpetuidad a cierto fin o al interés de otra nación.

Lo precedente significa una inexcusable violación de la Resolución
Legislativa No. 6626 por la que, el 2 de julio de 1929, el Congreso
del Perú aprobó el Tratado con Chile del 3 de junio del mismo año para
resolver la cuestión de Tacna y Arica.

Por ello mismo el Acta de Ejecución suscrita el 13 de noviembre en
curso carece de validez y eficacia jurídica mientras, por la burla de
los irrenunciables derechos del Perú en Arica, no sea aprobada por el
Congreso Nacional porque así lo ordenó el Artículo 56 de la
Constitución del Estado, atendiendo a que –sin que exista diferencia
esencial entre ellos y sea cual fuere su denominación su fuerza
obligatoria es la misma- los pactos internacionales se denominan no
sólo acuerdos o tratados sino también, a veces, actas, convenios,
declaraciones, protocolos, etc."

En mayo del 2005, también, con más modestia, y en blanco y negro,
denuncié que la traición cometida en noviembre de 1999 involucraba a
sujetos cuyo prontuario es innecesario reiterar por constituir una
ofensa a la patria. Uno de ellos es viceministro de Defensa (¿a quién
defiende Novak?) y el otro, autodenominado especialista en asuntos
limítrofes declara con la autoridad intelectual dudosa de la
ignorancia que ve "saludable" que Chile consulte al Perú para
cualquier salida al mar de Bolivia. A uno le premió el gobierno del
país del sur por ser "negociador" peruano en favor de Chile. El otro
se hizo de la vista gorda concediendo una línea de acción antiperuana
y muy amable al país austral. Dejó escapar -¿inocentemente?- la
obligatoriedad de plantear el imprescindible tema de la delimitación
marítima pendiente con Chile. Asunto del cual hoy pretende el señor
Brousset erigirse como "experto". No es casualidad que esta clase de
desmanes pseudo-intelectuales reposen en fanáticos de la Convención de
Mar, instrumento ocioso y perjudicial al Perú. Es decir, la ignorancia
y la traición, recurrentes, se dan la mano.

Mal, pésimo, hace el periodismo en consultar a logreros que sólo
confunden, enrarecen el ambiente y NO trabajan para el Perú. La
ignorancia es muy atrevida.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.redvoltaire.net
hcmujica.blogspot.com
Skype: hmujica

Friday, August 24, 2007

Los mágicos 50

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
24-8-2007

Los mágicos 50

Llegaron sin que advirtiera su carga cincuentenaria. Ni los convoqué o
llamé. Allí están impertérritos. Al conjuro de éste, su envión
inexorable, me rindo porque no puedo hacer otra cosa. Y en la cumbre
de medio siglo, larga estela de experiencias, tengo que exclamar con
emoción sincera ¡gracias a la vida!

Columbrar la vida en y desde los 50, dicen algunos, reviste sensatez,
inspira confianza, aploma espíritus. Con franqueza tengo que confesar
que eso debe ocurrir con seres normales. Sigo, como en la
adolescencia, soñador, esperanzado en los destinos patrios, fiel
devoto de la justicia social, creyente en la revolución constructora
de un Perú libre, justo y culto. Desoigo llamados a la prudencia y
digo y escribo cuanto se me ocurre, siempre bajo la premisa
fundamental de poder probar lo que expreso y, en arranque de soberbia
pasajera, podría decir que la edad es un concepto mental. Y nada más
que eso.

Pero los caminos de Nuestra Señora la Vida tienen sus enigmas, códigos
y señales de alerta, que ninguna voluntad, por entusiasta que sea,
consigue violentar, desengrilletar de su sino inexorable. Entonces uno
peina cabellos canos y de nada valen las cosméticas, si se las usa,
porque el tiempo y sus marchamos hablan por uno, encima de uno y a
cambio de aceptación resignada que el tiempo sigue corriendo.

Me pregunta un alma generosa que equivocó la salutación y se adelantó
72 horas, ¿qué se siente en el pedestal de los mágicos 50? Reitero que
por fuerza de los hechos, debo ser anómalo o atípico. ¡No se siente
nada! ¡Un día como cualquier otro! Sólo que ahora soy un acreditado
cincuentón. C`est la vie.

Testigo sí de muchas alegrías, la novísima carrera universitaria de
Alonso, mi casi ciudadano-hijo, forma parte de este abanico;
protagonista de múltiples penas; cavilador travieso de una que otra
iniciativa, es un deleite decir que hay que continuar en la forja
fragorosa de la patria. Nada hay más importante que impedir que los
irresponsables consumen el crimen de disolver al Perú y hacerlo
alimento fácil para quienes desean hace mucho tiempo engullirlo. Y en
esa tarea somos braceros modestos. E infatigables.

Esta crónica tiene que ser más bien escueta. ¿A quién podría
importarle gran cosa lo que piense un humilde atizador del debate? No
a muchos, no me cabe la menor duda. Pero como no todos los días uno es
visitado por cinco décadas, entonces, no hay que esquivarle el cuerpo
a la ocasión y haciéndole honores aceptamos el reto.

En trance de adiós pasajero y en periplo tenaz y búsqueda de mayores
bríos por y para el Perú, digo, otra vez ¡gracias a la vida!

Thursday, August 23, 2007

¡El Congreso a Tacna!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
23-8-2007

¡El Congreso a Tacna!

¿Qué mejor homenaje que trasladar la sede del Congreso a Tacna, a
pocos días de cumplirse un aniversario más de la reintegración de esta
ciudad al Perú, luego de largo cautiverio, el 28 de agosto de 1929?
¿No sería, la gran lección inadvertida hasta hoy, que urge dar, so
pena de muerte civil, al Parlamento, en actitud de asunción profunda y
deliberada del sentido de la patria peruana? Además, tan cerca de la
frontera sur, constituirían la primerísima trinchera política y
legislativa contra arrebatos, maromas o cualquier clase de bravatas de
algún vecino ensoberbecido. Una centena de mártires, en la creación
del fuego patrio, apenas si son pálido símil de las decenas de miles
que sucumbieron a partir de 1879. Hay sacrificios, simbólicos o
reales, que atizan la espiritualidad de una nación.

El colonialismo mental aprisiona casi por completo a las castas
políticas, cogollos intelectuales, pandillas periodísticas, patotas
diplomáticas, argollas empresariales y demás sectores que viven de
prestado y bajo moldes, en inglés, francés –antes fue en ruso y chino-
y so pretexto que la castrante globalización hay que asimilarla tal
como nos la cuentan sus intelectuales y operadores nativos
dolarizados. Hay derecho a preguntarse si vale la pena seguir luchando
contra estos gigantescos molinos de viento, porque la estupidez es
generalizada y se da el caso impresionante que nadar contra la
corriente es un ejercicio al que se reputa como deleznable.

Por tanto, no extrañaría que alguien llame disparate o quimera o buena
intención a la iniciativa de mudar el Congreso al extremo meridional
de la patria. ¿Y porqué no? En Tacna se respira peruanidad perenne.
Los mártires pasean sus ejemplos nunca que resienten el olvido en que
la república y sucesivos gobiernos tienen a la Ciudad Heroica. Sin
puerto, porque Arica le fue robada y legalizada la exacción dolorosa
el 3 de junio de 1929 con el Tratado de Lima que retorna al terruño a
Tacna, esta ciudad vegeta cuasi sin rumbo. Sin embargo, es allí donde
los legiferantes debían aprender a conocer al Perú. Si usted encuesta
a los 120 parlamentarios, más de 90 ó 100 revelarían que ¡jamás
visitaron el Valle del Caplina o conocieron la Alameda Bolognesi o
pasearon por Tarata o estuvieron en el Alto de la Alianza! La simetría
entre desapego a la defensa de los límites nacionales, se comprueba
exacta con la ignorancia abusiva de que hacen gala algunos.

Entonces, dar vida a Tacna constituiría, como primer paso, la mudanza
total del Congreso a esta ciudad. El tráfico aéreo, la construcción de
viviendas, la multiplicación de oficinas administrativas, pero una
descentralización política y mental, proseguiría su marcha de una
manera espectacular. No es mala idea, tema que jamás ha tocado ningún
Congreso, que los parlamentarios comenzaran a aprender cómo fue y de
qué se trató la traición repugnante que hizo el gobierno delincuencial
de Kenya Fujimori en noviembre de 1999 con respecto a los derechos de
soberanía restringida que Perú posee –y de los que no abdica- en Arica
en virtud del Tratado de 1929.

Entonces, los congresistas descubrirían que el muelle ridículo que
permitió una banda de descastados, bajo la batuta de Fernando de
Trazegnies, Jorge Valdez Carrillo, el traidorzuelo Fabián Novak,
Fernando Pardo y unos marinos cómplices, constituye una de las
aberraciones contemporáneas más recientes y fusilables de que se tenga
memoria ¡porque NO es lo que se negoció y acordó en 1929! Por esos
tratos, el gobierno de Chile premió al "negociador" Novak. ¡Y este
infeliz topo ocupa el viceministerio de Defensa! Entonces el Congreso,
en actitud gallarda, tendría la oportunidad histórica de castigar
traiciones y a traidores y plantear ante el Perú la reivindicación
magna con su pueblo de 26 millones de habitantes.

Descentralizar la política con gestos audaces no sólo es atrevimiento
constructor y valiente. También es optimismo de vencedores, creación
heroica, homenaje a los mártires, corazón peruano, milenario, inca e
indomeñable.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Wednesday, August 22, 2007

La transnacional sorda

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
22-8-2007

La transnacional sorda

Como Telefónica conoce la psicología peruana, tan dada a escuchar
monsergas y a "ponerlas en agenda para el análisis", le fue suficiente
decir dos o tres tonterías respecto al criminal apagón de teléfonos
celulares y fijos luego del terremoto del pasado 15, fletar a sus
monigotes oficiosos –o rentados- la ministra de Transportes, Verónica
Zavala, la de los 5 millones de dólares puestos en el NBK que luego
quebró; su viceministra, la indigna Cayetana Aljovín; al jefe de
Osiptel, Thornberry (que si sigue así de nervioso, se va a comer sus
manos) y ¡sanseacabó!

Por raro que parezca, los medios de comunicación (¡todos tienen
millones de dólares en propaganda de Telefónica!) se han esmerado en
dar excelente cobertura a los pretextos de esta empresa ibérica que NO
ha explicado nada y se lava las manos en promesas de costumbre que no
resuelven nada, persisten los cobros caros y abusivos y el servicio
resiente una degradación de lo más aberrante.

Todos nos hemos preguntado ¿qué hubiera ocurrido en casus belli? En
Lima no se hubiera sabido que ya estaban tomados el resto de pueblos.
Y en estos, se ignoraría del destino de la capital, sede del gobierno
desinformado. Alan García tiene el imperativo moral de escribir (o
pedir que le redacten) un libro: La información exacta como
herramienta poderosa. Su ridículo, obviamente ocasionado por la
incomunicación y la asesoría nula de hueleguisos y no de asesores de
altísima capacidad intelectual cuanto que social, ha sido de
antología. De la crónica de lo cursi, lo insensato, lo
impresionantemente estúpido. Los paganos han sido españoles y
periodistas.

Como en cábala del absurdo, el Congreso, ha debido esperar siete
largos días y en el primer aniversario semanal del terremoto, convocó
a su primera sesión evaluativa. ¿O sea que si se hubiese caído el
edificio del Parlamento, lo hacían en algunos años? ¡Qué disparate! Y
nos referimos al Establo porque cábele la misión irrenunciable de
pronunciar su condena total e inequívoca a un atentado contra los
derechos humanos de todos quienes pagan el pésimo servicio de
Telefónica.

El mundo formal en que se mueve y anquilosa Perú, se da por satisfecho
por los adefesios que Telefónica ha pronunciado en su aparente
descargo. Del reclamo inicial y temprano del presidente García, poco
después del terremoto, hace exactamente siete días, ya no hay ni el
más insólito recuerdo. De diluir, amainar, difuminar, el atentado
contra el pueblo, se han encargado las pandillas de imagen del
ministerio de Transportes y de Telefónica. ¿Habrán tomado debida nota
los del Establo?

Cuando ignaros fletan –o procuran hacerlo- el contrabando que so
pretexto del dolor y la desorganización, no es oportuno ni
ultra-necesario, fiscalizar a Telefónica, y censurar a payasos que
fungen de ministros con enfermizo afán de figuración para permanecer
en el gabinete, se perpetra un crimen contra la historia social del
país. Con ese criterio, en lugar de abominar la pezuña invasora de
1881, debimos haberla instituido como fecha nacional celebratoria.
¡Hay cada mentecato en las alturas por estos pagos!

Si Telefónica se burla con pocas palabras, los intelectuales se han
tomado otra de sus recurrentes vacaciones con cura de silencio
incluida. No oyen, no hablan. El terremoto también les yuguló su
capacidad creadora de protesta. De repente el que Telefónica les pague
sus viajes allende y aquende; imprima lo que ellos llaman libros;
sufrague sus recitales huachafos y de capilla; sea algo más que el
rosario infame de casualidades venales. ¿Acaso son pocos los que están
en la planilla de pagos, uno que otro con recibo o factura, es decir a
sueldo mercenario de Telefónica y que tributan loas que los dólares
pagan?

Las castas políticas actuantes hoy han probado ¡una vez más! su
aniquilación absoluta y sin atenuantes. ¡No sirven para nada! Ni
siquiera para poner en vereda a una empresa famosa por sus robos y
estafas. Con razón inverosímil, aquí también, Telefónica se ha vuelto
rica, muy rica.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Tuesday, August 21, 2007

¿San Dionisio el gran concertador?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
21-8-2007

¿San Dionisio el gran concertador?

Con el entusiasmo a las derechas que caracteriza al presidente Alan
García ha enunciado la necesidad de una figura concertadora para que
dirija la gran tarea en pro de los damnificados del sismo en Ica.
Entre los candidatos (¡no se ría, amigo lector, en Perú cualquier cosa
ocurre!) está ese pro-hombre de cualidades inefables y que es un
símbolo a imitar por los empresarios del Perú: San Dionisio Romero
Seminario, el banquero de los banqueros. La versión, from the horse's
mouth, no haría sino cerrar una brecha histórica que se remonta al
primer desgobierno de García Pérez.

Los más jóvenes no guardan memoria de un suceso que salió de la
fecunda imaginación del señor García que entre 1985-1990 no llegaba
aún a los 40 años. Entonces decidió la afectación de la banca y entre
estas instituciones estaba el Banco de Crédito, fortín, base y
sacrosanto templo de San Dionisio que se resistió heroicamente, sacó a
sus empleados a la calle y hasta los hizo accionistas. Reveló, secreto
a voces, que él había repartido dinero entre todos los candidatos y
que había apostado, arriba y abajo, para garantizar la estabilidad
jurídica y la posición de dominio de su organización. La historia es
conocida, García salió por la pata de los caballos. Pero se forjó una
deuda histórica, a punto en nuestros días, de saldarse, para alegría
de unos cuantos.

¿Podría parecer inverosímil que San Dionisio sea el gran concertador
del que habla y enuncia con características maravillosas el jefe de
Estado? ¡De ninguna manera! El banquero es un déspota cabal; su
frialdad en la toma de decisiones la sufre su entorno inmediato con
mentadas de madre, dicterios y maltratos a los que se han acostumbrado
y cuyo linimento mensual se traduce en miles de dólares. Es decir, el
trueque humillación por la compra de sus conciencias, tiene una
patética realidad en este mal ejemplo. ¿No ha negociado, dando
muestras de su capacidad de concertación, San Dionisio, con todos los
gobiernos? ¿no ha comprado al peso, por viajecitos con bolsa de viaje,
a múltiples parlamentarios, ministros, jefes de gabinete, burócratas,
generales, embajadores, periodistas, sociólogos, abogados, poderes de
Estado completitos, con opíparos y registrados dólares el generoso
empresario de marras? Su capacidad de acercamiento con el hombre que
marca la diferencia la soluciona San Dionisio con su versatilidad de
hierro que no admite ni la más mínima réplica porque quien lo haga es
puesto de patitas en la calle ipso facto. Por tanto, San Dionisio es
concertador, un ejecutivo de éxito (y éste, entre los pervertidos
empresarios peruanos consiste en agachar la cabeza y aguantar de todo,
mientras que ganen a manos llenas), es decir en buen romance, tiene
las condiciones para capitanear la campaña que hoy nos ha enseñado lo
bondadosos que son los dueños de empresas en Perú.

Curioso país en que las cuitas tribales, de parroquia pequeña, de
covacha minúscula, entre personalidades, dictan la vida de 26 millones
de habitantes sin proyecto nacional, aguantadores de empresas
forajidas que, como Telefónica, yugulan apenas producido el sismo, la
comunicación total y enmudecen a la nación, y nadie puede hacer nada
porque todos los ministerios están al servicio de las transnacionales
y a favor de las concesiones y privatizaciones porque éstas traen
capital, tecnología, modernidad. Algo así como los espejitos que
mostraban los conquistadores a los regnícolas, produciendo asombro,
destello e idolatrías hasta hoy en el alma colectiva y popular. Es
decir, se habría cerrado el ciclo de aparente enemistad entre el
carismático banquero de los banqueros, San Dionisio, y el hoy
nuevamente mandatario Alan García. Los ochentas se enterrarían en los
2000, en nombre del lucro criminal y lava-rostro que se emprendería
desde las alturas, para forjar la gran concertación, el Perú de todas
las sangres (azules y dolarizadas), de las que el pueblo sólo forma
parte literaria y para el discurso, porque sigue aherrojado a un
sistema en que son pobres porque así deben serlo y otros son ricos
porque son los Mesías que la historia propone.

No extrañe pues que en las próximas horas se consagre a San Dionisio
Romero Seminario como el gran concertador que el Perú necesita. O que
cualquiera de sus esbirros haga ese papel y éste se reserve, como hoy,
como siempre, el puesto inobjetable de gran titiretero de esta
república bananera con hombres acostumbrados a estar de rodillas y a
hacer según el monto de dólares puestos a su disposición.
¡Impresionante por fétido el acervo de sorpresas de esta caja de
Pandora chola!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

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Monday, August 20, 2007

¿Concesiones para retroceder?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
20-8-2007

¿Concesiones para retroceder?

Revela la lógica, de modo inexcusable y sin lugar a debate, que si se
hacen concesiones de bienes públicos, es para que el país obtenga todo
aquello que no puede brindar per se, es decir, porque carece de
capital, tecnología de punta e impulso que, dicen, trae la empresa
privada. Pues bien, luego del terremoto del miércoles 15, a los pocos
minutos de su ocurrencia, los malhechores de Telefónica ¡simple y
llanamente cortaron el servicio fijo y celular! Sin embargo la
comunicación vía internet, que usa la misma línea y por la que se paga
también caro, continuó como si nada hubiera ocurrido. ¿Qué excusa
razonable pueden dar estos tipos de Telefónica?

Concedamos la posibilidad que la violencia del sismo hiciera colapsar
esos sistemas. Pero lo normal, por lo que cobran, impele a pensar que
debiera existir un resguardo de emergencia ¡justamente para esta clase
de circunstancias! ¡Pero no, aquí no funcionaba el 195, el 116,
ninguna ambulancia, nada de nada! ¿No parece de un ridículo mayúsculo
que el presidente tuviera que apelar a una radioemisora comercial para
poder comunicarse porque ni siquiera en Palacio había cómo hacerlo?
Amigos de un país bananero, me comentan que en sus respectivos sitios
¡sí hay teléfonos satelitales y que los usan en estos casos!

¿Dónde están las inversiones de Telefónica? ¿cómo enmascaran o fingen
desarrollos enormes si cuando son llamados a la coyuntura difícil, no
responden, regalan excusas, bajo el manto protector de una ministra y
una viceministra que parecen estar en la planilla de pagos de esa
empresa? Como en los días aciagos de la dictadura militar en
Argentina, primero disparaban y luego preguntaban por el nombre. Aquí
asaltan a mansalva los de Telefónica y luego obsequian discursos,
monsergas, mentiras, toda clase de groserías contra la dignidad de los
peruanos.

El lado horrible, anti-laboral, explotador, miserable, de las
concesiones o privatizaciones ha aparecido en todo su furor a
consecuencia de un terremoto que no sólo desnudó las taras
administrativas de un Estado bananero como el nuestro, sino que
despintó a una empresa que gasta millones de dólares en el soborno de
burócratas con alto cargo, parlamentarios de todos los Congresos,
periodistas mermeleros capaces de cualquier cosa con tal de llenar la
valija de dineros mal habidos, Telefónica es una simple porquería de
empresa. No fue casualidad que años atrás, luego del fraude electoral
que impulsara para su reelección el nipón cobarde Kenya Fujimori, la
primera empresa quemada en la Calle Real en Huancayo, fuera, esta
misma Telefónica.

Otro ejemplo.

Antes que Kenya Fujimori concesionara las empresas eléctricas, el
cableado era subterráneo. Pero el contrato posibilitó el cableado
aéreo que es más barato y que implica menos costo para los
"inversionistas". ¿No fueron los cables premunidos de energía mortal
en caso de colisión, los que pendían, luego del sismo, de postes
inseguros en todas las grandes avenidas y calles de las zonas
afectadas? Estos se movían al viento y aunque por suerte no hay
víctimas de los dichos artefactos ¿por causa de qué se tiene que vivir
en este salvajismo urbano y a la mala? ¿porque unos forajidos lograron
invertir menos, ganar más y explotar a su regalado gusto?

Se hizo mucha propaganda en torno a la venta del avión presidencial. Y
sin embargo, ha sido Lan, la aerolínea chilena que tiene el cuasi
monopolio del mercado de pasajes peruano, la que trasladó vituallas
para los damnificados. ¿No habría sido mejor acondicionar esa aeronave
para que la FAP lo utilice en vuelos civiles como en este caso?

Por último, la invocación presidencial para que cómicos o artistas
vayan a premunir de "entretenimiento" a los compatricios del sur, no
puede ser sino interpretada como una cuota de estupidez superlativa
producida por el cansancio. Si se trata de entretenimiento ¡que
trasladen a los 120 parlamentarios a Pisco y los hagan vivir allí unos
seis meses, a ver si aprenden lo que es canela! ¡Qué disparate! No es
hora de entretenimientos, sino de solidaridad, firme, militante, veraz
y, sobre todo, ¡honesta!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Ingredientes de una maliciosa estrategia en marcha

Ingredientes de una maliciosa estrategia en marcha
por Félix C. Calderón
La Razón, 20-8-2007

Con motivo de la publicación por parte del Gobierno peruano, el pasado
domingo 12 de agosto, de la carta que grafica el límite exterior
–sector sur– del dominio marítimo del Perú, se ha desencadenado en
Chile una inusitada ofensiva mediática que corresponde analizarla con
cierto detenimiento con el objeto de determinar el fin que persigue.
Dicho de otra manera, esta reacción aparentemente airada de los
chilenos no es un hecho casual ni guarda relación directa con el acto
soberano del Perú, sino que respondería a una finalidad distinta.
Veamos los hechos.

Por un lado, voceros autorizados de La Moneda se han puesto en la
condición de ofendidos, señalando grosso modo que lo dispuesto
soberanamente por el Gobierno del Perú no es aceptable para su país,
negándole "efecto jurídico internacional." Con mucho de teatro y una
apariencia de firmeza, un desencajado canciller chileno declaró ese
mismo domingo 12: "quiero decirlo muy claramente (sic), desconoce los
tratados vigentes sobre la delimitación fronteriza (sic) con Chile",
agregando que su país continuará ejerciendo "plenamente" todos los
derechos que le corresponden "en los espacios bajo su soberanía y
jurisdicción." Finalmente, señaló que con la publicación del mapa se
contradecía "todos los esfuerzos para avanzar en todos (sic) los
ámbitos de la relación bilateral" durante los últimos años. A esto
sumó el redactor como un trascendido que "se habría reafirmado las
instrucciones vigentes en tal sentido a la Armada de Chile. (El
Mercurio, edición de 13 de agosto de 2007).

Por otro lado, en un tono más o menos belicoso, algunos congresistas
chilenos han dado a conocer su opinión, sin faltar el gesto
destemplado del presidente de la Cámara de Diputados Patricio Walker
que, al parecer, habría cancelado su visita al Perú por considerar el
hecho como "una provocación mayor", u otros más rocambolescos que
aventuran que se ha puesto en peligro la paz bilateral o que se trata
de una actitud hostil. En suma, la reacción oficial y oficiosa en
Chile busca trasmitir al mundo la sensación de sorpresa, indignación
y firmeza contra lo que es presentado como una acto inamistoso y
violatorio del Derecho Internacional.

Surgen, por tanto, algunas preguntas: ¿Desconocía Chile los actos
preparatorios del Perú que culminaron el 12 de agosto con la
publicación del mencionado mapa? ¿Es procedente considerar ese acto
del Gobierno del Perú como violatorio del Derecho Internacional?
¿Puede hablarse de "todos los ámbitos de la relación bilateral" sin
tener para nada en cuenta el problema bilateral con el Perú en materia
de delimitación marítima? En fin, ¿qué se pretende decir con ese
trascendido acerca de haber reafirmado las instrucciones vigentes a la
Armada de Chile?

Con relación a la primera pregunta, la respuesta es clara y
terminante: Chile estuvo al tanto, día a día, de lo que con todo
derecho venían trabajando rigurosamente los especialistas peruanos,
para contar con las mediciones más precisas posibles, en estricto
cumplimiento de lo dispuesto en los artículos 4º y 5º de la Ley de
Líneas de Base del Dominio Marítimo del Perú, Ley Nº 28621, que a su
vez encuentra su basamento constitucional en lo dispuesto en el
artículo 54º de la Constitución vigente. Es decir, lo que ha venido
haciendo el Perú en legítima defensa de sus derechos en el sector sur
de su dominio marítimo no era, en absoluto, nuevo en Chile, aparte que
suponemos que su Embajada en Lima fue meticulosa en sus regulares
informes al respecto. Sin ir muy lejos, en la reciente cumbre de
Tarija, el Presidente del Perú tuvo el gesto amical de informar a la
Presidenta de Chile acerca de la decisión del Perú de llevar el
litigio de marras a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. No
era necesario, pero lo hizo en gesto de buena voluntad, porque estamos
hablando de una solución pacífica de la controversia. Y con motivo del
tradicional discurso a la Nación, el pasado 28 de julio, volvió a
reiterar esa decisión, sin doblez ni segunda intención de ninguna
clase.
Más aún, esta posición del Perú no es nueva. Ya en 1979, el artículo
98º de la Constitución aprobada por la Asamblea Constituyente consagró
de manera indubitable que "el dominio marítimo del Estado comprende el
mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la
distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas de
base que establece la ley." Por ningún lado se hizo mención a los
paralelos geográficos, solamente a las líneas de base establecidas por
ley. Por eso, consistente con lo anterior, el 27 de agosto de 1980,
dentro del marco de la Tercera Conferencia de las Naciones sobre el
Derecho del Mar, el Perú dejó constancia en actas que con respecto a
los criterios de delimitación, a falta de convenio específico de
delimitación concertado de manera expresa para fijar definitivamente
los límites de tales zonas, debía aplicarse como regla general la
línea media o la equidistancia, por tratarse del método más idóneo
para llegar a una solución equitativa. Como lógica consecuencia y
dentro del espíritu de encontrar una solución dialogada al problema
bilateral, en mayo de 1986 el Gobierno peruano tomó la iniciativa, a
través de un enviado especial, de plantear a su contraparte chilena el
inicio "en el futuro de conversaciones acerca de sus puntos de vista
referentes a la delimitación marítima." Propuesta que fue
prudentemente respondida por el entonces canciller Jaime del Valle
"manifestando (luego de tomar nota) que oportunamente se harán
estudios sobre el particular." Vale decir, no se respondió con ninguna
bravata ni hubo tampoco un rechazo formal de Chile, como corresponde a
un entredicho entre países civilizados.

La Constitución de 1993 se limitó, como es obvio, en su artículo 54º a
transcribir ad litteram ese derecho previamente consagrado en la
Constitución de 1979. Y cuando el Gobierno chileno, con fecha 21 de
setiembre de 2000, depositó en la Secretaría General de Naciones
Unidas de conformidad con lo dispuesto en la Convención de Naciones
Unidas sobre Derecho del Mar (Convemar) de 1982, las cartas en las que
incluía su pretensión sobre la línea del paralelo como límite marítimo
con el Perú, la Representación Permanente del Perú respondió mediante
nota de fecha 21 de enero de 2001, para dejar expresa constancia de
que el Perú no reconocía esa línea imaginaria como límite marítimo
entre ambos países. Es más, como una manera de cortar por lo sano lo
que podía convertirse en un diálogo de sordos, el 19 de julio de 2004,
el Gobierno del Perú propuso formalmente a su par chileno el inicio de
negociaciones bilaterales para resolver la controversia, avanzando un
plazo como una forma de evitar que el asunto se remitiera en Chile a
las calendas griegas. Por último, en apretada síntesis, no obstante la
negativa chilena de 10 de setiembre, a la propuesta peruana, ese mismo
año, 2004, concretamente el 4 de noviembre, los cancilleres del Perú y
Chile suscribieron un Comunicado Conjunto, en el marco de la XVIII
Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río, en el que,
al margen de señalar que se tienen posiciones distintas, dejaron
expresa constancia del carácter jurídico de la cuestión (la
delimitación marítima), además de constituir "estrictamente un asunto
bilateral (sic)."

Entonces, si por cerca de 30 años y a medida que se verificaba un
vuelco fundamental en la doctrina y la normativa del Derecho del Mar,
el Perú se cuidó de dejar sentado su derecho en cuanto al límite
exterior – sector sur- de su dominio marítimo, ¿cómo explicar, ahora,
tanto aspaviento o la aparente sorpresa de los chilenos? ¿No resulta
desproporcionada esa reacción oficial a la luz de lo antedicho? ¿O es,
más bien, uno de los ingredientes de una maliciosa estrategia en
marcha? La respuesta es una y la encontraremos más adelante.

En cuanto a la siguiente pregunta si ha incurrido el Perú en violación
del Derecho Internacional, la respuesta es concluyente: no. Todo lo
contrario, ha puesto en evidencia que el Derecho Internacional ha sido
hecho para ser respetado. En efecto, si el 4 de noviembre de 2004 el
canciller de Chile, Ignacio Walker, suscribió un Comunicado Conjunto
con su homólogo peruano en el que se precisaba de manera meridiana que
el "tema de la delimitación marítima entre ambos países (...)
constituye estrictamente (sic) un asunto bilateral", ¿por obra de qué
conjuro, entonces, pretende Chile fundar arbitraria y unilateralmente
una supuesta delimitación marítima con el Perú al amparo de un
convenio de naturaleza multilateral? Si es "estrictamente un asunto
bilateral" como ha reconocido formalmente por escrito Chile, ¿dónde
está el tratado bilateral sobre delimitación marítima concluido con el
Perú? A fortiori, también se reconoció en esa oportunidad que la
cuestión de la delimitación marítima es de naturaleza jurídica, de
donde se desprende sin mayor esfuerzo que es imposible concretarla
fuera del marco de un tratado o acuerdo ad hoc, concluido con esa
finalidad expresa y determinada, de carácter bilateral y respetando
estrictamente las formalidades que secularmente le reconoce el ius
cogens a los tratados o convenios de delimitación fronteriza entre dos
Estados en lo que atañe a su celebración y entrada en vigor (plenos
poderes, forma de manifestación del consentimiento en obligarse por el
tratado, canje o depósito de los instrumentos de ratificación, y
manera y fecha de la entrada en vigor propiamente dicha). La doctrina
y la jurisprudencia internacional sobre el particular van en abono de
este aserto. Por tanto, no es el Perú quien pone en aprietos al
Derecho Internacional, sino Chile, si se tiene en cuenta que la
posición peruana, repetida una y mil veces, es que no existe un
tratado bilateral con Chile sobre delimitación marítima.

Es verdad, que Chile esgrime como tal la Declaración de Santiago o
"Declaración sobre Zona Marítima" de 18 de agosto de 1952, combinada
curiosamente con el "Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima"
de 4 de diciembre de 1954. Sin embargo, aparte que la propia
naturaleza MULTILATERAL de la "declaración" y del acuerdo
complementario los hace impropios, inválidos, desde el punto de vista
del ius cogens, como para zanjar la delimitación marítima entre dos
Estados (porque ésta, repetimos, es un problema forzosamente
bilateral); existen, adicionalmente, los problemas de la finalidad
expresa de ambos (proteger y aprovechar los recursos marinos) y las
formalidades simplistas que se siguieron para su entrada en vigor, que
los convierten más en resoluciones que en tratados o convenios, por
más que nuestros vecinos se esmeren en soterrar o soslayar esa
condición sui generis.

En el acuerdo de 1952, la finalidad expresa fue "conservar y asegurar
para sus pueblos respectivos las riquezas naturales en las zonas del
mar que baña sus costas (sic)." Por eso, se "declaró" la voluntad
multilateral (tres países) de "proclamar" una zona de soberanía y
jurisdicción exclusivas "hasta (sic) una distancia de 200 millas
marinas desde la referidas costas." Dicho de otra manera, en esa
declaración multilateral, de un espíritu netamente resolutivo (no
contractual), los Estados signatarios se comprometieron a proteger a
través de un acto unilateral una indeterminada ("hasta") zona de mar
que baña sus costas en función de la finalidad expresa. Tan genérica y
referencial fue esa "declaración", lo cual no podía ser de otra manera
porque la comunidad internacional se encontraba en el período
neolítico del Derecho del Mar, que no constituyó un requisito
indispensable su aprobación por los respectivos Congresos de los
Estados involucrados ni se estipuló la modalidad de su entrada en
vigor. Aspectos éstos de suma importancia, porque la delimitación
marítima entre dos Estados si se quiere que sea "eterna" debe ser
producto de un tratado o convenio bilateral, concluido formalmente y
aprobado por el Poder Legislativo de ambos países, para después
proceder a su ratificación en buena y debida forma.

Por otra parte, dentro del marco de esa misma finalidad de
"explotación y conservación de las riquezas marítimas del Pacífico
Sur", declarada en 1952, se adoptó dos años más tarde, siempre en el
plano multilateral, el "Convenio sobre Zona Especial Fronteriza
Marítima", que tampoco exigió como condición sine qua nom a los
Estados firmantes el requisito de la aprobación de los respectivos
Congresos ni especificó la fecha de entrada en vigor. Si se revisa su
texto, no son "los Estados Partes" los que se comprometen ni mucho
menos se exige la ratificación como expresión del consentimiento de
los Estados en obligarse por dicho convenio. Y en cuanto a su
contenido, si bien se habla de "límite marítimo" éste solo tiene un
carácter meramente referencial de la columna de agua suprayacente para
establecer esa "zona especial" de diez millas marinas de ancho a cado
lado a partir de las 12 millas marítimas de la costa. Nada se dice del
zócalo continental ni del status jurídico del espacio dentro de esas
12 millas; por cuanto, su objeto, como ha quedado dicho, era "evitar
la posibilidad de involuntarias infracciones" entre "los pescadores"
que pudieran traducirse en fricciones entre los países vecinos. Es
decir, el "objeto y fin" del convenio no era la delimitación marítima,
y no podía serlo porque se trataba de un convenio de menor cuantía de
naturaleza multilateral vinculado a la "declaración" de 1952. Su razón
de ser fue coadyuvar a determinar la posición en alta mar de las
embarcaciones. De allí su carácter reglamentario relativo a la "pesca
o caza", lo que explica que en el párrafo segundo no se considere la
presencia accidental en la "zona especial fronteriza marítima" como
"violación de las aguas en la zona marítima", pues más que acuerdo de
delimitación marítima era un simple y expeditivo procedimiento de
fortalecimiento de la confianza entre los Estados vecinos. Por eso, la
simplificación extrema de formalidades en términos contractuales y su
subordinación a los eventuales incidentes entre los pescadores lo ha
hecho con el paso de los años un documento inútil, anacrónico,
totalmente superado por el progreso de las tecnologías.

Así las cosas, en 1958 tuvo lugar, en Ginebra, la Primera Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Un hito
revolucionario en la historia de este novísimo derecho en tanto en
cuanto fue allí cuando se adoptaron, por vez primera, cuatro
convenciones sobre la materia, aunque sin llegar necesariamente a
ponerse de acuerdo sobre algunos puntos capitales, como la anchura del
"mar territorial." Es decir, la "declaración" con las proclamaciones
unilaterales y el convenio de menor cuantía de 1954, ambos de carácter
multilateral, aplicables a tres Estados del Pacífico Sur, fueron
apenas bosquejos o wishful thinking, con un fin explícito distinto al
de la delimitación marítima. El hecho mismo que en Ginebra, en 1958,
se hayan adoptado cuatro convenciones relativas al derecho del mar, da
una idea de la visión de compartimentos estanco que todavía se tenía
de los diferentes espacios involucrados en el Derecho del Mar. Por
consiguiente, no es de extrañar que no existiera aún una relación
directa entre los derechos de soberanía del Estado costero sobre la
plataforma continental y el estatus legal de las aguas suprayacentes.
Asimismo, la Convención sobre Mar Territorial incluía el concepto
gaseoso de "zona contigua", y decimos así porque no precisaba su punto
de inicio al no existir acuerdo sobre la anchura del mar territorial.
En pocas palabras, los cincuentas y sesentas fueron años de fragua del
Derecho del Mar, la preocupación de los Estados se centraba
primordialmente en definir los límites exteriores de su soberanía y
jurisdicción sobre el mar adyacente a sus costas con el propósito de
proteger y aprovechar los recursos existentes en esa zona.

Solo para tener una idea del salto doctrinal y normativo que se
produjo en la década de los setentas, el concepto de "zona económica
exclusiva" apareció recién en la reunión que tuvo lugar en Lagos en
1972, de suerte tal que cuando se inició la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1973, tanto este concepto
como el correlativo de las 200 millas adquirieron sentido. La misma
suerte no tuvo, sin embargo, el concepto de "mar territorial" sujeto
en los siglos XVII y XVIII al límite de las tres millas naúticas,
equivalente al alcance del tiro de cañón, y que desde la Liga de las
Naciones, en 1930, osciló en el plano multilateral entre las tres y
doce millas, para terminar en doce millas con la Convemar de 1982.

Por eso, cuando en 1968 y 1969 el Perú y Chile suscribieron notas
referidas a la instalación de faros de enfilamiento, ninguna de las
partes podía estar pensando en zanjar el problema de la delimitación
marítima, debido a la pobreza que todavía exhibía el Derecho
Internacional consuetudinario en ese ámbito, no existiendo acuerdo
firme, convencional y universalmente definido en cuanto a la anchura
del mar territorial. Ergo, el objeto de esos documentos suscritos en
1968 y 1969 no pudo ser otro que el señalar una línea de referencia
para un fin menor, cual es de tener una zona de tolerancia pesquera,
de allí que le sirvan de sustento precario los documentos cuasi
resolutivos multilaterales de 1952 y 1954. Mal podían dos Estados
costeros disponer de un espacio marítimo que no era visto todavía
desde la perspectiva tridimensional por todos los Estados. A decir
verdad, el Derecho del Mar atravesaba por su período medieval en lo
atinente a soberanía y jurisdicción del Estado costero sobre su mar
adyacente.

Si bien es verdad que en ambos documentos de 1968 y 1969 se hace
mención a la expresión "límite marítimo"; es igualmente cierto que
tampoco aparece por ningún lado una referencia explícita al tratado
bilateral que debió previamente definir el espacio marítimo del que se
está hablando, porque esa pretensión insólita de identificar el punto
de inicio del supuesto paralelo de la línea marítima con el "Hito
número uno (Nº 1)" solo tendría asidero si previa y formalmente así
fue convenido por el Perú y Chile en un tratado válido. Condición ésta
indispensable, pues en ese preciso momento ya era parte del ius cogens
la necesidad de un acuerdo bilateral entre dos Estados con costas
adyacentes o, por defecto, la línea media o de equidistancia. Peor
aún, el ius cogens prohibía ir más allá de esa línea media o de
equidistancia a falta de acuerdo bilateral expreso. De donde se sigue
que el fraseo que aparece en la introducción del documento de 22 de
agosto de 1969, por el cual los representantes del Perú y Chile, luego
"de verificar la posición geográfica primigenia del Hito de concreto
número uno (Nº 1) de la frontera común (sic)", se refieren a "fijar
los puntos de ubicación de las Marcas de Enfilación que han acordado
(sic) instalar ambos países para señalar el límite marítimo", carece
de validez jurídica por no estar basado en un tratado bilateral que
consagre ese acuerdo. La frase "que han acordado instalar ambos
países", impone la siguiente pregunta a cualquier lego en la meteria:
¿En qué momento el Perú y Chile acordaron que la ubicación de la
"Marcas de Enfilación" implicaba señalar el límite marítimo entre
ambos países? Como es sabido, el punto inicial o final (como mejor
parezca) de la demarcación de la frontera entre Perú y Chile con
arreglo al Tratado de 1929, resulta ser, stricto sensu, la
intersección del arco de diez kilómetros de radio con el Océano
Pacífico, de conformidad con lo estipulado en el artículo 2º del
Tratado de 1929 y el "Acta Final de la Comisión de Límites con la
descripción de los hitos colocados", de 21 de julio de 1930. Y para
infortunio de los chilenos, el documento de abril de 1968 tampoco
brinda el sustento jurídico necesario, pues allí se dice algo peor:
"estudiar en el terreno mismo la instalación de marcas de enfilación
visibles desde el mar, que materialicen el paralelo de la frontera
marítima que se origina en el Hito número uno (Nº 1)." Para que estos
documentos supuestamente de demarcación tengan algún valor en
cualquier órgano jurisdiccional internacional, es menester exhibir al
mismo tiempo el tratado bilateral que establece la delimitación
propiamente dicha con arreglo al derecho internacional. Todo lo demás,
es precario jurídicamente y hasta pueril.

Tan deleznable es la posición oficial de Chile sobre el particular,
que conviene saber si ha guardado coherencia en esos casi 30 años en
que el Perú viene reclamándole concluir un tratado de delimitación
marítima. Por definición, la buena fe preside el inconmovible
principio del pacta sunt servanda en el cual se funda todo el Derecho
Internacional. Y la coherencia a través del tiempo es uno de los
criterios para medir la buena fe.

Para referirnos tan solo a los últimos siete años, aun cuando esos
documentos de 1968 y 1969 no podían modificar en un ápice el
sacrosanto Tratado de 1929, es pertinente preguntarse ¿fue coherente
Chile en cuanto al supuesto inicio en la costa de su pretenso límite
marítimo? En la nota de 10 de setiembre de 2004, la entonces ministra
de Relaciones Exteriores de Chile, Soledad Alvear, después de señalar
que no era procedente "referirse a negociaciones sobre convenios
vigentes (sic)" , agregó: "que han establecido el límite marítimo
entre Chile y Perú en el paralelo 18º 21' 03'' (sic)." En un sentido
más tajante se pronunció el canciller Ignacio Walker en nota de 3 de
noviembre de 2005: "que establecen inequívocamente (sic) la existencia
del paralelo que fija el límite marítimo entre Chile y Perú ubicado en
18º 21' 03'' (sic) de latitud Sur." Sin embargo, cuando Chile presentó
a la Secretaría de Naciones Unidas, el 21 de setiembre de 2000, las
cartas elaboradas de conformidad con lo dispuesto en el artículo 16º,
párrafo 2, artículo 75º, párrafo 2, y artículo 84º, párrafo 2 , de la
Convemar, acreditó el paralelo 18º 21' 00'' como límite de su supuesta
frontera marítima con el Perú.

En la hipótesis negada de que la frontera marítima peruano-chilena
hubiera sido establecida conforme al Derecho Internacional, ¿es
posible que el mismo Estado que sostiene esa tesis ofrezca
oficialmente como punto de inicio paralelos diferentes? Pese a que el
origen de esa distinción no la explican los documentos antes
mencionados, los chilenos pueden arguir que se trata, en puridad, del
mismo paralelo si se emplean las coordenadas astronómicas. Pero, ¿no
es ésa otra forma de demostrar la inexistencia de un tratado bilateral
de delimitación marítima? Por eso, resulta peregrina la tesis que
sostiene que los documentos de 1968 y 1969 (escondidos bajo la
denominación "otros acuerdos vinculantes") establecieron
"inequívocamente" una supuesta frontera. ¿Qué cosa significa
"inequívocamente"? Solo un tratado bilateral fija los parámetros de
manera inequívoca. De lo contrario lo único inequívoco sería la
incoherencia.

¿Qué dicen algunos especialistas chilenos cuando tienen que abordar,
desde el punto de vista académico, esta incoherencia que presenta la
posición chilena? Si los documentos de 1968 y 1969 no se fundan en un
tratado ad hoc que contenga la aceptación explícita de los dos Estados
en cuanto a la delimitación marítima y, por ende, defina el punto de
inicio, imaginario o no, ¿es posible inventar un punto de inicio
dentro del marco de un procedimiento administrativo que respondía a
otra finalidad y completamente ajeno al procedimiento taxativo
estipulado en el artículo 3 del Tratado de 1929, relativo a la
demarcación de la línea fronteriza allí consagrada? Estamos seguros
que a estas alturas del raciocinio el lector ya tiene parte de la
respuesta a la última pregunta planteada al inicio; por cuanto, las
bravatas, la dosis volitiva de prepotencia y el minué de la Marina de
Guerra chilena, no serían más que reflejo de esa debilidad argumental,
que en La Haya puede muy bien hacer que su posición se desmorone como
un castillo de arena. Pues, si tuviera Chile la certeza de tener el
derecho de su lado, en vez de adelantar la incompetencia de la Corte
Internacional de Justicia de la Haya, debería, por el contrario,
manifestar su disposición a concurrir con amplitud de miras para
zanjar su diferendo limítrofe con el Perú. Pero, ¿es el comportamiento
tradicional de Chile respetuoso del Derecho Internacional? ¿Qué dice
la historia?

En 1879, el Perú se vio envuelto en una guerra de agresión emprendida
por Chile, a causa de su "cándido heroicismo" de querer seguir dando
crédito a un tratado defensivo que había perdido su sentido por el
rechazo de Argentina. La guerra se concluyó luego de imponer el
invasor a Miguel Iglesias como presidente y, previamente, obligarlo a
aceptar las condiciones de paz. Y puesto que se trataba de hacer
capitular al vencido, la aprobación del Tratado de Ancón por el
Congreso Constituyente peruano, en marzo de 1884, se hizo bajo la
coerción de las bayonetas del ejército de ocupación chileno. El
plebiscito que debía organizarse en diez años para decidir la suerte
de las provincias cautivas de Arica y Tacna, fue incumplido por Chile,
procediendo más bien desde 1900 al primer national cleansing de la
historia en el mundo a fin de ganar dicho plebiscito. Pero, como los
peruanos en las provincias cautivas no se dejaron arredrar por la
bota, tuvo Chile que aceptar, por fin, en julio de 1922 la
participación arbitral de Estados Unidos. Sin embargo, desde fines del
siglo XIX volvió a desconocer el Tratado de Ancón, usurpando también
una parte importante de la provincia de Tarata. Enseguida,
unilateralmente, dispuso en 1902 el trazo del ferrocarril Arica-La
Paz, mordiendo, precisamente, una esquina de la provincia de Tarata
que, como se sabe, no era objeto del Tratado de Ancón. Además, en el
tratado de paz y límites con Bolivia, de 1904, cedió a este país
porciones de la provincia de Arica cuya suerte estaba todavía por
decidirse en el plebiscito. Es decir, los hechos consumados, nótese
bien, habían pasado a ser parte de su arrolladora conducta, con total
prescindencia del Derecho Internacional de la época. Cuando vio en
1926 que podía perder el plebiscito y era inminente que devuelva la
totalidad de la porción de la provincia de Tarata indebidamente
ocupada, puso obstáculos a la mediación estadounidense a cambio de
solicitar el arreglo bilateral con el Perú. Concluido el Tratado de
1929, Chile no devolvió la totalidad de Tacna ni el pedazo usurpado de
Tarata y, encima, privó de puerto a Tacna, aunque comprometiéndose a
construir un muelle para el Perú con base en un plano de desarrollo
portuario que tampoco respetó. Y en noviembre de 1999, cuando se
concluyó el Acta de Ejecución volvió a infringir el Derecho
Internacional en la medida que en el artículo 1. declaró haber
construido el muelle "para el servicio del Perú dentro de los mil
quinientos setenta y cinco metros de la bahía de Arica." Mas, las
dudas campean. ¿Se encuentra realmente ese costado de muelle, inútil y
ridículo, dentro de los mil quinientos setenta y cinco metros de la
bahía de Arica, tal como lo prevé el artículo 5 del Tratado de 1929?
¿Qué pasaría si se comprueba meridianamente que ése no es el caso? En
una palabra, ¿quién se ha caracterizado históricamente por hacer
escarnio del Derecho Internacional?

Con relación a la tercera pregunta formulada, al inicio ¿se puede
avanzar en "todos los ámbitos de la relación bilateral" con
prescindencia del serio y urticante problema de la delimitación
marítima peruano-chilena? Hasta donde se sabe, los Presidentes del
Perú y Chile, el 20 de setiembre de 2004, con ocasión de la Asamblea
General de las Naciones Unidas coincidieron en que la controversia
bilateral sobre delimitación marítima debía tratarse "por cuerda
separada", dentro de un marco estrictamente jurídico. Por otro lado,
¿en qué queda la declaración del canciller chileno de entonces Ignacio
Walker de que ese litigio constituía "estrictamente un asunto
bilateral"? Evidentemente, resulta un contrasentido referirse a "todos
los ámbitos de la relación bilateral" con un enfoque unilateral à la
carte. Existe una controversia entre el Perú y Chile, de carácter
jurídico, en materia de delimitación marítima y pretender negarlo es
querer tapar el sol con un dedo.

Llegamos, así, a la última pregunta, ¿qué se pretende crispando la
atmósfera bilateral y dramatizando el estado de ánimo con paseíllos de
un par de patrulleras? Somos de los que creen que en este siglo XXI
han perdido sustento las guerras de agresión. Por tanto, no parece que
los tambores de guerra suenen en esa dirección. No. Sin embargo,
consciente como es Chile de que la posición jurídica que sustenta su
pretensión es inconsistente, no tiene, al parecer, mejor expediente a
la luz de su comportamiento histórico, que recurrir a las bravatas y
gestos destemplados para evitar de esta manera que sea puesta otra vez
en evidencia su conducta usurpadora. No es que tenga derecho, lo que
ocurre es que teme al derecho.

Antes de concluir, es deseable que en el Perú todos, sin excepción,
cierren filas por una causa de indiscutible alcance nacional. Y
aquellos que creen que pueden marchar a contracorriente para que otros
sepan que existen, deberían pensarlo dos veces antes de hablar para
subrayar lo que no es sustancial en el reforzamiento de la posición
peruana. La patria requiere en esta hora de la unión y la prudencia,
no de la discrepancia sobre lo contingente ni la apostilla enfermiza
que en nada abona a la defensa del interés nacional. Por eso, aquellos
que improvisan con la máscara de "internacionalistas" sería preferible
que piensen primero si sirven al Perú o a la antipatria.

Saturday, August 18, 2007

¡Vendepatrias!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
18-8-2007

¡Vendepatrias!

Sólo después del sismo y luego que se comprobara (arrancando por el
presidente García), que los muertos sumaban centenas, las empresas
tomaron debida nota que existían peruanos más allá de sus planillas de
pago (siempre explotadores) y que hay vida allende y aquende sus
castillos dorados plenos en contratos con estabilidad jurídica,
licitaciones con dedicatoria y robos legalizados por múltiples
estudios de abogánsteres. Para lavarse el rostro y para "quedar bien"
son las que lideran las campañas de recolección de vituallas, víveres
y medicinas para los damnificados. ¡Qué hipocresía mayúscula!

A los vendepatria no les gusta que les llamen así. Son apologistas pro
domo sua de la empresa privada a la que atribuyen poderes mágicos y
salvadores del caos social y denostan del Estado del cual viven casi
simpre por trapisondas y favoritismos de gobiernos absolutamente
presos de convenios tácitos y coimas que jamás guardan recibo.

Luego que las comunicaciones telefónicas fijas y celulares se cayeran
el miércoles pasado, lo que no ocurrió con Internet –y nadie ha
explicado esto-, el jueves se presentó ante cámaras y micrófonos, la
viceministra de Transportes, Cayetana Aljovín, a dar explicaciones y
justificaciones. Habíamos anticipado que los mercenarios de imagen de
esa empresita ladrona, Telefónica, iban a hacer aquello. Lo que no
imaginábamos es la desverguenza que una viceministra iba a oficiar,
pretextos más, pretextos menos, de blindadora de semejante barbaridad.
¿Qué hubiera ocurrido en casus belli? La respuesta es sencilla: los
grandes vivos estarían fuera del país, como cierto ministro con
familia en Temuco; los otros estarían a buen recaudo hasta que pasen
los momentos "delicados". Y el resto del país, como siempre,
aherrojado al designio atolondrado de la improvisación, la estulticia
convertida en gobierno y la indignación impotente de una casta
política bananera para un país bananero y con empresas bananeras como
Telefónica. Por tanto la conclusión inequívoca es que la señora
Cayetana Aljovín ha incurrido en una evidente, aviesa e inaceptable
traición a la patria. ¿Le pagan para que defienda a empresas rufianas
o para que abogue por el Perú?

¡Ni qué decir de la titular del portafolio, la Verónica Zavala de los
5 millones de dólares, depositados, años atrás en un banco que luego
quebró y cuando era directora del Fonafe! Esta señorita, de
recientísimos arreglos cosméticos muy notorios (¿estará encantando muy
mucho a cierto funcionario público con el que anda arriba y abajo, en
Palacio y fuera de la ciudad?) es la defensora de Telefónica, de Lima
Airport Partners y sus múltiples trampas para no construir la segunda
pista; para no explicar los robos con las mangas; para no dar cuenta
de si están pagando las deudas incurridas luego de la autorización que
les diera la Addenda 4 del 2003; defensora a ultranza de mil y un
trapacerías en su ministerio y esas concesiones carreteras que apestan
y que tiene un muy bien pagado equipo de patibularios confeccionadores
de imagen en radio, diarios y televisión, incumple con su deber todos
los días y se burla del Perú. No sólo eso: trabaja contra el país.
¿Será cierto que está a punto de ser expulsada de la cartera? ¿Y será
juzgada porque la Contraloría General de la República ha encontrado
mérito penal a que sea denunciada por su pillería de los 5 millones?

Los vendepatria son una raza abominable. Hablan varios idiomas. No
sienten para nada al Perú del cual se acuerdan cuando la ocasión,
cualesquiera que fuese, así se los recomienda. Como hubo un sismo,
ahora se han vuelto "solidarios". ¡Cuánta mentira insensible, qué
basura espiritual, qué hediondez manifiesta la que poseen estos
infelices traidores a su pueblo! Pero allí están, engreídos por los
miedos de comunicación; protagonizando "campañas" que son sólo muy
epidérmico aseos de rostro. El alma negra, antichola, racista,
disolvente y de casta traidora, permanece como culpa eterna de eternos
complejos. ¿Actuará con rabia constructiva la casta política? Vamos a
ver. No pocos de esos viven en aparente contradicción, pero se
alimentan con los vendepatria porque de esos está construido el
fragilísimo edificio de la república de juguete que es el Perú. Aunque
nos duela decirlo.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.redvoltaire.net
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Skype: hmujica

Friday, August 17, 2007

El embajador comeguano

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
17-8-2007

El embajador comeguano

El gentilicio comparativo, enderezado al representante del gobierno en
Chile, Hugo Otero Lanzarotti, no es mío. Pertenece al acervo filudo de
César Hildebrandt. Y aludió así al publicista que funge de embajador
en el país del sur cuya actuación empieza a dar visos de ignorancia
palmaria y torpezas cuestionables.

Cuando Otero ayer agradecía la ayuda humanitaria de Chile referida a
los damnificados por el sismo del miércoles, se lució con la
pronunciación perfecta de los agudos y corte de eses y la entonación
cantante del dejo sureño. No extrañe que en cualquier momento, en
tiempos de globalización y hermandad, que los chicos de Morandé 80, le
nombren, a su vez, embajador itinerante en Perú.

La difícil vecindad entre Perú y Chile, no es un asunto que pueda ser
tomado a la ligera so pretexto de inexistentes relaciones de 500 años
de historia o de argucias ante cancillería de La Moneda para impedir
la emisión de documentales chilenos que sí fueron, poco después,
vistos y criticados y con la evidencia del desdoroso mal paso de
nuestra representación diplomática en Santiago. Con la modesta
excepción singular nuestra, nadie ha comentado este acápite.

Escribió Hildebrandt: "El señor Otero ignora qué significa la palabra
eventual. Ignora también la historia. Por eso habla de quinientos años
de relaciones. Hace 500 años Chile era un apéndice olvidado de un
virreinato que había elegido a Lima como centro administrativo.
Aquella capitanía encerrada entre el océano y los Andes miró con
codicia al norte casi por necesidad y claustrofobia. Luego convertiría
la rapiña de su cóndor emblemático en un principio de su geopolítica.
Y el Perú y Bolivia serían sus víctimas recurrentes". (Gallinas
felices, La Primera, 14-8-2007) Y agregaría que aquél no toma pisco,
sinónimo de Perú, sino liba chupilca del diablo.

El embajador político pertenece a un partido de viejos lazos
fraternales con sus pares o similares chilenos, el tándem Apra-Partido
Socialista, reconoce hasta un canto común: la Marsellesa. Y eso,
arguyen, representa garantía única y convincente para toda clase de
arreglos. Sin embargo, olvidan, los cacareadores vernáculos de la
integración continental que el gobierno socialista de Chile es más
chileno que socialista. Y allí se acaba el disparate. Pruebas abundan
y millones de dólares invertidos en la compra de armamentos también.
Para mayor certificación, su gestora más importante, cuando fue
ministra de Defensa, es la actual presidenta, Michelle Bachelet.

¿Para qué se arma hasta los dientes y el cabello un país, si no es
para atacar a otro u otros, como ya ocurrió en el pasado? Bien dijo
Hildebrandt que los peruanos de hoy no somos los de 1879 o de 1836.
Una lamentable constante histórica que el mismo colega subrayó, es que
hoy seguimos contando con los quintacolumnas y proditores todoterreno
que fabrican pretextos y cortinas de humo de múltiple calibre. Como,
por ejemplo, los topo-traidores de la Convención del Mar.

Pero hay un hecho sobre el que se ha hecho casi nulo comentario. Meses
atrás, el inapropiadamente titulado documental televisivo "Epopeya"
fue impugnado por el gobierno peruano ante Chile por el embajador
Otero. El resultado fue un fiasco porque, como debía ser, éste fue
visto aquí y se comprobó un bodrio plagado de inexactitudes
antiperuanas. Pero, el asunto es que, cuando se quiere dar relieve a
cualquier cosa, entonces se hace ¡precisamente! cualquier cosa. ¿Cuál
fue la intención, a sabiendas de su probable como rotundo fracaso, del
portavoz que comprometió al gobierno peruano? ¿Han evaluado este
desmán en Torre Tagle? Esta clase de estupideces, sólo lo son en
apariencia, porque a nadie escapa la experiencia de todos los
involucrados en este infeliz capítulo del que nadie habla porque hay
amigotes cómplices en los medios de comunicación.

La tarea de Otero es, en estos momentos, sumamente delicada. Pero el
ojo alerta del Congreso no debe descuidar los dislates de que ha hecho
gala ya el señor de marras. Si no es capaz de comprender, por encima
de nacimientos fortuitos, simpatías acendradas, familia
mayoritariamente allá, cuál es su deber por respeto a los 26 millones
de peruanos y a la historia y sus mártires, debe licenciarse ¡en el
acto! al personaje y ubicar en la embajada en Santiago a alguien capaz
de tener pantalones y una irrebatible defensa del Perú.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Thursday, August 16, 2007

¡Telefónica produjo un sismo grado 10!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
16-8-2007

¡Telefónica produjo un sismo grado 10!

Si la naturaleza nos hizo recordar ayer a las 6.40 pm. y por más de
dos minutos que apenas somos casualidades mortales impotentes,
sacudiéndonos con un sismo grado 7.9 en su peor zamacón, la empresita
española Telefónica produjo otro que llegó o superó el número 10 en
cualquier escala de sinverguencería que, como todas las desfachateces
en Perú, hoy tendrá alguna "explicación" a cargo de los asalariados de
imagen.

Apenas segundos después del sismo, los teléfonos fijos y celulares
dejaron de funcionar. Pero las comunicaciones en Internet, que usan la
misma línea continuaron normalmente. Es decir, no había impedimento
alguno como que no se yuguló esa única veta en que pudimos informar de
lo acontecido en el país. ¿O será que cuando hay sismos, Telefónica
tiene un servicio automatizado, de alto nivel científico y tecnología
de punta que permite apagar los teléfonos, dejar Internet y provocar
el pánico en el resto del mundo?

Quien está fuera del país, y pareciera ser que de esos hay cientos de
miles de compatricios, captura su teléfono, celular o fijo, y llama al
terruño para saber qué ocurrió y si sus familiares están a buen
recaudo o accidentados. O, como ha sucedido, en más de una lamentable
centena de casos, fallecidos por el impromptus terráqueo. Pero no.
Decenas de comunicaciones por correo electrónico protestaban
furiosamente porque ¡no había forma de hablar con Perú! Gracias, por
supuesto al plan de inversiones modernísimo y de última generación de
los ladrones de Telefónica.

Ya que hablamos de una de las empresas con mayor prontuario generoso
de los últimos tiempos, a algún genio de la misma, se le ha ocurrido
una sola factura para tres servicios: cable, teléfono e internet. Sin
consultar con el usuario que a duras penas paga uno de esos tres, y
siempre a destiempo (soy uno de ellos), Telefónica se zurró en el
público que la sufraga y decidió ofrecer una "ventaja" que, en el
mejor de los casos, sólo ahorra papel de impresión a quienes vienen
estafando al público desde hace larguísimos años. ¿Se puede desdoblar
la obligación a honrar y cumplir de manera parcial? ¡No es ese el
espíritu! Se trata de ahogar al deudor para que pague ¡sí o sí! o ¡se
le cortan los servicios! No sólo son caras, las barbaridades
deficientes que presta Telefónica, ahora hay que asumirlas con un
dolor enorme en las alicaídas faltriqueras. ¡Y con el silencio más
abyecto de todas las instituciones!

Con ese tenor colectivista en las facturas, uno de estos días,
fusionan la compañía de electricidad con la del agua y nos zampan cada
mes, facturas conjuntas. Si no paga la luz, no tiene luz y tampoco
agua. Si no paga el agua, tampoco tiene luz y viceversa. ¿Cómo la ven?
El genio de mercadotecnia que impera en Telefónica hace ¡lo que le
viene en gana porque de lo que se trata es de esquilmar a los
usuarios! Pero ¿saben estos señores que nunca se ha cobrado una deuda,
ahorcando al deudor?

Es evidente, palmario, inconcuso, que Telefónica es una empresa
millonaria pero que aplica o usa tecnología para país bananero en
Perú. ¿Cómo se explica el corte masivo de comunicaciones telefónicas?
El presidente García ha hecho bien en demandar explicaciones. ¿Será
suficiente? Yo creo que no. Es hora de castigar, azotar y de modo
ejemplar con multas por un hecho penal como es impedir la capacidad de
comunicación que millones de peruanos pagan a esta firma ladrona. ¡Y
al contado! ¡A ver si aprenden! El problema del Perú no es económico
¡es moral! El día que veamos a parlamentarios escupidos en lugares
públicos, a ediles o alcaldes azotados por sus vecinos, ministros
echados y apostrofados en todas partes y ex presidentes en la cárcel
¡ese día, retorna el nuevo Ayacucho y la redención de este país
acostumbrado a perdonar a sus traidores, elevar al rango de prohombres
a sus estafadores y envilecido en la tara que es mantener castas
políticas podridas y hediondas!

El terremoto que provocó Telefónica superó en muchos grados al que
madre naturaleza, sin pedir explicaciones, espetó a buena parte del
Perú. ¿Y ahora qué hacemos? ¿será todo apenas discurso para la platea?
¡Res non verba!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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