Tuesday, March 06, 2007

Los triunfos que se dejó arrebatar la diplomacia peruana

Los triunfos que se dejó arrebatar la diplomacia peruana
Una difícil vecindad, II Edición 1997; Cap. VII
por Alfonso Benavides Correa

Anunciando que traía a Lima "muy bien estudiadas las respuestas" que
le dio el presidente, general Augusto Pinochet a todos los puntos que
se discutieron en Arica, puntos entre los que se contempló el traslado
de tropas chilenas del norte al sur (sin riesgo para Chuquicamata) y
de tropas peruanas del sur al norte (con riesgo para Toquepala), el 27
de noviembre de 1985 arribó a Lima el canciller de Chile Jaime del
Valle a fin de continuar su ronda de conversaciones con el ministro
Allan Wagner Tizón.

Dos cosas ocurrieron entonces el 30 de noviembre de 1985: Una, la
publicación de un Comunicado Conjunto, de once puntos, con la firma de
los cancilleres Wagner y del Valle. Otra, con relación a los despachos
cablegráficos aparecidos el día anterior en los diarios de la capital
sobre la posibilidad de que efectivos militares del Perú asentados en
Tacna fueran retirados hacia Arequipa, el Comunicado que emitió el
Ministerio de Relaciones Exteriores haciendo de conocimiento de la
opinión pública no solamente "que tal información debe constituir una
inexactitud periodística por cuanto la propuesta formulada por el
gobierno del Perú consiste en la concertación de un acuerdo regional
para la limitación de gastos en adquisiciones de armamentos" sino
expresando que "el redespliegue de efectivos militares puede
constituir, en los casos donde fuere posible y apropiado, un
procedimiento positivo para la distensión, dentro de un marco amplio
de medidas que signifiquen un redimensionamiento de los sistemas de
defensa en base a nuevas concepciones de seguridad resultantes del
fomento de la confianza mutua". Y que, con tal fin, "se ha convenido
que, por invitación del Perú, los Comandantes Generales de las Fuerzas
Armadas peruanas y los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas
chilenas, se reunirán en Lima durante el mes de mayo próximo,
oportunidad en la que se examinarán las modalidades, mecanismos y
procedimientos para alcanzar ese propósito compartido".

En cuanto al Comunicado Conjunto éste fue aparentemente satisfactorio
en relación, en primer término, a la construcción del Monumento
Simbólico de Paz que se levantará en el Morro de Arica (punto 9) en
reemplazo del Museo que exalta la guerra y en el cual, como lo
denunció en 1979 la Sociedad Peruana de Historia, se hallaba entre
otras muestras que lesionaban la dignidad y sentimientos de los
peruanos, la representación de un soldado con el lema "chileno, mira
siempre al Norte"; al malecón de atraque respecto al cual los
ministros resolvieron que "la operación autónoma de dicho malecón
estará a cargo de las autoridades peruanas competentes" (punto 2); "al
edificio destinado a la Agencia Aduanera que se encuentra construido
sobre el malecón" respecto al cual "el gobierno de Chile efectuará las
ampliaciones que se han convenido para atender al más eficiente
servicio" (punto 3); "la ubicación en que construirá la nueva estación
terminal del ferrocarril de Arica a Tacna" la misma que "estará
alineada con el eje longitudinal del malecón de atraque de manera de
que ambos establecimientos y zonas configuren, para los fines de su
operación y explotación, un sistema integrado de servicios" (punto 4);
y, finalmente, que "dichos establecimientos y zonas forman parte de un
sistema integrado de servicios que las autoridades peruanas
competentes operarán con la independencia que establece el Tratado de
Lima de 1929" (punto 5).

No fue ciertamente satisfactorio el Comunicado en cuanto, por una
parte, abriendo sibilinamente el camino del despojo al Perú de El
Chinchorro, el gobierno de Chile únicamente "garantizará la
intangibilidad de las propiedades peruanas en Arica denominadas Casas
Bolognesi y Yanulaque (punto 9) y, de otro lado, la operación
supuestamente autónoma del malecón de atraque a cargo de las
autoridades peruanas será "sin perjuicio de la Administración General
que sobre el puerto de Arica corresponde a la autoridad chilena"
(punto 2) y en cuanto a que las autoridades peruanas competentes, que
operarán con la independencia que establece el Tratado de Lima de 1929
los establecimientos y zonas que forman parte de un sistema integrado
de servicios, "gozarán de un régimen migratorio y tributario especial"
(punto 7) porque, removiendo los actuales escollos jurídicos que según
el Tratado de 1929 le impiden a Chile cederle a Bolivia un Corredor
junto a la línea de La Concordia, por los grandes peligros ya
señalados que tal Corredor entrañaría al Perú y por los cuales éste
negó siempre su aquiescencia, "sin perjuicio de lo anterior, Chile
mantendrá, de conformidad con el Tratado de 1929, su soberanía y
jurisdicción sobre dichas zonas y establecimientos" (punto 6).

No fue todo. El Comunicado Conjunto ocultó que ese mismo día 29 de
noviembre de 1985 los señores ministros de Relaciones Exteriores de
Chile, don Jaime del Valle Alliende y del Perú, don Allan Wagner Tizón
habían suscrito un Acta mediante el cual, en pretendida ejecución de
las Cláusulas contenidas en los Artículos Quinto y Undécimo del
Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 y Segundo de su Protocolo
Complementario, habían desempolvado y repuesto, maquillado, el
repudiado Protocolo de Liquidación de Obligaciones de 17 de marzo de
1934 que, como ya lo tengo expresado, mereció el rechazo tanto de la
Comisión Consultiva de RREE, como del Congreso Constituyente de la
República, entonces reunido.

Instalándose analógicamente en la posición doctrinal conforme a la
cual, en el Derecho Privado, surgen los llamados "Contratos
Preparatorios", "Contratos de Opción" o "Promesas de Contratos",
cuando por un obstáculo de hecho o de derecho no es posible o
conveniente celebrar de inmediato un contrato que, sin embargo, las
partes que resultarían contratantes desean asegurarse que
efectivamente se va a celebrar, el 29 de noviembre de 1985 los
ministros de Relaciones Exteriores de Chile y Perú, don Jaime del
Valle Alliende y don Allan Wagner Tizón, suscribieron un Acta que, en
el Acápite I de su Parte I, apartándose notoriamente y trasgrediendo
el Artículo Quinto del Tratado de Lima de 3 de junio de 1929 y el
Artículo Segundo de su Protocolo Complementario, en los que
respectivamente se estipuló que el malecón de atraque, el edificio
para la Agencia Aduanera Peruana y la Estación Terminal para el
Ferrocarril a Tacna son "establecimientos y zonas donde el comercio de
tránsito del Perú gozará de la independencia propia del más amplio
puerto libre" y que "las facilidades de puerto que el Tratado en su
Artículo Quinto acuerda al Perú consistirán en el más absoluto libre
tránsito de personas, mercaderías y armamentos al territorio peruano y
desde éste a través del territorio chileno", aparece redactada así:

"Las partes convendrán, a través de un Acuerdo de Ejecución del
Tratado de 1929, un régimen jurídico para regular el ejercicio pleno y
eficaz de los derechos que acuerdan al Perú los Artículos Quinto del
Tratado y Segundo de su Protocolo Complementario, en los
establecimientos y zonas a los que ambas disposiciones se refieren,
sin perjuicio de la soberanía chilena, en especial en lo concerniente
a la aplicación de su ordenamiento jurídico, la jurisdicción y
competencia de sus tribunales y el mantenimiento del orden público".

Transgreden igualmente el Tratado de 1929 y su Protocolo
Complementario los numerales 2, 3 y 4 de la Parte I del Acta del 29 de
noviembre de 1985 cuyos textos son los siguientes:

"Las Partes entienden que corresponden al Perú la operación y
explotación autónoma de los mencionados establecimientos y zonas y que
los mismos –en cuanto conforman un sistema integrado de servicios-
deben ser administrados por un funcionario del Estado peruano,
facultado para coordinar su operación con las autoridades chilenas, en
un marco de cooperación que asegure el beneficio mutuo avizorado en el
Tratado de 1929".

"Las Partes entienden asimismo, que el Malecón de Atraque para el
servicio del Perú integra jurídica y funcionalmente el complejo
portuario de Arica y, por ende, está sujeto a la autoridad chilena en
todo lo que guarda relación con las competencias de la Dirección
General del Territorio Marítimo y Marina Mercante de Chile
(Gobernación Marítima y Capitanía del Puerto de Arica) y a la propia
autoridad portuaria de Arica".

"De igual modo, las Partes entienden que las funciones de
mantenimiento del orden público en los establecimientos y zonas para
el servicio del Perú, que corresponden al Estado de Chile, serán
ejercidos de manera compatible con los fines del Tratado y en un
espíritu de franca cooperación bilateral".

Sobre la base de la precedente capitulación –que trae a la memoria el
parágrafo segundo del Artículo Once del Protocolo de 17 de marzo de
1934 Polo-Rivas Vicuña en que se decía que "con la ejecución de este
compromiso se declaran totalmente cumplidas, por parte de Chile, las
obligaciones referentes a obras en el puerto de Arica, contraídas en
el Artículo Segundo del Protocolo Complementario de la misma fecha-
"el Acta del 29 de noviembre de 1985 infringe asimismo el Artículo
Sétimo del Tratado de 1929 al concertar, en el numeral 5 de su Parte
II, que "el gobierno de Chile reconoce que las propiedades que el Perú
posee en Arica, denominadas Casa de Bolognesi y Casa de Yanulaque
están protegidas por las disposiciones del Artículo Sétimo del Tratado
de Lima y, por lo tanto, son intangibles" al tiempo de negarle tal
intangibilidad y tal protección al predio conocido con el nombre de El
Chinchorro que, al igual que en el Artículo III del Protocolo de
Liquidación de Obligaciones de 17 de marzo de 1934 Polo-Rivas Vicuña,
el gobierno del Perú venderá al de Chile porque "actualmente dificulta
el desarrollo de la ciudad de Arica".

Si por parte de Chile constituye ciertamente un éxito que el gobierno
del Perú se desprenda en el corazón de Arica de un predio estratégico
rectangular de 300 mts. por 450 mts. en los linderos del Ferrocarril
de Arica a La Paz, entre el km. 3,420 y el km. 3,720 con un área de
135,000 mts2, unida al mar por una ruta de acceso de 700 mts. de largo
por 15 mts. de ancho o sea un área adicional de 10,500 mts2;
ciertamente constituye también un desacierto que el ministro de
Relaciones Exteriores del Perú no se percate de que "el Artículo
Sétimo del Tratado de Lima del 3 de junio de 1929 le brinda amparo
total tanto a El Chinchorro propiamente dicho como a su franja de
salida al mar (El Chinchorro Bajo o Tierras Blancas) desde que el
ministro plenipotenciario del Perú en Francia don Mariano H. Cornejo
lo adquirió de la sociedad inglesa Corocoro United Copper Mines
Limited mediante contrato de compra-venta celebrado por Escritura
Pública de 19 de febrero de 1926 ante Notario de París" y, ese mismo
año, con intervención del Notario de Arica César Jiménez Fuenzalida,
lo inscribió con el número 22 a fojas 10 vuelta en el Registro de la
Propiedad de 1935 en el Rol de Avalúos según dio fe el Notario
Conservador Carlos Soffía Stuardo.

Rechazando por impertinentes las pretensiones del ministerio de
Vivienda de Chile y de la Junta de Adelanto de Arica sobre El
Chinchorro, del que se hallan invadidos algo más de 18,000 mts.2; el
gobierno del Perú no se puede olvidar que, desde El Chinchorro hasta
el pie del Morro, fue que se encontraron, escalonados, los seis
Fuertes Peruanos de la plaza encargados de la defensa de Arica en
junio de 1880: el San José, el Santa Rosa y el Dos de Mayo, a cargo
del Teniente Coronel Juan P. Ayllón; fuertes estos a los que, formando
un ángulo recto, dentro del cual quedaba Arica, seguían el Fuerte del
Morro, mandado por el ex comandante de la Independencia Guillermo
Moore; el Fuerte Ciudadela, mandado por el Coronel Justo Arias
Araguez, Fuerte Ciudadela que, cerrando el triángulo defensivo, se
unía al Fuerte San José en el extremo norte de la plaza por medio de
una línea zigzagueante de fosos y sólidos parapetos, en adición al
sistema de minas por medio de baterías eléctricas con que fue envuelta
la ciudad para salvarla y que lamentablemente falló cuando, al caer
prisionero el ingeniero Teodoro Elmore con los croquis de los campos
minados antes del asalto por los chilenos, les permitieron a éstos
desactivarlas hasta el río Azapa en que termina la Pampa del
Chinchorro que, iniciado el combate, también ardió cuando los fusiles
del Lautaro comenzaron su mortal chisporroteo y se inició la carga
chilena sobre el Morro precedida del grito ¡A deguello!, ¡A deguello!,
que sólo cesó cuando todo quedó destilando sangre, según puede leerse
en las páginas de la Guerra con Chile contra el Perú y Bolivia de
Mariano Felipe Paz Soldán; del Adiós al Séptimo de Línea de Jorge
Inostroza y de La Guerra del Salitre de Guillermo Thorndike.

Tampoco puede olvidar el gobierno del Perú ni que en la zona de El
Chinchorro, próxima al muelle de Arica, los peruanos se reunían en
vísperas del Plebiscito, ni que en Arica –de la que en Chile o una
loca geografía Benjamín Subercasseaux escribió que "si venimos del
Norte nos parece una ciudad desbordante de chilenidad" pero "si
venimos del Sur nos sabe a tierra extranjera". El Chinchorro, donde
moran lo que Gugliemo Ferrero llamó "los genios invisibles de la
ciudad" en su libro El Poder, podría convertirse en la sede del
Consulado del Perú, en foco de irradiación cultural en el que podría
haber un Museo de Arte e Historia en el que deberían ocupar lugar
destacado reproducciones de las Cuevas y Pinturas de Toquepala que
configuran los patrones del Paleolítico Superior, las momias
preincaicas de la llamada Cultura Chinchorro encontradas en la parte
baja del Morro que, mediante pruebas de radio carbono, se ha
establecido que datan del año 5,830 AC y, por tanto, que aventajan en
más de 2,600 años a las momias egipcias poniendo de relieve ante el
mundo el hecho de que, como lo demostraron admirablemente José de la
Riva Agüero y Luis E. Valcárcel, el área geográfica del Perú, que se
identifica con su área cultural antigua, no se limita al cuadro
territorial de la presente república sino que, cuando menos, comprende
todo el Alto Perú o Bolivia, idéntico al Perú Bajo en clima y
orografía, y aún se extiende a regiones aledañas como a la Sierra del
Ecuador, hasta Pasto y las nacientes del Cauca, a la porción andina
del Noroeste argentino y a la mayor parte de Chile, hasta más allá del
Maule.

Una obra así serviría para disipar los temores del diario El Mercurio
de Santiago que, refiriéndose al cumplimiento por Chile de las
obligaciones pendientes que tiene conforme al Tratado de 1929, el 1 de
diciembre de 1986 sostenía que "hay quienes piensan que estas obras no
traerán prosperidad a Arica sino que sólo serán útiles al Perú" y que
"se teme que de la actividad comercial peruana resulte un
cercenamiento de los intereses económicos chilenos y aún de su
soberanía…".

Algo que no se atrevieron a poner los firmantes del Protocolo de
Liquidación de Obligaciones del 17 de marzo de 1934, sí lo pusieron
los firmantes del Acta del 29 de noviembre de 1985 con la Promesa de
Acuerdo de ejecución que, como era de preverse, el 23 de febrero de
1986, en extensa conferencia de prensa ofreció en su Palacio de
Gobierno, provocó la declaración del presidente Víctor Paz Estenssoro
de que con un "enfoque fresco, Bolivia buscará un camino de
entendimiento con Chile para resolver su mediterraneidad mediante la
creación de una salida y creciente relación de intereses económicos en
adición al apoyo de la comunidad hemisférica; y, en el curso de la
misma semana, la designación de Jorge Siles Salinas, casado con una
hermana del canciller de Chile Jaime del Valle y hermano del ex
presidente de Bolivia Luis Adolfo Siles Salinas y Hernán Siles Suazo,
como nuevo Cónsul General de Bolivia en Santiago, después de que
Bolivia rompió relaciones con Chile en 1978 al naufragar las
negociaciones para la obtención por Bolivia de una franja territorial
de acceso al Pacífico, junto a la línea de La Concordia entre Chile y
el Perú, por la exigencia chilena de una recompensa territorial.

Me refiero al Punto III que, sobre Revisión de Textos de Historia,
como si investigar la verdad y decirla tal como se la piensa pudiera
ser criminal, dice así:

"Los ministros estuvieron de acuerdo en poner en práctica, en el más
corto plazo posible, un procedimiento que permita en sus respectivos
países efectuar una revisión de los textos de historia, a nivel de la
enseñanza primaria y secundaria, con miras a darles un sentido de paz
e integración".

Para recusar tan aberrante Acuerdo bastaría meditar sobre la lección
que dio José de la Riva Agüero cuando afirmó con rotundidad que "la
historia, ministerio grave y civil, examen de conciencia de las épocas
y los pueblos, es escuela de seriedad y buen juicio pero también, y
esencialmente, estímulo del deber y el heroísmo, ennoblecedora del
alma, fuente y raíz del amor patrio", atendiendo a que el patriotismo
se alimenta y vive de la Historia, a que la palabra patria viene de
padres y, por ello mismo, que "sobre el altar de la patria y bajo su
gallarda llama hecha de ruegos e inmolaciones, de valor y de
plegarias, deben existir siempre, como en la ritualidad litúrgica
católica, los huesos de los predecesores y las reliquias de los
mártires" (La historia en el Perú, Lima 1910).

Desde otro punto de vista cabría tener presente asimismo que las leyes
del Perú no prohíben que los peruanos y peruanas de todas las edades,
y de todas las condiciones económicas y sociales, lean lo que quieran
y saquen sus propias conclusiones reponiendo en el recuerdo a
Sebastián Castalion cuando, con esplendidez moral y osadía que llegó a
causar asombro, se irguió contra el poder omnímodo del Calvino
implacable que quemó a Miguel Servet, no sólo afirmó la frase
lapidaria que "no hay ningún mandato divino, aunque se involucre el
nombre de Dios, capaz de justificar la muerte de un hombre" sino que,
en su célebre Manifiesto de la Tolerancia, escribió en 1551 que "nadie
debe ser forzado a una convicción" porque "la convicción es libre" y
que "investigar la verdad y decirla tal como se la piensa no puede ser
nunca criminal"; filosofando con Huizinga cuando, haciendo reposar su
concepto en el poder de la tradición que se hace presente como voces
de muertos que asustan a los intrusos y salvan la integridad de los
dominios nacionales, aseveró que "historia es la forma espiritual en
que una cultura se rinde cuenta con su pasado", con Rande formulándose
preguntas sobre el valor moral de la historia como aliada y consejera
de la política o con Spengler cuando vinculaba la política exterior a
un día de éxitos verdaderos y, reclamando "estar en forma para todo
acontecimiento imaginable", pronosticaba en Años Decisivos que "serán
los ejércitos y no los partidos la forma futura del poder" porque
éstos "no saben encontrar el camino que conduce desde el pensamiento
partidista al pensamiento estadista" y aseguraba que "una nación sin
caudillo y sin armas, empobrecida y desgarrada, no tiene siquiera
asegurada la mera existencia"; o con los estudios de Toynbee sobre las
virtudes de la adversidad, la incitación del contorno, la pérdida de
dominio sobre éste, el enmohecimiento de las armas y la eficiencia
progresiva de éstas a las que sobreviene la ruina porque su
agresividad las agota y se hacen intolerables a sus vecinos, el cisma
en el cuerpo social y el cisma en el alma, el ritmo de la
desintegración y la pérdida de la autodeterminación, las
civilizaciones colapsadas por escépticas en su destino y mohosas en
sus instrumentos.

En este filosofar así, meditando la lección de Américo Castro cuando
elocuentemente enseñaba que "hay que esforzarse por ver, en unidad de
estructura, de dónde arranca y hacia dónde va el vivir"; reparando que
en nuestra patria la historia sirve para pintarnos el proceso doloroso
por medio del cual se desvió el paso cívico y los dirigentes
encargados de iluminar caminos le marcaron rumbos oscuros a la
colectividad, me asalta una grave interrogante: ¿Qué razón movió al
canciller Wagner a no reconocer la enseñanza de Gustavo Gutiérrez
cuando en la Fuerza Histórica de los Pobres, al estudiar la historia
de cautividad y liberación de los "cristos azotados de las Indias",
pregona la necesidad de "evitar la amnesia histórica"?

¿Me pregunto si será acaso más provechoso para el Perú sucumbir ante
la amnesia histórica –la amnesia que Andrés Avelino Aramburú, el
periodista de la defensa nacional como lo llama Raúl Porras, combatía
apasionadamente enrostrando a la ciudadanía que hubiera usado las
aguas del Leteo que borran los recuerdos de la memoria- que meditar
con Jorge Basadre cuando en el prólogo a La chilenización de Tacna y
Arica de Raúl Palacios Rodríguez, interrogaba si el Perú podría darse
el lujo de esquematizar o dar las espaldas a su larga historia cuando
a su alrededor no hay nadie que pisotee la propia y si el Perú podía
ignorar que muy cerca era y es muy fácil detectar afanes revanchistas
e indicios de avideces?

¿Me pregunto si tal vez resulte dañino para los peruanos borrar toda
huella de los versos estremecedores de José Santos Chocano después que
sonaron en el empedrado de las calles de Lima las botas del vencedor y
manos chilenas arrearon del Palacio de Gobierno la Bandera del Perú?:

Recuerdo que a su lado
mi madre me tenía
aquel siniestro día
en que escuché espantado
sonar el destemplado
clarín del vencedor.
-¡Escúchalo!- decía
mi madre…Y lo escuchaba, lo escucho todavía
lo escucharé hasta cuando resuene otro mayor.
Por eso hoy me inspira
ese recuerdo henchido de la más santa ira,
los nervios de mi madre son cuerdas de mi lira….

¿Me pregunto si será acaso más provechoso para el Perú sucumbir ante
la amnesia histórica que reflexionar sin censuras de ninguna clase
sobre los siguientes mandatos de Manuel González Prada: "el hombre que
siempre emergió" al decir de Luis Alberto Sánchez, a quien también
corresponde el haber proclamado con razón que "algunas catástrofes nos
han sobrevenido porque no tomamos en cuenta su lucidez"?

"Chile, como el tirano que mataba a sus mujeres y después saciaba en
el cadáver su apetito de fiera con delirio genesíaco, chupó ayer
nuestra sangre, trituró nuestros músculos, y quiere hoy celebrar con
nosotros un contubernio imposible sobre el polvo de un cementerio. No
creamos en la sinceridad de sus palabras ni en la buena fe de sus
actos; hoy se abraza contra nosotros, para con la fuerza del abrazo
hundir más y más el puñal que nos clavó en las entrañas. Dejemos ya de
alucinarnos; en nuestro enemigo el hábito de aborrecernos se ha
convertido en instinto de raza. En el pueblo chileno, la guerra contra
el Perú se parece a la Guerra Santa entre musulmanes; hasta las
piedras de las calles se levantarían para venir a golear, destrozar y
desmenuzar nuestro cráneo. Chile, como el Alejandro crapuloso en el
festín del Dryden, mataría siete veces a nuestros muertos: más aún:
como el Otelo de Shakespeare, se gozaría en matarnos eternamente.
Aquí, alrededor de estos sepulcros, debemos reunirnos fielmente no
para hablar de confraternidad americana y olvido de las injurias sino
para despertar el odio cuando se adormezca en nuestros corazones, para
reabrir y enconar la herida cuando el tiempo quiera cicatrizar lo que
no debe cicatrizarse nunca. Tenderemos la mano al vencedor, después
que una generación más varonil y más aguerrida que la generación
presente haya desencadenado sobre el territorio enemigo la tempestad
de asolación que Chile hizo pasar sobre nosotros, después que la
sangre de sus habitantes haya corrido como nuestra sangre, después que
sus campos hayan sido talados como nuestros campos, después que sus
poblaciones hayan ardido como nuestras poblaciones. Entretanto, nada
de insultos procaces, de provocaciones insensatas ni de empresas
aventuradas o prematuras; pero tampoco nada de adulaciones o bajezas,
nada de convertirse los diplomáticos en lacayos palaciegos, ni los
presidentes de la República en humildes caporales de Chile". (Manuel
González Prada, Páginas Libres, Madrid 1915)

¿Me pregunto, finalmente, si será acaso más provechoso para el Perú
dejarse ganar por la amnesia histórica o releer esta prosa sin
eufemismos, quemando naves, y calar estos pensamientos robustos y
actuales que aparecen en El tonel de Diógenes:

"Con Chile no vale razones. Su conducta pasada nos anuncia su conducta
venidera que nunca se guiará por un espíritu de justicia, que nunca
procederá de buena fe con nosotros: su americanismo no pasa de un
gastado recurso oratorio. Tiende la mano al Perú con tal que el Perú
le conceda cuanto quiera pedirle. Se sorprende o finge sorprenderse de
que algún peruano guarde el recuerdo de las abominaciones cometidas en
la Guerra del 79".

De aquellas imborrables abominaciones da cuenta Rubén Vargas Ugarte,
S.J., en el tomo X de su Historia General del Perú editada por Milla
Batres en 1984 en Barcelona.

Relata el padre Vargas los fusilamientos sin piedad en las gradas del
templo y los excesos de la soldadesca chilena en Arica –fuera de todas
las leyes de la guerra- después de la épica jornada del Morro. Se
apoya el erudito autor en la comunicación del agente consular de
Estados Unidos en Arica quien le expresaba a su gobierno: "Debo decir
que la conducta de los chilenos tanto en Tacna como en Arica es la más
desgraciada. En Tacna la mayor parte de las casas han sido robadas y
muchas de ellas destruidas. Asesinatos se cometen todos los días. En
Arica asesinaron a los indefensos y heridos. La mayor parte de la
ciudad ha sido quemada y saqueada".

Sobre las expediciones que se llevaron a cabo por la Costa peruana
para atemorizar a las poblaciones, escribió el sacerdote jesuita:
"..estas expediciones no tuvieron otro objeto que el saquear
poblaciones indefensas, destruir cuanto había de algún valor sin otro
fin que el hacer daño, imponer cupos a las poblaciones que no ofrecían
resistencia alguna y, en resumen, llevar a cabo una guerra vandálica,
impropia de naciones civilizadas y de la cual no se hallan ejemplos en
la edad moderna. Chile es el país que vino a constituir una excepción
y escribió en sus anales una página de latrocinio y de asolamiento que
la historia no podría olvidar".

En el reverso de la fotografía de Patricio Lynch, recapitulando varias
páginas, anota que "su nombre fue sinónimo de robo. El encabezó una
expedición por la Costa peruana en los transportes Itata y Copiapó. La
expedición se entregó al saqueo, a la barbarie y al pillaje en los
indefensos puertos de Chimbote (10 de setiembre de 1880), Supe (14, 15
y 18 de set.), Paita y Eten (20 y 24 de set.), Trujillo, Chocope y
Lambayeque fueron expoliados con los llamados cupos, lo mismo que
Chilca y Camaná, donde terminó la tal expedición que dejó un cuadro de
verdadera desolación y horror. Los mismos representantes del Congreso
de Santiago de Chile hubieron de elevar enérgicas protestas por tan
tenebrosos actos de vandalismo, que no hicieron sino manchar la
historia de ese pobre país".

No omite el padre Vargas Ugarte referirse al desenfrenado saqueo e
incendio de Chorrillos el 13 de enero de 1881 hasta ser reducido a
escombros como lo certifican las placas fotográficas que tomó Courret
de dicho acto de barbarie y corroboran las patéticas acuarelas del
teniente de la marina inglesa Rudolf E. March Philips de Lisle,
testigo imparcial de sanguinarias y sobrecogedoras matanzas. Recuerda
Rubén Vargas Ugarte que "de la destrucción de Chorrillos, y de los
excesos a que llegó la soldadesca chilena, se hicieron eco los mismos
diarios chilenos de la época. Entre otros documentos –dice- puede
citarse la Carta Política de Manuel J. Vicuña, testigo presencial de
los sucesos". No fue Vicuña el único. El corresponsal en campaña de El
Mercurio de Valparaíso, en carta fechada el 22 de marzo de 1881, se
refirió así al día inolvidable y dantesco, en que, como preámbulo al
atroz en que el coronel Lagos dejó el pueblo de Barranco y avanzó
sobre Miraflores a la que hizo prender fuego por sus cuatro costados
al tiempo que la juventud limeña combatía bravamente y moría con honor
en los reductos, "la noche se iba cerrando en las calles de
Chorrillos, alumbradas por el fulgor de cien incendios, semejaba un
fantástico cuadro de escenas del infierno" en que "el siniestro
resplandor de los incendios alumbraba sólo repugnantes escenas de
orgía y exterminio".

Volviendo a Patricio Lynch recordemos el ¡Señor, acuérdate de los
atenienses! que, según Herodoto se hacía repetir el gran rey persa
para recordar, perennemente, la ofensa de los griegos. Por esta misma
razón los peruanos tampoco olvidamos a Lynch que, al frente de su
desalmada fuerza expedicionaria, recorrió todos los puertos de la
Costa peruana con el objeto de arruinar la propiedad privada,
apoderarse de las mercaderías y, como lo acredita sir Clements R.
Markham en La Guerra entre el Perú y Chile (Ciudad de los Reyes,
MCMXXII) en que denuncia la barbarie desenfrenada de las hordas de la
conquista (p. 190 y siguientes), destruir las obras públicas como
muelles, ferrocarriles y aduanas: "Ordenóse a Lynch que arrasase todo
el litoral peruano, desde el Callao a Paita, y aquél cumplió sus
instrucciones al pie de la letra, arruinando dondequiera tanto la
propiedad pública como la privada. Los daños que causó no sólo en los
puertos marítimos de Huacho, Supe, Salaverry, Trujillo, Pacasmayo,
Chiclayo, Eten, Lambayeque y Paita, sino en todas las villas,
haciendas y plantaciones, fueron incalculables. La obra de destrucción
se llevó a cabo sistemática y bárbaramente. La dinamita fue el agente
que se empleó para destruir los muelles de hierro y todos los
edificios sólidos. Las casas que se incendiaron fueron regadas
previamente con petróleo y otras sustancias igualmente inflamables".
Luego de referirse Markham a las enloquecidas atrocidades de Lynch en
sus salvajes correrías, no omite el autor recordar que, "después de
robar en lo posible a las poblaciones de la Costa peruana, regresó a
Arica recibiendo de su gobierno la aprobación cordial de sus hazañas.
Así terminó esa expedición de pillaje y de criminal saqueo, perpetua
infamia para sus autores y para el gobierno que proyectó y aprobó su
ejecución, tan grande que hasta los mejores escritores chilenos la
condenan".

Cabe recordar que no fue el último homenaje al sanguinario marino
chileno. Relata Francisco A. Encina en su Historia de Chile que el
general en jefe del ejército de ocupación, almirante Patricio Lynch,
llegó a Valparaíso a bordo del Abtao el 30 de agosto de 1883, después
que, el día 8, había sido ascendido a vicealmirante: "Desde el
amanecer, escribe Encina, la ciudad de Valparaíso estaba embanderada.
Arcos ornados de emblemas y leyendas se alzaban en el trayecto del
muelle al Hotel Francia. Apenas se divisó en el horizonte la Abtao, la
población entera se arremolinó en la playa. La marina, purgada de
camarillas, se sentía ahora orgullosa de tener por jefe a una de las
más estupendas figuras surgidas de la guerra".

Cabe recordar finalmente que, respaldado por las páginas terribles de
Víctor Miguel Valle Riestra (¿Cómo fue aquello?) y de Perolari
Malmignati (Il Peru e i suoi tremendi giorni), quien no vaciló en
calificar a los soldados chilenos de "bestias feroces" que llegaron a
infundirle pavor a su propio jefe el general Baquedano en la noche de
la toma de Chorrillos, anota el padre Vargas Ugarte en el reverso de
la lámina XL: "Vencida toda resistencia en Miraflores el enemigo se
dispuso a tomar la ciudad de Lima, lo cual se hizo en la tarde del 17
de enero de 1881. Los batallones chilenos ocuparon la Plaza de Armas
en medio de un silencio sepulcral, la ciudad se había rendido y no
quedaba sino la ocupación. Es de advertir que gracias a la mediación
del almirante francés Bergasse du Petit Thouars, Lima se libró de ser
devastada por el enemigo, pues advirtió al general Baquedano que, de
no ser respetada la ciudad y sus pobladores, los cañones de su nave
romperían los fuegos contra los barcos chilenos. Es de agradecer,
también, la mediación del Cuerpo Diplomático residente en Lima".

Agrega a continuación el autor que, "estando los chilenos en posesión
de la ciudad, se dieron al saqueo de las principales instituciones
culturales de Lima: entre la más afectadas estuvieron la Biblioteca
Nacional, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Casa de la
Moneda, el Palacio de Gobierno, la Escuela de Artes y Oficios, el
Palacio de la Exposición, el Congreso Nacional, la Escuela de Medicina
de San Fernando, el Archivo Nacional, etc."

Fue en aquella época de ominosa ocupación de la ciudad que el ya
mencionado Patricio Lynch, como sucesor del jefe del ejército chileno
coronel Pedro Lagos, el que después de las "repugnantes escenas de
orgía y exterminio" que auspició en Chorrillos convirtió a la
Universidad Nacional de San Marcos en cuarte de sus tropas y pesebrera
de su caballada, no sólo llevó adelante la devastación del Perú que
exigían el Congreso y la prensa chilenos sino que, como el "el
príncipe rojo" según lo llamó el historiador de su país Vicuña
Mackenna, estableció en Lima un tribunal militar de "tigres revestidos
o disfrazados con el ropaje de jueces" –al decir de Mariano Felipe Paz
Soldán- que condenaba a muerte y hacía ejecutar, en las tristemente
célebres "esquinas del escarmiento" como la Plazuela de la Salud y la
intersección de la calle de la Salud y del jirón Arica (hoy Rufino
Torrico), "a inocentes peruanos, sin más delito que haber presenciado,
por casualidad, la pelea entre algún chileno que robaba y la víctima
que se defendía, o ponía a salvo la honra de su familia".

No parece suficiente lo anterior. Ante las pretensiones de los
cancilleres Wagner y Del Valle de controlar la mente de nuestro pueblo
libre y patriota, censurando lo que ha de leer y decidiendo qué libros
ha de leer, es preciso reactualizar las siguientes exactas palabras
que Alberto Ulloa Sotomayor escribió hace algunos años sobre una
infortunada iniciativa brasilera renovada después por Chile (Informes
del Asesor Técnico Jurídico, Lima 1941):

"Bajo un noble propósito de cordialidad continental, esa disposición
contenía un peligroso espejismo e importaba la renuncia, por parte de
países injustamente agraviados o víctimas de la acción agresiva de
otros Estados, a constataciones históricas y a la legítima formación
en su juventud de un espíritu de justa calificación de la Historia,
así como de la voluntad de impedir que ésta se repita por debilidad o
por ignorancia. Los términos citados, viniendo a consagrar con el
silencio que prepara el olvido, no sólo la realidad material sino la
confirmación espiritual de grandes injusticias pretéritas,
representarían, en casos determinados, el indulto de delitos
históricos que las generaciones deben conocer para que su conciencia
vigilante impida su repetición o procure su rectificación, según las
situaciones y las oportunidades por venir, dentro de los campos
legítimos de la acción diplomática y jurídica. Este espíritu no
estorba sino facilita una tendencia pacífica y de profunda solidaridad
humana en las nuevas generaciones porque no representa un sentimiento
de revancha sino de adhesión al Derecho, cuyo respeto es condición
necesaria para la armónica convivencia internacional. El silencio y el
olvido que imponen la aceptación de las soluciones de fuerza y de los
procedimientos antijurídicos en la vida de relación de los Estados,
actúan como incitadores para su repetición. Convienen a la política de
Estados Imperialistas, expansivos o conquistadores, pero no a la
política de los Estados que han sido o pueden ser víctimas de los
primeros".

El mismo Ulloa también fue quien, ante remanentes intereses que
aceptan la mutilación y persisten en alistarse contra la Nación
negociando o declinando su soberanía sea porque no nacieron dentro de
los muros del Perú ni fueron criados dentro de esos benditos muros en
salas que resuenan con las bendiciones de heroicos antepasados o sea
porque con estirpe extranjera no pudieron saber realmente lo que es
nacer peruano y no fueron sino peruanos por cortesía, proclama que
"mientras no desaparezcan totalmente las generaciones que hicieron la
guerra o las que recibieron de éstas la tradición oral de sus horrores
y la tradición escrita de cómo se preparó la agresión y de cómo se
quiso prolongarla en Tacna y Arica, hasta cerca de 50 años después de
haber cesado las hostilidades militares, la amistad con Chile tendrá
que desenvolverse en un campo de dignidad y de vecindad sin intimidad
dentro del cual quepan la coordinación de los intereses recíprocos y
el recuerdo de agravios sufridos por el Perú como Nación que las
víctimas del injusto sacrificio han nimbado de heroísmo" e
incorporando al alma nacional en un sentimiento que, por encima de
tímidos y nocivos eufemismos, Víctor Raúl Haya de la Torre definió así
en la entrevista que le concedió el 2 de octubre de 1977 a la Revista
Resumen de Caracas: "Los peruanos creen que el Corredor propuesto
establece ya una separación absoluta entre Perú y Chile al norte de
Arica y hay un remoto anhelo patriótico de recuperar Arica".

En éste, retrocediendo en el tiempo, el mismo problema que vio Tomás
Caivano en su Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y
Bolivia en la que relata que, después de las batallas de San Juan y
Miraflores y de la consiguiente ocupación de Lima, Chile hacía
circular noticias de una próxima invasión a Bolivia que no tenía otro
objeto que ejercer presión sobre ella, por medio del terror, para que
se prestara dócilmente a secundar sus planes.

Al recordar Caivano que, para realizar este propósito, se hacía saber
al general Campero, por conducto de agentes hábiles y discretos, que
estaba dispuesto a firmar la paz en condiciones ventajosísimas para
Bolivia siempre que las negociaciones se hicieran sin el concurso del
Perú, sin ocuparse de nuestro país para nada; destaca también Caivano
que "el general Campero, fiel a la alianza con el Perú y con
conocimiento perfecto de los verdaderos intereses de su patria,
rechazó estas insidiosas proposiciones alegando que Bolivia estaba
pronta a entrar en arreglos para la paz siempre que Chile tuviese
decidida intención de hacerlo de una manera justa y equitativa y con
el concurso de la nación aliada, con cuyo conocimiento debían
iniciarse y seguirse las negociaciones, única manera de poner término
efectivo a la guerra entre las tres repúblicas, beligerantes, pero
nunca escucharía la proposición ni aceptaría gestión alguna al
respecto sin la previa seguridad de que ellas se referían también al
Perú".

No pueden ser más reveladoras estas palabras de Caivano: "Chile no se
desalentó con esta digna contestación y ordenó a sus agentes secretos
que precisaran el pensamiento del gobierno haciendo al general Campero
la siguiente propuesta: "Si Bolivia rompe su alianza con el Perú y
aisladamente trata la paz con Chile, éste se compromete. Primero.- A
no exigir a Bolivia indemnización alguna por los gastos de guerra;
Segundo.- A cederle, en cambio del litoral del Atacama, las
importantes provincias peruanas de Tacna y Arica, y tal vez si la de
Moquegua; Tercero.- A construir, por su cuenta, un ferrocarril de
quinientas millas de largo que, partiendo de Iquique o Antofagasta
–territorios que ya consideraba chilenos-, se internaría hasta los más
importantes centros comerciales de Bolivia; y Cuarto.- A firmar un
tratado de alianza ofensiva y defensiva, o defensiva simplemente, a
elección de Bolivia, en la que probablemente tomaría parte otra fuerte
potencia continental: el Brasil, para que Bolivia no abrigara jamás el
temor de represalias del Perú".

Estas promesas "eran verdaderamente tentadoras" como dijo el general
Campero en nota confidencial al ministro de Relaciones Exteriores de
la República Argentina.

Al respeto anota Tomás Caivano estas elocuentes palabras: "La posesión
de Tacna y del magnífico puerto de Arica importaba para Bolivia la
conquista de la mejor, más fácil y más rápida salida hacia el mar, vía
indispensable para un país que, sin el litoral que Chile le había
arrebatado, quedaba encerrado, ahogándose entre los Andes, careciendo
de medios para exportar sin dependencia de los vecinos sus productos
naturales, era la adquisición de una vía útil, segura y libre de
trabas para su comercio de importación; significaba, en fin –con el
auxilio del ferrocarril proyectado por Chile- el renacimiento a una
vida próspera, social y económicamente.- Bolivia, en realidad hubiera
obtenido, como resultado de una guerra tan desastrosa para las
naciones aliadas y en la que ella había tomado una parte tan
insignificante como desgraciada, mayores y más ventajosos provechos
que los que habría podido alcanzar tras una serie de gloriosos
triunfos: en comparación con estas grandes y positivas ventajas, la
pérdida de Atacama hubiera carecido de importancia para ella. Más para
obtener estas ventajas –que, por otra parte, no dejaban de tener
graves y muy serios inconvenientes- era preciso, ante todo, traicionar
al Perú, a la república aliada que se vio envuelta en una guerra para
la que no había hecho preparativo alguno, sólo por culpa de Bolivia,
por haber acudido con hidalga presteza en auxilio de ésta a Santiago,
cuando Chile le hizo la primera ofensa…! Era necesario volver
cobardemente la espalda al aliado generoso y desgraciado, al que
bastaba declarar su neutralidad en la escandalosa guerra promovida por
Chile, para permanecer extraño al asunto, seguro, tranquilo y
acopiando elementos de defensa, por lo que resultar pudiera; y que
llamado, provocado, obligado a la lucha armada, por no haber querido
abandonar a su aliada a su propia suerte, sostuvo, soportó –sólo casi
siempre- todo el peso de la guerra, y no como quiera, sino hasta el
sacrificio, hasta verse aniquilado, exánime, sin fuerzas, olvidándose
hasta de sí mismo por cumplir su caballeroso deber…! Era
indispensable, en fin, después de haber traicionado al noble defensor,
dejándolo a merced del enemigo, en la última y tremenda hora, unirse,
aliarse y dividir con éste los despojos de aquél…!; ¡Los grandes
beneficios que en nombre de Chile se ofrecían a Bolivia serían, pues,
el precio de una doble e infame traición contra el Perú, contra el
nobilísimo aliado que todo lo sacrificó en defensa de aquella
república! Y el general Campero, sin vacilar un momento, sin tener en
cuenta otras razones que hubieran podido decidirle a aceptar las
tentadoras propuestas, respondió a ellas: ¡No!....

Páginas más adelante, después de narrar la forma en que Chile no se
engañó al poner en práctica esta política insidiosa y, de manera
especial, cuando pensó dividir a Bolivia en dos bandos, uno de los
cuales había de ser su mejor colaborador hasta que se firmó el Pacto
de Tregua de 1884, retoma Caivano el punto de las propuestas chilenas
a Bolivia respondiéndose a estas dos graves preguntas que, no por
planteadas en su libro citado en Torino el año 1882 en que vio en
italiano la primera luz, han dejado de seguir luciendo palpitante
actualidad:

"¿Eran sinceras las grandes promesas que, en nombre de Chile, se
hacían a Bolivia? ¿Podía Chile abrigar la intención sincera de dar
participación tan grande en los frutos de su victoria a uno de los
vencidos, cuya impotencia era tan manifiesta que ya no osaba intentar
la más leve resistencia?"

En verdad que a nadie es dado penetrar o adivinar las intenciones
reales de los demás, reconoce Caivano, pero, juzgando imparcialmente,
con criterio desapasionado, todo lo ocurrido hasta entonces, los
móviles de la guerra, la manera como ésta siguió, los medios que se
emplearon para obtener el triunfo y los frutos de éste, agrega el
autor, hay que declarar, de una manera fatal, que Chile no tuvo jamás
tales intenciones.

Estas son las palabras textuales de Caivano que, en opinión
irrebatible de Raúl Porras Barrenechea en sus Fuentes históricas
peruanas, representa en la historia de la guerra "la primera voz
generosa y leal para el Perú, llena de comprensión para su causa": "La
escandalosa monstruosidad del ensañamiento de Chile contra el Perú,
arrebatando a éste una vasta y rica zona de su territorio, para
obsequiar una parte de él a la infiel aliada –como precio de esta
misma infidelidad, de la ruptura con el noble país que la había
favorecido, de su nueva alianza con el enemigo, faltando a la fe
jurada- no podía tener sino una explicación racional: la de que Chile
se consideraba impotente para concluir ventajosamente –como la había
iniciado- la guerra contra la alianza Perú-boliviana, y que, por lo
mismo, para obtener cuando menos una parte de los frutos de sus
victorias, se veía en la necesidad de comprar, a un precio muy alto,
el favor –deshonroso para ambas- de la república, causa eficiente del
conflicto, y por lo cual, fiel a sus tradiciones, el Perú había ido a
la guerra".

Así lo había visto Mariano D. Muñoz quien, en carta a Zoilo Flores,
Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia en el
Perú, le expresó con fecha 21 de abril de 1879 sobre las tendencias
absorbentes del gobierno chileno con relación al litoral de sus
vecinos del norte: "Por marzo del 66, fue reconocido en La Paz el
señor don Aniceto Vergara Albano en su carácter de enviado
extraordinario y ministro plenipotenciario de Chile en Bolivia, con el
objeto de negociar y concluir la alianza ofrecida, y de reanudar las
conferencias pendientes sobre límites entre ambos países.-Llenado el
primer objeto, el plenipotenciario Vergara Albano y yo, en carácter de
secretario general de Estado y de ministro de Relaciones Exteriores,
procedimos a reabrir dichas conferencias. Agotadas las discusiones,
formulé las bases que, a juicio del gobierno de Bolivia, podrían
conciliar los intereses de ambas repúblicas, adoptando como punto de
partida la división del territorio disputado, en testimonio de
confraternidad, y como una transacción equitativa y amigable. Fue
durante esas conferencias que tuve ocasión de escuchar al
representante de Chile la proposición a que se refiere la carta que
contesto, esto es: "Que Bolivia consintiera en desprenderse de todo
derecho a la zona disputada desde el paralelo 25 hasta el Loa, o
cuando menos hasta Mejillones inclusive, bajo la formal promesa de que
Chile apoyaría a Bolivia del modo más eficaz para la ocupación armada
del litoral peruano hasta el morro de Sama, en compensación del que
cedería a Chile, en razón de que la única salida natural que Bolivia
tenía al Pacífico, era el puerto de Arica".- No bastó el rechazo leal
y franco que Vergara Albano escuchó de parte de Melgarejo y de la mía,
para que el gobierno chileno hubiera podido desistir de sus tendencias
absorbentes y de sus propósitos esencialmente usurpadores; pues
hallándome en misión especial en Santiago en los días anteriores a la
conclusión definitiva del tratado de límites, suscrito allí el 10 de
agosto del 66 por los plenipotenciarios don Alvaro Covarrubias, por
parte de Chile y don Juan Ramón Muñoz Cabrera por la de Bolivia, el
señor Covarrubias insistió con empeño en la demarcación y cambio de
litorales que me propuso Vergara Albano, y no fue sino también otras
muchas personas notables de aquella capital que nos sugerían la misma
idea a Muñoz Cabrera y a mí, bajo razonamientos distintos, pero todos
en el sentido de persuadirnos de que Chile abogaba a favor de Bolivia
y se proponía únicamente el equilibrio de los Estados del Pacífico y
la rectificación más natural en los límites de los tres países".

No sólo Mariano D. Muñoz ofreció este testimonio desaprensivo y
descalificador, en coincidencia con el testimonio del general Quintín
Quevedo quien, al condicionarle su apoyo el presidente de Chile,
Federico Errázuriz a la cesión de una parte del litoral reconocido
como integrante de Bolivia a cambio de ayudarlo con todo el poder de
Chile en la adquisición del litoral de Arica e Iquique, calificó de
torpe la propuesta y "antes de consentir en la infamia que se le
proponía" según documento firmado por Juan L. Muñoz inserto como
apéndice No. 2 en la p. 185 y sig. del Tomo III de la Narración
histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia de Mariano
Felipe Paz Soldán, resolvió suspender la expedición –mientras el
presidente de Chile no retirara su proposición que la dejó sin efecto
por intermedio de Nicomedes Ossa- que organizó en Valparaíso, con el
apoyo más decidido del intendente Francisco Echaurren, para ocupar el
litoral boliviano por agosto de 1872.

Así lo había visto también Zoilo Flores quien, como ministro
plenipotenciario de Bolivia en Lima, le expresó a Manuel Irigoyen,
ministro de Relaciones Exteriores del Perú, por nota fechada el 22 de
abril de 1879: "He tenido el honor de recibir el respetable oficio de
v.e., fecha 11 del corriente, en el que, refiriéndose a las
conferencias que hemos tenido sobre los pasos e insinuaciones del
gobierno de Chile para que Bolivia arrebate al Perú la provincia
litoral de Tarapacá y el departamento de Moquegua, anexándose Chile el
litoral de Bolivia, se sirve v.e. pedirme le transmita todos los datos
que poseyere sobre el particular.- En contestación, v.e., se servirá
encontrar adjuntas dos cartas de los señores doctor don Mariano Donato
Muñoz y coronel Juan L. Muñoz, personas caracterizadas y actores
principales de los sucesos que han dado lugar a una de las
innumerables manifestaciones de aquellos propósitos, y cuyos asertos
revisten todos los caracteres de la evidencia.- Además del testimonio
de dichos señores, que contiene ya la fórmula de ese pensamiento, que
constituye una aspiración y el tema obligado de una perseverante
propaganda para todo chileno de alguna ilustración, no es aventurado
asegurar que serán muy raros los casos en que los bolivianos de alguna
posición social no hayan escuchado, en el cambio de ideas con los
nacionales de Chile, la misma proposición insidiosa, siempre
engalanada con el brillo seductor de la conveniencia para Bolivia y
con la necesidad de rectificar el error en que incurrió Bolívar al
hacer la demarcación asignada a aquel estado".

"Esta, repetimos, prosigue Caivano, hubiera sido la única explicación
racional y lógica de la conducta de Chile, pero sería caer en un
absurdo suponerlo así, el de que Chile, que en 1879 sin vacilar,
retaba al Perú y a Bolivia a la guerra, habiendo obtenido triunfos que
reducían a la impotencia a estas dos repúblicas, tuviese tanto miedo
que se viera obligado a descender a subasta tan triste y vergonzosa.
No debe desconocerse, ni menos olvidarse, que Chile, para ahorrar
nuevas fatigas y evitar los peligros eventuales de una campaña contra
Arequipa, o de una interminable prolongación del estado de cosas
creado por las victorias de San Juan y Miraflores, o digámoslo de una
vez, para disipar el temor de otras guerras en un porvenir más o menos
lejano, trataba de separar a Bolivia del Perú, desde el principio de
la campaña; pero no creemos que quisiera hacerlo a costa de un
sacrificio tan grande, que más tarde podía serle perjudicial, y que de
todas maneras habría ofuscado el brillo de sus victorias, colocándolo,
además, en una situación ridícula respecto de Bolivia, tanto como
aquél que retando a otro a singular combate, se viera repentinamente
sobrecogido de terror, e hiciera por su enemigo lo que éste no se
hubiera atrevido a pensar ni hacer por sí y para sí mismo.- Chile
cumplirá sus promesas; arrebatará al Perú, además de Tarapacá, las
provincias de Tacna y Arica –decían en Bolivia los adversarios del
gobierno- porque necesitaba colocarnos a la vanguardia de su
conquista, para tener la convicción de que nuestro país no volverá a
combatir jamás al lado del Perú y contra él; porque, para asegurar la
conquista de Tarapacá, le es indispensable tener en los confines de
ésta una potencia enemiga del Perú interesada en impedir a éste que
recupere todos sus antiguos territorios. O, en otros términos: a Chile
conviene proceder lealmente con nosotros para crear un abismo
insalvable de odios y de rencores entre el Perú y Bolivia, abismo que
haga imposible todo acercamiento posterior entre ambas naciones, para
captarse, por cuenta propia, la amistad, la gratitud y las simpatías
de los bolivianos y para garantizar la conquista de Tarapacá,
poniéndola bajo la salvaguardia y aún bajo la protección de Bolivia,
país con el que el Perú tendría que luchar primero, el día que desee
recuperar sus territorios conquistados".

Así lo había visto igualmente Aniceto Arce (vicepresidente de Bolivia)
cuando, desde Sucre, le escribió al doctor Pol el 5 de marzo de 1881:
"La única tabla de salvación para Bolivia es la necesidad en que se
encuentra Chile de ponerla a su vanguardia para asegurar su
conquista".

Al llegar a este punto creo haberme aproximado al meollo del problema
creado por el ministro de Relaciones Exteriores al firmar con el
canciller de Chile el Acta del 29 de noviembre de 1985 con
inadvertencia de que en ella desconoce los derechos de la Nación en
Arica y que, por ser éstos "derechos de soberanía constituida", tales
derechos se encuentran en el centro del dominio inviolable del Estado.

Sobre esta base, que reposa tanto en la doctrina que sustenta Víctor
Andrés Belaunde en La Constitución Inicial del Perú ante el Derecho
Internacional cuanto en el ejercicio del "patriotismo funcional" que
Belaunde vincula a quienes estudian la historia y la jurisprudencia
para defender los citados derechos de la Nación, me formulo las
siguientes interrogantes:

1) ¿Es posible que el ministro de Relaciones Exteriores asuma
convencionalmente obligaciones contrarias a las prescripciones del
Tratado Rada y Gamio-Figueroa Larraín de 3 de junio de 1929 y su
Protocolo Complementario que fueron aprobados por los Congresos del
Perú y Chile y ratificados por los gobiernos de ambos países?
2) ¿Pueden prevalecer los Acuerdos que contiene el Acta suscrita en
Lima el 29 de noviembre de 1985 por los cancilleres del Perú y Chile
sobre los artículos que son incompatibles con tales Acuerdos del
Tratado de 3 de junio de 1929 y su Protocolo Complementario o tal
prevalencia la impiden los artículos 87 y 101 de la vigente
Constitución Política del Perú que consagra la preeminencia de los
Tratados internacionales celebrados por el Perú con otros Estados que
no afectan ninguna disposición constitucional y la prevalencia de la
Constitución sobre toda otra norma legal así como la de la ley sobre
toda otra norma de categoría inferior?
3) ¿Pueden reputarse válidos tales Acuerdos sin que el Acta de 29 de
noviembre de 1985 que los contiene sea remitida al Congreso de la
República para los efectos de la atribución que a éste le confieren
los Artículos 102, 103 y 306 del texto jurídico supremo de la Nación,
sin previamente denunciar el Tratado del 3 de junio de 1929 y su
Protocolo Complementario atendiendo a que todo Tratado Internacional
debe ser aprobado por el Congreso antes de su ratificación por el
presidente de la República; que, cuando un Tratado Internacional
contiene una estipulación que afecta una disposición constitucional,
debe ser aprobado por el mismo procedimiento que rige la reforma de la
Constitución, antes de ser ratificado por el presidente de la
República; y, por último, que toda reforma constitucional debe ser
aprobada en una primera legislatura ordinaria y ratificada en otra
primera legislatura ordinaria consecutiva?
4) ¿Sería aceptable para la conciencia jurídica de la Nación que, para
evadir el ejercicio del Congreso Nacional de la atribución de aprobar
o no los Tratados o Convenios Internacionales que le confiere el
inciso tercero del Artículo 186 de la Constitución y para soslayar el
hecho que cualquiera que fuere la denominación que se le diera al
instrumento no afectaría su fuerza vinculatoria entre los Estados
pactantes, se adujera que el Acta Wagner-Del Valle del 29 de noviembre
de 1985 no es ningún Tratado ni Convenio sino un acuerdo, pacto,
protocolo, convención o "acta" según la etiqueta que se le ha puesto?
5) La sustitución de las obligaciones pactadas en el Tratado Rada y
Gamio-Figueroa Larraín, por el Acta suscrita el 29 de noviembre de
1985, más lesiva que el Protocolo Polo-Rivas Vicuña del 17 de marzo de
1934, en que lo reitera y lo amplía, no obstante que dicho Protocolo
fue rechazado por el Congreso Constituyente y mereció pronunciamiento
adverso del Consejo Consultivo de Relaciones Exteriores por lo que fue
retirado del Congreso por el Poder Ejecutivo de acuerdo con el Consejo
de Ministros, podría considerarse comprendida entre las materias de
"exclusiva competencia" del presidente de la República que, según el
Artículo 104 de la Constitución, puede celebrar o ratificar convenios
internacionales o adherir a ellos "sin el requisito previo de la
aprobación del Congreso", ¿o tal numeral está limitado a asuntos de
naturaleza puramente administrativa que no puede comprender decisiones
referidas a fronteras y límites, a cuestiones de soberanía y
jurisdicción sobre el inviolable territorio de la República, a
declaratorias de guerra o concertaciones de paz, etc., para los que la
aprobación o autorización del Congreso es ineludible conforme a la
Constitución?
6) ¿Podría aceptarse que, como una forma indirecta o tangencial de
impedir que recuperen todo su vigor las estipulaciones del Tratado del
3 de junio de 1929 y su Protocolo Complementario de la misma fecha, se
prescindiera de la aprobación o rechazo por el Congreso Nacional del
Acta Wagner-Del Valle del 29 de noviembre de 1985 aduciéndose que, en
la estructura del Estado, es competencia del Poder Ejecutivo
establecer si la materia sobre la que incide un Convenio Internacional
con un Estado extranjero compromete o no los deberes primordiales del
Estado que son, conforme a lo dispuesto por los Artículos 80 y 275 de
la Constitución Política del Perú concordantes con el inciso 2do de su
Art. 186 y con el inciso 1ro de su Art. 211, defender la soberanía
nacional y la integridad territorial de la República?
7) Al tiempo que, en armonía con las Resoluciones Supremas No. 0027,
0028 y 0029-RE. Aparecidas en las Separatas del diario oficial El
Peruano de 22 de enero de 1987, se remiten al Congreso de la República
para los efectos de la atribución que le confieren los Artículos 102 y
186 (inc. 3ro) de la Constitución, un Convenio Cultural entre el Perú
y la República de Corea, una Convención Interamericana sobre Arbitraje
Comercial Internacional con Panamá y una tercera con Egipto sobre
Cooperación Técnica y Científica; ¿sería admisible no seguir el mismo
trámite con el Acta de los Cancilleres del Perú y Chile de 29 de
noviembre de 1985 a pesar de que por ésta el Perú renuncia a los
derechos de soberanía compartida que tiene con Chile en Arica y
únicamente conserve por el momento el derecho de veto que establece el
Artículo Primero del Protocolo Complementario del Tratado de 1929
respecto a la cesión de una tercera potencia de la totalidad o parte
de los territorios sobre los que versa el Tratado?
8) Sería inopinado que, sin apartarse del conocido pre-requisito del
compromiso diplomático de no colocarse nunca en una posición de la que
no se pueda regresar sin pérdida de prestigio ni en aquella de la que
no se pueda avanzar sin grandes riesgos, al ejercer la atribución de
aprobar los Tratados o Convenios Internacionales de conformidad con la
Constitución, vale decir respetando la prerrogativa del presidente de
la República de dirigir la política exterior: ¿el Congreso Nacional le
recomiende al Poder Ejecutivo que, a través del ministerio del ramo,
estudie la conveniencia de que el Perú proclame que constituye interés
esencial de nuestra patria recobrar Arica por medios pacíficos, darle
salida al mar a Bolivia al sur de ésta y, en obsequio de la paz de
América, interponer el Corredor Boliviano entre el territorio peruano
y el chileno no junto a la línea de La Concordia sino al sur de Arica,
como es el justo anhelo de las gallardas juventudes bolivianas que
viajaron al puerto de Antofagasta a expresarle al Papa Juan Pablo II,
el lunes 6 de abril de 1987, la indeclinable decisión de su pueblo de
reivindicar la soberanía boliviana en dicho territorio cautivo?

Para quienes tenemos la convicción, desde antiguo proclamada, de que
afirmar la soberanía del Derecho en el Estado constituye la mejor
política del poder, es verdad axiomática que, desde el momento en que
se reconoce que toda la actividad estatal ha de transcurrir en forma
jurídica y que el Derecho no es el fin pero sí la forma del Estado,
las decisiones de éste no pueden faltar a las condiciones de forma o
de fondo que exige para su validez el complejo normativo en el que,
por estar situado en el escalón más alto, prevalecen sobre el de la
mera legalidad y se llama "superlegalidad" u ordenamiento
constitucional.

Respecto a éste, que no se puede quebrantar sin desgarrar
políticamente a la Nación, como se la desgarraría brutalmente si –por
la propensión a aceptar en el Perú la imposición del criterio
forastero- se evadiera el trámite constitucional para satisfacer
inadvertidamente las ambiciones de Bolivia sobre Arica que Chile supo
alimentar desde que Diego Portales arremetió hace 150 años contra la
Confederación, adquieren singular actualidad las palabras que, en su
elevada calidad de presidente de la Asamblea Constituyente, pronunció
Víctor Raúl Haya de la Torre al declararla solemnemente instalada el
28 de julio de 1978: "Esta Asamblea encarna el poder constituyente y
el poder constituyente es la expresión suprema del poder del pueblo.
Como tal, no admite condicionamientos, limitaciones ni parámetros.
Ningún dictado extraño a su seno puede recortar sus potestades. Cuando
el pueblo se reúne en Asamblea Constituyente, que es el primer Poder
del Estado, vuelve al origen de su ser político y es dueño de
organizarse con la más irrestricta libertad, nadie puede fijarle
temas, ni actitudes como no sean sus propios integrantes por la
expresión democrática del voto. No reconoce poderes por encima de ella
misma porque es fruto, indiscutido y legítimo, de la soberanía
popular".

Me pregunto si, al impugnar el Acta Wagner-Del Valle del 29 de
noviembre de 1985, he defendido la soberanía e integridad territorial
de la República y cumplido el imperativo deber constitucional de
honrar al Perú y de resguardar y proteger los intereses nacionales; o
si, por el contrario, al haber sostenido que el Acta del 29 de
noviembre de 1985 es un instrumento que no sólo desconoce
fundamentales e irrenunciables derechos del Perú en Arica sino que se
halla en abierta colisión con el Tratado de junio de 1929, he
agraviado al señor ministro de Relaciones Exteriores del Perú puesto
que ello importa considerar que no procedió en el cumplimiento de sus
deberes de función, que obró negligentemente sin darse cuenta o sin
tener en cuenta las consecuencias de su acto y que no hizo uso de las
precauciones impuestas por las circunstancias y por su situación
personal?

Sostengo rotundamente que obré en interés de la causa pública y que no
me excedí al afirmar que el Acta del 29 de noviembre de 1985
contradice, rebasa y viola el Tratado del 3 de junio de 1929 que, de
modo indubitable, en cuanto a Chile, consagra una limitación de su
soberanía territorial en Arica en favor del Perú expresada tanto por
el "previo acuerdo entre ambos países", que extinguió toda posibilidad
de traspaso de Arica a Bolivia, cuanto por los derechos más amplios de
servidumbre a perpetuidad reconocidos a nuestro país "sobre los
Canales del Uchusuma y del Mauri"; sobre el territorio por el que
corre la línea del Ferrocarril de Tacna a Arica; sobre el Puerto que
"consistirán en el más absoluto libre tránsito de personas,
mercaderías y armamentos al territorio peruano y desde éste a través
del territorio chileno"; sobre el Malecón de Atraque, el edificio para
la Agencia Aduanera y la Estación Terminal para el Ferrocarril a
Tacna, "establecimientos y zonas donde el comercio en tránsito del
Perú gozará de la independencia propia del más amplio puerto libre".

Ello quedará patentizado por el tenor mismo del Acta del 29 de
noviembre de 1985 que, abandonando los derechos específicos que el
Perú tiene en Arica conforme al Tratado del 3 de junio de 1929 y
alterando lesivamente su "status jurídico", transcribo a continuación
como dolorosa primicia: no puede olvidar ningún ciudadano que las
atribuciones de un ministro de Relaciones Exteriores de una nación
soberana son tan elevadas y tan graves como sus correspondientes
responsabilidades.

Monday, March 05, 2007

Convención del Mar mutilará soberanía

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
2-3-2004

Convención del Mar mutilará soberanía

En su magnífico y peruanista libro, Una difícil vecindad, Alfonso
Benavides Correa anota lo siguiente:

"De adherirse el Perú a la Convención del Mar de las Naciones Unidas
sobre Derecho del Mar, adhesión que empeñosamente persiguen quienes,
de esta manera, con la mejor buena fe, consideran equívocamente que
cumplen el deber de resguardar y proteger los intereses nacionales:

1) El Perú reduciría la anchura de su mar territorial de 200 millas
marinas a 12 y, en estas 12 millas, su soberanía tampoco sería
absoluta pues ella tendría que ejercerla con arreglo a la Convención y
otras normas de derecho internacional (Art. 2, inc. e y Art. 3).
2) El Perú convertiría las 188 millas de su mutilado dominio marítimo
uninacional en un condominio marítimo multinacional maliciosamente
llamado "Zona Económicamente Exclusiva" sujeta a un régimen en el cual
las disposiciones de la Convención, no de la ley peruana, regirían los
derechos y obligaciones del Estado ribereño, vale decir del Perú y de
los demás Estados (Art. 58).
3) El Perú vería gravemente amenazados los intereses de la Defensa
Nacional no sólo en un caso de ataque o de una invasión armada por mar
o aire sino por espionaje o actos de merodeo.
4) El Perú mutilaría igualmente el espacio aéreo que cubre actualmente
su dominio marítimo de 200 millas, espacio aéreo en el que, conforme a
la Convención de París de 1919, toda potencia tiene soberanía plena y
exclusiva.
5) El Perú no podría adherirse con "reservas" a la Convención por que
ésta impide las reservas y las excepciones (Art. 309).
6) El Perú, de adherirse a la Convención, no podría proponer enmiendas
a ella por que, para su simple admisión a debate, exige que la mitad
de los Estados partes, respondan favorablemente a la solicitud
modificatoria y, en caso de enmienda simplificada, sin convocatoria a
Conferencia, basta que un Estado se oponga para que el pedido de
enmienda sea automáticamente rechazado (Art. 312, inc. 1 y art 313,
inc. 3).
7) El Perú no podría, de adherirse a la Convención, reivindicar los
derechos que hubiere renunciado por la adhesión ya que la Convención
franquea su denuncia pero establece que ningún Estado quedará
dispensado por causa de la denuncia de las obligaciones financieras y
contractuales contraídas mientras era Parte de la Convención ni la
denuncia afectará a ningún derecho, obligación o situación jurídica
creados para la ejecución de la Convención (Art. 317, inc. 2).

No sería todo.

De adherirse a la Convención sobre Derecho del Mar también sufriría
Perú la imposición de las servidumbres que, bajo la denominación de
"libre tránsito", establecen los artículos 69 y 125.

No puede pasar inadvertido que el artículo 69 de la Convención
consagra el "Derecho de los Estados sin Litoral" a participar en la
explotación de una parte apropiada excedente de recursos vivos de las
sarcásticamente llamadas "Zonas Económicas Exclusivas" de los Estados
ribereños de la misma subregión o región. Menos aún puede el Perú
dejar de percatarse que el artículo 125 de la Convención consagra
igualmente tanto el "derecho de acceso al mar y desde el mar" cuanto
el derecho a la "libertad de tránsito" en beneficio de los Estados sin
litoral.

Esto significaría que, en adición al debilitamiento de la posición del
Perú en su desinteligencia con Chile en el asunto de la delimitación
de su frontera marítima que surge de la peculiar conformación
geográfica de las costas de ambos países y del punto de vista
discordante que tienen para fijar la línea imaginaria de 200 millas de
mar territorial; mediante la anticonstitucional adhesión del Perú a la
Convención sobre Derecho del Mar, Bolivia, Estado sin litoral, tendría
el "derecho de acceso al mar y desde el mar para ejercer los derechos
que se estipulan en esta Convención, incluidos los relacionados con la
libertad de la alta mar"; y, "para este fin", Bolivia gozaría en el
Perú "de libertad de tránsito a través del territorio por todos los
medios de transporte".

¿Sería suficiente para la seguridad militar del Perú el que el párrafo
tercero del artículo 125 de la Convención disponga que "los Estados de
tránsito en el ejercicio de su plena soberanía sobre su territorio
tendrán derecho a tomar todas las medidas necesarias para asegurar que
los derechos y facilidades estipulados en esta parte para los Estados
sin litoral no lesionan en forma alguna sus intereses legítimos"?.

¿Quedarían asegurados los territorios de Tacna, Moquegua, Arequipa,
Madre de Dios, Cusco y Puno de imponérseles el complejo de servidumbre
que conllevaría la adhesión del Perú a la Convención sobre Derecho del
Mar?

El Perú no debe ni correr este peligro inmenso ni convenir en la
mutilación de su "mar territorial".

Ni "Milla 13" ni manojo de servidumbres con riesgos separatistas: su
"línea de respeto" debe ser, sagrada e invariable, la "Milla 200".

Por lo dicho el Perú no debe adherirse ni a la Convención sobre
Derecho del Mar ni, haciendo viable el ya descubierto plan
chileno-boliviano que se visualizó en 1895, aceptar que la solución
del problema portuario de Bolivia se encuentra en Arica.

El territorio ariqueño, para el Perú, no puede ser, ni hoy ni mañana,
una esperanza de solución del problema chileno-boliviano, que no es
asunto trilateral sino bilateral.

Chile se luce muy generoso con el territorio de Arica, que fue
exclusivamente peruano hasta el 3 de junio de 1929 en que el Perú se
la cedió a Chile con reservas de dominio, pero se cuida de no hacerle
ningún ofrecimiento por los territorios que a Bolivia le pertenecieron
hasta el 20 de octubre de 1904 en que, de sur a norte, Bolivia tuvo
como puertos propios Antofagasta, Mejillones, Cobija y Tocopilla.

Chile no le ofrece a Bolivia ninguno de estos puertos porque, desde
1879, le ofreció Tacna y Arica a Bolivia, o únicamente Arica, o una
fracción de Arica, que no pertenecían a Bolivia sino al Perú que se
proyectaba desmembrar, como canje por Atacama que Chile le sustrajo a
Bolivia y cómo póliza de seguro de Tarapacá que Chile le arrebató al
Perú". pp. 179-183 op. cit.
………………….
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Friday, March 02, 2007

=?WINDOWS-1252?Q?Convenci=F3n_del_Mar, _Art=EDcu?= lo 54 y referéndum popular

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
28-9-2004

Columnista invitado: Alfonso Benavides Correa

Convención del Mar, Artículo 54 y referéndum popular
por Alfonso Benavides Correa

"En el futuro, será el mar de las grandes decisiones, de los retos y
las replicas, el tablado para un acto más del drama eviterno de la
disconforme y angustiada humanidad. Y frente a ese mar, con una costa
de 2,000 kilómetros de agua propia, soberana, territoriales de 200
millas, para las que no admite concesiones, recortes ni
arbitrariedades, esta el Perú: País miembro, por lo tanto, de la gran
comunidad de naciones del Pacífico, compartiendo derechos y
responsabilidades, beneficiándose con las ventajas de su privilegiada
posición y aceptando al mismo tiempo el desafío o la amenaza de
permanentes peligros. Y al Sur del Perú – no está demás recordarlo,
aunque parezca innecesario – está Chile".
Hermann Buse de la Guerra
Perú – Chile
Discordia en el Pacífico


Quienes propugnan la inconstitucional y claudicante adhesión del Perú
a la Convención del Mar sostienen, con error manifiesto, que el
Decreto Supremo por el que, el 1 de agosto de 1947, el presidente de
la República doctor José Luis Bustamante y Rivero proclamó la
Soberanía del Estado y la Jurisdicción Nacional sobre el mar adyacente
a las costas del territorio nacional en una zona comprendida entre
esas costas y una línea imaginaria paralela a ellas y trazada sobre el
mar a una distancia de doscientas millas marinas, no constituyó una
proclamación de mar territorial porque no contuvo esta expresión.

En su Historia de las 200 millas de mar territorial anota Andrés
Aramburú Menchaca que "Proclamar la Soberanía del Estado sobre el
territorio, un grupo de población, una zona aérea o marítima significa
declarar que la acción jurisdiccional o de control, que va a seguir a
esa declaración, no procede de una autoridad extraña al Estado
declarante, sino que brota de la propia actividad de su voluntad
jurídica. El concepto de soberanía indica, por lo tanto, el origen o
fuente de donde surge la competencia o autoridad para ejercitar actos
de control o jurisdicción sobre algo. La jurisdicción es el derecho
que asiste al Estado para regular, por medio de normas obligatorias,
tanto el ejercicio de la autoridad estatal como la actividad de los
individuos que se hallan dentro del territorio nacional. Tal facultad
comprende, además, la de crear Tribunales para juzgar infracciones al
ordenamiento jurídico y la de poner la fuerza pública al servicio de
las decisiones de la Autoridad. El concepto anterior nos permite
apreciar que, en toda jurisdicción, se manifiesta una soberanía
estatal. Puede decirse que la jurisdicción es la soberanía en actos; y
que, al contrario, la soberanía no es sino la jurisdicción en
potencia. Jurídicamente no cabe jurisdicción sino allí donde se ejerce
soberanía y la soberanía no puede ser ejercida sino en el área de
dominio del Estado o sea en su territorio y sus aguas territoriales".

El histórico Acto Declarativo del Perú en 1947 fue por esta razón
objeto de observaciones y reservas de parte de Gran Bretaña y Estados
Unidos de América en razón de que "Los derechos declarados excederían
las líneas generalmente aceptadas para las Aguas Territoriales".

Con referencia a las reservas formuladas por Gran Bretaña refiérese el
doctor Enrique García Sayán en sus "Notas sobre la Soberanía Marítima
del Perú", a los actos en virtud de los cuales proclamó su derecho a
las minas de carbón debajo del mar inglés, a las pesquerías
sedentarias de perlas en torno de Ceylán, a los bancos de ostras en
torno a Irlanda y a otros recursos del suelo submarino situado mas
allá de las tres millas. El doctor García Sayán, quien como Ministro
de Relaciones Exteriores refrendó el Decreto del Presidente Bustamante
y Rivero, también hizo notar que, como consecuencia de estos
desarrollos, la idea de la libertad de los mares, pese a su
reiteración en la Carta del Atlántico, había perdido el carácter
absoluto y hasta "tiránico" que le imprimieron, como lo apunta Gilbert
Gidel en "La Plataforma Continental ante el Derecho", las grandes
potencias marítimas a partir del siglo pasado. La idea, por lo demás,
continúa García Sayán no subsiste en toda su plenitud ni siquiera
referida a la libre navegación. Y ello no por efecto de las
proclamaciones, en todas las cuales se le rinde tributo, sino por
acción proveniente de la mayor potencia marítima contemporánea:
Estados Unidos de América. Las "Zonas de Peligro" creadas por los
Estados Unidos en torno a las islas del Pacífico en las que realiza
explosiones nucleares experimentales importan una restricción, y de
las mas serias que es dable imaginar, al pasaje inocente.

Cercana, estrecha y fundamental relación con las 200 millas con
jurisdicción y soberanía en el mar fue el affaire Onassis que con
repercusiones mundiales, hizo acreedora a la posición peruana de
evidente respetabilidad internacional.

En efecto. El 4 de agosto de 1954 Aristóteles Onassis envió una flota
ballenera desde Alemania, con el propósito explícito de desafiar la
posición peruana sobre el límite. Ante el embarazoso desafío público
de Onassis, el Perú solicitó a Panamá, en cuya matrícula estaba
registrada la flota, que informase a los navíos de Onassis acerca de
los reglamentos peruanos y les pidiese que se abstuvieran de capturar
ballenas sin obtener previamente los permisos pertinentes. Panamá
rehusó. La flota salió de Panamá con destino al Perú el 25 de agosto
de 1954. El 13 de noviembre un vocero de Onassis en Hamburgo anunció
que la flota había realizado sus objetivos "dentro de la zona de 200
millas reclamadas por Perú a pesar de los anuncios de que sería
capturada". Dos días después, la Armada Peruana capturó dos balleneros
de Onassis y, de ese modo según Daniel A. Sharp en "Estados Unidos y
la Revolución Peruana" evitó la humillación internacional y las
posibles consecuencias políticas. Pocos días después fueron capturados
otros tres barcos incluido la nave factoría denominada irónicamente
"Olimpic Challenger" (El Retador del Olimpo). La expedición asegurada
por el Lloyd de Londrés contra el riesgo de apoderamiento más allá de
las 3 millas, fue multada en la suma de US$.3'000,000.00 por el
Capitán de Puerto de Paita.

Con el pago por el Lloyd de Londrés – que cubrió el riesgo de
incautación de las naves de Onassis de la citada multa de
US$.3'000,000.00 impuesta en el fallo que pronunció el 26 de noviembre
de 1956 por el capitán del puerto de Paita a los capitanes de las 5
naves capturadas, quedo formalmente cerrado el caso Onassis al que,
poco después, sucedieron los incidentes con los "Tuna Clippers"
norteamericanos: el buque factoría "Tony Bay" y el pesquero "Wester
Clipper" pertenecientes a la "Trans - Pacific and Packing Co.". La
protesta de los Estados Unidos fue considerada improcedente por la
Cancillería peruana por haber reconocido los propios interesados, o
sea los capitanes de los barcos infractores, la jurisdicción y
soberanía del Perú al pagar, sin reservas, la multa que les fue
impuesta. No obstante ellos, a despecho de la advertencia implícita en
las sanciones impuesta a la flota ballenera de Onassis en noviembre y
a los "Tuna Clippers" norteamericanos en enero, la presencia de toda
una expedición de "Tuna Clippers" norteamericanos fue advertida a
mediados de febrero ejercitando actividades pesqueras sin licencia de
la autoridad peruana, en la zona norte del litoral, a pocas millas de
Máncora. Recuerda el mismo García Sayán que, destacadas nuevamente
unidades de nuestra Armada, capturaron estas el 18 de febrero hasta 8
pesqueros, entre ellos el buque madrina ""Alaska Reefer" de 860
toneladas al tiempo que otras 4 embarcaciones que integraban la flota,
procedente de puertos de la costa oriental de los Estados Unidos
habían logrado evadir la persecución de los destroyers peruanos.

Es importante destacar que, como muy bien lo expresó el distinguido
Canciller del doctor Bustamante y Rivero, "Las sanciones consistentes
en las multas de US$3'000,000.00 y de US$.5,000.00 impuestas
respectivamente, en el caso de las naves de Onassis y en el de los
"Tuna –Clippers" apresados en el Callao, SE BASAN EN DISPOSICIONES
LEGALES INTERNAS CONCERNIENTES AL MAR TERRITORIAL que,
automáticamente, se hicieron aplicables HASTA LA EXTENSION DE 200
MILLAS, a partir del Decreto de 1947 que el Fallo de la Autoridad
Naval del Puerto de Paita menciona".

Entretanto, el 18 de agosto de 1952, Chile, Ecuador y Perú recusaron
en histórico acuerdo trinacional "La antigua extensión del mar
territorial" y no solamente proclaman "Como norma de su política
internacional marítima la soberanía y jurisdicción exclusivas que a
cada uno de ellos corresponde sobre el mar que baña las costas de sus
respectivos países, hasta una distancia mínima de 200 millas marinas
desde las referidas costas" sino que "La jurisdicción y soberanía
exclusivas sobre la zona marítima indicada, incluye también la
soberanía y jurisdicción exclusiva sobre el suelo y subsuelo que a
ella corresponde. Como opina René Boggio en su "Derecho Internacional
Público" dado que la declaración mereció la aprobación legislativa de
los 3 países "...... La Declaración constituye a nivel interno una
norma de la mas alta jerarquía y a nivel externo un Tratado
Multilateral subregional, obligatorio para los 3 estados signatarios.

Con el vigoroso impulso nacionalista del Gobierno Revolucionario de la
Fuerza Armada durante la gestión presidencial del General Juan Velasco
Alvarado y su Ministro de Relaciones Exteriores Edgardo Mercado Jarrín
se llego a la Constitución de 1979 que, en sus artículos 97, 98 y 99
anticiparon gallardamente el artículo 54º de la Constitución de 1993
que consagra el dominio marítimo del Estado y el espacio aéreo que lo
cubre como partes del territorio del Estado que reputa "Inalienable e
inviolable" y que, por lo tanto, es pétreo, intangible o
inmodificable.

Fue esta la razón por la que el 30 de abril de 1982 la delegación
peruana ante la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Derecho del Mar votó a favor del Proyecto de Convención pero al
hacerlo, ATENDIENDO A QUE LA CONVENCION ES INCOMPATIBLE CON LA
CONSTITUCION DEL PERU PORQUE UNICAMENTE RECONOCE UN MAR TERRITORIAL DE
12 MILLAS, efectúo una elocuente declaración expresando que:
"COMO EL PROYECTO DE CONVENCION, EN LAS PARTES RELATIVAS AL MAR
TERRITORIAL Y A LA ZONA ECONOMICA EXCLUSIVA Y SU RELACION CON EL
ESPACIO AEREO CONTIENE CLAUSULAS QUE AFECTAN DISPOSICIONES DE CIERTAS
LEYES Y DE LA CONSTITUCION DEL PERU, al votar a favor del Proyecto de
Convención, la Delegación deja constancia de que lo hace ad referéndum
y bajo la condición de que el conflicto entre esas cláusulas y
disposiciones pueda ser resuelto de conformidad con los procedimientos
previstos en la propia Constitución Política del Estado Peruano".

¿Cuál es el procedimiento previsto en la Constitución para resolver el
conflicto?.

Aunque opinen lo contrario los agentes mercenarios al servicio de
poderes extranjeros, proceder como ordena el Artículo 57º de la
Constitución en su parágrafo 2: "CUANDO EL TRATADO AFECTE
DISPOSICIONES CONSTITUCIONALES DEBE SER APROBADO POR EL MISMO
PROCEDIMIENTO QUE RIGE LA REFORMA DE LA CONSTITUCION ANTES DE SER
RATIFICADO POR EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA".

¿Qué dice el Artículo 206º de la Constitución al que se remite el
acotado Artículo 57º?: "TODA REFORMA CONSTITUCIONAL DEBE SER APROBADA
POR EL CONGRESO CON MAYORIA ABSOLUTA DEL NUMERO LEGAL DE SUS MIEMBROS
Y RATIFICADA MEDIANTE REFERENDUM".

En el invocado Texto Jurídico Supremo de la Nación, son de recordarse,
especialmente, los artículos 102º (Inciso 2) y 118º (Inciso 15) que a
la letra dicen:

Art. 118.- Corresponde al Presidente de la República:
15.- Adoptar las medidas necesarias para la defensa de la República,
de la integridad del territorio y de la soberanía del Estado

Art. 102.- Son atribuciones del Congreso:
2. Velar por el respeto de la Constitución y de las Leyes y disponer
lo conveniente para hacer efectiva la responsabilidad de los
infractores.

El Congreso de la República no puede acceder a la inconstitucional
petición del Poder Ejecutivo de adherir al Perú a la Convención del
Mar haciendo escarnio del Artículo 54º de la Constitución. El Congreso
debe tener presente que ninguno de los Poderes del Estado puede
celebrar pacto que se oponga a la soberanía, integridad e
independencia de la Nación.

Porque no podemos olvidar jamás que, como señaló el inolvidable
internacionalista peruano Víctor Andrés Belaunde, la integridad
territorial pertenece al ámbito de lo no negociable e
incontrovertible, verdadera vergüenza cívica produce el que,
refiriéndose al Dictamen de la Comisión de Relaciones Exteriores del
Congreso de la República que propondría el sometimiento de la adhesión
del Perú a la Convención del Mar a la decisión de un referéndum
popular, se haya sostenido recientemente en un periódico local, necia
y provocadoramente, por evidente miedo al pueblo, que nunca muere y
siempre triunfa, que "la apelación al referéndum es una invitación a
que sectores irracionales aprovechen la buena fe de los sensatos y la
carga nacionalista de la materia para impulsar su propio protagonismo
inflexibilizando la posición peruana.....".
..................

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Thursday, March 01, 2007

¡Banderas a media asta por Alfonso Benavides Correa!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
1-3-2007

¡Banderas a media asta por Alfonso Benavides Correa!

Vibrante hasta el final, enérgico en la defensa inconcusa de los
fueros de la Patria, sus límites, el culto a los mártires y todo
cuanto se refería al Perú, don Alfonso Benavides Correa se nos fue a
los 83 años. Pocos días atrás, ya superada la antipática
bronconeumonía charlábamos, como siempre, haciendo planes de difusión
y diseñaba él los artículos que necesitaba escribir por la dignidad de
los peruanos.

Cuando un patriota integérrimo de los quilates aureos como aquellos
que ostentaba el maestro Benavides Correa, se va, el alma resiente
entera la partida porque viaja al puerto sin retorno un hombre a quien
consultábamos con frecuencia, de quien aprendíamos sin cesar, luz,
guía, faro orientador de peruanidad acrisolada e insobornable. Me temo
que debo confesar, maestro Benavides, que nosotros somos los tristes
porque, a partir de la fecha, no podremos contar con tu bondadosa
palabra, temible siempre para corregir cuanto que para sugerir o
cambiar.

En los últimos veinte años había sido el maestro Benavides Correa el
portero y guardián insustituible de la dignidad territorial y soberana
del Perú. Peleó como león contra la adhesión a la Convención del Mar
de 1982; disputó en tribunales la legitimidad de los acuerdos con
Ecuador que, a decir de su pluma jurista, violaron el Protocolo de Río
de Janeiro de 1942 y también denunció la traición de Arica en
noviembre de 1999. Siempre acompañado de sus admiradores, en todo el
país y cuasi aislado por la incuria y la falta de apoyo de la prensa
oficialista de turno que considera que los temas que él trataba no
eran primera plana o lampo de brillantez intelectual en que el maestro
Benavides incurrió como gesto sempiterno de estupenda presencia.

Parlamentario de fuste, brilló entre 1956 y 1962. Unió su nombre y
bonhomía combatiente a la reivindicación del petróleo para el Perú y
son memorables, y así lo registran los Diarios de Debates, sus
intervenciones en el Congreso. Pocas veces tuvo el Perú mejor corazón
sincero en defensa de sus fueros irrenunciables. Me comentaba el
maestro Benavides Correa, en las larguísimas horas en que fui su
huésped en la casa de Santa Isabel (que fuera a su vez de su padre,
Alfonso Benavides Loredo), que él confiaba en las nuevas promociones
pero que había que educarlas en el amor al terruño, en identificación
con la historia, en la capacidad de indignarse para producir
revoluciones y hacer que Perú fuera madre y no madrastra de sus hijos.

Son innumerables los artículos que publicó el maestro Benavides en los
últimos años. Ninguno fue rebatido por los intelectuales
contemporáneos de mucha cáscara y poca savia. No era poca cosa don
Alfonso. De oceánica sabiduría como lo definiera su otro buen amigo,
el embajador Félix C. Calderón; maciza formación intelectual y
jurídica; lectura voraz y diaria; buen humor y picardía limeñas del
mejor buen gusto, don Alfonso tuvo la generosidad de contribuir en no
poco con muchos de los trabajos que hicimos cuasi al alimón. Sin duda
el alumno no estaba a la altura del maestro, pero hice cuanto pude por
seguir su velocidad y dinámica sorprendentes. Y él reía y afirmaba:
¡no olvides que tengo 83 años!

Hoy que están las banderas a media asta (título del libro que no
alcanzaste a publicar), maestro Benavides te tuteo por vez primera –y
última- y ríndote el homenaje más sincero de dolor pero de promesa
anticipada que seguiremos en la lucha, imbatibles con tus enseñanzas y
bajo el halo de luz que tu ejemplo honesto nos dio a muchos de tus
numerosos amigos y fervientes seguidores.

¡Descansa en paz maestro Alfonso Benavides Correa!

Convemar: ¿criollada o traición?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
5-7-2005

Convemar: ¿criollada o traición?

La Cancillería, así lo ha afirmado su titular, Manuel Rodríguez
Cuadros, anunció que "se viene una nueva propuesta al Congreso de la
Convención del Mar para salir del entrampamiento. Proponemos
compatibilizarla con nuestra Constitución, planteamos un continuo
denominado dominio marítimo". ¿En qué consistiría esta especie
novísima? El integérrimo embajador, patriota indoblegable y fiero
polemista, Alfonso Benavides Correa dijo: "La tramposa iniciativa
consiste en que el Perú se adhiera a la Convemar y paralelamente el
Congreso declare la soberanía y jurisdicción sobre las 200 millas,
pero ¿cómo adherirnos sin agraviar el artículo 54 de la Carta Magna?
Debe entenderse que este acuerdo internacional es absolutamente
incompatible con la Constitución y, de ser aprobado, inmediatamente
nuestra soberanía marítima sería reducida a 12 millas".

Rodríguez contra Rodríguez

Meses atrás, el propio e ilustre canciller Manuel Rodríguez me dijo:
"no me voy a romper los cachos por la Convención del Mar". ¿Qué le
hizo cambiar de posición tan diametralmente? Es más, él había recibido
notificación demostrativa personal que sí había colusión del Artículo
3 de la Convemar que dice a la letra: "Todo Estado tiene derecho a
establecer la anchura de su mar territorial hasta un límite que no
exceda de las 12 millas marinas....", con el artículo 54 de la
Constitución del Perú que dice: "El territorio del Estado es
inalienable e inviolable. Comprende el suelo, el subsuelo, el dominio
marítimo y el espacio aéreo que los cubre. El dominio marítimo del
Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y
subsuelo hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde
las líneas de base que establece la ley. En su dominio marítimo, el
Estado ejerce soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las
libertades de comunicación internacional, de acuerdo con la ley y con
los tratados ratificados por el Estado. El Estado ejerce soberanía y
jurisdicción sobre el espacio aéreo que cubre el territorio y el mar
adyacente hasta el límite de las doscientas millas, sin perjuicio de
las libertades de comunicación internacional, de conformidad con la
ley y con los tratados ratificados por el Estado."

Criollada deleznable

De acuerdo a la denuncia planteada por Alfonso Benavides Correa el
gobierno estaría violando la Constitución porque procuraría "tras la
aprobación de esa iniciativa (adhesión del Perú a la Convemar), se
adicione al artículo 54 un último párrafo en el que se establecería
que en caso de existir un conflicto entre una norma constitucional y
un tratado internacional, prevalecería el tratado". ¡O sea que en este
país vamos a tener una Constitución llave en mano para satisfacer los
apetitos interesados de ciertos sectores que no saben cómo
desprenderse de ciertas sospechas que les sindican como traidores a la
patria por su claudicación en la defensa de los límites nacionales!
¿Quién o quiénes le han hecho meter la pata de este modo tan clamoroso
al canciller Manuel Rodríguez Cuadros?

Cuentos chinos

Rescatando lo que dice una asesora del canciller Manuel Rodríguez
Cuadros, Marisol Agüero Colunga, (Consideraciones para la delimitación
marítima del Perú, p. 212) escribí meses atrás: "Ni el Perú necesita
adherirse a la Convención del Mar para delimitar su frontera marítima
con Chile ni es menos cierto que el país del sur "ha rechazado
expresamente el sometimiento de cualquier controversia relativa a la
delimitación de las zonas marítimas entre Estados con costas
adyacentes o situadas frente a frente a los procedimientos
obligatorios conducentes a soluciones obligatorias previstos por la
Convención".

Es decir: Chile no va a negociar NUNCA en términos de la Convención
del Mar a la que ellos han adherido con esta negativa específica y de
la que el Perú no requiere para tratar con este país." Jamás fue
refutada esta afirmación porque Chile lo ha expresado de modo
categórico. Por tanto, la Convemar no sirve para el tema ríspido y
pendiente de la delimitación marítima con Chile.

Serios cargos

El embajador Alfonso Benavides ha dicho que "lo que ocurre es que
lamentablemente el canciller Manuel Rodríguez Cuadros cree que los
peruanos somos unos idiotas. Los planteamientos del gobierno son
absolutamente incoherentes y sólo buscan confundir al Congreso y a la
ciudadanía". ¿Será cierta tan delicada precisión? ¿Lo creerá así el
titular de RREE porque suele rodearse de malos consejeros que le
calientan la oreja, le infunden temores y chismes y le hacen equivocar
con características monumentales como en este caso? Le dije
personalmente a mi amigo el canciller, que este era un tema que
merecía un esclarecimiento nacional y popular. Que no podía ser coto
de caza de unos cuantos vivos que viven de las donaciones
internacionales y que aquí representan a las transnacionales. Por eso
respondió que "no se iba a romper los cachos por la Convemar".

Tapadera y nada más

Mi impresión es que cualquier adefesio como el propuesto y llamado
pomposamente "continuo dominio marítimo" requiere de una reforma
constitucional. ¿Puede un Congreso que no representa a nadie y que es
repudiado todos los días y a toda hora, atreverse a manejar un tema de
límites para el cual se requiere de la indispensable consulta popular?
¿Con qué derecho y bajo qué pretextos puede un Congreso que hace de la
elección del Defensor del Pueblo, una etiqueta con nombre propio y
dedicatoria amorosa, discurrir por un cambio constitucional que mutila
el Mar de Grau de 200 a 12 millas?

¿No se oye padre?

Ha poco denuncié cómo en las conversaciones entre Perú y Chile, para
el cumplimiento del Acta de Ejecución del Artículo 5to del Tratado del
3 de junio de 1929, y que fueron llevadas a cabo en noviembre de 1999,
el "equipo negociador" se olvidó adrede del mapa que contenía el plan
de remozamiento portuario de Arica que negoció el presidente Leguía
con los chilenos en abril de 1929. Y que el embajador Jorge Valdez,
secretario general de la Cancillería entonces, obliteró esa
herramienta porque "esta habría perjudicado los tratos con Chile".
¿Qué tratos se hicieron? Evidentemente contra el Perú y a favor del
país del sur y bajo los designios extranjeros.

Baste citar que uno de los "negociadores" escribió un libro: Las
conversaciones entre Perú y Chile para la Ejecución del Tratado de
1929, Fabián Novak Talavera, PUCP, 2000 y en la solapa de ese texto
coloca como uno de sus lauros: "…..condecorado por el Gobierno Chileno
con la Orden Bernardo O'Higgins, en el Grado de Gran Cruz, como
reconocimiento a su participación como Negociador peruano en el
proceso de Conversaciones entre el Perú y Chile, que concluyó con la
suscripción del Acta de Ejecución del 13 de noviembre de 1999". Sobran
las palabras y también se solivianta el espíritu frente a tanto
entreguismo.

Más aún

Un diario local preguntó en su edición del domingo último por la
certidumbre de notas reversales entre Perú y Chile que habrían sido
firmadas por Javier Pérez de Cuéllar cuando secretario general de
Cancillería en 1969 y que virtualmente acordarían una delimitación
marítima con el país sureño. ¿Qué hace una persona que no aclara un
tema puntual y gravísimo, en la Comisión Consultiva de Relaciones
Exteriores? ¿No fue acaso la Convemar un convenio internacional que se
realizó cuando este señor era el máximo oficial de Naciones Unidas? Se
entiende así que Pérez de Cuéllar sea un gonfalonero más de este
convenio internacional que no le sirve al Perú para el tema limítrofe
con Chile.

¿Todos al unísono?

No extraña para nada que Javier Pérez de Cuéllar, Eduardo Ferrero,
Allan Wagner (notable por superar los 2 mts. de estatura), Niño Diego
García Sayán, sean fanáticos de la adhesión del Perú a la Convención
del Mar. Recuérdese que Wagner en 1985 condujo conversaciones que
derivaron en un fracaso estrepitoso con Chile. Y que Niño Diego García
Sayán, cuando pulverizaban en mayo-junio del 2002 a Aerocontinente en
Chile, condecoró a la canciller chilena Soledad Alvear en Lima. Antes,
esta última había espetado a Pérez de Cuéllar en torno a las notas
reversales de 1969 entre Perú y Chile sobre límites marítimos, por eso
que Chile afirma en cuanto foro puede que NO HAY NINGUN DIFERENDO
LIMITROFE CON PERU. Pero, ¿quiere Rodríguez Cuadros ser parte de esta
lamentable y aún por escrutar gavilla de antipatriotas? ¿Tiene el Perú
que soportar tanta ignominia cuando el patriotismo es deber congénito
de todos los que nacen bien en estas tierras de glorioso pasado?

Fronteras mínimas

Una pregunta debo hacerle, hoy por el medio periodístico, a mi amigo
Manuel Rodríguez Cuadros, porque antes se la hice personalmente y me
reservo su respuesta de entonces: ¿quiere ser recordado como el
canciller que embudinó al Perú en la Convemar y mutiló el Mar de Grau?
Se lo van a decir por calles y plazas cuando quiera ingresar a la
política y desplegar todos sus sueños de justicia social de que hemos
hablado muchas veces. Pero, el silencio, la mudez, la torpeza, frente
a los hombres íntegros y el oído a la estulticia, a la mediocridad, y
a la antipatria, sólo tienen un posible destino ineluctable: ¡el
fracaso y el panteón cívico! Que otros callen por pusilánimes, es
problema de aquellos. Que la prensa nacional haga lo mismo, es una
vergüenza. Yo tengo que acusar, yo acuso. Amén.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Lea www.redvoltaire.net

Wednesday, February 28, 2007

Convemar: ¡terrible ignorancia en Congreso!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
28-2-2007

Convemar: ¡terrible ignorancia en Congreso!

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso,
Rolando Sousa, ha tenido la iniciativa infeliz por desinformada,
inoportuna o aviesa de eludir temas esenciales de mucha mayor
importancia e inexcusablemente no abordados, de afirmar que verán el
tema de la adhesión del Perú a la Convención del Mar.

Es decir, no bastan al señor Sousa, los terribles silencios
pusilánimes que en torno a documentos traidores guardan los ex
cancilleres Javier Pérez de Cuéllar, Niño Diego García Sayán y Allan
Wagner, por los cuales se concede o prefigura una delimitación
marítima que el Estado peruano ¡No reconoce! con Chile, que ha
preferido discurrir por una tapadera de características leguleyas y
mediáticas como la Convención del Mar para sepultar las mudeces
irresponsables de algunos que debieran ser enjuiciados y castigados
por su irrespeto al Perú, su historia y por los que murieron por la
patria.

¿Tomó debida cuenta, es decir, entendió una pizca siquiera de lo
expresado por el embajador José Miguel Barros, secretario perpetuo de
la Academia Chilena de la Historia que ha propuesto por carta que
Chile lleve al Tribunal de La Haya el tema de la delimitación marítima
con Perú? ¿Entiende lo que eso significa? Si Sousa no sabe asesorarse,
incurre en yerro condenable y atentatorio contra el país. ¿No ha
comprendido la entrelínea de lo dicho por el intelectual sureño? Muy
bien, vamos a decírselo en voz alta: ¡que su país, al tomar la
iniciativa, puede mejor perfilar lo que habría de ser una derrota sin
atenuantes del Perú! ¿Tiene en la imaginación Sousa, el tema del
arbitraje cuya vigencia marmórea traen el recuerdo de las
negociaciones que emprendiera el presidente Augusto B. Leguía en 1929?
Tal parece que tampoco tiene discernimiento, si alguno, sobre el
delicadísimo particular. Y siendo que el arbitraje es un paso de
fundamental precedente histórico y ¡favorable!

¿Por causa de qué en lugar de transitar por caminos tortuosos y de muy
dudosa juridicidad y que concitan el rechazo inmenso del Perú, como
también la de su presidente que afirmó que defendería el Mar de Grau,
el señor Sousa no se pregunta por causa de qué el gobierno pasado tuvo
que abortar su total derrota cuando, literalmente, embutía por
televisión, radios y periódicos, al pueblo peruano para conseguir una
adhesión que jamás consiguió a la Convemar? ¿Porqué no pregunta o
averigua Sousa cuántos millones de dólares se botaron a la basura por
una causa-pretexto para tapar las traiciones de unos pocos
diplomáticos de juguete empeñados en contra de la tierra que los vio
nacer?

A partir de la fecha reiteraremos textos que pocos años atrás tuvieron
la virtud, por lo menos, de informar con más detalle al público en
general para evitar su sorpresa y encandilamiento irresponsable como
suelen hacer quienes llegan a la tribuna pública. Tal parece ser el
caso de Rolando Sousa. ¡Vergüenza!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Mentiras, límites e ignorancia
12-3-2004
Ni el Perú necesita adherirse a la Convención del Mar para delimitar
su frontera marítima con Chile ni es menos cierto que el país del sur
"ha rechazado expresamente el sometimiento de cualquier controversia
relativa a la delimitación de las zonas marítimas entre Estados con
costas adyacentes o situadas frente a frente a los procedimientos
obligatorios conducentes a soluciones obligatorias previstos por la
Convención".

Es decir: Chile no va a negociar NUNCA en términos de la Convención
del Mar a la que ellos han adherido con esta negativa específica y de
la que el Perú no requiere para tratar con este país.

Surge entonces la pregunta: ¿qué intereses representan quienes
sostienen que hay que suscribir la Convención? Yo me atrevo a decir
que una fundamental: ¡la de la ignorancia insolente! Si Chile nos
dice, de antemano, por adelantado y desde que ellos suscribieron la
Convención que NO la usarán, para cualquier controversia relativa a la
delimitación de las zonas marítimas entre Estados con costas
adyacentes, ¿qué absurda pertinacia es la de quienes insisten en
matrimoniar una cosa con otra? Recuérde que Perú y Chile tienen costas
adyacentes.

Sólo un bruto, estadio inferior inmediato de la ignorancia, puede
hacer de la terquedad y no perseverancia, una virtud a la inversa. La
novia que queremos cortejar nos dice no, en castellano, inglés,
alemán, francés y ruso. ¡Y nosotros pretendemos hablarle en quechua
aún cuando sabemos que su respuesta, avisada y pública, siempre será
el NO rotundo!

Embuste de El Comercio

El valiente e integérrimo patriota Alfonso Benavides Correa envió
carta a El Comercio sobre su titular embustero de días atrás.
Escribió:

El Comercio informa hoy (10-3-2004), en primera plana que el "Congreso
verá la ratificación de la Convención del Mar".

El Congreso no puede, ni "a propósito de los límites marítimos con
Chile" ni con ningún otro propósito, ratificar dicha Convención a la
que el Perú, por muy poderosa razón, no se ha adherido.

Para abordar la cuestión de los límites marítimos con Chile hay,
ciertamente, argumentos mejores que el de reducir, cercenándolo
anticonstitucionalmente, de 200 a 12 millas el Mar de Grau en el que
el Perú ejerce jurisdicción y soberanía.

Recuerdo en este momento el patriótico editorial de El Comercio que,
el lunes 29 de noviembre de 1993, refiriéndose a la Convención del
Mar, afirmó con razón irrebatible: "Básicamente, el Tratado (como ha
dado en llamársele) establece un límite de mar territorial de sólo 12
millas y una zona económica de 200 millas. Esto significa, entre otras
cosas, que no se reconoce soberanía, sino que se acepta solamente que
los Estados ribereños tienen la explotación exclusiva de dichas 200
millas".

Bajo el título de "Convención sobre Derecho del Mar y Estructura
Jurídica Peruana", El Comercio destacó la objeción sustantiva, que no
ha variado, a que el Perú adhiera a la Convención.

Estos fueron los exactos pronunciamientos del sub-decano sobre los
antecedentes del asunto en debate:

"Como es sabido, nuestro país sostiene el derecho de las 200 millas de
mar territorial. El ex-presidente constitucional de la República,
doctor José Luis Bustamante y Rivero (quien promulgó el histórico
decreto supremo relativo a esto el 1 de agosto de 1947) sostuvo
durante la discusión pública habida en 1982 que "aceptar la Convención
sobre Derechos del Mar atentaba contra nuestra soberanía".

"El entonces presidente don Fernando Belaunde Terry igualmente rechazó
la suscripción del Tratado porque la Constitución de 1979, todavía en
vigencia, prescribe lo siguiente: Artículo 97.- El territorio de la
República es inviolable. Comprende el suelo, el subsuelo, el dominio
marítimo y el espacio aéreo que los cubre. Artículo 98.- El dominio
marítimo del Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como
su lecho y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas
medias desde las líneas de base que establece la ley. En su dominio
marítimo, el Perú ejerce soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de
las libertades de comunicación internacional de acuerdo con la ley y
los convenios internacionales ratificados por la República". Artículo
98.- El Estado ejerce soberanía y jurisdicción sobre el espacio aéreo
que cubre su territorio y mar adyacente hasta el límite de las
doscientas millas, de conformidad con la ley y con los convenios
internacionales ratificados por la República".

Entretanto, la Constitución de 1993 (aprobada en el último referéndum
ad hoc) manda: "Artículo 54: El territorio del Estado es inalienable e
inviolable. Comprende el suelo, el subsuelo, el dominio marítimo y el
espacio aéreo que los cubre. El dominio marítimo del Estado comprende
el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo hasta la
distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas de
base que establece la ley. En su dominio marítimo, el Estado ejerce
soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las libertades de
comunicación internacional, de acuerdo con la ley y con los tratados
ratificados por el Estado. El Estado ejerce soberanía y jurisdicción
sobre el espacio aéreo que cubre el territorio y el mar adyacente
hasta el límite de las doscientas millas, sin perjuicio de las
libertades de comunicación internacional, de conformidad con la ley y
con los tratados ratificados por el Estado."

"En época del gobierno aprista se volvió a debatir el asunto; y, se
planteó la posibilidad de adhesión a la Convención. Pero ello no
prosperó, otra vez, por razones que hasta hoy no varían".

No fue todo. Fue rotundo el sub-decano cuando recusando la adhesión
del Perú a la Convención: "El texto de la Convención es claro porque
su artículo 3 dice: "Todo Estado tiene derecho a establecer la anchura
de su mar territorial hasta un límite que no exceda de las 12 millas
marinas.... Aunque sea redundante volverlo a decir, esto no se
concilia con los textos constitucionales peruanos del 79 y del 93".

Reforma constitucional

Por tanto se infiere inequívocamente que para conciliar las 12 millas
de mar territorial que la Convención del Mar preceptúa, con el dominio
marítimo constitucional que el Perú sostiene en defensa de sus 200
millas de mar territorial hay que hacer una reforma constitucional.

"De acuerdo a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho
del Mar, todo Estado tiene derecho a establecer la anchura de su mar
territorial, hasta un límite que no exceda de 12 millas marinas
medidas a partir de las líneas de base que deben ser determinadas
también de conformidad con dicho instrumento".

¿Qué habría de negociarse?

Según el esforzado estudio de Aguero entre Chile y Perú "la operación
de delimitación deberá efectuarse entre un mar territorial y las
primeras 12 millas de un dominio marítimo; entre una zona económica
exclusiva y 188 millas de un dominio marítimo; y entre una plataforma
continental y 188 millas del lecho y subsuelo de un dominio marítimo.
Sin duda, la situación que se plantea es sui generis, no contemplada
en tales términos por el Derecho del Mar."

Y lo precedente admitirá discusión, polémica, negociación, en un trato
bilateral, equitativo, de acuerdo al derecho internacional y que NO
necesita, para nada, a la Convención del Mar que es un tema aparte y
sobre el que Chile ya ha dicho que no considera como el apropiado para
delimitar su mar con cualquier otro país (entre ellos Perú).

Por la razón o la fuerza

En conferencia que dio el almirante chileno Patricio Arancibia en mayo
del 2001, sostuvo, entre otros, los siguientes conceptos:

"Nuestros espacios marítimos de interés se pueden agrupar en cuatro
grandes áreas: Primero, el espacio adyacente a la ribera continental
americana, hasta las 200 mn (370 kms), que engloba el Mar Territorial
y la Zona Exclusivamente Económica (ZEE). Segundo, el Mar Territorial,
la ZEE y la plataforma continental que proyectan las islas oceánicas
chilenas. Tercero, el espacio marítimo que rodea el territorio
antártico reclamado por Chile, destacándose que el ejercicio de las
competencias correspondientes se realiza de acuerdo con el marco
jurídico internacional en virtud del Sistema Antártico. Y, cuarto, el
amplio espacio marítimo que comprende el Océano Pacífico más allá de
nuestra Zona Económica Exclusiva, que hemos denominado "Mar
Presencial", cuyo borde configura nuestras fronteras exteriores y que
también es un área de simple interés. En este amplio espacio, queremos
ejercer soberanía o presencia, según lo permita el derecho
internacional.

En fin, el estudio del escenario marítimo nos impone no sólo el
exigente y tradicional desafío de proteger nuestra soberanía contra la
amenaza militar proveniente desde el mar, o brindar protección a las
líneas de comunicaciones marítimas comerciales y militares, en caso de
conflicto; también debe alertarnos sobre otros desafíos, como el
efectivo resguardo de nuestra extensa ZEE, en lo que se refiere a
recursos pesqueros y minerales, o la evolución del derecho
internacional marítimo.

Por otra parte, es una realidad que la magnitud y extensión de las
fronteras terrestres, marítimas y aérea de Chile, a la par que ofrecer
un potencial de integración y desarrollo, aumentan las posibilidades
de conflicto puesto que, al mantenerse una mayor relación y contactos
de diversa índole, también es mayor la posibilidad de desavenencias
que pueden ser fuente de eventuales conflictos al enfrentar intereses
contrapuestos de los Estados.

.....En la Armada existe la más profunda convicción de que el futuro
de Chile está en el mar. Por ende, sin perder de vista su misión
fundamental, apoya todo tipo de actividad de los chilenos que tienda
al aprovechamiento de las inagotables riquezas que el océano ofrece a
nuestra nación.

.....Para el año 2010, la Armada estará participando en la defensa del
territorio nacional, como uno de los componentes de un sistema militar
al que aportará su capacidad de operar en escenarios conjuntos; con su
gran movilidad, notable permanencia y concentrada potencia. En el
ámbito internacional, será una de las herramientas del poder y la
seguridad nacional, con capacidad de desarrollar operaciones en
ultramar, contribuyendo a la manutención de la paz, la seguridad y la
estabilidad en el Océano Pacífico, o donde el interés nacional lo
determine".

Hay que prepararse

No necesitamos para manejar el tema de la delimitación marítima con
Chile de la Convención del Mar. Quien o quienes así lo sostengan no
tienen sustento válido salvo la dudosa herramienta de la ignorancia o
el cometido de ser testaferros de intereses antinacionales.

La Cancillería somos Todos debía ser la jaculatoria nacional y única
del Perú en momentos en que el presidente de Chile ha admitido que la
delimitación marítima puede ser discutida con Perú, aunque ellos
sostuvieran luego, ratificando posturas anteriores, que es un acápite
culminado.

Chile ha anunciado que declina los artículos de la Convención del Mar
a la que este país ha adherido pertinentes a delimitación marítima.
¿Para qué nos interesa firmar dicha Convención si, además, Chile
sostiene unilateralmente que este es un "asunto cerrado"?

Chile se caracteriza no por su apego a la jurisprudencia internacional
sino por anteponer su visión particular e intransferible de país al
resto de consideraciones. Si no fuera así, hace rato que habríamos
visto devueltas Tarapacá y Arica; el laudo arbitral jamás habría sido
dinamitado y el país del sur no habría incitado a Bolivia y Ecuador a
intentonas guerreras y pactos limítrofes contra el Perú en décadas
pasadas.

¿Se necesitan más pruebas que el sentido común y el patriotismo de
amor a la tierra, al mar y a la historia?

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz.
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Tuesday, February 27, 2007

La sociedad tartufa

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
27-2-2007

La sociedad tartufa

En días pasados, una revista cuyo principal dulce es la mermelada,
sacó como una pseudo-primicia de carácter periodístico, el paseo de un
niño inocente en Palacio. La sociedad tartufa peruana que idolatra la
mentira, la construye con acendrada vocación falsaria, no se ha
preguntado ni cuestionado ¿qué hacía un infante en oficinas públicas y
no en la residencia en la parte de atrás del mencionado edificio?
Coincidió el asunto de marras con una crisis en que rumiaba sus
últimas horas en Interior la inepta Mazzetti y se guarecía en las
sombras el otro ministro encerrador de campesinos y sabio en no saber
nada de Defensa, Allan Wagner Tizón.

Los partidos políticos de cuya crisis no hay la más mínima duda, las
instituciones de todo pelaje y denominación, la Iglesia Católica tan
puntillosa en no pagar impuestos y en pretender que Perú le debe
gratitud u obediencia, los miedos de comunicación, todos, ominosamente
han ocultado el lado oscuro de esta maniobra. Y, en cambio, han puesto
de relieve lo frívolo, olvidable y "tierno" del tema. Nadie quiere
subrayar que el hijo de una aventura adúltera del jefe de Estado,
debía estar en saludable lejanía de cualquier clase de publicidad. Si
la familia es célula fundamental de la sociedad ¡precisamente! ésta
está siendo demolida por el primer funcionario público del país.

Conviene preguntar de frente y sin ambages tartufos: ¿tan bajo estamos
cayendo como Estado que se ha perdido todo referente a una estructura
valorativa de auto-estima? Cohonestar, vía la figura de una criatura,
las resbalosas aventuras paternas y maternas, lo que a todas luces es
una irresponsabilidad, pone a la sociedad, compuesta de ciudadanos,
ante la incómoda pregunta, y no por ello menos punzante, si ¿nos
sentimos parte de este enjuague muy edulcorado por una revistita que
alguna vez fungió de termómetro político del país o, mejor dicho, de
Lima la horrible?

En Francia hubo un presidente que tuvo una hija fuera del matrimonio,
Francois Miterrand y la presentó cuando ésta tuvo ¡18 años! ¿No
hubiera sido preferible que el jefe de Estado tuviera más paciencia y
menos "voluntarismo" para hacer las cosas mejor? ¿Qué fue aquello de
anunciar al país su paraje por otro tálamo y la concepción fuera del
matrimonio de un hijo delante de la esposa oficial? Que sea argentina
Pilar Nores, no quita su condición de mujer y su probada vocación de
mártir ante todo el Perú. No obstante, el asunto es un tema que
vulnera, ataca y denosta de la mujer y la familia.

Ni la mujer, ni el hombre, sean cuales fueren los papeles, debe
dejarse pisotear por la baladronada de una conveniencia y tampoco
quienes debían hablar pueden permanecer mudos sin pecar de cómplices
aviesos y comparsas torpes.

Las sociedades tartufas que premian la hipocresía; elevan a estúpidos
a la talla de prohombres o intelectuales sin que lo sean, lastran su
existencia, envilecen su presente y su futuro porque acomodan su
pasado con memoria selectiva pero, lo que es peor, producen eructos
históricos de ínfima calidad. No parece raro, entonces, que pandillas
de necios que viven de dólares foráneos se hayan aupado y creído el
papel de formadores de opinión o que políticos ignaros y tímidos, no
puedan exigir un comportamiento moral porque simplemente carecen de
ella por gráciles concesiones que otorgan bajo el supuesto muelle que
nadie reclama. ¡Mentira! Quienes no vivimos de la mermelada que pagan
las empresas transnacionales que sufragan a borrachitos sociales o que
declinamos los favores compradores de conciencia, tenemos la hermandad
espiritual y el compromiso indeclinable con don Manuel González Prada
de romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz. Aunque eso
moleste, urtique o soliviante las faltriqueras de paniaguados por
doquier. Arriba o abajo.

Ha dicho en lúcida expresión Dante Castro: "Millones de dólares se
mueven para cambiar a los militantes antisistémicos en rebeldes
tolerables".

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.redvoltaire.net
hcmujica.blogspot.com
Skype: hmujica