Thursday, March 05, 2026

¡Coimisión nuestra de cada día!

 

Informe

Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas

5-3-2026

 


¡Coimisión nuestra de cada día!

https://senaldealerta.pe/coimision-nuestra-de-cada-dia/

https://tinyurl.com/mryrnbwn

 

Cuenta la literatura que el crimen no paga. Eso será en cualquier país con la triste excepción del Perú. Criminales, extorsionadores, estafadores, violadores, son grandes gerentes, legiferantes, funcionarios del más alto nivel en la administración pública. Por tanto, sus proezas se traducen en riqueza inexplicable, modus vivendi de lujo e insolencia por doquier.

 

El primer estafador en la historia del Perú fue Francisco Pizarro. Pactó con Atahualpa, le atiborraron de metales preciosos en el cuarto del rescate y el natural de Trujillo de Extremadura, fiel a sus orígenes, decidió irrespetar y ejecutar al inca.

 

Todo lo que vino a posteriori, hasta nuestros días, es una lista interminable de desverguenzas, miserias, expoliaciones, que signan malamente la historia nacional que exhibe una constante oprobiosa: el pueblo mayoritario vive en la ignorancia y ayuno de un plan nacional unificante y revolucionario.

 

¡Precisamente, en el artículo ¡Coimisión: cuántas fortunas en tu nombre!, del 7-10-2024, https://tinyurl.com/yc77w8as adelanté algunas líneas sobre el recurrente mal y del que los candidatos apenas si hablan. ¡Qué iban a decir de forma crítica, si sus fortunas provienen de la suciedad!

 

Invítole a releer párrafos esenciales del texto aludido.

 

Coima: dádiva con que se soborna

 

Comisión: una comisión de ventas es una suma de dinero que se paga a un empleado al finalizar una tarea, generalmente la venta de una cierta cantidad de bienes o servicios . 

 

Coimisión: neologismo peruano que pronto será reconocido por la Academia de la Lengua como aporte modernizante al delito y al idioma.

 

 En los confines peruanos no resulta raro que altos funcionarios del Estado exhiban signos exteriores de riqueza que, a simple vista, jamás podrían haber sido comprados con sus sueldos, por buenos que fueran.

 

Casas o departamentos espaciosos y en lugares exclusivos, residencias de playa y de campo; afiliación a clubes de élite dineraria (allí el billete blanquea a los postulantes); vehículos, viajes al exterior demasiado frecuentes, visita a proveedores que pagan desde el pasaje hasta el hotel (y hay cobranza de viáticos del Estado), etc., delatan a sus protagonistas como parte de un masivo y sistemático saqueo del dinero de los contribuyentes.

 

El que paga impuestos en Perú, es un bobo. Quien no lo hace es porque tiene abogángsteres detrás suyo y porque la falta de honorabilidad es su comportamiento habitual.

 

De capitán a paje, todos o al menos 95% del conglomerado público administrativo, tiene arte y parte en la gran fiesta del saqueo: roban vía coimisiones o dejan hacerlo fungiendo de ciegos, sordos y mudos.

 

Los contratos del Estado, en su totalidad, gozan de estabilidad jurídica de los entreguistas de siempre y el silencio de la sociedad es impresionante, por ignorancia o por complicidad que se paga con puestos de favor, ingresos a planillas tramposas y porque el enjambre de abogángsteres está listo a contratar con el Estado para….. ¡litigar contra el Estado!

 

La venal mudez de los clubes electorales, alias partidos políticos, ayuda mucho para no mover el avispero, habida cuenta que siempre tienen sus alitas de participación.

 

El neologismo coimisión junta dos dinámicas, la comisión que gana como premio quien hace la venta y la presea, dádiva, soborno, dinero sucio que obtiene quien interpone sus buenos oficios delictivos para direccionar una compra del Estado.

 

¿Se ha hecho el pormenor de las ventas sucias, malbarateadas por el fujimorismo delictivo con el remate de las empresas del Estado? La Pampilla se vendió a US$ 182 millones, al 20% de su valor real y la compró Repsol, la misma firma española que derrama petróleo en el mar, se burla de la ciudadanía y que tiene a decenas de abogángsteres trabajando a su servicio.

 

En estos días y con una estridencia propia de jaurías hambrientas, se hizo pública la intención de compra de aviones militares del modelo tal o cual y por el monto enorme de US$ 3500 millones.

 

Un país desarmado no es una garantía de paz, sino una presa apetecible, recordaba siempre Alfonso Benavides Correa en sus notables, fogosos y muy bien documentados artículos periodísticos y libros.

 

Las coimisiones han esquilmado al cuerpo geopolítico del Perú. Cuando la guerra del Cenepa contra Ecuador, recuerdo una visita mía a un instituto armado y encontré en la silla del general jefe de la dependencia a Moshe Rotschild, dando órdenes y disposiciones de las compras (armas y naves) que ¡él vendía! ¡Ese individuo hacía negocios con Montesinos!

 

Que la coimisión siempre haya existido no es un consuelo. ¡De ninguna manera! Debiera ser el impulso para erradicarla y liquidarla y con ella a sus operadores cínicos y antipatriotas!

 

¿Qué tanta prisa para la compra de aviones de guerra a precios abusivos? O se debiera preguntar con más propiedad ¿se han afilado las uñas los coimisionistas con y sin uniforme?”

 

Porque en todas las instituciones nacionales y en todos los ramos de la administración pública sucede lo mismo que en el Parlamento: los reverendísimos, los excelentísimos, los ilustrísimos y los useseñorías valen tanto como los honorables. Aquí ninguno vive su vida verdadera, que todos hacen su papel en la gran farsa. El sabio no es tal sabio; el rico, tal rico; el héroe, tal héroe; el católico, tal católico; ni el librepensador, tal librepensador. Quizá los hombres no son tales hombres ni las mujeres son tales mujeres. Sin embargo, no faltan personas graves que toman a lo serio las cosas. ¡Tomar a lo serio cosas del Perú!”, Los honorables, Manuel González Prada.

 

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