Tuesday, January 13, 2015

Cancillería, Gringolandia y alturas de La Paz

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
14-1-2015

Cancillería, Gringolandia y alturas de La Paz

En nuestro país de mamey, donde llueve para arriba y con psicosociales al por mayor, cuando creíamos que esa aciaga época había sido superada, pasó cuasi desapercibido el nombramiento del ex ministro de Economía, Luis Castilla, a la embajada más importante del Perú en el exterior: Washington D.C. No parece aventurado afirmar que el asunto cosechó no pocos aplausos, uno más de ellos está en pagos norteamericanos.

Si cuando el presidente Humala ascendió a la administración del gobierno debió aceptar el precio de entregar a Castilla la poderosa cartera de Economía para no inquietar a los inversionistas, entre ellos a los de Gringolandia, la ecuación cierra su ámbito ahora que el referido personaje se va como representante del Estado al distrito de Columbia. Insisto, el clamor y ovación deben haber sido ensordecedores.

A un flamante ascendido a embajador en el muy accidentado proceso de pocas semanas atrás, Luis Benjamín Chimoy Arteaga, le ha sido encomendada la responsabilidad diplomática en La Paz, Bolivia. El canciller Gonzalo Gutiérrez aludió a sus antecesores en esa misma localidad altiplánica: Silvia Alfaro y Fernando Rojas Samanez a quienes endilgó un supuesto trabajo "brillante". Si salirse de los pétreos confines del Tratado del 3 de junio de 1929 entre Perú y Chile, es "brillante" para el titular de Torre Tagle, entonces ¡todo está patas arriba!

Baste recordar las expresiones del ex canciller García Belaunde, de los antecitados embajadores Fernando Rojas y Silvia Alfaro, ambos acreditados ante Bolivia, como también la columna en Correo, del embajador Ponce Vivanco, que sostienen que Perú debe ser "consultado" y no celebrar un previo acuerdo -como manda el Tratado del 29- con Chile, cuando se trate de cesión a una tercera potencia ¡por Arica o Tacna!

El titular de RREE, Gutiérrez, engreído y propuesto por Wagner y García Belaunde, se inscribió en la misma línea cuando declaró sobre aspectos internos de la demanda boliviana a Chile, tema ajeno al Perú, motivando el reclamo de Chile

En Bolivia hay para Perú una papa caliente: Martín Belaunde Lossio. Es de exigir que el embajador Chimoy esté en capacidad de lidiar con el tema sin concesiones, trapisondas o acuerdos ajenos a la estricta posición que la Patria mantiene con respecto al diferendo que la nación altiplánica litiga con Chile. No parecieran tener mayor relación las circunstancias pero ¡precisamente! los dos ex embajadores Silvia Alfaro y Rojas Samanez dieron declaraciones proclives a involucrar a Perú en el diferendo bilateral aludido. ¡Por si acaso, por si acaso a alguien se le ocurran ideas peregrinas!

Ayer en La Paz se presentó ante la Comisión Nacional de Refugiados, Martín Belaunde Lossio y en Palacio Quemado, ante el presidente Evo Morales, el embajador Chimoy se acreditó como representante del Perú. La coincidencia es curiosa.

Si hacemos una suposición, negada en todos sus extremos, en que hay ciertas urgencias políticas para que se demore todo lo posible la resolución en torno al paradero en Bolivia de Belaunde Lossio y que, además, ya ha sido anunciado, nunca sería entregado al Perú que lo reclama, entonces, alguien quedaría debiendo un favor enorme. ¿A cambio de qué?

En 1879 Perú no declaró su neutralidad ante la agresión chilena a Bolivia. Fuimos arrastrados a una guerra de rapiña porque estábamos moralmente obligados por un pacto firmado en 1873 con Bolivia y hoy se recuerda la sangrienta batalla de San Juan y Chorrillos que precedió a la de Miraflores, en ambos casos dolorosas derrotas sin atenuantes. A eso nos condujo una dirección traidora y claudicante como fue la de Nicolás de Piérola que a fines de 1881 y ya como ciudadano sin mando, se entrevistó en su cuartel en Lima con el jefe de la ocupación chilena Patricio Lynch, sin que hasta ahora haya habido una explicación sobre ese vergonzoso encuentro.

No buscamos la guerra, fuimos envueltos en ella y salió Perú como país destrozado, en bancarrota, mutilado, herido moralmente hasta hoy con un recuerdo que sucesivos gobiernos evitan rememorar como hoy mismo. ¿Se repite la historia? ¿Cuál el costo de semejante desmán?

Mientras que en el caso de Castilla, él se siente como pez en el agua para defender los intereses de los inversionistas, tribunales y orientaciones empresariales norteamericanos, él encaja perfectamente en lo suyo; hay derecho a preguntarse si Chimoy, un embajador novel, puede hacerse cargo de una delegación delicada como es, hoy por hoy, Bolivia. Aparte de haber sido compañero de promoción de Gonzalo Gutiérrez y Claudio de la Puente, ministro y viceministro de Relaciones Exteriores, respectivamente, no parece exhibir otros méritos. A menos que se considere como tal su exitoso salto de un puesto más allá del 20 y de allí al 7mo., en el muy discutido proceso de ascensos que le otorgó el título de embajador.

El silencio nacional frente a sucesos que parecieran revivir hechos del pasado, constituye probanza de la nulidad de las generaciones que habitan en la cosa pública desde hace más de 40 años. Es hora del relevo, velis nolis.


Batalla de San Juan y Chorrillos

Batalla de San Juan y Chorrillos
por Ernesto Linares Mascaro; elinaresm@yahoo.com

13-1-2011


La batalla de San Juan y Chorrillos es la más grande en la historia del Perú por la cantidad de hombres enfrentándose, se realizó el jueves 13 de enero de 1881 y este jueves se recuerda los 130 años de aquel hecho.

Esta acción de armas es conocida en Chile como batalla de Chorrillos por ser el pueblo de ese nombre cercano a la batalla y sus alrededores fue donde se llevó la parte más larga y dura de la lucha. En Perú es conocida como batalla de San Juan o batalla de San Juan y Chorrillos, porque la línea de defensa era conocida como línea de San Juan y porque en el cerro Salto del Fraile en Chorrillos es donde fue el último punto de resistencia peruano.

No hay muchas versiones de sobrevivientes peruanos sobre esta batalla. La más conocida es la del general Pedro Silva en sus 2 partes oficiales publicados en los diarios El Comercio y La Tribuna y también está el parte oficial del coronel Arnaldo Panizo sobre la defensa del Morro Solar también publicado en el diario El Comercio. Varios años después de la batalla fueron publicados algunos relatos. Entre estos están los que relatan la lucha en el Morro Solar que son los del capitán Silverio Narvarte y el sargento mayor Pedro Alcócer, ambos del batallón Guardia Peruana N° 1; está el opúsculo “Como Fue Aquello” del coronel Víctor Miguel Valle Riestra, que relata la lucha en Chorrillos (en las campiñas y en Santa Teresa); la carta que el coronel Manuel Pereyra en donde narraba como fue la batalla en San Juan, en el sector de Cáceres, publicada en el libro “Artículos Militares” de Alejandro Montani; el memorándum y las respuesta al cuestionario del comité de damnificados italianos del coronel Belisario Suárez, publicados por su descendiente Rómulo Rubatto; cuestionario del comité de damnificados italianos del coronel Arnaldo Panizo, publicado por su descendiente Juan Carlos Flórez, y el más conocido, el testimonio del Mariscal Andrés A. Cáceres publicado inicialmente por su hija Zoila Aurora Cáceres en su libro “La Campaña de la Breña”.

Uno de los testimonios más interesantes y poco conocido es el de José Torres Lara, quien entre 1911 y 1912 publicó una serie de 5 opúsculos sobre sus vivencias durante la guerra con el título de: “Recuerdos de la Guerra con Chile (Memorias de un distinguido)”. El primero de estos tenía por título “La batalla de San Juan”, en donde él narra cómo vivió aquella batalla en el batallón Concepción en donde él estaba enrolado. El siguiente opúsculo trata sobre la batalla de Miraflores y los 3 últimos sobre el primer año de la guerra.

Algunos apuntes sobre la batalla de San Juan y Chorrillos y el testimonio de José Torres Lara

El testimonio de este peruano es bastante interesante porque narra los acontecimientos desde la lucha en San Juan, la posterior retirada de ahí, la resistencia en las afueras de Chorrillos y la retirada a Miraflores. También lo es porque es de un soldado y no de un oficial o miembro de la plana mayor. El mismo José Torres cuenta porque le llaman distinguido: “… ya soy soldado de veras; soldado distinguido se entiende. Los rasos nos llaman distinguidos de….. porque lo que  caracteriza la distinción es estar exceptuado del servicio de baja policía, y lo más característico de esto es el tener que botar diariamente los depósitos de aquello….. de ahí el mote. Otros nos dicen “distinguidos mataperros”, no por la acepción común del calificativo, sino por el motivo especial que ya veremos” (1).

En cuanto a la batalla, la línea peruana estaba defendida por los Ejércitos del Norte y del Centro, al mando del general Ramos Vargas Machuca y el coronel Juan Nepomuceno Vargas respectivamente. Cada ejército tenía 5 divisiones; las primeras 3 divisiones del Ejército del Norte formaban el 1° Cuerpo del ejército al mando del coronel Miguel Iglesias, quien también era Secretario de Guerra, las otras dos el 2° Cuerpo del ejército al mando del coronel Belisario Suárez, las divisiones 3ª y 5ª del Ejército del Centro con una división volante formaban el 3° Cuerpo al mando del coronel Justo Pastor Dávila y las divisiones 1ª, 2ª y 4ª formaban el 4° Cuerpo del coronel Andrés A. Cáceres. Los ejércitos estaban al mando del Jefe Supremo Nicolás de Piérola y tenía como Jefe del Estado Mayor General de los Ejércitos al general de brigada Pedro Silva. Los 4 Cuerpos del ejército también tenían bajo su mando la artillería, las fuerzas irregulares, los ingenieros, el personal administrativo o la caballería que estuviera en su zona. José Torres Lara era soldado del batallón Concepción N° 27, formado mayoritariamente por conscriptos de Junín, al mando del coronel temporal Juan E. Valladares y junto con el Ancash N° 25 y Zepita N° 29 formaba la 5ª división del Ejército del Norte. La mayoría de soldados peruanos tenía el uniforme color blanco, es algo que se debe saber para entender ciertas líneas del relato.

El ejército peruano en la batalla de San Juan y Chorrillos tenía 18,650 soldados. De esto se le debe descontar mil hombres porque las fuerzas irregulares estaban armadas en parte y el resto, con rifles Minié, así como la administración militar y a que el batallón 23 de diciembre estaba incompleto; se le descuenta otros 2,150 hombres del batallón de Guardia Civil, la columna de Honor que estaba en Monterrico, la columna de Pachacámac, una parte del Cuerpo de Dávila y otra de la de Suárez que no combatieron, de tal manera que el día del combate sólo habían 15,500 soldados disponibles en el ejército peruano (2).

El ejército chileno tenía 23,129 hombres disponibles el 12 de enero de 1881 (3).

En cuanto a las posiciones peruanas, éstas abarcaban unos 12 Km, iban desde las orillas del mar hasta cerca al cerro San Francisco. Los peruanos llaman derecha a sus posiciones en Chorrillos e izquierda las de San Juan. La línea de defensa era las alturas al sur de Chorrillos y San Juan, empezaban en las alturas de Marcavilca (entre las playas La Chira y Conchán), seguí por las cercanías a la hacienda Villa, Santa Teresa (donde se encuentra actualmente el AA.HH. Tupac), Zigzag occidental, Zigzag oriental (donde está la Escuela Nacional de la Policía), el Gramadal, Viva el Perú y los cerros de Pamplona (en particular, el que se encuentra a la espalda del supermercado Metro del puente Atocongo). El relato comienza en San Juan, pues las fuerzas del 2° Cuerpo constituían la reserva de los ejércitos, y va narrando como ve la lucha desde las cercanías de la hacienda San Juan y como se tuvieron que retirar desde este punto hasta la estación del ferrocarril en Chorrillos.

A continuación, la narración de la batalla.

Recuerdos de la guerra con Chile (Memorias de un distinguido). La batalla de San Juan (fragmento)

“… Eran más o menos las cuatro de la mañana, la luna ya se había puesto y el fulgor de las estrellas que enviaban su postrera luz, no alcanzaba a esclarecer las tinieblas. Un silencio solemne reinaba y era seguro que millares de hombre cubiertos por dos banderas enemigas se acechaba para exterminarse. Sólo de cuando en cuando se sentían los pasos rápidos de los jefes y oficiales del E.M., cuyas sombras cautelosas veíamos aparecer y desaparecer, llevando o trayendo órdenes. Nos mandaremos descansar en nuestro propio terreno y nos sentamos sobre las maleteras…

… Un poco á la derecha de las posiciones que habíamos ocupado al principio, se había alzado en un mástil que habíamos notado de día una luz roja, una luz blanca, otra luz azul: los colores simbólicos de Chile que anunciaban la presencia real de su ejército por la derecha, centro e izquierda. 

Una o más hora transcurría desde que nos despertaron, cuando unas detonaciones aisladas primero y descargas sucesivas después, se percibieron bastante apagadas por la distancia, en nuestra ala derecha. Como los desgarramientos de las nubes en las tormentas andinas, el bronco ruido de los cañones se dejó oír luego y el relampagueo de la explosión nos indicaba el sitio del ataque. Pero no nos entretuvo más el lejano espectáculo; porque así como un castillo cuyas guías de fuego han sido hábilmente dispuestas por el pirotécnico para un efecto instantáneo, un vivo resplandor como aureola, se extendió por todas las colinas de San Juan, y un fuego graneado de fusilería nos anunció que la batalla estaba empeñada en toda la línea. Si graneado se inició el fuego de la infantería, el de la artillería con sus resplandores más extensos y más intensos, se rompió también con su rabia, y su continua sucesión expresaba la impaciencia, el coraje y la serenidad de los que manejaban los cañones.

Un ¡viva el Perú! espontáneo y estentóreo, respondió a nuestras filas a los ruidos del combate: nuestro pabellón fue sacado de su caja, enarbolado en su asta, y el porta, el subteniente Ugarte, tomó la insignia del batallón para no soltarla mientras no lo obligara una bala enemiga…

… Ya era de día cuando se dio orden a todo el 2° Cuerpo del Ejército para que fuera a ocupar un lugar más próximo a las posiciones en que se batían los nuestros. Desfilamos sin demora, atravesando por la plazoleta de la hacienda San Juan, y fuimos a desplegar los seis batallones a retaguardia del centro de batalla… De entre el ruido atronador del combate percibíase claramente la música de “San Miguel de Piura”, que tocaba probablemente el pabellón de este nombre para unir en esos instantes supremos el pensamiento de nuestra Patria chica al de Patria grande. Otros cuerpos tocaban diana, y era patente que nuestros soldados, nuestros reclutas, puede decirse, hacían buena cara al enemigo.

Pero no era un espectáculo gratuito el que contemplábamos; una batalla no se ve de cerca impunemente. Las grandes parábolas que los proyectiles enemigos describían alejando sus efectos de nuestras filas, fueron acortándose a medida que rectificaban sus punterías; muchas bombas reventaron en un lugar pantanoso o anegado, salpicándonos con el lodo que sublevaban; una reventó entre la cola del batallón Ancash y la cabeza del nuestro, y fue una fortuna que no causara más que un herido, un soldado del Ancash, que recibió sobre la espalda un casco que le ocasionó una herida grande, pero no grave, pues aunque bañado en sangre lo vi alejarse rápidamente sin necesidad de ajeno auxilio. No paso mucho tiempo de esto cuando sentí un ligero chasquido cerca de mí a retaguardia; todas las miradas convergieron hacia ese punto, y si la situación y la causa no fueran tan graves, riéramos de la cara espantada y grotesca que ponía un ranchero de mi compañía, al mismo tiempo que exclamaba: - “Me han herido”. En efecto, un hilo de sangre le corría por la mejía derecha y por la izquierda le salía una masa verde-sanguinolenta. Sin duda la bala le penetró en trayección horizontal en momentos que introducía la coca y le había pasado por el vacío sin tocarle la lengua.

Seguido de un numeroso estado mayor, cuyo selecto personal no podía ser disimulado, el Jefe Supremo, tan impasible al silbido de las balas como á las aclamaciones de los soldados, pasó delante de nosotros, dirigiéndose a la derecha en donde la acción se hacía cada momento más severa.

El efecto eventual de los proyectiles perdidos del enemigo no había sido con todo hasta este momento de daño tan grave como para inspirar temor; pero la acción entraba ya en su período álgido y nuestra situación se modificaba con gran desastre. De pronto una onda agitó toda nuestra línea, y una voz siniestra cundió de boca en boca: ¡Los chilenos, los chilenos! ¡Miren como avanzan! Sí; envuelta en la bruma del humo y del polvo del combate, avanzaba una numerosa fuerza enemiga a apoderarse del abra por donde viene el camino de Lurín a Chorrillos; y avanzaba y avanzaba incontenible, era de verlo y no creerlo; pues ¿qué hacíamos nosotros…? Transcurrió espacio de tiempo inestimable y perdido para nosotros, cuando vi llegar a toda carrera al general Pedro Silva y hablar, accionando enérgicamente, con el coronel Suárez, partió luego a escape un ayudante, y poco después el batallón de la cabeza, el “Huánuco”, se desprendió de la línea y avanzó a reforzar la posición; peros e encontró con el reflujo de los que venían en derrota, y vaciló. Luego se desprendió el veterano “Paucarpata”, y abriéndose en guerrillas al mismo tiempo que avanzaba, marchó sobre el enemigo; pero fue inútil su resolución y su serenidad, porque interceptada la muchedumbre de nuestros dispersos, antes de poder hacer uso de sus armas fue también dominado por la corriente de la derrota, sufriendo la suerte de ser destrozado, sin poder causar daño al enemigo. Había sido herido el Comandante General Coronel Buenaventura Aguirre de la 4ª división; lo había sido mortalmente el Coronel Chariarse del “Paucarpata” y de gravedad el Coronel Pedro Mas del “Huánuco”.

¿Qué hacían entre tanto los otros batallones del cuerpo de Reserva? El “Jauja”, que se encontraba más inmediato al lugar de la catástrofe, se desconcertaba; el “Ancash”, “Concepción” y “Zepita” (“Zuavos”) continuaban inmóviles en su formación, recibiendo, no ya las balas perdidas, sino los tiros directos del enemigo que encontraba un blanco seguro. Todos los Jefes, el Coronel Suárez, el Coronel Pereira de la división y los jefes de los batallones, con una serenidad admirable, puesto que, estando montados, constituían los blancos predilectos de los enemigos, todos se esforzaban por igual en infundir su aliento a los que mandaban. Nuestro Jefe, el Coronel Valladares, decía a sus soldados que empezaban a dar indicios de vacilación: “Que no se diga que los hijos de Concepción han corrido”….

… Desde que ocupamos la retaguardia de la línea de batalla, una interminable procesión sangrienta pasaba por delante y por detrás de nuestras filas; unos heridos iban todavía con paso firme y prometían llegar a la ambulancia; otros, con pasos vacilantes no tardarían en caer; los abnegados ambulantes no se daban abasto para recoger su piadosa cosecha, y pasaban y repasaban incesantemente, penetrando hasta las mismas filas del combate. Varios de estos meritorios soldados cayeron cumpliendo con exceso con su deber de peruanos y de cristianos.

Nuestra posición, repito, nos permitía observar detalladamente este aspecto triste de la batalla: a nuestro frente, a menos de 200 metros, teníamos los cerros de San Juan, y a cada momento veía aparecer esos heridos que después miraba pasar a nuestro lado; otros eran sacados por los mismos soldados de las filas de combate y puestos en lugar seguro para ser socorridos por la ambulancia.

He dicho ya que las balas perdidas del enemigo no nos causaban en un principio gran daño ni temor: dos ó tres muertos y otros tantos heridos, cuyo claros se cerraron inmediatamente en las filas, fueron todos los que vi o de los que me enteré en el espacio de media hora, más o menos, que transcurrió desde que llegamos hasta que se inicio la derrota; pero desde este momento a las raras balas que rebalsando nuestra primera línea, nos causaban perdidas más raras aun, se agregó el fuego de enfilada que empezó a llover de la derecha y que bien pronto se convirtió en verdadero huracán de plomo.

Pero no era sólo allá donde los nuestros cedían el terreno al enemigo: de repente empecé a ver aparecer de detrás de las colinas de San Juan, por nuestro frente, individuos cuya ligereza indicaba no estar heridos; luego ya no fueron individuos aislados sino grupos, pelotones; de pronto, se oye un toque inexplicable en esos momentos: el de cesar el fuego, y un momento después era toda la línea de San Juan la que abandonaba sus posiciones.

Es este instante el de mayor desfallecimiento que vi en mi vida y fue ese el momento más difícil para conservar el orden y la formación en los tres batallones que aun los guardábamos: sacando la cabeza de las filas podía verse caer sus individuos como los granos de una mazorca de maíz, como las hojas de un árbol. Un sargento y un distinguido de los cuatro que escoltaran el estandarte están ya acostados sobre el suelo; un momento más y vemos que el mismo estandarte se inclina y cayera si otros no corrieran a sostenerlo: es que ha faltado el brazo que lo sostenía, es que esta herido el subteniente Ugarte. Los más atrevidos del enemigo que ha asaltado las posiciones de San Juan aparecen en las alturas y apuntan… no, no apuntan, disparan nomás, que todo es blanco. Fue este, repito, uno de los momentos más infelices de mi vida y el más crítico de la batalla; los soldados nerviosos, frenéticos, agitaban sus fusiles, y los oficiales apenas podían impedir que se les hiciera fuego y aumentaran inútilmente la confusión de la derrota, cuando oí que el mismo General Silva daba la orden para la retirada. Habiendo llegado a hora temprana para tomar parte en la batalla, nos retiraban tarde para evitar sus efectos desastrosos.

Sonó la corneta el toque vergonzoso, y desfilamos al trote por la izquierda; pero las balas enemigas nos seguían con su mortal tenacidad, pues aunque el boscaje del camino ocultara el bulto, el polvo les enseñaba el blanco. El teniente Arroyo, que hacía de capitán de mi compañía a falta de propietario del cargo, cayo gravemente herido; alzado y colocado sobre un caballo con un individuo que lo condujera, fue alejado rápidamente del campo. Antes de separarse vivó al Perú con el aliento que le quedaba y nos exhortó una vez más a que cumpliéramos como debíamos. Después de dejar un reguero de muertos y heridos en el camino, nos vimos al cubierto de las balas enemigas…

… Al abrigo de la Escuela de Clases, como he dicho, los maltrechos batallones de la 4ª División del Norte, y los diezmados de la 5ª, menos “Zepita”, que sobre la marcha recibió orden de ir a reforzar la derecha, rehicimos completamente nuestras filas. “Huánuco”, “Paucarpata” y “Jauja” estaban reducidos a la mitad o poco menos. Una gran parte de ellos con los primeros jefes de los dos primeros, otros jefes y oficiales, habían caído en los gramadales de San Juan o en retirada; otros estaban prisioneros y algunos se habían dispersado. Los batallones de la 5ª no habían dejado prisioneros ni habían tenido dispersos; sus bajas no se debían sino al plomo, y con todo no eran menos de cien los del “Ancash” y “Concepción” no respondían ya a la lista. Pero a pesar del estrago sufrido y del espectáculo desmoralizador que habíamos contemplado, el ánimo de la tropa estaba entero; y esta actitud resuelta era más digna de elogio en los restos de la 4ª División. Deberíase ello, en parte, a los tímidos y acobardados habrían huido lejos, sordos a las órdenes y súplicas de sus jefes y oficiales, y habían quedado en filas los que sostenían su resolución de disputar palmo a palmo el terreno al enemigo, y, ya que no arrancarle la victoria, vendérsela cara.

Mientras estábamos concertando nuevamente nuestras filas, llegó el Jefe Supremo; impartió al Coronel Suárez sus nuevas disposiciones y siguió a Chorrillos, en donde ardía la batalla.

Sin demorar, pues, más tiempo que el indispensable para rehacer o rectificar su formación, salieron, de su abrigo los batallones de la 4ª y la 5ª División a ocupar nuevos puestos de combate.

La línea se extendía ahora a todo lo largo de Chorrillos y desfilaron sucesivamente a ella el “Huánuco”, en el que marchaba imponiendo a sus soldados su energía y su entusiasmo mis antiguos capitanes en el “Callao” Mendoza y García, al primero de los cuales ya no volvería a ver, y en seguida “Paucarpata” y “Jauja”; luego siguió “Ancash” que se desplegó de la Escuela a la derecha, y “Concepción” a la izquierda.

Conforme íbamos abandonando nuestro abrigo, éramos descubiertos por el enemigo, que nos enviaba sus mensajes de muerte. Empezó otra vez la música celestial, oí decir cerca de mí con un metal de voz entero, y en tono de chiste; me volví y vi que era Porfías el que había hablado.

… el modelo que yo hubiera querido imitar, el ideal de ese valor verdadero estaba realizado en Porfías. Es signo característico de este valor, la convicción de que es una facultad natural que todos poseemos en el alma, y que su ejercicio solo depende de que haya necesidad de él; por eso esta clase de valientes son mansos en su vida normal, porque el peligro no es frecuente en ella; por eso no hablan de valentía, porque no es objeto de discusión, porque no dudan del valor de nadie; por eso entre las muchas disputas que había tenido con otros o conmigo, jamás habría traído a discusión este tema. Sólo una vez, pero no promovido por él, le oí hablar de esto. El distinguido T. hablaba un día de una manera despreciativa, que siempre usaba sin empacho, de la poca confianza que le merecían “los serranos”; yo me aparté un tanto porque en general me disgustaba atravesar palabra con una persona que si entonces me era desagradable y repulsiva, hoy me es odiosa (si no ha muerto) por el crimen de que me parece ser autor.

También Porfías parecía que sentía repulsión por este sujeto, pues, contra la costumbre que me ha hecho darle el nombre con que lo llamo, jamás sostuvo porfía con él; pero estaba tan procaz y tan torpe T, que no pudo menos Porfías que acercarse y tomar la defensa de los serranos.- Sí, le dijo, muchos correrán, porque no les importa nada la capital de los viracochas que los insultan cuando no pueden…. cuando tienen miedo de hacerles algo peor; pero los serranos que sabemos que estamos defendiendo la Patria…. yo quisiera ver si les da U. siquiera a la rodilla. U. que tan valiente es…. con la boca;- y le volvió la espalda sin hacer mas caso que el desprecio merecido de las palabras de T. que lo provocaba diciendo:- Vamos afuera del cuadro… para que veas a donde te doy.

He visto, en efecto, confirmadas las palabras de Porfías: muchos de estos indios, sin concepto alguno patriótico, sin necesidad de exponer su vida por lo que no existe para ellos, han huido de la muerte en cuanto les ha sido posible libertarse de la fuerza que los obligaba a arrostrarla; pero muchos, también, consientes de lo que hacían, muchos de esos indios de cara mansa y apacible, los he visto magníficos en el combate, y recibir heroicos un balazo en el pecho o en la frente, o caer atravesado por una bayoneta enemiga…

… La acción se había vuelto a empeñar con más escarnecimiento por nuestra derecha; “Ancash” y los restos de los otros batallones que he citado, recibían ahora el empuje decisivo de los chilenos y derramaban con un objeto más útil la sangre que no habían ahorrado en la triste participación que nos había cabido en San Juan. En cuanto a “Concepción”, que ni antes ni después debía dar motivo a las apreciaciones injustas que algunos hicieran, le tocó en este periodo de la lucha una participación, si importante por su objeto, mucho menos sangrienta. Colocados en la extrema izquierda, era nuestro papel impedir que el enemigo la cerrara y nos flanqueara, encerrando a todo el ejército  en Chorrillos, como logró hacerlo con una parte de él; pero los chilenos, que no podían ignorar que teníamos un ejército de reserva en Miraflores, que podía caerles por la espalda, llevaron su ataque a fondo por el centro y la derecha, limitándose a mantener por nuestro frente guerrillas con el objeto de no perder nuestro contacto y observarnos; guerrillas con las cuales nuestra acción se redujo a un tiroteo intermitente y poco mortífero.

Sosteniendo esta actitud estuvimos más o menos hasta las diez de la mañana, hora en que abandonamos el abrigo de las tapias tras de las que estábamos y tomamos camino de Chorrillos: se había recibido orden de intentar un postrer esfuerzo para auxiliar o liberar nuestras tropas de la derecha de la derecha que peleaban ardorosamente en el Morro Solar y en la población. Una vez más renacieron los bríos del batallón, y acallando nuestros gritos de entusiasmo el ruido de la batalla, penetramos a la población. Acosados por todas partes, sordos al silbido de las balas que caían como granizo, ciegos a la vista de la muerte que marcaba nuestra marcha con huellas de sangre, llegamos en tan resuelta actitud hasta la iglesia del Buen Pastor… Pero ¿por qué se retiraba nuestra gente que cubría el frente (que en nuestro desfile teníamos a la derecha)?.... También por las calles de la población pasaba el tropel de los nuestros en sentido contrario al del enemigo. A la altura del Buen Pastor flanqueamos a la derecha y penetramos por la boca-calle al corazón del pueblo; imaginé que esto tendría por objeto cubrir nuestra maniobra ofensiva; pero muy pronto supe que era para contramarchar algo a cubierto de los fuegos con que éramos ofendidos.

¿Había sido por falta de fuerzas que apoyaran y secundaran el ataque lo que impidió llevarlo a fondo? ¿o había sido una maniobra para atraer la atención y el fuego del enemigo sobre nosotros y pudieran retirarse nuestras tropas de la derecha? Sólo en este caso resultaría útil nuestra acción, porque, en efecto, una parte de las tropas que se batían allí, se abría paso a punta de bayoneta por la calle Lima; al mismo tiempo que soldados del “Concepción”, dando la mano a los del “Ancash”, rescataban un jefe y varios soldados capturados por chilenos del “Esmeralda”, que a su turno quedaban prisioneros. Fue en este momento que cayó con una estrella en la frente el subteniente Goret.

Frustrado el último esfuerzo o llenando su único objeto, y dejando en las veredas de Chorrillos nueva y más honda huella de sangre y cadáveres, emprendimos la retirada que se nos ordenaba de Miraflores; quedando por efecto de la maniobra indicada, cubriendo la retirada, con nuestras filas cerradas y listas pare rechazar la persecución del enemigo…

… No nos persiguió el enemigo inmediatamente sino con su artillería; pero, emplazados sus cañones de modo que no nos enfilaban, lo que hubiera sido fácil, o torpemente dirigidas sus punterías, no nos causaron daño apreciable; sus disparos cruzaban diagonalmente nuestra línea de retirada, y sus granadas rebotaban o reventaban por nuestros flancos.

Un sol de enero nos abrasaba y el polvo de la marcha nos asfixiaba cuando llegamos a la línea de Miraflores: era medio día.

Al desfilar por el 2° Reducto me dijo Porfías:

-        ¿Has oído?
-        Sí….

Había oído entre comentarios que se hacían un grupo de soldados de la Reserva, estas palabras que, en estos momentos más que en ningún otro, tenían un sabor por demás amargo:

-        Estos se han venido íntegros en masa….

Cuando un momento después se pasaba lista en el potrero inmediato al Reducto, no respondieron a ella cinco oficiales y más de un centenar de soldados….

Cierto que esta pérdida era insignificante comparada con la que experimentaron otros cuerpos: el “Piérola”, en la pampa de San Juan, en donde, negándose a rendirse su jefe Reinaldo Vivanco, caía al filo del sable de la caballería enemiga, no quedando ileso casi ninguno de sus oficiales y salvando solo unas cuantas decenas de sus soldados; el “Pichincha” a quien cupo suerte igual heroica a su jefe el Coronel Pastor Sevilla; los valerosos restos que con los coroneles Noriega y Rosa Gil se abrieron paso por la Calle de Lima; pero no había sido por voluntad nuestra el que la acción del batallón se desarrollara en zona en la que el combate no asumió las proporciones sangrientas que en otros; no fue elección nuestra las diversas situaciones en que asistimos a la jornada. No, no creíamos merecer el vituperio de la crítica que encerraba aquella: habíamos soportado imperturbables sin poder hacer un tiro y sin que se ordenara nuestras filas, viendo caer a muchos de nuestros oficiales y compañeros, el fuego de exterminio de San Juan, hasta que nos hicieron retirar; habíamos cumplido nuestra consigna impidiendo el flanqueo por nuestra izquierda en Chorrillos, que hubiera dado al desastre mayor magnitud; y, finalmente, habíamos emprendido nuestra última ofensiva contra el enemigo; acciones todas que habían tenido nuestro espíritu en larga y agudísima tensión; y sin embargo, sólo en obediencia a una orden superior, habíamos abandonado el campo, sin perder por un momento nuestra formación. Y era esta circunstancia, notada y elogiada por los militares entendidos, lo que impresionaba a los reservistas, y los hacía verter la frase que tan hondamente venia a herir nuestra susceptibilidad patriótica. Cierto que no estaban aquellos en aptitud moral de emitir juicio; doblemente moral, porque no sabían lo que hablaban, y porque con el mismo criterio y con la misma razón podíamos haber dicho nosotros: Estos no se han movido de su reducto.

Ah! Pero estos argumentos que ahora se me ocurren no se me ocurrían en esos momentos; y ¿cómo se me iban a ocurrir? Me encontraba en ese estado de ánimo confuso y despechado de la infeliz doncella a quien los arrebatos de la pasión arrastraran a la cita misteriosa, y de la que saliera incólume por la frialdad de su amador, pero perdida ante el concepto de las gentes. ¡Y qué argumento poner ante el espectáculo de la batalla del Morro Solar, cuyo fragor llega a nosotros como una condenación inapelable!

Solo conociendo la magnitud del desastre podía explicarse la actitud de los que debían acudir en auxilio de los combatientes: de los 18000 hombres formados esa mañana en la línea de San Juan sólo seis mil, una tercera parte, formaron en la de Miraflores; en otra tercera parte se apreciaban los muertos, heridos y prisioneros…. Una cantidad igual se había disipado, se había colado por entre las filas de la Reserva que se desplegó para cerrar el paso a los dispersos.

Eran las dos de la tarde cuando se arrió nuestra bandera en el Morro Solar sobre sus defensores muertos o rendidos por falta de municiones y de auxilio, y surgió la de la estrella de Chile; pero, como si sus soldados no la juzgaron dignas de lucir en el cielo puro y sereno de la gloria, bien pronto se ofuscó entre el humo del incendio…” (4)

Notas

(1)  José Torres Lara, “Recuerdos de la guerra con Chile (Memorias de un distinguido). El héroe del Pacífico”. 1912. Lima, pp. 38-39.
(2)  Periódico “La Tribuna”, 22 de enero de 1884. Parte anotado y documentado del Estado Mayor General al Dictador, sobre las batallas de 13 y 15 de enero de 1881.
(3)  “Relación completa de las batallas de Chorrillos y Miraflores escrita en el teatro de la guerra por el corresponsal de La Patria”. 1881. Valparaíso, p. 8.
(4)  José Torres Lara, “Recuerdos de la guerra con Chile (Memorias de un distinguido). La batalla de San Juan”. 1911. Lima, pp. 48-74.




















Sunday, January 11, 2015

¿"Espontáneo" Urresti?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
12-1-2014

¿"Espontáneo" Urresti?

¿Actúa por la libre el ministro del Interior, Urresti? ¿Es su espontaneidad fruto de inteligencia personal y ambición política? ¿no será un metódico análisis de la ineptitud de la cuasi inexistente "oposición" la que fleta el escandaloso cúmulo de desmanes que protagoniza casi a diario el personaje de marras?

Todo parece indicar que no actúa por vía libre, tampoco por espontaneísmo y sí en cambio aprovecha, en grado sumo, la consuetudinaria estupidez genética del 98% de los así llamados políticos, capaces de plantear denuncias penales, discursos mediocres y epidérmicos pero pusilánimes para conjurar vía la censura categórica, el plan de militarización que se empuja a vista y paciencia de tirios y troyanos.

¿Qué fue aquello de pedir DNI y usar esquiroles en las marchas juveniles? ¡Una vulgar amenaza! El Perú no es un cuartel y los panegiristas, escasísimos -pero los hay-, de un ayer irrepetible debieran considerar que por más cancerosa que sea nuestra esclerosada democracia, siempre será mejor que un recinto castrense donde las órdenes se cumplen "sin dudas ni murmuraciones".

La complicidad de los miedos de comunicación es impresionante: tarde, mañana y noche, obsequian enorme espacio a las faenas de inteligencia en que está empeñado el ministro Urresti que se sabe, además, protegido no por su gobierno sino por la tristísima y escuálida "oposición" que ¡no acierta una! En Perú, desde siempre, los conchudos y caraduras, disparan primero y luego piden identificación. ¿Alguien puede negarlo?

A no pocos Urresti impresiona y hasta perfila un elemento presidenciable. ¿Importará aquello a Urresti?: no lo sé. Sí sé y tengo la convicción que él sí sabe lo que hace y juega un ajedrez de inteligencia -aunque aquí no se necesita demasiada- que provoca, insulta, emite opinión, regala cáscaras de plátano que todos pisan. Y no es que no se sepa su intencionalidad mañosa sino que los legisladores carecen de pantalones como para exigir reunión extraordinaria y dar adiós definitivo, vía la censura, a un ministro con las características de Urresti.

¡Impresionante cómo un provocador concentra sobre sí tanto faro mediático! ¿Y se podría hacer aquello sin el pacto tácito y publicitario de los miedos de comunicación presos de sus propios temores? Podrán decir o solicitar disculpas de todo jaez, pero es evidente que las flaquezas muestran la miseria humana de estos días. Más de lo mismo y hasta los ataques forman parte del estofado pestilente.

Por imperfecta que sea la democracia electoral, el presidente Ollanta Humala debe estar en Palacio hasta el 28 de julio del 2016, ni un día más ni un día menos. Hay que estar alertas para desenmascarar las próximas maniobras que vienen y que tienen, con el caso Belaunde Lossio, peligros muy delicados por el tema internacional entre Bolivia y Chile y que no puede -de ninguna manera- involucrar al Perú. ¿O hay pactos de "solidaridad" ya trazados y acordados bajo cuerda?

Los analistas políticos, o los que así gustan de denominarse para marcar la frontera con el resto de peruanos, en su inmensa mayoría repiten lugares comunes de la más alta vulgaridad. No salen del libreto no pocas veces muy bien fletado de manera mensual. Sabido es que los proyectiles que rozan la epidermis, causan daño menor. ¿Por causa de qué no denuncian la escalada militarista del tramo final de este gobierno?

Sin partidos políticos, más bien clubes electorales, taifas arrebañadas para conquistar curules o cualquier sinecura que les permita vivir de la cansada ubre del Estado, Perú navega entre densas nubes de estulticia colectiva. La corrupción nació desde cuando el trípode conquistador llegó a estas tierras: Pizarro, Almagro y Luque (este último en nombre de la Iglesia Católica). Llenarnos de "razones" y lamentaciones contra la corrupción, ni la erradica ni pulveriza, antes bien, la instala más en el ADN social de la Patria.

En un país normal, el Congreso debiera interpelar y fulminar a un ministro como Urresti. Pero mientras que aquél es dueño de libretos consabidos y estudiados, los legisladores apenas si chapurrean el abecedario a pesar de los pelotones de asistentes y tropas de secretarias pagadas con el dinero de todos los peruanos.


¿"Espontáneo" Urresti?: ¡ja ja!

Niños con Sida, ángeles con alas rotas

Niños con Sida, ángeles con alas rotas
por Zully Pinchi Ramírez; alertasenhal@gmail.com

9-1-2014

Sus delicadas manos apenas tenían fuerzas para tocar el piano que le regalé.

Las heridas en carne viva de su rostro, lejos de quitar belleza, irónicamente le hacían lucir más guapo que nunca.

Me deleitaba con sus melodías, hasta que de tanta emoción, un día se desmoronó, el sida le estaba carcomiendo los huesos.

La gente de mi entorno, guiada por su ignorancia, me recriminaban, porqué tanto iba a visitar a aquellos niños con VIH y cómo encima les ayudaba mensualmente con toda la asistencia económica posible y cómo había gastado tanto dinero regalándoles un piano de lujo.

Según aquellos, los criticones, por cierto muy sanos y bendecidos, yo era casi un "demonio" por estar al lado de un "sidoso", y era un poco "desequilibrada" por abrazar y besar sin ningún tipo de protección ni asco a esos ángeles con alas rotas.

Pero no me importaba la burla, el insulto y la humillación, no hubo mejor experiencia que jugar, cantar, bailar y enseñarnos mutuamente nuestras debilidades y fortalezas entre esos niños y yo.

Me encantaba echar mucho brillo en mis labios y como sello, besar sus frentes, tomarlos de la mano y decirles: "eres mi pequeño príncipe" o eres la más bella de las princesas de todos los cuentos de hadas.

Hace diez años estaba en mis veintes y conocer gente como ellos, me cambió la vida por completo y cuando me tocaba ir a visitarlos, tomaba mis ropas de Medio Oriente (traídas de Egipto, Israel, y Jordania lugares donde fui a hacer múltiples obras y ayudas sociales), con peluca, joyas, velo y toda la parafernalia necesaria y les enseñaba danzas hebreas, y al ritmo de las panderetas y liras, hacíamos rondas.

Tomados todos de la mano, de las muchas canciones que bailamos con mucha exaltación, fue la muy conocida, "Remolineando", la fuerza de aquellos niños destruía por pocos segundos su mortal enfermedad.

Una desafortunada tarde, tres de mis pequeños amigos habían faltado a nuestras acostumbradas reuniones, tres invitaciones verbales a indeseables velorios delataron sus súbitas muertes.

¡Cuánto dolor, cuanta desesperación, cuánto silencio con frases escondidas en gritos que se ahogaban bajo las penas de mi corazón, el destierro desolado y la inocencia a medio vivir de aquellas criaturas me causaban dolores inenarrables e indescriptibles!

Los niños con VIH necesitan nuestro amor, muchos son abandonados en las calles por sus padres irresponsables, pero ellos son criaturas puras sin culpa alguna.

De un cien por ciento, el ochenta por ciento de ellos según Unicef y la Organización Mundial de la Salud mueren cada año en Asia, América, Europa, África y Oceanía, sólo que tal información las mantienen como grandes secretos de Estado.

Los niños del Perú con VIH no reciben mucha ayuda del Estado, excepto de algunas instituciones no gubernamentales, no hay ayuda legal gratuita para aquellos que en su gran mayoría fueron violados sexualmente por pedófilos portadores del VIH, e incluso algunos de estos seres inmisericordes son grandes líderes de opinión de la televisión peruana y políticos tránsfugas, una vez más ¿qué hace el Estado?: nada.

En Solidarios ABC (Fundación internacional con sede en Perú) llevamos más de cien casos legales de pedofilia, ganando el 98 por ciento de los casos.

Los niños con VIH podrían vivir mucho más tiempo pero sus medicinas son excesivamente caras, la sociedad civil está muy ocupada en sus propios problemas, el Estado sólo tiene tiempo para maquinar sus cortinas de humo y entonces una vez más surge la pregunta, ¿A quién le importa?, este mundo necesita hombres y mujeres de valor, la mies es mucha y los obreros muy escasos.

Nuestro grupo de noventa y siete niños en cuatro años se redujo a tan sólo 12, es terrible pero es real.

A mí no me importó sufrir el desprecio de la "sociedad sin mácula" por abrazar a estos niños.

Como es de conocimiento público, está probado que abrazar y besar a niños con VIH no nos hará "sidosos" ni seremos descartados de la humanidad como lo eran antes los que se atrevían a dar ayuda y cariño a los "leprosos".

Invito a quiénes lean este artículo que se animen a ser solidarios y a darse un tiempo libre de ayudar y sobre todo a dar cinco minutos de su amor a los niños con VIH, si pueden ir acompañados de sus hijos será algo aleccionador para ellos.

Les comparto una tertulia linda que me dijeron estos pequeños y que me causó mucha gracia, una vez me preguntaron:

Zully ¿Cuántos años tienes?
 - uhm veintitantos, respondí,
¿Y eso es mucho?
 - hum, pues no tantos,
¿Y ya te casaste?,
- pues no aún no,
¿Y por qué, si eres muy bonita?
- Así me ven ustedes porque me quieren mucho.
¿Y tienes hijos?
-No
¿Cómo no? Aquí tienes más de noventa hijos y con todos los niños que ayudas debes tener como diez mil hijos, eres una madre muy bendecida.
-¡Sí hijos míos!, respondí con una gran sonrisa y secando mis lágrimas de alegría infinita.
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Remolineando

Tuesday, January 06, 2015

El cojudo, patrimonio nacional

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
26-11-2007

El cojudo, patrimonio nacional

Poco más de treinta años atrás, Luis Felipe Angell, Sofocleto, escribió el tomo I de su Enciclopedia de la Conducta Humana a la que puso por título, Los cojudos. En efecto, como lo dicen sus irrisorias y picantes líneas, de estos personajes estaba infestado el Perú de entonces, el de siempre, hoy y hasta pareciera haber un sino que nos avitualla de esa clase de bobos cual patrimonio nacional que crece en los árboles.

Verbi gracia, los de esa secta pretenden en Defensa, más recursos para consultorías (léase, pago de onanismos intelectuales a desempleados amigotes) y los mismos que han destruido la moral de las FFAA desvirtuando los genuinos conceptos de la defensa nacional adoptan las huachafadas de seguridad cooperativa, núcleo básico eficaz, etc., están, por asentimiento del resto del país, ¡en el único sitio en que no debían estar porque son quintacolumnas y trabajan contra el Perú!

Angell escribió con humor ácido pero bastante próximo a la crudeza real de lo que significa la presencia de esos ejemplares en la cosa pública. Leamos pues sus palabras y no nos llamemos a “escándalo” hipócrita por lo que dice el escritor. (Herbert Mujica Rojas)

“Nadie se atrevería a sostener, por ejemplo, que la palabra “cojudo” es de origen griego o que en algún remoto idioma quiere decir “crepúsculo”. No. Cojudo quiere decir cojudo, a secas. Y, si bien para algún campesino español este vocablo sólo se refiere a un “animal no castrado”, en el Perú, por razones que algún día quedarán al descubierto, casi diríamos que pertenece al patrimonio nacional. Porque entre nosotros la palabra “cojudo” se ha sublimado hasta alcanzar niveles sensoriales y características de ser vivo. Aquí en el Perú la cojudez se respira, se huele, tiene color y temperatura, dimensión, forma y hasta sabor, diría. Se lanza un “¡cojudo!” al aire y es como si el idioma pusiera un huevo o pariera un “algo” capaz de hablar, moverse, crecer y multiplicarse en miles y miles de otros “cojudos” poliformos. Más allá del idioma, la cojudez nos penetró en la sangre y, a través de ella, nos invadió el cerebro. Se nos hizo indispensable para vivir, comunicarnos y resumir en sus tres sílabas todo el contexto espiritual, social, intelectual y material de nuestro pueblo. Poco a poco nos fuimos impregnando de cojudez en todas sus posibilidades y variantes. Hicimos de ella un verbo, un adjetivo, un sustantivo, un título, una marca de fábrica y una gallarda frontera que separaba a los demás cojudos de nosotros. Sin darnos cuenta fuimos elevando la cojudez al grado místico de abracadabra, de las varitas mágicas, del curalotodo y de la penicilina verbal. Pronto el cojudeo surgió como una de las profesiones liberales y como base inamovible de nuestro ordenamiento sociológico. De la noche a la mañana comenzamos a fabricar cojudos en serie, exportando a los más completos (muchos de ellos a través del Servicio Diplomático) para infiltrar la cojudez en los países vecinos, como hizo Inglaterra con China cuando introdujo el opio para desmoralizarla. El clima, el aire, el mar de nuestras costas, los microbios, el agua, el cielo e, inclusive, los rayos de la Luna al cruzar por la atmósfera, todo se volvió cojudo en el Perú, hasta que un día, de la manera más cojuda, comprendimos que no teníamos alternativa ni salida.

¿Navegaríamos en la historia como una flotilla de cojudos a la vela? No. Pero suicidarse era tan cojudo como seguir viviendo y sólo nos quedaba la resignación, que es otra reverenda cojudez. También nos quedaba el consuelo de acostumbrarnos a la idea de enfrentarnos a ella, de aceptar la realidad y de cojudearnos los unos a los otros proclamando ante la humanidad que éramos diferentes y originales.... Para esto era indispensable limpiar a la cojudez de toda implicancia escatológica y elevar su condición folclórica a la categoría de ciencia o filosofía social. Era necesario clasificar, definir, organizar, remontarse hasta los orígenes etimológicos de “lo cojudo” químicamente puro y legar ese estudio a las futuras generaciones, para que nuestros nietos se fueran acostumbrando a la idea de ser unos solemnes cojudos por los siglos de los siglos, amén. Esta es, modestamente, la tarea asumida en el presente libro, que aspira a convertirse en un volumen esencial para cualquier estudio contemporáneo o futuro de la sociedad peruana. Esperemos que así sea.

De lo contrario, el autor habrá perdido su tiempo como un pobre y triste cojudo”. Los cojudos, Lima 1976, pp. 13-14-15



Monday, January 05, 2015

¡Ladrones a tiempo completo!

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
18-6-2006

¡Ladrones a tiempo completo!

¿Qué diferencia a un ratero de cuello y corbata, de esos que viajan con frecuencia, gastan dinero de los contribuyentes, no pelean nada por el Perú y acumulan millaje en los aviones, con los cacos y monreros criminales que pululan por todas las calles del Perú? ¡Francamente nada! Son idénticos, sólo que unos son más galanos e instruidos que los otros. ¡Claro que en cuanto a depredar y pervertir la vida diaria, ambos especímenes, son parte cancerosa del cuerpo social del país! Estos malos funcionarios son ¡ladrones a tiempo completo!

La historia es recurrente y no tiene, por desgracia, nada de nueva. Se reitera cada vez que un gobierno se va y otro adviene. De repente la frivolidad del moribundo y en sus últimos días del actual es más escandalosa que la de otros. Por fortuna el presidente electo García Pérez ha dicho en público que su administración sancionará y hará devolver todo lo robado. ¡Vamos a ver!

¿Cómo escarmentar a los ladrones que hay en la administración pública? Los cargos los tienen de abuelos a nietos y la gran mayoría se protege entre sí. El espíritu de cuerpo, válido para las grandes empresas colectivas y sociales, es una coraza de impunidad y hermandad en el delito y en el robo. Si uno cae, arrastra, en larga cadena al subsiguiente, por tanto, para que nadie afronte la desgracia, ¡nadie debe ser culpable! ¿Serán más importantes los carnés partidarios o los compadrazgos taimados a la hora de poner en la picota a los pillos? Nuevamente ¡vamos a ver!

¿Cómo se escudriñan las veleidades, a veces muy sospechosas, de todos esos funcionarios ministeriales que “negociaron” el TLC con Gringolandia; las diversas concesiones plenas en irregularidades y el otorgamiento de contratos de estabilidad tributaria o privatizaciones del gobierno actual y de los anteriores? Como principio debía establecerse que los crímenes contra el Estado no prescriben y que todo lo mal obtenido debe ser retenido o expropiado. Además ¡ningún hombre o mujer que haya tenido cargos de importancia, podrá trabajar para empresas vinculadas a capítulos, nacionales o extranjeros, que hubieran requerido de su participación burocrática, por lo menos en 15 años!

¿Y cómo castigar a los delincuentes? A veces las cárceles son insuficientes. Sostengo que a los cacos debía enviárselos a limpiar baños, arreglar jardines, barrer pistas y calles, cuidar cruceros peatonales u ordenar las colas de los microbuses, siempre con su credencial del ministerio o dependencia a la que perteneció, al pecho, para que su identidad esté a la vista y hasta que completen el tiempo para su jubilación. Además, debía descontarse la reparación civil que el Estado imponga al mal servidor. El látigo moral ¡es mucho más efectivo que leyes dadas por pandillas hábiles en buscar cortapisas y amenguar los castigos!

Ciertamente, estos cánceres ambulantes, no podrán postular a puestos públicos ¡nunca más! y morirán con el estigma de traidores a la patria. ¡No interesa que fueran u ocuparan cargos importantes, por eso mismo, la punición debe ser mucho más estricta! Cuando en Perú se logre apostrofar o escupir en sitios públicos a los malos parlamentarios, pésimos diplomáticos, funcionarios ministeriales antipatrióticos, periodistas venales y a sueldo de las gavillas o transnacionales, y botarlos de restaurantes, cines, clubes o de lo que fuera, entonces el país conseguirá una catarsis extraordinaria que mostrará ¡cómo se repugna en Perú a los delincuentes! Mientras que eso no ocurra, entonces, todo seguirá como hasta ahora, cuasi ahogados en la miasma del robo público.

¡Eso sí es pelear contra el poder que basa en la corruptela espiritual y material de los burócratas y sus pandillas, la enorme fábrica de contratos bajo la mesa y de traiciones al Perú al por mayor! ¡Pero eso hay que pulverizarlo!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

hcmujica.blogspot.com

Skype: hmujica

Sunday, January 04, 2015

Tecnología y Compromiso por el Perú

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
5-1-2015

Tecnología y Compromiso por el Perú

Que la tecnología es el factor contemporáneo más revolucionador y rápido es una verdad indiscutible. ¿Significaría eso que los líderes políticos, empresariales, periodísticos, militares, académicos, están concientes de esta monumental premisa? Tengo la impresión que no es así. Verbi gracia, se anuncia que en pocos meses tendremos más operadoras telefónicas. Entonces ¿cómo se explica que apenas el 40% de la población peruana -30 millones- esté conectado a Internet y en velocidades de 2G y 3G y el 60% no lo esté de ninguna manera?

Fundamental que las operadoras telefónicas, las que están y las que lleguen, garanticen ¡al 95%! el acceso veloz, barato y ultra-moderno a Internet y que acometan, como mínimo, un mercado potencial de más de 1 millón de personas! ¡Que inviertan en infraestructura porque otras ventajas -sueldos bajos y mano de obra muy barata- ya tienen en el marco jurídico que hay en Perú!

La tecnología y su uso con sentido social -hacia el mayor número de personas y contingentes ciudadanos- debe ser incorporada al Plan Educativo del Perú y ser una política de Estado apoyada por todas las colectividades. No sólo eso, en la actualidad el Estado respalda con algo así de S/ 300 millones de soles las iniciativas-emprendimientos y las ideas que impulsan sus vectores, llamadas startups. ¿Reparó que Perú tiene US$ 65 mil millones de reservas? ¿por causa de qué es tan mísero el aporte hacia la construcción tecnológica, básicamente juvenil?

He hablado con líderes políticos, empresarios, periodistas y amigos en general de diversas instituciones profesionales: el 98% no está enterado de nada y vive casi al margen de un tema sobre el cual hay información. Pero es evidente que debe haberla en mucho mayor grado. Y he allí el Compromiso con el Perú.

No ha mucho tomé conocimiento que ¡nada menos! la empresa norteamericana FedEx* compró Bongo, empresa cuyos ingenieros y creadores de software ¡son peruanos! La millonaria transacción demuestra que cuando se trata de tecnología sí hay grandes firmas dispuestas a invertir, apoyar y desarrollar lo que es bueno. ¡Y este es un ejemplo pero es un caso aislado!

El emprendimiento en el Perú es básicamente de supervivencia, o sea para pagar las cuentas y llegar, de algún modo, a fin de mes. Pero aún no tenemos el emprendimiento que genere valor agregado a escala global y no exportamos todavía patentes, servicios, tecnologías desarrolladas aquí y aplicadas a la solución de grandes problemas contemporáneos.

Lograr que Perú convierta a la tecnología como parte de su sistema educativo, con promoción de sus portaestandartes a lo largo y ancho del país, con respaldo estatal y también inversión foránea y de calidad, con una supervisión basada en la productividad y beneficio hacia el mayor número de comunidades, representa un desafío inobjetable y que nadie puede eludir.

This is my commitment. What is yours? Peruvian technological market is still little but the more information guides to settle more and more businesses, involving academical, political, professional communities. In the days going time is very, but very fast. Want to be part of the change? This is a goal to be accomplished but there is a need of all kind of support, since cash to material. Yours would be the response, now and here. We don't give credit to promises. To be or not to be, that is the question.

La tecnología puede derribar muros acercando a los peruanos de todas las sangres y pareceres. Pero es imprescindible que el Estado y vía un nuevo contrato social, acuerde, entre otras cosas, la tecnología como política nacional ¡para los próximos 100 años! Sabido es que el peruano es un trabajador con mucha imaginación y creatividad, y que con disciplina productiva e ingenio puede obtener logros sorprendentes. El sector Educación del Perú debiera plantearse el reto que por cada facultad de Derecho en las universidades, deban existir dos o tres facultades de Tecnología en las universidades de la nación.

Además, hay otra consideración de peso: la mayoría del país es parte de una juventud desencantada con la política y con quienes la hacen esquilmando y robando, produciendo vergonzosos episodios con estafas y engaños, entonces merece respaldo y orientación. La tecnología puesta al servicio integral de los más y no de los menos, es la gran revolución que el Perú necesita.
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*Millonaria FedEx Compra Empresa con Tecnología 100% Desarrollada en Perú
http://www.timov.pe/millonaria-fedex-compra-empresa-con-tecnologia-100-desarrollada-en-peru/


Saturday, January 03, 2015

El refugiado Martín Belaunde

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
2-1-2015

El refugiado Martín Belaunde

En las próximas horas, gracias a las tareas de ACNUR, agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, el señor Martín Belaunde Lossio, gozaría de esa credencial por la que ningún gobierno podría entregarlo ni ponerlo a disposición de alguna solicitud de captura o requisitoria de cualquier especie. El régimen boliviano que preside Evo Morales que estuvo en Lima hace pocos días, no podría hacer nada frente a una realidad puntual. Es bueno recordar que la visita de Morales al presidente Humala acabó sin manifestación de ninguna especie.

¿Cómo salió Belaunde del país y se fue a la altiplanicie? Parece inobjetable la deducción que el ministro del Interior, Urresti, está pintado en la pared. Vocinglero y espectacular, se ha creído el cuento que en Perú todos son más o menos tarados e incapaces de aprehender por causa de qué los espectáculos circenses. Un amigo me dice: ¡así actúan los militares! Me temo que para eso no fueron elegidos y así no trabaja ninguna persona decente. A menos que......

En efecto, se produjeron en los últimos 45 días del 2014, escándalos que distrajeron a la opinión pública de una manera difusa. Baste recordar que las actitudes del ministro de Justicia, Figallo, han pasado a tercer o cuarto plano y en cambio el ridículo de Urresti haciendo propaganda a los del Movadef y "alertando" contra el peligro de la captura de Belaunde Lossio que ya había salido del Perú hace rato, podrían llamarse distractivos.

En tiempos de Fujimori y Montesinos, los psicosociales, abundaron y a nadie escapa para qué se hicieron y con qué aviesos propósitos. Sin duda lo que acontece en nuestros días y bajo el amparo del gobierno salido de las urnas, del presidente Ollanta Humala no es más que una casualidad. ¡Cualquier otro pensamiento es pura coincidencia!

Parece muy lógico que Cancillería a través de su titular Gonzalo Gutiérrez haya comunicado al gobierno de La Paz que Belaunde Lossio no reúne las condiciones para ser considerado asilado político. Se desconoce si acaso aventuraron una situación similar con respecto a la categoría de refugiado que no la da el gobierno boliviano sino la ACNUR con lo cual más de uno podrá lavarse -a lo Pilatos modernos- las manos.

En un país normal, las metidas de pata monumentales y bellas en su torpeza elefantiásica escandalosa de un ministro del Interior, habrían ya concluido en la renuncia del protagonista. No obstante no una sino muchas veces, hemos dicho que Perú es un país bendito por sus singularidades, verbi gracia: ¡aquí llueve para arriba!

Cualquier observador, hasta el más elemental, podría concluir que la captura y las consiguientes revelaciones de Martín Belaunde Lossio, aterran a no pocas personas. Pareciera que es dueño el señor del conocimiento de múltiples intríngulis que comprometerían ante la opinión pública, el Congreso y ante la justicia penal, a quienes se han encargado, vía los psicosociales, de evitar la captura y apresamiento del susodicho.

Es hasta posible, ahora sí, entender cómo el gobierno no echa a la basura la ley juvenil, ante tantas protestas multitudinarias de los muchachos en las calles. Ensayar una interpretación no está demás: ¡son dinámicas muy útiles que alejan el tema de Belaunde del foco de la opinión pública! ¿O no es así, tagarotes pseudo hábiles de las alturas en el centro de Lima?

Que no sorprenda, pues, que el señor Martín Belaunde Lossio goce de un status de refugiado. Así lo han querido las casualidades. Poderosos deben ser los arcanos que guardan mucha información y en torno a la actuación contra la fe pública, la honestidad o el honor. ¿De qué otro modo puede entenderse toda esta payasada?


Estamos notificados de lo que se viene.