Monday, April 29, 2024

Faltan pensantes, sobran corruptos

 

Informe

Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas

29-4-2024

 


Faltan pensantes, sobran corruptos

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Si la corrupción, pobredumbre, caos, desorden y alboroto, gobiernan en Perú, desde las altas magistraturas hasta el último burócrata del Estado, es porque el ADN esencial de la ciudadanía, a lo largo de la historia, contiene el mal.

 

Desde la génesis de la vida llamada independiente, inclusive antes en la colonia, no hay época ni tránsito ciudadano que no camine por los torcidos senderos de la corrupción. Presidentes, alcaldes, prefectos, hacendados, capataces, dueños de haciendas o empresas explotadoras, todos se muestran felices por sabotear el esfuerzo y hacerse más ricos sin mucho tesón.

 

Y para impartir justicia, desde antaño como hasta hoy, los grupos de poder, educaron a sus abogángsteres, burócratas, parlamentarios, gerentes y operadores, y los inocularon al cuerpo del Estado de forma tal que gobernaban sin haber sido elegidos y robaban y roban como suertudos afortunados.

 

En el período 1990-2000, se asentó una cofradía, patota, organización de organizaciones, que ubicó a sus expertos alfiles en el Banco Central de Reserva, en todos los ministerios, en la judicatura y sus numerosos insterticios. La savia del funcionamiento del Estado peruano reconoció la mano profesional de rateros al por mayor y delincuentes sin vergüenza alguna.

 

Y no es que antes no se hallara la pista de múltiples latrocinios, ese decenio contó con el silencio de las instituciones, la mirada al costado de los llamados a poner fin al robo y numerosas campañas de estupidización colectiva, mostraron vírgenes que lloraban, asesinatos sin autores, milagros sin santos y expoliaciones sin culpables terrenales.

 

El fujimorismo, esa organización que tiene una impresionante lista de réprobos penalmente castigados, arriesga nuevamente en breve, la libertad de su lideresa y hay más de 20 mil folios de investigación en el caso de la señora Keiko Fujimori.

 

¿Bastarán los castigos, si alguna vez llegan a aplicarse, para decapitar la corrupción? Me temo que la respuesta, infortunadamente, es no.

 

La corrupción en Perú es un monstruo de cabezas incontables, pócima hasta hoy imbatible y demasiado potente para con los débiles que navegan orondos en aquella.

 

Mientras que en los hogares los padres no den el ejemplo y olviden eso de hacer trampas, o criolladas, para evitar el camino correcto, persistiremos en una siembra, cultivo y crecimiento de la corrupción.

 

Si la corrupción funciona es porque el habitante de a pie, la consiente y la hace suya con esa resignación boba que exclama: “así son las cosas, ¿qué se va a hacer?”. Semejantes renuncias y claudicaciones son el atajo fácil y el camino desvergonzado a mirar cómo se pudre el país cuesta abajo la rodada.

 

Las pretendidas escuelas de gobierno, los clubes electorales, alias partidos, han perfeccionado el adiestramiento de los futuros asaltantes del gobierno central, los provinciales, las alcaldías, todas las instituciones. “¿Cómo es la mía?” parece ser su lema de combate.

 

Alfonso Barrantes Lingán, el recordado ex alcalde de Lima, lustros atrás, manejaba un auto escarabajo viejo y en camino de fosilización. A veces nos pedía ayuda para empujarlo porque no arrancaba y se iba feliz luego con sus diarios comprados en las esquinas de Av. 28 de julio y Ramón Ribeyro.

 

Para el cajamarquino sólo ser político honesto, ya constituía una revolución en Perú. Inferir que el común de políticos es poco o nulamente honesto, es una conclusión imbatible. Y penosa.

 

Haya de la Torre murió en casa fraterna pero ajena el 2-8-1979. Hizo presidentes, diputados, senadores, alcaldes, ayudó y orientó multitudes. Cobró mensualmente en la Asamblea Constituyente S/ 1 (un sol) y su única riqueza fueron los libros. Por desgracia, algunos que se reputan sus seguidores son notables pero por sus uñas largas y codicia palurda.

 

Que se sepa nunca se encontraron posesiones indecorosas al ex presidente Fernando Belaunde.

 

Por tanto, para emplear un término más o menos actual ¡hay que viralizar, la honradez, la austeridad, la ambición sana de sortear las dificultades pero con limpieza en el juego y en la vida pública!

 

Los jóvenes necesitan tener motivos para quedarse, trabajar en el Perú, hacer su vida y con la esperanza que serán las generaciones venideras las que continúen un camino exitoso y pulcro. De otro modo ¿no hemos visto que casi 500 mil muchachos, se fueron en los últimos 36 meses?

 

He allí el reto de la vida peruana, el acertijo que hay que descifrar para dejar de ser parias y desadaptados que mostramos al mundo nuestras taras más aberrantes y criminales.

 

No hay mal que dure 100 años (203 en el caso peruano), ni cuerpo que lo resista.

 

Faltan pensantes, sobran corruptos.

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