Thursday, April 30, 2026

¿Y los 33 millones de peruanos?

 

Informe

Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas

30-4-2026

 


¿Y los 33 millones de peruanos?

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La guerra de invasión de Chile al Perú, 1879-1883, suele enseñarse como un conflicto regional entre Perú, Bolivia y Chile. Sin embargo, hay interpretaciones que la sitúan dentro de un tablero más amplio, donde intereses británicos habrían influido decisivamente para asegurar el control de recursos estratégicos como el salitre y yacimientos clave como Chuquicamata.

 

Debido a esta lectura, la historia no sería solo una disputa vecinal, sino un capítulo temprano de la geopolítica de recursos y la exhibición del poder imperial para el logro de sus objetivos. Las víctimas siempre los del pueblo.

 

Similitudes peligrosas

 

Hoy, algunos analistas ven paralelismos inquietantes. La adquisición de aviones F-16, mediante acuerdos con Estados Unidos, no solo implica una decisión militar, sino también política.

 

Se subraya que estos contratos incluirían cláusulas que limitan su uso contra países que Washington considere fuera de conflicto, como Chile.

 

Solo esto colocaría al Perú en una situación de dependencia operativa, condicionando su capacidad de defensa soberana y el posible veto a cualquier respuesta ante amenazas agresivas de las que hay memoria: 1836-1839; 1879-1883.

 

Invasión cantada

 

En un escenario hipotético más extremo, se plantea que, ante tensiones globales, Estados Unidos podría intervenir indirectamente en territorio peruano para contrarrestar la influencia china, atacando infraestructura estratégica vinculada a inversiones asiáticas -como puertos, redes eléctricas o proyectos mineros-, incluso utilizando aliados regionales.

 

Tras ese supuesto, Perú quedaría atrapado en medio de una disputa mayor, sin plena autonomía para responder. ¡Peor aún, los descalabros y destrucción de infraestructura, plantas o instalaciones, podrían ser pulverizados con perjuicio exclusivo para el Perú.

 

Sigilo condenable

 

Estas preocupaciones se agravan por la percepción que decisiones clave se toman con poca transparencia, “entre gallos y medianoche”, y con el respaldo de actores políticos que priorizarían intereses externos o personales sobre los nacionales.

 

Esta narrativa conecta con una idea recurrente en la historia peruana: la existencia de élites que facilitan injerencias extranjeras en momentos críticos. Los quintacolumna o vendepatria, son una página de vergüenza frecuente en la historia republicana del Perú.

 

Pelea en tarima ajena

 

El trasfondo de esta discusión es más amplio: un enfrentamiento global entre dos modelos geopolíticos. Por un lado, la proyección militar de Estados Unidos; por otro, la expansión logística y económica de China. Uno basado en poder duro, otro en infraestructura y comercio.

 

En ese contexto, decisiones como la compra de armamento adquiere una dimensión estratégica que trasciende lo técnico, compromete élites cómplices, gobernantes sin mayor ilustración y los fondos económicos de países que como Perú, afronta desafíos de altísima urgencia social.

 

Trastos viejos

 

Críticos de la operación comparan la adquisición de los F-16 con la compra de tecnología obsoleta, equiparándola a otros proyectos cuestionados por su costo-beneficio. También señalan posibles maniobras políticas internas para favorecer esta compra, como intentos de deslegitimar otros proyectos de infraestructura pública.

 

Carne con hueso

 

Según declaraciones atribuidas a fuentes militares, el acuerdo contemplaría no solo una primera adquisición significativa, sino también una segunda fase financiada parcialmente mediante fondos estadounidenses destinados a “aliados estratégicos”.

 

Esto reforzaría la hipótesis de que el Perú estaría siendo integrado a una arquitectura de defensa alineada con intereses externos.

 

¿A control remoto?

 

En conjunto, estas ideas configuran una visión crítica y polémica: la de un país que, una vez más, podría estar entrando en una dinámica internacional compleja sin pleno control de sus decisiones.

 

Para algunos, una historia que resuena con ecos del pasado; para otros, una exageración propia de tiempos de incertidumbre global. En cualquier caso, refleja una preocupación persistente sobre soberanía, transparencia y el lugar del Perú en el mundo.

 

¿Destino incierto?

 

De lo expuesto es fácil inferir que hay algo seguro: Perú escenario de conflictos de ultramar. No obstante la pregunta deviene imprescindible: ¿y qué del destino de 33 millones de peruanos que habitan un territorio con riquezas inmensas por explotar, área geográfica central en América Latina y con el imprescindible derrotero de orientar a Brasil, desde el Atlántico al Pacífico con uso masivo y rentable de los puertos peruanos?

 

 

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