Friday, July 10, 2009

¿Y la solidaridad con los aplastados?

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
10-7-2009

¿Y la solidaridad con los aplastados?
http://www.voltairenet.org/article160952.html

Pocas semanas atrás el ciudadano Luis Alberto Salgado Tantte fue
expulsado del Apra. Le echaron sin oír sus testimonios, descargos o
aclaraciones que, de repente, no hubieran variado, un ápice, la
imperial ordenanza de su desafuero. Los derechos humanos a la libre
expresión, al debido proceso, al buen nombre, a la dignidad y decoro,
fueron hechos trizas en el único idioma que disimula la bestialidad de
quienes no ocultan para nada su barbarie: vía un comunicado o
resolución. Cuando los derechos humanos de un aprista son degollados:
¿no es que la sociedad debiera protestar y fulminar a los criminales?
Veamos.

Jesús Guzmán Gallardo fue categórico en su condena y fue más enérgico
en su solidaridad con Salgado. El grupo Vanguardia Aprista de creación
fina y pundonorosa intelectual cuanto que de análisis cotidiano, hizo
lo propio y también se expresó por escrito ratificando su condena a
los Potros Negros de bárbaros Atilas que obran a control remoto y vía
saltimbanquis que fungen de secretarios. Fernando Arias hizo una carta
tibia e indefinida y que procuró decir algo por el atropello de
Salgado pero que cuidó muy mucho de mantenerse dentro de los cánones
del sistema interno. ¿Y qué hay del resto de candidatos a la
secretaría general del Partido Aprista? ¡Sólo silencio oprobioso!, que
condena a sus protagonistas que debieran recordar que uno de las
máximas dice: Solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del
mundo. El país es testigo de su amnesia vergonzante.

Si así están las cosas, opacas por no decir grises, contagiadas de
resfríos coyunturales convenientes, en el Apra, es oportuno preguntar,
otra vez, ¿qué dijeron las múltiples instituciones que vociferan
custodiar los derechos humanos en el país? El categórico ¡nada de
nada! certifica una hipocresía monstruosa, vil, profundamente
mercenaria. Y el asunto discurre por avenidas que están reñidas hasta
con su propia lógica sectaria y anti-aprista porque no secundan lo que
debiera –y así va a ser- una lucha indeclinable contra el abuso de que
es objeto Luis Alberto Salgado, sino que mañana podrían ser las
víctimas los que no son del partido oficialista. Entonces sí
protestarían, porque para eso sí hay dinero, dólares y euros, pero
cuando se trata de un elemento valioso y destacado en la defensa de
los derechos humanos, aquí y en el extranjero, como que fue personero
de Naciones Unidas en sitios tan conflictivos como Guatemala y Africa,
entonces si de eso se trata, la respuesta es elusiva y pusilánime.
¿Qué clase de miserables son aquellos? ¿puede la miserabilidad admitir
un escalafón tan bajo y abisal?

Hay un dicho que reza: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon
las tuyas en remojo. ¿Entenderán las organizaciones de nuevos
gángsteres el profundo mensaje cotidiano de tal expresión?

¿En qué momento castraron el cerebro levantisco, insurreccional,
revolucionario, de los militantes apristas que miran pasivos e
indolentes cómo les roban a sus mejores cuadros? ¡A menos que crean
que esa torpeza sea parte de alguna nueva "doctrina" más bien personal
de ciertos megalómanos y sus parlantes humanos! El padre de Luis
Alberto Salgado fue miembro fundador de la gloriosa Federación Aprista
Juvenil en 1934 al lado de Armando Villanueva, Tulio Velásquez, Susana
Medrano, Andrés Townsend y muchos otros que luego fueron asesinados
por las dictaduras que persiguieron a los apristas por el solo hecho
de querer hacer la revolución de pan con libertad.

Felizmente Salgado persiste en su terca convicción de lograr que el
exabrupto sea echado al lugar que corresponde, la basura, y él está
persuadido que puede tentar la Secretaría General del partido que lo
ha echado. ¿No será que el miedo carcome a ciertas personas, entre
ellos, al actual SG Mauricio Mulder? El hombre común y corriente debe
conocer que cuando el señor Mulder no tenía la más mínima idea de qué
era el tema social, quien lo orientó, llevó al partido, afilió y leyó
el abc de esos rudimentos, fue LAS. No es muy poético y mucho menos
justiciero que él firme el tristísimo documento que bota a su antiguo
maestro del Apra.

Y en las bases van creciendo las protestas múltiples por el desmán
lamentable. No hay mal que dure cien años, ni cuerpo –o partido- que
lo resista.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

Lea www.voltairenet.org/es
hcmujica.blogspot.com
Skype: hmujica

Thursday, July 09, 2009

Secreto del gobierno: ¡debilitar espíritu público!

Los libros, mis amigos
por Herbert Mujica Rojas
9-7-2009

Secreto del gobierno: ¡debilitar espíritu público!
http://www.voltairenet.org/article160934.html

Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, Maurice Joly,
Alianza Editorial, Barcelona 1977, pp. 55-60.

Diálogo Séptimo

Maquiavelo

Aquí podemos detenernos.

Montesquieu

Os escucho.

Maquiavelo

Debo deciros ante todo que estáis profundamente equivocado con
respecto a la aplicación de mis principios. El despotismo aparece
siempre a vuestros ojos con el ropaje caduco del monarquismo oriental;
yo no lo entiendo así; con sociedades nuevas, es preciso emplear
procedimientos nuevos. No se trata hoy en día, para gobernar, de
cometer violentas iniquidades, de decapitar a los enemigos, de
despojar de sus bienes a nuestros súbditos, de prodigar los suplicios;
no, la muerte, el saqueo y los tormentos físicos sólo pueden
desempeñar un papel bastante secundario en la política interior de los
Estados modernos.

Montesquieu

Es una inmensa suerte.

Maquiavelo

Os confieso, sin duda, que muy poca admiración me inspiran vuestras
civilizaciones de cilindros y tuberías; sin embargo, marcho, podéis
creerlo, al ritmo del siglo; el vigor de las doctrinas asociadas a mi
nombre estriba en que se acomodan a todos los tiempos y a las
situaciones más diversas. En nuestros días Maquiavelo tiene nietos que
conocen el valor de sus enseñanzas. Se me cree decrépito, y sin
embargo rejuvenezco día a día sobre la tierra.

Montesquieu

¿Os burláis de vos mismo?

Maquiavelo

Si me escucháis, podréis juzgar. En nuestros tiempos se trata no tanto
de violentar a los hombres como de desarmarlos, menos de combatir sus
pasiones políticas que de borrarlas, menos de combatir sus instintos
que de burlarlos, no simplemente de proscribir sus ideas sino de
trastocarlas, apropiándose de ellas.

Montesquieu

¿Y de qué manera? No entiendo este lenguaje.

Maquiavelo

Permitidme; esta es la parte moral de la política; pronto llegaremos a
las aplicaciones prácticas. El secreto principal del gobierno consiste
en debilitar el espíritu público, hasta el punto de desinteresarlo por
completo de las ideas y los principios con lo que hoy se hacen las
revoluciones. En todos los tiempos, los pueblos al igual que los
hombres se han contentado con palabras. Casi invariablemente les basta
con las apariencias; no piden nada más. Es posible entonces crear
instituciones ficticias que responden a un lenguaje y a ideas
igualmente ficticios; es imprescindible tener el talento necesario
para arrebatar a los partidos esa fraseología liberal con que se arman
para combatir al gobierno. Es preciso saturar de ella a los pueblos
hasta el cansancio, hasta el hartazgo. Se suele hablar hoy en día del
poder de la opinión; yo os demostraré que, cuando se conocen los
resortes ocultos del poder, resulta fácil hacerle expresar lo que uno
desea. Empero, antes de soñar siquiera en dirigirla, es preciso
aturdirla, sumirla en la incertidumbre mediante asombrosas
contradicciones, obrar en ella incesantes distorsiones, desconcertarla
mediante toda suerte de movimientos diversos, extraviarla
insensiblemente en sus propias vías. Uno de los grandes secretos del
momento consiste en saber adueñarse de los prejuicios y pasiones
populares a fin de provocar una confusión que haga imposible todo
entendimiento entre gentes que hablan la misma lengua y tienen los
mismos intereses.

Montesquieu

¿Cuál es el sentido de estas palabras cuya oscuridad tiene un no sé
qué de siniestro?

Maquiavelo

Si el sabio Montesquieu desea reemplazar la política por los
sentimientos, acaso debiera detenerme aquí; yo no pretendía situarme
en el terreno de la moral. Me habéis desafiado a detener el movimiento
en vuestras sociedades atormentadas sin cesar por el espíritu de la
anarquía y la rebelión. ¿Me permitiréis que os diga cómo resolvería el
problema? Podéis poner a salvo vuestros escrúpulos aceptando esta
tesis como una cuestión de pura curiosidad.

Montesquieu

Sea.

Maquiavelo

Concibo asimismo que me pidáis indicaciones más precisas; ya llegaré a
ellas; mas permitidme que os diga ante todo en qué condiciones
esenciales puede hoy el príncipe consolidar su poder. Deberá en primer
término dedicarse a destruir los partidos, a disolver, dondequiera
existan, las fuerzas colectivas, a paralizar en todas sus
manifestaciones la iniciativa individual; a continuación, el nivel
mismo de temple decaerá espontáneamente, y todos los brazos, así
debilitados, cederán a la servidumbre. El poder absoluto no será
entonces un accidente, se habrá convertido en una necesidad. Estos
preceptos políticos no son enteramente nuevos, mas, como os lo decía,
son los procedimientos y no los preceptos los que deben serlo.
Mediante simples reglamentaciones policiales y administrativas es
posible lograr, en gran parte, tales resultados. En vuestras
sociedades tan espléndidas, tan maravillosamente ordenadas, habéis
instalado, en vez de monarcas absolutos, un monstruo que llamáis
Estado, nuevo Briareo cuyos brazos se extienden por doquier, organismo
colosal de tiranía a cuya sombra siempre renacerá el despotismo. Pues
bien, bajo la invocación del Estado, nada será más fácil que consumar
la obra oculta de que os hablaba hace un instante, y los medios de
acción más poderosos quizá los que, merced a nuestro talento,
tomaremos en préstamo de ese mismo régimen industrial que tanto
admiráis.

Con la sola ayuda del poder encargado de dictar los reglamentos
instituiría, por ejemplo, inmensos monopolios financieros, depósitos
de la riqueza pública, de los cuales tan estrechamente dependerían
todas las fortunas privadas que estas serían absorbidas junto con el
crédito del Estado al día siguiente de cualquier catástrofe política.
Vos sois un economista, Montesquieu, sopesad el valor de esta
combinación.

Una vez jefe de gobierno, todos mis edictos, todas mis ordenanzas
tendrían constantemente el mismo fin: aniquilar las fuerzas colectivas
e individuales, desarrollar en forma desmesurada la preponderancia del
Estado, convertir al soberano en protector, promotor y remunerador.

He aquí otra combinación también pedida en préstamo del orden
industrial: en los tiempos que corren, la aristocracia, en cuanto
fuerza política, ha desaparecido; pero la burguesía territorial sigue
siendo un peligroso elemento de resistencia para los gobiernos, porque
es en sí misma independiente; puede que sea necesario empobrecerla o
hasta arruinarla por completo. Bastará, para ello, aumentar los
gravámenes que pesan sobre la propiedad rural, mantener la agricultura
en condiciones de relativa inferioridad, favorecer a ultranza el
comercio y la industria, pero sobre todo la especulación; porque una
excesiva prosperidad de la industria puede a su vez convertirse en un
peligro, al crear un número demasiado grande de fortunas
independientes.

Se reaccionará provechosamente contra los grandes industriales, contra
los fabricantes, mediante la incitación a un lujo desmedido, mediante
la elevación del nivel de los salarios, mediante ataques a fondo
hábilmente conducidos contra las fuentes mismas de producción. No es
preciso que desarrolle estas ideas hasta sus últimas consecuencias, sé
que percibís a las mil maravillas en qué circunstancias y con qué
pretextos puede realizarse todo esto. El interés del pueblo, y hasta
una suerte de celo por la libertad, por los elevados principios
económicos, cubrirán fácilmente, si se quiere, el verdadero fin.
Huelga decir que el mantenimiento permanente de un ejército
formidable, adiestrado sin cesar por medio de guerras exteriores, debe
constituir el complemento indispensable de este sistema; es preciso
lograr que en el Estado no haya más que proletarios, algunos
millonarios, y soldados.

Montesquieu

Continuad.

Maquiavelo

Esto, en cuanto a la política interior del Estado. En materia de
política exterior, es preciso estimular, de uno a otro confín de
Europa, el fermento revolucionario que en el país se reprime. Resultan
de ello dos ventajas considerables: la agitación liberal en el
extranjero disimula la opresión en el interior. Además, por ese medio,
se obtiene el respeto de todas las potencias, en cuyos territorios es
posible crear a voluntad el orden o el desorden. El golpe maestro
consiste en embrollar por medio de intrigas palaciegas todos los hilos
de la política europea a fin de utilizar una a una a todas las
potencias. No os imaginéis que esta duplicidad, bien manejada, pueda
volverse en detrimento de un soberano. Alejandro VI, en sus
negociaciones diplomáticas, nunca hizo otra cosa que engañar; sin
embargo, siempre logró sus propósitos, a tal punto conocía la ciencia
de la astucia. 1 Empero en lo que hoy llamáis el lenguaje oficial, es
preciso un contraste violento, ningún espíritu de lealtad y
conciliación que se afectase resultaría excesivo; los pueblos que no
ven sino la apariencia de las cosas darán fama de sabiduría al
soberano que así sepa conducirse.

A cualquier agitación interna debe poder responder con una guerra
exterior; a toda revolución inminente, con una guerra general; no
obstante, como en política las palabras no deben nunca estar de
acuerdo con los actos, es imprescindible que, en estas diversas
coyunturas, el príncipe sea lo suficientemente hábil para disfrazar
sus verdaderos designios con el ropaje de designios contrarios; debe
crear en todo momento la impresión de ceder a las presiones de la
opinión cuando en realidad ejecuta lo que secretamente ha preparado de
su propia mano.

Para resumir en una palabra todo el sistema, la revolución, en el
Estado, se ve contenida, por un lado, por el terror a la anarquía, por
el otro, por la bancarrota, y, en última instancia, por la guerra
general.

Habréis advertido ya, por las rápidas indicaciones que acabo de daros,
el importante papel que el arte de la palabra está llamado a
desempeñar en la política moderna. Lejos estoy, como veréis, de
desdeñar la prensa, y si fuera preciso no dejaría de utilizar asimismo
la tribuna; lo esencial es emplear contra vuestros adversarios todas
las armas que ellos podrían emplear contra vos. No contento con
apoyarme en la fuerza violenta de la democracia, desearía adoptar, de
las sutilezas del derecho, los recursos más sabios. Cuando uno toma
decisiones que pueden parecer injustas o temerarias, es imprescindible
saber enunciarlas en los términos más convenientes, sustentarlas con
las más elevadas razones de la moral y del derecho.

El poder con que yo sueño, lejos como veis, de tener costumbres
bárbaras, debe atraer a su seno todas las fuerzas y todos los talentos
de la civilización en que vive. Deberá rodearse de publicistas,
abogados, jurisconsultos, de hombres expertos en tareas
administrativas, de gentes que conozcan a fondo todos los secretos,
todos los resortes de la vida social, que hablen todas las lenguas,
que hayan estudiado al hombre en todos los ámbitos. Es preciso
conseguirlos por cualquier medio, ir a buscarlos donde sea, pues estas
gentes prestan, por los procedimientos ingeniosos que aplican a la
política, servicios extraordinarios. Y junto con esto, todo un mundo
de economistas, banqueros, industriales, capitalistas, hombres con
proyectos, hombres con millones, pues en el fondo todo se resolverá en
una cuestión de cifras.

En cuanto a las más altas dignidades, a los principales
desmembramientos del poder, es necesario hallar la manera de
conferirlos a hombres cuyos antecedentes y cuyo carácter abran un
abismo entre ellos y los otros hombres; hombres que sólo pueden
esperar la muerte o el exilio en caso de cambio de gobierno y se vean
en la necesidad de defender hasta el postrer suspiro todo cuanto es.

Suponed por un instante que tengo a mi disposición los diferentes
recursos morales y materiales que acabo de indicaros; dadme ahora una
nación cualquiera. ¡Oídme bien! En El Espíritu de las leyes 2
consideráis como un punto capital no cambiar el carácter de una nación
cuando se quiere conservar su vigor original. Pues bien, no os pediría
ni siquiera veinte años para transformar de la manera más completa el
más indómito de los caracteres europeos y para volverlo tan dócil a la
tiranía como el más pequeño de los pueblos de Asia.

Montesquieu

Acabáis de agregar, sin proponéroslo, un capítulo a vuestro Tratado
del Príncipe. Sean cuales fueren vuestras doctrinas, no las discuto;
tan solo hago una observación. Es evidente que de ningún modo habéis
cumplido con el compromiso que habéis asumido; el empleo de todos
estos medios supone la existencia del poder absoluto, y yo os he
preguntado precisamente cómo podrías establecerlo en sociedades
políticas que descansan sobre instituciones liberales.

Maquiavelo

Vuestra observación es perfectamente justa y no pretendo eludirla.
Este comienzo era apenas un prefacio.

Montesquieu

Os pongo, pues, en presencia de un Estado, monarquía o república,
fundado sobre instituciones representativas; os hablo de una nación
familiarizada desde hace mucho tiempo con la libertad; y os pregunto
cómo, partiendo de allí, podréis retornar al poder absoluto.

Maquiavelo

Nada más fácil.

Montesquieu

Veamos.

1) Tratado del Príncipe, capítulo XVII.

2) El espíritu de las leyes, libro XIX, cap. V.

Wednesday, July 08, 2009

¡Verdadera democracia y dictadura brutal!

Los libros, mis amigos
por Herbert Mujica Rojas
8-7-2009

¡Verdadera democracia y dictadura brutal!
http://www.voltairenet.org/article160927.html

Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, Maurice Joly,
Seix Barral, Barcelona 1977, pp. XVII-XXIII; Prólogo de Jean Francois
Revel.

"Debemos felicitarnos de que el Diálogo de Maurice Joly haya sido
descubierto y exhumado en 1948 y no en el curso de la década del
sesenta. En Francia, bajo De Gaulle, por cierto hubiéramos corrido el
peligro de que el hallazgo fuese considerado una superchería, tan
numerosos son los pasajes del texto que pueden aplicarse a repúblicas
como la gaullista. En 1948, nadie hubiera podido ver en la obra otra
cosa que una curiosidad histórica, un ejemplo particularmente
interesante de esta crítica embozada, alusiva, que los escritores
franceses del Segundo Imperio elevaron a la categoría de género
literario. Presentaba para los especialistas de aquel período –y sólo
el especialista podía apreciarla en detalle- una excelente pintura y
un minucioso análisis de los métodos de poder empleados por Napoleón
III, aunque en verdad la pintura sólo era válida para éste. El lector
de 1948 no podía atribuir alcance general de teoría política a ese
régimen cuyas piezas Maquiavelo va ensamblando gozoso ante los ojos de
un Montesquieu horrorizado y deslumbrado. Evidentemente, sólo la
destreza del polemista conseguía vestir con apariencia de teoría y
generalidad a lo que era la sátira de un caso único.

En la actualidad, las cosas han cambiado y se impone una nueva lectura
del texto. No cabe duda de que el Maquiavelo "infernal" de Maurice
Joly se revela como un verdadero teórico. Expone y desarrolla la idea
de un despotismo moderno, no comprendido en ninguna de esas categorías
dentro de las cuales la historia del siglo XX nos ha enseñado a
distribuir los diversos tipos de regímenes posibles, y menos aún en
las categorías de Montesquieu.

El problema propuesto consiste en saber cómo puede injertarse un poder
autoritario en una sociedad acostumbrada de larga data a las
instituciones liberales. Se trata de definir un "modelo" político que
difiera de la verdadera democracia y de la dictadura brutal. Por su
parte Montesquieu, el Montesquieu a quien Joly va a pescar a los
infiernos, sostiene la tesis del continuo progreso de la democracia,
de la liberalización y legalización crecientes de las instituciones y
costumbres que harán imposible el retorno a ciertas prácticas. (¡Ay!,
cuántas veces hemos escuchado ese "imposible" optimista… y cuántas
veces, a quienes me aseguran que las cosas ya nunca volverán a ser
como eran antes, desearía responderles: "Tiene usted razón"; serán
peores".) A ello contesta Maquiavelo que existe otra cosa o que es
posible concebir otra cosa en materia de despotismo que no sea el
despotismo "oriental". Y así como el despotismo "oriental", desde la
muerte de Stalin, ha demostrado ser viable en forma colegiada y sin
culto de la personalidad, al cual se lo creía ligado; así el
despotismo moderno, cuya teoría elabora Joly, parece viable
independientemente del "poder personal" al que nosotros
espontáneamente lo vinculamos. En Francia, ha sobrevivido a De Gaulle.
Que el autoritarismo sea personal o colegiado es una cuestión
secundaria; lo que importa es la confiscación del poder, los métodos
que es preciso seguir para que dicha confiscación sea tolerada –por
los ciudadanos integrantes del grupo de aquellas sociedades que
pertenecen históricamente a la tradición democrática occidental.

Estos métodos, la descripción que de ellos hace Joly, no pueden dejar
de sacudir a un francés políticamente fogueado por la Quinta
República. ¿Acaso no nos hallamos en un terreno conocido cuando leemos
que el despotismo moderno se propone "no tanto violentar a los hombres
como desarmarlos, no tanto combatir sus pasiones políticas como
borrarlas, menos combatir sus instintos que burlarlos, no simplemente
proscribir sus ideas sino trastocarlas, apropiándose de ellas? El
primer cuidado que debe tener un régimen de derecha aggiornato es, en
efecto, envolver la confiscación del poder en un ropaje de fraseología
liberal. Joly percibe con clarividencia el papel que un régimen
semejante asigna a la técnica de manipulación de la opinión pública. A
esta opinión –y de paso ¿cómo no reconocer también aquí tantos
procederes familiares?-, a esta opinión "es preciso aturdirla, sumirla
en la incertidumbre mediante asombrosas contradicciones, obrar en ella
incesantes distorsiones, desconcertarla mediante toda suerte de
movimientos diversos…" ¿Cómo no identificar también una táctica
clásica en nuestros tiempos cuando Joly hace que Maquiavelo aconseje
al déspota moderno que multiplique las declaraciones izquierdizantes
sobre política exterior con el objeto de ejercer más fácilmente la
opresión en lo interno? Fingirse progresista platónico en el exterior,
mientras en el país explota el terror a la anarquía, el miedo al
desorden, cada vez que un movimiento reivindicativo traduce alguna
aspiración de cambio………

Teórico avant la lettre de los mass media, nuestro Maquiavelo Segundo
Imperio subraya con fuerza "el importante papel que, en materia de
política moderna, está llamado a desempeñar el arte de la palabra".
Indica cómo se debe diseñar la fisonomía –"la imagen", diríamos
nosotros- del príncipe: insistir en la impenetrabilidad de sus
designios, en su poder de simulación, en el misterio de su "verdadero"
pensamiento. De este modo, la versatilidad del jefe, al amparo de su
mutismo, parece profundidad, y su oportunismo enigmático sabiduría; se
olvidan los mediocres resultados de su accionar por medio de palabras
pomposas, pues se termina por no distinguir una cosa de otra.

El artículo esencial de esta técnica para manejar la opinión pública
se refiere por supuesto a las relaciones entre el poder y la prensa.
También en este caso Joly percibe claramente que el despotismo moderno
no debe de ninguna manera suprimir la libertad de prensa, lo cual
sería una torpeza, sino canalizarla, guiarla a la distancia, empleando
mil estratagemas, cuya enumeración constituye uno de los más sabrosos
capítulos del Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu. La más inocente
de tales artimañas es, por ejemplo, la de hacerse criticar por uno de
los periódicos a sueldo a fin de mostrar hasta qué punto se respeta la
libertad de expresión. A la inversa de lo que ocurre en el despotismo
oriental, conviene al despotismo moderno dejar en libertad a un sector
de la prensa (suscitando, empero, una saludable propensión a la
autocensura por medio de un depurado arte de la intimidación); y, en
otro sector, el Estado mismo debe hacerse periodista. Visión
profética, tanto más si se tiene en cuenta que Joly no pudo prever la
electrónica, ni que llegaría el día en que el Estado podría apropiarse
del más influyente de todos los órganos de prensa de un país: la
radio-televisión.

Uno de los pilares del despotismo moderno es, entonces, la
subinformación que, por un retorno del efecto sobre la causa, cuanto
mayor es, menos la perciben los ciudadanos. Todo el arte de oprimir
consiste en saber cuál es el umbral que no conviene trasponer, ya sea
en el sentido de una censura demasiado conspicua como en el de una
libertad real. Y, por añadidura, el potentado puede contar con una
certeza de que difícilmente la masa ciudadana se indigna por un
problema de prensa o de información. Sabe que en lo íntimo el
periodista es entre ellos más impopular que el político que lo
amordaza. Y bien lo hemos podido comprobar nosotros mismos en París,
en 1968, ante la indiferencia con que la opinión pública abandonó a
los huelguistas de la televisión francesa a las represalias del poder.


Se trata de la destrucción de los partidos políticos y de las fuerzas
colectivas, de quitar prácticamente al Parlamento la iniciativa con
respecto a las leyes y transformar el acto legislativo en una
homologación pura y simple, de politizar el papel económico y
financiero del Estado a través de las grandes instituciones de
crédito, de utilizar los controles fiscales, ya no para que reine la
equidad fiscal sino para satisfacer venganzas partidarias e intimidar
a los adversarios, de hacer y deshacer constituciones sometiéndolas en
bloque al referéndum, sin tolerar que se las discuta en detalle, de
exhumar viejas leyes represivas sobre la conservación del orden para
aplicarlas en general fuera del contexto que les dio nacimiento (por
ejemplo, una guerra extranjera terminada hace rato), de crear
jurisdicciones excepcionales, cercenar la independencia de la
magistratura, definir el "estado de emergencia", fabricar diputados
"incondicionales" 1, bloquear la ley financiera por el procedimiento
de la "depresupuestación" (si el vocablo no existe, existe el hecho),
promover una civilización policial, impedir a cualquier precio la
aplicación del hábeas corpus; nada de todo esto omite este manual del
déspota moderno sobre el arte de transformar insensiblemente una
república en un régimen autoritario o, de acuerdo con la feliz fórmula
de Joly, sobre el arte de "desquiciar" las instituciones liberales sin
abrogarlas expresamente. La operación supone contar con el apopo
popular y que el pueblo (lo repito por ser condición indispensable)
esté subinformado; que, privado de información, tenga cada vez menos
necesidad de ella, a media que le vaya perdiendo el gusto.

Por consiguiente, la dictadura puede afirmarse con fuerza a través del
rodeo de las relaciones públicas. Pero, claro está, cuando se torna
necesario, parafraseando una expresión de Clausewitz, el mantenimiento
del orden no es otra cosa que las relaciones públicas conducidas por
otros medios. Las diferentes controversias acerca de la dictadura, el
"fascismo", etc., son vanas y aproximativas si se reduce la esencia
del régimen autoritario únicamente a ciertas formas de su encarnación
histórica. Pretender que un detentador del poder no es un dictador
porque no se asemeja a Hitler equivale a decir que la única forma de
robo es el asalto, o que la única forma de violencia es el asesinato.
Lo que caracteriza a la dictadura es la confusión y concentración de
poderes, el triunfo de la arbitrariedad sobre el respeto a las
instituciones, sea cual fuere la magnitud de tal usurpación; lo que la
caracteriza es que el individuo no está jamás al abrigo de la
injusticia cuando sólo la ley lo ampara. No se trata sólo de los
medios para alcanzar tales resultados. Es evidente que esos medios no
pueden ser los mismos en todas partes. Las técnicas de la confiscación
del poder en las modernas sociedades industriales de tradición
liberal, donde el espíritu crítico es por lo demás una tradición que
hay que respetar, un academicismo casi, donde existe una cultura
jurídica, no pueden ajustarse al modelo del despotismo ruso o libio.
Más aún, la confiscación del poder, cuando se realiza en tiempos de
paz y prosperidad, no puede asemejarse, ni por su intensidad ni su
estilo, a una dictadura, instaurada a continuación de una guerra
civil, en un país económicamente atrasado y sin tradiciones de
libertad.

Lo que Maurice Joly aporta, entonces, a la ciencia política, es la
definición exacta y la descripción minuciosa de un régimen muy
particular: el de la democracia desvirtuada, llamada cesarismo por los
antiguos. Pero este es un cesarismo moderno, que luce el ropaje del
sistema político nacido de Montesquieu; un cesarismo de levita, por
así decir, o, lo que es igual, con disfraz de teatro.

La democracia desvirtuada tiene sus propias características. En estos
tiempos en que, en aras a la invectiva, o por no desesperar o para
ahorrarse el esfuerzo de analizar, se confunden los conceptos,
conviene subrayar el hecho que este régimen no es el totalitarismo ni
tampoco el autoritarismo de las dictaduras clásicas.

Al origen del cesarismo se halla, desgraciadamente, la voluntad
popular. Como escribió un gran historiador de Roma, Jeróme Carcopino,
"es propio del cesarismo apoyarse justamente en la voluntad de
aquellos a quienes aniquila políticamente". Napoleón III, cuyo
savoir-faire estudia Maurice Joly, perpetró sin dudas un golpe de
Estado. Pero no hay que olvidar que ya antes había sido elegido, con
gran mayoría de votos, presidente de la Segunda República francesa:
¡el primer jefe de Estado de la historia europea, elegido por sufragio
universal directo! Y, que después de su golpe de Estado, se sirvió,
regularmente, y con invariable éxito del plebiscito.

Es precisamente con un indiscutible apoyo popular que los monarcas
elegidos reducen a la impotencia a sus adversarios. Y digo impotencia,
y no silencio. La intención y la astucia de los agentes de este tipo
de régimen son el crear una mezcla de democracia y dictadura al que yo
aplico el neologismo de "democradura" 2, que designa el uso abusivo
del principio de la mayoría. Este régimen no es ni totalitarismo ni
dictadura clásica, como tampoco el totalitarismo es sinónimo de
dictadura clásica". 3

El totalitarismo exige mucho más del ciudadano que, a su modo, la
dictadura o democradura. Estas últimas no se interesan más que por el
poder político y el económico. Si el ciudadano no molesta y no dice
nada, no tendrá problemas. Basta con su pasividad. El totalitarismo,
en cambio, pretende hacer de cada ciudadano un militante. La sumisión
no le basta, exige el fervor. La diferencia entre un régimen
simplemente autoritario y uno totalitario está en que el primero
quiere que se le ataque, y el segundo considera un ataque todo lo que
no es un elogio. Al primero le basta con que no se le desfavorezca; el
segundo pretende además que nada se haga que no le favorezca.

La lección más importante que da el libro de Maurice Joly es que la
democracia no consiste solamente en que haya apoyo popular –los peores
potentados a menudo lo tuvieron- sino en que haya reglas que
codifiquen el derecho absoluto del hombre a gobernarse a sí mismo.
Como dice Edmond Burke en sus Reflections on the Revolution in France,
el primer derecho del hombre en una sociedad civilizada es el de estar
protegido contra las consecuencias de su propia necedad.

Y ello, a mayor razón, puesto que el cinismo político, contrariamente
a lo que se suele creer, es ineficiente. Los dos jefes de Estado
franceses que han dejado al país en la más catastrófica situación
económica, diplomática y moral, han sido los dos más cínicos y fieles
discípulos de Maquiavelo: me refiero a Luis XIV y a Napoleón I. Por mi
parte, no les confiaría ni una tienda de pueblo: sería la quiebra al
cabo de un año.

Gran verdad la que pone Joly en boca de su Montesquieu: "Unos años de
anarquía son a veces menos funestos que varios años de silencioso
despotismo".

Jean Francois Revel

1) No vemos que exista sustancial diferencia entre el compromiso
exigido a los candidatos gaullistas de aprobar por anticipado la
política del jefe de Estado sin conocerla y el "juramento previo"
exigido por Napoleón III a sus futuros diputados.

2) Jean Francois Revel, Las ideas de nuestro tiempo, Organización
Editorial Madrid, 1972; pp. 208-210.

3) Ibid. pp. 47-51 "La cultura totalitaria".

Tuesday, July 07, 2009

Trujillo: La revolución de 1932

Señal de Alerta
por Herbert Mujica Rojas
7-7-2009

Un día como hoy, en 1932, estalló, contra una dictadura feroz,
sangrienta y ebria de delirio impresionante, la Revolución de
Trujillo. Mal avituallado el pueblo insurrecto de esa ciudad norteña
se levantó en armas. Y habría de pagar cara su osadía porque el
gobierno de Sánchez Cerro ¡bombardeó Trujillo! Hombres y mujeres
humildes, hoy les llamaríamos de a pie, participaron en el hecho cuya
historia se pretendió negar u obliterar como uno de los sucesos que
marcaron a sangre y fuego a una generación que, como la de entonces,
entendió al Perú como pasión noble, consagración pura, amor
constructor de nuevas y mejores esperanzas. Para los apristas fue el
bautizo de sangre. Para otros peruanos, un misterio por décadas y que
debe dejar de serlo. Las líneas que siguen constituyen lectura
informativa y emocionante. Cuando la devoción a las causas de justicia
preside el elan revolucionario, no hay dineros o mercenarismos
posibles como ocurre hoy en que los "líderes" políticos sólo actúan
como si lo hicieran en una gran contraprestación de servicios, un
irónico y dolarizado cuanto que sucio "contrato social", el denigrante
¡cuánto hay y ése es el precio de sus "valiosas" habilidades! Procuré,
años atrás, en una charla en Huacho,
http://www.voltairenet.org/article126366.html dar mi humilde
interpretación de lo que fue aquella gesta ciudadana que a casi 80
años de su ocurrencia persiste inquietando y cuestionando, hoy más que
nunca, a quienes se llaman sus sucesores en el tiempo. Circunstancia
puesta hoy en duda porque quienes así lo afirman no saben lo qué
dicen, conocen nulamente la historia y no entienden que la política no
es vil negociado culpable sino fragua insobornable y edificadora de
las mejores voluntades entusiastas de una gran nación, al margen de
sus colores o parroquias. Leamos y saquemos juicios, en suma,
recordemos qué pasó. (hmr)

Trujillo: La revolución de 1932
http://www.voltairenet.org/article160918.html

por Leonel Berrocal Neciosup;
Profesor de la Universidad Privada Antenor Orrego

Antecedentes

La participación de los laredinos en la gesta heroica de la Revolución
de Trujillo en el año de 1932, se debe a dos clases de motivos: a) de
carácter social laboral y b) de carácter político. El sentimiento de
dolor fue acumulándose generación tras generación por el abuso
patronal en las haciendas cañeras de la provincia de Trujillo, en
especial en lo que es hoy el distrito de Laredo. El patrón no conocía
estos abusos porque no vivía en Laredo, pero éstos eran cometidos por
los contratistas, los vigilantes, soplones y algunos malos jefes.

Abusos

El abuso se cometía, primero, porque la gente era analfabeta; segundo,
por los contratistas, los que existieron en número de nueve (09);
éstos "enganchaban" a la gente de los distritos de las Sierra y los
traían a trabajar por tarea de 40 ó 50 metros que debía terminar cada
campesino, que ganaba un jornal de sesenta centavos (S/. 0.60) que se
pagaba entre los años de 1918 a 1921. El trabajador que no terminaba
la tarea, tenía que hacerlo el día siguiente hecho que se le llamaba
comúnmente como "calentao". Esta situación obligaba a que un
campesino, trabajase los seis días de la semana, desde las cuatro de
la mañana que se iniciaba la formación para agrupar a la gente de
campo y repartir las tareas que eran supervigiladas por los capitanes,
labor que se suspendía a la hora que se ocultaba el sol, esperando la
locomotora para regresar a Laredo; no había otra forma. Si por la zona
de trabajo había alguna acequia o sangría con agua, se bañaban, sino
tenían que hacerlo en los baños públicos de la hacienda a las 7.30
p.m. hora que retornaban. Como la tarea no se acababa trabajando los
seis días, solo recibían de salario semanal la suma de (S/. 1.80) un
sol con ochenta centavos lo que desalentaba a los contratados,
prometido que ganarían tres soles con sesenta centavos (S/. 3.60).
Ante esta situación algunos no soportaban tal abuso y desertaban;
retornando a sus pueblos serranos. El contratista, que había recibido
la suma de veinte soles (S/. 20.00) por cada hombre; tenía la
obligación de mantener la cantidad de palaneros ante la empresa, lo
que obligó a buscar los desertores, los capturaban en sus pueblos por
el encargado trayéndolos a pie, amarrados delante de las bestias para
que continuaran trabajando por el período de contrato que generalmente
era seis meses. La oficina de contrata funcionó inicialmente en lo que
ahora ocupa el Centro Social para ocupar después, en época de los
Gildemeister, el Primer Corredor. Al sistema de contrata le siguió el
departamento de Personal.


Esta breve historia ha tenido como fuente de información algunos
participantes de la Revolución, dos de ellos muy allegados a la
dirigencia del Partido Aprista de Laredo, quienes en el año 2003
cumplen 94 y 100 años, admirables con plena lucidez y elocuencia.

Muchos campesinos que en época de sequía en la sierra no cultivaban
sus tierras, venían con sus mujeres e hijos, para trabajar y terminar
una tarea diaria, con el objeto de ganar lo prometido S/. 3.60
semanales. Esta condición generó una nueva forma de abuso: el sexual
contra las mujeres de los contratados, asunto que se amplió a otros
estamentos. También estaba establecido que cuando un trabajador
faltaba un día a su centro de trabajo, no ganaba salario toda la
semana, sufriendo la familia que tenía que alimentarse, recurriendo al
apoyo de algún pariente, de lo contrario tenía que recurrir al uso de
la compra de alimentos al crédito, que concedía alguna bodega,
cobrando altos intereses en una semana.

El descontento fue acumulándose en los trabajadores obreros y
campesinos, palaneros y cortadores de caña, quienes iniciaron sus
reclamos. El patrón José I. Chopitea, para disminuir este descontento,
a partir del año 1922 aumentó el jornal diario de S/. 1.00 y a S/.
1.20. Para un buen maestro mecánico el jornal era de S/. 2.50, suma
considerada muy bien pagado, pasando a ser defensor del patrón.

Entre los años 1919 comenzaron a producirse ciertos reclamos por
escrito, sin firma alguna, pliegos que eran enviados bajo la puerta
del jefe principal, reclamos que eran redactados por un grupo de
quince (15) obreros, entre ellos habían tres que sabían leer y
escribir, dos de ellos habían trabajado en las haciendas del Valle
Chicama y los otros habían pasado trabajando las 18 hacienditas del
Valle Santa Catalina. Todos ellos constituyeron un grupo solidario
bajo juramento de muerte al delator, mantuvieron reuniones muy
secretas entre los cañaverales o en alguna casa cuidándose de no ser
vistos por los vigilantes.

Al trabajador que reclamaba, los vigilantes y soplones los
desaparecían, los cogían en la madrugada a la hora de la formación
para recibir la distribución de las tareas, se los llevaban, según
refieren y eran arrojados a los calderos, de donde no quedaban sino
cenizas, que se mezclaba con las del bagazo. Hubo un grupo de 15
trabajadores encabezados por don José De las Rosas Uceda Otoya, que
juraron luchar clandestinamente contra esta opresión y abuso;
empezaron a matar a los "soplones" que eran manejados por un jefe
apellidado Moreno. En Casa Grande el jefe de los vigilantes era Cueto,
hombre muy temido, cuando murió nadie acompañó su sepelio. Las
reuniones del grupo de los 15, se hacían en las chacras de Conache,
otras noches al final de las chacras de La Merced; el Cerro Orejas por
Santo Domingo, con ayuda del trabajador Huamanchumo; también el
mochero Víctor Sánchez, los Chavines de Santo Domingo y los hermanos
Choloques-Valverde que actuaban en Laredo. El patrón logró sobornar a
uno de los 15, con muy fuerte suma de dinero y este empezó denunciando
a sus amigos fugando hacia su tierra con buen capital. Cuando fueron
apresados cuatro de los 15, los otros desaparecieron de Laredo, tres
fueron tras los pasos del delator y en la casa de su tierra natal fue
asesinado con arma blanca. Los cuatro detenidos fueron acusados de
homicidio, siendo llevados a la prisión de Lima y juzgados, pero como
no se les probó nada por no hallar el cuerpo del delito, fueron
liberados, regresando unos a Laredo otros al Valle Chicama, dando por
terminado el juramento.

Abusos políticos

Los trabajadores obreros y campesinos encontraron en el APRA el
Partido del Pueblo y unos se afiliaron, otros sólo simpatizaban con su
doctrina pero todos pusieron sus esperanzas de reivindicación en los
ideales que preconizaba el jefe del Partido, Víctor Raúl Haya de la
Torre; por eso en las elecciones generales del año 1930 votaron a
favor del APRA; aspiración que se vio frustrada por el fraude
electoral que fue víctima el candidato del pueblo, favoreciendo al
Crl. Luis Sánchez Cerro, quien fue impuesto por el Partido Unión
Revolucionaria o Partido Civilista. Posteriormente se produjo la
desafuero de los 27 congresistas apristas, producido el 9 de enero de
1932 y la aprobación de un Decreto Ley por el gobierno dictatorial de
Sánchez Cerro, para declarar al APRA fuera de Ley, con el pretexto de
hacerlo aparecer como un partido internacional: (Partido Comunista) El
12 de febrero los ex-congresistas constituyentes fueron apresados,
detenidos y deportados, iniciándose una feroz persecución contra el
Partido y los apristas. Víctor Raúl fue apresado el 6 de mayo y
recluido en la cárcel "El Panóptico" en Lima local que con
posterioridad fue derruido para dar paso al ahora Hotel Sheraton. Tal
acción conmovió al pueblo limeño, produciéndose una manifestación de
rechazo y descontento, la policía salió a debelar el movimiento,
terminando por apresar a los manifestantes en todo el país; los
locales apristas fueron clausurados así como las Universidades
Populares Manuel González Prada, el diario La Tribuna y otras
publicaciones como Chan Chan en Trujillo.

Estos hechos fueron conocidos y sentidos en Trujillo y en el Valle
Chicama, produciéndose malestar y repudio hacia el gobierno
dictatorial.

Cuando el gobernante hace uso del exceso de poder, los pueblos
protestan y emplean el derecho a la insurgencia civil, consagrado en
los derechos de la Revolución Francesa, contra la opresión.

En Laredo, un pequeño grupo de obreros inició reuniones secretas en
casa de Priscilio Moya, abuelo de Víctor Moya Obeso, ex-alcalde de El
Porvenir, eludiendo a los 20 vigilantes que rondaban los campamentos
de la hacienda. Cuando el grupo creció se cambió el lugar a la chacra
de Olegario Yépez Herrera, primer Secretario General del APRA en
Laredo, quien viajaba a Trujillo llevando maicillo para las fábricas
de escobas, tomó contacto con los dirigentes del APRA en la
clandestinidad informándose de los preparativos para iniciar una
revolución armada contra el gobierno dictatorial y con la finalidad de
devolverle al pueblo del Perú, la justicia social y la democracia; que
mantenía informado a los apristas laredinos, quienes sin pensarlo se
alinearon para participar en la Revolución, pues tenían motivos
suficientes, soportado años de explotación laboral.

Conocido en Trujillo, la decisión de los laredinos, el jefe de la
Revolución, Manuel "Búfalo" Barreto Risco, viajaba constantemente a
Laredo, teniendo muchas reuniones con los apristas obreros y
campesinos, designó a Remigio Esquivel como su más cercano
lugarteniente; ambos se comprometieron a tomar por asalto el Cuartel
O'Donovan de Trujillo dando golpe mortal al dictador y alertando a
todo el país, que el pueblo organizado, puede derrotar al opresor. Así
se produjo la participación de los apristas laredinos en la Revolución
de Trujillo del año 1932, ganándose, por su arrojo y valentía, el
nombre heroico de "Los Tigres de Laredo".

La insurgencia civil de los militantes apristas contra la opresión y
la tiranía del presidente de Luis Sánchez Cerro, en el año 1932, se
convirtió en la Revolución de Trujillo. Desde que asumió al poder el
Crl. Sánchez Cerro, -más que presidente-, se convirtió en fiero
perseguidor del APRA y ofreciendo pulverizar a los apristas. En 1931,
empezó apresando a Víctor Raúl Haya de La Torre y confinándolo como
está enunciado en la cárcel conocida como el Panóptico; siguió
privando de la libertad a miles de ciudadanos por el solo hecho de
pertenecer al APRA, recluyéndolos en el Castillo Real Felipe del
Callao, también en la Isla del Frontón y en Madre de Dios. El diario
aprista La Tribuna fue clausurado; todos los líderes fueron deportados
enviándolos al destierro en el barco Rímac. El Director y redactores
del Diario Norte de Trujillo fueron detenidos y llevados a la cárcel.

Para conseguir trabajo se exigía tener carné de pertenecer al Partido
Civilista "Unión Revolucionaria", que había apoyado a Sánchez Cerro.
Todo esto motivó para que la Marina se sublevara en el buque Grau, en
donde fueron apresados su comandante y 8 marineros que fueron
fusilados. El 24 de diciembre de 1931, en el local del Partido Aprista
en Trujillo, el ejército, en plena chocolatada celebrando la Navidad
del Partido del Pueblo, decenas de
apristas fueron asesinados, tratando de matar a Víctor Raúl.

Todos estos hechos, motivaron para que los apristas cansados de tanto
oprobio, prisión y asesinatos que sufrían se rebelaran y conjuraran
una rebelión en el Perú, se designaron a Cajamarca, Caraz; debiendo
empezar en Trujillo y el Valle Chicama; es así que se planeó la
insurgencia armada encabezada por Manuel "Búfalo" Barreto, cuyo apodo
le viene por la copiosa barba que usaba al estilo del actor de las
películas del oeste, "Búfalo Bill". Este
al ver tanta injusticia planeó la Revolución, para lo cual
estratégicamente consideró, a la Hacienda Laredo como centro de
operaciones, a Remigio Esquivel Diestra, para que entrenara a los
trabajadores apristas que querían participar en la contienda junto con
Delfín Montoya. Se enrolaron inicialmente 130 hombres maduros y
jóvenes valientes sin temor a la muerte. Después se sumaron otros
voluntarios.

Es cierto que la Revolución se planeó en Trujillo con la coordinación
del Tnte. Crl. Gustavo Jiménez; en Laredo se hicieron los
entrenamientos de combate de un grupo considerable de trabajadores
obreros de la fábrica y palaneros del campo de la Hacienda bajo el
mando de Remigio Esquivel y Juan Delfín Montoya supervigilado por
Manuel "Búfalo" Barreto. La Hda. Laredo, en ese entonces pertenecía a
la señora Fortunata Heudebert viuda del Ing. José Ignacio Chopitea,
quien residía entre Lima y París y la empresa era administrada por un
Gerente de nombre Ismael Barúa Urtecho.

Al entrenamiento asistía Manuel "Búfalo" Barreto quien llegaba
disfrazado para no ser identificado por los soplones del sargento
Cumpa, Jefe del Puesto de la Policía de Laredo. No se tiene
referencias dónde se entrenaban, se comenta que era en el desaparecido
cementerio de San Carlos y también en la chacra de Olegario Yépez.

Un contingente de 189 laredinos, estuvo listo para el combate a
enfrentar al tirano de turno, a luchar por la defensa de la libertad,
la democracia y la justicia social; sabían que irían al holocausto,
era un viaje sin retorno; pero estaban decididos a ofrendar sus vidas
para lograr el bienestar futuro de sus hijos. El día 6 de julio a las
7.00 p.m. en forma silenciosa se despidieron de sus esposas e hijos,
de sus padres, quienes estoicamente, soportaron el dolor del
sufrimiento al saber que sería la última vez que los verían vivos. La
ruta fue el canal de la acequia de la Mochica llegando puntualmente a
la hora concertada, entre los 189 hombres que salieron de Laredo.
Entre ellos se encontraban 14 licenciados del ejército, que habían
servido, precisamente en el Cuartel O'Donovan y conocían los lugares
de retén en donde se guardaban los fusiles, ametralladoras, cañones y
municiones; todos conocían el terreno.

Y así fue. Salieron de Laredo 189 apristas, armados, con carabinas,
escopetas, machetes, palanas, palos y algunos revólveres; no fueron
comunistas como los tildó el diario El Comercio del 16 de julio de
1932 (5).

Después del rudo y prolongado combate regresaron solo 160; 27 cayeron
en la toma del cuartel, los otros 10 fallecidos fueron trujillanos
quienes junto con "Búfalo" y con Víctor Calderón uno de los tantos
licenciados del ejército que participaron en la Revolución Aprista de
1932. Años mas tarde Haya de La Torre sostuvo que: "El Ejército es el
pueblo con armas". Los heridos, fueron ubicados después y llevados a
Chan Chan para ser fusilados.

En el muro de contención de Mampuesto junto al Cementerio y la toma de
la Mochica Baja, conocida como Los Filtros donde termina la Av.
Prolongación Santa, aquí esperaron los 187 laredinos, dos se habían
torcido el tobillo y se quedaron; de allí, siguieron sigilosamente
hacia el cuartel, la mayoría usaban llanques; agazapados
silenciosamente pasaron hasta la parte posterior del Cuartel,
cubiertos por la sombra de la noche, en la madrugada se pusieron a
órdenes del Comando de los jefes de toma del Cuartel. El asalto, se
hizo por los cuatro lados; pero el lugar más peligroso y fortificado
era la cuadra de infantería, que quedaba cerca de la puerta falsa por
lo que esta responsabilidad la asumió "Búfalo" Barreto que debería ser
seguido y secundado por Remigio Esquivel con los 187 laredinos.
Esperaron la señal ordenada por "Búfalo", que fue la segunda campanada
del reloj de la catedral cuando daba las 12 de la noche.

Entrando los laredinos en acción cuando ya Búfalo Barreto había
iniciado el ataque, ingresando al Cuartel cayó pasando la puerta del
Pabellón fuertemente fortificado por haberse cambiado la copia de los
planos del cuartel que encargaron hacer a un mal aprista, quien se
vendió, cayendo "Búfalo" en una trampa herido de muerte. Los soldados
sabían del ataque pero no tenían la precisión del día ni la hora. En
ese momento llegó la gente de Laredo arremetiendo con fuerza con mucha
decisión y coraje, pues para eso se habían preparado, atacando a los
soldados que se sorprendieron por el desplazamiento rápido y seguro de
los revolucionarios hacia los puntos críticos del Cuartel que ellos
conocían en su condición de ex-soldados. Avanzaron sin miedo a la
muerte sin más coraza que sus pechos fornidos, forjados en el trabajo
heroico y fuerte de las tareas del campo; esta compañía fue la que
doblegó, primero a la guardia de la entrada principal del Cuartel bajo
el tiroteo recio, duró y cruzado, encarnizado y sangriento que se
entabló frente a los defensores del Cuartel, en él murieron militares
y civiles, batiéndose ambos grupos valientemente, obteniendo la
victoria los apristas merced al arrojo sin límites de los enfurecidos
trabajadores laredinos descendientes de la raza mochica ganándose
desde ese momento, en esta gesta, el nombre que los hiciera
inmortales: "Los tigres de Laredo". El diario La Industria del 13
julio en su primera página (2), en el que relata la toma del Cuartel
sostiene que "entre los asaltantes se encontraba gente venida de
Laredo"; La Nación del 8 de julio de 1932, en su página 4, sostuvo(1):
"En la toma del Cuartel hubo muchos civiles que vinieron de Laredo",
el mismo diario el 14 de julio en su página 14 sostiene que fueron 500
hombres, el día 15 sólo menciona que fueron gente de Laredo.

Los apristas de Chicago, del Sector I, al mando de Juan Delfín
Montoya, habían preparado un camión con un tubo grueso de fierro, a
manera de un cabezal, y con el que rompieron la puerta principal del
Cuartel ingresando cuando los laredinos ya habían dominado la cuadra
del Batallón de Infantería pero no podían salir por el fuego del
Batallón de artillería, que disparaba hacia la puerta falsa hasta que
fueron dominados por los revolucionarios. Terminado el fuego todos
salieron por la puerta principal al rendirse los oficiales del
Batallón de Artillería por falta de balas, instante que corrió la voz
que Búfalo Barreto había muerto (4). Juan Delfín Montoya resultó
herido de bala en la pierna y en el pecho; al igual que otros
laredinos que fueron auxiliados por los médicos y hospitalizados, pero
días después la Corte Marcial los sentenció a ser fusilados (1). Los
sobrevivientes laredinos regresaron a la Hacienda. La Aviación
bombardeó Trujillo el 9 de julio, según el Diario La Libertad de fecha
13 de julio: página 2 y 15 de julio (1932) página 4 (3); también lo
hizo la Naval con el crucero Grau, así lo confirma La Nación con fecha
21 de julio de 1932 y 28 de julio del mismo año página 6 (1). Cuando
el Ejército retomó la ciudad el 11 de julio, empezó la persecución y
fusilamiento de los apristas muchos se fugaron a la Sierra, tierra de
sus padres para refugiarse allá y salvar sus vidas.

Sin la participación de los hombres de Laredo, en esta gesta, para
recobrar la libertad, la democracia y la justicia social, la
revolución de Trujillo no se hubiera producido. Por esta acción
heroica, cuando Víctor Raúl Haya de La Torre asumió la Presidencia de
la Asamblea Constituyente de 1978 le lego el lema: "Gloriosa ciudad de
Laredo, honra de la patria"; que se plasmó en la Ley Laredo de 1990.

Santuario del aprismo

Laredo constituye el santuario telúrico del aprismo y un lugar de
peregrinación que los apristas de otros lugares deben visitar para que
puedan respirar el aire de valentía, lealtad, y amor a las ideas de
Víctor Raúl Haya de La Torre, que impulsaron a los tigres realizar el
gesto heroico puesto a prueba en la Revolución de Trujillo.

Remigio Esquivel Diestra

El apacible pueblo de Cachicadán lo vio nacer el 20 de noviembre de
1892 en el barrio de la Concepción, siendo sus padres don Nemesio
Esquivel Guevara y doña Balsamina Diestra Villanueva, quienes además
tuvieron otros hijos llamados: Emilio, Eleazar, Artidoro y Luis. Se
bautizó en la Iglesia de Santiago de Chuco el 21 de diciembre del
mismo año, encontrándose la Partida de Bautismo en la página 23 del
Libro de los años 1892-1893. Después de concluir sus estudios de
educación primaria, sus padres lo enviaron a Huamachuco para que
continuara sus estudios de educación secundaria en el Colegio San
Nicolás, destacando por su disciplina y rendimiento. Cuando terminó su
educación secundaria, logró ser contratado como maestro de Educación
Primaria para la escuela del pueblo El Huayo de la provincia de Pataz,
donde se mantuvo por más de cinco años, regresando a su tierra cada
vacaciones de fin de año. Al tener conocimiento que en Laredo
funcionaba un ingenio que producía azúcar y donde había trabajo, pues
los jóvenes se enganchaban para ir a trabajar por contrata en esa
hacienda; Remigio dejó la Sierra para viajar a la costa con sus
conocimientos y su ilusión en busca de prosperidad.

Remigio llegó a Laredo en 1929 y se estableció como macero, compraba
reses, carneros y cerdos y en su casa que estaba ubicada al lado
izquierdo del antiguo campo de fútbol El Desengaño, tenía un pequeño
camal en donde los beneficiaba para ser vendidos al día siguiente, en
el mercado en su puesto de venta de carnes que él atendía y años
después amplió el negocio con la ayuda de sus hermanos Artidoro y
Eleazar. Como en el Huayo se había desempeñado como maestro de
educación primaria, en sus horas libres, enseñaba a los niños en su
casa que compartía con su primera esposa y sus hijos, que en total
fueron cuatro: Rosita Natividad, Eustimia Sarita, Julio y Segundo
Remigio.

Al llegar Víctor Raúl Haya de La Torre a Laredo, en su campaña
electoral como candidato a la presidencia en el año 1931, pronunció su
Plan Programa, que convenció a Remigio, aceptando las ideas del APRA e
ingresando a sus filas, como un ferviente y conspicuo militante, que
por tener educación secundaria se convirtió en líder y propagador del
Plan Aprista.

Cuando se fundó el Partido en Laredo su primer Secretario General fue
el mochero Olegario Yépez, quién tenía su chacra donde están ahora las
calles Chiclayo, Lambayeque y Grau, en ella sembraba maicillo para
hacer escobas. Remigio rápidamente aprendió la doctrina aprista,
constituyéndose en el maestro del Partido en Laredo, transmitiendo a
la juventud la buena nueva para los trabajadores manuales e
intelectuales, esto le valió ser elegido Secretario General en 1932,
siendo un líder que iba de casa en casa, por todas las calles
enseñando el credo de ese entonces. Conquistó más adeptos para la
causa del APRA, llegando a la conciencia y al corazón del pueblo, en
especial de los obreros que trabajaban en la Hacienda, entre los que
se encontraba Benito Herrera quien se desempeñaba como ayudante de
mecánica en el taller general; también estuvieron sus hermanos
Artidoro y Eleazar Esquivel venidos de Cachicadán, con ayuda de
Remigio, abrazando la doctrina de su hermano mayor.

Remigio tiene la talla epónima del nivel de "Búfalo" Barreto por su
valentía puesta a prueba de balas; maestro de escuela, que le permitió
saber apertrecharse y cubrirse de las balas en la toma del Cuartel
O'Donovan, saliendo ileso; tan pronto como terminó el tiroteo a las 7
a.m.

Los licenciados del grupo de revolucionarios laredinos después de la
rendición de los oficiales del cuartel, los llevaron a la Plaza de
Armas con varios cañones, los que fueron emplazados frente a la
Prefectura junto al Arzobispado y la Catedral (1), dándole 15 minutos
al Prefecto para que se rindiera, izó una bandera blanca saliendo de
la prefectura que fue tomada por los revolucionarios a las 10.30 a.m.

El mismo jueves 7 de julio al mediodía Remigio Esquivel con otros
laredinos entre los que se encontraban don José Uceda, que
sobrevivieron a la toma del Cuartel de Trujillo, llegaron a Laredo,
trayendo la noticia del triunfo de la revolución, mostrando varios
fusiles que traían al ristre en sus hombros; al llegar a la puerta de
la Iglesia, el Sargento Cumpa de la Policía le salió al frente
disparando a diestra y siniestra contra los revolucionarios, lo que
motivó que
Esquivel alzara su fusil, apuntó y de un certero disparo le hizo
soltar el fusil al Sargento, perforándole la mano derecha; fue esto lo
que amilanó al Sargento Cumpa y a los policías, que saltaron las
paredes del local policial por la parte posterior, pasando al local de
las oficinas de la Hacienda Laredo, solicitando protección al Gerente
de ese entonces don Ismael Barúa Urtecho, padre del Ing. Gastón Barúa
Lecaros. Ante esta situación el Gerente intercedió ante los
revolucionarios comandados por Remigio Esquivel y José Uceda Otoya,
quienes insistentemente le pedían que entregue a los policías, a lo
que Barúa se negó, llevándolos a la Iglesia donde los encerró
entregándolos a la custodia del cura. Por la tarde los prisioneros
fueron trasladados a la Cárcel de Trujillo.

Al día siguiente, Remigio bajó a Trujillo para ubicarse en su puesto
de combate en la Portada de la Sierra que comprendía el fundo "El
Palomar". Cuando una Sección del Regimiento de Infantería N° 7 ingresó
por la Huaca del Sol, siguió por el Palmo hoy calle Arequipa para
ingresar a Trujillo por la calle Unión de la Portada de La Sierra; se
encontró con la Trinchera de este lugar a la que la derrotaron (1); el
aprista Alejandro Vereau fue apresado y en una confusión escapó y en
su huida se encontró con un camión bajo el mando de Remigio Esquivel,
con 10 hombres de entre los que se encontraban Olegario Yépez Herrera
transportando un cañón de artillería. Cuando ya era de noche, Vereau
los guió hacia la Trinchera de la Portada de La Sierra enfrentándose
con la tropa en un encarnizado combate que se inclinó a favor de los
apristas con el apoyo de un grupo que comandaba Gregorio Piscoya;
haciendo que los soldados retrocedieran y huyeran dejando sus armas;
pero antes habían herido gravemente a Remigio Esquivel, quién
presentaba casi completamente destrozado el hombro por el impacto de
una bala de ametralladora y también en la cadera, siendo llevado al
local de la Casa Iturregui para ser atendido por la Cruz Roja; como se
le tenía que sacar la bala, el día 11 de julio lo internaron en el
Hospital de Belén; de donde el 18, fue sacado a empellones, subido a
un camión y trasladado a Chan Chan para ser fusilado, no sin antes
exclamar: "Y porque no decirlo: que sepa el pueblo y que sepan mis
hijos que si muero, muero por una causa justa". Fueron tantos los
muertos, en Chan Chan que los cadáveres de los fusilados no habían
podido ser sepultados y estaban casi a flor de tierra, siendo
devorados por los perros vagos y por los buitres, que conocemos con el
nombre de gallinazos. Despejado el peligro, después de 10 días
Artidoro, el hermano menor de Remigio, que también salió ileso de la
toma del cuartel, fue a Chan Chan pero no pudo reconocer el cadáver de
Remigio. Artidoro fugó hacia su tierra: Cachicadán en donde hasta el
año 2003, vive con su familia, recordando los años de entrega de la
vida por un ideal como lo hicieron los "Tigres de Laredo".

Después de cuatro días de dominar la ciudad, el día 11 de julio se
produjo la huída de los revolucionarios, desde la ciudad de Trujillo
al verse superado por el Ejército; lo hicieron en un contingente de
180 hombres fuertemente armados con los fusiles ametralladoras y
frazadas que se capturó en el cuartel, un pequeño grupo optó por ir a
Cartavio para refugiarse en Sumanique, un pequeño centro poblado,
donde fueron protegidos y cuidados por los macheteros; a los más
numerosos los acompañó Agustín "Cucho" Haya De La Torre cuando pasaron
por Laredo, tres miembros del grupo, se quedaron porque eran laredinos
y allí tenían sus familias, otros también estaban en la misma
condición pero prefirieron no arriesgar y continuaron en su fuga hacia
la sierra con dirección a las jalcas de Cajabamba, donde se
dispersarían trabajando en las haciendas. Conforme iban pasando por
los pueblos, los lugareños cerraban sus puertas por temor al verlos
armados, pero los revolucionarios les explicaban que ellos los iban a
defender y lo que querían era comida, para alimentarse. Por Otuzco el
grupo se redujo a 50 hombres, que portaban las medicinas, que habían
obtenido del Cuartel, la posta médica y de la farmacia Española, que
estaba en la esquina de las calles Ayacucho y Gamarra; fueron
repartiendo a los jefes de los caseríos, ganándose confianza y
aceptación para ser escondidos y protegidos entre los lugareños; la
gran mayoría continuó la travesía hasta Huamachuco sin detenerse, para
no ser avistados por la Policía y el Ejército al mando del Mayor Dongo
que los perseguía sin poder encontrarlos (2). Cuando comenzó el
descenso de la cordillera y divisaron Cajabamba, se dispersaron en
parejas, previamente iban delante dos de ellos sin armas para lograr
contactos con la finalidad de ser ayudados con alimentos y su
ubicación en cada hacienda sin entrar a la ciudad; sólo así pudieron
burlar a la Policía que les perdió el rastro. Cuando pasaron nueve
meses comenzaron a bajar de uno en uno; pero la gran mayoría se quedó.
Uno de los que regresó y se fue a Paiján por ser natural de ese lugar,
fue don José De Las Rosas Uceda Otoya; años después regresó a Laredo a
trabajar en la Hacienda de Gildemeister, jubilado, y que el 27 de
agosto de 2003, cumplió 100 años de edad en su sano juicio quién nos
proporcionó esta información.

Otro grupo, continuó por la ruta hacia el Marañón perdiendo contacto
con ellos. Todos optaron nombres falsos para no ser identificados.

Cuando el Gobierno dominó la situación revolucionaria en Trujillo, al
enterarse que desde Laredo vinieron los que tomaron el Cuartel; el
ejército se dirigió a la Hacienda y de casa en casa fueron sacando a
los apristas y a todos los jóvenes inocentes los que fueron subidos a
un volquete lleno de laredinos, siendo llevados a Chan Chan donde
fueron fusilados, sin juicio alguno y dejando en la orfandad a cientos
de niños.

Algunos nombres se han podido identificar, siendo la gran mayoría los
que quedan en el anonimato. Doña Paula Barreto y don José Uceda
refieren; que Alejandro Namay, después de la revolución, se refugió en
la chacra de Collantes, junto al cementerio San Carlos, Adán Barreto
Cruz, murió en combate junto con Manuel Ledesma y Cayetano; Julio
Miñano capturado por la policía y fusilado, el estudiante de
secundaria Demetrio Herrera también fue
fusilado y su cadáver fue enterrado en Laredo.

La preparación del caldo de gallina que se repartió a los laredinos
que salieron para la toma del Cuartel estuvo a cargo de las señoras
Carolina Villavicencio y María Sánchez. Doña Emperatriz León de
Pretell fue una dama laredina, madre de don Lucho Pretell, y hermana
de doña Felicita Alva León fue una dirigente social de muchos
quilates, la segunda Presidenta Femenina del Club Unión Laredo y
valiente militante del APRA, siendo detenida después de la revolución
y amenazada de muerte si no denunciaba a los laredinos que habían
participado
en la toma del Cuartel, recibiendo siempre la respuesta negativa a los
esbirros del Gobierno dictatorial.

María Luisa Obregón Sarmiento: luchadora social

Como una figura mitológica, descrita por antiguos dirigentes del
Partido Aprista Peruano, entre los que se encontraba el c. Alfredo
Tello Salavarría, quien estuvo en el epopéyico asalto y toma del
Cuartel O'Donovan, conocí el nombre de María Luisa Obregón Sarmiento,
en el año 1964 cuando integrábamos el Comando de Acción Regional del
Norte del P.A.P.; posteriormente el escritor Guillermo Thorndike en su
libro El Año de la Barbarie, cita a María Luisa Obregón, como una
laredina que participó en la toma del Cuartel del Ejército de
Trujillo. La describe como la única mujer que actuó en esa gesta;
joven, robusta, morena, dando la impresión de ser de raza negra. Don
Mariano Alcántara La Torre, también la cita en su libro: "Arte y
Revolución": Trujillo 1932, página 94 (6), como una de las líderes que
continuaron la brega en la Revolución; en efecto el lunes 11 de julio
por la mañana en una improvisada trinchera colocada en la Plazuela El
Recreo de la calle Progreso, hoy Pizarro, fue María Luisa Obregón que
se enfrentó disparando una ametralladora, logrando impedir el avance
de la tropa al mando del Mayor Benvenutto el que retrocedió para
continuar por la calle Bolívar, con el objetivo de capturar la
Prefectura, poniendo fin a la Revolución al mediodía (4).

Don Alfredo Tello la conoció, pues ella no fue una mujer cualquiera.
Se cultivó dentro del Partido. Su juventud y espíritu de justicia, la
empujó a enrolarse muy joven en las filas del partido: en la FAJ,
cuando era estudiante del Colegio Hermanos Blanco más conocido como
Belén. La mayoría de los dirigentes del año 1932 que también
participaron en la acción heroica de la Revolución perdieron el rastro
de María Luisa. La desinformación provino, porque ellos tuvieron que
salir huyendo presurosos de Trujillo, para evitar ser detenidos y
fusilados después que el Batallón Nº 11, adicto al Gobierno, llegó de
Cajamarca y recuperó la ciudad.

María Luisa Obregón Sarmiento, nació en Lima, el 16 de febrero de
1909. Su madre fue laredina, doña María Sarmiento Merino, su padre se
llamó Luis Obregón; doña María quedó viuda y en segundas nupcias se
casó con don Alejandro Pastor, padre de Alejandro Pastor Sarmiento, el
único hermano de María Luisa. En Lima, cuando doña María fue
abandonada por su esposo en el año 1915, volvió a su tierra querida de
Laredo. María Luisa tenía 6 años. Vivió en la calle La Merced en casa
de don Agustín Corcuera, padre de José María Corcuera en la segunda
cuadra, luego pasó a vivir en la primera cuadra de la misma calle.
Después de largo tiempo pasó a residir en Galindo donde trabajaban los
tres en el campo: María, María Luisa y su hermano Alejandro hasta 1917
que pasaron a la Hacienda Santa Rosa, donde permanecieron por los años
1922 y 1923 en la casa Nº 19. Al año siguiente cambió su residencia a
Trujillo, primero en la calle Suárez del Barrio Chicago soportando las
lluvias del año 1925 y finalmente en la calle Gamarra en la cuadra
sétima, en el callejón de don Andrés Callegari, donde alquiló el
último departamento de ese solar junto al pozo de agua, en la época
que Trujillo no tenía agua potable; callejón que ahora ocupa el Hotel
Turismo. Después de haber efectuado sus estudios en Belén; María Luisa
aprendió el oficio de sastre y era una experta chalequera y
pantalonera. Trabajaba por obra. Por las noches a partir del año 1931
se dedicó al Partido del Pueblo, apoyó la candidatura del jefe Víctor
Raúl Haya de la Torre, convirtiéndose en la mensajera más joven, de
las ideas de Haya de la Torre, pues tenía sólo 20 años;
transformándose en una potencia de lideresa juvenil. Dejó la FAJ y
pasó a pertenecer al Buró Femenino del Partido, donde por su juventud,
su entusiasmo, su buena presencia, sus estudios y su entrega total, le
permitieron destacar y llegar a ocupar el cargo de Sub Secretaria de
Organización del Buró Femenino del Comité Ejecutivo Departamental
(CED) de La Libertad.

María Luisa tenía una estatura de 1.68 metros; era de raza mestiza, de
tez clara y de buena envergadura física, llenita, muy fuerte y sana;
tenía mucho carisma. Su vida fue: su trabajo y su partido, nada más se
interponía ni tuvo sentido en ella. Tenía fe plena en las ideas de
Víctor Raúl. Así fue formándose, auto culturizándose, escuchando las
conferencias de los líderes mayores. El local del partido que quedaba
en la cuadra quinta de la calle Independencia, donde funcionó años
después, primero el Asilo de Ancianos, después la Cooperativa de
Ahorro y Crédito Santo Domingo de Guzmán, hasta que se vendió el local
para ser ocupado ahora por la Cooperativa de Ahorro y Crédito "Juan
XXIII"; era una colmena de personas, adultos, jóvenes y niños, donde
todos los que concurrían, aprendían algo nuevo: especialmente de
democracia, justicia social, educación y cuidados de la salud.

Pasadas las elecciones fraudulentas el Partido Unión Revolucionaria
conocido como el partido Civilista apoyó al Crl. Sánchez Cerro, éste
se convirtió en enemigo gratuito del Partido del Pueblo de Víctor Raúl
quizá presionado por la oligarquía.

Para celebrar la noche buena de la Navidad del año 1931, María Luisa,
junto con otras compañeras antes de las 11 de la noche, fueron a
buscar más pan, porque lo que se tenía en el local no iba a alcanzar
para atender a la multitud que se había congregado esa noche, la
gestión retrasó su retorno al local del Partido. Este hecho permitió
que ella no estuviera en el momento en que la tropa del ejército,
asesinó sin motivo alguno y arteramente, a decenas de
apristas en su propio local, en su casa, cuando en paz se habían
reunido para celebrar la Navidad; el objeto era asesinar al jefe c.
Víctor Raúl Haya de La Torre; que por suerte fue avisado del
movimiento de la tropa del ejército retrasando su llegada al local del
Partido. El acto criminal despertó al león dormido del pueblo
trujillano; la mayoría descendiente de las razas aguerridas de los
mochica chimú, para que se levantaran en armas el 7 de julio del año
1932. En la madrugada de ese día tomaron por asalto el Cuartel, siendo
María Luisa la única mujer, que participó en la batalla. Su valentía
se puso a prueba de balas, junto a Manuel "Búfalo" Barreto, Alfredo
Tello, Víctor Calderón, Remigio Esquivel, Delfín Montoya y a los
valientes Tigres de Laredo. Estuvo primero en el combate y después
curando las heridas de los apristas, dándoles fuerza y valor; y
también reconociendo a los compañeros fallecidos en este acto
revolucionario. Después de esta gesta por la noche, en la casa de
María Luisa Obregón, se celebró el triunfo de la toma del Cuartel, y
se brindó con una taza de café que preparó su madre, doña María.

Todas las vituallas, frazadas y armas tomadas del Cuartel fueron a
parar en la casa de María Luisa en la calle Gamarra; para ser
distribuidas a los apristas que tenían que esperar, en la zona de la
Floresta, al Batallón Nº 5 que venía de Lima, y había desembarcado en
Salaverry el 9 de julio; el Batallón no debía entrar a Trujillo, esa
fue la consigna caiga quién caiga. El Batallón tuvo que retroceder
hasta el puerto totalmente a tiro limpio, con coraje y valor,
sobresaliendo los jóvenes del Club Carlos Tenaud, los Tigres de Laredo
y otros de Chicago.

A partir del día 9, hasta el 10 de julio, María Luisa comandó el
equipo de la preparación de la olla común aprista, para dar alimentos
a todos los compañeros que empuñaban un fusil. Recorría diariamente
todas las casas de Trujillo junto con la negra Agripina Mimbela,
recolectando menestras, arroz, carne y especies para que las cocineras
estuvieran bien abarrotadas de alimentos. Fue la encargada de la
distribución, a los diferentes puntos de la
defensa de la ciudad, y preparados en la Casa Iturregui, el que ahora
es el Club Central, en época que ofició de Subprefecto Revolucionario
el c. Silva Solís y Agustín "Cucho" Haya de la Torre como Prefecto.

En ese mismo día, el Batallón N° 5, se abrió en dos grupos: uno por la
portada de Huamán y otro por la Huaca del Sol, y la Hacienda Santa
Rosa, para atacar y entrar por la calle Unión; una compañía continuó
por la calle Ayacucho y la otra siguió por la calle Olaya, ahora Av.
España, hasta llegar a la calle Francisco Pizarro, para ingresar por
la Plazuela El Recreo y hasta allí llegaron y no pudieron avanzar más
porque fueron repelidos por el intenso fuego de
ametralladora manejada por la joven laredina María Luisa Obregón; los
soldados tuvieron que retroceder y volver por la calle Bolívar porque
por Pizarro era imposible pasar. Los compañeros de María Luisa la
elogiaron por su valor y coraje para enfrentar a los soldados (4).

Cuando el batallón N° 11 de Cajamarca entró por Mansiche a Trujillo a
punta de tiro de cañones, ametralladoras y fusiles, se enfrentaron a
los revolucionarios apristas, quienes defendieron la ciudad, con sus
vidas, pero el mejor avituallamiento y número de soldados permitió que
fueran abatidos, batiéndose valientemente en sus trincheras. Numerosos
compañeros murieron en defensa de la libertad, la democracia y la
justicia social, valores guiados por la estrella del APRA.

La madre de María Luisa intuyendo el inminente peligro que corrían sus
hijos, María y Alejandro menor de edad, la convenció para dejar la
ciudad el 11 de julio por la tarde. Tuvo que deshacerse de las
vituallas que habían quedado en casa, obligándose a arrojarlas al
huerto de la casa del chino Lee Kin Po que quedaba a la espalda del
cine Popular hoy Ayacucho y en un cuarto de la casa de don Andrés
Callegari que se encontraba vacía; enterraron algunos fusiles los que
fueron encontrados años después por la policía, creándole tremendo
problema al señor Callegari de origen italiano pero como tenía doble
nacionalidad no lo detuvieron. La familia revolucionaria fugó con
dirección a la Hacienda Santa Rosa, llegando a la casa de la familia
Noriega en donde les dieron un vaso de leche a cada uno para después
seguir su camino, por los cañaverales, con dirección a Barraza
llegando por la noche a Laredo. Allí se informaron que entre los
dirigentes apristas que estaban buscados figuraba María Luisa Obregón,
por lo que se vieron obligados a seguir su camino al día siguiente por
Santo Domingo Quirihuac (el viejo) Menocucho, hasta llegar a Pedregal
a la casa de Moisés Solórzano, conocido con el sobrenombre de "pico
dulce" por su costumbre de hablar mucho, quién tenía una posta o
pensión. Allí se dieron cuenta que las alpargatas, que eran unas
zapatillas de lona con base de cabuya, se habían desgastado con el
caminar y las plantas de los pies de la mamá tenían ampollas. En este
recorrido los acompañó Santiago Vásquez. En esta posta se quedó
trabajando María Luisa ayudando en el restaurante. La mamá con su
hermano Alejandro Pastor y Santiago Vásquez, al día siguiente,
continuaron su camino hacia Otuzco. Santiago Vásquez se despidió y
quedó en Otuzco, su destino era la hacienda Nambuque. Alejandro se fue
a La Cuesta a la familia Contreras. La mamá había regresado a Trujillo
en un camioncito de ese época.

Pasaron algunos meses y Alejandro regresó a Pedregal a ver a su
hermana María Luisa en la posta de Solórzano quien no daba un plato de
comida gratis, por lo que Alejandro tuvo que oficiar de cortador de
leña. Meses después cuando en Trujillo hubo calma, la mamá viajó a
Pedregal para informarles a sus hijos de las malas nuevas, ambos
habían sido sentenciados a muerte, por lo que eran buscados los dos:
María Luisa y Alejandro, con quienes a pie fueron a Galindo a la casa
de su tía María Paredes donde permanecieron un mes para retornar a
Laredo. Alejandro Pastor Sarmiento, hermano de María Luisa, ingresó a
trabajar en el Taller General de la Fábrica de Azúcar de propiedad de
la viuda del Ing. José Ignacio Chopitea; en esta empresa conoció a
Teófilo Calderón quien le confirmó que eran buscados por la policía,
Alejandro tomó el nombre de "Félix Rodríguez".

La madre les llevaba desde Trujillo la propaganda aprista, Chan Chan
en su pañolón, en la época de la clandestinidad, época en la que María
Luisa permaneció oculta. El APRA había sido declarado fuera de la Ley,
hasta el año 1933 cuando asumió la presidencia Oscar R. Benavides
quien levantó la proscripción del Partido, volviendo a funcionar con
normalidad abriendo de nuevo su local central en Trujillo. Los
dirigentes comenzaron a retomar la conducción del partido, y en 1933,
se desempeñaba como Secretario General del Comité Ejecutivo
Departamental de la Libertad don Daniel Hoyle Ríos, hombre probo
dedicado a la agricultura y ganadería; tenía su casa en su fundo Los
Manguitos que ahora es la calle Mantaro y las Av. Del Ejército, Santa
y Rímac. Todo ese tiempo María Luisa permaneció en Laredo activando y
capacitando a los compañeros de esa hacienda, hasta que decidieron
volver a Trujillo, para reincorporarse a la dirigencia del Partido.

Con su trabajo tesonero, entusiasta, llena de vitalidad, conocimiento
y juventud carismática, María Luisa tenía 22 años, llegó a ser elegida
Sub. Secretaria General del Buró Femenino de CED de la Libertad, su
trabajo en la juventud femenina fue exitoso, logrando que creciera la
militancia femenina aún cuando todavía quedaba el temor por los
fusilamientos que ocurrieron por el sector de Mansiche, ahora ocupado
por el Hospital Regional y en Chan
Chan.

Sensible deceso

Cuando todos esperaban seguir contando con el permanente entusiasmo de
unir y hacer crecer las filas del aprismo trujillano, muy en especial,
en el sector femenino; sobrevino un accidente automovilístico fatal
que causó la muerte a María Luisa Obregón cuando tenía 22 años de
edad. Una noche cuando regresaba a su casa de Laredo, después de
asistir a una sesión secreta del Comité Ejecutivo Departamental, el
automóvil que la traía de Trujillo chocó violentamente contra un riel
que estaba bien plantado en el borde de la carretera frente a la ex
Portada Trujillo, a la entrada de Laredo, falleciendo instantáneamente
a causa del golpe que sufrió en la cabeza al estrellarse contra la
luna parabrisas. Llevada a Trujillo los médicos del Hospital de Belén
nada pudieron hacer con su ciencia para detener que la muerte
arrebatara la vida de ésta joven dirigente y luchadora social.

Falleció el 22 de noviembre de 1933 causando mucho dolor, congoja y
pesar; su sepelio se realizó el 24 al que concurrió toda la dirigencia
de Trujillo, el Valle Chicama, Laredo y la militancia aprista, que a
partir de las 11 de la mañana condujo desde el local del Partido hacia
el Cementerio Miraflores en hombros de hombres y mujeres; todo
Trujillo la acompañó con las notas de la canción aprista "Paso a paso
a los caídos". La multitud derramaba lágrimas, de congoja, de dolor y
de lealtad. Junto al féretro: acompañaron el Grupo de la Cruz Roja, la
brigada deportiva "Los búfalos" y los sobrevivientes de la Revolución
Aprista del 7 de julio del año 1932.

A continuación se inserta lo que comentó el periódico Acción Aprista,
el día 25 de noviembre de 1933, sobre el entierro de María Luisa
Obregón:

Murió María Luisa Obregón

El fallecimiento de María Luisa Obregón, Subsecretaria Femenina del
C.E.D., ha vestido de luto a los apristas trujillanos. Fue la c.
Obregón un ejemplo auténtico de mujer aprista, toda entusiasmo, toda
fe, toda valentía y abnegación. Participó entre las primeras en la
gesta militar de julio de 1932.

Sufrió persecuciones y prisiones. Conoció la miseria. Pero mantuvo, en
todo instante y por sobre toda contingencia, la integridad de su credo
y la firmeza de su convicción.

Un accidente automovilístico le cortó la vida cuando ya estaba
reincorporada, al Partido del Pueblo, a la vida legal. Ella ha muerto
como debe morir todo aprista: cumpliendo su deber.
Ayer por la mañana se verificó el sepelio de sus restos. La ceremonia
fue de veras imponente y puso en evidencia cómo se la quería y cuánto
se la admiraba.

Acompañaron sus restos más de tres mil apristas y delegaciones de los
Comités de Sector de Trujillo, del Distrito de Laredo, de la Cruz Roja
y de la brigada deportiva de "Búfalo".

Presidieron el duelo, junto a la madre de la c. muerta, los miembros
de los Comités Ejecutivos Regional del Norte y Departamental de La
Libertad. En el Cementerio hablaron destacando la personalidad de la
c. Obregón, las cc. Matilde de Pérez Treviño, por el C.E. R del N.;
Elena Aguirre, por el C.E. D.; Graciela Iparraguirre de Campos, por el
Comité de Laredo y Ana Bazán, por el Club Defensor Taller de Laredo.
Hicieron también uso de la palabra el c. Joaquín Canales, en
representación del Comité Aprista Juvenil; José Ulloa, en nombre de
los "búfalos", y Daniel Hoyle, Secretario General del C.E.D.

En seguida insertamos la sentida oración del c. Hoyle:

"c. Luisa Obregón

Virgen aprista por excelencia, pura, abnegada, valiente y fervorosa.
Tú que cultivaste nuestra fe y esperanza, tú que no dudaste, tú que
diste tu afán y tu fatiga, tú que no desesperaste, tú que libraste
batalla, y salvaste heroicamente tu vida, tú trujillana, es decir,
aprista, romana y espartana, tú que sufriste, tú que lloraste, tú que
siendo primavera te vas cuando clarea la aurora.

c. Luisa Obregón

Virgen aprista por excelencia, pura abnegada, valiente y fervorosa:
recibe nuestro adiós y nuestra congoja" "Acción Aprista", hace un alto
de emoción en sus páginas para sumarse al
homenaje que el pueblo de Trujillo rindió ayer a la esforzada
luchadora. Y señala su vida como ejemplo.

Descansa en paz

Luisa Obregón Sarmiento, reposa en la eternidad, en el nicho N° 103
del pabellón San Nicolás del Cementerio Miraflores. El nicho está
sellado con una lápida mandada confeccionar por su madre, protegido
por vidrio sostenido con un marco de madera. En el nicho de su lado
izquierdo, se encuentran los restos de Domingo Navarrete T. con quien
mantiene un diálogo permanente para continuar fortaleciendo las filas
del Partido desde el infinito, más allá de las estrellas, como lo dijo
el cachorro Manuel Seoane, al instaurar el día de la fraternidad.

Referencias bibliográficas

1.- Diario La Nación de Trujillo
Fechas: 8,14,15,16,17,18,19,21,22,28 de julio de 1932

2.- Diario La Industria de Trujillo
Fecha: 8,11,13,16 y 27 de julio de 1932

3.- Diario La Libertad de Trujillo
Fechas: 13,14 y 15 de julio de 1932

4.- Diario El Norte de Trujillo
Fecha: 7 de julio de 1934

5. Diario El Comercio de Lima
Fecha: 16 de julio de 1932

.

Monday, July 06, 2009

¿Tolerar a quienes no toleran la Constitución, ni las leyes?

Los libros, mis amigos
por Herbert Mujica Rojas
6-7-2009

¿Tolerar a quienes no toleran la Constitución, ni las leyes?
http://www.voltairenet.org/article160895.html

Historia de los girondinos, Alfonso de Lamartine, pp. 229-232,
Editorial Americana, Buenos Aires, octubre 1945

"Isnard*, diputado de la Provenza, era hijo de un perfumista de
Grasse. Su padre le había educado para las letras y no para el
comercio, y había hecho en la antigüedad griega y romana el estudio de
su política. Tenía en su alma el ideal de Graco, su valor en el
corazón, y su acento en la voz. Muy joven aún, brillaba en su
elocuencia el fervor de su sangre: su palabra era el fuego de una
pasión coloreada por una imaginación del Mediodía: su lenguaje se
precipitaba como las pulsaciones rápidas de la impaciencia. Era la
vehemencia revolucionaria personificada. La Asamblea le seguía con
anhelo y llegaba con él el furor sin pasar por la convicción. Sus
discursos eran odas magníficas, que elevaban la discusión hasta la
poesía, y el entusiasmo hasta la convulsión: sus gestos eran más
propios para el trípode que para la tribuna: era el Dantón de la
Gironda, de la que Vergniaud debía ser el Mirabeau.

VII

Era ésta la primera vez que Isnard hablaba en la Asamblea.

"Sí; –dijo- ved adónde os conduce la impunidad; siempre es la fuente
de grandes crímenes, y hoy es la única causa de la desorganización
social en que estamos sumidos. Los sistemas de tolerancia que se os
han propuesto, serían buenos para tiempos tranquilos; ¿pero se debe
tolerar a los que no quieren tolerar ni la Constitución ni las leyes?
¿Esperaréis a que la sangre francesa haya teñido las olas del mar para
sentir por fin los peligros de la indulgencia? Ya es tiempo de que
todo se someta a la voluntad nacional; ya es tiempo que tiaras,
diademas e incensarios cedan al cetro de las leyes. Los hechos que
acaban de exponerse no son sino la introducción de lo que van a
suceder en todo el reino. Considerad las circunstancias de estos
desórdenes y veréis que son el efecto de un sistema desorganizador,
contemporáneo de la Constitución. Este sistema ha nacido allí
(dirigiéndose hacia la derecha). Está sancionado por la Corte de Roma.
¡No es al verdadero fanatismo al que tenemos que quitar la máscara,
sino a la hipocresía! Los sacerdotes son perturbadores privilegiados,
que deben ser castigados con penas más severas que los simples
particulares. La religión es un instrumento omnipotente. El sacerdote,
dice Montesquieu, recibe al hombre cuando nace, y le acompaña hasta el
sepulcro; ¿es pues de admirar que tenga tanto imperio en el ánimo del
pueblo, y que sea necesario dictar leyes para que bajo el pretexto de
religión no altere la paz pública? Ahora bien: ¿cuál puede ser esta
ley? Yo sostengo que no hay más que una eficaz: ésta es el destierro
fuera del reino. (En las tribunas se oyen repetidos aplausos al
pronunciar el orador las últimas palabras.) ¡No veis que es preciso
separar al sacerdote faccioso del pueblo que tiene engañado y enviar
estos contagiados a los lazaretos de Italia y de Roma!

Esta medida –se me dirá- es demasiado severa. ¡Pues qué! ¡Estáis
sordos y ciegos que no veis ni oís lo que sucede! ¿Ignoráis que un
sacerdote puede ocasionar más daño que todos vuestros enemigos? No es
necesario perseguir, se responde; está muy bien; yo replico que
castigar no es perseguir. A los que repiten aquí lo que yo he oído
decir al abate Maury, que nada es más peligroso que hacer mártires,
contestaré también: este peligro no existe sino cuando hay que
castigar a fanáticos de buena fe, o a hombres verdaderamente santos,
que creen que el cadalso es la escalera del cielo. Aquí no estamos en
este caso, porque si hay sacerdotes que de buena fe reprueban la
Constitución, éstos no turban el orden público. Los que lo alteran son
aquellos que no suspiran por la religión sino para recobrar sus
privilegios perdidos; éstos son los que deben ser perseguidos sin
piedad, y no temáis por esto aumentar las fuerzas de los emigrados;
porque bien se sabe que el sacerdote es cobarde, tan cobarde como
vengativo; que no conoce otra arma que la de la superstición, y que
acostumbrado a combatir en la arena misteriosa de la confesión, es
nulo sobre cualquier otro campo de batalla. Los dardos de Roma se
embotarán en el escudo de la libertad. Los enemigos de vuestra
regeneración no desistirán de cometer crímenes en tanto que vosotros
les dejéis medios de cometerlos. Es necesario que los venzáis, o que
seáis vencidos por ellos; el que no vea esto es ciego. Abrid la
historia; veréis a los ingleses sostener una guerra desastrosa por
defender su revolución. Veréis en Holanda correr arroyos de sangre en
la guerra de Felipe contra España. Cuando en nuestros días los hijos
de Filadelfia han querido ser libres, ¿no habéis visto bien pronto la
guerra en los dos mundos? Habéis sido testigos de las desgracias
recientes en el Brabante. ¿Y creéis que vuestra Revolución que ha
privado al despotismo de su cetro, a la aristocracia de sus
privilegios, a la nobleza de su orgullo, al clero de su fanatismo; una
Revolución que ha secado tantas fuentes de oro como corrían por la
mano del sacerdote, que ha cerrado tantos templos, disipado tantas
teorías, creéis, digo, que tal Revolución os perdonará? ¡No! ¡no! ¡Es
necesario que esta revolución tenga un desenlace! ¡Mi opinión es que
sin provocarlo es preciso encaminarnos hacia él con intrepidez. Cuanto
más tardéis, tanto más difícil y sangriento será vuestro triunfo"
(Violentos murmullos hacia una parte de la sala).

¡Pero no veis –continúa Isnard- que todos los contrarrevolucionarios
se unen y no os dejan otro partido que el de vencerlos! ¡Más vale
tener que combatirlos ahora que los ciudadanos están resueltos y
recuerdan los peligros que han corrido, que dejar el patriotismo
enfriarse! ¡No es cierto que ya no somos más que los que éramos en el
primer año de la libertad! (Una parte del salón aplaude, la otra se
inquieta.) Si entonces el fanatismo hubiera levantado la cabeza, la
ley le hubiera humillado. Vuestra política debe ser forzar la victoria
a pronunciarse. Perseguid a vuestros enemigos y los haréis
arrepentirse por temor, o los someteréis con las armas. En
circunstancias extraordinarias la prudencia es debilidad. Respecto a
los revoltosos es necesaria la decisión. Deben ser anonadados antes
que se levanten. Si se les deja reunirse y hacer partidarios, entonces
se extenderán por todo el imperio, como un torrente imposible de
contener. Así es como obra el despotismo, y ved como un solo individuo
tenía bajo su yugo a todo un pueblo. ¡Si Luis XVI hubiera empleado
estos grandes medios cuando la Revolución estaba encerrada sólo en las
intenciones, no estaríamos nosotros hoy aquí! Este rigor es un crimen
en un déspota, es una virtud en una nación. Los legisladores que
retroceden ante estos remedios extremos son débiles y culpables;
porque cuando se trata de un atentado a la libertad pública, perdonar
el crimen es participar de él. (Muchos aplausos.)

"Este rigor hará, sin duda, correr la sangre. Ya los é, pero si no le
empleáis ¿no correrá más todavía? ¿No es la guerra civil el mayor
desastre? Cortad el miembro gangrenado para salvar todo el cuerpo. La
indulgencia es un lazo que se os tiende. Os veréis abandonados por la
nación, porque no habéis osado sostenerla, ni sabido defenderla.
Vuestros enemigos no por eso os aborrecerán menos, y vuestros amigos
os retirarán su confianza. ¡La ley es mi Dios, yo no tengo otro! ¡El
bien público es mi culto! Habéis ya castigado a los emigrados por un
decreto aún contra los eclesiásticos perturbadores os conquistará diez
millones de brazos. Mi decreto está concebido en dos palabras: Sujetad
al juramento cívico a todo francés sea o no clérigo, y decretad que
todo individuo que no lo preste sea privado de todo sueldo y de toda
pensión. En buena política, se puede expulsar del reino al que no
firme el contrato social. ¿Qué necesidad hay de pruebas contra el
sacerdote? Si se queja de él una parte de los ciudadanos con quienes
vive, que sea al momento desterrado. En cuanto a aquéllos que según el
código penal merecen penas más severas que el destierro, no hay más
que una providencia que dictar: la muerte".

VIII

"Este discurso que llevaba el patriotismo hasta la impiedad y que
hacía de la salud pública no sé qué Dios implacable, al cual era
preciso sacrificar hasta al inocente, excitó un frenético entusiasmo
en las filas del partido girondino, y una severa indignación en las
del partido moderado. "Pedir la impresión de semejante discurso –dijo
Lecoz, obispo constitucional- es pedir la impresión de un código de
ateísmo. Es imposible que exista sociedad alguna si no tiene una moral
inmutable procedente de la idea de un Dios". Con risas y murmullos fue
acogida esta religiosa protesta.

*(N. de E.) Maximim Isnard http://en.wikipedia.org/wiki/Maximin_Isnard