Informe
Señal de
Alerta-Herbert Mujica Rojas
3-4-2025
¡El sucio deporte de robar!
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Cuando a un pueblo le birlan la fe, le asaltan con precios
exagerados, le imponen el pago de deudas externas que jamás verá en su progreso
ni éxito social, se produce la gran estafa a la que disfrazan de desarrollo,
inversiones, divisas y demás adornos.
¡Sí, es víctima la mayoría inmensa, del saqueo que practican
los que consideran fundamental el sucio deporte de robar! Y estos jamás tienen
cómo justificar sus riquezas, todas adquiridas con dineros innobles y saqueados
en contratos con nombre y apellido!
Los que están arriba hacen sus fortunas sobre los que están
más abajo. A Semana Santa, todos los abriles, se la reputa como de reflexión y
recogimiento. Eso mismo hay que demandar a quienes profesan la política como
modo de robar y enriquecerse.
En efecto, ¿cómo hacen para poseer no pocos políticos,
funcionarios públicos en las municipalidades, grandes empresas del Estado,
burócratas y vacas sagradas, residencias por encima de los US$ 400 mil? Lo que
ganan no da para tanto, de manera que ese desequilibrio es muy sospechoso.
Las explicaciones que son inversiones de las herencias que
les dejaron sus abuelitas o lo que les pagaron por haber sido víctimas del
holocausto, amén que ridículas, son insuficientes porque es matemática simple: gana
tanto y no puede gastar más que eso.
¿Es la política el vil negociado culpable que denunciara desde
la isla de San Lorenzo el 3 de octubre de 1923, Víctor Raúl Haya de la Torre,
antes de ser deportado por el gobierno del oncenio-Augusto B. Leguía?
Hay pillos que llaman a sus conocidísimos tráficos de
influencia, experiencia de gobierno. Gobernar no es asaltar al pobre o
envilecer las riquezas naturales, para venderlas dolosamente a los grandes
pillos internacionales.
Tal parece que toda nuestra vida republicana está salpicada
de escándalos, negociados, conchabos miserables contra el Perú y la constante
de NO ENCONTRAR CULPABLES también es otra tradición que tiene que ver con la
suciedad en los poderes públicos.
¿Cómo medimos cuándo los políticos y burócratas le roban la
fe al pueblo con mentiras, embustes, estratagemas para dilatar o no hacer
llegar nunca a soluciones? El embrollador vive de la prolongación de los líos.
En los últimos 40 años, las organizaciones de nuevos gángsteres
siempre hicieron más prolongados los problemas e intríngulis. Si solucionaban
las broncas ¡se acababan los fondos que no pagan impuestos y están exentos de
fiscalización y son de color verde y llegan de fuera!
Lo macabro fue, en semanas recientes, y a raíz de la nueva
administración en la Casa Blanca en Washington, descubrir que su agencia
dineraria, USAID, mantenía con dólares suculentos y constantes a pandillas de “salvadores
sociales” que han vivido a cuerpo de rey.
Como es de verse, el mercenarismo, el trabajar de quinta
columna para los intereses de potencias extranjeras, con tímidos barnices
locales para cumplir, ha sido también patética constancia de la miseria a que
pueden llegar almas perversas que decían luchar por el progreso del pueblo
peruano.
Para una deleznable mayoría de políticos y vividores del
Estado, su razón de ser consiste en expoliar a la Nación, aprovechar los
contratos con dedicatoria de nombre y “asegurar” el futuro de los suyos que,
sabiduría del oficio, ponen a nombre de segundos, terceros o cuartos,
testaferrato vulgar.
La construcción del país, la organización de su economía o
lucha por el progreso interrumpe sus visiones inmediatistas y aprovechadoras.
Que eso signifique la hambruna de millones, el no acceso a la educación y la
fuga del país de cientos de miles, no representa ¡absolutamente nada!
La “conclusión” es que si se “aspira” a ser “exitoso” hay
que dedicarse a la política, ser parlamentario, alcalde, gobernador o
presidente (da lo mismo) y eso permitirá dejar a la cansada ubre del Estado en
artículo mortis.
Pero, el infaltable pero, los suyos habrán garantizado
colegios caros, universidades de paga, títulos y honores y herencias opíparas.
El egoísmo, base fundamental del accionar delictivo destruye o impide, como es
el caso del Perú, edificar un conjunto humano libre, culto, justo y digno.
Algunas veces las penas punitivas muy bien descritas en los
códigos, no alcanzan a la “altitud” de encopetados que compran jueces y
tribunales enteros al precio de mercado y tejen redes de toma y daca que
resultan en sentencias favorables. Una justicia que admite su precio, es
cualquier cosa, menos justicia.
Multitud de ex presidentes son sospechosos de robo. Uno de
esos se metió un tiro y huyó cobardemente de sus responsabilidades y en el
colmo de la abyección hay quienes urgen de la fabricación de un mártir que
limpie sus faltas terrenales.
Para ser político no se necesita ser ladrón. Para trabajar,
desde la burocracia, a favor del Perú, no hay que tener vocación de langosta y
arrasar con lo que se tenga a la vista. Algo tan simple debe enseñarse desde la
infancia.
¿El sucio deporte de robar? ¡Pamplinas!